Capitulo 9
Realidad
Bostezando intentaba despertar por completo, estaba en ello cuando se dio cuenta de la estupidez que hizo la noche anterior, se apareció directo en el bosque sin hacer escala en el callejón Diagon, Merlín deseaba con todas sus fuerzas que a Lucius no hubieran quedado ganas de seguirla o abiertamente y por su propia estupidez le abría dado acceso directo a su casa. Levantándose muy rápido de la cama corrió y se cambio de ropa, tomó su varita y salió de la habitación, sin tomar en cuenta que su padre estaría en su despacho con la puerta abierta.
-¿puedo saber a donde se supone que vas?-cuestionó en un tono que no le gustó nada a Sydney, la había descubierto o algo cercano a ello.
-Al bosque, iba a caminar. ¿Me acompañas?
-No pero respóndeme algo ¿Nos drogaste anoche? –inquirió parado en el marco de la puerta, observando detalladamente a su hija quien parecía no comprender de que le estaba hablando.
-No comprendo de que estás hablando padre. –respondió una vez que había levantado sus barreras mentales.
-Sydney espero que no me estés mintiendo, aunque algo me dice que si lo haces… en todo caso creo que es momento de quitarme la venda de los ojos ya no tienes cinco años por lo mismo es estúpido que espere que obedezcas ciegamente mi voluntad. ¿Sabes en que te estás metiendo?
-Padre yo…
-No, respóndeme. ¿Sabes en que te estás metiendo? Yo perdí a un hermano porque, aunque en un inicio buscaba venganza, se dejo envolver en el mundo del Señor Oscuro. Él te busca simple y sencillamente porque una profecía habla de que el último descendiente de la familia que destruyó al inicio de su camino será el arma perfecta para hacerle ganar el poder absoluto o el arma más poderosa para vencerlo definitivamente, solo quiere utilizarte. Sydney, mis hermanas no murieron en un accidente como te lo dijo la abuela, frente a mis ojos vi como ese hombre las asesinó porque se cruzaron en su camino, eran solo unas niñas pequeñas. Y en realidad nos destruyó, después de eso tu abuelo se volvió un completo amargado y tu abuela casi pierde la razón, mi familia se desquebrajó cuando yo era aun muy joven, ¿crees que quiero que él me quite lo más sagrado que tengo?
-No quiero que él te quite nada, papá, ¿Qué necesito hacer para convertirme en esa arma que pueda vencerlo definitivamente?
-No estás escuchando lo que te digo. –declaró mientras golpeaba su cabeza con la pared
-Si estoy escuchando, pero el destino me está llamando y ya no puedo seguir huyendo, es inminente, lo sé. ¿No sería mejor que en lugar de seguir huyendo enfrentara lo que para mí está escrito? Si él me está buscando, porqué no llegar yo a él de improvisto con otro nombre y otra historia, infiltrarme en sus filas, conocer sus movimientos y traicionarlo con aquellos que luchan en su contra. ¿No sería mejor eso?
-Eso es suicidio. ¿Sabes lo que pasaría si descubre que le traicionaste? Te mataría sin dudarlo.- afirmó mirando fijamente a los ojos de su hija.
-No lo haría, no después de descubrir mi verdadera identidad. –alegó intentando convencerlo
-Peor aún te trataría como esclava en las peores condiciones hasta que descubriera la manera de utilizarte como aquella arma de la cual habla la profecía.-simplificó desesperado en verdad
-Las cartas ya están abiertas.-sentenció la joven con firmeza, esperando que su padre comprendiera el significado de ello, de todas maneras ya nada podía hacerse. El simple hecho de que él mismo hubiera contactado con Narcissa Malfoy dejaba mucho al descubierto y el huir implicaba tener a alguien consciente de su existencia, peor a una madre desesperada por ayuda.
-La vida de tu madre era una farsa hasta el momento en que tú naciste. –Pauso largos segundos antes de agregar.- Debes de saber que estas arrojando muchas cosas al fuego, cosas que no deberían haber sido destapadas jamás.- dijo entrando a su despacho y cerrando la puerta tras de él, más la mano de Sydney se lo impidió.
-¿Qué quieres decir con eso de que la vida de mi madre era una farsa?-cuestionó alarmada, consiguiendo que su padre le cediera el paso, cerrando tras de si la puerta.
-Su implicación en mi vida fue un plan de aquel que lucha contra el señor Oscuro para evitar que yo me enamorara de alguien más, evitar que yo tuviera descendencia, pero aquí estás tú, el plan que se le había encomendado falló. Ella te ama y a mí por igual, a pesar de cómo las cosas comenzaron, eso es lo que debes tener presente cuando eches todo por la borda. – dijo antes de pedirle que saliera con una sola seña de su mano.
Sydney supo que ya no le sacaría más información y resignada salió de allí, directo al bosque donde paso un largo rato caminando en círculos indagando sobre las palabras de su padre y como podría averiguar más aunque sabía que a su madre no le sacaría ni una sola palabra. Casi olvidaba revisar su primer propósito de regreso al bosque pero cuando lo hizo y comprobó que no había señal alguna de que Lucius le hubiese seguido, se quitó un peso de encima pero tranquilizarse no pudo, había una verdad que quería averiguar aunque no estaba segura si sería más sano. Camino por más de una hora buscando encontrar paz, pero no era tarea sencilla, ahora había algo más en el pasado que estaba relacionado con su existencia, había algo más que si bien era importante sin tener la información completa dudaba que le fuera de utilidad sin mencionar de que estaba convencida de que si seguía basándose en los hechos pasados no podría formular ningún plan fructífero, pensaba basarse en lo poco pero importante que sabía del pasado y corregir los errores. No tenía idea de cómo pero estaba decidida a ello.
"No puedo correr con aquellos que dicen luchar contra el señor oscuro porque no sé quienes de verdad están en su contra y quienes fingen, así eso está descartado por el momento. No puedo simplemente presentarme ante el o dejar que me encuentre porque sería de lo más sospechoso y estúpido porque ni yo misma se como es estar en su presencia, sé el alcance de su locura y su falta de escrúpulos para con aquellos que piensa inferiores o inútiles, así que tampoco puedo eso haré. Podría… utilizar la fascinación de Lucius hacia mí, hacer que confié en mí y poco a poco sacarle información, el problema radica en que acercándome a él le daré pie a que piense que le estoy dando una oportunidad para que me conquiste y yo no quiero eso, es atractivo, no lo niego, pero aún después de tantos años John fue lo más cercano a una relación que tuve y quizás ya no tenga miedo ni resentimiento contra los hombres pero ello no quiere decir que me sea sencillo intimar y si Lucius desea eso, dudo que puedo llegar hacerlo."
-¿Por qué no pruebas contactando al pocionista? – cuestionó su guardiana asuntándola y sacándola de su dialogo interno – Puede que sea uno de esos hombres como Lucius pero no delató a tu padre la primera vez que lo vio, ni te hizo daño cuando te descubrió en la Mansión Malfoy, eso dice mucho de sus verdaderas alianzas.
-¿Crees que no le sea fiel al Señor Oscuro? – replicó en un susurro una vez repuesta de su susto inicial
- Eso es lo que pienso, pero dudo cuáles son sus verdaderos motivos y eso me hace retractarme de mi sugerencia inicial. Olvídala.
-No sé porque insistes en pedirme que olvide cosas que has dicho si sabes bien que no podré.- señaló quedándose en silencio por varios minutos mientras meditaba y evitaba que su protectora fuera participe en ello. Hablando al cabo de un rato.- ¿sabes? No es una mala idea pero no creo que deba de contactarlo frente a frente, buscaré el encuentro apropiado, por lo pronto ayúdame a recordar y dejar en claro algunos hechos para no cometer errores o cometer los menos posibles. Primero ¿de qué color eran mis ojos y mi cabello la vez que visitamos a Narcissa?
-Castaño claro y ambimarinos, como cotidianamente.
-¿Pero la vez que fuimos de compras mi padre y yo? Esa vez iba con otro color ¿cierto? Iba como Ivanna
-Si aunque dudo que el color que portabas ese día tenga algo que ver con el nombre que usabas, tu cabello era negro y tus ojos eran azules.
-¿Y el día de ayer llevaba los mismos tonos? –cuestionó realmente intrigada, obviamente era muy extraño que preguntara cosas así pero a veces su magia actuaba a la defensiva y como no acostumbraba verse al espejo, no en todo momento notaba esos cambios tan extraños y nada normales, pero tenía poco tiempo de haberlos 'controlado' y eso era ganancia. Si bien no siempre lo notaba de inmediato, tenía el poder de cambiar los tonos si se daba cuenta que la transformación había ocurrido.
-Creo que es muy afortunado para ti que siempre este cerca para tomar nota de cambios tan "insignificantes" pero vitales en estos momentos. –señalo tomando asiento a lado de ella.
-Bastante afortunado… -afirmó recordando la extraña mirada del pocionista días antes cuando la encontró en la botica, ahora comprendía el ínfimo reflejo de extrañeza en aquellos ojos negros, reflejo que de inmediato fue cubierto por molestia. – Creo que debo de tener más que presente el hecho de que 'Ivanna' frente a Lucius tiene el cabello negro y los ojos azules y todo estará bien, dudo que al pocionista le importe algo así.
-También dudo que le importe algo así pero no está demás mantener precauciones, no debes de descuidarte tanto.
-Tienes toda la razón. Pero ahora no me preocupan ellos dos, me inquieta lo que dijo mi padre sobre mi madre. ¿Sabes a que se refiere con eso?
-Lo mismo que tú, yo solo tengo conocimiento de hechos que abarcan desde el momento en que tu abuela me invocó como tu guardiana no antes. Y eso que quieres saber es de tiempo atrás, lamento no ser de utilidad, pero si supiera algo ¿en verdad desearías que te lo contara? ¿Sigues pensando que saber toda la verdad del pasado sirve de algo?
-Tengo consciencia que a veces no sirve para nada, pero vivir parte de una mentira tampoco me causa gracia, ¿crees que sea algo terriblemente malo, después de todo? Finalmente ella…
-No importa lo que yo crea, si tu padre logró perdonarlo y ser feliz al lado de ella, brindándote una familia, creo que con eso es suficiente. –dijo interrumpiendo la oración de la joven, ambas sabían que no quería pronunciar lo que había descubierto por error, un verdad que hubiera preferido no descubrir.
-Quizás tengas razón en ello y no deba mover más esa parte del pasado.- acordó respirando profundamente antes de comenzar a caminar de regreso a su casa, con Ika a su lado. Una vez que cerró el portón de la entrada dirigió su mirada al comedor, encontrándolo vacio, agudizo su oído y escuchó ruido de papeles en el estudio de su padre, subió las escaleras y se asomó a la habitación de sus padres que tenía la puerta entre abierta, su madre estaba sentada en la cama y observaba con atención algo que tenía en las manos, parecían fotos. Decidió retirarse hasta la su habitación de esparcimiento, intentaría ordenar sus pensamientos mientras realizaba algunas pociones o practicaba que era menos peligroso que lo primero cuando tenía la mente ocupada con otras cosas.
Al paso de lo que parecieron horas, sintió su vista nublarse y paró en seco lo que estaba haciendo, tomó asiento en el suelo y conjuró el vaso de agua que estaba a unos metros de ella, bebió un largo trago y limpio el sudor que escurría de su frente. Había estado tan ofuscada y llena de pensamientos que había hecho a un lado la necesidad primaria de alimentarse, ahora recibía las consecuencias al casi desmayarse, por la posición del sol en la ventana de la habitación podía intuir que ya había pasado la hora de la comida. Normalmente se alimentaba correctamente pero no estaba de ánimos para bajar y preparase algo así que por primera vez en mucho tiempo tomó una poción nutritiva que la mantendría sin desmayarse por lo menos hasta la siguiente mañana, finalmente sabía que mientras tomara agua nada muy grave le sucedería, pero siendo razonable fue a ducharse y cambiarse la ropa. Una hora más tarde aseada regreso y tomó uno de sus libros favoritos pero leía sin prestar total atención así que le hizo a un lado y se sentó frente al piano, sabía lo básico y pocas piezas pero le servía de liberación de igual forma. Cuando el ocaso la asechaba se puso en pie y bajo directo al despacho de su padre, no debía quizás, sin embargo quería de alguna manera informarle sus planes para que estuviera preparado, no era sensato, pero nada en su vida lo era. Frente a la puerta indicada, toco un par de veces pero no espero a que su llamado fuer respondido, abrió casi de inmediato, encontrando a su padre escribiendo una carta que intentó esconder deprisa y aunque ella lo notó prefirió darle el privilegio de privacidad, finalmente a pesar de todo él siempre le había dado eso, a pesar de todo.
-¿Necesitas algo? –cuestionó visiblemente incomodo y algo molesto.
-¿necesitar? No, es solo que… nunca me perdonarás lo que deseo hacer, ¿me equivoco? – inquirió pero estaba casi segura de la respuesta.
-Nunca es demasiado tiempo, pero si preguntas por el tiempo que me reste de vida, ciertamente me costará perdonar el hecho de que mi única hija se condene a muerte frente a mis ojos y no me permita protegerla. Ya no eres una niña pero como tu padre quiero que vivas, si es que a esto se le puede llamar vida… - pronunció antes de darle la espalda por minutos y encararla al final.- Comprendo tus razones pero quiero comprendas las mías.
-No puedo comprenderlas por completo y jamás lo haré, nunca he tenido poder de decisión absoluta, así que no puedo comprenderte, padre.
-¿qué quieres que yo haga para evitar eso que se te metió en la cabeza?
-Ayúdame. –Fue la única respuesta de la joven quien le sostuvo la mirada a su progenitor por un largo rato.
-¿Qué te ayude a suicidarte? Porque te repito eso que deseas hacer es suicidio. –alegó desesperado
-Quiero que me ayudes a sobrevivir y a librarnos de todo esto que nos mantiene prófugos, soy joven y quizás pueda sobrevivir veinte años más huyendo de un lado a otro pero ya no quiero! ¿Qué sentido tiene continuar viviendo una vida de inexistencia?
-Hablas como una joven idealista, que cree que todo será felicidad al final del camino. Pensé que te había educado mejor.- sentenció con amargura.
-Al contrario, creo que me has educado demasiado bien, tanto que ya no soy capaz de seguir de esta forma. Por un momento quiero dar todo por una pequeña posibilidad de ser libre de esto.
-¿Y si te dijera que estoy muriendo? ¿Qué harías si te dijera eso? ¿Dejarías tus planes atrás?
-Nunca pensé que usarás un artificio tan sucio para detenerme.- señaló con el ceño fruncido, pero más que nada decepcionada.
-¿Pero si fuera verdad? – insistió el hombre de alrededor cincuenta años
-¡No lo es! –gritó, perdiendo la tranquilidad que normalmente tenía.- No juegues con algo así, ya no tienes que ocultar nada, sé que mamá es la que está muriendo.
-¿Cómo…? – inquirió con los nervios de punta, descolocado. Su esposa y él habían acordado no decirle nada.
-Contrario a lo que la gente supone por mi edad, no estoy ciega, desde hace un año descubrí que ella tomaba pociones de vez en cuando, un día encontré donde las guardaba y no me fue difícil distinguir algunos de los ingredientes, busqué en el libro pociones cuales tenían aquellos ingredientes en conjunto y pocas eran las opciones, así lo descubrí. Me dolió enormemente que estuvieran ocultándome algo así, pero no dije nada, creía que ya era demasiado dolor para ustedes como pareja saber lo que tarde o temprano llegaría como todavía tener que lidiar con decírselo a su única hija así que callé, pero estuve al pendiente de cómo disminuían las pociones y note el momento en que los frascos comenzaron a desaparecer con mayor velocidad, así que no me quedé sin hacer nada, al contrario sustituí el contenido de aquellos frascos por pociones más fuertes para el dolor. –respondió con simplicidad a la par que varias lágrimas corrían por sus mejillas.
-Hija…. Lo siento.- murmuró apenado y lleno de culpa, intentando abrazarla, ella no se alejó pero tampoco devolvió el abrazo.
-Yo lo siento más y es por ello mismo que me he mantenido al margen soportando que me sobreproteja como si tuviera 5 años, porque sé a la perfección que cuando ya no esté me culparé infinitamente por no haberla hecho feliz.- replicó llorando en silencio por un largo, muy largo rato, tomando el valor para continuar hablando. – Sin embargo a pesar de que las pociones fueron sustituidas he notado que las pociones ya no tienen el mismo efecto porque los dolores son cada vez más fuertes, duele aceptarlo pero tú y yo sabemos bien que significa eso. Su tiempo casi termina y por ello no pienso traerle más preocupaciones pero si yo retraso mis planes, quiero que tú mismo detengas esa promesa tuya de traer al hijo de Narcissa a esta casa. Eso significaría mucho estrés para ella y no quiero que empeore a causa de ello.
- Al menos tenemos claro algo y estamos de acuerdo, hija. -dijo alejándose lo suficiente para verla a los ojos.
- Es un trato, padre. –sentenció dando media vuelta sin voltear atrás y cerrando la puerta al salir. De camino a su habitación al pasar frente a la puerta de la alcoba de sus padres pudo escuchar a su madre en el baño, devolviendo el estomago, tomando una bocanada enorme de aire entro y se acercó a la puerta del baño y con la mejor voz de novedad cuestionó.- ¿mamá, te encuentras bien? ¿Acaso te cayó mal algo? – Espero varios minutos por una respuesta, no quería abrir esa puerta y verla mal, ya demasiado difícil era saber lo que ocurría.
-No es nada, solo comí demasiado y me hizo daño. Me tomaré algo y se me pasará, tú tranquila.- dijo con voz suave, visiblemente débil, esperando convencer a su hija.
Sydney por su parte estaba todo menos tranquila pero estaba consciente de que hacerle ver su preocupación sobre la verdad a su madre no le haría bien, le doliera o no, si se lo había ocultado había sido decisión suya así que seguiría jugando que no sabía nada, solo estaría al tanto de ella. –Está bien, mamá, llámame si necesitas algo. – alcanzó a pronunciar antes de que la voz se le quebrara, corriendo directo a su habitación, cerrando con un hechizo su alcoba, cayó de rodillas, dejando que varias lágrimas resbalaran por sus mejillas, no tenía ganas de fingir que aquello no le dolía pero tampoco era como si pudiera demostrarlo, fingiría si lo haría, lo horrible de la situación era que tenía que fingir frente a su propia madre haciéndole creer que no sabía que estaba muriendo.
Después de lo que le pareció una eternidad para ella misma, dejaron de salir lágrimas de sus ojos y una sensación de pesadumbre la invadió, no tenía energía para levantarse del suelo pero se vio obligada a hacerlo cuando una lechuza picoteó su ventanal. Como pudo se puso en pie, motivada solo por el hecho de que no deseaba que sus padres notaran tal carta, aunque estaba segura que Ika no permitiría algo así, prefería no tentar a la suerte. Al abrir el ventanal, la lechuza entró hasta posarse sobre el respaldo de la silla de su escritorio, una vez allí Sydney le desató la carta de la pata y pensó que se iría pero por lo visto no se marcharía hasta recibir una respuesta, estaba casi segura que era de Fleur, era la única con la que se había escrito desde hace poco tiempo, con alguno que otro conocido del pasado se había comunicado por medios muggles, suspirando abrió la carta deseando que no fuera otra mala noticia…
Sydney:
No sé cómo es que conoces a Lupin, mucho menos sé como él descubgió que yo te conocía pero me pidió escribigte para saber cómo te encuentras. Dudo si debí escribig esta cagta pero ya que aquí está, ¿Cómo estás?
Cagiño
F.
Sin saber que esperaba como respuesta John, decidió que por lo menos debía responder por ser amable con Fleur así que tomó una pluma y solo dio la vuelta a la misma carta y escribió.
Larga historia. Gracias por escribir. Sobrevivo. Cuídate.
Un abrazo.
S.
-Ya sé lechuza, es una respuesta muy impersonal pero no queda de otra tampoco es como si pudiera escribir 'oh, ¿sabes? En realidad me siento peor que basura porque mi madre está a un paso de morir y yo no puedo hacer nada, sin mencionar que estoy cansada de huir del hombre que quiere asesinar al niño Potter usándome como una herramienta más' - dijo en tono de mofa sollozando unos segundos antes de ganar compostura y reprenderse por tan patético comentario.- Odio compadecerme y a pesar de ello es una actividad a la cual recurro mucho últimamente, en definitiva debo eliminar un comportamiento tan patético de mi actuar. –murmuró para sí misma mientras le ataba la carta a la lechuza quien le picó la mano, ofendida porque no le había dado ni comida ni agua. Rodando los ojos conjuró ambas cosas y se los ofreció al ave, quien dirigiéndole una mirada de resentimiento, las acepto y partió una vez que había satisfecho su sed y hambre.
Esa tarde casi noche, paso sin ningún hecho más relevante, se tiró en la cama y decidió perderse en el mundo de Morfeo, donde por lo menos no tenía que preocuparse por fingir o no. Las horas fueron demasiado cortas según ella aunque la hora del reloj en su buró decía todo lo contrario, había perdido el desayuno. Bufando salió de la cama, estiró las sabanas y la colcha, fue al sanitario donde también lavo sus dientes. Salió, colocó zapatos deportivos y con deseos escapar, abrió la puerta de su habitación dejando tras de ella varias cosas entre ellas la voz de su padre, que le rogaba no hiciera ninguna tontería.
No tenía certeza de cuánto tiempo llevaba corriendo sin detenerse, pero estaba segura que más de diez minutos porque ya no podía ver cerca de ella el gran bosque que rodeaba su casa, desorientada, tomó aire y alcanzó a esconderse lejos de ojos indiscretos, antes de desmayarse con un solo pensamiento en su cabeza. –Ika…
