Sabaku No Temari POV

Al menos había tenido todo un día a Itachi conmigo y eso parecía que era lo máximo que podía pedirle a la vida, un día absoluto y completo con él. Comer juntos, cenar juntos, divertirnos entre bromas y juegos, tenerle todo el día aquí cerca de mí abrazándonos y besándonos, estar con él, no creo que volviera a tener un día como hoy.

No recordaba el último día que no me había movido de la cama y sé que tenía que hacerlo, de hecho tenía a mis alumnos esperándome seguramente para entrenar, pero es que no quería dejar a Itachi aquí solo, quería estar con él, aprovechar el poco tiempo que podíamos estar a solas y cuando uno de los guardias llamó a mi puerta comentando que los alumnos estaban en la puerta de mi casa, yo iba a decirle que se anulaba la clase de hoy, pero Itachi insistió en que fuera, que él estaría bien, así que no me quedó más remedio que hacerle caso, en algunas ocasiones, me gustaba dejarle ganar, aunque no eran muchas.

Hicimos un par de misiones de no mucha duración, coger algún gato, apartar arena de algunos portales, hacer recados y cosas sin importancia, pero era lo que les tocaba, misiones de rango D para ir aprendiendo, aunque realmente no sé si aprendían algo, pero como siempre habíamos empezado todos por lo mismo, yo también les inicié de la misma forma.

Me había quedado en la gran plaza viendo como se estaba levantando el aire y movía la arena de un lado a otro, de hecho se me estaba metiendo en los ojos y supe que no tardaría en llegar la gran tormenta de arena, lo mejor era concluir por hoy y que todos se resguardasen. Supongo que así era Suna… sólo arena y más arena, tormentas que se levantaban de improviso, días calurosos, sol, poco agua y nada de parques verdes como en Konoha, aquí sólo había un color… el marrón de la arena y de las casas, esas casas con pequeñas ventanas que trataban de evitar que entrase tanta arena al interior.

- Ya hemos acabado Temari sensei – me dijo uno de mis alumnos.

- Estupendo – le dije – veo que habéis hecho hoy muchas misiones, por hoy nos retiraremos.

- ¿Qué? Pero si aún es pronto – me decía y yo sonreí.

- Se está levantando el viento, pronto habrá una gran tormenta, será mejor resguardarse – les comenté – venga volved rápido a casa y cerrad todas las ventanas.

- Hasta mañana Temari Sensei – me dijeron los tres al unísono y tras despedirles, me marché a casa de nuevo.

Llegué a casa y cuando entré por la puerta dispuesta a encender la luz, no había luz. De verdad que odiaba las tormentas de arena de Suna, siempre se nos iba la luz cuando aparecían. Ya me había tocado correr para llegar antes a casa y aún así, estaba llena de arena. Suspiré y cuando di el primer paso, un camino de velas se encendió de golpe indicándome hacia donde ir y me imaginé quien había tenido la idea… ¡Itachi Uchiha! El que controlaba el fuego.

Seguí el camino hasta una mesa ya lista para empezar a comer con otras dos velas en el centro y cuando sonreí, Itachi apareció a mi espalda enrollando sus manos en mi cintura y yo coloqué mis manos sobre las suyas sin poder dejar de sonreír como una tonta y es que este chico tenía cosas increíbles, había aprovechado que no había nadie en la casa para poder montarlo todo.

- Te quiero – le dije

- Y yo a ti, pero ven, siéntate a comer.

- Voy llena de arena.

- Pero estas preciosa y después de cenar podemos ir a ducharnos – me comentó con una sonrisilla.

- De acuerdo – le dije siguiendo su plan.

Sabía que tenía que dejarle seguir el plan, porque lo tendría todo ideado y no tendríamos más oportunidades como esta, mi casa nunca estaba vacía, Suna siempre era peligrosa y desde luego… Itachi siempre sería ese criminal que tendría prohibido el paso en cualquier villa, no podría tener ningún momento como este, había que aprovecharlo cuando se podía.

Cenamos juntos, él había preparado la carne y las verduras, cocina increíblemente bien, nunca me lo habría esperado de él. Mucha gente de mi villa pensaban de mí que sólo era la hermana del Hokage, la Ninja que batallaba y era buena en el campo, pero nada más, no creían que yo pudiera cocinar, pero lo hacía, era yo quien había tenido que cuidar desde pequeña a mis hermanos pequeños, puede que no fuera muy femenina, pero también sabía hacer cosas que los hombres consideraban propias y dignas de las mujeres, sabía coser, porque le arreglaba la ropa a mis hermanos, sabía cocinar, sabía arreglar sus juguetes pero también sabía pelear, sabía defenderme y sabía defender a mis seres queridos, yo no era la típico muñequita que se quedaba en casa pero tampoco era lo que los demás creían, la típica Ninja que no sabía hacer nada más que estar en un campo de batalla, yo era mucho más que eso y me sorprendió un poco que Itachi supiera hacer también tantas cosas, pero imaginé… era por haber cuidado tanto tiempo de su hermano pequeño. ¡Las cosas que hacíamos por nuestros hermanitos!

No dejé de mirar a Itachi ni un solo momento aunque parecía tener hambre, no sé el rato que llevaría esperándome o es que quizá… no comía igual de bien en la organización y aquí teníamos bastante variedad de cosas, no tanto como en Konoha, porque con esta arena y este clima, todo estaba en invernaderos, pero al menos podíamos comer bastantes cosas, no sé qué comían ellos, seguramente lo que robarían en algunas aldeas o lo que podrían encontrar por ahí, quien sabe, tampoco quise preguntarle.

- Está muy bueno – le dije.

- Solía cocinarle este plato a Sasuke cuando nuestros padres estaban ocupados con los temas del clan – me comentó – a Sasuke le encantaba, supongo que ahora lo odiará de la misma forma que me odia a mí, no querrá saber nada excepto la noticia de que ha conseguido matarme.

- Tienes que decirle la verdad.

- No puedo – me dijo – no quiero que odie a todo nuestro clan, no quiero que odie a la villa.

- Pero te odia a ti.

- Puedo soportarlo.

- ¿No tienes miedo de que un día consiga matarte? – le pregunté.

- Lo hará, algún día lo conseguirá – me dijo

- Yo no le dejaría hacerlo – le dije – no quiero perderte a ti, me da igual si es tu hermano o no, no voy a perderte.

- Todos morimos en algún momento Temari

- Sí, pero no dejaré que mueras ahora, tienes sólo veintiún años.

- Yo moriré joven – me dijo extrañamente serio – eso siempre se lo dijimos a Deidara… - sonrió ahora – es un cabeza loca, sabemos que morirá joven, demasiado impulsivo pero… yo aunque no soy tan impulsivo, también moriré joven.

- ¿Por qué me dices eso? – me asusté.

- Por que estoy enfermo Temari – me dijo – mi corazón está fallando, dentro de unos meses… de unos días quizá, ni siquiera podré verte, estaré ciego. Sólo me queda un sueño en esta vida y es salvar a Sasuke, él tiene que estar bien.

- ¿Qué ha pasado con tus otros sueños Itachi?

- No están a mi alcance, ya no puedo formar una familia, es tarde para mí, sólo soy un criminal y si la aldeas se enterasen de que una chica tiene en su vientre a un Uchiha… sólo traería desgracias, unos querrían apoderarse de él por su fuerza y otros querrían matarlo por miedo, ya no hay sitio en este mundo para los Uchiha. Nos tienen demasiado odio, demasiado miedo, o tienen demasiada codicia por poseer nuestros ojos, jamás estaremos a salvo, no quiero poner esa carga sobre mi hijo o sobre su madre.

- Yo lo llevaría – le dije de golpe – yo llevaría a tu hijo y estaría orgullosa de él, lo protegería con mi vida si fuera necesario.

- No quiero que te pase nada a ti Temari.

- ¿Por qué no me dijiste lo de tu enfermedad?

- Porque ya no tiene solución.

- Podría preguntar en mi villa, algo podría hacer.

- Sólo Konoha podría ayudarme y no lo hará.

- Lo hará si dices la verdad, no eres el criminal.

- No voy a decirlo – me dijo medio enfadado.

- Y yo no quiero que mueras – le grité - ¿Cuánto te cuesta entender que te amo? ¿Tanto te cuesta entender que quiero cuidarte y protegerte?

- Soy yo quien te protege a ti Temari – me dijo y al final con tanta tensión… acabamos besándonos con pasión sin poder evitarlo.

Era imposible discutir entre nosotros, no podía estar cerca de él sin querer besarle, sin querer estar con él y aún así, tampoco podía quitarme de la cabeza lo de su enfermedad ¿Por qué tenía que estar enfermo? ¿Por qué se moría? No podía ser, sé que tenía que aprovechar mi tiempo con él, sé que debía hacer algo para ayudarle pero… ya no era embajadora de Konoha, ya no podía mediar por él, ni siquiera me harían caso siendo embajadora, era un criminal, lo más seguro es que me tachasen a mí de traición.

Lo único que estaba claro… es que no podía estar sin Itachi, me moría por él y cuando me cogió del trasero aupándome para que enrollase mis piernas a su cintura no pude evitar gemir levemente. Me empotró contra la primera pared del comedor mientras me besaba con fuerza, ambos lo deseábamos. Me había tenido preocupada esta última semana que se había marchado a esa misión y ahora que lo tenía aquí, sólo podía pensar en él, seguramente le ocurría lo mismo que a mí.

- Deja de discutir conmigo absolutamente todo – me dijo entre besos.

- No puedo evitarlo – le dije – eres un cabezón sin remedio.

- Tú eres una cabezota.

- Encontraré una forma de curarte – le dije y él sonrió.

- Vale – dijo sin ganas de pelear conmigo ya.

Le faltó apenas tiempo para subirme la falda, porque ya estaba metiendo sus manos bajo mi trasero sosteniéndome mientras con la otra mano subía tocándome el pecho. Yo ahora mismo ya no podía pensar en otra cosa que no fuera en él, en su tacto, en cuánto le había echado en falta, en cómo le quería, porque para mi Itachi se había convertido en alguien demasiado importante.

Me preparó enseguida, sentía sus dedos hundirse en mí y ni siquiera podía hablar, sólo gemía, gritaba y jadeaba cuando sus labios soltaban los míos, porque a veces, ni eso me dejaba. Sus labios prácticamente no se separaban de los míos ni un segundo, supe en aquel momento, que él me echaba tanto de menos como yo a él, porque yo tampoco podía dejar de besarle.

Hundí mis dedos en su cabello y aunque le escuché quejarse un poco cuando mis piernas presionaron su cintura, él no me bajó. Sabía que estaba su herida y trataba de no hacerle daño en el abdomen, pero me era imposible por la forma en que me tenía cogida, aún así, Itachi aguantaba y al final, acabó entrando en mí empotrándome una y otra vez contra la misma pared a cada movimiento suyo.

Esta vez tardó bastante más que la primera, supongo que ya había vuelto a coger el ritmo de siempre, el que tenía antes de haberse quedado tantos años sin practicar sexo, de todas formas… se corrió dentro de mí, podía sentirlo, ese líquido cálido me llenaba, lo había soltado todo con un varonil gemido y seguía aún empotrándome en algún movimiento como tratando de llegar aún más al fondo y dejar todo su ser en mí.

Aquella noche dormí con él… o al menos lo intenté, porque me pasé la noche mirándole, intentando descubrir la forma de ayudarle, porque esa enfermedad que tenía del corazón tenía que tener una solución, aunque no sabía cual aún. Era un hombre demasiado joven para morir, le quería demasiado como para dejarle morir, no lo permitiría y sé que él no me creía cuando se lo decía, pero yo era muy cabezota y no iba a permitirlo, él era mío y le ayudaría siempre en lo que fuera.

Cuando el sol salió, lo tuve que despertar y tras besarnos de nuevo, se marchó hacia la base… hoy hacíamos casi los tres meses que habíamos estado viéndonos a escondidas. ¿Cuántas veces había estado con él? Demasiadas y quería que siguiera así, pero de momento… el alba había salido y como siempre, no tuvo cuartel con nosotros, para ella seguíamos siendo los amantes que se despedían al amanecer y volvían a su rutina.