Sin embargo, no podian estar más equivocados. Una vez volvieron a la isla principal, Kairi se fue a casa y Riku y Sora a la suya. Hasta que el castaño se desvió con una excusa bastante valida para ser de él.

-Roxas me ha pedido que le recogiera la cosa esa para Naminé, nos vemos en casa. Por cierto, tendras que abrirme tú, no he cogido las llaves.

-Sí, venga, que tú sí que puedes invocar la llave espada. Bueno, no tardes mucho que te toca hacer la cena.

Y así cada uno tiro para un lado.

Lo que ni Kairi ni Riku sospechaban, era que en la mente de Sora, algo habia empezado a florecer, algo malo, que nunca hubiera esperado que le pasara a él. Por el incidente, se dio cuenta de que ya no era capaz de invocar la llave espada. Sí, Riku habia sido rapido atacandole, pero eso era algo normal en él. La cuestión era, que no podia, lo habia intentado y no habia podido. Y cada minuto que pasaba ahora, le quemaba más. Su llave espada, su medio para proteger la isla, los mundos, a Kairi...

Habia pasado mucho tiempo desde la última vez que fue incapaz de invocarla. Pero sabia perfectamente que aquella vez, tenia esperanza en el corazón. Sin embargo ahora solo le quedaba un extraño ardor en el pecho que no le dejaba vivir en paz. Decidió volver donde habia ocurrido el incidente. Así pues, cogió la barca en la que acababan de volver sin que nadie le viera y se dirigió a la isla.

Atracó en el muelle, no tenia ningún tipo de prisa. Paseó lentamente por la orilla de la playa hasta llegar donde habia quedado su espada partida por la mitad. La recogió y suspiró. Entonces, algo le susurró desde detras.

-Volvamos a empezar.

La calma antes de la tormenta, era la única forma que tenia Kairi de explicar como se sentia. El sentimiento que atesoraba en su corazón. Llegó a casa pero dentro de sí seguia sintiendo levemente lo que habia sentido aquella tarde, lo que sintió aquella noche hace tanto tiempo. Entonces empezó a llover, una lluvia que rapidamente se tornó en tormenta. Le faltó tiempo para salir corriendo hacia la casa de Sora y Riku.

-¡Kairi! Baja a cenar. ¿Kairi?

Repetia su madre sin obtener respuesta.

"Sora empieza a tardar demasiado, aunque normal, a saber donde ha escondido el regalo el zoquete de Roxas. De tal corazón, tal incorporeo" Pensaba Riku mientras su estomago le metia prisa con sonidos poco corteses para que le alimentara. Hasta que finalmente un par de golpes en su puerta le hicieron levantarse de la mesa como un relampago.

-Joder, ya era hora, podias haber tardad... ¿Kairi?

Abrió la puerta encontrandose con un panorama totalmente inesperado, la muchacha ataviada con su ropa habitual con la capucha echada para no empaparse de la intensa lluvia que caia.

-Pasa que te vas a poner perdida.

-¿Donde está Sora?

Los ojos de Riku se ensancharon de la sorpresa, esa lluvia le traia recuerdos, así como la repentina desaparición de uno de ellos, pero, no podia ser, no podia estar sucediendo otra vez, y aún menos podia ser Sora quien perpetrara semejante barbarie. Se dirigieron una mirada y con eso les sobró para decidir qué debian hacer, corrieron hacia el muelle a pesar de que diluviaba como nunca antes.

Cuando llegaron el estado del mar era más que disuasorio de intentar coger una embarcación en ese momento. Unas olas gigantescas chocaban una tras otra contra la orilla, aquellos sencillos botes de madera que usaban iban cayendo victimas de la fuerza desmedida del agua que les hacia tambalearse una y otra vez. Se subieron a la primera que vieron que se mantenia a flote y empezaron a remar contra corriente, contra mar, contra todo para intentar llegar a la isla.

Riku usaba su escudo para que las olas no les volcaran ni les hundieran, sin dejar de remar porque sino no iban a llegar nunca. Aún así, y dando todo lo que tenian, tardaron más del triple de lo normal en atracar en la isla. Una vez habian amarrado bien su embarcación se dispusieron a buscar a Sora, pero Kairi paró a Riku.

-¡Tú quedate y asegurate que tengamos barco para volver!

-¡Pero...!

Sus contestaciones se redujeron a nada, pues era de logica pura que alguien tenia que quedarse para que la barca no se hiciera trizas ante la fuerza del mar. Además si era Kairi podria hacer entrar en razón a Sora.

La pelirroja fue directa al lugar secreto de la isla, sabia que él estaba ahí. Aún así, su mirada se desvió un segundo a la pequeña islita que se conectaba mediante un puente de madera. Ahí pudo ver una figura vestida de negro, encapuchada. Pero no le dio mayor importancia, pues su objetivo era llegar a Sora. Así que obviando ese detalle paso directa al lugar secreto.

Cuando llegó, el panorama era de lo más siniestro. Sora se encontraba sentado en una pared, tenia los ojos en blanco, como los tenia ella cuando habia perdido el corazón. Antes de que la chica pudiera reaccionar un agujero oscuro se abrió bajo el muchacho, tragandoselo. En un sprint consiguió alcanzar una de las manos del castaño, impidiendole caer del todo en aquel foso de oscuridad.

-¡SORA! ¡Despierta!

-Kairi, es inútil.

La sorpresa que se llevo Kairi al ver de nuevo los ojos azules de Sora no hizo más que animarla en su empeño de no dejarlo caer en la oscuridad.

-No digas eso, no puedes sucumbir a la oscuridad tú también. ¡No puedes dejarme sola!

Una poderosa luz surgio de la unión de las manos de ambos muchachos y la oscuridad pareció acobardarse, hasta que una enorme mano negra agarró a Sora y empezó a tirar de él para dentro.

-No... no puedo hacerlo, te condenaria...

Acto seguido, Kairi pudo ver como la piel de Sora se tornaba completamente negra poco a poco. Pero no toda de golpe, era como si se estuviera expandiendo lentamente.

-¿Qué?

Y antes de que la pelirroja pudiera hacer nada, el chico soltó su mano. Su corazón se desgarró al ver como la única persona que habia amado caia lentamente en una oscuridad insondable. Hasta que finalmente, el portal se cerró. Sus lagrimas empezaron a chocar contra el frio suelo de tierra que tenia debajo. Se sentia rota y vacia. Pero, por encima de todo, quedaba esa gran duda en su mente. ¿Que habia pasado? ¿Por que se habia soltado de su mano? ¿Qué podia ser tan peligroso y tan inevitable como para rendirse?

La respuesta, ella la sabia, y Sora acabaria por averiguarla. Nada. Nunca te puedes rendir y alejarte de quien amas porque a ti te parezca que así esta mejor. Aún así, hay cosas que se olvidan y errores que irremediablemente seguiras cometiendo. Hay otra respuesta para saber porqué lo sigues cometiendo, eres un imbecil asustado. Te sientes tan indefenso ante el problema que parece tan abrumador que desistes y prefieres alejarte de todo para no provocar daños colaterales. Por mucho que te alejes, tu corazón siempre estara a su lado. Y dolera igual.