Hace mucho tiempo que no escribo nada. Y ahora, más que nunca, necesito un lugar en el que poder desahogarme, y la única vía de escape que encuentro es a través de la escritura. No puedo hablar con nadie, porque me da mucha vergüenza admitir o decir ciertas cosas, y al menos escribiendo nadie puede juzgarme. Solo yo mismo -aunque reconozco que seré muchísimo más severo que cualquier otra persona-. Sé que tengo gente con la que podría ser sincero y que podrían ayudarme, en cierta forma, pero jamás llegarán a entender todo lo que estoy pasando. Y si no entienden mi problema, si no han estado donde estoy yo ahora mismo, sus consejos no me sirven de nada. Lo que me ha pasado me ha hecho replantearme muchísimas cosas, de las que apenas había reparado ni considerado. Y me da mucha rabia, porque de no ser así yo nunca me lo habría planteado. Creo que el destino me ha jugado una mala pasada.
Pero todo comienza con una duda básica: ¿por qué me he transformado? Es algo que no entiendo, con la vida más placentera y tranquila que llevaba… quizá un poco anclada en la rutina, pero agradable. No me puedo quejar de ella, no después de todo lo que he pasado. Agradezco que Dinamarca y los demás se comportaran como si nada hubiera ocurrido, como si la vida siguiera su rumbo habitual, porque me sentía cómodo estando entre ellos. No había preguntas incómodas, como mucho miradas de perplejidad por parte de Dinamarca porque todavía no podía creérselo –y a mí todavía me cuesta bastante hacerme a la idea -, y seguro que en el fondo Noruega e Islandia pensaban lo mismo, pero no lo dejaban aflorar en sus rostros. No saben el apoyo que me aportan con eso, con algo tan sencillo que ni ellos mismos se pueden hacer a la idea. Y debo decir que entre todos ellos, el que más me apoya es Su-san. Está todo el rato a mi lado –bueno, más aún de lo que ya estaba -, y me cuesta mucho convencerle de que se vaya de mi casa cuando cae la noche. A veces he llegado a pensar que se siente culpable por algo, porque de vez en cuando puedo percibir un rastro de culpabilidad y de tristeza en sus ojos. Intento sonsacarle algo, intento que sea sincero conmigo y que me cuente lo que le pesa en el corazón, pero no consigo nada. Y a veces es exasperante.
Esta transformación –lo llamaré así porque es la forma más correcta que tengo para expresarlo – ha hecho florecer con más fuerza algunos problemas que tenía ya con Su-san. Y he mencionado dos de ellos. El primero, que esté a mi lado todo el rato. ¿Acaso no cree que sea lo suficientemente maduro y responsable como para apañármelas solo? Hay veces que no entiendo ese comportamiento tan sobreprotector. Cuando éramos más jóvenes, cuando nuestras casas estaban salpicadas por el conflicto y los problemas, es comprensible que Su-san, como casa más poderosa que la mía, me ofreciera su protección –aunque yo siempre me he considerado lo suficientemente fuerte para encargarme de mis problemas -, pero la situación de ahora es distinta. Incluso no hace tanto tiempo, cuando me independicé de Rusia-san por diversos motivos, fui yo solo quien solucionó el problema. Costó mucho, después de aquello pasé por una muy mala época, pero me siento orgulloso de defender mi libertad con mis propias manos. Pero eso es algo que Su-san no entiende, y que por desgracia nunca va a entender. No lo hace con mala intención, pero me hace sentir inservible. Yo también sé cocinar, hacer la colada, u otro tipo de tareas domésticas. Y sé llevar mi casa. Con mi actual estado, todo esto se ha acrecentado, y ya casi no me deja hacer nada por mi cuenta. Es como una sombra, me sigue a todas partes. Y porque todavía no se le ha ocurrido decir que se muda aquí, pero creo que está al caer. Es el siguiente paso… ¡Qué miedo! ¿Cómo voy a decirle que no, cuándo me imagino su respuesta? Esa mirada glacial… me tiembla la mano de solo pensarlo e imaginarlo… Pero estando aquí día y noche -me aterra más la idea de que esté aquí cuando caiga el sol -, no hará más que empeorar las cosas. Estaría sentada todo el día en el sofá, sin saber qué hacer porque a cada movimiento que haga Su-san se acercará para ver si necesito algo o si tengo algún problema. ¡¿Por qué no entiende que ya soy lo suficientemente mayor para vivir solo?! A veces me da la sensación de que esa independencia de la que a veces tanto presumo y que me costó conseguir no existe, es fruto de mi imaginación. Me volveré loco...
Y luego está el problema de la confianza, aunque existe desde que nos conocemos. No sé por qué, pero puedo darme cuenta con más facilidad cuando Su-san se encuentra triste, alegre o de cualquier humor. Cuando está triste, es cuando peor lo paso, porque intento por todos los medios alegrarlo. Porque cuando él está triste, yo también lo estoy, me siento mal porque creo que es culpa mía –aunque no sé muy bien por qué -. Además a pesar de todo, estoy a gusto a su lado, sé que va a estar ahí para todo lo que necesite… y yo también estaré a su lado para lo que sea. El tiempo nos ha hecho fuertes, sobre todo a mí, porque Su-san siempre lo fue. Yo siempre he querido ser como él en ese aspecto, porque nunca necesitó a nadie que lo protegiera… en cambio yo soy muy diferente, aunque debo decir que a excepción de algunos momentos, mi casa siempre ha estado en calma. La naturaleza siempre ha sido mi compañera, disfruto más que ningún otro con ella, y la nieve para mí no es fría, sino cálida y agradable. Hay gente que no entiende eso, pero yo disfruto pasando las frías tardes en la sauna y tomando alguna bebida caliente después. ¿Qué hay mejor que eso? Sinceramente, nada.
Ayer intenté decirle todas estas cosas a Su-san, pero no salía palabra alguna de mis labios. Me quedé totalmente en blanco. ¡Qué rabia me dio! Yo que hasta había practicado en el espejo, que mientras me acercaba a Su-san me repetía lo que debía decir, cómo tenía que empezar… pero cuando estaba cara a cara, cuando esos ojos azules tan claros se quedaron clavados en los míos, el alma literalmente cayó a mis pies. Empecé a temblar, todo lo que había practicado había desaparecido literalmente de mi mente, que estaba en blanco, y no pude hacer nada. De forma mecánica, nerviosa, enredaba uno de mis ahora largos cabellos en mis dedos, algo que Su-san no pasó por alto. Directamente llevó la palma de su mano derecha a mi frente, mientras me preguntaba si estaba enfermo o algo. ¡Enfermo! ¡Seguro que mi cara debió de ser un poema! Estaría pálido, demacrado, y si encima no sabía articular palabra alguna es normal que Su-san se preocupara por mí. Ahí fue el momento en el que bajé de nuevo a la realidad, pero ya era demasiado tarde. Lo único que fui capaz de decir fue que me encontraba bien, que quizá estaba un poco cansado… ¡Ahora que lo recuerdo, no puedo evitar sonrojarme! ¡Qué estúpido he sido! Seguro que mi cara se sonrojó también en aquel momento. Tenía la ocasión de contar todo lo que oprime mi interior, pero no lo hice… de verdad que me daría de cabezazos en la pared, por la oportunidad que he perdido. ¡Soy simplemente estúpido!
Y para colmo sigo dándole vueltas a la extraña frase que Noruega nos dijo… ¿qué quería decir con eso? Yo la verdad es que no lo entiendo. Pero curiosamente Su-san cambió sus facciones durante unos segundos; no fue mucho tiempo, pero al conocerlo tan bien sé lo que piensa en ocasiones, o al menos cuando algo pasa por su mente, por muy fugaz que sea dicho pensamiento. Y podría asegurar que él ha entendido el doble sentido de esa frase, más bien parecía que Noruega se estaba dirigiendo directamente a Su-san, y no a mí, que es el que está más interesado en cambiar al estado anterior. Que salga la sinceridad… ¿qué tenía que decir exactamente? No puedo ser sincero con Su-san, no puedo porque por una parte me da miedo su persona –no me he acostumbrado a su mirada, no me cansaré de escribirlo o decirlo -, y por otro lado… tengo miedo de lo que pueda decirme. No tengo claro mis sentimientos. Para mí Su-san es una persona muy especial, es la persona que sé que siempre va a estar a mi lado para cualquier cosa, que me apoya y que me protege para lo que sea; pero, después de todo lo que hemos pasado juntos, ya sean guerras, como el periodo que compartimos casa y otras cosas, ahora debemos ser independientes, cada uno debe de hacer su propio camino. Por desgracia las cosas deben ser así, porque si no todo lo que he luchado para que mi casa sea independiente no serviría para nada. A veces el deber prevalece sobre lo que uno sienta, y no puedo echarme atrás. Debo seguir mi camino solo, apoyándome en Dinamarca, Noruega, Islandia y… y Su-san, pero nada más. Y yo siempre he sido una carga para él. En otro tiempo, yo no podía defenderme por mi cuenta, y Su-san cargó con todos los problemas, y con todas las guerras. Yo estaba a su lado, lo apoyaba, pero él era quien se encargaba de todo. Éramos, y todavía somos muy diferentes... Y justo cuando consigo arreglármelas solo, contento y orgulloso porque Su-san me viera dirigir mi casa por mi cuenta, llegó Rusia-san. Y conseguí recuperar mi libertad, pero Su-san me apoyó desde el anonimato, para no empeorar las cosas. En resumen: todo lo que ha tenido que sufrir a sido principalmente por mi culpa, por mi debilidad, y eso seguramente habrá hecho que me vea como un simple amigo al que hay que ayudar todo el rato, porque es inútil. ¿Cómo puedo esperar a que me... aprecie cuando he sido una carga?
Porque siempre me he preguntado lo mismo, y hasta casi lo escribo unas líneas más arriba. ¿Qué siento por Su-san? Yo creo que es simple amistad, una amistad fuerte debido a todo lo que hemos pasado juntos, pero ahora mismo esa idea comienza a flaquear. A veces, cuando estoy a su lado, me siento extraño; no puedo mirarlo a los ojos, no por miedo, sino porque su mirada hace que tenga una opresión en el pecho; luego, cuando alguna vez me abraza porque parece que me encuentro mal o decaído, le aparto rápidamente con los brazos, porque su contacto me hace sonrojar y siento un calor en mi interior que si antes lo había sentido, ahora se incrementaba considerablemente. No puedo pensar en él sin tener esos mismos sentimientos que he descrito, y la verdad es que en el fondo me siento fatal. He perdido apetito, parece que estoy enfermo, pero no lo estoy. Entonces, ¿qué me pasa? Y no puedo ser sincero con nadie… bueno, debería ser sincero con Su-san, pero si no sé cómo decirle lo que me molesta de él, ¿cómo voy a decirle eso? Es imposible, lo veo como un obstáculo impenetrable. Me tiraría de los pelos, pero no serviría de nada, como mucho sería una pequeña salida a todo lo que tengo acumulado en mi interior. ¿Por qué las cosas son tan complicadas?
Y junto a todos estos problemas sentimentales, se encuentran los propios problemas de mi nuevo cuerpo. Tener que peinarme y recogerme el pelo, llevar ropa más estilizada para las caderas, la ropa interior –es lo que peor llevo, me da vergüenza mi propio cuerpo e incluso en ocasiones me cambio con los ojos entrecerrados-, o tener la sensación de que la gente me mira más de lo normal. Y si a mí me incomoda, a Su-san… digamos que debe de sentarle más que mal, porque no para de lanzar miradas asesinas a cada persona que se acerca a mí. He de escribir, en honor a la verdad, que es de agradecer para ciertas personas, aunque no para todas. Pero Su-san eso no lo entiende… Y otra de las cosas que más temo, el tener que presentarme así en la próxima reunión que hay programada. ¡Aparecer con estas pintas, cambiado de sexo, delante de todos! ¡Es una pesadilla! Me he planteado el no asistir, esperar a la siguiente, porque al final siempre acaban discutiendo los de siempre y no se hace o soluciona nada. Pero basta que no vaya para que se lleve a cabo una decisión de relevancia. No puedo permitirme el faltar. He pensado una excusa: puedo decir que estoy enfermo, y que envío a un "suplente" para que no haya ningún problema. Puede que eso sea lo mejor, pero todavía no lo he decidido. No creo que haya ningún problema por parte de Su-san, es bueno guardando secretos –más que nada porque no habla con nadie excepto conmigo o con pocos más -. El problema viene de parte de Dinamarca o de los demás, porque es posible que se les escape algo. No es que sea muy probable, pero es una posibilidad a tener en cuenta. Tendré que llamarlos y explicarles mi plan, y que por favor lo sigan. Supongo que no pondrán ninguna pega, puesto que solo tienen que decir que estoy enfermo y ya está –y si se piensa un poco, no es una auténtica mentira -.
Y luego se encuentra Sea-kun… ¿Cómo va a reaccionar cuándo me vea así? Tengo que pensar también cómo explicárselo. ¿Podrá entenderlo un niño? Yo no estoy tan seguro. Aunque, la verdad, puede que no le cueste tanto, porque me suele llamar "mamá". ¡No me gusta nada que me llame así! Más que nada, porque no somos una pareja, aunque parezcamos una familia .Sea-kun es un niño adorable, quizá un poco obsesionado con los dibujos de Japón o la comida de Su-san, pero lo quiero casi como a un hijo. Es una alegría tenerlo en casa, hasta consigue arrancar alguna que otra sonrisa al mismísimo Su-san. Seguro que ya sospecha algo, porque Su-san pidió a Inglaterra que cuidara de Sea-kun durante unos días –desde mi transformación -, y es la primera vez que lo dejamos tanto tiempo seguido en la casa de Inglaterra. Cuando llama solo contesta Su-san, y cuando pregunta por mí pongo la excusa de que tengo la garganta irritada y no puedo hablar. Por muy niño que sea, tiene que pensar que algo raro está pasando. Solo espero que no se acostumbre, porque será temporal.
Bueno, creo que debo de dejar de escribir ya, en el poco tiempo que tengo solo para mí. Su-san llegará en cualquier momento, y lo que menos querría es que encontrara esto y lo leyera. Ahí sí que me moriría de vergüenza, más aún que aquella vez en la que intenté ser sincero y no pude articular palabra. Seguiré escribiendo sobre todo lo que me está pasando, sobre todo lo que creo que nunca seré capaz de decir, porque tendría que reunir una valentía que jamás podré reunir, a no ser que alguien me dé un empujón -y bien grande en mi opinión -. Pido a quien sea que me haya hecho esto que lo arregle cuanto antes, porque si la situación ya es de por sí incómoda y cómica, puede ir degenerándose al paso de los días. No sé ni cómo he aguantado tanto. Pero bueno... eso ya lo dejo para otra entrada en este cuaderno. No creo que escriba en un par de días, o algo más, porque tengo que tener tiempo libre y tener el cuerpo y el alma relajados para disfrutar del placer de la escritura. Como todo, depende del transcurso de los acontecimientos. Estoy oyendo la puerta; debe de ser Su-san. Ya sí que tengo que dejar de escribir.
