Comienza la caza
- ¡No hace falta que empujes, teneis de caballero lo mismo que un oso!- se oía vociferar a un hombre, por el pasillo a mi despacho. Aunque inmediátamente después se escuchó como si le patearan las tripas.
- Parece que hay viene tu hombre- comentó Naruto, mientras se colocaba recargado en una de las paredes de la sala.
- Hmp.
Segundos después irrumpía el soldado con un preso bastante ruidoso.
Se trataba de un chico que rondaría los veinte años, por lo que descolocaba su cabello grisaceo descuidado. Sin embargo, lo que más llamaba la atención de él eran esos ojos violáceos y los dientes aserrados que mostró en una sonrisa al verme.
- Parece que después de todo si os interesa llegar a un trato conmigo- mencionó divertido.
Genial, me había tocado un graciosillo…
- Soy el general Sasuke Uchiha y me han contado que podeis conducirnos hasta "la Furia del mar"- fui directo al grano.
- Sí, a cambio de mi libertad. No os olvideis de ese detalle- anotó el chico.
- Atrapar a ese pirata es nuestra prioridad, obtendrás lo que deseas- acepté.
- Lo quiero por escrito "señor"- se apresuró a añadir.
Le miré con mala cara. Yo tenía honor no iba a faltar a mi palabra, al contrario que ese intento de hombre y todos los de su calaña.
- Antes tienes que demostrarnos que tu información es fidedigna, no voy a cruzar medio océano ni dejar libre a una rata como tú, sin estar seguro de eso.
- Pues no puedo hacer nada para convenceros, señor- comentó el pirata, siendo reprendido con un golpe en la espalda de parte del soldado, que lo llevo a caer al suelo de rodillas.
- ¡Diras lo que el general te pida, gusano!
- Basta- intervino Naruto, convocando todas las miradas sobre su persona.- Si que hay una manera de que todos quedeis satisfechos- añadió para guardar silencio.
Como le gustaba a ese dobe ser el centro de atención…
- ¿Vas a soltarlo ya o quieres que traigamos a alguien más para que te observe?- inquirí, de mal humor.
El rubio se comenzó a reír.
- No, lo siento, pero es que había un ambiente tan tenso…- contestó mientras se rascaba la nuca con una sonrisa atontada en la cara.
- ¡Naruto!
- ¡Sí!- exclamó volviendo a mostrar seriedad y al asunto.- Vereis, todo se solucionaría si Hozinki nos llevara personalmente hasta ese pirata, para ser inmediátamente puesto en libertad después. Aunque se lo debes dar por escrito, Sasuke- explicó ese maldito chico trebol de cuatro hojas.
El pirata se apresuró a asentir desde el suelo.
- Lo que dice el rubito me parece bien, acepto ese trato- afirmo Hozinki, sin ningún respeto al vestir Naruto de civil.
- Hmp. De acuerdo- me sumé.
Comencé a sacar papel de mi escritorio, un par de plumas y tinta; para empezar a redactar el acuerdo.
Una vez completo, estampé mi firma y se lo pasé al pirata para que hiciera lo propio.
- Con eso está todo atado, salimos mañana al alba. ¿Cuál será el rumbo, Hozinki?- pregunté.
- El primer destino será Tortuga, pero no podeis ni aproximaros a esa isla con ese aspecto, os matarían- mencionó con una sonrisa ladina.
- Pareces preocupado por nuestra seguridad- intervino Naruto.
- Quiero que "ese" pirata pague por sus crímenes como merece. Veis, en realidad soy un buen ciudadano- contestó el aludido, antes de que Naruto comenzara a echarse a reír.
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En ese mismo momento se podían ver a tres jóvenes descansando en unas amacas de cuerda, frente al mar, disfrutando de la suave brisa y los últimos rayos de sol del día. Una botella de vidrio, aferraba la mano de cada uno.
- ¿Ya te has gastado toda tu parte de la venta del Reina Victoria?- me cuestionó Neji, mientras buscaba la sombra sobre los ojos que le proporcionaba la palmera sobre él.
- Sí, es duro mantener todos los vicios- respondí, antes de echar un trago a mi botella.
- No puede ser verdad. ¡Sakura, era una fortuna!- me regañó Hinata, mi conciencia.
- Bueno, sobornar resulta caro. Además no quiero convertirme en uno de esos viejos piratas que acumulan riquezas en una isla y luego hacen un mapa para que otro se lo lleve. Otra de las viejas tradiciones que no pienso seguir- comenté, antes de echarme a reír, también como producto del alcohol.
Ambos hermanos se unieron a mis risas, hasta que nos cansamos.
- Chicos, he estado pensando sobre nuestro próximo rumbo- informé, rompiendo el relajado ambiente.
- ¿Tan pronto?- se quejó Hinata.
- Bueno, con Suigetsu liquidado quien antes ocupe su territorio lo reclamará como suyo, no podemos perder esta oportunidad- contestó Neji por mí.
- Exacto, no nos hemos librado de capitán Vesugo para que otro le reemplace- aporté.- Bueno, avisar a todos de nuestros planes, yo tengo que ir a hablar con alguien- dije comenzando a lenvantarme.- Portaos bien- añadí a modo de despedida.
- Mira quien nos lo dice- contestó Hinata acompañado de una carcajada, alzando su botella para brindar con su hermano.
Caminé hacia dentro de la isla, donde se alzaba el pueblo, con destino una de las tabernas más famosas de la zona. Cuando llegué a la entrada, los hombres borrachos en todas las facetas, adornaban la puerta.
"Pata de conejo" se encontraba siempre llena de hombres y mujeres cantarines, con exaltación de la amistad o de muy mal humor, que extallaban detonando lo que acababa siendo una pelea de todos los del local.
Por suerte para mí, todas las personas de esta isla eran capaces de reconocerme y alejarse de mí. Sin embargo, esta noche un desgraciado había bebido más de la cuenta.
Al dar dos pasos dentro de la taberna, sentí como una robusta mano estrujagaba uno de mis gluteos con alegría.
Me giré hacia el responsable, hallando a un pobre pirata de más de cuarenta años y una gran barriga cervecera sonriéndome.
- ¡Eh, guapísima! ¿Por qué no vamos tú y yo a pasarlo bien un rato?- Ante mi cara de repulsión el hombre añadió algo más.- Te pagaré bien.
Ahora un tic afectaba mi ceja derecha, mientras apretaba el puño con furia. Furia que no tardó en estamparse en el rostro del borracho, provocando que sangrara a borbotones de la nariz. El hombre se retocía en el suelo.
Sin embargo no me detuve hay. No me llamaban "la Furia del mar" por nada.
Levanté todo lo que pude el pie y, cargando de fuerza el golpe, estrellé la bota en sus partes. Lo que llevó al borracho a desmayarse al instante.
- ¡Capitana, se encuentra bien!- Me sorprendió Lee, uno de mis bucaneros.
- Remata a este gusano para que se lo coman los buitres- le ordené para seguir adentrándome en el atestado lugar, tras la exagerada aceptación de Lee.
Me detuve frente a la barra, donde no tardó mucho en aparecer una joven rubia de ojos azules.
- Sakura, si me matas a los clientes no pagan- me recriminó.
- Ino, él se lo ha buscado. Además he matado a personas por bastante menos- me defendí.
La chica suspiró.
Ino vestía un vestido largo hasta el suelo de color granate, ajustado al pecho por un incomodísimo corsé que hacía encojer su cintura hasta límites insospechados. Eso, junto con el generoso escote, la convertía en el deseo de cualquier hombre. Aunque aquí no necesitaba de esas armas para conseguir lo que quisiera.
A parte de eso, la rubia era la única hija del dueño de la taberna y sabía prácticamente todo de la gente que frecuentaba la isla.
- ¿Tienes algo interesante para mí?- pregunté, a la vez que me sentaba en uno de los taburetes.
- Bueno, el capitán Sai me ha preguntado hasta la saciedad por ti. La verdad es que lo utilizastes como a un pañuelo. Aún así yo diría que se ha enamoraaadoooo- canturreó, guiñándome un ojo.
Puse mala cara y la di una colleja.
- Una mujer tiene necesidades que cubrir- mencioné algo avergonzada.- Además eso no me parece algo interesante.
- Pues a mí sip.
- Déjalo ya cerda y contesta a lo que te he preguntado.
Suspiró.
- Tienes que descongelar ese corazón alguna vez, ¿no crees?
- ¿Por qué? Tengo gente de confianza en la que apoyarme si fuera necesario, un montón de oro, uno de los mejores barcos del Caribe, una tripulación fiel y feroz y un cuerpo de escándalo con el que me es posible desfogarme con quien desee. No necesito nada más.
- Te olvidas de esa enorme frente, que te otorga la cabeza más dura del mundo- añadió la rubia, entrecerrando los ojos.
- ¿Sabes? Pídele al cocinero de mi parte unas costillas de Cerda para llevar, por favor- dije con una sonrisa torcida.
- ¡¿Quieres pelea Frente de marquesina?- exclamó, con el vestido agarrado, casi subiéndose a la barra.
- No durarias ni un segundo Cerda de taberna- contesté alzando los puños.
Eso no era del todo cierto, Ino estaba muy "entrenada" gracias a que le tocaba detener las enormes peleas en la taberna, si quería que quedara algo de ella cada día.
- Grabaré un palito en esa enorme frente, cada segundo que aguante. ¿De acuerdo? Hay tengo espacio para dos días.
La tenía prácticamente encima, cuando alguien la sujetó del vestido por detrás.
- Ino, ¿eso es algo que haría una señorita?- preguntó el hombre tras ella, de rasgos idénticos pero masculinos.
- No…, padre- contestó la aludida, bajándose de la barra mientras yo sonreía con burla.
El viudo Inoichi siempre intentaba educar a su hija como si se tratara de una joven de buena familia. Lo cierto era que el dinero lo tenían, incluso más, pero pocos modales podías encontrar en esta isla.
- Sakura, que placer veros, ya está terminado el encargo de Hinata. Lo traeré ahora mismo- comentó antes de desaparecer al sótano, momento que aproveché.
- Ino, ahora en serio. ¿Ha sucedido algo que deba saber?
- Bueno, todo el mundo sabe que Suigetsu se ha hecho con un nuevo barco y se dice que es tan impresionante como la cantidad que ha pagado por él- me cuchicheó.- Pero eso ya lo sabes, porque tú fuiste quien se lo vendió. Además hace una semana que zarpó y se rumorea que va tras algo grande.
- ¿Nada más?
- También, no sé si te interesará, pero lord Orochimaru dará una gran fiesta en su mansión dentro de un mes- murmuró.
- Hmm… Parece un buen trabajo, ese noble es uno de los hombres más acaudalados del Caribe- comenté, mientras me brillaban los ojos de solo imaginar las toneladas de oro que poseía.
- Pero también es un tipo peligroso y algo extraño- aportó mi amiga.
- ¡Aquí tiene Sakura!- nos volvió a sorprender su padre.
El hombre me pasó una caja algo estrecha, pero casi de mi tamaño.
- ¿Cuánto es?
- Oh, nada. Hinata me lo dejó pagado- respondió el rubio con una sonrisa.
- De acuerdo, pues me voy yendo. Gracias por todo Ino- me despedí, para salir sin que esta vez nadie me molestara.
A pesar de que el encargo era de Hinata tenía bastante curiosidad por conocer el contenido del enorme paquete, sin embargo no sé como resistí hasta llegar al barco. Mi navio tenía por nombre "La sirena herrante". De madera blanquecina, albergaba tres camarotes, dos zonas de camas para mis bucaneros (ya que mi tripulación era la única mixta), una gran cocina-comedor, los calabozos y una bodega.
Subí hasta la cubierta, apañándomelas para no dejar caer aquella caja, y me dirigí al camarote de Hinata. Sobre su cama dejé el paquete, tras una última mirada de reojo.
Chisté, si no se tratara de mi casi hermana ya sabría lo que guardaba aquel cartón.
Me encaminé hasta mi propia estancia, solo cruzándome con uno de los cocineros. Tendría que tener bien claro el rumbo antes de que toda la tripulación llegara.
Con pesadez me dejé caer en mi silla, frente al escritorio.
Debía ocupar el territorio del capitán Vesugo cuanto antes, pero esa fiesta de Orochimaru resultaba demasiado suculenta como para "dejar de asistir". Soltando una pequeña maldición me decidí por la primera opción, a él le gustaría el poder de controlar aquellas aguas también. Orochimaru tendría que esperar, aunque quizás con algo de suerte llegáramos a la cita.
Cuando escuché el bullicio provinente de mi tripulación, salí para informar de nuestro próximo destino.
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- ¡Todo preparado, capitanes!- exclamó mi admirante y le ordené que comenzaran las maniobras para zarpar del puerto.
- Naruto, recuérdame otra vez por qué estas en mi navio- pedí con la esperanza de estar a tiempo de dejarle en tierra.
El rubio adquirió una seriedad antinatural en él.
- Nos conocemos desde hace años Sasuke, eres mi mejor amigo, estás poniendo tu vida en peligro pero sobre todo… No puedo perderme verte vestido de pirata y actuando como tal en Tortuga- concluyó con una fuerte carcajada.
- Lo sabía- mascullé fulminándole conla mirada.- Aunque no debería reírte tanto, ya que a ti te tocará hacer lo mismo.
- Pero yo no voy de hombre frío, arrogante y respetable todos los días. Además no te creas que me lo he tomado a la ligera, estoy practicando con Hozinki y dice que tengo madera. Deberías hacerlo tú también- sugirió.
- ¿Estás loco? No voy a rebajarme a tal cosa- solté enojado.
- Pues será nuestro funeral, bueno más bien el tuyo. Ya que mientras a ti te linchan yo conoceré a una linda pirata, se enamorará de mí y me salvará- comentó como si en verdad viera posibilidades de algo así, aunque conociéndole lo extraño sería que le sucediera algo malo.
- No existen "lindas piratas" porque las mujeres no son bucaneros, pon límite a tus fantasías de cassanova. Además si me linchan me encargaré de llevarte conmigo, tenlo por seguro- afirmé socarrón.
- Amargado- fue su último comentario antes de volverme la cara soltando un bufido.
Esta vez fui yo quien se rió, por su comportamiento infantil.
- Capitán Sasuke, le traigo a Hozinki- me sorprendió uno de los soldados quien, efectivamente, conducía al pirata hasta nosotros.
- ¡Buenos días, señor!- me saludó con entusiasmo para girarse hacia el rubio.- ¡Naruto, granuja, todavía me duele la cabeza por la resaca y tú estás como una rosa!
Mi amigo se rió mientras le daba una palmada en el hombro.
- Suigetsu, el secreto de un caballero es parecer siempre perfecto aunque esté sufriendo la peor migraña de su vida- comentó con un sonrisa.- Mira a Sasuke, por dentro es un viejo de ochenta años mientras por fuera parece un joven de veinte.
Estrellé un puño sobre la cabeza del rubio mientras oía las risotadas de Hozinki, a quien callé con una mirada helada.
- Haz algo útil y dinos como reconoceremos a "la Furia del Mar"- ordené molesto.
- Bien, es una persona arrogante, fría y sin escrúpulos- afirmó el peligris.
- Gracias, creo que con esa decripción podemos reducir el cerco a cualquier pirata- solté sarcástico.
Enojado, fui hasta él y le cogí de la camisa.
- Sigue así y no esperaré ni siquiera a llegar a puerto para mandarte matar.
- Tranquilo, caballero- dijo mientras me daba palmaditas en la mano con la que sujetaba su camisa.- No necesitais ninguna descripción porque yo personalmente, se le señalaré para contemplar esa cara mientras le atrapais.
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Y hasta aquí XD Espero que os guste.
Reviews= Autora feliz n.n= Rápida actualización.
Jajaja, no en serio, me gustaría saber vuestra opinión para eso lo público XD
Ja ne!
