Larguísimo, me costó bastante pero creo que vale la pena. Espero que lo disfruten.
Capitulo 4
Visitas
Recién aparecido el patriarca del linaje Rodeneski despotricaba una y otra vez intentando sacar el enfado que su recién encuentro le había provocado. Para suerte o desgracia la propiedad quedaba a poco más de cinco minutos de caminata desde el punto de aparición hasta la casa, básicamente para aminorar el peligro; pero con el enfado que tenía el sendero le pareció corto. Dando una última inspiración profunda intento relajarse lo más posible antes de entrar por la puerta principal de su actual hogar.
-Julius!-Exclamó Indira, abrazándolo efusivamente- Vishnú escuchó mis plegarias.
-¿Vishnú? Indira respeto el pasado de tu familia, pero pensé que al ser criada en Francia, Merlín era tu Dios.
-Crecí en Francia si, pero mi padres no así que... No cambies el tema lo que importa ahora es que regresaste con bien.
-En eso tienes razón, -Aclaró rompiendo el abrazo- Sydney ¿notó mi ausencia?
-La casa no es enorme, difícilmente pasaría desapercibida tu ausencia, si, la noto y no está nada contenta.- Contestó con cansancio aquella pregunta sosa.
-No esperaba que lo estuviese, tiene tu carácter y peor también el de mi padre, que en paz descanse. –Dijo en una inspiración profunda-. Dudo que sea sencillo que me perdone esta 'osadía'.
-S le pasará.-Dio sin darle importancia al carácter de su hija.- Solo te pido que tengas cuidado.
-No es sencillo.- Confesó con un susurró.
- Será mejor que vayas a buscarla, creo que le tranquilizaría verte. –Dijo asiendo caso omiso a la confesión que su esposo le había hecho desde lo más profundo se.r.
-Conociéndola como creo que la conozco y después de cómo la traté hoy en la mañana…Lo mejor será que le dé tiempo.-Contestó con simpleza
-En todo caso ¿me ayudas en la cocina?-Preguntó dando el tema por cerrado como siempre hacía.
-Sabes que yo no cocino, Habibe.- Respondió a la petición de su esposa con tranquilidad, estaba en casa, sano y salvo.
-Hace bastante tiempo que no me decías 'Habibe'- Señaló conmovida por el desliz de su marido al llamarla de una forma tan afectuosa, cosa que normalmente no hacía.
-La verdad es que el viaje me hizo pensar en muchas cosas, entre ellas, que no soportaría perderlas. –Dijo.
-Ya… "Demasiada miel no podía ser verdad…" –Pensó con resignación.
-Perdóname si no te demuestro mis sentimientos, Indira, pero sabes que…
-Lo sé, -interrumpió temerosa de escuchar algo que doliera.
-Creo que… iré a mi estudio, necesito arreglar algunos papeles. Tengo asuntos pendientes con los inversionistas de Estados Unidos, ya cerré trato con los italianos y suizos.
-Hablas de tus negocios con muggles ¿no es así?
-Es lo que nos da de comer. De otra manera no tendríamos ni un solo galeón, prácticamente llevamos cuatro años sin pisar Londres mágico, si no fuera por estos negocios no tendríamos nada. –Aseveró.
-Discúlpame, Julius, no quise que sonase como si te estuviera recriminando; pero la verdad es que aunque vivo como muggle, como descendiente de una de las últimas familias mágicas de la India, siempre me inculcaron el estar orgullosa de poseer magia. Y ahora me cuesta creer que gracias a muggles puedo llevarme el pan a la boca.
-Los muggles son a veces más inteligentes que muchos hechiceros de sangre pura.-Declaró con seguridad
-Terminemos esto. Ve a trabajar en seguida te llevo un té.- Sin deseos de discutir Julius fue directo a su despacho, se sentó en su cómodo sillón de piel y recargó la espalda en él, colocando sus brazos a los lados del sillón para así poder masajear sus sienes en busca de relajación, relajación que difícilmente llegaría después de encontrarse con un Mortífago, en especial por tratarse de ese Mortífago lo cual implicaba que uno de sus más grandes temores podía hacerse realidad…. Que el Señor Oscuro se enterase de la existencia substancial de su hija.
-Aquí te traigo el té que te prometí.-Dijo su esposa, interrumpiendo su dialogo interno mientras ponía con cuidado la taza en el escritorio de fina caoba.
-Gracias.- Agradeció mirando profundamente a su esposa a los ojos, reflexionando unos segundos sobre las palabras que utilizaría..,- Indira. Necesito que pase lo que pase me apoyes. –Pidió con extrema seriedad-. Sé que temes por la seguridad de Sydney, yo mismo temo pero debes confiar en mí.
-Yo confío en ti, Julius. El problema es que no confío en los demás, en lo que hay allá fuera.- Contestó a la petición de su esposo.
-Tienes razón en desconfiar, ahora mismo allá fuera es mucho más peligroso que antes, pero también es verdad que no podemos seguir huyendo toda la vida, exista o no el Lord; ya estoy cansado de arruinarnos la vida.-Declaró con determinación.
-Hablas igual que tu hija. –Señalo con cansancio.-Tú no has arruinado nada.
-No me interrumpas, lo que digo es importante.-Exigió enérgico.- Esto no es vida, ni para ti, ni para ella. Lo mejor será que me entregue y que él haga conmigo lo que quiera.
-Si fuera verdad y él ya se hubiera enterado de esa profecía…. El no te querría, no a ti.-Señaló.
-Lo sé pero la profecía habla de mi sangre, quizás si yo me entrego… ustedes puedan seguir con su vida. Iniciar en otro lugar. Tú podrías volver a casarte y nuestra hija sería totalmente libre.-Dijo antes de recibir una bofetada la cual recibió sin reproche alguno, sabía que estaba hablando presa de la desesperanza.
-No hables así. Sabes que esa profecía no habla de tu sangre, habla de la sangre del último descendiente del linaje Rodeneski. Tu no le servirías de nada, simplemente te usaría de anzuelo para llegar a tu descendencia, te usaría para llegar a Sydney.
-¿Entonces que hago? En un caso normal soportaría el ir de un lado a otro unos diez años más o hasta que por fin el Señor Tenebroso fuera derrotado pero no en esta situación, mientras Narcissa me está suplicando que cumpla con aquello que le prometí al nacer su hijo.-Confesó con nerviosismo-. Estoy consciente de que todo puede salir mal.
-Entonces rompe esa promesa.-Pidió Indira.
-Tengo palabra.-Replicó.
-Piensas traer a ese chico a la casa.-Dijo más no era una pregunta, sino una afirmación.
-Si es necesario, si.-Dijo con terquedad.
-¿Y nosotras?¿Que pasara con nosotras?-Cuestionó son entender las decisiones que estaba apunto de tomar su marido.
-Ten calma. Le haré jurar que no hablará de ustedes con nadie.
-¿Le harás realizar un juramento inquebrantable?-Preguntó escandalizada.
-Es joven por lo tanto impertinente. Sé que es arriesgado pero por mi familia haré sea necesario para protegerlas.
-Sé que me voy arrepentir de decirte esto. Pero si le haces realizar el juramento inquebrantable a ese joven, estarías incumpliendo tu mismo tu promesa, sencillamente estarías sentenciando a ese joven a muerte.-Le dijo en un intento de hacerle entrar en razón.
-No es así, míralo de esta forma si mantiene la boca cerrada y usa Oclumancia, la cual estoy seguro que maneja, todo estará bien.- argumentó con deseos de tranquilizar a su esposa pero más que nada para tranquilizarse a si mismo, sabía de sobra que no iba a ser tan sencillo.
-Te estás cegando, sabes que a ser Oclumantico calificado es extremadamente difícil. Solo hay una persona en el mundo que yo conozco que lo es y simplemente es así porque nació con esa habilidad.- Objetó la mujer de belleza hindú con convicción
-Existe otra persona en el mundo que conozco aparte de Sydney y él aprendió cuando tenía veinte años. –garantizó, levantándose de su lugar y dándole la espalda a su mujer.- Si se esfuerza en mejorar esa habilidad podrá mantenerse con vida.
-Es mentira. – Refutó negando rotundamente- Para comenzar no creo que ese chico se esfuerce en nada que tu le pidas, -alegó desesperada- pero hagamos algo. –solicitó-. Si es necesario, tráelo a casa, yo me encargaré de que no se de cuenta de la presencia de ella.
-No podemos exigirle a nuestra hija que se mantenga prisionera en su propia habitación.-Recalcó, encarando su esposa con el ceño fruncido.
-No pretendo eso. –Puntualizó apoyándose en el escritorio-El chico, será nuestro huésped, tendrá que acatar las órdenes de nuestra casa. Es él quien se mantendrá recluido en su habitación.-Dijo ilustrando a su marido sobre sus planes.
-Según me informo Narcissa…. Draco está hecho al carácter de Lucius y créeme Lucius es un hombre con un pésimo carácter. No será nada fácil eso que planeas.- Expuso dando nulidad de fe a lo recién expuesto por su mujer.
-Tal parece que no me conocieras Julius. ¿Acaso olvidas el carácter que tenían mis abuelos?-Inquirió esperando una contestación.
-Bastante complicado, reacio, estricto… terco. –Respondió
-En efecto y tu les conociste cuando ya estaban muy viejos y cansados, lo interesante aquí es que yo sabía como hacer para que no me renegaran en sus últimos momentos, se lidiar con personas de carácter difícil. Podre con un chiquillo malcriado. –manifestó con un gesto de su mano restándole importancia al hecho.
-Confiaré en tu criterio.-Aseguro, dando un paso hacia ella.- Gracias por apoyarme en esto… en todo.- Corrigió dando un paso más….
-Me casé contigo, Julius, sin que nadie me obligara, es lo que tengo que hacer, me guste o no.-Declaró con una mueca de sonrisa. Mientras ponía especial atención a todo y cada uno de los libros en el despacho como si fueran lo más interesante del mundo. Y quizás lo eran pero no en un momento así..
-Eres una gran mujer.-Proclamó con franqueza.
-"Pero nunca me amarás como la amaste a ella" –Pensó agachando la cabeza.
-Yo te amo Indira.-Soltó con espontaneidad, sujetándola del mentón para verla a los ojos.- No lo dudes jamás. –Suplicó con remordimiento.- Quizás…
-Ya…- Interrumpió abrazándose a su marido-. Acepte casarme contigo sin ninguna venda en los ojos. Y estoy orgullosa de haberlo hecho a pesar de todo lo que hemos tenido que pasar.
-También estoy orgulloso de haberme casado contigo y de esa hija que me diste. –Aseguró aferrando sus brazos sobre la cintura de su esposa.- Aunque….
-No quiero escuchar nada más.- Dijo separándose de él y dándole un corto beso en los labios.- Te dejo solo para que trabajes.- E intentó alejarse de su marido para salir del lugar.
-Gracias. – Susurró impidiéndoselo tomando su mano entre las suyas.
-No tienes que agradecer nada, Habibi.- Respondió acariciándole la mejilla con el dorso de la mano, gesto que este devolvió.
-Te equivocas….
-¿Por qué?- Cuestionó mirando fijamente aquellos ojos ambimarinos que amaba con toda su alma.
-Porque debo agradecerte el simple hecho de que tu existencia.- dijo antes de unir sus labios con los de ella en un beso pausado lleno de ternura donde en el fondo se rogaba redención. Tras un par de minutos se separaron y con un casto beso en la frente, dejo ir a su esposa, quien con un leve tiño carmesí en sus mejillas salió del despacho.
-Eres basura Julius… -Se dijo mientras regresaba a su asiento.- Quizás no irás al infierno porque es verdad que amas a tu esposa, pero si recibirás un castigo porque no la amas como ella se merece y eso, eso es casi un pecado con lo buena que ella es.-Agregó antes de ponerse a trabajar con dificultad para concentrarse pero finalmente sumergiéndose en sus papeles. Un par de horas después estaba a punto de terminar su papeleo justo cuando fue sacado de su trabajo por un firme llamado en la puerta.- Adelante...
-Si no fuera porque me alegra demasiado el verte de regreso, -Aseguró al entrar por la puerta y cerrarla tras de sí, colocándose enfrente del escritorio de su padre.- y porque no me agrada usar magia oscura si no es estrictamente necesario… -Resaltó-. Juro que te lanzaría un Crucio para que pensaras dos veces antes de hacer algo así.
-No seas tan dura conmigo, lo que hice fue para mantenerlas a salvo, no podía permitirme el exponerlas así. –comentó defendiéndose o en un intento de ello.
-¿A salvo? Con mi madre al borde de una crisis nerviosa, a un paso de que su magia explotara, no me puedo imaginar que haya algo más a salvo que eso.- Bufó la joven
- Sé que no debí ir, pero es necesario.
-Promete que me avisaras.- Exigió con los brazos cruzados a la altura del pecho.
- Lo haré. De hecho quiero informarles a ambas que es lo que ocurrió en mi viaje, ¿Llamarías a tu madre por mí? Por favor
-Vuelvo en dos minutos con ella.-Dijo al salir, tardándose exactamente el tiempo señalado con su madre detrás de ella. Y una fiera mirada en el rostro.
-Ya estamos todos, ahora lo que sea que tengas que decir solo dilo papá, sin miramientos por favor.- Pidió
-Necesito relatarles lo que sucedió en la mansión Malfoy.- Mencionó Julius. –Quiera o no deben de estar enteradas de esto.
-Escúpelo.
-Esos modales hija mía. –Reprendió Indira escandalizada.
-Madre soy todo menos una dama no me vengas con eso en este momento.- Solicitó sin dirigirse a ella, enfocándose solo en su padre y lo que este tenía que dir.
-Déjala Indira, ese carácter nuevo en ella y bien o mal en algún momento le ayudara.–Con una inspiración profunda comenzó su relato que no duro mas de cinco minutos, lo difícil, fueron los cuestionamientos posteriores. Todos realizados por su hija que escuchaba cada detalle procurando no perderse ninguno como si estos fueran a servirles para planear como ganar una guerra...
-Fuiste a ese lugar con plena conciencia de que podía estar lleno de Mortífagos, ¿No es así?
-Es la casa de uno de ellos. Obviamente era una posibilidad.-Contestó con aparente tranquilidad.
-Y dices que uno de ellos, que no era el dueño, estaba ahí.
-Así es.
-¿Y Eso es tanto o más peligroso que…?- Intentó preguntar pero fue interrumpida abruptamente.
-En realidad el riesgo esta latente. Snape puede delatarme e cualquier momento, sin embargo, no me pareció que lo fuera a hacer.
-No te pareció que lo fuera hacer. –Dijo repitiendo las palabras exactas-. Esto me parece lo más insensato del mundo, aún viniendo de ti.
-No me hables de cosas insensatas Sydney, porque tú has actuado insensatamente y yo no te he reprochado nada jamás. Al contrario, siempre haz tenido mi apoyo y lo seguirás teniendo.
-Perdona, padre, no debí juzgarte.-Respondió arrepentida.-En todo caso ¿que piensas hacer?-Pregunto en un tono sumiso, afligida por la impertinencia recién cometida.
-No tengo nada absolutamente claro. Lo que si es seguro es que yo tengo que regresar a ese lugar. Por muy peligroso que sea.
-¿Puedo ir contigo?-Pregunto, sabiendo que de primera mano recibiría una rotunda negativa.
-De ninguna manera.
-Padre, sabes que yo sé defenderme "no en vano he entrenado los últimos cuatro años…." –Suplicó.
-No, no confío en ello. Esto no es cosa de niños.
-No soy débil… ya no.-Aseguró a su padre con los ojos llenos de lágrimas producto de impotencia y fuertes recuerdos.
-Sé que no, pero tampoco ellos lo son y no quiero perderte. Ya una vez casi lo hago, no lo soportaría y menos si está en mis manos evitarlo.
- No me sobreprotejas. Ya no soy una niña, así como tú nunca te perdonarías el ponerme en riesgo, yo nunca me perdonaría el poder haber ido contigo y no haberte acompañado, por favor.- continuó suplicante.
-Sydney… -Dijo amenazante
-Prometo mantenerme siempre alerta y obedecer.
-Tú, te quedas con tu madre y...
-Julius… -Interrumpió su esposa, por fin adentrándose en la conversación.- Yo creo que será peligroso, estoy segura de ello, pero no podría vivir sabiendo que algo te paso por ir solo a ese nido de víboras. Sydney es capaz de defenderse. Si como dice, obedece tus órdenes y se esfuerza en pasar desapercibida, todo estará bien.- Mencionó dejándolos a ambos incrédulos, después de todo el segundo nombre de Indira era sobre protectora.- Porque después de todo, conozco a esta hija mía y si no la llevas contigo, es capaz de cometer cualquier locura por alcanzarte y en ese caso, de verdad no soportaría la angustia. –Agregó
-No puedes estar hablando enserio.-Dijo descolocado por completo.
-Hablo muy enserio. Me parece riesgoso ir a la cueva del lobo, pero me parece mucho más riesgoso ir a la cueva del lobo solo.- Aseveró penetrando con la mirada a su marido, mientras su hija se mantenía en silencio presenciando como sus padres discutían, en esos casos era mejor mantenerse al margen. - Por favor cuídense mutuamente. Se que es una locura lo que te pido, pero, por favor... -Suplicó desesperada.
- No te alejaras y me obedecerás.- Ordenó derrotado.- ¿Comprendes?
- Si padre. -afirmó
-Mañana a las 18hrs salimos, ni un minuto más, si no me voy sin ti. Espero que así te quedes más tranquila Indira, porque yo no lo estaré hasta que regresemos a salvo.-Dijo con reproche, dando por cerrada esa conversación y prácticamente invitándolas a salir del lugar.
-¿Que es lo que acaba de ocurrir allá dentro?- Preguntó la joven confundida porque había escuchado todo pero no confiaba en sus oídos, no en ese momento.
-Pasa que mañana irás con tu padre y le obedecerás, pase lo que pase. Quiero que ambos regresen sin un solo rasguño ¿entendiste?
-Perfectamente, madre.- Contestó con irritación. ¿Hasta cuándo dejarían de tratarla como a una niña? Seguramente nunca. Lo peor era, que muy en el fondo, comprendía sus razones.
El siguiente día pareció eterno para todos en aquella casa. Sydney pasó el tiempo que le quedaba antes de partir practicando algunos hechizos que podría usar si algo saliera excesivamente mal. Por otra parte su padre estuvo encerrado en su despacho y su madre se recluyó en su habitación solo saliendo de ahí para preparar el desayuno y la comida, sin dirigir una palabra a nadie. Sencillamente el ambiente estaba lleno de tensión.
Vestida completamente de negro con una capa a juego y su varita a la mano, se situó en la entrada diez minutos antes de lo indicado por su padre, no le daría ninguna oportunidad para que se marchara sin ella.
-Diste tu palabra, espero que la cumplas. No quiero perderte, ni hoy, ni nunca.- Sentenció con severidad.
-No lo harás Julius.
-Veo que has entrado en tu papel.-Señaló.- Bien. Espero que te mantengas en él, hasta que regresemos. "Si es que regresamos."-Pensó mientras abría la puerta al mismo tiempo que las barreras eran bajadas, posterior a esto salió y espero a que su hija estuviera a su lado, por unos minutos caminaron en silencio sepulcral. En cierto momento el hombre ofreció su brazo derecho a la joven, el cual esta acepto y un segundo después ambos habían desaparecido.
Recién aparecidos, continuaron caminando ahora por un largo sendero lleno de ostentosos matorrales totalmente verdes. –Quiero que te desilusiones y camines detrás de mí, sin despegarte un solo paso hasta que estemos adentro. – Ordenó cosa que inmediatamente cumplió la joven.- Guarda silencio y si presientes peligro, haces lo que sea para salir y desapareces, ¿entendido? -Pregunto el hombre sumamente tenso pero sin mostrarlo abiertamente. Con un corto susurro dio por acatadas las órdenes. Y así prosiguieron, hasta llegar a la entrada de la casa listos para anunciar su llegada.
-Señor.-Dijo una elfina algo temerosa-. ¿A quién buscan el señor y su acompañante?- Preguntó descolocando un poco a Sydney debido al hecho de que la elfina había notado u presencia aún cuando esta estaba bajo el hechizo.
-Busco a tu ama,- Contestó sin darle importancia a la referencia de la elfina-. ¿Se encontrará ella en casa?
- La ama si se encuentra en casa, señor, pero está ocupada.
- ¿Podría esperarla en la estancia?
- Wiky, piensa que si, señor.-Contestó sorprendida por el trato amable que era muy extraño en esa casa-. Mientras el amo no este en casa, todo estará bien, porque al amono le gustan visitas inesperadas. -Dijo antes de abrir los ojos como platos- Wiky no debió decir eso.-Agregó antes de agarrar un jarrón de oro blanco para golpearse
-Wiky, no por favor. -Pidió la voz angelical de la joven.- Por favor-. Suplicó quitándole el jarrón de sus huesudas manos-. No es necesario que castigues enfrente de nosotros. –Dijo-. Mucho menos llores, porque meterías en problemas a los visitantes de tu ama-. Agregó Sydney al verla con los ojos llenos de lágrimas
-Es usted muy buena señorita.- Replico limpiándose las lagrimas con un pedazo de tela de su ropaje todo sucio.- Iré con mi ama a avisarle que tiene visitas.
-No! Por favor.- Agregó Julius con ansiedad.
-¿El señor no desea que Wiky le anuncie? –Preguntó recibiendo un movimiento de cabeza negativo-. En todo caso Wiky se marcha para continuar con sus deberes.-Dijo antes de desaparecer con un PLOP!
-Supongo que necesitarás tiempo a solas con Narcissa. ¿No es así?
-No creo que sea prudente-. Contestó con un solo murmuró casi sin mover los labios.
-No haré nada estúpido. Además la elfina dijo que su amo no esta en casa.
-Es cierto, pero eso no resta peligro. Pero en dado caso que Narcissa quisiera que hablásemos a solas. Podríamos hacerlo aquí finalmente más allá de los elfos nadie te puede ver a simple vista, yo estoy consiente de tu presencia porque te vi antes de que te desilusionaras y escuchó que me respondes.-Recalcó con tranquilidad. Sin Lucius era cierto que ya no sentía tanta tensión sobre sus hombros.
-No estoy segura de querer escuchar lo que ustedes tengan que hablar, así que por favor no lo hagas enfrente de mi pase lo que pase. Prometo salir de aquí inmediatamente si siento que algo esta mal.-Aseguró mientras recorría con la vista el lugar, haciendo un plano casi perfecto en su mente, como siempre hacia con cada lugar nuevo que conocía - No te preocupes
-No quiero impertinencias.- Declaró con un tono de voz neutro.
-No las tendrás.- Replicó antes de guardar silencio y esconderse casi en la esquina de la habitación.
- Severus, no quiero que nada malo le pase.
-Eso es difícil porque esta en la línea de fuego, Narcissa.- Respondió con indiferencia.
-Lo sé pero dentro de todo, aún no es parte de ustedes.
-No es pero pronto lo será.- Declaró con recelo-. Yo no puedo impedir lo que es inminente pero si esta en mis posibilidades, continuará con vida y sobrevivirá a todo esto.
-Gracias.
-No sé porque una y otra vez agradeces. Es desesperante además ya una vez 'pagaste'…
-Snape sabes bien que eso no es verdad, solo paso una vez.
-Basta y sobra, no quiero que nadie lo sepa. O en ese momento perderás mi ayuda. Espero que lo tengas claro.
-Transparente.-Afirmó haciendo a un lado la copa de vino tinto que tenía en la mano.- No te voy a mentir. Yo nunca ame a Lucius como era mi intención al contraer matrimonio. Julius fue mi todo hasta que comprendí que lo nuestro nunca sería y me resigné a ello. –Declaró callando un periodo corto de tiempo- En este momento no tengo la certeza de nada y quizás sea el agradecimiento que te tengo por proteger a mi hijo que me…
-Que te hace perder la proporción de las cosas Narcissa.-Declaró tajante el hombre de orbes negras como la noche.
-Severus yo…
-Creo que Lucius tiene razón.- Escupió interrumpiéndola-. Ese amor fue el causante de que su relación nunca progresara -Dijo hiriente.
-Eso no es verdad, yo ame a Lucius. Una prueba de ello fue que cuando quede en estado pensé que eso nos uniría a Lucius y a mí, error.- Declaró amargamente-. Lucius siempre me vio simplemente como la incubadora de su hijo.
-Sus razones habrá tenido.
-Deja de intentar atormentarme con el pasado.- Exigió con amargura.
-Entonces tú deja de usarme de paño de lágrimas, lo odio- Contestó con desdén
-Sin embargo vienes cuando te lo llego a solicitar.-Dijo con un dejo de altivez. Retándolo.
-Porque no soy tan patán como tu marido.- Replicó impasible.
-De eso no hay duda. – Dijo con una mueca irónica en el rostro, producto de recordar la única vez que ambos cedieron a sus instintos, debido a un exceso descomunal de copas, su sigilosa partida dejándola allí dormida en el lecho y como la siguiente vez que se encontraron actuó como si nada hubiese ocurrido entre ellos… un caballero no tiene memoria.
-Me voy, suficiente patetismo por el día de hoy.-Dijo botando la copa de whiskey de fuego en la mesilla, haciéndole compañía a la copa de vino de elfo.
-Al menos viniste.- Agradeció acariciando con el dorso de su mano de porcelana, el cetrino rostro del hombre. Quien de inmediato aparto la delicada mano y ásperamente le recordó -. Odio que me toquen.
-Solo fue un gesto, no te estaba 'tocando' quería demostrarte que te estimo lo creas o no.-Concluyó sincera
- Merlín, me harás llorar.- Declaró irónico, dirigiéndose a la puerta del despacho misma que conducía a un pasillo largo que le dirigiría a la estancia.
-Alguien viene. Mantente alerta.- Ordenó Julius el mismo intentando parecer lo más tranquilo posible pero le estaba resultado muy difícil.
-Rodeneski, dos veces en una semana, es un record. Tomando en cuanta que tenía tanto tiempo sin saber de ti.-Dijo mustiamente.
-A mi también me da gusto verte, Snape.-Contestó con el mismo tono.
-Mira, ahí viene tu doncella parece que te esperaba.- Contestó enfocando sus negros ojos en el pasillo.
- Eres un…
-Severus, pensé que ya te habías marchado. ¿Se te ofrece algo más? -Preguntó con voz elegante y soberbia característica de la esposa de Lucius Malfoy pero quedando impávida al ver a aquel hombre que significaba tanto para ella - Julius.-Exclamó en un susurró dejando su careta de frialdad a un lado, permitiendo que varias lágrimas corrieran por sus mejillas.
-Cissy.-susurró olvidándose del espectador que tenían, acercándose y sacando un pañuelo de su bolsillo, ofreciéndolo.
-Han pasado tantos años,-murmuró la rubia entre sollozos
- Demasiados.-Aceptó comenzando a sentir remordimiento por haberla dejado en manos de su 'amoroso' marido.
-¿Acaso tienes una idea de la falta me has hecho?-Preguntó con reproche implícito en su tono de voz.
- Lo puedo imaginar.
-¿Puedo…?-Pregunto insegura, con él Narcissa Malfoy dejaba a un lado su soberbia y frialdad para convertirse de nuevo en aquella niña de once años que lloraba en sus brazos por un golpe de su padre o una reprimenda de su madre.
-Narcissa, no es necesario que pidas permiso para nada, nos conocemos desde que éramos unos niños.- Contestó abriendo sus brazos y recibiendo a la mujer con efusividad.
-Hay tantas cosas que quiero contarte, vamos al despachó.-sugirió aquella de blanca piel a la que los años le hacían poco más que justicia conservando aun su belleza. Dudoso, dirigió una fugaz mirada a la esquina donde estaba casi seguro que se encontraba su hija.-Preferiría que habláramos aquí.
-Tranquilo, Lucius no está, salió de viaje y regresa hasta después de mañana. Además no sería correcto, que tal si llega alguna otra visita.-Añadió Narcissa intentando persuadirlo.
-De acuerdo, las damas primero,- Dijo haciendo una clase de reverencia para que esta le mostrase el camino, donde desaparecieron tras dar unos cuantos pasos y hablar en tonos bajos pero claramente efusivos.
-Que conmovedor… voy a vomitar.-Expresó mientras se preparaba para desaparecer, a punto de hacerlo escuchó una risita mal disimulada que lo detuvo haciendo que se le crispara la piel e inmediatamente se pusiera en guardia.- ¿Quién esta ahí? –Preguntó repitiéndose al no recibir respuesta inmediata.- Pregunté algo y quiero que me sea respondido ya.- Agregó en tono autoritario.
-"No debí reírme, fue sumamente impertinente, lo primero que me advierte mi padre y… ¿Qué hago? Es peligroso, pero si no me muestro puede ser más, finalmente ya vio a mi padre y no ha hecho nada para lastimarlo, no sé, tengo miedo pero creo que lo mejor es hacer lo que quiere, se ve muy molesto. Sin embargo no es nadie para darme órdenes. Por otro lado parece que quien le dio un susto terrible fui yo, así que…." Pensó debatiéndose en que hacer mientras Snape terminaba de perder la poca paciencia que le quedaba.
-Muéstrese ya.-Ordeno con esa voz que aterraba a cualquiera pero a Sydney no le dio miedo. Simplemente lo tomo como pauta para acercarse unos pasos y finalmente deshacer el hechizo. Para después descubrir su rostro dejando perplejo a Snape quien en una fracción de segundo recupero su postura de impasibilidad.
-Su deseo fue una orden, señor. Ahora haga el favor de evitar ese tono altanero cuando se dirija a mí.-Dijo con una voz que era dulce más el tono en que fue utilizada la hizo sonar déspota como si el mismo Snape estuviese hablando.
-¿Quién es usted?- Inquirió con el seño fruncido.
-¿Qué quien soy?, pienso que no es de su incumbencia.- Respondió con simpleza, cosa que irritó l hombre que tenía enfrente.
-Es usted una mujer sumamente inconsciente e insolente. Es notorio que no sabe con quien está hablando.-Replicó molesto sin poder quitarle la mirada de encima, su belleza le había cautivado mas Severus Snape nunca se había dejado insultar, intimidar, mangonear ni mucho menos seducir por mujer, no por nada es la mano derecha del Señor tenebroso y de Albus Dumbledore
-Quizás sea todo aquello que usted dice. Pero sencillamente no me importa, no viniendo de una persona en la que no confío, mucho menos siendo uno de los seguidores del Lord...-contestó desafiante
-Si tiene conocimiento sobre ello, debe de ser muy valiente o muy estúpida para seguir frente a mi vista.- señaló con una ceja elevada.
-Quizás ambas, Snape. –Contestó dejando al hombre descolocado por la familiaridad con que le trataba.- O quizás sea porque….
-¿Por qué…?-Inquirió en tono amenazante.
-No lo sé, el que estaba apunto de marcharse era usted, no yo.- Afirmó insegura
-Quien se estaba escondiendo era usted.-comentó intentando cercarla para que soltara algo.
-Cierto. Pero no creo que eso sea de relevancia. ¿O le interesa?
-"Nunca antes la había visto. ¿Y si es una espía que del Lord mandó para vigilarme? Vigilarme o no ya veremos. " Interesarme… ¿Usted?- Preguntó con sorna mientras la escaneaba de arriba abajo con suma atención, reparando en cada detalle. Las altas botas negras que calzaba, el vestido que se asomaba debajo de la túnica y finalmente la capa igual de negra que todo el conjunto. –No me imagino como. –Dijo respondiéndose.- No veo nada muy interesante en usted.-Añadió observando cada reacción de la joven pero por su rostro no se asomó emoción alguna más que quizás cansancio y esperaba todo menos aquella muestra de indiferencia. Sintió que después de tanto tiempo estaba recibiendo una muestra de su propio chocolate.
-Bueno tampoco es como si esperase que usted se lanzara a mis brazos-Contradijo alzando los hombros restándole importancia al hecho de que abiertamente le había dejado claro que le parecía todo menos que atractiva- .No soy una mujer con grandes curvas ni tengo un carácter dulce.- Agregó indiferente antes de cambiar de desviar la conversación.- Yo solo intentaba adivinar su comportamiento. Pero veo que me equivoque, mi error.- Dijo con naturalidad andes de tensarse al notar todo lo que había dicho.- "No tengo la menor idea de lo que estoy haciendo. ¿Por qué le hablé de mis curvas? Se supone que no debería ni haberle permitido que descubriera mi presencia. Estoy en un serio problema" Pensó mientras instintivamente desviaba la mirada como precaución aparte de reforzar sus defensas para que no pudiera entrar en su mente si lo intensaba.
-"¿Me habló de sus curvas? Que rayos! ¿Qué tiene que ver eso conmigo? Estabas discutiendo su osadía y estupidez cuando me sale con eso. Le dije que no me parece para atractiva y no le importo nada! Es la primera mujer que conozco, y conozco muchas, que no le afecta lo que digan de su físico… Necesito saber que es lo que está pensando, esto no esta nada bien… Legilimens!"-Pensó antes de ser recibido en la mente de la joven quien un segundo después de su intrusión apareció a su lado, acción que alarmó al Mortifago pero se mantuvo en una pieza esperando a lo que esta pudiera intentar hacer.
-"¿Le parece cortes intentar penetrar en mi mente?"
-"No sé si lo ha notado pero no solo lo intenté, estoy dentro de su mente"
-"En realidad no del todo, esta en la primera barrera que establecí y puede parecer que entro con facilidad pero no, solo esta dentro porque se lo permití pero le aseguró que no pienso permitirle ir más lejos."
"¿No? ¿Qué piensa hacer para impedírmelo?"-Preguntó a la par que sus pasos continuaban caminando con intención de explorar aquel lugar.
Con una larga inspiración, respondió resignada.- "Después no se queje de mi rudeza ¿de acuerdo?"
-"Lo dudo" Contestó jactancioso antes de sentir como era sacado del lugar y en su cabeza se plantaba un dolor punzante especialmente en el área de las sienes, mismo que provocaba que su vista se nublada, hasta hacerse casi nula.
-Le dije que no sería agradable,- Dijo acercándose a él y poniendo ambas manos en las sienes del hombre, gesto que en un caso normal hubiera sido recibido con una fuerte maldición pero este no se encontraba en condiciones para ello, así que no hizo nada más que intentar alejar las manos de la joven de su persona pero ella no desistió y continuó con lo que hacía, pasados unos segundos el dolor lacerante había desaparecido y su vista regresaba a la normalidad. Lo primero que sus ojos vieron fueron los ambimarinos de la joven que reflejaban extrema concentración y ternura a la vez, pero radicalmente cambiaron a reflejar reproche al ver que este había recuperado su facultad sin ninguna secuela.- Espero que eso le aprenda a no hacer cosas como esa, por lo menos no conmigo.-Dijo antes de quitar con cuidado sus manos pero siendo sus muñecas acorraladas por las gruesas manos del hombre.
-¿Qué demonios fue eso?- Preguntó enervado con los ojos abiertos el ceño tan fruncido que con trabajo se distinguía una ceja de la otra.
-Claro, fue un placer quitarle el dolor. No se preocupe, no me debe nada.- Dijo con sarcasmo, resignada a que no iba a recibir ninguna muestra de agradecimiento.
-¿Qué no le debo nada? Usted me provoco ese nefasto dolor. ¿Por qué debería de agradecerle?- Replicó zarandeándola con su enfado creciendo a cada momento con el cinismo de la joven.
-Esta usted completamente equivocado. Para comenzar fue usted quien intentó invadir mi mente, yo simplemente me defendí.-Respondió muy segura mientras intentaba que este la soltase pero su fuerte agarre no cedía ni un poco. -¿Podría soltarme? Me esta haciendo daño.- Snape desvió su vista de los ojos de la joven directo hacia el agarre de sus propias manos sobre las delicadas muñecas de la joven notando que sus propios puños estaban casi blancos al igual que las manos de la joven por la fuerza que estaba ejerciendo sobre ella, al realizar lo que estaba haciendo, con un solo movimiento brusco la liberó y de inmediato esta intentó disminuir el dolor que sentía masajeándolas con cuidado.- Tiene demasiada fuerza. –Señaló en lugar de explotar contra él cosa que lo descolocó mucho más.
-La acabo de lastimar y usted solo resalta el hecho de mi fuerza.- Mencionó confundido esperando una respuesta pero en el fondo no deseando que llegara.
-Bueno tampoco esperaba que explotara a gritos o ¿sí?-Contestó aún masajeando sus muñecas.- "Esto parece un extraño sueño pero el dolor en mis muñecas es muy real. Además no lo comprendo es como si quisiera matarme y al mismo tiempo se sintiera culpable por haberme hecho daño. Ojalá padre no tarde mucho tiempo más."
-Hubiera sido mucho más normal esa reacción.- Dijo sin poner mucha atención en lo que había dicho, estaba sumergido en sacar una importante conclusión. "Esta mujer no parece que sea una nueva adquisición del Lord. Es inteligente y sabe ser cautelosa, obviamente tiene habilidad para la Oclumancia pero tiene un toque de ternura innato que intenta esconder, no, una caja de curiosidades como esta no estaría en las manos del Lord ni aunque este moviera cielo, mar y tierra para encontrarla, no. ¿Entonces de donde demonios salió?"
-Bueno el calificativo de normal nunca ha encajado conmigo.-Señaló sacándolo de sus pensamientos.- Aunque tampoco pienso que ese calificativo vaya con usted, digo es Mortífago... –Añadió nerviosa.
- Por primera vez concuerdo con las incoherencias que dice.-Aceptó con tono neutro. Sorprendiendo a la joven debido a lo tranquilo que estaba después de aquella mención.
-Eso es bueno, viniendo del hombre más contradictorio del mundo. –Dijo para si misma, pero no el comentario no paso desapercibido.
-¿Cómo ser capaz de levantar un juicio así tan a la ligera sobre alguien que no conoce?-Cuestionó interesado en lo que esta pudiera contestar. Haber si así lograba averiguar algo que le fuera útil obre aquella mujer.
-No hace falta conocerle mucho. Llevo toda mi vida prácticamente sola, desde niña desarrollé la habilidad de reconocer ciertas características en las personas, aún en las que son muy diestras en ocultar su verdadera personalidad.
-Verdadera personalidad… No entiendo como.
-Ni yo podría explicarlo, solo es pero le aseguro que no miento, no tendría porque. ¿Quiere que haga el intento?
-¿Conmigo?-Cuestionó alzando una ceja y cruzando los brazos.
-¿Con quien más si no?
-Prefiero que no me haga perder más mi tiempo.
-¿Yo? Si el que se esta marchando de aquí desde hace casi más de quince minutos es usted.- Resaltó-. Solo para que tenga algo en que pensar, algo que no tenga que ver con el Lord y sus misiones..-Dijo guardando silencio un par de minutos esperando su autorización más al no recibirla continuó consiente de lo que estaba a punto de hacer no era lo más inteligente que se le había ocurrido, sin contar que el estar fraternizando con un mortifago por si sola esa acción no era en absoluto inteligente y aún lo iba a hacer-. Como hombre se ensimisma, no quiere que nadie sepa de usted no más allá de lo que se ve a simple vista, es celoso de su intimidad y si fuera posible, ni a su sombra le confiará sus secretos; como Mortífago debe de ser tremendamente… capaz para ser uno de los hombres más importantes del Lord.
- Todo lo que dijo es una falsedad. Me temo mi querida dama que sus capacidades fallaron rotundamente. –Dijo con sarcasmo y gesto imperturbable a pesar de que al escuchar tales palabras su sistema nervioso había disparado una dosis de adrenalina como si estuviese en una situación de total peligro.
-No creo haber errado, pero si prefiere pensar eso, por mi no hay ningún problema, señor.
-Nunca antes le había visto ¿Se puede saber de donde salió? –Preguntó evasivo, desesperado por cambiar de tema. No era un hombre que mostraba interés en algo pero esto ya había sobrepasado todos los límites de su paciencia y peligrosa o no tenía que terminar con aquella conversación que no le estaba dejando nada bueno.
-No creo que sea de su incumbencia. –Murmuró antes de hacerse invisible gracias al hechizo desilusionador que había convocado, al mismo tiempo que se escuchaban pasos acercarse a la estancia, de inmediato Snape hizo casi lo mismo escondiéndose en la esquina del estancia donde la luz era tan nula que con su negrísima vestimenta pasaba desapercibido, diez segundos más tarde Narcissa entraba a la estancia desde el pasillo seguida por su visitante. .
-Si necesitas algo, sabes que puedes pedírmelo.-Aseguró el hombre de cabello castaño.- Por medio de lechuza o apareciéndote en el punto que te mostré, creo que la imagen del pensador fue clara, no debes tener ningún problema.
.Gracias.-Dijo para pasar a abrazarle efusivamente y preguntarle al oído-. ¿Es cierto eso de que tu hija esta aquí?
-Si.- susurró como respuesta.
-¿Podría verla?-Pidió aún abrazándolo.
-¿Crees que sea prudente?-Devolvió la pregunta dudoso.
-Te repito que no esta Lucius en casa y Draco salió con sus amigos, por favor desde que es una bebé no la veo.-Suplicó.
-Solo porque eres tú, pero sabes que es mi mayor tesoro así como para ti lo es Draco, no permitas que nadie sepa de esto. ¿De acuerdo?- Dijo sin analizar mucho lo que hacía.
-Por mi vida, hasta ahora no te he delatado ni pienso hacerlo, mucho menos a tu razón de existir.-Juró la mujer
-Confío en ti. -Aseguró antes de deshacer el abrazo-. Sydney, ¿podrías mostrarte para que Narcissa te vea?- Preguntó al aire como si hablara solo, por un largo momento no hubo más que silencio en la habitación, Snape estaba a la expectativa desde su escondite, la misma Narcissa sostenía con una mano la mano de Julius y con otra su vino collar de platino intentando esconder su ansiedad.
-¿Estas seguro de esto?- Preguntó al oído de su padre dándole un susto al que se repuso de inmediato y respondió con un apenas audible.- Sí.- Escuchado esto, Sydney respiró profundamente un par de veces colocándose enfrente de la mujer y al fin deshaciendo el hechizo.
-Eres hermosa, mucho más de lo que recordaba.- Dijo la mujer mayor con mucho orgullo.
-Supongo que debo tomar eso como un cumplido así que gracias.
-Claro que es un cumplido. Eres hermosa no cabe la menor duda. –Reafirmo mirándola de pies a cabeza un par de veces más.- ¿Sabes? Desde que tenías tres años no te veía. ¿Puedo darte un abrazo?-Preguntó recibiendo una fría mirada seguida de un fiero escrutinio y al final solo un cabeceo a modo de afirmación. Sin pensarlo dos veces envolvió con sus brazos el cuerpo de la joven en un amoroso abrazo gesto que sorprendió a la muchacha que solo alcanzo a devolver el abrazo sin saber que más hacer.
-Lamento no poder responder a su efusividad pero se de usted por mi… por Julius, si no fuera así usted sería una total desconocida para mi señora.-Dijo mientras rompía el abrazo y se alejaba dos pasos.
-No me digas señora, me haces sentir vieja. ¿Acaso te parezco tan grande?-Cuestionó fingiendo enfado
-En realidad no, solo era una forma de hacerle ver mi respeto por usted. Disculpe.-Contestó incomoda deseosa de desaparecer de ahí de una vez por todas.
-No seas ingenua, estaba bromeando contigo, pero ciertamente preferiría que me llamaras por mi nombre, Narcissa.-Dijo mientras la estudiaba con atención.
-De acuerdo, es un placer conocerla al fin, Narcissa.-Dijo con monotonía.
-¿Siempre se comporta tan formalmente?- Preguntó Narcissa al hombre que tenía al lado.
- Sinceramente no lo sé. –Respondió confundido por la pregunta.- Nunca la he visto interactuar con nadie más, -confesó medianamente apenado-. Pero te aseguro que conmigo no es tan respetuosa, tiene su carácter te lo aseguro. No querrás hacerla enojar.-Añadió
-Me imagino que no.- Concuerdo Narcissa con una sonrisa en el rostro-. ¿Siempre te comportas así de fría y distante o solo es conmigo?-Preguntó a la joven.
-Le aseguro que no conoce el termino 'fría' tratándose de mi, pero no, no se ofenda no es solo con usted, si no con todo las personas que no conozco, no tiendo a confiar en la gente.
-Esa es una cruda revelación.-Señalo Narcissa interesada-. Pero es muy inteligente de tu parte.-Le dijo a la joven- -Tu hija es una mujer muy inteligente y hermosa, Julius, ahora entiendo porque has hecho tanto por mantenerla a salvo. Agregó para el hombre.
"Es su hija. La hija de un Rodeneski… Si el Lord lo sabe tendrá todo en su poder para tomar el control sobre el mundo mágico y yo no voy a permitir eso, no tiraré seis años cuidando el trasero del estúpido de Potter y arriesgando el pellejo para que algo así pase. Se supone que solo era un mito... Debo de ir a ver a Dumbledore"
-Aunque no fuera tan inteligente ni tan hermosa como lo es, hubiera dado mi vida por ella,–Aseguró Julius- es lo único que me mantiene y mantendrá en pie hasta que todo esto se termine.
-Te comprendo lo mismo es para mi Draco, por eso te pedí lo que te pedí.
-¿Podrían dejar de hablar como si yo no estuviera presente? –pidió con amargura-Y gracias acaba padre, acabas de revelar mi identidad a un mortifago, ahora si no te incomoda, me largo de aquí.- añadió furiosa, tanto trabajo que había hecho para mantener su identidad fuera del ojos del enemigo presente y Narcissa la vendía en un dos por tres.
-Sydney, ¿de que demonios estas hablando? -Preguntó al ver que esta se dirigía hacía la puerta, la abría para salir corriendo por ella y desaparecía sin dejar un solo rastro.
-¿A que se refería tu hija?-Cuestionó Narcissa confundida y alarmada a la vez o así parecía.
-No lo sé. Me voy, debo ir tras ella. Espero que hables con Draco y me avises. –Dijo antes de tomar el mismo camino que su hija y desaparecer como ella lo había hecho.
Al ver como sus visitantes desaparecían cerró la puerta de su mansión y caminó hasta llegar al centro de la estancia, respiro profundamente un par de veces y cuando se armo de suficiente valor al fin hablo. –Creí que te habías marchado.
-Ya ves que no.- dijo Snape saliendo de su escondite.
-¿Cómo es que ella sabía de tu presencia? Si te lo hubiera propuesto no te hubiera notado.
-Cuando Rodeneski llegó yo me marchaba ¿acaso lo olvidaste?
-No, pero dí por sentado que ya te habías marchado. Solo hasta que ella mencionó la presencia de un mortifago yo me di cuenta que seguías aquí. No dirás nada ¿o si?-preguntó con altivez pero Snape sabía que estaba más que aterrada.
-Depende. ¿Me conviene hablar? ¿Qué me darás a cambio?
-Lo que quieras.-Contestó monótona. Aquello no le podía estar pasando a ella, no, el único secreto que tenía para ella, ahora había salido a relucir. Sencillamente no es que no confiara en el hombre que la había protegido de los excesos de su marido pero era mortifago y eso no le quitaba que por obtener un mejor lugar soltara cualquier información que considerara valiosa.-Lo que quieras.-Repitió resignada.
-Muy bien, me parece justo porque parece que este secreto es muy valioso para ti, de otra manera no te hubieras puesto tan nerviosa cuando ella me mencionó.
-No pensé que fueras chantajista, Severus.
-Soy un mortifago, ¿Qué esperabas? –Preguntó sin esperar respuesta-. Pero no, no pierdas la calma, no pienso pedirte a nada a cambio mi silencio. Por lo menos no si puedo evitarlo.-Aseguró con hastió preparándose para desaparecer de una vez por todas de aquel lugar.
-¿Puedo contar con ello?
-No tientes a mi paciencia, Narcissa.- sentenció antes de desaparecer por completo de allí, dejando a la rubia mujer totalmente sumergida en sus recuerdos.
N/A:
Tengan paciencia por favor y más ahora que entrare a la escuela pronto.
Gabrielle
N/A
