-Estaba muy buena la comida, ¿verdad Su-san? -dijo Finlandia con una sonrisa en sus labios-. Pensaba que la comida del hotel iba a ser muy mala, pero me ha sorprendido gratamente.
-Uhm -dijo como única respuesta Suecia-.
-Vaya, Su-san, al menos podías decir algo como, es cierto estaba bueno, o algo parecido. Así no das conversación a la gente. Normal que no quieran hablar contigo en las reuniones... -Suecia había cambiado la cara totalmente, esa mirada que congelaba en segundos, esos ojos que hacían que Finlandia tuviera un escalofrío que recorriera toda su espalda-. Pero bueno, tampoco es un tema del que debamos hablar, ¿verdad? No es importante. Ja, ja, ja, ¡qué ocurrencias tengo! -la mirada de su compañero seguía igual de severa que hace unos segundos. Su intensidad no bajaba en lo más mínimo-. Esto... podríamos ir a dar una vuelta... debemos aprovechar el día, ya que nuestro vuelo no sale hasta mañana por la mañana temprano...
-M' f'lt' alg' (Me falta algo) -y dicho eso, llamó a un camarero-. L's p'str's (Los postres) -Finlandia no podía dejar de mostrar asombro por la reacción de Suecia. Así que no estaba enfadado por lo que había dicho, sino que estaba cavilando sobre el postre que iba a pedir... no me estaba escuchando en absoluto-.
-Me parece muy bien que no me escuches Su-san, pero al menos podías fingir que me estás oyendo. No sé, mostrar un poco de consideración. ¿Y si te estoy diciendo algo muy importante?
-P'r' no 'ra 's' (Pero no era así) -mientras contestaba, el camarero llegó con la carta de los postres. Un hombre muy simpático, que no hacía más que sonreírnos. A saber qué le parecía tan gracioso-.
-Bueno, eso es tu opinión. Yo quiero que me escuches. Me da igual que no lo consideres importante.
-¿T' ap't'ce 'lg' de ch'col't'? (¿Te apetece algo de chocolate?)
-Mira, haz lo que quieras.
-¿Qué quieren los señores? -dijo el amable camarero, mientras Suecia le tendía la carta y le pedía un trozo de tarta de chocolate-. Muy bien. ¿Pero solo uno?
-S' (Sí)
-¿No quiere otro la señorita? Seguro que su novio la invita y, si no es así, lo haremos nosotros. -Tras decir la palabra novios, Finlandia se puso colorado. ¿Cómo que novios? ¿Acaso lo parecemos? Empezaba a ponerse nerviosa, y no sabía dónde esconderse -.
-Eh... es que no somos... quiero decir... solo somos compañeros... -pero tampoco tuvo tiempo el camarero de escucharla. Nada más terminar la frase, Suecia le había mandado tal amenazadora mirada, que salió escopetado hacia la cocina; sabía perfectamente que no querían más postres, ni que ese chico aceptaba la más mínima broma-.
Llegó el ansiado postre, una tarta de chocolate negro y blanco, cubierto de ese preciado dulce caliente, y decorado con unas hojas de menta. Suecia acercó la cucharita a Finlandia para que pudiera probarla él primero. Ella cogió el instrumento, mientras seguía pensando en lo que el camarero les había dicho. ¡Qué vergüenza! Seguro que todos los demás países también habían pensado eso, cosa que la hizo ponerse más nervioso aún. ¿Por qué me pongo nervioso? ¡Si es una tontería! Empezó a reírse de forma involuntaria, como si la hubieran contado un chiste gracioso. Mejor era olvidar ese incidente, porque tampoco tenía mucha importancia. Probó la tarta.
-¡Qué buena está! -exclamó con los ojos abiertos y brillantes, el mismo gesto que adquiría su rostro cada vez que algo la encantaba-. Pruébala tú también, Su-san, que has sido tú el que la has pedido -y le tendió la cucharilla. Mientras este probaba el dulce, ella siguió hablando-. No está tan rico como las que tú haces, pero es más que aceptable. Ay... ¡estaría todos los días comiendo tartas y bombones" ¿Por qué me gustará tanto el chocolate?
-H'r' m's cu'nd' 'st'mos 'n c's' (Haré más cuando estemos en casa)
-Eeeeeh... -y suspiró-, ¿quieres que engorde? Jo, Su-san, no haces más que alimentarme. Si sigues así voy a estar como cuando vivía contigo... esos tiempos... -y no pudo evitar volver a sonrojarse. Aquella época en la que convivía con Su-san. Una existencia bastante monótona, pero perfecta. Perfecta... ¿en qué sentido? ¿Lo echaba de menos? ¿Lo añoraba? A veces sí, pero no podía aceptarlo. Y no alcanzaba a entender el motivo-.
-¿ 's' 's m'l'? (¿Eso es malo?) -preguntó Su-san mientras acercaba un trozo de tarta a Finlandia, cortando de esa manera sus pensamientos-.
-Bueno... sí y no. Es complicado. A veces nos gusta mirarnos al espejo y sentir que somos bellos. Y, si tenemos unos "kilitos de más", no nos vemos tan bien como antes. Solo es eso -y que creo que no me verás igual, pero eso no podía expresarlo con palabras. Era en esos momentos donde entendía a Suecia, pues a él le costaba mucho más expresarse-.
-T' s'mr' s'r's b'll' p'r' m', T'n' (Tú siempre serás bello para mí, Tino)
-¡Camarero, la cuenta cuando pueda! -ya solo quería salir de ese sitio. ¿Por qué Suecia se estaba comportando de esa forma? ¿La tarta tenía algo? ¿El chocolate había hecho algún efecto inesperado? Todo era tan desconcertante... Su cuerpo estaba cambiando a ojos vista, sentía cómo las hormonas trabajaban, le hacían sentir feliz y enfadado en cinco segundos, sin razón aparente. ¿Cómo las mujeres podían aguantar algo así todos los días de sus vidas?-.
Salieron del restaurante. Ya era de noche, y las calles estaban iluminadas con débiles farolas; un precioso espectáculo de luces y sombras. Hacía un poco de frío, pero no excesivo. Caminaban con paso rápido por la calle, escuchando el propio ruido que hacían sus pasos. Silencio, roto por algún conductor despistado o grupo de jóvenes juerguistas. Finlandia no sabía qué decir, y como su compañero no era dado a la conversación, andaban en una situación algo incómoda. Tino esperaba que, cuando llegaran al hotel, tuviera un poco más de intimidad. No es que le desagradara la compañía de Suecia, solo es que a veces era demasiado pesado, como un eterno guardián de piedra que estaba a sus espaldas, y no le dejaba tiempo para disfrutar de la soledad. Quizá ese era el gran fallo de Suecia. Cuando estaban juntos en casa de Dinamarca, no podía hacer casi nada: luchar lo justo, las tareas del hogar las menos posibles, de la comida ni hablar... se sentía como una persona que no valía para nada. Inservible. Como cuando venía de visita a su hogar, pues se empeñaba en hacerlo todo. Por mucho que Finlandia insistiese. Mira que llega a ser cabezota. Aunque no lo hace con mala intención, tiene que aprender que puedo valerme por mí mismo. No pudo evitar sonreír ante ese pensamiento. A pesar de todo, apreciaba a Su-san.
-¿Q' p's'? (¿Qué pasa?) -Suecia se había quedando mirando fijamente, de nuevo, a Finlandia. Había observado su sonrisa, y se preguntaba el por qué de la misma. Ojalá pudiera también sonreír, porque cada vez que estoy con él soy feliz y me gustaría demostrarlo. Pero no puedo-.
-Oh, nada. Solo estaba pensando en Sea-kun. Espero que esté bien en casa -mintió Finlandia-.
-S'g'r', 's 'n b'n ch'c' (Seguro, es un buen chico)
-Ya, eso es cierto.
-Y t'n' 'n b'n p'dr' (Y tiene un buen padre)
-Su-san... ¿cómo no está Sea-kun tienes que ocupar su lugar? -empezó a reír, pues la situación era cómica-. Ya sé de dónde ha sacado esa frase, bien guardado lo tenías.
Pero creo que eres un buen padre, que somos una familia de verdad. Eso pensaba Suecia, pero no se atrevía a decirlo en voz alta.
Salieron del hotel, y Finlandia no pudo evitar estirar los brazos, como si quisiera abrazar los rayos de esa maravillosa tarde. Quería dar una vuelta por la ciudad. Nunca antes había estado en París, y quería aprovechar el tiempo. Siempre había leído en las revistas que era una ciudad preciosa, llena de encanto y glamour, cosa que no le sorprendía en absoluto. No si lo comparaba con Francia. De tal palo, tal astilla pensaba.
-Eh, Su-san, ¿te apetece ir a la Torre Eiffel? ¡Seguro que hay unas vistas maravillosas desde arriba! Menos mal que me he traído la cámara. ¡Vamos, que se nos agota el tiempo! -tomó de la mano a Suecia para animarle a moverse. Nada más unirse sus manos, sintió una especie de calambre y la soltó enseguida, asustado. ¿Qué había pasado? Se notaba extraño, agradable y desconcertante al mismo tiempo. Suecia se dio cuenta, y rápidamente imitó el gesto espontáneo de Finlandia. Se quedaron así unos segundos, quietos, mirándose el uno al otro. Berwald iba a decir algo, pero no podía... ¿no se le presentaba la mejor de las oportunidades? ¿Decir que le amaba? La impotencia hizo que apretara más la mano, hasta que Finlandia expresó en su rostro una mueca de desagrado. Soltó su mano, y dirigió su mirada gélida al suelo, frustrado por su incapacidad para esas cosas.
Pero Finlandia estaba lleno de energía y de felicidad, y sabía que su compañero estaba pasando por un mal momento. No hablaba, pero sabía interpretar sus miradas. A todos les parecía que estaba algo loco, pero estaban equivocados. Volvió a tomar la mano de Suecia, dejando a un lado ese sentimiento que llamaba a su corazón, y tiró de él. Parecía una niña pequeña que animaba a sus padres a montar en alguna atracción. Suecia pensaba que en muchas ocasiones Finlandia se comportaba de esa manera, era parte de su encanto, pero no era un inmaduro. Sabía amoldarse a cada una de las situaciones: de ser preciso, podía ser la persona más responsable y seria del mundo. Ese carácter tan alegre, vivo, enérgico, era lo que más le gustaba. Era el único que podía hacerle sonreír -o al menos crear ese sentimiento en el sueco-.
Tras un trayecto un poco largo, llegaron al monumento más famoso de Francia. Finlandia alzó la cabeza hasta que no pudo doblar más el cuello, con la boca abierta, maravillado por la altura de la Torre. Jamás se lo podría haber imaginado, por muchas fotos que hubiera visto. Por petición de Finlandia, subieron hasta la planta de arriba, para ver la ciudad que se extendía a los pies del edificio. El pelo de su compañero se mecía al compás del tiempo, le dejó extasiado. Veía cómo Finlandia movía los labios, pero no estaba escuchando. ¿Por qué su amor no era correspondido? Estaba claro cuáles eran sus sentimientos, pero los de Finlandia eran bastante más confusos. Ojalá hubiera tenido el valor suficiente para preguntarle por ellos. De todas formas, era mejor que prestara atención a sus palabras, no fuera que se enfadara como en el restaurante.
-[...] París será muy hermosa, pero creo que nuestra casa es mucho mejor. No hay tanta naturaleza, la echo de menos. ¿Y tú?
-Uhm
-Peeeeero -dijo mientras sacaba la cámara de uno de sus bolsillos- ya que estamos, hay que inmortalizar este momento. Disculpe -se acercó al primero que pasaba a su lado-, ¿podrías hacernos una foto?
-Por supuesto.
-Venga Su-san, ¡y no te olvides de sonreír! -se puso a su lado, acomodándose el pelo, alborotado por la brisa, para salir bien en la foto. Se dio cuenta de lo alto que era Suecia en comparación, y lo protegido que se sentía a su lado. Sacudió la cabeza, para alejar esos pensamientos. No podía pensar en eso... era su amigo-.
Tras agradecer a ese turista que les hicieran la foto, se la enseñó a Suecia para ver si le gustaba. Cuando llegaran a casa, la enmarcaría en una foto, para recordar este "incidente" con humor. La verdad que Finlandia se lo tomaba muy bien, pero cada vez se sentía más extraño. Sentía que estaba cambiando, que pensaba en otras cosas y que su cuerpo se estaba adaptando cada vez más a su nueva realidad. Digamos que... pensaba como una chica, si eso existía en realidad. No se había acostumbrado a los pechos, pues los sentía como una molestia y algo totalmente innecesario. No entendía cómo las mujeres podían vivir de esa manera. Además... no estaba a gusto en ocasiones cuando paseaba por la calle, pues muchos se giraban para observarle y, algunos de ellos, de forma poco agradable. Vamos, lasciva. Y eso era más que incómodo. Pero con Su-san a su lado, como cuando eran pequeños y luchaban por su supervivencia, lo protegía en todo momento. Y sabía que nunca lo abandonaría.
Más tarde marcharon a una cafetería para tomar algo acompañado por un dulce, como un cruasán o algo típico de Francia, en una calle bonita y coqueta -como casi todas las del centro-. Ya empezaba a anochecer, y Suecia dejó caer la idea de que era hora de volver al hotel. Finlandia se resistió un poco, no quería dejar de visitar cosas, pero sabía que ya era hora de volver. Estaban pasando por una floristería cercana, donde había uno de esos artistas callejeros, que tocaba el violín con una maestría digna de Mozart. Finlandia pidió a Suecia que, por favor, se quedaran un poco para escuchar al músico.
-Y la última canción se la dedico a la bella mademoiselle del fondo -y señaló a Finlandia. Se puso como un tomate, porque todo el mundo se había girado para verle-. Espero que la disfrutes.
Tocó una pieza muy hermosa, se notaba que era un músico profesional. Al terminar la composición, la gente que rodeaba al violinista se dispersó. Este se acercó a Finlandia y Suecia para despedirse de ellos; tomó una rosa de una planta cercana y se la regaló a Tino, colocándosela en el pelo, como si fuera un accesorio más. Y se marchó.
-Vaya... cómo son los franceses, ¿eh Su-san? Son todos demasiado mujeriegos.
-Uhm -ojalá yo pudiera hacer eso-.
-Bueno, por todo lo que hemos hecho, nos merecemos un descanso en el hotel. Una cama blandita, una almohada mullida, una habitación para cada uno...
Cuán equivocado estaba Finlandia.
Al llegar al hotel, se acercaron a la recepción para pedir sus respectivas llaves de habitación; qué sorpresa, pues les entregaron una sola para ambos. Tenían que compartir habitación.
-Disculpen las molestias, pero no damos a basto con los huéspedes. Hemos tenido que reajustar las habitaciones, y no hay más remedio -dijo el recepcionista con la mejor de sus sonrisas. Dio la llave a Suecia, y este se dirigía ya al ascensor, sin rechistar lo más mínimo por la decisión. Es más, en su fuero interno estaba más que contento. Pero no lo demostraba-. De todas maneras, nos han comunicado que no íbais a tener problemas, por eso os hemos juntado en una habitación.
-Ahora te alcanzo Su-san, tengo que preguntarle una cosa a este chico -el sueco asintió sin mediar palabra-. Verá... es que no podemos dormir juntos. Querría mi propia habitación. Necesito un lugar donde pueda estar yo sola, aunque sea una sola noche... tiempo para mí, ¿me entiende?
-La entiendo, pero es imposible señorita. No hay habitaciones disponibles. Si le desagrada su compañero, podemos darle otro.
-¡Y dale con el novio! ¿Acaso la gente no entiende que un chico y una chica se pueden llevar solo bien? -aquellas frases las dijo casi a viva voz, de lo enfadado que estaba. Qué pesados estaban todos con eso. La situación iba empeorando. Ya no es solo que insinuaran que eran novios, no, sino que encima pensaban que se habían acostado. ¡Acostado! ¡Qué vergüenza! Con rapidez inaudita, alcanzó a Suecia, que lo esperaba en el ascensor, rojo como un tomate. No dejó ni siquiera que su compañero preguntara, porque dio al botón y explicó que se encontraba en perfectas condiciones-.
Tuvo una inmensa suerte, ya que las camas eran individuales. Dentro de lo malo, había sido afortunado. Estaba bastante cansado, pero como no podía ir a la sauna para relajarse antes de dormir, optó por un baño. Abrió su maleta, buscó las cosas de aseo, además del pijama y de las zapatillas de andar por casa. Al menos, cambiarme en un lugar donde Su-san no pueda verme... porque ya lo que me faltaba.
-Su-san, me gustaría darme un baño. No te importa, ¿no? -el sueco negó con la cabeza-. Bien. Si quieres te dejo todo preparado para que tú también tomes un baño relajante. Nos lo merecemos, ¿no crees? -y le dedicó una de sus sonrisas-.
Mientras Finlandia se encontraba en el cuarto de baño, Suecia se sentó en la cama para reflexionar sobre todo lo que estaba pasando. Tino ahora era una chica, bastante agradable a la vista, que no había perdido un ápice de su personalidad. Él seguía sintiendo lo mismo, le daba igual el sexo, porque Tino era Tino a fin de cuentas. Pero, ¿y él? Daba la sensación de que se sentía más agusto con ese físico, daba la impresión de que no le importaba que fueran juntos, que la gente los viera así... como pareja. Cosa que a Suecia le preocupaba bastante. Finlandia volvería a su forma original tarde o temprano -no se sabía cuándo ni por qué-, pero eso era inevitable. ¿Volvería de nuevo a sentirse incómodo ante su presencia, rechazando su compañía por la vergüenza que pudiera provocarle? ¿Acaso, siendo chico, no se sentía atraído por él? Eso era un GRAN problema. De todas formas, ya tendrían tiempo para averiguarlo.
Empezó a quitarse la chaqueta y la camisa para estar más cómodo, y buscó en su maleta el pijama. Estaba algo agotado por las emociones y las reuniones. Lo mejor era dormir y esperar lo que deparara el mañana. Mientras estaba rebuscando entre sus cosas, salió Finlandia del cuarto. Oyó el sonido de la puerta al abrirse, pero no le dio mucha importancia. Finlandia, por el contrario, se quedó boquiabierta y clavada en el sitio. Nunca antes se había fijado en el cuerpo de su compañero: musculoso, bien definido. No pudo sonrojarse de nuevo. Ella en pijama, con el pelo un poco húmedo, los dos solos en una habitación... ¿en qué demonios estás pensando? ¡Vamos Finlandia! ¡Despierta! Y se dio unas palmadas en las mejillas. Deja de pensar en esas cosas, ¡tú no eres de esos! Además es Su-san... tu amigo. ¿De verdad que era su amigo, o algo más? Ay, la cabeza le iba a estallar. Demasiadas emociones en un solo día. Justo en ese momento, Suecia se dio la vuelta. Por su cabeza pasaron los mismos pensamientos, pero él no se sonrojaba. Tenía que tener mucho cuidado con eso, porque se le podía "notar" su excitación. Bien es cierto que siempre que veía a Tino un sentimiento parecido afloraba en su cuerpo, pero la situación empeoraba las cosas.
-Si quieres el baño ya está libre. No es como una sauna, pero de algo puede servirte... -tenía que romper ese incómodo silencio como fuera posible-.
-N', y' m' v'y ' c'm' (No, ya me voy a la cama).
-De acuerdo, como quieras. Habrá que poner el despertador muy pronto, yo calculo que a las siete estará bien, porque el vuelo lo tenemos a las once. Entre que desayunamos, nos vestimos, guardamos todo... -no pudo acabar la frase, porque Suecia se estaba quitando los pantalones. Delante de ella-. P-pero ¡qué haces!
-C'mb'rm' (Cambiarme)
-Ya sé que te estás cambiando, pero ¡no lo hagas estando yo delante!
-¿P'r q' n'? (¿Por qué no?)
-Pues... porque eso no se hace delante de una señorita. ¿No te han enseñado modales?
-P'r' t' s'g's s'nd' T'n' (Pero tú sigues siendo Tino)
-Me da igual. Me da vergüenza y punto. Por favor, cámbiate en el baño...
-V'l' (Vale)
Tras ese pequeño incidente, Suecia se puso el pijama en una habitación diferente. Cuando ya estaba listo, salió del baño, dejó la ropa cuidadosamente doblada en la maleta, y se metió en la cama. No mostraba ninguna emoción en su rostro, pero estaba algo enfadado por lo que acababa de pasar. Habían dormido juntos en muchas ocasiones, y se habían cambiado juntos innumerables veces... ¿qué había de distinto ahora? Paciencia, paciencia. Finlandia ya estaba acostada, pensando en sus cosas. Respondió de forma automática cuando Suecia le preguntó si podía apagar la luz. Estaba sumido en sus más profundos pensamientos. No podía dejar de darle vueltas a la misma frase: Pero tú sigues siendo Tino.
¿Era eso verdad?
