Traición

Me metí en el carruaje cuando perdí de vista al Uchiha, sentándome junto a una acalorada Hinata.

- Has perdido los zapatos- indiqué señalándole los pies descalzos, divertida. Por alguna razón mi humor era inmejorable.

- Bueno, digamos que les he dado un buen último uso- comentó con una pequeña sonrisa maliciosa.

- Ya… ¿Qué ha pasado exáctamente Hinata? El que acompañaba al rubio era Suigetsu, ¿verdad?- inquirí acabando con el ambiente relajado.

- Sí…- asintió con un suspiro derrotado.- Estaba en el despacho de Orochimaru cuando el rubio llegó, acababa de hallar el mapa en un falso fondo de un cajón del escritorio- dijo perdiéndose en sus pensamientos por unos segundos.- Actué como una invitada extraviada, y él resultó tan encantador…- añadió con voz soñadora, para torcer el gesto un instante después.- Luego apareció el maldito de Suigetsu y me delató, eché a correr antes de que pudieran atraparme y ya conoces el resto.

- ¡Oh, Hinata! ¿Acabas de maldecir? ¿Tú?- señalé divertida de nuevo, levantando una ceja.

Ella se sonrrojó avergonzada.

- ¿No tengo derecho a enojarme como los demás?- replicó, encogiéndose ligeramente en el asiento.

- Claro, pero creo que nunca te había visto "tan enojada". Debió de ser una gran molestia la interrupción del capitán Vesugo- mencioné.

- No te creas tan superior, ¿no te estabas besando con el moreno?- me increpó en respuesta.

- ¡No nos besábamos!- negué rotunda.

- Pues que Suigetsu esté libre con ellos y que nos delatara solo significa que ese par son miembros de la marina real, además deben tener un puesto importante en ella si no formaban parte de los guardias, yendo por libre- mencionó mi amiga.- Ahora ya saben que eres mujer y pueden dar una descripción bastante acertada de ti.

- Sí- afirmé lacónica.- ¿Qué crees que harán?

- No lo sé, pero no parece que vayan a rendirse, debemos planear una estrategia cuanto a antes.

- Sí, preferiría tener la situación controlada antes de darle el mapa a él- concluí seria.


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Me encontraba tumbado de espaldas en la cama de mi camarote con la mirada perdida en el techo de madera sobre mí, ya que no era eso lo que veía realmente. El rostro de Sakura acudía a mí con tanto detalle que sentía que estuviera presente. Su imagen, aquella sonrisa divertida que le iluminaba los ojos turquesas aferrada al carruaje, su sonrrojo en el momento que posé los labios en su mano, la manera curiosa en la que la había visto por primera vez espiando a través de aquella puerta…

"Continuaremos en otra ocasión Uchiha, prometo recordar la textura de tus labios mientras tanto". Su última frase resonó en mi mente, prometía que la volvería a ver.

Me senté sobre la cama rápidamente. ¿En qué mierda pensaba? Ella era "la Furia del Mar", un pirata que asesinaba sin piedad y que saqueaba como ningún otro. Una, una pirata corrigió una voz en mi cabeza. Una bellísima joven y una peligrosa pirata.

Pegué la frente a la pared de madera, aunque hubiera preferido golpearla con ésta hasta perder la consciencia pero sabía que solo me traería más jaquecas. No entendía lo que me sucedía, nunca había prestado atención a ninguna mujer, nada lograba descentrarme de mis planes y ahora… por culpa de esa pirata… debido a Sakura…

- ¡Sasuke!- me sorprendió Naruto, entrando en mi camarote con la misma libertad que siempre demostraba.- Los criados han cantado como canarios, pero no tenían información que nos fuera útil- dijo, sentándose en la silla del escritorio pero volviéndola en mi dirección.- Resulta que les pagaron una cantidad desorbitada para que les contaran todo lo que sucedía en la mansión y les facilitaran la entrada y salida a ésta.

Sentado aún en la cama, apoyé la espalda sobre la pared.

- ¿Nada más?

- Me temo que no, de hecho ni siquiera fueron ellas las que negociaron todo. Los criados describen a dos mozos morenos.

- Solo nos queda llegar a Tortuga antes que ellos y tenderles una trampa, Hozinki asegura que se dirigen allí- dije cansado.

- No me parece un plan demasiado brillante, Sasuke- dio claramente su opinión.- Ya deben saber quienes somos.

- ¿Y?

- ¡Qué pisar esa isla es una locura!- exclamó intentando persuadirme.

- ¿Y qué propones entonces? Es nuestra única posibilidad, llegar antes de que puedan avisar a los isleños y prepararles una emboscada cuando atraquen- expliqué manteniendo la calma.

- No saldrá bien, lo presiento- aseguró echando la cabeza hacia atrás, contemplado el techo.

- ¿Desde cuándo eres supersticioso?- inquirí.

- No es superstición, sino instinto y mientras que le escucho las cosas me salen bien. Ya sabes, como una conciencia inteligente- argumentó.

- El resto de la gente suele utilizar su propio criterio, dobe.

- Es tu navio, y tu tripulación, así que te seguiré pero dentro de poco reconocerás que yo tenía razón, teme- concluyó, levantándose de la silla.

Y con un fuerte portazo se marchó… O eso pensé porque, cuando comenzaba a pensar en considerar lo que había dicho, volvió a pasar como si no hubiera sucedido nada.

- ¿Y que te pareció la chica?- me preguntó emocionado.

A veces pensaba que tenía doble personalidad…

- Igual que el resto, que tenga el pelo rosa no significa que sea distinta o más hermosa. Además los ojos verdes son muy comunes…

- Me refiero a la de pelo azulado- me interrumpió.- Ya sabes la del cuerpo perfecto, que parece la encarnación de una noche con luna llena.

- ¿Qué? ¿La del vestido de rayas?- Él asintió con premura.- Pues… lo cierto es que no me fijé en ella.

- Ya veo, estabas demasiado ocupado detallando a la de cabello rosa- inquirió divertido.- Entonces ese es tu tipo de mujer, nunca lo hubiera imaginado.

- No digas tonterías dobe, ¿no has escuchado lo que te he dicho antes?

- Sí, me he percatado de lo bien que la has descrito. Aunque para mi gusto era demasiado alta y con poca delantera…

- ¡Qué estupidez, era perfecta! Esbelta, ingeniosa y muy…- Me tapé la boca incrédulo por lo que acababa de soltar por ella, mientras Naruto tenía una sonrisa zorruna que me resultaba insoportable.

- Creo que no necesito añadir nada más- comentó el rubio mientras que yo quería que la tierra me tragara.- De todas maneras eso es bueno, teme. Ya era hora de que te fijaras en alguna y me alegro de que no sea a la que yo he elegido. Pero el problema es que se trata de a quien buscamos.

- Lo sé- acepté sin más salida.

- Bueno yo creo que las cosas se solucionan por sí solas siempre que seas fiel a tu corazón, así que no te preocupes- zanjó el dobe.

- ¿Qué clase de consejo es ese?

- El de un sabio.

- Permíteme reírme.

Días después de esa conversación, me había visto forzado a volver a vestir las ropas de pirata y permanecía en la cubierta del navio bajo mi mando. El viento nos era favorable y ya se lograba avistar la isla de los bucaneros, Tortuga.

A pesar de que solo mostraba la calma habitual, por dentro era un manojo de nervios. Debía encontrarla, ella conocía el paradero de esa persona. Hacía años que había jurado utilizar lo que necesitara para lograr mi venganza, y me mantendría firme. No tendría en cuenta que una cara bonita o lo arruinara todo.

- Preparados señor- dijo Hozinki seguido de Naruto.

- Sí, preparados para fracasar- masculló el ojiazul.

Los tres vestíamos igual que la primera vez que habíamos llegado a la isla.

- Pues pongámonos a ello. Hozinki- le llamé ignorando el comentario pesimista,- no te desvíes del plan.

- Por supuesto- aseguró.

Así abandonamos el navio para ocupar un pequeño bote.

El camino hacia la ciudad, alumbrado por las antorchas que portábamos, se me hizo aún más tedioso que la vez pasada. No solo por la inquietud que sentía, sino por el silencio tenso que mantenía Naruto, que resultaba aún más molesto que su parloteo.

Al llegar al pequeño asentamiento comprobé que allí no había cambiado más que los borrachos antes durmientes, ahora estaban despiertos. Alcanzamos la taberna "Pata de conejo" sin problemas, y Suigetsu entró al establecimiento el primero con decisión.

- ¡Todos los honrrados piratas que os encontrais aquí, debo haceros saber una traición!- exclamó al momento de entrar, silenciando el alboroto que había reinado antes.

Los hombres de mar que habían permanecido en aquel caos de alcohol, broncas y cortejos con la ayuda del dinero en su mayoría, pusieron toda su atención en él. Los rostros de la mayoría reflejaban suspicacia y desaprovación, ante las palabras del peligris. Me fijé en la tabernera de la vez anterior, viendo que la muchacha había dejado sus que haceres y se mantenía a la expectativa con seriedad.

De repente recordé que había pensado que esa rubia era la amante de "la Furia del Mar". Sin embargo, a pesar de que ahora sabía que no era así, conocía que existía una buena relación entre ambas chicas. Si el plan salía bien ella misma nos ayudaría a capturar a la traidora.

- ¿Vienes a declarar tu culpabilidad? Es un detalle, pero ya les he explicado yo todo lo necesario- declaró una voz claramente femenina.

Una chica se levantó de entre los asientos de las mesas, su cabello rosa brilló al fuego de las antorchas y velas que alumbraban la taberna, al igual que sus ojos del color de las aguas del Caribe. La chica mostraba una calculadora mirada mientras el resto de su expresión era de completa sobriedad.

Al instante de que ella se descubriera, junto a ella se levantaron la misma joven de cabello peliazul y un chico con idénticos ojos a ésta, además de numerosos encapuchados del local. Sin duda debían de ser su tripulación.

- ¡Me vendistes un barco robado a la marina real y me dirigistes derecho a ellos!- le acusó Hozinki, cargado de rencor.

Airados murmullos en la taberna surgieron al instante.

- Mientes- dijo con ligereza la pirata.- Y yo sí lo puedo demostrar en este mismo momento. ¡Hermanos piratas, partícipes de la verdadera libertad, este compañero aquí presente nos ha vendido a todos!- afirmó logrando que el silencio se instaurara de nuevo, cargado de tensión. Su tono era poderoso y hablaba con claridad.- Los hombres que Suigetsu ha traído a nuestro santuario son importantes miembros de la marina real. Suigetsu Hozinki nos ha vendido a cambio de su libertad, y en este momento un navio de dicho ejército se encuentra fondeado en las aguas circundantes a la isla.

Fue como si acabara de prender la mecha de un barril de pólvora. Todos los presentes en la taberna se alzaron furiosos, pidiendo nuestras vidas.

- ¡Todo comenzó por ella!- gritó Hozinki, pero fue opacado por gritos que exigían nuestras cabezas.

Mientras me llevé la mano al interior del abrigo, en busca de mi arma, fuertes brazos cayeron sobre mí para estamparme tan largo era en el suelo. Por los golpes cerca de mí, tanto Naruto como Suigetsu sufrieron lo mismo.

Me sujetaron la cabeza contra el suelo, por lo que contemplé como unas botas de un tamaño más pequeño al habitual se detuvieron frente a mí.

Me sorprendió que a estas alturas no nos hubieran despedazado ya, de hecho los minutos pasaban y nada cambiaba. Parecían aguardar a algo, más desconocía el qué.

Bastante tiempo después, y algún que otro golpe de vez en cuando, en la taberna se volvió a guardar silencio.

- Sakura Haruno- comenzó a decir esta vez la voz de un hombre, sonaba de una forma grave que solo los años y la mala vida pueden otorgar.- Tuya ha sido la acusación y descubrimiento de este traidor y su indeseable compañía. Se ha comprobado que tu información es cierta, como prueba hemos podido ver el barco de la marina tal como has dicho. Por lo tanto tuyo es el poder de decisión del destino de estas personas según el código.

Como una ola, las exclamaciones de muerte y sangre golpearon mis oídos. El furor era desorbitado, como un eco de destrución. La rabia por profanar su territorio pedía ser saciada. Sin embargo al instante el clima ensordecedor fue sofocado, sin razón que yo pudiera apreciar.

- Tal como habeis dicho Señor de la Isla, procederé a enunciar la sentencia.- El tono de su voz era como escuchar a un gato relamiéndose antes de comerse a un pájaro.- Para Suigetsu, el traidor, deseo su muerte.- Los vítores no se hicieron esperar, parecían adorarla.- Sin embargo, muy a mi pesar, no puedo exigir la vida de los otros dos. Son generales de la marina real, por lo que prefiero ver qué puedo sacar de ellos. Eso sí, les custodiaré hasta su muerte.

Esta vez su decisión no fue tan aclamada, a pesar de que en ningún momento pareció que no la entendieran, al menos no la mayoría.

- Tus palabras son inteligentes, sin duda eres una buena hija del mar "Su Furia"- le alagó aquel que ella había nombrado como Señor de la Isla.- Ahora debemos destruir el barco de la marina y a todos los que se hallan en él.

De repente unas manos tiraron de mí hacia arriba y, una vez en pie, varios encapuchados me arrastraron fuera de la taberna mientras escuchaba los gritos de Hozinki. Aunque no fui capaz de mucho más, porque sin venir a cuento alguien me dio un fuerte golpe en la cabeza y la oscuridad se cirnió sobre mí.

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La aniquilación del navío fue sencilla. Gracias al amparo de la oscuridad y a que todos los piratas conocíamos la zona como la palma de nuestras propias manos. Desde nuestros barcos volamos el navío como si de prácticas de tiro se tratase.

Una vez hubimos acabado con ese asunto, todos los capitanes nos marchamos con nuestros respectivos barcos y volvimos a atracar.

Ya libre de ocupaciones no pude evitar dirigirme a las celdas. Allí, en una de ellas, contemplé a un desmallado azabache. El joven, a pesar de que aparentaba tener mi edad, era un general de la marina real. Había investigado sobre él, Sasuke Uchiha… Su historia era tan interesante como su rostro, aunque no tan bella.

Me puse de cuclillas para quedar a su altura, me recreé en cada detalle de él. Su cabello, sus espesas pestañas oscuras que contrastaban con la blancura de su piel, aquellos carnosos labios… Esos labios, su boca… No mentía cuando le dije que hasta que nos volviéramos a encontrar recordaría el tacto de sus labios en mi piel.

Me puse en pie rápidamente, a partir de este momento él no iría a ninguna parte y yo necesitaba descansar después de una agotadora jornada.

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- Abrí los ojos desorientado, apenas había luz en el lugar donde me encontraba. Un dolor punzante me hizo llevarme una mano a la parte posterior de la cabeza instantáneamente.

- Ya estás despierto- habló alguien muy conocido para mí.

Alcé la vista para ver dos filas de barrotes entre Naruto y yo. El rubio permanecía sentado en el suelo de madera con la espalda apoyada en la pared del fondo. Miré a mi alrededor para confirmar que yo estaba en las mismas condiciones que él.

- Espero que lo digas teme, venga. Dime: "Tenías razón Naruto mi criterio no resulta tan bueno como tu intuición"- pidió molesto.

Le puse mala cara.

- Cállate dobe. ¿Quién hubiera imaginado que llegarían antes que nosotros? Nuestro navio pertenece a la flota real- repliqué.

- Hum… ¿yo, por ejemplo?- apuntó de mal humor.- Ahora estamos encerrados hasta que nos maten.

- Antes intentaran obtener la mayor información de nosotros, esa pirata es inteligente. Por desgracia para nosotros.

- Sí, bueno. Además hay algo más que me molesta- dijo para entrecerrar los ojos.- Yo quería que mi amor me salvara si nos descubrían y, en lugar de eso, ha sido tu amorcito quien nos ha salvado.

Debería haber esperado algo como esto después del tiempo que lo venía soportando, pero aún así no lo vi venir.

- Lo primero dobe, no es mi amorcito. Y en segundo lugar, yo no llamaría a esto ser salvados- le corregí antes de soltar un largo suspiro.- Estamos en unos calabozos a los que ni siquiera llega la luz del sol, hasta que nos interroguen, torturen o asesinen.

- Bueno, mientras hay vida existe esperanza. Además espero que esta experiencia te sirva para aprender a confiar más en mi intuición.

- Hmp- solté molesto.

En ese momento se escuchó una puerta chirriar y se filtró a la estancia algo de luz natural, opacada por una figura oscura. Reconocí a un hombre joven castaño, sin duda un miembro de la tripulación. Se detuvo ante mi celda.

- Tú, eres Sasuke Uchiha, ¿verdad?- me preguntó.

Me límite a lanzarle una mirada altiva.

- General Uchiha para ti, también puedes llamarme señor Uchiha.

- Creo que no comprendeis la situación en la que os hallais "señor"- dijo el pirata, divertido.- Muy pronto se os bajarán esos humos- añadió abriendo la celda y agarrándome con brusquedad.

Pensé en quitármelo de encima, cuando vi como me ponía un trabuco en la cabeza.

- Ni se os ocurra- masculló el bucanero antes de comenzar a empujarme para sacarme de allí.

El hombre me llevó por distintos corredores hasta lo que me pareció un camarote, donde me arrojó al suelo y caí de rodillas. Ahora, ante mí, tenía a tres personas. Los reconocí como Sakura, la chica peliazul y el castaño de los mismos ojos de ésta que la habían acompañado anoche en la taberna.

- Kiba, puedes marcharte- le indicó la pelirosa.

El marinero asintió y salió de la habitación. Me puse en pie al instante.

- Bien, ¿por dónde deberíamos empezar?- sugirió "la Furia del Mar".

- Por mí comenzaría por tirarlos a los tiburones- se quejó el chico.- Insisto en que es un riesgo innecesario mantenerlos con vida.

- Neji ya hemos hablado de eso- intervino la peliazul, molesta.

- ¿Tú crees que va a ser un pérdida de tiempo que te mantengamos con vida?- me preguntó la de ojos verdes con una sonrisa afable.- ¿Debería hacer caso a Neji?

Yo me reí de forma fría.

- Si pretendeis asustarme así no conseguireis nada- dije tras soltar la última carcajada.- De hecho no lo conseguireis de ningún modo.

- ¿En serio? Os conozco, Sasuke Uchiha- comentó la pelirrosa.- Nacisteis en una familia noble que cayó en desgracia. Todos sus miembros fueron asesinados, excepto vos, cuando teníais seis años. Al menos esa es la versión oficial. Desde entonces manteneis la riqueza de vuestra familia prácticamente intacta, ya que os habeis dedicado a vuestro trabajo desde que tuvisteis edad para ello. Entrasteis a formar parte del ejécito de vuestra majestad a los catorce años, gracias a algunos contactos de los Uchiha, y desde entonces buscais a aquel que os arrebató a vuestra familia- relató para bajar el tono repentínamente.- ¿Es verdad que os escapasteis de casa esa noche por una pataleta infantil y al llegar estaban todos muertos, y las paredes y el suelo brillaban con la sangre de los Uchiha?

Si las miradas matasen Sakura Haruno estaría muerta y enterrada en este momento. Pero sabía que solo intentaba provocarme, así que hice un esfuerzo por mantener la calma.

- Nadie que haya dañado a un Uchiha sobrevive, y el que asesinó a mi familia no correrá un destino distinto- mascullé.

La chica alzó una ceja mientras mantenía una sonrisa torcida.

- Fuisteis tan atrayente en aquel corredor durante la fiesta de lord Orochimaru…- mencionó deteniéndose ante mí, a escasos centímetros, no parecía temerme.

Me acarició la mejilla y yo le aparté la mano con rapidez.

- Entonces pensaba que erais una dama y no una vulgar marimacho pirata- dije con acritud. A pesar de que no era lo que realmente pensaba ya que, a pesar de que nunca hubiera visto antes a una mujer con casaca, no le quedaba peor que el hermoso vestido que llevaba cuando la conocí. Pero después de sus palabras intentaría herirla de la manera en que me fuera posible.

Ella sonrió de forma algo siniestra.

- Si me dieran una moneda cada vez que escucho una falta de respeto por mi género, sería más rica que la corona de Inglaterra. Veo que no sois distinto a otros hombres, por suerte no todos piensan como vos, ya que no me cuesta trabajo calentar mi cama cuando yo lo desee y con "quien" yo prefiera.

Seguramente se trate de ratas ladronas como vos- señalé fulminándola con la mirada.

- Con una sonrisa amable en el rostro me pegó un fuerte puñetazo que me hizo trastabillar un par de pasos hacia atrás. Me llevé la mano a la boca para limpiarme la sangre que me brotaba del labio roto. A pesar de que su cuerpo parecía delicado como el de cualquier dama, pude comprobar que sus golpes no lo eran.

- Un niño rico como tú nunca entendería por lo que pasan aquellos que no tienen ni siquiera algo de comida que llevarse a la boca. No te creas con superioridad moral, la mayoría de los piratas solo han aprendido a sobrevivir con las cartas que el destino les ha dado- me soltó gélida, una vez desaparecida la sonrisa falsa.- Hinata, Neji dejaznos a solas, por favor.

- No creo que sea buena idea, Sakura…- mencionó Hinata preocupada.

- Nos quedaremos al otro lado de la puerta, hermana- le tranquilizó el castaño.

El tal Neji hizo un gesto significatico a la pelirosa y salió del cuarto junto a la otra chica. Sakura se sentó sobre la cama, mientras me evaluaba con la mirada.

- Imagino que he debido de convertirme en un problema grave para la marina real, como para que manden a dos de sus generales en mi busca- dejó caer la joven.

- En realidad te buscaba por una causa más personal.- Quizás aún tenía alguna posibilidad de que me dijera el paradero de la persona que buscaba.

- ¿Personal?- repitió confusa.- No me conocías cuando salistes del continente junto con Suigetsu por primera vez. Además, yo no recuerdo haberte visto antes de la fiesta de lord Orochimaru.

- Tú conoces el lugar donde se encuentra la persona que llevo años buscando- expliqué.- O al menos eso he escuchado.

- Conozco a mucha gente interesante, pero no creo que sean del tipo respetable con la que tu socializas- dijo displicente, mientras se examinaba las uñas.

- Este sujeto se puede describir de muchas formas, pero la palabra "respetable" nunca podría utilizarla para ello.

La pirata volvió su atención de nuevo a mí.

- ¿Venganza?- cuestionó interesada.

Yo asentí.

- ¿Y qué obtendría yo a cambio?- añadió con un brillo codicioso en aquellos ojos verdes.

- Lo que quisieras, mientras no me impida cumplir mi objetivo- afirmé con rotundidad.

- ¡Oh! ¿En serio?- Volví a asentir.- Bien, ¿cómo se llama el sujeto en cuestión?

- Desconozco su nombre, pero se trata de un hombre de posición distinguida que se relaciona con piratas.

Ante mis palabras ella abrió mucho los ojos, sorprendida.

- Es alto, debe medir más de metro ochenta, y no muy corpulento- continué rememorando la única vez que le había visto.

- Lo siento, pero has sido mal informado. No tengo ni idea de a quién te refieres- contestó la pelirosa.

- No es cierto, le encubres, puedo verlo claramente- refuté manteniendo la compostura.

- Mira, Uchiha, sé lo que debe significar para ti cruzar medio océano y fingir ser un tipo de persona que desprecias, por no hablar de a donde te ha llevado eso, pero no puedo ayudarte.

- Te daré lo que sea- intenté tentarla, aunque hasta yo podía escuchar la desesperación en mi voz.- Todo pirata haría cualquier cosa por un buen premio.

- ¿Sabes? Los piratas poseemos un código, puede que no sea muy noble pero algo como tener un segundo, pertenecer a una tripulación, es un contrato de fidelidad. Los que no lo cumplen son escoria, amotinados… No todos los piratas desconocen el significado del honor, solo lo limitamos a aquellos que nos importan.

- ¿Eso quiere decir que el tipo que busco es importante para ti?- inquirí.

Ella sonrió, divertida esta vez.

- Entiendo porqué has llegado tan lejos en tan poco tiempo- mencionó.- ¿Cuántos años tienes?

Me sentí molesto por el cambio de tema, pero decidí contestarla.

- Dieciocho, pero no veo que tú seas mayor que yo- apunté, sin saber a dónde quería llegar.

- Tienes la vida por delante como para jugártela por matar a alguien tan peligroso y poderoso como la persona que describes. Deberías…

- ¡Sé muy bien lo que debo hacer, no necesito un discursito de una ladrona y asesina como tú! Si no vas a ayudarme entonces no digas nada más- la interrumpí enojado.

- Ya veo… Pero de todas maneras te pudrirás en los calabozos del Sirena herrante, juré custodiarte hasta tu muerte- me dijo taladrándome con sus ojos jades como esquirlas.- ¡Neji, Hinata, ordenar a alguien que devuelva esta escoria a su agujero!- gritó.

Segundos después aparecieron el castaño que me había conducido hasta aquí, al que ella había llamado Kiba, y un moreno con la cabeza en forma de huevo. Ambos me agarraron firmemente de los brazos y me encerraron de nuevo en la celda.

- Por lo menos sigues de una pieza- habló Naruto cuando los bucaneros se marcharon.- ¿Qué ha pasado?

- Ella, Sakura, conoce al tipo que busco- le informé, mientras me sentaba en un rincón de la celda.- Pero le encubre.

- ¿Le has ofrecido pagarle bien a cambio?

- Le he ofrecido lo que ella deseara… y se ha negado- aseguré derrotado.

- Bueno, entonces no creo que podamos hacer nada más en nuestra situación.- No dijo nada más porque, sobresaltándonos, la puerta del calabozo volvió a abrirse y esta vez se lo llevaron a él.

Los minutos y las horas pasaban y no le traían de regreso. Al final el sueño me venció y cuando desperté, muchas horas después, la celda que ocupaba Naruto aún se hallaba vacía.

¿Me habría traicionado?

Bueno, he vuelto bastante pronto. Gracias a todas las que me habeis mandado reviews, me hacen super feliz n.n

Pues nada, espero que os esté gustando y perdonar si hay alguna faltilla pero mi word está en italiano y no corrige u.u

Ja ne