Estaba atardeciendo y dos chicas, una pelirroja y una castaña, observaban el hermoso atardecer desde la terraza de la segunda mientras hablaban animadamente.

-… y no sé qué haces ahora.- concluyó la castaña, que al ver que su amiga no reaccionaba y estaba con la mirada perdida en el horizonte preguntó – Kairi, ¿estás bien? De repente te has quedado como ida.

-¿Eh? – dijo la chica levantándose del banco donde estaban sentadas – Lo siento, Selphie, ha pasado algo, tengo que encontrar a los chicos. ¿Puedo coger tu barca?

-Claro, pero, ¡espera!- exclamó Selphie mientras veía como su amiga se alejaba corriendo – Siempre igual, se va sin explicarme nada.

Mientras Selphie recogía los papeles en los que llevaban toda la tarde trabajando y los guardaba, Kairi corría hacia la playa sin saber muy bien porqué. Cuando estaba observando la puesta de sol sintió una inmensa necesidad de comprobar que Sora estaba bien, como cuando te preguntas si has cerrado la puerta al salir y tienes que volver a asegurarte, pero cien veces más intenso. Todo era más intenso en Kairi si Sora estaba implicado.

Llegó a la playa y fue directa al puerto más cercano, que era donde Selphie, Tidus y Wakka tenían sus barcas, en el extremo opuesto de la playa estaba el puerto con las barcas de Sora, Riku y Kairi, pero no había tiempo para atravesar la playa.

Montó de un salto en la barca, la desamarró del puerto y remó, remó tan rápido como pudo. Entonces se cruzó con Tidus y Wakka que regresaban.

-¿Kairi? ¿No dijiste que hoy no ibas a ir a la isla? ¿Y Selphie?- preguntó Tidus al verla.

-Tidus, ¿qué estaban haciendo Riku y Sora?- contestó Kairi ignorando las preguntas del chico.

-Pues lo de siempre, peleando con sus espadas de madera, aunque hoy estaban un poco más agresivos que de costumbre.

Mientras hablaba Kairi se iba alejando más y más de ellos, para cuando acabó de hablar ya estaba demasiado lejos para contestarle. Los chicos se quedaron confusos por la actitud de la pelirroja pero supusieron que Sora o Riku habían hecho algo malo e iba a echarles bronca, lo normal, y siguieron de vuelta a casa.

Cuando Kairi llegó a la isla ni se molestó en ir al puerto, fue directamente a la playa donde se vio la escena que temía encontrarse. Sora estaba de rodillas con las manos apoyadas en el suelo con su espada de madera partida por la mitad en la arena y Riku en cuclillas apoyado en su llave espada que estaba clavada en el suelo. Riku miraba a Sora consternado y Sora miraba al suelo donde varias gotas rojas caían de su rostro.

La escena se congeló durante unos segundos, Kairi observando desde la barca con los ojos vidriosos, Riku apoyado en la llave espada sin saber muy bien qué acababa de pasar y Sora mirando fijamente la espada rota.

En ese momento, una gota resbalo del mentón de Sora y al caer en la arena el tiempo volvió a la normalidad. Riku se lanzó hacia Sora y empezó a zarandearle para que reaccionara mientras gritaba su nombre. Kairi dejo la barca en la arena de la playa y se acerco tan rápido como pudo a los chicos. Y Sora que ahora estaba arrodillado, observaba como Kairi se acercaba sin reaccionar.

La pelirroja se arrodilló al lado de Sora y le limpió la sangre con un pañuelo. Entonces revisó la herida, por suerte era una herida superficial, el problema es que le cubría casi toda la mejilla izquierda. Al menos Riku se había contenido, porque podría haber sido mucho peor.

"Podría haber sido mucho peor…"

Con este pensamiento Kairi se giró y le dio una bofetada a Riku sin mirarle a los ojos, y después le dio otra a Sora en la mejilla que no tenía herida.

- Sois unos inconscientes. – empezó a hablar Kairi – Nunca hacéis caso a nadie y os creéis que podéis hacer lo que os dé la gana, no habéis madurado nada en todo este tiempo. Sois capaces de derrotar a todo un ejército pero no de hacer caso una sola vez. Sois unos… egoístas… unos… arrogantes… y unos… idiotas – cerró la boca mordiéndose el labio inferior, las lagrimas le impedían seguir hablando.

Estaba enfadada, con ellos y consigo misma. Pero sobretodo estaba alterada, nunca había visto a Sora sangrar así, ver a Sora sangrar y mirarla con esos ojos sin emoción alguna, la había superado. Empezó a llorar a lagrima viva y se echó encima de Sora abrazándolo.

- Lo siento, lo siento… - murmuraba entre sollozos. – Al ver la sangre… yo… solo – y rompió a llorar.

Entonces Sora volvió en sí, toda la conmoción, la pelea, la llave espada, todo eso, se desvaneció como si nunca hubiera pasado, tenía a Kairi encima suyo llorando, eso le partió el alma. No sentía nada más que ganas de hacerla feliz de nuevo.

- ¿Por qué te disculpas? Nos merecemos eso y más, no te preocupes, estamos bien. – dijo Sora con tono tranquilizador. – ¿A que tengo razón, Riku?

Riku los observaba en silencio con la mano en su mejilla que estaba roja y le ardía como si estuviera en llamas.

- Ha sido culpa mía, no te di tiempo a reaccionar y use demasiada fuerza. Pero aun así, vaya ostia me has dado, Kai. – contestó el peliplateado mientras movía la mandíbula para comprobar que no la tenía dislocada. - ¿A ti te ha dado con la izquierda, no?

- Sí, no siento ninguna de las dos mejillas. – respondió Sora sonriendo y acariciando el pelo de Kairi, quien tenía el rostro enterrado en el pecho del castaño llorando en silencio. – Venga, Kai, dinos algo.

- Sois tontos, los dos. – dijo con un hilo de voz la pelirroja.

- Pero Riku más.

- Hasta en eso te gano.

Kairi no pudo evitar sonreír mientras los otros dos reían. Sora se sentó dejando a la pelirroja en su regazo y con el rostro aún medio escondido en su pecho, recogió el pañuelo con el que Kairi había limpiado la sangre, lo dobló y por la parte limpia le secó las lagrimas a la chica.

Los últimos rayos del Sol se iluminaban aquella escena, el cielo estaba rojizo y cada vez más oscuro.

-¿Sabéis por que el Sol se pone rojo en la puesta de sol?

-Ni idea

-La luz se compone de muchos colores, y de todos esos colores el que más lejos llega, es el rojo.

-¿Cómo sabes eso?

-No… lo recuerdo.

En ese momento justo cuando el Sol estaba a punto de desaparecer del firmamento, en la playa no había una chica pelirroja ni un chico castaño, sino una joven rubia sentada en el regazo de un joven rubio. Estos compartieron una intensa mirada y se sonrieron. Antes de que el astro rey los dejara a oscuras se hicieron la promesa de volver a encontrarse esa noche antes de que amaneciera.