Capitulo 10
Senderos
Juraba que lo que menos le importaba era saber sobre la vida de Lucius pero tenía que averiguar si sus sospechas eran ciertas, si su nueva conquista y a hija de Julius Rodeneski, la joven mujer de aquella peligrosa profecía, eran la misma persona. Estaba de peor humor desde hace tres días del comentario del rubio y no encontraba pretexto alguno para ir a la mansión mucho menos para cuestionarle sobre algo así, de momento llenaría su cabeza con la reunión que en minutos sostendría con la orden del Fénix, llevaba cinco minutos escuchando el parloteo de Molly Weasley sobre como el pobre de Potter estaba sufriendo con la muerte de su padrino, personalmente, no le parecía una gran pérdida, pero estaba hablando con la mamá gallina de medio mundo así que permaneció en silencio solo emitiendo un gruñido de vez en cuando para que la matriarca del clan Weasley no se sintiera ignorada.
Finalmente vio como el licántropo entraba a la cocina, seguido por Nymphadora Tonks, detrás de ellos Arthur Weasley, los gemelos, Bill Weasley y prometida, Shackebolt Kingsley, Ojoloco y diez minutos después de este, llego el anciano Director disculpándose por el retraso. –Me alegro que estén aquí. Debo de destacar que les agradezco a todos el apoyo que le han dado a Harry con respecto a su pérdida, no ha sido nada fácil, pero se repondrá. Sin embargo de momento es mejor que no esté aquí, ni él ni los demás. – dijo haciendo mención a Hermione, Ron y Ginny. – Bien, han pasado demasiados sucesos que ninguno de nosotros quisiera y ahora que el ministerio no niega su regreso estoy seguro que Tom comenzará a actuar descaradamente, así que debemos estar preparados. Este año Severus tomará el puesto de profesor de Defensa y mi viejo amigo, antiguo mentor de la mayoría de ustedes, Horace Slughorn regresará a enseñar pociones, ¿el motivo? Necesito información que solo él puede brindarme y no lo hará si es persuadido de la manera incorrecta por eso necesito tenerlo en el castillo. Por el rostro de algunos de ustedes mi decisión no les agrada pero confíen en que es la más indicada. ¿Alguien tiene algún hecho importante que necesite ser discutido aquí y ahora?
-Infórmale, Remus.- murmuró la metamorfomaga intencionalmente con un volumen considerado para que no solo él lo escuchara.
-Dora, ahora, no.- alegó intentando pasar por alto ese comentario, pero obviamente ninguno de los presentes lo hizo, más quien habló fue la cabeza de la Orden.
-¿De qué se trata, Remus? –inquirió estudiándolo a profundidad con sus ojos azules a través de sus gafas de media luna.
-Yo no creo que…. Sería más conveniente que los jóvenes Weasley no escucharan lo siguiente.
-Fred, George…. –intentó pronunciar Molly pero fue interrumpida por Dumbledore.
-No es necesario jóvenes. Remus, solo omite detalles que puedan poner en peligro a cualquiera aquí presente. – Pidió con serenidad el anciano.
-Muy bien…. Aquella pequeña pieza del rompecabezas que hace años perdí, se cruzó en mi camino hace ya casi una semana, no obtuve información de su paradero pero creo que algo importante ha detrás de su reaparición en Londres. Sin mencionar que cierto profesor me cuestionó con relación a esa pieza. Desesperado por tener más información, estúpidamente, le pedí a alguien relacionado con su pasado que le escribiera porque quería saber cómo estaba. Aquí está su respuesta.- dijo sacando de su saco un pedazo mediano de pergamino, colocándolo en la mesa y con su varita lanzándole un hechizo.- Antes de que la carta fuera enviada la hechice para que me revelara los sonidos de minutos antes de abrirla y algunos posterior a ello. ¿Cree que sea conveniente que active el hechizo?
-Hazlo. –afirmó el director, expectante al igual el resto de los presentes. Instantáneamente ningún sonido fue emitido de la carta y solo un aleteó confirmo que el hechizo funcionaba, porque el mismo Lupin estaba a un paso de agitar su varita revisar que estaba mal con el hechizo. Después de poco un minuto casi exacto de silencio, se escuchó el deslizar de un pergamino, claramente era el momento en que la respuesta estaba siendo escrita. Finalmente se oyó la voz de una joven hablando para sí misma pero revelando muchas cosas a la Orden. –Creo que fue informativo ese hechizo, el problema es que no sabes dónde queda esa pieza y ese sería un dato, hasta cierto punto vital, sobre todo ahora que está perdiendo a uno de sus pilares, es peligroso que no sepa qué camino tomar.
Visiblemente consternado pero principalmente molesto con la insinuación el licántropo, habló.- Albus, usted no puede creer… A pesar de lo que sufrió sigue teniendo sed de una sola cosa, libertad como muchos de nosotros. Ahora que se cruzo en mi camino pude ver su interior y encontré todo menos odio. Una pieza tan única no echaría al mar tantos sacrificios de sus… jugadores.
-Por el amor de Merlín, Lupin. Eres pésimo haciendo 'metáforas'. –escupió Snape, rodando los ojos y dejando en claro
-Bien, si soy pésimo. –aceptó, respirando profundo para no iniciar una discusión.- Le vi en el Callejón Diagon y se veía como si cinco años se le hubieran sumado de golpe a su verdadera edad. No se veía enferma pero si cansada, sin un motivo y ahora comprendo un poco más aquella tristeza reflejada en sus ojos, sabiendo que su madre morirá pronto… comprendo muchas cosas.
-¿Severus, sabes algo más? –replicó Lupin mirándolo fijamente, estaba claro que había retobado así porque sabía que preguntándole por sí mismo, el pocionista jamás le respondería y ahora frente a todos los demás tenía casi obligación de responder.
-Tengo conocimiento de un par de cosas sí, pero ninguna es de utilidad, al contrario solo servirían para ponerlos más… nerviosos.- contestó mofándose de la cara de idiota que había puesto el licántropo.
-Habla.- dijo el de cabello café, exasperado.
Con una ceja levantada y cruzando los brazos.- Guarda ese carácter para mejor ocasión, Lupin.- sentenció mirándolo con ojos asesinos antes de dirigir su vista al Director. – Al parecer Lucius ha quedado prendado de ella, el mismo día en que Lupin la vio en el callejón, - "al igual que yo"- se abstuvo de agregar- Malfoy chocó con ella accidentalmente. Mi teoría es que ella se presentó bajo otro nombre, de otra manera las cosas ya estarían estratosféricamente distintas para este momento.
-¿Puedes averiguar más?- cuestionó el jefe de la Orden, evitando que cualquier otro interrumpiera y visiblemente ensimismado con la información recibida.
-Ese es mi trabajo.- pronunció con tono arrogante, segundos antes de dar media vuelta y salir por la puerta de la cocina y desaparecer inmediatamente.
-b-s-g-r-i-d-c—
Sintiéndose extremadamente pesada respiró profundamente intentando averiguar dónde se encontraba, pero no había ruido que delatara su posición, en un acto de valentía abrió los ojos y vio que el sol no tardaría en meterse, buscó más noción de recordar que había sucedido y se alarmó, maldiciéndose por lo estúpido de su actuar. Al intentar ponerse de pie la voz de su guardiana dentro de su cabeza la detuvo.- No te muevas, estás débil y es seguro que si te pones en pie perderás el equilibrio.
-¿Cómo me encontraste?-cuestionó ansiosa mientras luchaba con un dolor de cabeza fuerte que le había sobrevenido por la falta de alimento.
-Soy tu guardiana, ese es mi trabajo. –señaló con simpleza, antes de tomar un semblante más serio.- ¿Sabes que pudo pasarte más que perder la consciencia, verdad? Saliendo del perímetro protegido.
-Lo sé, pero necesitaba sacar toda la impotencia que me da no poner hacer nada porque mi madre mejore y mucho menos actuar en contra de él
-Matándote de inanición no conseguirás nada.
-También, lo sé. Sé que debo mantenerme sana y fuerte, que debo sobrellevar esto de la mejor manera. El problema es que yo sé más o menos como sobrellevar el ir de un lugar a otro sin dejar huella en ninguno, lo que no sé es como soportar el hecho tangible que mi madre está muriendo. Haberme enterado y 'aceptarlo' es una cosa, pero ver como en estos últimos días se ha deteriorado y sobre todo que ya no tiene fuerza suficiente para ocultarlo correctamente, es demasiado.
-Es cruel pero has sobrevivido cosas difíciles, será más duro si pero también sobrevivirás su ausencia. Y contrario a lo que piensas, sí puedes hacer algo, puedes darle pociones para el dolor aún más fuertes hasta que llegue el momento.
-¿Más fuertes? Si elevo más el efecto de las pociones la mantendré dormida y no creo que ella quiera eso. Creo que mi madre quiere llevar una vida 'normal' hasta el final, de lo contrario desde tiempo me lo hubiera dicho y no hubiera fingido estar bien.
-Puedes ayudarla a morir. Tienes miles libros en alguno debe de haber alguna pocion que acelere el proceso de su enfermedad sin que sufra más.
-¿Quieres que asesine a mi madre? No voy a hacer eso! Nunca me lo perdonaría.
-Entonces hazte a la idea de que pasarás los siguientes meses viéndola miserable, empeorando cada día, sufriendo por las noches y concentrando su energía en ocultarte que todo está mal.
-¿meses? ¿Tan poco tiempo? ¿Por qué me lo dices hasta ahora?- inquirió visiblemente molesta y ansiosa pero más que nada desesperada.
-Desde el momento en que te enteraste, yo pude conectarme con ese hecho es su vida, tu madre es fuerte, cualquier otra persona hubiera muerto al año de diagnosticada la enfermedad. Indira ya tenía tiempo enferma cuando lo descubriste y de eso ya hace un año, no es difícil deducir aproximadamente cuanto tiempo le resta. Te aseguro que no es información que me agrade tener, yo quien se supone que debe cuidarte y protegerte…
Guardando silencio buscó calma pero era difícil más aún con el dolor de cabeza, pero trato y al paso de varios minutos consiguió tranquilizarse al menos para no pronunciar palabras hirientes a su guardiana de las cuales después se arrepentiría seguramente.- Comprendo porque me aconsejas eso, pero no logro que me entre en la cabeza esa 'solución'. Seguramente terminaré haciendo algo para disminuir su sufrimiento pero de momento por favor no me pidas que lo considere porque no puedo. –dijo afligida antes de cambiar de tema, obviamente deseando que Ika no insistiera. – Creo que es momento de que deje de comportarme como una niña descuidada y me alimente como debo, ¿regresamos a casa?
-¿Tienes energía para caminar casi 5 kilómetros?
-No son tantos, no creo que haya corrido por más de cinco minutos y aunque así haya sido no corro rápido.- alegó intentando aminorar las consecuencias de su acción.- Más siendo franca, tres o cinco kilómetros ya no tengo tanta energía, los nutrientes que la pocion me brindó pudieron haberme rendido veinticuatro horas o más, pero se gastaron notablemente cuando corrí, sin embargo puedo intentar aparecerme en la cocina, una vez ahí será sencillo.
-Aparezcámonos entonces. – dijo acercándose a Sydney esperando porque esta se sostuviera para ayudarla y que no ocurriera nada en el trayecto. Una vez en la cocina en su forma canina le acercó una manzana y luego otra.- Come eso y espera sentada un rato en lo que por lo menos la glucosa llega a tu sangre, después podrás levantarse y preparar algo.
-Gracias, ¿tú ya te alimentaste?
-Por supuesto, yo si estoy consciente de debo permanecer fuerte para cualquier improvisto, como este caso. Lo extraño de todo es que antes de hoy yo creía que necesitaría cuidar que alguien más no te dañara pero acabo de descubrir que también tengo que cuidarte de ti misma. –dijo en tono claramente recriminatorio.
-Estoy consciente de todo, ¿puedes dejar los reproches a un lado? Créeme lo que menos quiero es repetir un comportamiento así de inmaduro y trataré de que no vuelva a ocurrir aunque debo confesar que me será difícil, cada vez que vea a mi madre como ayer en la tarde, flaquearé.
-Una cosa es sentirse débil y otra cosa es dejarte a la deriva. Recuerda eso y podré evitar andarte reprochando.
-Haré mi mayor esfuerzo… -aseguró la joven una vez que había terminado la primer manzana, con una sonrisa melancólica en los labios. Al terminar las dos manzanas espero alrededor de diez minutos sentada, concluido este tiempo estaba a punto de ponerse en pie y buscar en la alacena ingredientes con los que pudiera preparar algo sencillo y en eso se encontraba cuando sintió que alguien le observaba, volteó su vista al marco de la puerta y pudo ver a su padre quien con brazos cruzados la observaba, permanecieron así un par de minutos hasta que el habló.
-Por lo que veo. Puedo intuir que la sensatez ha regresado a mi hija, que ya no se saltará comidas y que entre ambos cuidaremos de aquello que se nos escapa de las manos sin hacer estupideces y procurando hacerla feliz. –dijo es un susurro obviamente sin deseos que se escuchara su dialogo en el piso superior.
-¿Puedes intuir? En realdad creo que puedes contar con ello. –aseguró. –Notaste que me salte comidas, ¿Cómo?
-Normalmente si no bajas al comedor, algo en la alacena desaparece tarde o temprano. Ayer por obvias razones yo prepare las comidas y en ninguna de las tres ocasiones note que algo faltara. -Explicó con un dejo de cansancio en la voz, ¿Cuántas veces iba a tener que explicar cosas como esas? No sabía de los demás padres, pero por lo menos él, conocía la mitad de los hábitos de su hija.
-Ya veo.-aseguró sintiéndose por demás torpe. – En todo caso puedo intuir que venias a preparar la comida, ¿Lo puedo hacer yo? Mientras vas con ella, que yo 'no sé nada'.
-Si eso deseas.- replicó alzando los hombros, antes de respirar profundamente, hasta ese momento fue cuando Sydney notó las ojeras y bolsas bajo sus ojos y no quería preguntar pero tampoco quería quedarse con la duda.
-¿tan mal la pasó anoche? Háblame con la verdad sabes que yo no pude oír nada por esa decisión de mi madre de ocultármelo y los hechizos que te pidió que pusieras. –dijo suplicante, mirando directo a los ojos de su padre, calladamente pidiéndole que no le mintiera.
Aclarándose la garganta guardó silencio unos segundos buscando las palabras menos estresantes, llegando a la conclusión de que cualquiera que eligiese, no aminorarían la verdad.- Fue una noche larga... Recuerda preparar alimentos sin demasiados condimentos, porque dudo que mi estomago lo tolere.- añadió haciendo referencia de sí mismo para evitar mencionar a su esposa pero el mensaje era demasiado claro, después de ello dio media vuelta y desapareció del campo visual de la joven.
No era demasiado diestra con la cocina pero tampoco era un desastre así que concentrándose en preparar la comida paso alrededor de una hora, una vez que terminó lanzó un hechizo a los trastes sucios para que solos se lavaran, preparó una charola con la comida para sus padres colocándoles un hechizo para mantener los platillos calientes, ella misma con pocas ganas comió de su plato. Al terminar pensó en regresar a su habitación pero tenía más que presente que no había mucho que hacer, pensó en la posibilidad de ir a su improvisado laboratorio pero sabía que no podría preparar pocion alguna sin pensar en la sugerencia de Ika. Era también obvio que no podía correr a refugiarse en brazos de Morfeo porque era algo inútil además era temprano y si lo hacía no podría conciliar el sueño en la noche.
Ahora más que nunca comprendía el porqué cuando era más joven sus padres siempre la habían metido a colegios muggles, para que no estuviera de ociosa, para que tuviera en que ocupar su mente y sobre todo ahora más que nunca se reprochaba a si misma el motivo por el cual no había aceptado la propuesta de su padre de aplicar en un colegio en ese nuevo lugar, era cierto que el colegio para muggles de la misma edad que ella le quedaba a más de una hora de trayecto en transporte muggle pero si se hubiera esforzado usando magia hubiera podido asistir sin problemas. Recordando el pretexto que utilizo en ese momento lo encontró soso, devolviendo su atención al presente con todo lo que sucedía, aquel argumento era lo que menos importaba, aceptaba que el despegarse de la casa no era una idea agradable, ya no más. El peso de la realidad ya le había caído como un balde de agua fría, y a pesar de ello, estaba consciente que no mantener su mente ocupada podría hacerle un fuerte daño.
"Retrasar mis planes, significa no hacer nada estúpido, pero conseguir información no es algo estúpido o ¿sí? Además es una fuente confiable por así decirlo, simplemente trataré de prepararme mejor." –pensó antes de dejar su plato vacio en el fregadero y caminar despacio hasta su habitación, ¿Despacio? Si, demasiado, ahora lo que más deseaba era matar el tiempo, era horrible, los magos normales viven corriendo porque su mundo gira terriblemente rápido y el de ella…. Al llegar hasta su habitación entro al baño y lavo sus dientes, por un largo momento tras haber enjugado su boca, se admiró en el espejo. Igual sabía que era muy extraño pensar así pero no pudo evitar hacerlo "'mi vida hubiera sido mucho más sencilla si no fuera atractiva ante los ojos de los hombres", era obvio que no podía culparlos por enamorarse como todo ser humano de una apariencia agradable y atractiva pero había aprendido de la manera difícil que una rostro armónico no siempre le pertenecía a un ángel. "Quizás si fuera metamorfomaga, podría ocultarme bajo un rostro menos… 'bello' pero no, nada es tan sencillo… nunca." Se acercó hasta que su nariz quedara a escasos centímetro de tocar la superficie del espejo y observó el reflejo de sus ojos, miel con destellos azules y verdes, siempre eran así, o mejor dicho ella siempre los había visto así porque en las ocasiones que los de 'Ivanna' salían a relucir, Sydney prefería evitar ver su reflejo. ¿Por qué? Porque tenía miedo de ver a otra persona que no fuera ella misma reflejada. Hasta el momento tenía conocimiento de que sus ojos podían ser azules porque a ese tono recorrían cuando tenía que fingir ser 'Ivanna' la joven pariente de aquella mujer sobre la cual se relata un mito muy antiguo, pero según le informó su guardiana, la vez que fugazmente pasaron por Finlandia tomaron un tono verdoso al igual que su cabello un tono más claro casi rubio. Simple desliz defensivo de su magia o no, le asustaba sobretodo porque que hasta hace poco pudo 'controlarlo'. No era normal, pero viéndolo de una perspectiva irónica, nada en ella era normal. Así que…
Dejando las contemplaciones a un lado se alejó del espejo y salió del baño, camino hasta su escritorio, tomó asiento, sacó un pergamino y comenzó a escribir un posible borrador de la carta que finalmente enviaría. Tras haber transcurrido poco más de media hora tenía la carta lista, la selló y se dirigió hasta donde estaba su lechuza quien al verla ululó feliz por el hecho de que saldría y daría un largo paseo, de los que casi no tenía.
-Por favor, llévale esta carta a Remus John Lupin está en Londres, eso lo tengo seguro pero no sé nada más. Lo siento. Tomate tu tiempo y una vez que él reciba la carta espera a que responda pero quédate a con él y descansa el tiempo que necesites. Ve y que la suerte te acompañe. – Una vez que había recibido instrucciones alzó en vuelo y tras unos cinco minutos en el aire era difícil ver más que un punto en el cielo volando lejos… muy lejos.
-S—S—C—F—V—S-
Severus Snape caminaba de su laboratorio hasta su estudio guardando cosas -ya empequeñecidas con un hechizo- en los bolsillos de su levita, una vez que había guardado aquello que según él necesitaría, levantó los encantamientos protectores que impedirían la entrada a alguien en su ausencia y se apareció en un callejón aledaño al Diagon, ahí mentalizó uno de los lugares que años atrás había visitado. Recién aparecido en el otro continente aguardó un par de segundos poniendo sus sentidos al máximo pero esperando que su magia regresada a su estado natural, un viaje tan largo podía ser peligroso si no se estaba preparado pero para un mago como el solo le tomaba un par de minutos recuperarse de la gran cantidad de magia utilizada en aquella maniobra.
Listo para cualquier cosa, recorrió en lugar con la mirada, estaba muy silencioso e igual de verde que la primera vez que había puesto un pie ahí en busca de un ingrediente raro. Tenía consciencia de que la carretera más cercana quedaba a unos cinco kilómetros de donde se encontraba y el lugar más cercano estaba quince kilómetros más lejos, pero que si cruzaba por las veredas acortaría un par de kilómetros así que comenzó a caminar con paso firme y velocidad marcada, prefería que no le anocheciera mientras seguía terreno salvaje, si bien era mucho más seguro porque podría esconderse bajo el manto de la noche lo que menos necesitaba en ese momento era ser confundido con un animal de caza. Al paso una hora o un poco más tal vez, pudo ver las orillas del poblado, observó la ropa de algunos de los habitantes de ese lugar y transformó las suyas en algo parecido para no llamar tanto la atención. Ya en terreno 'menos' hostil aguardó a que oscureciera, así sería sencillo borrarle la memoria a cualquiera, siempre y cuando no hubiera testigos. Buscó una tienda de víveres donde entro y tomó una cajetilla de cigarrillos, una botella de agua y una barra de chocolate, obviamente recibió una mirada de completa incomprensión por parte del tendero quien no pudo dejar su curiosidad a un lado.
-¿Cuánto le debo?- inquirió con fingida amabilidad esperando a que el encargado demostrara su curiosidad la cual tomaría como excusa perfecta para sacarle la información que necesitara.
-¿Está de visita? Nunca le había visto por aquí. – cuestionó por fin el hombre de avanzada edad.
-Acertó, en realidad estoy de visita pero me temo que me he perdido. – aseguró sacando un billete haciendo moción de pagar.
-oh, ya veo. ¿Puedo ser de ayuda? ¿A dónde se dirige? – preguntó más interesado que antes.
-A este lugar.- mencionó Snape mostrándole un pedazo de pergamino con misma dirección que mentalmente se había grabado días antes en el encuentro con la fuente de su misión.
-Ese lugar queda muy lejos de aquí, si viene a pie. Le sugiero que pida aventón a uno de los camiones que pasa por la carretera de aquí al lado en eso de media hora y podrá ahorrarse dos días de caminata tal vez más, pero siendo sincero, esta dirección más bien parece que es la de una central de correo. Sin embargo no debe de estar tan lejos la casa de la persona que busca, máximo a medio día de camino a pie o una hora en auto, de otra forma dudo que tuvieran sus paquetes direccionados en una oficina postal.
-Bien me parece que partiré porque por lo que veo me espera un largo viaje, gracias por sus consejos. Aquí tiene.- dijo entregándole un billete mediano para que se cobrara lo que había tomado.
-¿Solo comprará eso para tan largo viaje?
-En realidad tengo algunos víveres más en mi maleta, que deje afuera, pero necesitaba un cigarrillo además de un pretexto para pedir indicaciones.- aceptó alzando los hombros restándole importancia.
-Bueno, buen viaje. – deseó entregándole el cambio del billete y ofreciéndole un gesto sincero de empatía, lo cual dejo al pocionista fuera de lugar, y lo único que hizo fue dar un cabeceo en agradecimiento, pronunciar el hechizo indicado para olvidar su imagen de la memoria del hombre y salir del establecimiento.
-"Casi tres días de viaje a pie, diablos… al menos es cierto: están bien escondidos" –pensó caminando hasta esconderse detrás de la tienda colocando un hechizo desilusionador sobre sí mismo. Tras haber hecho eso caminó por la orilla de la carretera hasta entrada la noche, quizás eran la una o dos de la mañana pero seguía caminando no podía parar, además a peores cosas se había sometido simplemente porque el Lord estaba aburrido, así que podía aguantar, eventualmente descansaría. En el momento que el sol se asomaba anunciando el nuevo día escuchó un vehículo acercarse, estaba consciente de que podía usar magia sin problema así que eso hizo, se paró en medio de la carretera provocando que el camión se detuviera al verle. Una vez ahí hechizó al conductor, ordenándole que le acercara lo más posible a su destino, horas más tarde cuando vio letreros en la carretera que tenían el mismo nombre que la dirección que buscaba bajo del camión, borró su existencia de la memoria del hombre y caminó hasta el centro del lugar. Al llegar a la dirección, con un gesto irónico recordó al tendero efectivamente era de una oficina postal la dirección, era la hora de la comida y estaba cerrado así que esperó a que regresaran, luego entro y preguntó a la encargada sobre el apartado de la dirección que tenía, ella alegó no poder dar información pero con un poco de persuasión -de la que manejaba perfectamente- averiguó su cometido, dejando a una mujer de mediana edad confundida en su lugar de trabajo.
Afuera de la oficina postal emprendió de nuevo camino, no descansaría hasta encontrar aquella casa, finalmente ya no restaba tanto camino; anduvo por otras dos horas hasta que escuchó la voz de unos niños discutiendo, vigilo que nadie le observara y se hizo invisible, se acercó lo más que pudo hasta el ruido de los mocosos y escucho atentamente.
-abuelita! No me da mi juguete.- alegó el niño señalando a la niña metros más lejos, haciendo un puchero.
-Oh mi vida, Sophie ven- llamó a la pequeña quien obedeció de inmediato.- ¿Por qué se portan así? Son hermanos deben ser compartidos, además ¿porque son malos conmigo? Yo ya estoy vieja se supone que deberían ser buenos cuando están conmigo y portarse mal con su mamá para que ella los discipline no yo. Claro que es difícil cuando ella nunca esta. –dijo en voz comprensiva pero susurrando para sí misma lo último
-Lo sentimos.-dijeron ambos al unisonó casi llorando, la niña le entregó el objeto a su hermano.
-No lloren, suficiente tengo con el bebé, el si tiene derecho a llorar porque de otra forma no puede llamar la atención. Mejor vayan y jueguen ambos.
-Tita, ¿Cuándo va a venir Syney?- pregunto un tercer niño más pequeño que los anteriores y físicamente distinto también.
-No sé, cariño. Ya tiene días que no viene y siendo realistas yo también extraño su ayuda, será mejor que le llamemos por teléfono.- señaló haciendo moción de entrar a la casa.
-¿poque no vamos a su casa?-sugirió el mismo pequeño
-Porque me sería muy difícil caminar una hora con el bebé en brazos y cuidarlos a ustedes al mismo tiempo, además como su abuelo salió tampoco puedo dejar al bebé solo. Mejor llamémosle por teléfono ¿sí?
-Eta bien.- dijo el menor siguiendo a su abuela al interior de la casa dejando a los otros dos jugando afuera…
¿Syny? Quería intuir que se trataba de la misma persona pero prefería estar seguro así que con cuidado buscó en los recuerdos de los niños hasta que encontró uno donde efectivamente confirmo que 'Syny' era aquella joven que buscaba, satisfecho continuó andando la hora que había señalado la mujer de avanzada edad -en sus propios pasos se había convertido en la mitad de tiempo- igual que había pasado con las instrucciones del tendero en lugar de dos días a pie, había reducido el tiempo a dieciséis horas a pie y seis en vehículo; había acortado un día entero y estaba casi satisfecho. Podía sentir ya cerca de él un aura muy idéntica a la de un lugar protegido con magia, alertó sus sentidos y avanzó, paso a paso sintiendo más cerca aquella esencia, finalmente encontró un sendero bien disimulado por hierbas muy crecidas. Se acercó un poco más hasta que sintió que barreras mágicas se lo impidieron, agudizó la vista pero solo veía un montón de ruinas ese debía de ser el lugar, sin embargo estaba claro que no podría entrar y tampoco iba a allanar el lugar porque no quería se pusieran alerta y huyeran, de momento solo vigilaría. Se alejó medio kilometro del perímetro protegido y ahí levantó un campamento, desde ahí observaría cualquier movimiento.
-S—I—E-I—E—G—
La mesa estaba puesta y los platos servidos ya solo faltaba que se sentarán a comer, Sydney estaba en la cocina lavando los trastes que había utilizado para cocinar y esperaba a que sus padres bajaran, pasados algunos minutos les escuchó bajar las escaleras, respiró profundamente, no quería hacer una escena pero tampoco estaba segura de poder evitarlo si algo tremendamente notorio sucedía.
-Estamos listos.- señaló Julius para que se sentara en el comedor también.
Casi tiró un plato cuando escuchó a su padre llamándole pero logró evitarlo, dejando un hechizo con el resto de los trastes se acercó y tomó asiento. Nunca en su vida había sentido que mientras compartía la mesa con sus padres estaba sentada con desconocidos pero no podía ayudar, era el sentimiento que la invadía en ese momento gracias al muro de secretos que le tenían construido, dejo de pensar en ello cuando escuchó a su madre hablarle, no captó todas las palabras pero si lo esencial. - ….es bueno que estés retomando el gusto por cocinar y todo se ve delicioso.
-Gra…Gracias, provecho. – atinó a decir antes de meterse una cucharada de su propio platillo, seguida de varias más, no quería tener que responder o hablar no podría. Llevaba la mitad del contenido de su plato y por el rabillo de sus ojos podía ver como sus padres comían tranquilamente, sin hablar lo cual era un alivio. Casi al terminar su plato su madre comenzó a toser levemente, fingió no notarlo, terminó su comida y se levantó.- Enseguida te traigo un vaso con agua mamá. – caminó hasta la cocina y la oyó toser un poco más antes de que su padre obviamente colocara un hechizo silenciador para que ella no escuchara. Suspirando se armó de valor y regresó con el vaso a la mesa, se lo acercó a su madre y con el mejor tono de normalidad que pudo preguntó.- ¿Puedo ir a ver a los pequeños vecinos? Llamó hace un rato su abuela y me pidió que si podía ir a verlos.
Con claro esfuerzo, la mujer respondió.- Siempre y cuando regreses antes del anochecer y tengas mucho cuidado, lleva contigo tu varita.
-Por supuesto madre. – afirmó dando media vuelta y caminando primero despacio y al haber superado el campo de visión de sus padres corriendo, abrió la puerta de la casa y la cerró deprisa, corrió y segundos antes de cruzar el umbral protector, paró un instante.- ¿Qué demonios fue eso? ¿Desde cuándo me da permiso sin poner pretextos?- se cuestionó sin esperar respuesta pero escuchándola de su guardiana.
-Desde hace unos días que noto que está empeorando y que cada vez le es más difícil ocultártelo, está realizando dos cosas primordialmente. La primera es que te tiene que dar libertad porque en poco tiempo ya no estará para cuidarte como lo ha hecho hasta ahora y lo segundo que debe de decírtelo pero no encuentra la forma, tiene miedo que te derrumbes y ciertamente la comprendo, yo misma temo lo mismo pero confió en ti.
-¿Tenía que saber que va a morir en cuestión de meses para darme la estúpida libertad que siempre quise? Muy tarde… ahora ya no la quiero.- replicó con los ojos rojos, respirando muy rápidamente.
-Cálmate, no lograrás nada poniéndote mal. Mejor escúchame.
-Escucho.- afirmó minutos después de haber logrado tranquilizarse un poco.
-Un hombre levantó un campamento a menos de un kilometro del perímetro protegido, es mago y se escondió muy bien para que nadie notase su presencia pero yo lo vi desde que llegó, estoy casi segura que te busca a ti pero dudo que venga a hacerte daño ¿Qué hago?
-¿un mago? ¿Cómo es él?
-Velo por ti misma.- Dijo dándole permiso para que entrara en su mente y viera la imagen del hombre, lo cual hizo y de inmediato le reconoció y no pudo evitar sentir incertidumbre a la vez que curiosidad.
-Es el pocionista, déjalo que este ahí, pero mantenlo lejos de la casa.- comunicó comenzando a caminar hasta la casa de sus vecinos, como había dicho después de diez minutos caminando pudo sentir que alguien venía atrás de ella e Ika solo se lo confirmó.
-Nos sigue unos veinte metros atrás, está bajo un hechizo.
-Lo sé, lo sentí.- confirmó en un susurro apenas audible.- vigila que no se acerque a los niños, igual dudo que pretenda dañarlos pero más vale estar prevenidos.
-Lo haré pero para mí primero estás tú, no lo olvides eso.
-¿Cómo podría?- agregó en tono retorico, sin esperar respuesta, minutos antes de llegar a su destino, donde tocó la puerta y al ser observada por la ventana segundos después fue recibida por seis bracitos y unos balbuceos. Eso logró cambiar su ánimo de inmediato, tenía presente todo, pero dejar aquello a un lado por un momento no le afectaría, no más que darle vuelta a la realidad mil veces en su cabeza.
-M—M—L—D—N—D—C—N-
En una provincia no muy concurrida al sur de Suiza se encontraba la menor de las hermanas Black con su hijo vacacionando, ya habían consumido casi la mitad del tiempo que su marido les había brindado de esparcimiento antes de la fecha en que su heredero tomaría la Marca y aún no se había armado de valor para hablar de él sobre los verdaderos motivos de su viaje. Allí se encontraban ya y no tendría otra oportunidad, no antes de que su hijo dejara de ser suyo para convertirse en uno más de los esclavos de su tan afamado Lord, suspirando se armó de el poco valor que tenía y llamó a la puerta de la habitación de su hijo, -eran habitaciones gemelas así que no había tenido que salir al corredor del hotel- aguardó un par de minutos y cuando iba a repetir su llamado, apareció su ya no pequeño niño pero con una mirada de desasosiego oculto en lo más profundo de sus ojos.
-Madre… ¿ha ocurrido algo? –cuestionó con voz firme el joven de recién cumplidos dieciséis años, observando algo confuso a su progenitora.
-¿podemos hablar, hijo mío? – sin esperar realmente una respuesta, adentrándose en la habitación al instante en que su hijo se había hecho a un lado.
-Podemos, madre.- afirmó señalándole un sillón para que tomara asiento.
Con un gesto delicado de su mano, rechazó cortésmente el asiento y comenzó su dialogo.-Necesito que me escuches, tomes tu tiempo para pensar y después hablemos como tal, ¿puede ser?
-No des más vueltas, comienza, madre.
-He cometido muchos errores a lo largo de mi vida hijo pero solo de algunos me arrepiento… comenzaré mi relato desde muchos años atrás. Cuando yo era niña una familia llego a vivir cerca de la mansión donde vivía con mis padres y hermanas, era una familia idéntica en número a la mía contando a tu tía Andrómeda pero la descendencia de esa familia estaba hecha de varones. De alguna u otra manera hicimos amistad con aquellos muchachos, Bella quedó prendada del mayor y yo -aunque nunca lo acepté en ese momento- del menor. Todos crecimos y en la adolescencia tomamos caminos muy distintos, yo seguí en contacto con el menor de ellos, que desde el primer momento me había tomado afecto igual que yo a él. Al principio no comprendía porque me trataba con tanta ternura más años después el mismo me confesó que habían llegado a Inglaterra huyendo de un pasado que les atormentaba, que me adoraba porque en nosotras veía un poco a las mismas tres hermanas que años antes había perdido a manos del Señor Tenebroso.
-¿en algún momento este relato me concierne?-interrumpió en tono arrogante el joven.
-Calla, hijo. Sé paciente y escúchame por última vez en tu vida si eso quieres, pero escúchame.- pidió Narcissa dejando a su hijo frío con el tono que su madre había empleado. – Continuamos creciendo, tu abuelo me comprometió con tu padre… Yo se lo informé al hermano menor de los tres y pensé que me repudiaría por casarme con un hombre seguidor del asesino de sus hermanas y ¿Sabes? le adoré más de lo que ya lo adoraba cuando no me rechazó y me prometió que sin importar con quien me casara el siempre estaría ahí para mí y así fue. No fue a la boda porque mi padre se lo impidió pero me mando su felicitación. Cuando quede en cinta tu padre lo único que hizo fue regresarme a casa de tus abuelos dejándome al cuidado de tu abuela y los elfos quien estuvo ahí procurándome fue aquel compañero de infancia -a pesar de que el ya tenía una esposa y una vida,- siempre estuvo ahí para mí y cuando tu naciste, llegó horas antes que tu padre pero obviamente solo a verificar que tu y yo estuviéramos bien porque no quería causarme problemas con Lucius. Nadie más que él y yo sabemos que le hice prometer que si algún día tú estabas en peligro, cuidaría de ti. Lo hizo, me lo prometió y hasta hace poco reafirmó aquella promesa. –dijo pausando un momento adoptando un semblante más sobrio.- En su momento yo lo amé más que como un hermano pero el siempre me vio como el reemplazo de lo que perdió y vivimos en paz. Así que si tú en algún momento te sintieras lo suficientemente en peligro… te aseguro que encontrarás refugio en su hogar.
-¿Qué es esto? ¿Piensas que soy tan cobarde? No iré a ningún lado, me quedaré, tomaré la Marca y cumpliré la misión que me sea impuesta. –Alegó orgulloso dejando claro que no haría tal cosa.
-Por eso mismo quería que estuvieras al tanto de todo antes de darte cualquier tipo de información, hijo mío. No voy a permitir que pongas en peligro su vida, así que cuando realmente te sientas desamparado y sin salida… en ese momento será cuando yo te brinde la información necesaria. Esta más que claro que no puedes huir del Lord, -nadie puede- pero en el último de los casos… sería el único lugar donde me gustaría encontrarte después de la gran batalla. Independientemente del lado ganador.
-Olvidaré esta conversación e incluso no le mencionaré nada a padre ni a tía Bella, pero créeme… jamás huiré como un cobarde.- sentenció el rubio antes de encerrarse en el cuarto de baño dejando a su madre con un semblante más pálido de lo normal y un aire cansado.
-Espero mi niño, que esa valentía te dure incluso cuando el Lord te torture sin motivo alguno.- murmuró la mujer mientras una lágrima resbalaba por su mejilla de porcelana.
-B—V—S—I—S-C—
-Syny pomete que no tardarás en reguesar, te extaño cuando no etas.-pidió el más pequeño de los niños que habitaban con sus abuelos.
Con aquellas palabras casi se derrite su corazón, si por ella fuera le prometería aquello pero sabía que no podía hacerle ilusiones al pequeño, porque como igual podía regresar al día siguiente también era probable que no pudiera hacerlo. – No puedo prometerte algo así, cariño, porque ni yo misma sé si podré venir pronto. Lo que sí puedo asegurarte es que aunque no venga a visitarlos ni a ayudarle a su abuelita a cuidarlos, yo siempre me acuerdo de ustedes y le pido a mi angelito de la guarda que también los cuide.
Con ojitos tristes se aferró a las largas piernas de Sydney y lloró un minuto o más, luego se separó y limpió sus propias lágrimas con las mangas de su suéter y habló.- Pometo ser valiente si tu pometes reguesar.
-¿muy valiente? –cuestionó esperando una respuesta el niño y por otro lado deseando que no la pusiera en un dilema tan grande.
Solo afirmando con un cabeceo, el pequeño dedicó una mirada de tremendo afecto a la joven.
-Vale, pero también debes prometer que te portarás bien.- dijo hincándose, abrazándolo y mirando a los demás.- Y ¿Ustedes prometen portarse bien?
Algo renuentes compartieron una mirada los hermanos y al cabo de varios minutos contestaron.- Si, pero no nos gusta que tardes tanto en venir, haces que él –señaló la niña al más pequeño que era su primo.- se ponga de llorón.
-Bueno, deben de comprender una cosa ustedes son hermanos y son mayores que él, así que tiene derecho a sentirse solo.- defendió abrazando con más fuerte al pequeño en brazos.- Yo misma me sentía muy sola cuando era pequeña por no tener hermanos y ustedes no ayudan a ese sentimiento ignorándolo siempre que juegan incluso cuando pelan, en todo momento lo excluyen y eso no está bien. –dijo en tono serio y firme, soltando al pequeño y agregando.- Quizás yo no vuelva pronto o quizás sí, pero por favor pórtense bien y estén unidos. Es lo único que les pido.-agregó antes de darle un beso en la frente al menor y uno en cada mejilla de los hermanos, incluido al bebé. Saliendo de aquella casa luego de despedirse.
-¿aquello fue tan difícil como pareció?- inquirió su guardiana al momento que se le unió al salir de aquella casa.
-Depende de la perspectiva. – comentó en un murmuró mirando al horizonte.- Fue difícil porque esos niños extrañan a sus madres que trabajan todos los días de la semana, lejos de aquí y yo estoy perdiendo a mi madre, por esa parte fue difícil porque me pregunto qué haré cuando… ella ya no esté.- confesó con voz temblorosa tomando unos segundos para recuperarse.-pero no fue tan complicado porque realmente les hable con la verdad, no les mentí prometiéndoles que iría todos los días y eso me quita un peso de encima. Sé lo cruel que son las mentiras y más a esa edad.
-Comprendo... ¿notaste lo que hizo más pequeño?
-¿Qué si lo noté? En realidad aquella fuga leve de magia involuntaria solo me sirvió para confirmar lo que llevo sospechando desde que lo conocí hace meses.
-¿Crees que sus primos también lo sean?
-Lo dudo, me parece más factible creer que la madre de ese pequeño se enredó –sin saberlo- con un hechicero que después de unas cuantas noches la abandonó.- simplificó mientras emprendía camino de regreso a casa
-No harás algo peligroso ¿cierto? Revelarle a un niño tan pequeño una verdad así es por demás peligroso sin mencionar que si el resto de su familia es muggle...
-Estoy de acuerdo contigo, decirle que es un mago no es sensato así que no he hecho gran cosa, desde lo conocí he vigilado su fascinación por un mundo de fantasía. Y mediante cuentos le he explicado muchas cosas que son verdaderas en el mundo mágico para que cuando crezca le sea menos complicado comprender su realidad. Es todo lo que puedo hacer claro que si pasara algo extraordinario igual pienso guiarlo para evitar que su familia lo trate por locura pero espero que no suceda nada parecido hasta que tenga más de diez años.
-¿Hay algo más? Noto en tus ojos un dejo de nostalgia
-Hay muchas cosas más, de las que por lo menos la mitad, no quisiera hablar ni recordar… -susurró en respuesta, fijando su vista en el largo sendero, recordando le vigilaban.- ¿Está cerca ese hombre?
-No, regresó al perímetro de la casa ¿Vas a enfrentarlo?
N/A: Espero que les haya gustado. Me gustaría recibir sus comentarios. Saludos.
