Damas apresuradas
Con aquel abordaje concluido con éxito al fin había reclamado el territorio del capitán Vesugo como mío, y no veía el momento de hacérselo saber a él. Habían pasado dos semanas hasta que llegamos al lugar indicado y encontráramos un buen blanco en aquellas aguas.
Abandoné la cubierta para internarme en mi camarote, mientras mi tripulación concluía de transportar todo lo que nos interesara a nuestro barco. Me senté en mi escritorio y rebusqué entre los papeles, buscando la fecha que la Cerda me había dicho que sería la fecha de la fiesta del noble Orochimaru. Solté una exclamación de victoria al lograrlo y ver que aún teníamos una semana para vender el botín actual y llegar a la cita. Así que le escribí una carta a él con las novedades y mis nuevos planes, para enviársela con un mensajero.
- ¡Hinata! ¡Neji!- llamé al par de hermanos de ojos perlas, sacando la cabeza por la puerta de mi camarote.
El chico fue el primero en llegar acompañado de una de mis bucaneras, Tenten.
- ¿Qué pasa Sakura? Estaba indicando la distribución de la nueva carga- mencionó el castaño.
- Tenten, trae a Hinata- ordené a la pirata de los moñitos.
La chica asintió con rápidez, antes de salir disparada hacia la cubierta. Me quedé viendo como se marchaba con una sonrisa divertida.
- ¿Para cuándo querréis la boda?- cuestioné.- No podéis vivir en pecado eternamente.
- Claro, porque ese es el único detalle que se me escapa para ser el ciudadano ejemplar- dijo totalmente sarcástico.
- Yo solo digo que soy capitana y puedo…
- ¡Sí ya lo sé!- me interrumpió Neji.- ¿Ahora podrías explicarme para qué me querías?
En ese momento llegó Hinata, corriendo por el pasillo.
- ¡Sakura, van a quemarles el barco!- exclamó, alarmada, en cuanto llegó a nuestra altura.
- Es lo que he dispuesto, no quiero que haya testigos. Un cabo suelto solo trae problemas- comenté displicente.
Ella no parecía muy convencida, así que decidí cambiar de tema y entré a mi camarote con ellos detrás.
- Iremos a la fiesta de Orochimaru.
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- ¡Esa es Tortuga, señor!- me señaló el pirata dando por concluída la travesía que se me había hecho tan larga como dos vidas.
- Parece que llegó tu debut, Sasuke- comentó un divertido Naruto ya ataviado con una camisa de algodón, que en algún momento fue blanca abierta sobre el pecho, y unos pantalones marrones que desaparecían en unas botas anchas de cuero.
Con esas ropas y el cabello rubio alborotado por el viento nadie podría decir que pertenecía a una familia adinerada ni el puesto que ocupaba en la marina real…
Chisté fastidiado antes de ir a mi camarote, ya que el dobe tenía razón. Miré la ropa una última vez dispuesta sobre mi cama, mientras una expresión de desagrado se mantenía en mi rostro. Inspiré y espiré un par de veces para terminar de concienciarme. Todo esto era por hallar al pirata que me conduciría hasta aquel bastardo. Así que me quité mi habitual vestimenta de oficial para remplazarla por una camisa clara con el cuello abierto hasta la mitad del pecho, al mantener sueltos los cordones que lo unían, unos pantalones oscuros cuyo bajo permanecía oculto por unas botas del mismo tono, y terminé colocándome un pesado abrigo negro, largo hasta las rodillas.
- ¡Menuda transformación teme!- exclamó el rubio en cuanto me vió salir a la cubierta.
- Desde luego, solo te falta la botella como atrezo- añadió nuestro prisionero, perdiéndome todo el respeto.
Levanté uno de los laterales de mi abrigo y señalé el arma que mantenía oculta en la cintura junto a la espada.
- Aún tengo esto Hozinki, así que vigila cómo te diriges a mí- le advertí entrecerrando los ojos.
- Muy precabido señor- apuntó el aludido antes de volver su mirada a la isla.- Pero creo que como os veais descubierto ni siquiera eso os salvará- puntualizó con una sonrisa maliciosa.
- ¡Bueno, ya estamos listos así que desembarquemos, un nuevo amor me espera!- interrumpió Naruto nuestra discusión, mostrándose emocionado.
- Hmp- "dije" deseando que todo esto acabara cuanto antes.
Nuestro bote alcanzó la orilla de arena blanca de la isla, a pocos metros de nosotros las palmeras formaban un frente con brotes de éstas a sus pies. La vegetación invitaba a guarecerse en ella del sofocante que provocaban los rayos del sol. Mientras las gaviotas surcaban el cielo de un azul limpio.
- Hay que internarse un poco en la isla- nos indicó el pirata de cabello grisaceo.
- Vamos detrás de ti- aseguró el dobe, que sin duda disfrutaba con esto.
Después de media hora de camino al fin llegamos a un claro donde se extendía la ciudad de los bucaneros y sus familias.
A plena luz del día las casas se veían igual a las del continente, constituídas por madera eran estrechas y construídas una a continuación de otra pero sin seguir un orden aparente, formando calles retorcidas o truncadas dando lugar a callejones.
Los transeuntes eran en su gran mayoría adultos ebrios, a pesar de que se tratara de la hora menos indicada para beber. Sus ropas en caso de los hombres se veía sucia y descuidada, mientras que la de las mujeres parecían propias de un burdel.
Hozinki nos guió por el intricado de calles por las que salteábamos a los hombres que no habían llegado a sus catres, antes de caer dormidos por efecto del alcohol. Si tuviera que ponerle nombre a esa isla no sería Tortuga, sino Vertedero humano. Toda la gente de este sitio no era más que basura a mis ojos. Sin embargo Naruto parecía que no dejaba de admirar cualquier cosa a nuestro paso.
Repentínamente Hosinki se detuvo ante la entrada de una de las casas más grandes que había visto desde que llegué, "Pata de Conejo" rezaba el cártel sobre la puerta.
- Esta es la taberna más importante de la isla- nos murmuró el pirata.- Aquí consegiré información sobre el paradero actual de la "Furia del Mar".
Asentí, cruzando la puerta tras él junto con Naruto.
La taberna estaba abarrotada de bucaneros y algunas mujeres que les hacían compañía. Los muebles eran de madera maciza, a pesar de lo cual todos sufrían desperfectos. Patas rotas, tableros de mesas incompletos, taburetes resquebrajados… Por no hablar del suelo, que parecía una charca.
Hozinki saludó a todo con el que se cruzaba recibiendo una mirada de sorpresa como respuesta. Tras saludar a media taberna, se detuvo con un joven pelirrojo, alto y musculado, ya que su espalda abarcaba la de Naruto y mía juntas.
- ¡Juugo, amigo, estoy de vuelta!- exclamó antes de darle una fuerta palmada en la espalda que pelirrojo no pareció notar.
- Se supone que estabas encarcelado a la espera de tu linchamiento- replicó éste con sorpresa.
- Ningunos barrotes son capaces de mantener cautivo al gran capitán Suigetsu- afirmó el peligris con arrogancia.
Volví la vista de aquella escena antes de que no pudiera resistir bajarle los humos a ese idiota. Así me percaté de la mirada fija de una joven rubia, que permanecía tras la barra secando un vaso, sobre nosotros.
- Te invito a un trago para celebrarlo- le escuché decir al tal Juugo, antes de dirigirse ambos a la barra.
Allí la rubia les recibió con una sonrisa. Esa chica no se parecía al resto de las de la isla, vestía con clase a la moda del continente, además se veía que poseía modales.
- Vaya Suigetsu, creí que no te volveríamos a ver por aquí- comentó la muchacha afable.
- He vuelto por ti, preciosa- soltó sin vergüenza ninguna y una sonrisa ladeada el peligris, mientras se la comía con los ojos.
- Como todos- mencionó tras una dulce carcajada.- ¿Quiénes son los jóvenes que te acompañan?- preguntó curiosa.
- No se te escapa nada, Ino- apuntó el aludido.- Ellos me ayudaron a escapar, eran mis compañeros de celda, no tenían futuro en tierra firme así que por gratitud los he traído aquí.
- ¿Eran ladrones?- indagó, capturando a Hozinki con aquellos ojos aguamarina.
- Sí, no… no sé. No les he preguntado, sus crímenes no me interesan- contestó.
- Ya veo- dijo con una sonrisa amable.- ¿Qué os sirvo?
- Ron- respondió mostrando una distacia considerable entre el dedo pulgar y el índice mientras el resto los cerraba en puño.- Y ron- añadió reduciéndo la distancia a un par de pulgadas.
Eficazmente la chica dispuso dos vasos y se los acercó llenos.
- ¿Sabes Ino? Mi nuevo barco es fabuloso, no habría conseguido huir con éxito sin él, me gustaría agradecérselo a "la Furia del Mar"… ¿sabes dónde está ahora?- dejó caer Hozinki.
- Lo siento, pero no- contestó manteniendo una sonrisa educada la joven.
- Vamos tú sabes siempre dónde se encuentra- replicó el de dientes aserrados.
Vaya la rubia debía de ser la amante de ese pirata en tierra.
- La última vez que nos vimos discutimos así que no tengo ni idea Suigetsu- se explicó.
- ¿"La Furia del Mar"?- inquirió un hombre que se sentaba cerca de ellos en la barra.- He oído que acudirá a la fiesta del noble Orochimaru, solo esa persona intentaría burlar la prestigiosa guardia del conde.
- ¿Y cuándo será esa fiesta?- cuestionó el prisionero.
- En una semana exacta.
Vi como la rubia ponía mala cara ante la conversación, sin duda era fidedigna.
- Suigetsu- le llamó la tabernera,- ten cuidado con lo que haces es difícil que un milagro te salve dos veces.
- Tranquila, bombón, voy con pies de plomo- dijo éste antes de levantarse y venir hasta mí.- ¿Nos vamos?
Asentí, para percatarme de que no veía a Naruto desde que habíamos entrado a la taberna.
- Ese dobe… ¿dónde se ha metido?- solté molesto.
- Creo que lo sé- contestó el peligris, señalando a un tumulto de mujeres.
Al fondo de la taberna más de seis mujeres que vestían como si fueran "de vida alegre" se deshacían en halagos y favores hacia un complacido rubio.
Soltando un largo suspiro hastiado, me dirigí hacia ese dobe mientras pensaba qué había hecho en mi vida que mereciera tal carga. Le agarré del cuello de la camisa y lo desprendía de las zarpas de aquellas mujeres, ante las quejas de éstas y las excusas de él.
Una vez fuea de la taberna le liberé.
- No tenías porqué arrastrarme, Sasuke- me recriminó a la vez que se colocaba la ropa.
- Nuestros asuntos ya habían concluído en esa taberna, dobe- apunté comenzando a andar hacia mi navío.
- Habla por ti, yo aún no he vivido mi amorio pirata- refutó irritado.
- Esas mujeres no eran piratas Naruto- comentó Hozinki.
- ¿Ahora vas a apoyar al teme, Suigetsu?- inquirió el aludido.
- Déjalo ya dobe. Lo importante en este momento es preparar todo para zarpar- mencioné comenzando a perder la paciencia.
- ¿Con qué rumbo?- cuestionó el rubio.
- Si hubieras prestado atención a algo más que tu afán reproductor lo sabrías- dejé caer.- Nos dirigiremos a la morada del noble Orochimaru.
- Nos "afán reproductor"- masculló.- Mis sentimientos son nobles.
- ¿Hacia las ocho?- preguntó Hozinki para soltar una carcajada.
Tenía que reconocer que era más fácil manejar a Naruto con el pirata en interviniendo en la discusión.
- Hacia todas las mujeres- respondió sin vergüenza ninguna el Uzumaki.
Hozinki comenzó a reírse.
- Si algún día una te roba el corazón lo vas a pasar muy mal, Naruto- comentó el de dientes aserrados.
- Oh, yo ya he tenido muchos amores- mencionó el rubio sorprendido.
- No se refiere a los que atiendes una noche y luego huyes de sus atenciones- intervení solo por molestarle.
- Ni coméis, ni dejais que los demás coman- concluyó enojado el ojiazul antes de subir al bote con el que alcanzaríamos el barco.
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Hacía un par de días que habíamos atracado en un lugar próximo a la mansión de Orchimaru y bastante seguro, los sobornos ayudaban a que así fuera. Acababa de recibir la contestación de mi carta y tendría que hacer un pequeño cambio de planes.
Reuní a mis segundos para explicárselo.
- Según él solo debemos apropiarnos de un objeto de casa del conde, un mapa…
- Pero Orochimaru es inmesamente rico, desaprobechar una oportunidad así sería una locura- me interrumpió Neji.
- Si él lo desea tiene que ser muy valioso, hermano- intervino la de pelo azulado, meditabunda.
- Ahora que solo hay que robar un objeto tan pequeño como ese no es necesario que vayamos muchos, de hecho creo que con que alguien me acompañara sería suficiente y escabullirnos resultaría más sencillo- comenté.
- ¿Y cómo piensas hacerlo de todos modos?- preguntó el chico.
- Me disfrazaré de hombre y…
- ¡Otra vez no!- me cortó Hinata.- Tengo una idea: Tú y yo nos haremos pasar por invitadas. Solo debemos sobornar al empleado que se encargue de las invitaciones y entraríamos sin problemas.
Puse mala cara.
- Pero tendríamos que vestir y actuar como damas- dije con disgusto.- Además yo no dispongo de ese tipo de ropajes y es muy tarde para que a ninguna modista le dé tiempo a finalizar ese encargo.
- No hay problema por eso- refutó antes de salir corriendo de la habitación con las miradas de asombro de Neji y mía sobre ella.
Unos minutos después apareció cargando con una caja de cartón tan larga como ella pero muy estrecha. La colocó sobre mi escritorio y la abrió, mostrándonos un abultado vestido níveo de palabra de honor ajustado el la parte superior. Venía acompañado de un corsé.
. Se lo encargué a Inoichi como regalo para ti, aunque nunca imaginé que lo fueras a necesitar tan pronto, lo guardaba para tu cumpleaños- explicó con una sonrisa.
- Odio los vestidos y aún más los corsés- mascullé.
- Pues ya va siendo hora de que les cogas cariño- replicó, dirigiéndome una mirada gélida.
Asentí y ella volvió a ser la misma chica dulce de siempre. Creería que había sido una ilusión sino fuera porque Neji también se había quedado paralizado.
- Pues ya tenemos plan- concluyó la peliazul.
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El conde nos había recibido con resignamiento al ser un asunto de la marina real, sin embargo no había puesto trabas. De hecho a veces sentía que no le molestaba tanto nuestra presencia, o más bien la mía por la manera en la que le descubría mirándome de manera inquietante.
Cuando comenzó la fiesta tenía a todos mis hombres custodiando las entradas, ya fueran la principal, traseras e incluídos los ventanales. Mientras que Naruto junto a Hozinki, y yo por separado nos mezclábamos entre la multitud.
Los invitados no cesaban de llegar, sin duda el conde debía de dar la fiesta del año. Sentí que capataba las miradas de las damas, que me reconocían como otro invitado más al vestir con ropa formal lejos de acostumbrado uniforme.
Decidí comprobar uno de los corredores algo más solitarios, cansado del abarrotado salón. Fue allí dónde vi a una joven que parecía un ángel. Nunca me imaginé decir algo así en mi vida, pero eso era porque tampoco nunca antes había puesto mis ojos sobre aquella joven. Su cabello era de color rosa y le llegaba liso hasta la cintura. Los ojos le brillaban como el más puro jade, su piel parecía tan suave como cremosa. La chica curioseaba a través del resquicio de una puerta, algo inclinada contoneando el trasero y provoacando que la zona acampanada de múltiples capas del vestido se baboleara con ella.
- Puedo ayudaros en algo- dije con voz sucientemente alta para que me escuchara.
Ella se sobresaltó y se apartó de la puerta, dirigiéndome una pequeña sonrisa avergonzada.
- Vaya, que embarazoso, no pretendía espiar es solo que este tipo de fiestas me aburren- se disculpó.- Siempre acuden los mismos, caballeros que alardean de sus fortunas y damas que critican al detalle a sus congéneres- añadió rodando los ojos, algo para nada educado.
- Desde luego ústed no parece que encaje en ese grupo, es demasiado directa- mencioné, acercándome a ella y la tendí la mano.- Sasuke Uchiha- añadí en un intento de que me diera su nombre.
La joven pareció reticente por un segundo, pero luego puso su mano sobre la mía.
- Sakura, un gusto conocerle.
- El placer es mío, señorita- contesté después de llevarme su mano a mis labios y besarla con la mirada puesta en esos ojos verdes preciosos.
Se sonrrojó por un momento, para inmediatamente recuperar su aplomo habitual.
- Parece que hoy sí han invitado a alguien interesante- comentó la dama.
- Puedo ser más que eso- dije con una sonrisa torcida, acercándome aún más a ella pasando de lejos la frontera de la decencia, hasta que mis labios rozaron su oreja.- Sa-ku-ra- murmuré en su oído.
Olía tan bien que por un momento no pude pensar en nada más, solo captaba su aroma dulce a sol y viento, como el de una mañana soleada en la costa.
De repente una chica de cabellos aún más largos, peliazul, y con un vestido voluptuoso de finas líneas verticales blancas y azules, surgió como una exhalación por la puerta.
Inmediatamente Sakura y yo nos separamos.
- Sakura, nos vamos ¡ya!- dijo la recién aparecida sin dejar de correr.
La aludida obedeció sin dudar un segundo, dejándome sorprendido mientras veía a las dos jóvenes correr por el pasillo.
- ¡Sasuke es ella!- me gritó Hozinki saliendo tras la misma puerta que la peliazul antes, seguido de Naruto.
Ellos tampoco se detuvieron, sino que Naruto me agarró uniéndome a la persecución.
- ¿Qué quieres decir con que "es ella"?- repliqué corriendo como los demás.
- La muchacha de cabello rosa es "la Furia del Mar", es ella a quien buscas- aclaró Hozinki.
- ¡Eso es estúpido! ¡Es una mujer, no un pirata!- le espeté mientras cruzaba el gran salón con toda la compañía.
Las chicas corrían a la velocidad de gamos, sin embargo poco a poco íbamos ganándoles distancia. De repente la peliazul de ojos perlas se volvió hacia nosotros y nos arrojó sus dos tacones, más bien a Naruto. Ya que el primero le golpeó en el hombro y el segundo le acertó en plena frente, derribándolo.
Con uno menos a sus espaldas las jóvenes cruzaron la entrada cuando los dos criados frente a ella placaron a los guardias que yo había colocado allí, despejándoles el camino. Sorprendido corrí aún más rápido, pero solo para conseguir ver como ya se encontraban subidas a un carruaje cuyos caballos comenzaban a galopar.
Colgada en uno de los laterales Sakura me dirigió una amplia sonrisa, mientras el viento surgido de la velocidad mecía sus rosaceos cabellos.
- Continuaremos en otra ocasión Uchiha, prometo recordar la textura de tus labios mientras tanto- me gritó sobre el ruido de los cascos sobre los adoquines.
Y desaparecieron…
- ¡Muñeca, mi Luna espera!- llegó gritando Naruto repentinamente, para detenerse con cara de desilusión junto a nosotros.
Olvidé a Naruto para agarrar a Hozinki por las solapas del traje, violentamente.
- ¡¿Qué mierda significa esto?!- le increpé.
- Señor…- dijo con dificultades para hablar.- La joven del cabello rosa es la pirata a la que buscais, "la Furia del Mar".
- ¿Me estás diciendo que el pirata despiadado y astuto que más problemas da a la marina real es esa joven mujer?- mascullé.
- S… sí.
Le arrojé al suelo, donde cayó con un golpe sordo.
- ¡¿Y en ningún momento se te ocurrió compartir ese "pequeño" detalle con nosotros?!- cuestioné cargado de rabia.
- Sasuke, tranquilízate- me pidió serio Naruto, agarrándome con fuerza el hombro.- Así no conseguiremos nada.
Inspiré y espiré un par de veces, el dobe tenía razón.
- No sé cómo lo conseguirás pero me volverás a llevar hasta ella- le dije con voz sombría al pirata.
Bueno, después de tanto tiempo he vuelto. La verdad es que había pensado dejarlo por los pocos reviews que tenía, pero el otro dia vi la carpeta y me apeteció continuarlo. Así que aquí está en tercer capítulo n.n
Ja ne
