Suecia jamás pensó que se encontraría con ese espectáculo. Nada más abrir la puerta y llamar a Finlandia, se abalanzó sobre él una muchacha que se parecía muchísimo a su compañero. Después de que se calmara un poco, consiguió averiguar que esa extraña muchacha era Finlandia en carne y hueso… solo que un tanto cambiado. Simplemente, que era una mujer. Suecia no salía de su asombro. De camino a la casa, pensaba que Fin simplemente deliraba a causa de unas fiebres, pero podía comprobar con sus propios ojos que el delirio era una realidad palpable.
Después de tranquilizarlo con palabras amables, algo raro en Suecia pero que la situación lo requería, Finlandia decidió irse a su habitación a ponerse algo con lo que sentirse más cómodo, porque estaba con ropa de andar por casa. Suecia esperaría en el salón de invitados. En la habitación Finlandia empezó a sacar toda la ropa que tenía y a depositarla en la cama, para ver qué era lo que mejor le sentaba teniendo en cuenta su nuevo cuerpo. Una a una, fue probándose las camisas que tenía, junto con los pantalones. Las camisas o bien le estaban muy anchas o muy estrechas en la zona de los pechos, y los pantalones le quedaban muy anchos y no se ajustaban bien a sus caderas. Vaya, no me queda bien nada de lo que tengo, aunque es normal porque es ropa de hombre, no de mujer, eso pensaba Finlandia mientras se probaba la ropa, no tendré más remedio que comprarme ropa nueva.
Suecia, un tanto aburrido por estar esperando, decidió subir las escaleras y dirigirse a la habitación de Fin para ver si todo andaba bien. Sin llamar antes de entrar, abrió directamente la puerta, encontrándose con Finlandia de espaldas, a medio camino de quitarse una de las camisas que llevaba. Como estaba de espaldas, Suecia no pudo ver nada, pero se giró rápidamente con el rostro un poco sonrojado.
-L' s'ent'. D'bí d' h'b'r llam'd' 'nt's. (Lo siento. Debí de haber llamado antes).
-¡Su-san! –Finlandia se giró para mirar a su compañero. Tenía solo dos botones desabrochados, aunque lo peor es que no llevaba pantalones. Cuando se dio cuenta de eso, también se sonrojó, pero muchísimo más que Suecia –qué mala costumbre tienes de no llamar antes de entrar. Espera que me pongo algo.
-V'l' (vale).
Suecia solo tuvo que esperar unos minutos, hasta que Finlandia desde el otro lado de la puerta le dio permiso para entrar. Se abrió la puerta y Suecia pudo ver a su compañero que, a pesar de llevar la misma ropa de siempre al final, le sentaba de otra forma. Suecia, como siempre, tenía una cara que no mostraba ningún tipo de sentimiento, aunque interiormente estaba sorprendido por el cambio que había sufrido su compañero que, ahora que tenía puesta la ropa de una forma más decente, se notaba más los cambios en su cuerpo. Para evitar que se cayeran los pantalones, había apretado más el cinturón, lo que había provocado que su silueta, más sinuosa, se marcara más. A eso se unía la camisa, que la iba un poco más ajustada de lo normal en la parte de arriba a causa de su hinchazón en la parte superior del cuerpo (es decir, en la zona de los pechos). La boina seguía en el sitio de siempre, aportándola un toque… mono, inocente.
-Bueno, he hecho lo que he podido. La ropa no es que me siente muy bien, pero qué se le va a hacer –y sonrió. Suecia, por el contrario, no respondió a Finlandia, sino que seguía todavía analizando a la persona que tenía frente a sí. Finlandia, que se había dado cuenta de ello, empezó a sonrojarse un poco -. Su-san, sé que estoy un poco cambiado, pero no quiero que estés mirándome fijamente todo el rato. Tendrás que acostumbrarte a ello… de momento.
-L' si'nt'. N' qu'r' qu' t' si'nt's m'l (lo siento. No quiero que te sientas mal) –y abrazó a Finlandia para que se sintiera mejor -.
-Tranquilo, no tienes de qué disculparte. Es normal que suceda. La verdad es que yo también me he quedado mirándome en el espejo durante largos minutos, embelesado con los cambios que he sufrido. Hasta me da vergüenza cambiarme de ropa –mientras decía eso, correspondía al abrazo de Suecia. Hablaba en voz cada vez más baja, enterrando su cara en el ancho pecho de su compañero. O al menos lo que podía, porque no estaba acostumbrado a tener de por medio unos pechos, y le molestaban un poco. No era una sensación dolorosa, pero sí extraña en grado sumo -. Lo mejor será que me quede en casa tranquilamente hasta que pase todo.
-N'. N's v'm's de compr's. (No. Nos vamos de compras).
-¿¡Cómo! ¿Me estás pidiendo que salga con estas pintas? Si la gente me reconoce, me voy a morir de vergüenza. Querré que me trague la tierra, y no volveré a salir en lo que me queda de vida –Finlandia no podía creer que Suecia le estuviera animando a salir a la calle con su aspecto actual. Estaba loco -.
-V'm's a compr'r r'p'. L' nec'sit's. (Vamos a comprar ropa. La necesitas) –y le miró de arriba abajo –as' est'r's m's cóm'd'. (Así estarás más cómodo)-.
-P- pero Su-san, no puedo salir a la calle. Sentiré que todo el mundo me mira y empezarán a reírse de mí.
-N', n' lo h'r'n. (No, no lo harán).
Cuando Suecia se ponía así, no había más solución que hacerle caso. Era muy cabezota, y no aceptaba un no por respuesta cuando creía llevar la razón. En este caso, aunque era una situación especial, Finlandia pensaba que tenía parte de razón. Una parte de él quería ir de compras, ponerse una ropa que no la fuera grande y ajustada a la vez, y sentirse así mucho mejor consigo mismo. Se separó de Suecia y se miró en el espejo. Tenía unas pintas más ridículas… que se reía de sí mismo, interiormente. Al final no hizo más que aceptar la propuesta de Suecia, más que nada porque no le quedaba más remedio.
Embutido en su abrigo, para evitar que la gente le viera con esas pintas, llevaba también unas gafas de sol, aunque no hicieran falta porque era uno de esos típicos días nublados. Toda precaución para no ser descubierto era poca. Suecia iba a su lado, observando atentamente el comportamiento de su compañero. No entendía por qué hacía eso, pues nadie llegaría a pensar que esa inocente chica, aunque recordara a Finlandia, era el propio Tino. Se preocupaba demasiado. Iban simplemente de compras, no era como ir al campo de batalla. En eso se equivocaba el pobre Suecia, porque no sabía lo que implicaba ir a un centro comercial…
Después de una caminata que les pareció eterna, pues ninguno hablaba, llegaron a un enorme centro comercial abarrotado de gente. Se dirigieron directamente a las tiendas de ropa, donde Suecia seguía como una lapa a Finlandia. Este, embelesado por la ropa de mujer, buscaba por todas partes algo cómodo y que no enseñara más de lo necesario. La gente se quedaba mirando a la extraña pareja, más por la actitud tan vigilante de Suecia que por la forma de buscar ropa que tenía Finlandia. Al final, optó por una camisa azul clara, muy parecida a la que llevaba, pero más adecuada para su cuerpo. En conjunto, una falda que llegaba hasta las rodillas, de color blanco y con un bordado de flores en el bajo muy hermoso. También había cogido unos calcetines azules a juego y unos botines marrón oscuro. Con todo eso en las manos, se dirigió al probador.
Una vez dentro, y con Suecia pisándole los talones, se probó todo lo que había escogido. Había tenido muy buen ojo con las tallas, porque todo le sentaba bastante bien. Salió del probador.
-¿Qué te parece Su-san? ¿Me queda bien? –y dio una vuelta, para que pudiera ver la ropa desde todos los ángulos posibles -.
-'m (Um) –era el típico sonido que significaba aprobación. Finlandia sonrió satisfecho, porque si a Su-san le gustaba lo que llevaba, estaba contento. Había hecho unas buenas adquisiciones -.
Con todo lo que necesitaba en manos de Suecia, que se había ofrecido "amablemente" a cargar con la ropa. Finlandia iba directamente a pagar todo lo que llevaban, pero fue frenado por la mano de Suecia, que se posó en su hombro. Siempre que hacía eso, Finlandia interpretaba que quería decirle algo, o que quería tomar otro camino distinto, ir a otro sitio. Finlandia se giró para estar frente a frente. Vio que el rostro de Suecia seguía siendo igual de severo, pero había algo que llamó su atención… Podía jurar que estaba ligeramente… ¿sonrojado? Eso era imposible. Suecia jamás mostraría sus sentimientos en público, ni tampoco a él mismo. Al menos, eso era lo que pensaba Finlandia.
-N'c'sit's m's cos's (necesitas más cosas).
-¿Más cosas? Su-san, no voy a abusar de tu generosidad. Ya te has empeñado en pagarme todo esto que no voy a necesitar pasado un tiempo –y señaló la ropa –no quiero que me compres más cosas. Con esto tiraré. Como no voy a salir mucho, por no decir nada a no ser que sea estrictamente necesario, no necesito más. Gracias, pero no.
-P'r'… (Pero…) –por primera vez, Suecia dudaba en lo que debía decirle a Finlandia. Siempre era conocido por su sinceridad y ser directo en todo lo que decía, pero ante esa situación dudaba por primera vez en cómo expresarse de forma delicada. Pero, para variar, su sentido del tacto no estaba muy afilado –n'c'sit's 'n s'j'tad'r' (necesitas un sujetador).
-¿Un sujetador? –gritó Finlandia, mientras todos los que estaban en la tienda se giraron para mirarlos a ambos. Dándose cuenta de lo que había hecho, se llevó las manos a la boca a modo de acto reflejo y, arrastró a Suecia a un lugar más íntimo –Su-san, no lo necesito. Estoy cómodo así.
-S'g'n he le'd', l's muj'r's n'c'sit'n es' (Según he leído, las mujeres necesitan eso) –lo decía tan en serio, que a Finlandia le costaba creer que Suecia le estaba diciendo eso. ¡Suecia! Y encima, que lo había leído en un sitio. Vaya manía que tenía de informarse de las cosas… a saber dónde había encontrado esa información… -.
-Su-san, no sé dónde has leído eso, y tampoco quiero saberlo, pero no lo necesito. Así estoy bien, en serio. Cuanto antes nos vayamos de aquí, antes podremos saber el modo de que vuelva a la normalidad. Venga, vámonos ya –y agarró el brazo de Suecia, tirando de él como señal de que quería irse de una vez -.
-N' s'n 'n s'j'tad'r (No sin un sujetador)
-Su-san… -por mucho que lo intentara, Finlandia sabía que no podía convencer a su compañero. Suspiró. Con esa señal, demostraba que Suecia había ganado la batalla.
Se dirigieron a la zona de ropa interior. Finlandia estaba cada vez más rojo, pues nunca había visto ropa femenina de ese tipo. No entendía por qué las mujeres necesitaban tanta variedad en ese tipo de ropa. Con lo cómodo que sería llevar ropa interior sin tantos bordados, sin tanto color o tanto esmero en su manufactura. Hasta había corsés, de todos los tamaños y colores. Cómo se pueden poner eso las mujeres se decía Finlandia, están locas. Suecia, por el contrario, seguía a su lado, como un eterno guardián, infatigable y lanzando miradas que helaban la sangre a todo aquel que osara posar sus ojos en Finlandia. En ese aspecto, Tino podía atraer la atención de personas no deseadas, es decir, de pervertidos. Una dependienta que se encontraba por allí, viendo en ellos una venta segura, se acercó.
-Buenos días. ¿Puedo ayudaros en algo?
-Sí, sí. Buscaba… buscaba un sujeta-dor –hasta decir esas palabras le causaban una vergüenza colosal –pero nada muy elaborado. Que sea lo más sencillo que tengáis.
-Vaya, tenemos a un esposo tradicional, ¿no?
-¿Esposo tradicional? ¿Qué tiene que ver eso conque me compre un sujetador? Se supone que es para mí.
-Jajaja, qué graciosa eres. Debéis de ser recién casados. Supongo que ya te enterarás de lo que hablo –y le hizo un guiño a Suecia, que respondió con una de sus miradas heladoras. La dependienta, que sufrió un escalofrío de pies a cabeza, decidió que no volvería a gastar bromas o siquiera dirigir su mirada a aquel hombre. A saber por qué aquella chica tan guapa se había casado con él -.
-No, no somos un matrimonio. Solo amigos, muy buenos amigos.
-Ajá. Llámalo como quieras. Bueno, aquí tienes unos modelos sencillos; puedes escoger entre el color blanco, carne o negro. El que más te guste. Pero antes tienes que decirme la talla.
-¿Tenéis tallas para estas cosas? ¿Y eso cómo se sabe?
-Pues… -la dependienta no podía salir de su asombro. Era la primera vez que una mujer se sorprendía de que los sujetadores fueran por tallas, y de cómo se sabía - ¿de qué talla es el sujetador que llevas?
-No llevo sujetador.
-¿Qué no llevas sujetador? Vaya… o acabas de salir de la cama con tu… amigo y no te has acordado de ponértelo, o eres una chica la mar de rara.
-¿Salir de la cama? –después de unos segundos, entendió el doble sentido de la frase -¡no, no, no! Creo que te has confundido. Solo somos amigos –cada vez estaba más roja, y con lo que insinuaba la dependienta, era el colmo -.
-Ya, ya. Bueno, pues si no sabes la talla, tengo que pedirte que levantes los brazos y que te tranquilices. Solo voy a sacar tus medidas con un metro que voy a traer enseguida.
Después de ese pequeño percance, por fin Finlandia supo sus nuevas medidas y compró un sujetador. Otra odisea fue ponérselo, pues tenía que enganchárselo por la parte de detrás. A eso, se unía a un Suecia que se ofrecía a ayudarle, intentando entrar sin ningún tipo de vergüenza. La dependienta, que ya estaba desesperada con los clientes tan peculiares que le había tocado, solo podía detener a duras penas a aquel hombre tan alto con cara de pocos amigos. Finlandia, tras haberse probado el sujetador, no podía dejar de pensar en una cosa... ¿para qué demonios las mujeres querían eso en el pecho? Mejor que ese tipo de preguntas no las sacara a la luz, o crearía más confusión de la que ya reinaba. Se lo preguntaría a Suecia, ya que de tantas cosas se había informado en internet. Después de adquirir el sujetador, la dependienta les habló de una oferta de bragas de mujer, aunque con cierta prudencia, pues podía ocurrir alguna nueva "desgracia". Finlandia, para que no sospechara más aún, dijo sumisa que necesitaría unas cuantas. Por lo menos, después del asunto del sujetador, no quería más sorpresas. Lo único que quería era volver a casa, esconderse bajo las sábanas y esperar a que todo pasara.
Por el contrario, Suecia quería averiguar un par de cosas acerca del extraño cambio de Fin. Por ello, aunque solo tenía una corazonada, haría una pequeña visita a sus queridos hermanos (el queridos con cierta ironía). Siempre que ocurrían cosas fuera de lo normal, acababan recayendo en Dinamarca, Noruega e Islandia; sobre todo en los dos primeros. En cuanto pagara las cosas, acompañara a Finlandia a su casa para que descansara, se dirigiría a casa de Dinamarca, porque casi todos los días tanto Noruega como Islandia pasaban el tiempo en su casa. Siempre Noruega se quejaba de que no aguantaba a Dinamarca, pero todos sabían que en el fondo la actitud de Noruega era una mera fachada. Pero eso es otro tema que no venía mucho al caso.
