Cuando llegues a Amarme
Acto 2
Sin retorno
I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I
El día siguiente fue un poco frío pero de un sol brillante. Irían a conocer las bodegas de hortalizas del señor Ishida y luego irían al puerto a recibir una carga. Fukio siempre le decía a Kaoru que él llevaba una doble vida, porque se ganaba la vida como kendoka, pero se convertía en un comerciante como su padre para ayudarlo.
La bodega a Kaoru le pareció enorme y moderna. A Kenshin le llamó la atención la gran cantidad de comida que había en ese lugar. Fukio les explicó que su padre enviaba a los pueblos cercanos lo que le compraba a los granjeros de la zona, pero que había piezas un poco más "pasadas" que otras.
-Cuando las hortalizas y verduras están muy maduras pero en buen estado, mi padre las obsequia a las personas que no pueden comprarlas. De todas maneras es mejor que perderlas.
Contento,Yahiko tomó una naranja de la bolsa que Fukio regaló a Kaoru. Luego se trepó al carruaje que los llevaría al puerto, al lado del cochero.
Por su parte, Kaoru subió al interior y Fukio se instaló a su lado. Kenshin se sentó delante de ellos y se puso mirar el paisaje.
Fukio les hablaba de un hermano mayor que tenía y que estaba terminando unos estudios sobre comercio en el extranjero para ayudar a la familia. Ya había aconsejado a su padre sobre algunos asuntos que resultaron ir mucho mejor y posiblemente volvería en algunos meses más.
-Le encanta la vida de comerciante. Por eso cuando él regrese a Japón, yo quedaré libre para dedicarme por entero a mejorar mi técnica de kendo y de paso enseñar en el dojo. Y bueno, si las cosas van mal, siempre me puedo poner a vender.
Kenshin sonrió.
-¿Y tú, Kenshin? ¿Cuáles son tus planes?
-¿Oro?
-Tus planes de vida.
"No volver a matar a nadie es el primordial y proteger a las personas que amo" le pareció a Kenshin una buena forma de llevar su vida, pero en lo práctico no se le ocurría nada. Se había acostumbrado a improvisar y a ganar dinero haciendo pequeños trabajos por ahí. En realidad, nunca pensó que dejaría de vagabundear tanto tiempo y pronto comenzaría a caminar de nuevo.
-Siempre me gustó la idea de tener un campo y cultivar algunas cosas. Supongo que cuando me vaya, me gustaría trabajar en uno.
-Vaya... tú si que das sorpresas. No sé por qué pensé que querrías ser policía o algo así.- dijo Fukio.
Kenshin sonrió y se rascó la cabeza. Kaoru en cambio se puso muy seria.
-¿Acaso te irás de casa? ¿No te he dicho que te puedes quedar?
-No se trata de eso, señorita Kaoru.
-¿Entonces?
Kenshin tomó un poco de aire y lo soltó, cansado.
-Me da verguenza molestarlos, pero además, usted iniciará una nueva etapa en su vida. Cumplirá su sueño. Y yo debo proseguir mi camino y buscar los míos.
-Pero Kenshin...
-Puedo ir a visitarla seguido y ver cómo están, pero no me parece correcto estar allí.
Kaoru estaba lejos de aceptar esa explicación.
-¿Y cuándo me lo pensabas decir? ¿O te ibas a ir sin despedirte?
Fukio notó a Kenshin medio acorralado. Trató de calmar a la muchacha.
-Querida, Kenshin debe tener sus propios planes. Debes dejarlo tranquilo. Tal vez el quiera formar una familia en otro lado, visitar viejos ami... -
-Pues que hagan lo que quieran.- interrumpió Kaoru molesta, y los ignoró completamente a ambos mirando por la ventana.
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El paseo al puerto fue emocionante para todos. Ver descargar un enorme barco tenía algo interesante y les dio mucho tema de conversación. Por la tarde llegaron a la casa de Fukio y al día siguiente se entretuvieron conociendo los campos.
Fue así que el día de partida Fukio los fue a dejar a la estación de trenes. Iban todos muy contentos, aunque a Kaoru no le gustaba la idea de tener que separarse del joven. Sin embargo ella tenía compromisos en Tokio y él aún debía ver un asunto con unos vendedores.
Cuando se estaban despidiendo, el joven le pasó a Kaoru algo envuelto cuidadosamente en una hermosa tela, con forma cuadrada.
-Son unas masitas dulces. Mi madre las prepara. Dijo que las tomaras con té y que te encantarían.
Kaoru sonrió, pensando que se había ganado por fin a la suegra. Se despidió de Fukio con la cortesía que obligaban los usos de la época y recordó los besos que se habían dado tras un granero el día anterior. Tras recordarle que tenían que hacer en cuatro días más, se subió al tren, donde Kenshin y Yahiko ya se habían instalado.
Los tres amigos hablaron sobre su estadía en la casa Ishida y todos concordaron en que habían sido muy bien tratados en general y que se habían divertido. Kenshin iba tranquilo, pensando que Kaoru quedaba en buenas manos, a pesar que la señora Yuko Ishida no había sido especialmente amable con ella, pero sobre Fukio, que era lo que importaba, no tenía nada malo que decir.
Llegando a su destino y al pasar por el pueblo, Kenshin se separó del grupo para buscar algunas verduras, a fin de tener para el día siguiente. Kaoru y Yahiko se reunieron con Tae que tenía un problema.
-Oh, Yahiko, uno de mis ayudantes de cocina cayó con gripe y pensé que tal vez podrías quedarte a dormir para apoyar mañana temprano.-
Yahiko miró a Kaoru.
-No tienes ningún entrenamiento especial mañana. Ayuda a Tae y nos vemos en la tarde.
Yahiko se quedó contento, pensando que en el turno de la mañana también estaba Tsubame, una chica que le gustaba. Kaoru se despidió de sus amigos y se encontró con Kenshin que traía un canasto de verduras poco antes de llegar a la casa.
Kaoru de inmediato pidió el cuarto de baño para asearse antes de que cayera la noche y no se le alcanzara a secar el pelo. Kenshin le preparó el baño y cuando Kaoru salió, fue su turno de disfrutar del agua, mientras ella se secaba el pelo y lo perfumaba con una suave esencia.
Al terminar de acicalarse, preparó té y lo dispuso en una bandeja junto con pan y las masitas que le había regalado la suegra. Al terminar tuvo que prender una lámpara en la cocina, pues ya estaba muy oscuro.
Kenshin sonrió al regresar del baño limpio y relajado. Pero le encantó ver la mesa dispuesta. Se sentó y Kaoru le puso la venda del brazo y le acomodó el cabestrillo antes de sentarse al frente para acompañarlo. Él tomó un trozo de pan y ella distraída se lo quitó para partirlo con cuidado. Se lo puso en un plato y él le ofreció un trozo, pero ella lo rechazó.
-Tae me dijo que había ganado peso durante nuestro viaje y ya me mandé a hacer el kimono. Lo mejor será que no coma esto, además, Tae nos alimentó a mi y a Yahiko.-
-No creo que usted haya ganado peso, señorita Kaoru, y si así hubiese sido seguramente fue muy poco.
-Pero no puedo permitirme subir de peso justo ahora.
-Usted se ve bonita así como está.- dijo Kenshin calmadamente sirviéndose un té y mirando de reojo los panes que olían tan bien.
-¿De verdad piensas eso?
Kenshin asintió, y escuchó gruñir su estómago.
-Eres muy lindo conmigo, Kenshin. Por favor, cómete los panes, creo que los necesitas más que yo. Pero déjame uno para mañana, ¿si?-
Kenshin sonrió agradecido y empezó a comer. Kaoru lo miraba, pensando que adoraba verlo tan contento y tan tan tranquilo. De pronto quiso preguntarle algo.
-¿Cómo es estar casado?
-¿Oro?
-Tú estuviste varios meses casado con Tomoe. Aunque al final no resultó, tal vez hubo algo bueno... por algo la recuerdas con aprecio.-
Kenshin terminó de masticar su pan y la miró.
-Casarse es una gran decisión. Es... llegar a casa y ver a la persona que quieres y compartir la comida y estar tranquilos, y ser feliz en la felicidad del otro. Es salir a pasear acompañado. Es apoyarse, es perdonarse... es tener quien te abrigue cuando llega el frío. Es a veces enfermar y saber que llegará una sopa a aliviarte, y un cariño, y un beso.
Kaoru amó cada una de las palabras del pelirrojo. Lo miró risueña.
-Pero Kenshin... tiene que haber algo más. Es decir... estás hablando de la vida que tú y yo llevamos, pero nosotros no estamos casados.
Kenshin tomó un poco de té para pensar. Luego se reacomodó la tela del cabestrillo.
-Es... perseguir un aroma por toda la casa y al final del camino dar con la persona que amas. Y pensar que todo, absolutamente todo está bien cuando la tienes en tus brazos. ¿Mejor así?-
Kaoru tardó en responder, porque a medida que Kenshin hablaba, ella se perdía en su voz y en su forma de mirarla. Se dio un golpecito cuando él la llamo y le preguntó si se encontraba bien.
-Disculpa... Hem... claro que si. Está mucho mejor así. Es más romántico.
-Un matrimonio no tiene que ser romántico, pero sí práctico. No es fundamental para una pareja amarse, pero si apoyarse, saberse el uno del otro y entenderse en otros aspectos.
-¿Qué otros aspectos?
Kenshin la miró un poco incómodo. Se echó a la boca un pedazo de masita y encontró que estaba muy rico.
-Otros aspectos. señorita Kaoru, seguramente sus amigas mayores la pondrán al tanto de esos otros aspectos.-
Kaoru jugueteó con su té antes de tomárselo y Kenshin devoró dos masitas más.
-Yo creo, Kenshin, que tú serías un excelente esposo. Me pregunto cómo será verte enamorado.
-Quién sabe.- dijo él tomando su té sin mirarla.-Tal vez me vea igual que ahora.- respondió enigmático. Kaoru lo observó levantarse de la mesa y como le pareció que el estaba un poco molesto por algo, lo siguió a su dormitorio.
-Oye, disculpa... si mi comentario te molestó.-
-No se preocupe por esas cosas.- dijo él desplegando su futón en el tatami.-No vale la pena hacerlo por alguien como yo.
-¿Por qué dices eso? Yo creo que tú eres alguien muy valioso. De verdad. Alguien que sólo merece cosas buenas. Además, no quiero que te enojes conmigo.
-¿Y por qué le importa tanto? Me iré en un par de semanas, después de su boda, para no molestarlos.
-Pero... pero Kenshin, es necesario que hagas eso?
-Muy necesario.
-Pero... pero yo no quiero que te vayas.- dijo Kaoru apesadumbrada con la idea y se acercó a él.- ¿No te puedes quedar aquí para siempre?
Kenshin sintió un escalofrío en la espalda y caminó por la habitación, evitándola.
-No puedo.
-Pero Kenshin...
Algo en la voz de Kaoru hizo a Kenshin voltear. Se acercó y con delicadeza le tomó las manos. Kaoru lo vió hacer.
-Me tengo que ir porque usted se va a casar y esta vida de "matrimonio" que llevamos ya no podrá ser.-
-¿Qué... qué me quieres decir?
Kenshin la abrazó repentinamente.
-Que yo quiero que usted sea feliz. Sea inmensamente feliz. - dijo emocionado ante las ganas que tenía de confesarle lo que sentía. Pero su mejilla rozó la mejilla de ella, y algo cambió. Empezó a sentir calor.
La noche estaba tan fresca y ella tan cerca de él... si se quitaba el cabestrillo del brazo derecho, ella no tendría escapatoria. Estaban solos, nadie los molestaría.
Sorprendido con la idea que tenía, se alejó unos pasos de ella.
-Será mejor que vayamos a dormir. Buenas noches.
-Buenas noches, Kenshin.
Kaoru trató de ir a su cuarto pero no tenía nada de sueño y se quedó en el pasillo. A veces había tenido dudas con respecto a lo que estaba haciendo. Dudas fugaces que se dijo, tendría toda la gente, pero ahora... ahora...
Ahora se daba cuenta de que tenía que renunciar a alguien y eso la molestaba profundamente.
De pronto Kenshin salió de su cuarto y se apoyó en un pilar.
-¿Pasa algo?- preguntó Kaoru.
Kenshin, que tenía la cabeza baja, levantó la vista hacia ella. A la luz de los faros Kaoru pudo notar que tenía la frente húmeda y respiraba como si el aire no fuera suficiente.
-Me siento mal... - reconoció él en voz baja. Kaoru podía escuchar claramente los latidos de su corazón durante la pausa.- Llame a Genzai. Creo que estoy intoxicado.
Kaoru corrió al dormitorio de Yahiko y recordó que no estaba. Si Kenshin hacía llamar a alguien, es que estaba seguro de no poder dar un paso más. Fue a buscar su calzado para salir a pedir ayuda a algún vecino o al mismo Genzai y estaba poniéndose las sandalias cuando lo vio intentado vomitar en un lugar del patio.
La joven recordó que Kenshin había comido el pan, las masitas y el té verde. Sentía que debía reflexionar sobre eso y descartó que el agua estuviera contaminada porque ella había bebido un poco y sobre el pan, ella había comido un pedazo en el camino. Reparó en que Kenshin no podía vomitar y se acercó para ayudarlo. Lo tomó por el brazo izquierdo.
-Vamos a tu cuarto. Allá te recostarás mientras llega el médico.-
Kenshin permitió que ella lo ayudara, sin embargo algo le sucedió. El aroma de Kaoru llegó hasta él y de pronto fue conciente de absolutamente todo sobre ella. Su respiración, el calor que despedía su cuerpo y lo perfecto que se amoldaba al suyo. Un deseo repentino se apoderó de él con una fuerza que Kenshin no pudo parar.
Apartó a Kaoru bruscamente de él y se metió al dormitorio. Su respiración se hizo más trabajosa porque estaba luchando contra algo que su cuerpo le pedía. Pero Kaoru no tenía idea de eso.
-¿Qué te pasa? ¿Te dolió el brazo? Discúlpame...
-Salga de aqui.- dijo él en un ruego yendo para un rincón de la habitación.
-Pero Kenshin...
Kenshin apoyó su brazo sano en la pared y buscó aire desesperadamente. Le martilleaban las sienes y podía oler a la joven en medio de su mareo. La sangre se fue rápidamente a su entrepierna y sintió su miembro erectarse.
"Esto no puede estar pasando" alcanzó a pensar y gimió, doblándose un poco por una molesta sensación en el estómago. Necesitaba más aire o cometería una locura. Imágenes de él besando, doblegando a Kaoru comenzaron a pasar por su mente.
Al oírlo gemir, Kaoru se acercó a él pensando que algo le dolía mucho y tocó su espalda.
-¿Estás bien?
Pero ese sólo roce fue para Kenshin más de lo que pudo soportar. Gimió al intentar dar un paso hacia la salida y sus pies torpes lo hicieron tropezarse. Kaoru se puso delante de él para sujetarlo. Kenshin se tambaleó hacia atrás peligrosamente y cayó hacia delante, sobre Kaoru que tuvo que doblar un poco las rodillas para recibirlo contra ella sin perder el equilibrio.
La joven estaba muy asustada. Nunca lo había visto así. Lo abrazó para evitar que se deslizara hacia abajo. Sentía que él temblaba y su cuerpo estaba caliente.
-Tranquilo, Kenshin... esto va a pasar. Te ayudaré a llegar hasta el futón, pero necesito que te sostengas mientras lo acomodo.
Se separó apenas un poco de Kenshin y sintió que él movía los brazos entre ellos. Pensó que le dolería algo pero notó que sacaba su brazo del paño que usaba de cabestrillo.
Su respiración se hizo más fatigosa. Ella pensó nuevamente que caería y al sostenerlo, él se abrazó a ella. Algún tipo de instinto le indicó a la joven que era un abrazo diferente y entonces, Kenshin enterró la cara en su cuello.
Él aspiró su aroma y sin soltarla, tomó el paño de la coleta de la joven y lo deslizó suavemente por su cabello, para liberarlo. En ese momento reparó que su cuerpo se sentía mejor.
-¿Kenshin?- preguntó ella en voz baja, con timidez e inseguridad. Pero él ya no la escuchaba, porque estaba perdido en su fragancia, en la seda negra que sentía moverse sobre la punta de su nariz. Kenshin no la soltaba y la apretaba más fuerte contra su cuerpo de tal modo que ella sintió su excitación. Se decidió a apartarlo y en eso sintió un par de gotas calientes sobre la parte descubierta de su hombro. Quedó en shock cuando Kenshin habló con voz ahogada.
-No puedo detenerme... no puedo. Es más fuerte que yo.- reconoció en un lamento. Él sabía que no podía tocarla y ahora era incapaz de quitarle las manos de encima. Sólo pensaba en arrancarle la ropa y hacerla suya ahí mismo y sentía que no podía controlarse. Su voluntad lo estaba evitando violentarla más de lo que ya hacía y eso desesperaba a la parte de conciencia que le quedaba porque el deseo lo estaba arrasando con fuerza.
-Kenshin... no sé que te pasa, pero al menos suéltame.- dijo Kaoru tratando de que su voz sonara más calmada de lo que sentía. De pronto ella fue consciente de todo el calor que despedía el cuerpo masculino y entendió que con semejante afiebramiento Kenshin no estaba razonando. Trató de poner sus manos entre ambos y apartarlo.- Déjame.- musitó. Y volvió a repetirlo. Kenshin seguía temblando y jadeando sin ceder a sus palabras.
Ella no quería forcejear con él. No quería dañarlo. No quería tener que golpearlo en la entrepierna o en el hombro herido, pero su corazón se estaba desbocando de miedo ante lo que pudiera pasar.
-Me gustas mucho... mucho...- susurró Kenshin, acariciando con su aliento el sensible cuello de la joven. Pero además su ronco tono de voz llegó hasta ella como terciopelo. Y de alguna manera eso erizó su piel. -Es un tormento tenerte cerca cada día.- remató él y Kaoru reparó que se dirigía a ella tuteándola.
Pero no pudo pensar mucho en eso, porque Kenshin gimió y enseguida puso los labios sobre su cuello, besando, mordisqueando ligeramente mientras movía las manos sobre la espalda de la chica. Ella sentía como sus senos se aplastaban contra el pecho de Kenshin con cada respiración y tras sentir un leve tirón adelante, entendió que con su abrazo Kenshin trataba de desatar el nudo del obi.
-Por favor, detente...- dijo débilmente con la garganta un poco cerrada.
Pero Kenshin no se detenía.
La duda a cada momento era más grande. Ella tenía la fuerza para mandarlo volar, pero no podía hacerlo, estaba obsesionada con la idea de no hacerle más daño. Las caricias sobre su cuello cambiaron de lado y Kenshin bajó al hombro, cada vez más ávido de ella, cada vez más hambriento. Lo escuchaba gemir con cada beso y repentinamente él jaló de su yukata de tal modo que se abrió un poco sobre el pecho. Su lengua empezó a quemarla allí, a presionar y a tratar de jalar el escote para bajarlo.
-Kaoru... Kaoru... mi Kaoru... -
Eso ya era más que demasiado. Arrepentida de no frenarlo antes, la joven forcejeó para soltarse de él. Imprimió más fuerza al hacer palanca y apenas se vio libre corrió a la puerta, pero Kenshin la alcanzó antes. Kaoru notó las cintas del obi dispersas en el tatami.
Se dispuso a luchar, pero Kenshin esquivaba sus golpes con facilidad.
-Detente, Kenshin, detente...- empezó a suplicar ella, pero él trataba de besarla y ella lo esquivaba como podía.
-No puedo... por favor... sólo esta noche... te deseo demasiado.
-Pero me harás daño si sigues.
Kenshin, que había vuelto al cuello de Kaoru y metía las manos bajo su ropa, se quedó quieto en ese lugar. Su respiración se convirtió en un jadeo continuo y el temblor de su cuerpo se hizo más notorio. No quería dañarla, no quería hacerlo y ella le dijo que se detuviera. Bufó como animal herido al sentir su necesidad convertida en dolor y opresión en el pecho.
Se apartó un poco de ella.
-Vete.- ordenó en un jadeo.
-Kenshin...-
-Vete de aquí, ¡Maldición! - gritó él golpeando un pilar con el puño. Torpemente, Kaoru recogió las cintas. Kenshin llevó una mano a su sakabattou pensando por un momento en rasgarle la ropa. Al ser consciente de esto, volvió a gritar fuera de si.- ¡Vete... vete, maldición, o acabaré violándote!-
Kaoru salió de allí y corrió a su habitación totalmente shockeada. Una vez allí, con manos temblorosas intentó arreglar el desastre de su yukata medio abierta. Consideró que sería mejor ponerse una bata encima y escuchó jadear a Kenshin del otro lado de la pared. Necesitaba conseguir ayuda, pero si él se ponía violento, ¿A quién llamar?
Tenía que salir de la casa. Era lo más seguro.
-Kaoru, ven... por favor... te necesito. Kaoru...- dijo en un lamento del otro lado de la pared.
La llamaba con una voz ahogada a veces, molesta otras. Otras veces era una contenida. Kaoru sabía que no debía asomarse a su cuarto y tras pensarlo un poco, corrió a la cocina para buscar la masita que quedaba de las que comió Kenshin. Para ella estaba claro que ahí estaba la causa del extraño comportamiento del ex rurouni.
Al encontrar la masita, la guardó en un trozo de tela para llevársela a Genzai. Entonces Kenshin apareció en la puerta con la mirada perdida. Traía la espada al cinto y caminaba raro, como conteniendo cada paso. Kaoru supo en ese momento que estaba perdida... parecía que él ya no podía más. Trató de recordar en qué lugar estaban las cacerolas de hierro para usarlas en su defensa.
-Ya no puedo... - susurró Kenshin.- Por favor, si puedes escapar...-
Esta vez Kaoru no esperó a que se lo dijeran dos veces y corrió a la segunda puerta de la cocina. Kenshin le dio alcance, la jaló de una mano y tirándola hacia el mesón, arrasó con todo lo que había allí encima para recostarla. Histérica, ella hizo ademán de arañarle la cara, pero sus dedos perdían fuerza al tocarlo en tanto él se recostaba sobre ella.
Trató de besarla y Kaoru confundida movió la cara. Esto pasó un par de ocasiones más hasta que él la sujetó y encontró con sus labios la boca de la muchacha. El choque al sentir el contacto fue tal que Kaoru dejó de moverse y esta vez su respiración se vio alterada. Algo muy profundo se removió dentro de ella en ese momento que le dolió en el alma, que la hizo sentir ganas de llorar. Como si lo viera por primera vez, como si no existiera nadie más, ella lo dejó seguir en lo que hacía porque perdió la voluntad de detenerlo, aún a sabiendas de que una palabra suya bastaría y ya no se defendió más, no por miedo a que él fuera a ponerse violento si se resistía, si no por algo diferente. Entendió por un momento que no quería detenerlo, que nunca tuvo una intención real de detenerlo y que ya en su dormitorio había querido que él siguiera. Su sangre hervía y sorprendida, se encontró respondiendo al beso pasando las manos tras la cabeza de Kenshin, enredando los dedos en su cabello.
Sobre ella, él la besaba tan sensualmente que poco a poco la hundía más y más en esa locura. Cuando ella le respondió pareció que la misma urgencia masculina se calmaba un poco. Con una mano él tocó uno de sus senos a la par que mordisqueaba y succionaba su boca. Su lengua pronto tocó la de ella y cuando Kenshin se apartó para tomar aire, Kaoru fue en su busca.
Su beso se hizo más exigente y un calor en el vientre y más abajo se apoderó de la chica. Entonces Kenshin se apartó un poco de ella y se fue directo al seno que había estado acariciando, demandando todo el sabor de el. Kaoru se arqueó completamente, anhelando más de eso y esta vez atrayendo la cabeza de Kenshin sobre ella, mientras él trabajaba en desatar el nudo que mantenía la yukata medio cerrada y pronto pudo abrirla por completo antes de volver a la boca de la muchacha.
-Te soñé tantas veces así, Kaoru... - dijo Kenshin en un susurro cerca de su oído.- No sabes cuántas veces...
Sus palabras la sorprendieron, pero antes de pensar mucho en ellas, Kenshin la sentó en la mesa para acabar de desvestirla y saborear y besar cada parte de su torso. Kaoru sentía su razón cada vez más obnubilada por todo lo que estaba pasando y sintió una mano de Kenshin moverse bajo su ropa interior y otorgándole un tipo de placer que la hizo gemir. Se bajó de la mesa, la hizo separar las piernas y se colocó en medio de ellas, haciendo que su erección aún cubierta por la ropa rozara esa zona tan delicada de ella.
-Por favor, déjame hacerlo... Kaoru... por favor... - dijo él abrazado a ella sin dejar de moverse contra ella.
El corazón de Kaoru latía a mil por hora y tener que hacerse cargo de semejante decisión le parecía tremendo. Kenshin... Kenshin... ¿por qué tenía que pasar esto justo ahora?
Cerró los ojos por unos momentos y sintió el miembro de Kenshin caliente bajo la ropa de él. Pero también fue conciente de su propia humedad.
-Hagámoslo...- murmuró antes de besar al pelirrojo y buscar liberarlo de su ropa. No tuvo que insistir mucho, porque Kenshin se despojó de la yukata y la penetró de una sola embestida. Kaoru ahogó un grito mientras lo sentía moverse dentro y fuera de ella, adaptándose a su porte, sin poder creer lo que hacía. Sentia su calor y su fricción dentro de su cuerpo y Kenshin frenético no se detenía ni un solo momento. La volvió a recostar sobre la mesa y quedó muy cómodo para seguir besándola a la par que se movía, pero Kaoru acabó medio sentándose nuevamente para abrazarlo y descubrir sorprendida que en el cuello de Kenshin, la piel era como tercipelo.
En algún punto, como una pequeña brasa en su cuerpo, comenzó a extenderse un calor insoportable y placentero a la vez. Gritó para liberarse y poco después él gimió un poco antes de detenerse. Él también había terminado.
Se quedaron abrazados unos instantes cuando Kaoru notó que Kenshin se movía.
-No pude detenerme... - susurró Kenshin, y soltó a Kaoru. Ella sintió frio y se abrazó a sí misma.
-Tranquilo, Kenshin, tranquilo. Yo también soy responsable.
Pero Kenshin no la escuchaba mientras se vestía.
-¿Cómo le voy a explicar a Fukio lo que acabo de hacer? ¿Y tu reputación?
Kaoru, que buscaba su yukata, se detuvo en seco. En ningún momento se había acordado de su novio ni le había importado otra cosa.
Mientras, Kenshin le echó una mirada y sintió el calor abrasar su cuerpo nuevamente de tal modo que sintió que se sofocaría. La joven sintió un escalofrío atravesar su espalda cuando él se acercó a ella.
-Después de esta noche arderé en el infierno. Pero no me puede importar más que estar contigo.
Sin decir más, la tomó en brazos y la llevó a su cuarto.
I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I-o-i-o-I
Fin acto dos
Sin retorno.
Abril 12, 2015
Notas de autora:
Hola!
Antes de que empiecen a lanzarme tomates y quemarme en la hoguera, me encantaría contarles algo... y es lo difícil, realmente difícil, difícil que fue hacer y terminar este capítulo. "Sin retorno" hace alusión a lo que pasa en el capitulo, y a lo que sentí cuando decidí publicarlo a pesar de tooooooooooooooooodas mis dudas.
Incluso, por primera vez en 8 años de casados, le conté a mi marido de qué iba el fic y qué es lo que quería hacer para pedirle un consejo (que no llegó por lo demás porque me dijo: te está quedando bonito. ¿Y mi cena?). Tuve que pedir permiso de llevar el compu hasta la cama para escribir de noche... ha sido una larga travesía.
Todo empezó cuando se me ocurrió matar a Fukio. Si. Lo iba a matar. Para eso, escribi una escena en que él recibía una herida de espada en la pierna que Kenshin le recomendaba atender. Fukio no lo hacía y lo teníamos con una gangrenota y un envenenamiento en la sangre. Entonces antes de morir le pedía a Kaoru que se casara con Kenshin que la cuidaría. Lindo... el amor llegaría después de eso.
Después, no sé porqué se me ocurrió que la mamá de Fukio era una perra arpía y le daba veneno a Kaoru, del que tomaba Kenshin... y con esa idea empezó el despelote.
Luego de tener a Kenshin afiebrado y medio muerto, me dije... "guau, Kenshin es demasido pasivo. Una droguita salvaje no le vendría mal" Y luego una cosa llevó a la otra y acabó en esto. He de decir que reescribi el capi miles de veces, en otras versiones Kenshin no estaba drogado, pero aunque fuera descabellado, y no sea mi estilo, me gustó. Asi que... aunque me fui en la volá por esta vez, y pido disculpas a quienes no les haya gustado, seguiré con mi trabajo más calmado en el proximo capítulo. Esto de explorar posibilidades nuevas me pareció entretenido.
Por cierto, si encuentran alguna palabra inconexa en medio del texto, puede ser que con todas las versiones que hice, se me pasara alguna.
Un beso enorme a Lorena, que me... contuvo, y aunque nunca leerá esto, a mi esposo hermoso que hace de mís días un cuento de hadas sin alas.
(Igual me siento un poco avergonzada, créanlo, pero con una sonrisa pícara en el rostro)
Blankiss.
