Capítulo 6


-¿Dónde está? -dijo alarmado el medimago cuando terminó de revisar a Hermione-. No podían perderlo, ese era el trato.

La joven había cobrado la conciencia minutos más tarde de que el medimago llegó a la madriguera, se encontraba exaltada y excitada, pero nadie quería decirle lo último.

-Le dijimos que se quedara en la sala -exclamó George-. Se encontraba ahí hace un momento.

-¡Pues ya no está! -bramó, furibundo.

Ninguno de los Weasley sabía que decir o hacer, en el momento se habían encontrado más preocupados en lo que hubiera tenido Hermione que en la seguridad del Potter, lo cual era primordial. Se asustaron más cuando Ron revisó su habitación y comunicó que no se encontraba ni su lechuza y ni su escoba, cosa que pudo usarse para escapar y que nada pudiera rastrearlo.

-¿Qué le dijeron para que decida irse?

La señora Weasley se sentía mal, sabía que le había dicho que era su responsabilidad, pero no pensaba que huiría por eso. George estaba preocupado, lo había dejado en la sala, no pudo desaparecer así por así. Ginny, quién había sido la última en verlo, no sabía como explicarse.

-Estaba asustado y preocupado cuando salió -murmuró vagamente, intentando acordarse sobre todos los hechos-. Dijo que quería tomar aire.

-¡Qué acaso no sabe cual es su condición actual! ¡Por qué no lo detuviste!

Ginny se escondió en el sofá con sus manos, no sabía cual era su condición, y menos que no podía salir de la madriguera. Parecía tan normal cuando llegó, ¿Cómo imaginaría lo extraño y peligroso que se había convertido? Cuando llegó el ministro, se había encerrado en su habitación para leer uno de los libros muggle que su papá le había traído, despreocupándose de cualquier cosa. En la llegada de Harry no hubo ninguna señal de alerta por lo que no se interesó, y tanto Ron como Hermione parecían tranquilos con su presencia. ¿Cómo. Rayos. Lo. Sabría?

-No debe estar muy lejos -murmuró Arthur, en un intento desesperado-. Si es verdad que solo fue para tomar aire no debe de haberse alejado mucho, aún más si fue con su lechuza. De seguro solo sobrevuela los campos de cultivos.

-¿Acaso no lo comprenden? -vociferó exasperado el medimago-. No sabemos que mezcla es, si es mortífera para las plantas los cultivos se estropearan, si lo es con los muggles estos morirán. Puede que hasta su vida corra peligro y ustedes solo lo dejan libre por el campo ¡Qué no son su familia! -preguntó, con un tono entre preocupado y alarmado.

Percy estaba parecido, peor prefirió no decir nada. Miraba de vez en cuanto a Ron, quien se sentía mal por haberle gritado a su mejor amigo y haberle dado las alas de querer salir por un momento. Hermione se sentía peor, por su culpa todos estaban en un estado de alarma inminente, si el profeta se enteraba de este pequeño incidente, quien sabe que podría pasar.

-Iremos a buscarlo -Percy, junto con George, dijeron paralelamente.

Tanto Arthur como Molly creían que George se había apoyado mucho en Percy desde la muerte de su gemelo, pero por el temor de cualquier desaliento no se lo decían. A Percy tampoco le importaba mucho, de cualquier forma le gustaba ayudar a su hermano.

-Los acompaño -Ron se puso enfrente y dirigió una mirada a Ginny, quien también asintió.

-Yo también voy.

Percy quería decirle a Ginny que no valla, sería muy peligroso para ella y que no sabría que podría suceder si se aparecía la misma molestia mientras volaba escoba.

-Tú tienes las mismas posibilidades e igual vas -argumentó molesta, bufando por la nariz-. Harry es mi amigo, y fue mi culpa no impedirle saber, tengo que ayudar.

-Pero puedes esperar en casa junto con Hermione, tal vez Harry decida volver antes y ustedes pueden llamarnos si eso ocurre.

Pero Ginny no iba a aceptar quedar fuera, con muchos argumentos más y una que otra pataleta, obligó a Percy a aceptar que los acompañara. Pero claro, no podría separarse mucho de este cuando volara.

-Si te pasa algo, luego no vengas a quejarte.


El cielo azul de la noche era deslumbrante, las estrellas, en su más alto punto, deslumbraban como pequeños faroles repartidos por todos los lugares. La gran luna, descansando en forma menguante, le daba acogida con la mirada, tranquilizando su agitado corazón. Ya habían dejado hace muchos metros los campos de los Weasley, y ahora solo podía ver un montón de praderas y arboledas por el camino. Por el camino Hedwig había tomado un corto descanso en un llano muy bonito, que al parecer tenía su propia laguna, lo cual hiso que Harry decida bajar por un corto momento de su escoba.

Los árboles que lo rodeaban tenían un brillo especial, como si estuviera rodeado de luciérnagas, solo que más tranquilo. Era relajante aquel lugar, y agradecía mucho a su mascota habérselo enseñado. El lago cristalino reflejaba las estrellas como espejo, retocando cada destello que lanzaban. Si tan solo pudiera quitarse de la cabeza que por su culpa Hermione se encontraba en un estado de coma aparente, podría siquiera apreciar más su alrededor.

-¿Quieres ir al Callejón Diagon? -le susurró a su lechuza, quien monótonamente le ululó.

-Así me gusta.

Volvió a alzar vuelo con mayor delicadeza, no entendía el porque pero se sentía liviano, razón que le impedía usar fuerza en los movimientos rápidos con su escoba.

Pasaré por San Mungo después de un ligero vuelo, pensó siguiendo a Hedwig, aún les quedaba un largo camino por andar.


El camino con dirección a su habitación fue más corto de lo que recordaba, tal vez iba con mayor prisa por la idea de que su madre haya decidido comprometerlo ya y hubiera preferido comunicárselos después de publicarlo, cosa que lo alarmaba bastante. No era niño de mamá, así que como mínimo le hubieran dado el control a él para elegir, si no quedaba mayor opción, a su pareja. Se imaginaba ¿Y si le tocaba con Pansy? Había sido su novia en el tercer año, pero en ese periodo se dio cuenta que sus genios no combinaban y prefirió cortar todo antes de que creciera. Jamás querría volver a pasar aquella experiencia, y aún peor si es por toda la vida. Pero aún había muchas cosas más... ¿Si le tocaba... con un hombre?

-No, que repugnancia. Mis padres jamás aceptarían eso -murmuró, más tranquilo.

Sabía que lo que menos aceptarían sus padres sería, o mezclar su sangre con la de un muggle, o que su pareja sea un hombre. Y si se les ocurriera aceptar a un muggle que por obras del destino este sea un hombre, se volvería la doble vergüenza para su apellido.

A todo esto, también tenía un espacio de preocupación para el Potter en cierta forma, como compañeros por condiciones, específicamente. Imaginarse, haber creído ser un no mago por casi toda su vida, y luego repentinamente ser invitado a una escuela mágica en donde descubre la verdad de su vida y que, además, posee un poder ancestral, no era la mejor sensación del mundo.

-Madre... -comentó en su puerta, apoyado en esta.

Narcissa estaba sentada en su cama con un motón de papeles levitando a sus costados. Su cabello, unos mechones blancos y otros negros, no habían sido arreglados esa mañana, por lo que parecían un nido de aves. Como los de Potter, pensó, rabioso.

-Oh, Draco -comentó, algo inquieta.

Sus ojeras se notaban prominentes, por la gran falta de sueño que al parecer tuvo buscando respuesta a sus problemas, y oscuras. Su piel, antes hidratada y rosada, estaba pajosa y más pálida de lo normal. Tenía los dedos rojizos, por el escribir bastante, y parecía que no se había bañando por muchos días. No era la señora Malfoy de la cual se encontraba tan orgullosa de mostrar, parecía más una elfina, y eso era decir mucho.

-Estuve toda la noche leyendo las condiciones de cada invercionista -su voz se apagaba de por ratos, pero no hizo nada por detenerla-, no hay ninguno que no te quiera de por medio, ninguno. A pesar de haber sido un ex mortífago, eres muy pedido entre las chicas de tu edad.

Intentó tomarle la gracia, pero no encontraba nada. Era muy agotador el pensar en estar comprometido; y si era entre eso, o volverse la réplica de los Weasley, aunque su orgullo le digiera que no aceptaría la segunda sin chistar.

-Padre dice que podemos alargar el tiempo con la venta de vinos -lo dijo más por su bienestar que del por su madre, pero valía.

Narcissa asintió, lentamente, releyendo varias veces un párrafo en el proceso. Parecía muy estresada en encontrar la forma de escapar de eso sin comprometerlo, pero por las malas decisiones no les quedaba mucho tiempo.

-También la paga que nos entregaran por el control de Harry Potter ayudaran a los negocios.

¿Paga?

-No mencionó nada de eso.

-Que extraño -comentó sin importancia-. Fue él en un primer plano quien les mostró la habilidad que contaban los Malfoy al ministerio, y el posible descontrol que tendría el muchacho con el pasar de los días. Luego les pidió algunas cantidades por adelantado alegando que te encargarías desde el primer día.

-¿Quién dice que acepté el trato?

-¡No lo hiciste! -su tono pasó de tranquilidad a histeria en cuestión de segundos, despeinandola más en el proceso-. Draco, sin ese dinero tendrías que casarte mañana mismo, no es algo electivo. Todo lo que tu padre ha hecho hasta el momento se vería derrumbado.

Entonces ya han usado el dinero de adelanto, inquirió finalmente. ¿Por qué su padre querría cambiar la historia en un comienzo? Él estaba al tanto de la situación, no importaba mucho el resto. ¿No tendrían la confianza suficiente en su persona? Absurdo, era el futuro Lord Malfoy, cualquier cosa tarde o temprano caería en su poder.

-Si, si lo hice -murmuró, resignadamente.

La señora tranquilizó sus expresiones, y con una gracia que parecía perdida en un comienzo, se sentó en el borde de la cama.

Draco también lo hizo, para acompañarla y poder reconfortarla más con su persona. Había un montón de papeles y fotografías engrapadas, con el nombre del inversionista y las condiciones junto con la cantidad prometida. Casi ninguna era una suma abismal, si se comparaba a su antigua situación, pero actualmente aquel número era algo sorprendentemente grande.

Un poco más y me crecerá el cabello rojo, se paraba. Cortos pensamientos para no sobrepasar sus límites.

-¿Hasta el momento cual es la más prometedora? -cortó el silencio.

Narcissa presentía que aquella pregunta llegaría tarde o temprano, por lo que le dio aquel folder que ojeaba.

-Nos dan un año antes de cancelar el trato y hay un poco más de nueve millones de galeones de por medio -informó-. Su hija es la de la foto.

Ahora comprendía el por qué de su preocupación, no solo se trataba de algo controversial y elegido al azar, oh no, viendo las condiciones en las que se encontraba, ella estaba segura que terminaría siendo la primera.

Su cara apareció en la imagen tan pronto cuando lo volteó, sonriendo como una tonta enamorada y feliz.

-Astoria Greengrass -esputó su madre, agotada-, es nuestra mejor opción hasta el momento.


Oh dios, enserio me demoré mucho en publicar :c

El sábado estuve ocupada con una feria universitaria y tanto domingo como lunes no tenía internet, así que tuve que escribir todo por Word. Espero no haber demorado tanto.

Agradezco a sus Review :D Es divertido leerlos. Intentaré traer el próximo más rápido, solo para compensar la anterior demora.

¡Gracias por leer y no olviden comentar!