- De verdad, Su-san, no creo que sea buena idea…
A pesar de ser primavera, estación en la que los vientos cálidos empiezan a ser los predominantes, caminaban en dirección a casa de Dinamarca tanto Finlandia como Suecia con chaquetas, gorros, y en el caso de Finlandia, unas cuantas capas interiores. Su nuevo cuerpo no debía de estar acostumbrado al frío, porque tenía que ponerse el doble de ropa para estar a gusto por la calle. Pero como siempre se repetía, una y otra vez, que era temporal, su alegría tan característica volvía a su rostro. Después de unos días, incluso se había acostumbrado plenamente. Bueno, a casi todo. Había ciertos aspectos, como el terrible momento de ducharse, que no eran muy agradables, y que por mucho tiempo que pasara no se acostumbraría. Tampoco podía evitar pensar qué podría hacer si Sealand volvía de su visita en casa de Inglaterra. Suecia había llamado para alargar su estancia, alegando asuntos de trabajo. Sealand no debía de estar muy contento por las noticias, pues tenía ganas ya de volver a lo que él denomina "su hogar", pero no le quedaba más remedio. Se refugiaba en la idea de volver a verlos, de estar de nuevo allí, tarde o temprano. Esperaba que más temprano que tarde.
Una ligera brisa fresca movía sus ropas y cabellos, lo que provocó en Finlandia un ligero e imperceptible escalofrío, que obviamente Suecia notó. Desde que se había transformado, el ojiazul tenía mil ojos más sobre su nueva compañera. Sentía en su interior el deber de protegerla aún más y estar más pendiente de ella, por si necesitaba algo o tenía problemas. Además, estaba confuso. Confuso porque aunque solo hubiera cambiado en la superficie, pues se comportaba de la misma forma que antes, algo había cambiado en su forma de verla. No sabía expresar muy bien aquel sutil cambio, pero estaba claro que Finlandia también lo notaba. Se sonrojaba muchísimo más de lo habitual, y estaba incómodo a su lado. Y tampoco sabía muy bien por qué.
Su pelo largo y rubio ondulaba a causa del viento. Aunque pareciera una tontería, también tenía que acostumbrarse a esa mata de pelo. Tenía que cuidárselo muchísimo más: peinarlo un mayor número de veces al día (no solo cuando se levantara y punto), tardaba más tiempo en lavárselo, y después de eso los terribles enredos en las puntas. Pero al final se sentía incluso orgulloso de su nueva melena, larga y brillante. Ahora se arrepentía de no haberse hecho una coleta, pero ya no podía dar marcha atrás a eso. El paseo era muy agradable, y después de estar encerrado en casa durante unos cuantos días para no causar revuelo entre sus conocidos y amigos. Pero hay ciertas personas en la vida de uno a las que no se puede esconder nada, y es el caso de la familia. Dinamarca había llamado para hacer otra especie de reunión familiar y, después de que no contestara sus llamadas y que Suecia se viera más reacio de lo normal a verlo, hicieron que el danés empezara a sospechar que algo raro estaba ocurriendo. Por eso se encontraban de camino a su casa, pues era mejor desvelarles el secreto, aunque con la promesa de no ir contándolo por ahí. Finlandia se moriría de vergüenza.
A pesar de estar ya a punto de alcanzar el umbral de la puerta, Finlandia dudada. No sabía cómo iban a reaccionar, y su mente empezaba a imaginar todas las posibles escenas que se encontraría nada más cruzar la puerta. La peor de todas, que se mofaran de él y que le gastaran bromas y más bromas. Y había otra, en la que no le creían. Le considerarían como una amiga de Suecia (o algo peor que eso) y también se mofarían de ello. Pero eso lo veía poco probable, pues tanto Finlandia como Suecia eran conocidos por ser sinceros y decir siempre la verdad. ¿Qué ganarían mintiendo de esa forma? Como mucho, que Inglaterra cuidara sin beneficio alguno a Sealand, a su hijo adoptivo, pero poco más. Incluso había tenido que dejar a un lado las reuniones diplomáticas con otros países, es decir, la debilitación de su presencia en el panorama internacional. Eso no le hacía nada de gracia, pero no le quedaba más remedio. En el informe oficial esa ausencia se justificaba como una "enfermedad de duración indeterminada", pero tampoco se había escrito mucho más acerca de ello. Menos mal.
- Su-san, sigo diciendo que no es buena idea. ¿No sería mejor que nos quedáramos en casa, tranquilamente, hasta que todo pase?
- ¿Y s' n' pas'? (¿Y si no pasa?)
- Bueno, gracias por ser tan pesimista, Su-san –Finlandia suspiró. Tampoco es que pudiera reprender mucho a Suecia por aquella pregunta, porque se la hacía a cada rato. Y le daba miedo la respuesta -.
- L' s'ent'. (Lo siento)
- No tienes que disculparte Su-san. Debo disculparme yo. Es que… después de lo que me ha ocurrido, estoy más nervioso de lo normal. Y tú eres quien menos tiene que pagar mi mal humor. Después de todo, me estás ayudando mucho en estos momentos tan extraños… -no pudo evitar sonrojarse un poco. Sin la ayuda incondicional de Suecia, a saber cómo se las habría apañado. No podía ni imaginárselo. Y se lo pagaba con mal humor y comentarios hirientes y llenos de enfado. Era muy cruel por su parte -. No sé cómo podré agradecértelo.
- Umm –Suecia se paró en seco, poniéndose justo delante de Finlandia. Este, que no se esperaba para nada aquella reacción, no pudo frenar a tiempo. Chocó contra el duro y esculpido cuerpo del ex – vikingo, sintiendo de nuevo un escalofrío, no por el clima, sino por el contacto. Pero no pudo alejarse, porque Suecia rápidamente, como si leyera la mente de su compañero, lo rodeó con sus brazos para evitar su huida. Y así permanecieron unos minutos -.
- S'l' qui'r' lo m'jor p'r' t' (Solo quiero lo mejor para ti) –decía Suecia en el oído de Finlandia, como si estuviera contando un gran secreto que nadie, aparte de ellos, podían saber. Finlandia no pudo evitar sentirse mal, porque ya definitivamente había una diferencia de trato muy significativa. No es que tratara mal a Suecia, pero no le devolvía todo el bien que le hacía. Y aunque el alto ex – vikingo lo hiciera sin necesidad de recibir nada a cambio, en el fondo esperaba alguna acción en agradecimiento -.
- Lo sé Su-san. No hace falta que me lo digas. Lo sé… -Finlandia hundió su rostro en el pecho de Suecia, más que nada para que no viera las dos lágrimas de rabia que nacían en sus ojos. Incluso apretaba los dientes. Solo esperaba que no se diera cuenta. Error. Suecia en cuestiones relacionadas con Finlandia tenía un sexto sentido, y sabía perfectamente lo que pensaba y lo que sentía su compañero -.
- N' n'c'sit' n'd' a camb'o, s'l' qu' est's a g'sto (No necesito nada a cambio, solo que estés a gusto) –decía Suecia para calmar a Finlandia. Y era cierto. Siempre que Finlandia estuviera feliz, él lo estaría. No era muy bueno mostrando sus sentimientos en sus facciones, pero cuando Finlandia lloraba o se enfadaba, Suecia en su interior se entristecía o se enfadaba también. Le afectaba más de lo que el finés pudiera llegar a imaginar -. P'r' vam's a vis't'r a D'nam'rc' y comp'ñ'a (Pero vamos a visitar a Dinamarca y compañía).
- Bueno… si crees que es lo mejor…
Finlandia seguía sin estar muy convencido de la idea, pero con lo cabezota que era Suecia, no tenía elección. Sonrió, de forma sincera, y asintió con la cabeza. Aquella sonrisa por unos segundos desarmó a Suecia. Da igual que Finlandia sea una mujer o un hombre… todo le sienta bien. Se decía a sí mismo. Remprendieron el camino. Ahora Finlandia, desde hace algunos días, había dejado a un lado todo lo relacionado con su extraño cambio, y se fijaba en Suecia. Hasta ese momento, no se había fijado bien en su compañero; algo que también la avergonzaba, después de todos los años que llevaban juntos, sin contar con el tiempo que habían vivido bajo el mismo techo. Después de sus pequeños problemas con respecto a sus relaciones sociales, y su aparente mal humor, Suecia no era para nada un mal tipo. Era amable, servicial, buen amigo, confidente… vamos, todo lo que puedes pedir a una buena persona en general. Y Finlandia a veces olvidaba eso. Y más en la situación por la que estaban pasando. Ahora que había cambiado de sexo, algo había cambiado en su interior; antes, sentía una vergüenza extrema porque los vieran juntos, porque Sealand los llamara padres o cosas por el estilo. Ahora, cuando salían a la calle, no ocurría lo mismo. Y cuando llegara Sealand, pues no podía quedarse eternamente en casa de Inglaterra, vería si le incomodaba o no que los llamara de nuevo padres. Algo bastante estúpido, porque en el fondo seguía siendo el mismo, lo único que había cambiado era su aspecto. Alomejor consideraba la apariencia como algo más importante, o le daba miedo admitir la verdad. ¡Vaya lío! Ojalá no hubiera hecho lo que fuera que desencadenó todo eso.
Tuvo que dejar de pensar en eso, pues ya se encontraban a solo unos pasos de la casa de Dinamarca. Sin detenerse, Finlandia tomó aire, como si fuera a bucear en una piscina olímpica. Su corazón latía con fuerza, parecía que iba a salir disparado de su pecho. Su respiración había empezado a acelerarse, y estaba a punto de llegar al colapso. Pero se mantuvo firme, serena en el exterior, más que nada para no preocupar a su compañero. Sería fuerte si estaba a su lado. Suecia le echó una última mirada, para asegurarse de que todo estaba en orden. Finlandia le volvió a sonreír, para calmarlo. Los ojos de Suecia, por unos breves instantes, brillaron de comprensión y ánimo. Jamás le diría unas palabras para animarlo, pues no entraba en su carácter ni comportamiento, y Finlandia ya lo veía como algo normal. Había desarrollado también una especie de sexto sentido para detectar los sentimientos escondidos de Suecia a través de movimientos muy sutiles y velados, cosas que solo él podía percibir. Y detectó ese brillo, que le dio los ánimos necesarios para afrontar todos los peligros y pruebas que vinieran en adelante.
- Creo que tenemos mucho de qué hablar –había empezado a decir Dinamarca, rompiendo aquel silencio tan incómodo que reinaba en el lugar. Obviamente, todos habían tomado como una especie de "broma pesada" lo que Suecia les había dicho por teléfono, pero ahora que lo veían con sus propios ojos y se aseguraron de que la muchacha allí presente era en realidad Finlandia. No podían salir de su asombro, algunos más que otros. Y Dinamarca era el que más sorprendido se encontraba. Sorprendido y… extrañado -. Fin, ¿cómo se siente tener pechos? –y una mirada llena de malicia se posó en los ojos violetas del finlandés, obligándolo a sonrojarse y a bajar la mirada un tanto avergonzado -.
- Solo a ti se te ocurre preguntar una cosa tan estúpida –dijo Noruega -.
- No sé, es que siempre he pensado que es como tener un peso extra – llevó sus manos a su pecho, y las movió como queriendo simular que tenía unas -, y además creo que hacen que las mujeres tengan la espalda encorvada, y…
- Ahora eres todo un experto en mujeres –replicó Noruega, con lo que pareció un pequeño atisbo de "sonrisa" -.
- Yo con tal de poder seguir bebiendo mi cantidad diaria de cerveza, me daría igual ser un hombre o una mujer. ¿No crees que sería una mujer deseable?
- No cambiarías en absoluto… -por un segundo los ojos de Dinamarca resplandecieron, porque pensaba que Noruega estaba a punto de decirle un piropo -. Serías igual de insoportable, y charlatán, y bebedor, y ruidoso.
- Noru, ¿es que nunca vas a decirme nada agradable? ¡Tienes que ser un poco menos frío! –e hizo ademán de rodear con su brazo el hombro de Noruega. Rápidamente, este lo esquivó con rapidez y, rodeado de un aura que haría temblar a cualquiera, lo agarró por el cuello de la camisa -.
- Que no se te vuelva a pasar por la cabeza hacer eso
- Vamos, Noru, no seas así. Somos familia, es normal hacer gestos de afecto, o de compañerismo.
- Tampoco me llames Noru -su voz era cada vez más suave, lo que denotaba que su enfado iba en aumento considerable -.
- ¿Por qué no? Jo, eres un soso. ¡Pero si suena genial! Noru, Noru, Noru, Noru
- ¡He dicho que me dejes de llamar así! –y otra nueva pelea entre Dinamarca y Noruega comenzaba, para no variar. Platos, vasos, comida… Todo iba por los aires -.
- Lo bueno de las reuniones de familia es que tienes comida con espectáculo –decía Islandia, mientras se llevaba algunos dulces a la boca, de los que se iban salvando de las manos de los otros dos -.
- Chicos… -Finlandia no sabía qué hacer, porque la conversación se había desviado un poco, por no decir una barbaridad. Había cambiado de sexo, y no tenían nada mejor que hacer que lanzarse comida e insultos, como cada vez que se reunían. Ese espíritu vikingo de lucha seguía fluyendo por su sangre. Cada vez estaba más irritado por el ruido, porque no le hacían caso, y encima Suecia no dejaba de mirarlo. ¿Por qué no hacía nada? Había sido idea suya el ir allí, aun sabiendo, tan bien como él, que la idea era más que mala, porque no se lo tomarían en serio. Ahí estaba la prueba de ello -.
Finalmente tuvieron que intervenir el propio Finlandia e Islandia, separando y calmando por separado a los dos países. No fue tarea fácil, porque aunque ya no se lanzaran comida, seguían lanzándose insultos el uno al otro. Tuvieron que emplear unos minutos considerables para que la situación fuera igual de apacible que al principio de la reunión. Todos sabían que en realidad no eran insultos ni chanzas ofensivas, que no era más que la diversión de Noruega por sacar de quicio a Dinamarca y viceversa, pero había que establecer un límite a dicha "diversión". Si estaban allí era por otro motivo. Volvieron a sentarse en la mesa, arrasada y llena de manchas.
- Menos mal que no es mi casa, porque si tuviera que limpiar todo esto… -comenzó a decir Islandia -.
- Islandia, por favor, no empieces ahora tú –casi lloró Finlandia, que había conseguido que todo se calmara -.
- Vamos, vamos, tenemos que preocuparnos ahora de nuestro querido Finlandia, o debería decir nuestra Finlandia –y dejó caer su brazo sobre su hombro -, ahora tenemos una mujer en la familia.
- N' hag's es' (no hagas eso) –con una mirada fría como el hielo, Suecia se había acercado hasta Finlandia, y con un rápido movimiento había quitado el brazo de Dinamarca -.
- Bueno, bueno, vale Sve, no tienes que ponerte así… -mientras se reía -.
- H'mos ven'do para v'r si alg'n' de vos'tr's sab' lo que l' ha pod'do pa'ar a Fin (Hemos venido para ver si alguno de vosotros sabe lo que le ha podido pasar a Fin) –Finlandia suspiró de alivio, porque al fin se hablaba del tema que los había llevado allí -.
- Como siempre, Sve va al grano –dijo Islandia -.
Ahora el silencio inundaba la sala. Se habían tomado como una especie de sueño que Finlandia se presentara como una mujer, pero después de aquel numerito que montaron se pusieron serios. Todos se quedaron mirándolo fijamente, hecho que provocó que Finlandia se sonrojara de nuevo. Aquel silencio era bastante pesado, y las miradas casi inquisitoriales, como si pretendieran ver algo que estaba escondido, o no se podía percibir con claridad. La tensión también iba en aumento.
- Bueno –dijo Noruega, rompiendo de esa forma el silencio -, primero creo que se debe preguntar una cosa, antes que nada. Si estás aquí es porque quieres averiguar por qué te has transformado y cambiarlo si se puede. ¿No es así?
- Sí
- ¿Y de verdad quieres cambiar?
- Pues… -ahora Finlandia dudaba. Se había hecho esa misma pregunta en sueños, en todos sus sueños desde el cambio. Y no había hallado respuesta alguna. ¿De verdad quería volver a su cuerpo anterior? Se mordió el labio, claro signo de duda y de confusión. También miedo, miedo a encontrar la respuesta. Porque quizá en el fondo ya la supiera, pero no quería decírselo a ella misma, mucho menos en voz alta -. Claro que quiero volver a mi cuerpo anterior. Si no, no estaría aquí. ¿Verdad Su-san?
- S' (Sí).
- Vamos a ver. Tenemos que centrarnos en el tema que os ha traído aquí, porque si no estaremos hablando horas y horas de lo mismo –Dinamarca, por una vez, ejercía sus dotes de mando entre la familia de Nórdicos -. ¿Alguno de nosotros sabe cómo hacer que Fin vuelva a su antiguo estado? Se admiten sugerencias y demás.
- Fácil. Cuando salga la sinceridad, todo volverá a la normalidad. Así funcionan estas cosas.
- ¿Cómo lo sabes? –los ojos de Finlandia brillaban por la promesa del arreglo. Y parecía bastante sencillo, si no fuera porque no entendía muy bien lo de "cuando salga la sinceridad". ¿Qué significaba? Noruega y sus acertijos extraños. Más misterio, qué bien -. ¿Y qué significa eso de sinceridad?
- No voy a responder algo que tú sabes –y fijó su mirada glacial en Finlandia, como dándole a entender que sabía perfectamente la respuesta. Y por eso no iba a responder -. Volver a la normalidad cuesta, y en este tipo de hechizos, lo que hay que pagar es simplemente sincerarse con uno mismo y los que te rodean. Por eso se emplean –luego dirigió su mirada a Suecia, para que también se diera por aludido -.
- ¿Entonces lo que le ha pasado a Finlandia ha sido a causa de un espíritu?
- Parece ser.
- Bueno, más o menos era lo que pensábamos, ¿no Su-san? –y el ojiazul asintió -. Lo que todavía no me ha quedado claro es el porqué de este cambio… –y se miró el cuerpo -.
- Eso da un poco igual, lo importante es que ya más o menos sabes cómo solucionar el problema –dijo Dinamarca con una jarra de cerveza en las manos. A saber de dónde la habría sacado -. Y no vas a tener una respuesta más clara por parte de Noru, es así de misterioso –y empezó a reírse -. Además, yo creo que Su-san es más feliz así… -aquellas últimas palabras las dijo en voz baja, más como un pensamiento interno que como una opinión en voz alta -.
La conversación siguió su curso, comentando otras cosas, volviéndose a pelear Noruega y Dinamarca, Islandia comiendo por todos… Y Suecia callado, más de lo acostumbrado. Sus ojos azules se quedaron clavados en Finlandia que, desde lo ocurrido, parecía estar cómodo entre gente. Lo bueno que tenía su familia es que lo apoyarían en todo, y una buena forma de ayudar a Finlandia en esos momentos es tratarlo como si nada hubiera pasado. Eso lo alegraba sobremanera, porque si Finlandia era feliz, él también lo era. Solo había una cosa que lo había dejado un tanto extrañado, y era la respuesta que había dado Noruega. ¿Qué podía significar eso? En cierta parte podía intuir lo que podría significar, pero tampoco lo entendía del todo. Y, lo más importante, ¿cómo podía Noruega saberlo sin apenas preguntar nada? Es posible que fuera una forma de actuar típica de algún espíritu, existía esa posibilidad, pero no podía evitar tener ciertas sospechas.
Y, ¿por qué transformarlo en mujer? ¿Tenía algún significado especial? A él le daba igual, seguía queriendo a Finlandia, siempre y cuando no cambiara su forma de ser. Pero claro, esa era su opinión. Opinión que jamás había compartido con Finlandia, no porque no tuviera confianza, sino porque no sabía cómo expresarlo. Era nefasto para esas cosas. Puede que Finlandia estuviera pasando por ese mal trago por su culpa, por no ser lo suficientemente sincero. Y en el fondo se sentía culpable, se odiaba a sí mismo por no ser capaz de decir las cosas. En cierto modo tenía envidia de Dinamarca, que era capaz de decir todo lo que pensaba sin tapujos, sin pensar, simplemente lo decía. Pero él no era así, sino todo lo contrario. Se llevó una mano a la cabeza, como si le doliera, porque se encontraba un poco mal consigo mismo. Finlandia, que a pesar de estar distraído con las conversaciones, no le pasaba inadvertido los movimientos de Suecia.
- Su-san, ¿te pasa algo? –los ojos de Finlandia denotaban preocupación -.
- N', nad'. (No, nada).
- Creo que te debo una disculpa –Suecia frunció el ceño, porque no entendía el porqué de esa frase. Había muchas cosas de ese día que no entendía -. Yo no quería venir, pero gracias a tu insistencia estamos aquí, y no me arrepiento de nada. Gracias.
- N' ti'n's que agr'dec'rm' n'd' (No tienes que agradecerme nada) -.
- Bueno, pero yo te lo agradezco igual –y sonrió. La primera sonrisa sincera que había visto Suecia desde la transformación. Gracias a esa sonrisa también él se sentía mejor.
Yo también te tengo que agradecer muchas cosas, Fin… Como por ejemplo estar siempre a mi lado a pesar de ser como soy… eso pensaba Suecia pero, para variar, no se atrevía a decir esas palabras en voz alta, quedaban de nuevo atrapadas en su mente. En cambio mostró una mirada fría, como si fuera a matar a alguien. Fin, que lo seguía observando, no pudo evitar sentir un escalofrío. ¿Por qué me mira de esa forma, si acabo de darle las gracias? Creo que nunca lo voy a entender… ¡Cuándo se pone así sí que da miedo! Pensaba Finlandia.
