Disclaimer: HP no me pertenece, solo escribo un poco con sus personajes acerca de lo que también me hubiera gustado sucediera.
Capitulo 17
Ciclo vital
Sin deseos de mostrar su debate interior Remus Lupin trató de guardar la mayor parte de compostura que pudo, tras entregar algo tan personal como eran sus memorias al pocionista, quien abiertamente había disfrutado cada segundo de aquello como si exponerle le diera un poco de revancha por tantas humillaciones en sus años como estudiantes. En lo personal él pensaba que veinte años eran suficientes para dejar las cosas atrás pero estaba claro que Severus Snape, pensaba muy distinto. Inmerso en estos pensamientos no había notado la conversación del que se llevaba a cabo entre el director y su compañera, hasta que esta le jaló de la manga regresándolo a la realidad.
—Remus, ahora que por fin nos acompañas… ¿Podemos discutir aquello que, estoy seguro, escucharon antes de que entraran a mi oficina? —cuestionó paciente el jefe de la Orden del Fénix
—Ah… nosotros… no… No escuchamos mucho, señor. —pronunció tras un poco de tropiezo la antes pelirosa
—Dora!... —recriminó Remus en un susurró preocupado y estresado. —La verdad Albus, lo que escuchamos fue del todo confuso y me parece que necesitaríamos saber los antecedentes de ello para poder juzgar, porque con todo respeto…. a simple vista parece que has perdido la cabeza. —confesó Lupin, con temor de mirar la reacción del dirección pero Tonks, quien había fijado sus ojos en el rostro del anciano captó a la perfección la sonrisa de ironía que momentáneamente se había asomado en los labios de este.
—Comprendo que eso parezca muchachos, pero mis decisiones están meticulosamente analizadas, lo único que deben tener claro es que mi estado de salud es precario desde hace unos meses y no existe nada que pueda cambiarlo.
— ¿Qué? ¿Cómo que no hay nada que pueda hacerse? ¡Seguro habrá alguna forma!—Alegó poniéndose en pie de golpe la metamorfaga, atrayendo la atención total de amos hombres, más el anciano fue quien con un leve levantamiento de ceja, provocó que la auror tomara asiento llena de vergüenza y dispuesta a escuchar atenta.
—Como explicaba, Severus ha estado ayudándome a aminorar los efectos adversos de mi problema, más llegará el momento en que ya nada pueda hacerse y él, a petición mía, hará lo necesario para ganar la confianza plena de Voldemort.
Sin salir completamente de su estupor Lupin preguntó. — ¿Asesinándolo?
—Ayudándome a morir con dignidad, lo cual es muy diferente a lo que tú insinúas, Remus. — corrigió antes de continuar con extrema seriedad. — No pueden hablar de esto con nadie, nadie en absoluto, ¿comprenden?
—pero... ¿Cómo venceremos a Quien-Usted-sabe si usted ya no está? —cuestionó la joven interesada en la respuesta del hombre en cuestión.
—Manteniéndose unidos en la adversidad, además como yo saben que la profecía habla de de Harry y Voldemort. No me menciona a mí así que mi vida no es indispensable, por lo mismo en lo que me resta de tiempo intentaré dejar las cosas lo más preparadas que se pueda.
— ¿Dice que no hay manera alguna evitar su muerte?—Cuestionó finalmente el castaño, con un ligero tono de impotencia en su voz
Cruzando, con un poco de esfuerzo, los brazos encima del escritorio, aclaró. — el mismo Riddle inventó la maldición que ahora lucha por terminar mi vida. — miles de emociones y pensamientos pasaban por la cabeza de sus ex pupilos y podía verlo en los ojos de ambos, sin deseos de continuar llenando de conflicto sus cabezas, fue directo al grano. —Tonks, Remus, no hay necesidad de sufrir por lo inevitable, solo les estoy solicitando su apoyo para que cuando yo falte ustedes le cuenten la verdad detrás de mi muerte a la Orden del Fénix. ¿Puedo contar con ello?
-o-
Hace una hora había escuchado a Julius, su padre, bajar las escaleras con cansada lentitud, acción que no le sorprendía a Sydney pues era ya rutina que este bajara a la cocina a preparar el té que su esposa tomaría antes recibir su primer sedante del día. Largos minutos habían ya transcurrido, de hecho Sydney había aprovechado ese tiempo para asearse deprisa antes de bajar a preparar el desayuno; estaba calzando un vestido tradicional (regalo que le había dado su madre de cumpleaños) en el mismo instante que escuchó un sonido estridente. No podía ser un ataque, porque los encantamientos protectores le hubieran avisado incluso antes, de eso estaba segura, más esta misma certeza le hacía no querer saber el verdadero origen de ese sonido. Pero tenía que ser valiente ¿cierto? Dudosa, aún descalza más con varita en mano, caminó deprisa hasta el pasillo donde vio la puerta de la habitación de sus padres entre abierta y fue ahí donde su corazón comenzó a latir a mil por hora y a temer lo peor. Sin pensarlo dos veces corrió hasta el lecho, sin reparar en los cientos de trozos en que había terminado el juego de té preferido de su madre, una vez lo suficientemente cerca de la cama, se detuvo. Y puso atención a un sonido que jamás, en toda su vida, había escuchado: el sonido de su padre que lloraba desconsoladamente.
No podía creer lo que estaba pasando.
Deseaba que todo fuera una pesadilla. Más ese deseo de su corazón, se veía cada vez más lejano, al ver como Julius agitaba fuertemente los hombros de su esposa con esperanza de que esta despertara y brindara una de esas sonrisas que desde que la había conocido le provocaban olvidarse de todo lo malo que podría existir en el mundo, pero no. Pasado casi un minuto en ese intento, Sydney (dejando caer su varita al suelo) detuvo ambas manos de su padre para que este dejara de agitar el delicado cuerpo inerte de su madre. Y una vez que este había detenido sus frenéticos movimientos, le soltó para que siguiera luchando con su pena de la única manera que podía.
La joven mujer por su parte hizo algo que pocas veces en su vida había hecho, comenzó a orar, en un canto sutil pero muy adecuado para acompañarle en su pena, el mismo que la recién fallecida le había enseñado cuando tenía poco más de siete años. Tras largos minutos que parecieron horas, la fuerza de sus piernas era insuficiente así que se arrodilló al lado de la cama de sus padres. Sin poner la más mínima atención a las lágrimas recorrían copiosamente sus mejillas ni mucho menos notar los hilillos de sangre que salían de sus pies, lloró. Lloró al recordar las tantas cosas que nunca hizo al lado de su madre, lloró aun más por el realizar que jamás volvería a escuchar su voz cantarle como cuando niña o sentir sus amorosos brazos envolviéndola en un abrazo reconfortante. Lloró mucho rato tanto que hasta perdió relación entre tiempo y espacio.
Silencio sepulcral invadió la habitación en cuanto el llanto de padre e hija cesó más por cansancio que por deseos de cesarlo. Fue entonces que con los pasos de su guardiana, Sydney salió de su trance y observó la escena de la cual eran testigos sus ojos ambimarinos: su padre lloraba en silencio recostado sobre el regazo de su compañera de vida. Tras haber soltado el aire, que no sabía guardaba, recogió su olvidada varita y murmuró un 'reparo' haciendo que todo el juego de té volviera a su forma original, incluidos los diminutos pedazos que estaban clavados en sus pies. Una vez limpio el piso, reunió suficiente fuerza física para levantarse del suelo, más no para moverse de ahí. Ika, en su forma canina, jaló con su hocico el vestido color lila que portaba su protegida y con un poco de ayuda por parte de la joven, la sacó de ahí llevándola hasta su habitación donde la dejó a los pies de la cama deseando evitar que cayera al suelo nuevamente. Estaba claro que Ika conocía muy bien a su protegida porque casi instantáneamente, Sydney se dejó caer en el lecho, encogiéndose hasta quedar en posición fetal, comenzando a llorar desconsoladamente en el silencio de su habitación.
Acompañada de su fiel compañera que había subido a la cama y había apoyado su cabeza sobre la cintura de la joven, sin importarle siquiera que su cabeza se moviera con cada espasmo de llanto incontenido de la joven.
Que horrible manera de comenzar su época favorita del año, desde ahora el otoño ya no sería lo mismo.
-o-
Después de que lo había reconfortado y escuchado no podía creer como es que tenía a una persona tan especial como amiga a su lado. En realidad con Ron y Hermione era con quienes había descubierto el significado de la palabra amistad y de cierta manera lo había reafirmado al conocer a Luna y Neville. Estaba seguro que jamás encontraría otras personas con las cuales pudiera sentirse tan querido como cuando estaba con sus amigos, claro estaba también Ginny pero eso era aparte ¿cierto? Ella tenía novio y él pues no podía intentar nada pues era la hermana de su mejor amigo, así que prefería no pensar mucho en ello. Ahora lo que plagaba su mente era lo inquietante era el estar cerca de Hermione desde esa noche en la que literalmente se había sentido como un niño indefenso. Jamás ni en su más remoto sueño podía haber imaginado aquella sublime y embriagadora sensación que tuvo en el pecho en cuanto la castaña le permitió llorar sobre su regazo sin reprocharle nada. Su tía Petunia raramente le abrazó cuando niño, ahora que intentaba hacer memoria si un par de veces lo había cargado en un intento de hacerle dejar de llorar, pero había dejado de hacerlo tras la primera vez que había hecho magia accidentalmente.
Sacudiendo los hombros deseando olvidar las malas memorias que le seguían al comienzo de su vida como 'chico' en lugar de 'Harry', volvió su mirada a Hermione quien leía muy concentrada un tratado de Runas que él mismo, aconsejado por Lupin, le había regalado en su reciente cumpleaños. Sin darse cuenta una sonrisa se había asomado en sus labios tras ver a su amiga tan contenta con si regalo.
— ¿Harry?… —llamó la joven en cuestión sin despegar la mirada de su libro.
—… ¿sí?—respondió un tanto nervioso
— ¿estás pensando en Ginny? —cuestionó levantando levemente sus ojos hasta encontrarse con los verdes de su amigo.
Contrariado y un tanto asustado, Harry guardó silencio unos segundos hasta encontrar las palabras con las cuales pudiera sonar menos sorprendido por la certeza con la que la castaña le hablaba. — En realidad pensaba en muchas cosas, Hermione. Pensaba en Ron, Neville, Luna, Ginny, Petunia y al final pensaba en lo mucho que parece haberte gustado mi regalo. Eso es todo. ¿Por qué la pregunta?
Definitivamente no esperaba esa respuesta por parte de Harry y ahora era ella quien luchaba por encontrar las palabras indicadas con las cuales no dejar intrigado a su amigo y evitar un impertinente rubor que luchaba por instalarse en sus mejillas al saberse causa de tan hermosa sonrisa en el rostro del ojiverde. —Por nada en absoluto, es que se me hizo raro que con Ronald roncando a todo lo que da en el sillón no hubieras salido a caminar o subido al dormitorio, en vista de que yo estaba tan entretenida leyendo. —respondió evitando hacer muy explicito pero deseando dejarle en claro a su amigo que de hecho disfrutaba mucho su regalo, no necesitaba añadir más complejidad a la vida de Harry, mucho cuando ella misma no tenía claro que quería para sí misma.
n/a: Gracias por leer aún cuando es un capitulo difícil. 16julio2012 n/a.
