Capitulo 13

Actuar con madurez no es sencillo./Una pequeña luz en el oscuro sendero.

El joven Potter caminaba con gran lentitud, en realidad ganas de arrepentirse no le faltaban pero continuó hasta la oficina del director. Le buscaba para hablar sobre lo que ocurría esperando respuestas aunque no estaba muy seguro de conseguirlas. Frente a la gárgola murmuró la contraseña y subió por la escalinata descubierta. Una vez ante la puerta del despacho, inspiró profundamente y tocó un par de veces, la idea de regresar por donde había llegado le parecía bastante tentadora más en el momento en que la puerta se abrió mostrándole al director sentado tras su escritorio, esperando a que entrara, supo que la hora de arrepentirse había pasado. Solo atinó a entrar y cerrar la puerta tras de si.

—Harry, ¿Qué te trae hasta acá?

Aclarando un poco su garganta y tomando asiento frente al director, respondió. — Necesito hablar con usted.

—Te escucho, Harry.

—Es probable que se niegue a ello pero quiero pedirle que me hable con la verdad.

—Harry…

—No, escúcheme por favor. Yo sé que… Sé que piensa que aún soy muy joven y que mi conexión con él es peligrosa para usted y la Orden pero necesito por lo menos que me hable con un porcentaje de verdad. Yo le aseguro que estoy prohibiéndole ver mis pensamientos, hasta cuando duermo soy precavido por ello mismo a veces tengo ojeras tamaño Fang, es difícil y a veces no puedo evitarlo pero…

—HARRY.-dijo, haciendo que el muchacho parara su monólogo.

—Lo siento….- murmuró apenado el ojiverde.

—No tienes que disculparte, es cierto ya no eres un niño y mereces tener información lo complicado es que también es verdad que tu conexión con Voldemort puede traer problemas si él se aprovecha de ella.

Sabía que no debía de haber subido e intentar hablar con él y pedirle información porque sería inútil, se sintió decepcionado pero más que todo enfadado por la poca confianza que le tenía. Estaba a punto de ponerse de pie para marcharse en cuanto escuchó la voz del director hablarle con tremenda calma.

—Vamos a hacer algo, muchacho. Me sinceraré contigo sobre un hecho recién ocurrido que es importante porque esta relacionado con un objeto perteneciente a Tom, pero tu debes prometer discreción sin importar que veas o escuches cosas que te parezca completamente difícil de aceptar, no emitirás juicios precipitados. ¿De acuerdo?

No podía creer lo que el director le había dicho y por la emoción antes que cualquier otra cosa solo contestó con un atrabancado. —Haré mi mejor esfuerzo, señor.

—Eso espero, Harry. – dijo haciendo visible la mano que parcialmente estaba necrosada, observó como el chico se debatía por ocultar lo sorprendido que estaba, incluso aguardó unos segundo antes de volver hablar. —Sé que se ve impresionante, pero lo que debe de llamar tu atención es como terminó así.

— ¿Qué le ocurrió?, señor.

—Es obra de un objeto perteneciente a Lord Voldemort, Harry. Lo sostuve en mis manos y este al notar que no era su amo atacó con una poderosa maldición.

—Pero… ¿estará bien?

—Me pediste que te hablará con la verdad y la verdad es que… no lo sé Harry. Ningún objeto relacionado con Tom puede ser inofensivo, lo más probable que la maldición sea incurable.

— ¿Morirá? – cuestionó el joven completamente alarmado y poniéndose en pie.

— Eventualmente. A todos en cierto momento nos llega la hora. Sin embargo es probable que este acontecimiento provoque el adelanto de mi partida.

—No puede estar hablando enserio. – dijo en un tono más alto de lo normal, deteniéndose a ver el rostro del director quien le sostuvo la mirada, confirmándole que lo que decía era verdad. — ¡Oh, por Dios! Si está hablando enserio. –murmuró para si mismo, mientras tomaba asiento de nuevo esta vez sin saber como manejar lo que acababa de oír. Varias imágenes cruzaron por su cabeza con una velocidad impresionante, entre ellas cada uno de sus encuentros con Voldemort y el momento de la muerte de Sirius, no imaginaba como sería perder al hombre que hasta ahora había sido como su mentor, pero tampoco quería imaginarlo. Confuso, habló. — ¿qué pasara si usted muere antes de vencerlo?

—Tengo plena fe en que tendré el tiempo suficiente, pero para estar más seguros, trabajaremos constantemente a partir de ahora para que llegado el momento no estemos desprevenidos.

— ¿Cómo puede estar tan tranquilo? Va a morir, ¿no lo comprende? – cuestionó como si esforzara por hacerle ver la realidad a un niño, en un tono que podría haber pasado como poco respetuoso pero el director siendo condescendiente, lo pasó por alto.

— Muchacho, claro que entiendo lo que significa y no por ello estoy haciendo un drama de la situación, al contrario intento tomarlo lo más elocuentemente posible. Finalmente yo ya he vivido más de cien años, – explicó, dándole unos minutos al muchacho para calmarse. Al verle menos alterado, señaló. — Comprendo tu sorpresa pero no justifico la forma en que estas comportándote al recibir información verdadera como tanto solicitabas. Prometiste manejar la situación con madurez, Harry.

Se sentía extraño ser regañado por el director, sobretodo sabiendo que lo tenía merecido, se sentía estúpido. Había ido hasta allí buscando que le hablara con la verdad y la única condición que le había impuesto era evitar ser prejuicioso, en pocas palabras actuar con madurez. Más al reaccionar sin pensar, dejaba mucho que desear. Ahora comprendía porque siempre le ocultaban cosas, era demasiado impulsivo para su propio bien. Diablos, no tenía cara para ver a su mentor, mucho menos porque la nueva noticia le ofuscaba terriblemente.

—Quizás esta pequeña parte de realidad, lo mejor sea que enfoques a tus estudios. – dijo, observando en el rostro de su alumno como aparecía cierto grado de decepción mezclada con enfado. — Sinceramente muchacho, no quiero que le des mil vueltas a mis palabras, a lo que me refiero es que ambos sabemos que es peligroso que poseas gran cantidad de información, así que estarás tanto de lo que ocurre pero no con detalles ¿Comprendes?

¡Claro que comprendía! El mismo sabía lo que Voldemort podía provocar al adentrarse en su mente, la muerte de su padrino era prueba exacta de su alcance, hasta cierto punto le enfadaba eso de "al ser difícil de asimilar" y "lo mejor sea que te enfoques en tus estudios" pero a pesar de ello, comprendía la posición de su mentor y aceptaba que debía de resistir andar por ahí prácticamente ignorante de ciertos 'detalles'. Sin confiar en lo que pudiera salir de su boca, solo asintió un par de veces esperando que esa respuesta fuera suficiente para el director.

—Harry, lamento que hayas venido hasta acá buscando un par de respuestas y salgas de aquí con mil dudas más.

—Yo también lo lamento, profesor.- respondió, levantándose de su asiento y saliendo con pasos largos de aquel despacho, deseoso de huir del escrutinio del hombre.

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Difícilmente había puesto atención al rumbo que sus pies tomaron tras cruzar la barrera de protección pero la familiar fachada de los Novachek le hizo caer en cuenta que había llegado a uno de los pocos lugares en los que se sentía segura, por ello había terminado allí. Suspirando, revisó su vestuario y notó que lo que portaba era poco práctica para estar en presencia de niños, sin pensarlo dos veces utilizó su varita para cambiar falda y botas por jeans y zapatos de piso, una vez lista, tocó el timbre de la residencia y esperó. Quizás distraerse con esos pequeños era lo que en ese momento necesitaba, de inmediato lo comprobó al ver un par de ojitos azules asomarse por la ventana y brillar con emoción. Segundos más tarde un par de bracitos le abrazaban alrededor de las piernas.

— ¡Syny! ¡Viniste! –señaló el niño de escasos cuatro años con una gran sonrisa dibujada en el rostro.

—Claro, no podía dejar de visitarte.- dijo, inclinándose y devolviendo el abrazo. —Dime, ¿Cómo te haz portado?

—No sé… -respondió y ciertamente se notaba contrariado por la pregunta.

— Es simple responder, ¿obedeciste a tu abuelita?

— Si...- respondió algo confundido

— Entonces creo que si te portaste bien. ¿Por qué no sabias que contestarme? –cuestionó algo extrañada mientras sentía que el agarre del niño aumentaba de fuerza, siempre que ayudaba a la señora en el cuidado de sus nietos notaba algo raro pero creía que era porque los dos mayores eran hermanos lo excluían a él pero cada vez le parecía más extraño el apego del niño hacia ella.

— Es que Madison vino ayer, yo estaba feliz de verla y rompí algunos platos sin querer, ella se enojó y dijo que no soy un niño normal, que no debo de acercarme a mi hermanito porque podría lastimarlo.

—Peque, Madison es tu mamá y sería bueno que así la llamarás. Por otro lado es cierto que al ser un bebé Jimmy hay que tener cuidado de no lastimarlo porque es frágil, pero no estoy de acuerdo con ella al pedirte que te alejaras de él, solo debes de tener cuidado.

— ¿entonces tu no me odias por ser anormal? – preguntó el niñito con inseguridad como si de la respuesta a esa pregunta dependiera su felicidad.

Al escuchar eso, se alejó lo suficiente para notar con claridad aquel destello tan específico en aquellos ojos que la observaban hambrientos por una respuesta que le salvara esa tristeza que sentía, tenía una idea de que quizás debía alejarse del niño pero en ese momento partirle el corazón a un alma tan joven le parecía un crimen por demás imperdonable, así que tratando de responder parcialmente, explicó. — Tu no eres anormal y jamás permitas que el que te llamen así te haga sentir mal, tal vez a veces te pasan cosas difíciles de entender pero no tiene nada de malo.

—Pero mis primos casi no me dejan jugar con ellos, dicen que pasan cosas extrañas siempre que juego yo con ellos.

—Esas cosas extrañas que pasan son un don y te prometo que en un futuro podrás controlas, tendrás que soportar que a veces se asusten tus primos o tus abuelitos, incluso tu mami, pero te repito nadie debe de hacerte sentir mal por ello. ¿Recuerdas las historias que te conté de personas que pueden hacer cosas especiales?

— ¿Cómo desaparecer y aparecer en otro lugar? –respondió con curiosidad

—Esa y muchas más cosas especiales, Tommy. – afirmó la joven

—Si recuerdo todas las historias pero ¿que con ellas?

— ¿Puedes guardarme un secreto muy importante?- pidió mirando con atención la ilusión que nació en el niño al sentirse importante porque una de las personas que quería le confiaría algo importante.

— ¿Quiere decir que no se lo puedo decir a nadie?- repitió aun más emocionado.

— A nadie ni siquiera a tu abuelita mucho menos a tus primos. ¿Puedo contar contigo?

Con un fuerte cabeceo afirmó, sonriendo, mientras esperaba a que la joven hablara. Sydney, quien después de haberle escuchado hablar sobre haber roto los platos, había conjurado un muffiato por seguridad habló con claridad. —Ese don que tú tienes, con el que algunas personas pueden hacer cosas especiales, es magia, Tommy.

— Ma… ma… ¡¿Magia? – gritó totalmente sorprendido.

Por un segundo, Sydney creyó que había hecho mal por decirle la verdad, sobre todo cuando vio con claridad miles de ideas cruzar por la mente del pequeño, durante varios segundos el no dijo nada, la espera parecía eterna y la angustia nacía en ella cuando deprisa dejo de crecer y la idea de borrar esa confesión de la mente del niño desapareció en cuanto una sonrisa de enorme felicidad invadió el rostro de este.

— ¡Por eso pasan cosas tan raras cuando me pongo muy feliz o estoy muy triste!

—Así es peque, ¿ves? No hay nada de anormal en ti. – recalcó revolviendo el cabello rubio

— Pero si no le puedo decir a nadie…. ¿Tu cómo sabes? – cuestionó confuso

Ok esa pregunta no se la esperaba, podía mentir, decirle que una vez necesitó ayuda y conoció a alguien que le ayudaría solo si prometía no decir nada sobre la magia pero no sabía si el niño creería ese cuanto. —Tommy, yo… es algo difícil de explicar... veras

— ¿No puedes decídmelo? – preguntó interrumpiendo el pobre intento de explicación de la joven.

—No es que no pueda, es que no debo, ya sé suena muy complejo pero así somos los adultos nos complicamos la vida siempre. – señaló orgullosa y algo preocupada a la vez. Se sentía orgullosa de que el niño hubiera tomado con tanta tranquilidad la noticia pero le preocupaba que mientras intentaba eliminar esa tristeza en el niño, se había encerrado en un dilema donde aunque mintiera estaba claro que ahora el pequeño no creería un pretexto simple así porque si, ahora sospechaba que también ella tenía magia y eso era peligroso.

—Syny, yo prometo no decir nada a nadie si tu prometes no dejar de quererme nunca.

No sabía que era peor, que niño fuera lo suficientemente inteligente para deducir la verdad sobre ella misma o que este prácticamente le estuviera chantajeando emocionalmente con tal de guardar celosamente el secreto de ambos. En realidad el que hubiera intuido por completo la verdad era peligroso así que prefería ceder al "chantaje" con tal de que el niño estuviera a salvo. — Confío en que no dirás nada, Tommy. Tú puedes confiar en que te seguiré queriendo, aunque no venga diario a verte, el cariño no puede desaparecer de un momento a otro. ¿Trato hecho?

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Había pasado demasiados días desde la cena con aquella joven mujer que sin intentarlo había provocado gran curiosidad en su ser, sus palabras y acciones le habían puesto a reflexionar acción que tenía años de no realizar. Había recordado muchos hechos desde su adolescencia, entre ellos el momento de su boda con Narcissa y el nacimiento de Draco. En retrospectiva no encontraba ninguna causa lo suficientemente importante que le provocara sentirse orgulloso del rumbo que hasta ahora había tomado su vida, no era que le importara, nunca antes había sentido culpa, difícilmente rectificaría a esas alturas sobre sus actos pero lo que tenía claro es que tenía asuntos pendientes que eran bastante importantes y no deseaba que esperaran mucho más tiempo.

Sintió cierta incomodidad al tocar puerta de la habitación de su esposa, cuando casi nunca antes había pedido permiso para entrar a algún lugar dentro de su propia casa pero era imperioso hacerlo si deseaba iniciar una conversación civilizada con ella.

— ¿Si? – respondió su esposa con suavidad.

— Cissa, ¿Puedo pasar? – preguntó cortésmente sin esperar ser bien recibido, incluso estaba a punto de marcharse por donde había llegado en cuando escuchó el cerrojo de la puerta abrirse. Sin pronunciar palabra alguna su esposa le permitía con tranquilidad el paso, una vez dentro, cerró la puerta tras de si.

— ¿a que debo el placer de tus modales, Lucius? – cuestionó a la par cerraba la bata que cubría su camisón

—Necesitaba hablar contigo o mejor dicho necesito que escuches lo que tengo que decirte y respondas algunas dudas que tengo.- contestó con sinceridad.

— ¿si lo hago te marcharás de mi habitación?

—Si.- contestó sin preocuparse mucho en disimular como miraba atento las piernas de su esposa. Nunca comprendió hasta ese momento porque no se habían complementado al cien por ciento si las veces que compartieron cama la pasaban tan bien… aunque ahora haciendo retrospectiva quizás que la tratara mal cuando le daban sus arranques de enfado y el que le fuera infiel había influido de gran manera a no lograrlo.

—Te escucho, Lucius. – dijo mientras tomaba asiento a los pies de su cama.

Dando un cabeceo de afirmación, recargó su peso contra la puerta de la habitación y fijó sus ojos en los de su esposa. —Es demasiado tarde para arrepentirme de cualquier cosa, lo tengo claro y por ello no voy a lloriquear por perdón. Solo quiero que sepas que no es necesario que Severus cuide de nuestro hijo, yo mismo lo haré. Ya le arruine lo suficiente la vida al no evitar que el Lord lo marcara creo que lo único que puedo hacer es protegerlo con la mía. No será fácil pero tampoco muy difícil, al Señor Oscuro le importa poco menos que nada lo que hacemos o dejamos de hacer, todo lo que quiere es tener mis recursos siempre a la mano. Dudo que le importe si Draco desaparece un tiempo, tú y él podrán ir allá con el hombre que tanto amas, seguro estarán a salvo. Después de todo el Lord le buscó y no le encontró es más no encontró ni una pista de él así que dudo que pueda encontrarles estando a su lado.

— Eso es suicidio, Lu. – resolvió sin moverse un ápice de su lugar, mencionando casi a modo de cariño el diminutivo.

La repentina preocupación de su esposa le hacía sentirse casi halagado, pero ya era tarde para sentimentalismos. — Cissa, contéstame algo. ¿Cuántos hombres has metido a la mansión?

—Insuficientes para cambiarle el nombre a la mansión si eso es lo que te preocupa pero los necesarios para no entrometerme en tus decisiones y conservar la cordura en el camino. – contestó con sorprendente sinceridad empapando de calma sus palabras.

— ¿lo ves? Huye con nuestro hijo, ayúdale a construir una vida nueva y tú haz lo mismo si es que él corresponde a tus ufanos sentimientos.

Ante este comentario fue cuando la dama Malfoy perdió la dignidad que tan finamente portaba y permitió que lágrimas delataran su debilidad. — En cuanto Julius se casó supe que había renunciado por completo a mí para amar de lleno a su esposa, él no corresponderá jamás a mis ufanos sentimientos porque tiene algo más valioso porque vivir a su lado.

— ¿alguna vez escuchaste sobre la profecía oculta? . – alegó delatando un poco de verdad que había guardado celosamente.

— ¿De que estas hablando? – cuestionó confusa, jamás había oído hablar de ninguna profecía oculta, en realidad la única profecía que conocía era aquella que se refería al Lord y al niño que vivió, jamás la había oído completa, es más no le interesaba escucharla, le bastaba tener la certeza que si el joven Potter seguía vivo había esperanzas de librarse del Señor Oscuro y para ella eso era suficiente.

—La última descendiente de aquella sangre que el Señor Oscuro derramó en sus primeros pasos, nacerá rodeada de sacrificios cuando el noveno mes muere... será criada rodeada de amor... caerá y se levantará… perderá a sus pilares… a pesar de ello sobrevivirá convirtiéndose en un arma poderosa... deberá elegir entre el amor y la venganza... Unida a su amor estará a su lado para siempre... peleara para protegerlo... su amante un espía de la luz con alma corrompida por la oscuridad... Ella le llevará la luz a su príncipe para ayudarlo en la batalla y será su redención como él será su sanador. —murmuró el rubio con tan poco volumen que escucharle hubiera sido difícil si no se le hubiera puesto total atención

— No comprendo, ¿qué tiene que ver esa profecía con Julius? – inquirió aunque sin realmente desear una respuesta, las ideas que se estaban formando en su cabeza no le gustaban nada.

—Eres muy inteligente, Cissa, no trates de ocultarlo fingiendo que no sabes a lo que me refiero. Me refiero a que aunque me parecía una imposibilidad, relacionando sucesos de hace veinte años, me parece que ahora comprendo porque el Lord buscó con tanto empeño reclutar a tu amigo de la infancia.

—Eso no puede ser. Julius tiene hermanos y su única hija murió poco tiempo de que se marcharon lejos de aquí.- alegó mintiendo en lo último.

—Tenía hermanos, Cissa. Al desaparecer tu amiguito del mapa, el Lord se encargó de asesinarlos. Por otro lado, no me consta que eso que dices de su hija sea verdad– aclaró con extrema seriedad.

— ¿Recuerdas aquella vez cuando me ausenté un día entero sin avisar?

— ¿Poco después del quinto cumpleaños de Draco?

—Esa única vez si, pero no preguntes más, puedes verlo tu mismo, Lucius. –alegó, lo suficientemente esperanzada en que aquel teatro del que había sido participe fuera suficiente. Demasiado dramático había sido estar presente al lado de su amor de juventud viendo a una niña completamente pálida dentro del ataúd sobre este una madre cubierta por un velo negro llorando desconsoladamente. En su momento había pensado que aquella medida era algo extrema por parte de Julius, ahora comprendía que no había sido del todo innecesaria.

—Si esa memoria es real, no nos queda nada más que confiar en que el Lord perdone nuestros errores porque sin ella, Potter será el niño que murió. - comentó, pensando muy bien las cosas y analizando con detalle lo visto. — Si es falsa, solo nos quedaría guardar esa importante información celosamente y esperar que el destino tome su rumbo. – sentenció con tranquilidad, una mentira más en su vida no era nada y si ello le permitiría acortar un poco su larga lista de pecados, evitando algunas muertes, era suficiente. — ¿Cómo es que, desde su regreso, el Lord no ha buscado imperiosamente a tu amigo?

—Poco tiempo después del funeral visité a Bella en Azkaban y le conté lo sucedido. Resaltando lo destrozado que Julius había quedado y las drásticas medidas que había tomado para nunca más tener descendencia alegando que después de su amada hija ya nada tenía sentido. Claro que Bella se limitó a sentir una alegría enorme porque el "traidor de la sangre" había perdido a su "pequeña escoria" y ya nada se interpondría en el camino de su amo. En su momento preferí creer que mi hermana hablaba de acuerdo a sus momentos de locura pero me parece que Bella tenía muy claro de que hablaba y ahora comprendo a que se refería. – comentó Cissa algo preocupada porque también en ese momento comprendía tanta insistencia de su amor de juventud por huir e incluso fingir con maestría el funeral de su propia hija.

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GxR

06/ene/2012