Capitulo 14
Estoy y estaré contigo.
Desde la noche anterior había notado un comportamiento extraño en su mejor amigo pero había preferido darle espacio para que lo resolviera el mismo, pero ya había pasado un día completo y ahora que lo tenia enfrente de si misma en la mesa de Gryffindor en el Gran comedor sentía una imperiosa necesidad de preguntarle que era lo que le sucedía, a pesar de ello sabía que rodeados de tantas personas sería diez veces más difícil hacerle hablar así que tácticamente, al verle levantarse de su asiento y oírle pronunciar "los veo al rato", aguardó solo un par de minutos antes de usar una técnica que nunca le fallaba para que Ronald o en su defecto Harry, la dejaran con su espacio personal. —Ronald, necesito terminar la tarea de aritmancia, voy a la biblioteca. ¿Vienes?
—eo, ermione apenas oy a mpezar… además uero de ambe.- alegó con la boca totalmente llena haciendo un gesto de molestia.
Levantando sus cosas, suspiró rodando los ojos y dijo. —Bien, por lo que resta del día estaré ocupada terminando mis deberes nos vemos mañana por la mañana. No comas demasiado o no podrás dormir luego. – aconsejó dando media vuelta y saliendo con pasos largos del lugar, caminando lo más de prisa que podía directo a uno de los sitios donde estaba casi segura que le encontraría.
Tenía unas cuantas horas de haber hablado con el director y seguía sin poder asimilar lo que había escuchado. Ahora comprendía porque la mayoría del tiempo le ocultaban las cosas, sinceramente sentía un miedo enorme tenía muy poco tiempo de haber perdido a su padrino, no quería perder al hombre que quería como un abuelo. Se encontraba en este circulo vicioso de pensamientos, cuando escuchó la puerta del lugar abrirse, instintivamente se puso de pie varita en mano a la defensiva pero al asomarse a ver quien era, de inmediato bajó la guardia y regresó a su posición en el largo y cómodo sillón que había aparecido en la sala de los menesteres al pedirle un sitio para poder ordenar su cabeza.
—Espero que no me pidas que salga de aquí porque odio dejarte solo cuando estás así tan ensimismado pero si lo haces, respetaré tu decisión y me marcharé. – comentó la joven de cabello rizado al sentarse al lado de su mejor amigo quien solo suspiró al escucharla hablar y guardó silencio por varios minutos luego colocó su cabeza sobre el regazo de la joven de manera que le fuera difícil a ella verle el rostro. En silencio Hermione comenzó a acariciar el cabello del ojiverde acompañándolo respetando su silencio. Por largos minutos fue lo único que hizo más pausó sus caricias en cuanto sintió como un liquido tibio mojaba sus jeans muy cerca de su rodilla a la altura donde descansaban los ojos de su amigo, fue ahí cuando algo en ella se rompió. Solo una vez había visto llorar a su mejor amigo en realidad unos meses antes el día de la muerte de su padrino y el sentirlo derramar lágrimas tan silenciosamente le provocaba sentir un hueco en su corazón porque verlo así tan vulnerable le recordaba al niño de baja estatura que era seis años atrás cuando le conoció. Trató de contener sus dudas mientras seguía revolviendo el cabello de este, pero al sentir que lo mojado en su rodilla aumentaba indicando que su amigo continuaba llorando, no soportó más y se permitió ser frágil también.
Podía sentir húmeda la tela que estaba en contacto con su cara pero era lo que menos le importaba, jamás alguien le había permitido sentirse tan vulnerable y seguro para permitirse derrumbarse unos minutos como Hermione y ese gesto era sagrado para él. Con ello se sintió liberado de parte de la tristeza e impotencia que le estaba asfixiando.
Transcurrido cierto tiempo sintió la respiración de su amigo relajarse e intuyó que se había quedado dormido así que con su mano desocupada transformó el sillón en una espaciosa cama y con mucho esfuerzo, procurando no despertarle, le levantó la cabeza colocando debajo una almohada en lugar de sus piernas, finalmente se acomodó a su lado decidida a estar ahí cuando él despertara.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
—Si lo había descubierto, ¿por qué no me dijo nada? – murmuró la pálida mujer al terminar de beber una de las pociones para el dolor que rutinariamente necesitaba.
Su esposo, que leía sentado en su lado de la cama, hizo a un lado el libro que reposaba en su regazo y se quitó las gafas antes de contestar. —Por la misma razón que tu se lo intentaste ocultar supongo, pero cualquiera que sea la razón de cada una, dudo que ahora tengan importancia. Lo que me preocupa es que haré yo cuando tu no estés, Mia. —confesó con voz firme y cariñosa, dirigiendo su mirada al techo en lugar de a su esposa, delatando que le era difícil aceptar el futuro.
—Tratarás de ser fuerte con todo tu ser, incluso intentarás rehacer tu vida porque mereces ser feliz aunque yo ya no este a tu lado. – replicó su mujer al entrelazar sus manos con las suyas.
—Sé desde niño que la vida no es fácil, pero no comprendo porque tengo que perder siempre a las personas importantes en mi vida. Primero mis hermanas, mi padre, mi madre, Narcissa, mis hermanos, ahora tú. No creo poder con ello. – confesó enfado consigo mismo por su debilidad. —Nuestra hija está acostumbrada a alejarse de las personas que acaba de conocer, a soportar soledad y a no tener una vida normal porque eso lo que ha tenido desde niña, pero yo... yo crecí rodeado de mis hermanos viéndolos a todo momento, compartiendo con ellos alegrías y tristezas, después te tuve a ti siempre a mi lado como fiel confidente, amante y compañera, ayudándonos mutuamente. Cuando ya no estés será demasiado pesado despertar cada día, siento horrible confesar algo tan egoísta pero es la verdad: amo a mi hija y a pesar de ello no creo poder con tu ausencia.
—Puedes unir tu vida con aquella mujer que amaste antes que a mi y tendrás mi bendición.- comentó ocultando el dolor que sentía al ver al hombre de su vida derrumbarse.
—Yo no puedo hacer eso sería profanar nuestros votos, - señaló viendo el tatuaje que ambos compartían el cual resaltaba al tener sus manos entrelazadas. —además ella tiene a su lado a Lucius, quizás no sea el hombre más gentil en el mundo pero es el con quien unió su vida.
—Ella te amó y lo sigue haciendo, o al menos sigue teniendo un gran afecto y confianza hacia a ti de otra manera no existe forma de explicar que una mujer confié la vida de su hijo a alguien aparte de si misma. Tú lo sabes y yo lo sé. Es igual que cuando tú le pediste estar presente en el falso funeral de nuestra hija, tú confías en ella igual que ella en ti. – señaló intentando hacerle entrar en razón.
A veces le daba miedo escuchar a su esposa hablar porque era como escuchar a su consciencia expresarle todo aquello a lo que quería cegarse, eso era lo que más le intimidaba, tenía miedo de que cuando ella ya no estuviera a su lado, aquella consciencia desapareciera, perdiéndose él en un mundo de oscuridad. Consumido en un mar de recuerdos, pasado un tiempo logró juntar la suficiente fortaleza para pronunciar una verdad que llevaba cargando por muchos años. —Pero te he llegado amar más a ti.
Al escuchar la sincera confesión de su marido sintió su corazón saltar de alegría, quizás tras veinte años de casados era estúpido que su corazón latiera de prisa oír palabras como aquellas pero era una verdad que aunque creía y deseaba que fuera real, nunca antes había escuchado de los propios labios de su Julius. Una sonrisa llena de absolución se asomó en su demacrado y aún bello rostro, con esta logró aliviar un poco la carga de su esposo, quien al observarla, suspiró lánguidamente y le envolvió con extremo cuidado en un amoroso abrazo.
Sydney, quien se había dirigido a la habitación de sus padres para preguntarles si no necesitaban algo antes de que se retirara a dormir, había escuchado todas y cada una de las palabras que ambos habían pronunciado. Se odiaba por el inoportuno e íntimo momento que había elegido para ello, pero se odiaba más después de haber escuchado el sufrimiento que aquejaba a su padre. Él nunca había pronunciado sus temores aparte de perderla a ella claro estaba y peor aún jamás le había sentido tan triste. Conjurando de nueva cuenta los hechizos que había cancelado antes de intentar tocar la puerta, caminó directo hasta su habitación donde cerró utilizando magia. Muertos unos largos segundos, silbó al viento, en realidad un oído humano difícilmente hubiera captado el sonido, pero su guardiana apareció presurosa a su llamado, entrando volando por el ventanal de su habitación.
—No pensé que tu padre fuera a derrumbarse incluso antes de perder a tu madre, lamento que hayas tenido que escuchar palabras tan dolorosas, sé como te afecta verles sufrir siendo ellos tu único contacto humano y fuente de afecto constantes.
Sentándose en el piso recargando su cuerpo contra la cama, cerró los ojos para evitar que lágrimas patéticas surcaran sus mejillas. —Me duele si, pero creo no me esperaba otra cosa; no se puede esperar otra cosa cuando se vive marcada por una profecía.
—En estos momentos esto te sonará sin sentido escuchar esto pero… la profecía no solo habla de muerte y sacrificios también habla de amor, del más puro que puede existir.
— ¿Y de qué me sirve eso? Si las únicas dos personas que amo sufren por mi causa.
—También amaste a Remus quizás él no te correspondió con la misma intensidad pero…
—Me quiso, si, pero no me amó por miedo a que le abandonara. Eso prueba que no me conocía tanto como él creía. La sola idea de abandonar voluntariamente a alguien que tiene sentimientos hacia a mi, me parece inconcebible. –confesó guardando silencio, al abrir los ojos conectó su mirada con su guardiana y pronunció. — El amor no se hizo para mí.
—Estas hablando tonterías, no puedes afirmar algo con tanta seguridad basándote en que las únicas dos veces que has entregado el corazón, te lastimaron y decepcionaron. Quizás las acciones de Romel fueron imperdonables y no lo disculpo pero tienes que tener presente que él y Remus son seres humanos, pueden cometer errores.
—Eso lo sé, yo también soy humana y vaya que he cometido errores. Por ello prefiero mantenerme alejada de eso tan puro que según tú puede existir.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Era la primera vez que al dormir descansaba en mucho tiempo, por lo mismo podía sentir su cuerpo realmente pesado, cobrándole factura de la gran cantidad de noches a medio dormir que tenía de atraso pero no le importaba. En ese momento sentía una paz enorme como si la silenciosa compañía de Hermione hubiera alejado sus miedos. Suspiró, se sentía tan cómodo que no quería abrir los ojos más la repentina duda que nació en su mente le llevó a hacerlo. Una vez con los ojos abiertos le encontró recostada frente a él, viéndola así tan pacifica le provocaba desear no despertarla por otro lado sabía que si no la despertaba y le permitía seguir durmiendo ella se molestaría porque por su culpa habrían pasado el toque de queda. Intentando no moverse bruscamente le tocó con suavidad el hombro, acción a la que su mejor amiga respondió abriendo los ojos y dedicándole una sonrisa.
— ¿Te sientes mejor? –Cuestionó mientras se enderezaba quedando sentada al lado del joven.
—Mucho, gracias.- respondió imitando los movimientos de la muchacha y quedando de frente a esta.
—Sabes que te escucharé si necesitas hablar, ¿cierto? – comentó mirando directo a los verdes ojos de su amigo.
—Lo sé, —afirmó sonriendo de lado. No estaba seguro si podía hablar pero tampoco se sentía tan fuerte como para cargar con algo así de grande sin volverse loco así que continuó. —Es sólo que… no quiero que comiences a preocuparte porque aunque es un tema difícil creo que no está en nuestras manos solucionarlo, Hermione. –confesó, avergonzado por lo mediocre que aquella frase expresaba. — En verdad me odiaría si por decirte esto tus calificaciones bajan o duermes menos de lo que acostumbras; ya es suficiente con que uno de los tres no duerma correctamente.
—Harry, sea lo que sea. Me preocupa más verte demacrado y perdido en tus pensamientos, lo que es lo mismo, habla ahora o se nos hará más tarde para regresar a la sala común.
—Debo ser muy mala persona para hacerte cargar con esto también a ti. —murmuró para si mismo, antes de tomar aire y buscar palabras que sonaran menos fuertes. —Verás yo… he tratado con todas mis fuerzas prohibirle a él la entrada a mi mente pero a veces cuando estoy muy cansado no puedo más y algunos de sus recuerdos aparecen en mi cabeza como si fueran míos. Ayer fui a hablar con Dumbledore a pedirle que me diera al menos una pista de lo que está pasando pero en lugar de eso, me pidió que actuara con madurez y luego así como así me confesó que a causa de un objeto perteneciente a Voldemort, él está muriendo. – concluyó rehuyendo a la mirada de su amiga, tronándose los dedos de las manos sin perdonar ninguno, sintiéndose realmente culpable por confesarle algo así, estaba seguro que después ella tampoco podría estar tranquila.
La joven miró fijamente a su compañero repitiendo las palabras de este en su cabeza, atando cabos revisaba varias imágenes recientes del director y las comparaba con algunas anteriores al verano, claro que había diferencias, mínimas pero las había. Largos minutos guardó silencio y cuando hubo terminado sus análisis, habló con la menor inquietud de la que fue capaz. —Ahora comprendo porque el director ya no se mueve igual, incluso me parece lógico porque un par de veces le he notado ocultando sus manos. Todo cobra sentido, pero... ¿Cómo es que pasó?
No recordaba con claridad la última vez que había visto a su amiga reaccionar así de calmada, pero siendo sincero consigo mismo, se lo agradecía porque ni él mismo sabía de donde sacar el valor para cargar con esa clase de información. —Lo que me dijo fue que al tocar el objeto este le atacó inmediatamente con una poderosa maldición.
— ¿Estas seguro que eso fue todo lo que pasó? —replicó arrugando la nariz, recordaba en alguna parte haber leído algo parecido pero no le encontraba sentido, tendría que comenzar a averiguar, incluso estaba segura que más que nunca le sería de utilidad el ser prefecta. La sección prohibida de la biblioteca sería una importante herramienta.
—Eso fue todo lo que Dumbledore me dijo que ocurrió, en realidad no entró en detalles pero un presentimiento me dice que es algo muy similar al Diario de Riddle, no me preguntes cómo lo sé porque ni yo mismo podría contestarte pero eso es lo que me parece a mí. – respondió la ansiedad volviendo a su cuerpo.
—Bueno, y después de confesarte que va a morir, ¿Qué más te dijo?- inquirió interesada, aunque por la repentina cara de frustración de su amigo, podía ver que no había sido la mejor pregunta que podía haber hecho.
— ¡Eso es lo peor! Después de decirme que iba a morir, me pidió que tomara la noticia con calma porque él ya había vivido bastantes años. Yo le pregunte que iba a pasar si el moría antes de vencer a Voldemort y me respondió tranquilamente diciéndome que confiaba en tener el tiempo suficiente. ¡¿Te das cuenta? No sé que me preocupo más el que tomará tan a la ligera su muerte o que hablara como si vencer a Voldemort fuera pan comido. – expresó apretando los puños con demasiada fuerza.
—Harry Potter, hazme un favor y respira profundo un par de veces antes de que continúes de otra manera te harás daño. – sancionó señalando lo blanco que estaban sus puños.
Bajando su mirada hasta encontrarse con lo que señalaba Hermione, dio un cabeceo afirmativo y aflojo sus manos y comenzó a respirar profundamente, una vez un poco tranquilo volvió su mirada hacia su amiga.
—Ahora que estas medianamente calmado, puedo decirte que comprendo porque habías estado tan perdido en tus pensamientos pero sinceramente creo que de momento lo mejor es que te enfoques en tus calificaciones. – aconsejó con seriedad aunque bien sabía que no era lo que él quería escuchar.
— ¿Por qué tu también te pones de su lado? Dumbledore me dijo lo mismo. ¡No puedo quedarme sin hacer nada!- recriminó ahora si totalmente frustrado.
— No te estamos pidiendo que te quedes con los brazos cruzados, te estamos pidiendo que te esfuerces en tus estudios mientras llega el momento indicado para que actúes. —resaltó con severidad, tras esto se puso en pie y caminó hacia la salida, al llegar a esta volteó a ver al ojiverde quien le sostuvo la mirada. — Velo de esta manera: Dumbledore te confió algo muy importante y suena cruel decirlo pero es su manera de ponerte a prueba. Si guardas su secreto y continúas como si nada estuviera pasando, él tendrá la certeza de que has madurado y que puede confiar en ti plenamente.
— ¿En verdad crees eso? ¿Crees que él haría algo así? – cuestionó cambiando frustración por confusión.
—Estoy casi segura de ello, Harry.- afirmó, segundos más tarde solo quedaba el joven de ojos verdes en la sala de Menesteres.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Ya entrada la noche el hombre de cabello oscuro como la noche y piel cetrina finalmente tras un largo tiempo de trabajo lo había logrado, solo faltaba que reposara un día entero pero ya estaba lista la poción que detendría el avance de la maldición en el cuerpo del anciano director dándole tiempo para preparar lo que tenía planeado. En una ocasión normal el pasar días completos realizando una poción y obtener resultados satisfactorios era suficientemente gratificante pero no en esta ocasión. Esta vez el solo hecho de recordar porque había preparado una pócima tan compleja le impregnaba un enorme sentimiento de frustración, ¿Por qué el viejo tomaba cosas así de importantes a la ligera y con nimiedades era tan quisquilloso? No lo sabía pero ahora su propia vida pendiente de un hilo era fruto mismo de esa forma tan característica suya de ser. Gruñendo rellenó su copa de whisky donde continuó bebiendo un corto tiempo antes de caer rendido tras poco más de dos días enteros sin dormir.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
N/A
Querida Mrs V:
Quisiera hacerte saber que traté de tomar en cuenta las inconsistencias en lo relacionado a los orígenes de la madre de Sydney, fue un error intentar profundizar en algo que no conozco, pero sinceramente lo hice alevosía. Agradezco tu comentario.
-Gabrielle-
11-ene-2012
