Casi todos los personajes de esta historia no me pertenecen, sino que son de la fantástica escritora Stephanie Meyer, a mi sólo me pertenece la historia.
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Capitulo trece: Agua con gas.
'Aunque el agua este llena de burbujas de gas, no se altera, el agua siempre mantiene su pureza'
Sabía que ya no podía huir, que tendría que enfrentar, lo qué, al parecer, debí haberlo hecho hace ya mucho tiempo. Aún así, sabiendo que tendría que haberlo hecho antes, no estaba segura del todo – más de nada – pero no podía ni debía dar marcha atrás; esta situación se había salido de control. Solo era cuestión de tiempo para que Edward y yo ardiéramos en el fuego y arrastrásemos a nuestros amigos.
Esto, sencillamente, era ridículo. La situación no era tan grave, todo estaba exagerado. Nos estábamos lastimando mutuamente, todo por una estupida pelea que paso hace ya tiempo. Pero, lo peor de todo es saber que esa pelea me hizo abrir los ojos, aunque aún así no pude dejar de lado mi estupido enamoramiento por mi mejor amigo. ¡Era tan frustrante!
Di vuelta en la ducha y, deje que le agua caliente me empapara la cara. Medite brevemente todo lo que había vivido en este corto período. Desde que me encontraba en el avión de camino a casa – en donde, recuerdo que me estresaba el hecho de no saber como iba a soportar vivir junto a él – y como iba a superar la muerte de mis padres.
En cierta forma, estaba bien. Me encontraba bien. Podía pensar en su muerte como algo que paso hace tiempo, pero todavía me negaba a pensar en ellos con detalles. Cada vez que sus rostros se proyectaban en mi cabeza, un temblor recorría mi espina y mis ojos se llenaban de pequeñas y solubles gotas. Era fastidioso sentir que el corazón se achicaba y la presión se hacía cada vez más fuerte con el paso de los minutos. Aunque, a decir verdad, no era la primera vez que experimentaba esa clase de dolor. Durante mi estadía en Inglaterra me había prohibido a mi misma pensar en Edward, y cuando lo hacía sentía lo mismo que siento ahora por mis padres. Sinceramente, no lo veo justo. Se supone que mis padres tienen que ser más importantes que el amor de mi vida ¿Verdad? ¿Estaba siendo egoísta quitándole una parte de amor a mis padres y pasándoselas a un amor que sabía que no iba a ser correspondido? ¡Por Dios!
De pequeña amaba leer cuentos de hadas, de esos en donde el príncipe azul siempre se queda con la chica desafortunada, pero de un corazón enorme. Pensaba en que el chico ideal para mí llegaría a mi puerta y se enamoraría de mí sin mirar en mis defectos; que solo se fijaría en mi persona, en lo que había dentro de mí. Siempre soñaba con que Edward vendría a rescatarme en un gran auto, llevándome lejos del mudo y salvándome de mi propio abismo. Porque, al fin y al cabo, en mi mundo el lugar de príncipe perfecto siempre lo ocupo él, nunca hubo un reemplazo, nunca dude. Al final, termino hundiéndome en él; en mi abismo de donde jamás me rescataron. Pero aún así, sigo esperando que me rescate, aunque sea consiente de que nunca pasara. Edward, en mi mundo y el de todos los vivos, es la perfección encarnada, yo por el contrario soy un desastre. Es más que obvio que no encajamos, pero soy masoquista, y me gusta pensar que a veces se puede.
Faltaban exactamente, 45 minutos y 28… 27… segundos, para que el reloj marcara las 8.30 de la noche. Alice seguramente estaría en estos momentos maldiciéndome por tardar tanto en la ducha, pero es que necesitaba un tiempo a solas para poder pensar en lo que iba a hacer esta noche. Estaba tan horrorizada.
Solté un suspiro.
El hecho de pasar tiempo a solas con Edward no me asustaba, lo había estado haciendo por 10 noches, pero lo que me aterraba era no poder escapar si la situación no podía sostenerla. Estaría lejos de la casa, de Emmett y Jasper, mis protectores, incluso de Alice y Rose. Nadie estaría a mi lado cuando necesitara ayuda, cuando mis lágrimas se derramaran – porque daba por hecho que eso iba a suceder - , cuando no tuviera palabras con las que responder… cuando todo se saliera de control como de costumbre.
Se escucho un ruido estridente de abajo. Alice estaba, seguramente, hablando con Edward y suplicándole poder vestirlo, quizás esa era la razón por lo que aún no había entrado al baño y sacado de la ducha de los pelos.
37 minutos 18…17…16 segundos. Y el tiempo parecía seguir avanzando con más rapidez, justo cuando por primera vez deseaba que se detuviera. Pero nunca tendría el poder, porque a pesar de todo lo que había vivido, de lo que había llorado, y lo que mi corazón había parecido detenerse, el tiempo pasa, siempre lo hace. Aunque parezca que no.
Comencé a prepararme mentalmente. Apenas cruzaran la puerta del baño me encontraría a la merced de los hermanos Cullen. No sabía que era peor, si la ira de Alice al no poder dejarme perfecta en tan poco tiempo o pasar la noche con Edward. Ok, no había que pensar mucho, Alice era peor.
Finalmente, y sin mas opción, cerré la llave de agua. Había pasado ya demasiado tiempo bajo ella y mi piel ya parecía la de una pasa. Rodé los ojos ante ese pensamiento, sin duda Alice acabaría conmigo.
Me seque con rapidez y me adentre en mi dormitorio. Sobre la cama había un conjunto, que debía admitir que era sencillo pero elegante.
Me puse el conjunto de encaje blanco que Alice me había dejado. Alce los ojos al techo, esto era inaudito, hasta la ropa interior me elegía. Ni que las fuera a mostrar.
Pase la mini de jean oscuro por mis piernas y un escalofrío recorrió mi cuerpo, estaba segura que pasaría frío esta noche. Me puse la remera de lycra blanca con mangas ¾ que se ceñía a mi cuerpo marcando mis escasas curvas, y luego el suéter de hilo negro que también se ajustaba a mi cuerpo, y era un poco mas corto que la camiseta.
Hasta ahí todo estaba bien. No era muy mi estilo, pero me gustaba. Después de todo era sencillo, pero elegante. Ahora venia la peor parte, solo tenia que bajar la mirada al suelo y dejar que me diera un ataque por los zapatos que habría elegido mi amiga.
Tome un suave respiro. Era gracioso lo que le temía a los zapatos. Baje los ojos y allí estaban. Un par de botas medias negras de un tacón de aproximadamente 8 centímetros. Dios mío. ¡Pero Alice intentaba matarme!
Las mire con odio, y sabia que ellas me miraban de la misma forma; bueno lo harían si tuvieran ojos. Sin remedio, me senté en la cama y me las coloque con desgana. No podía oponerme, le había prometido a Alice que me vestiría y no quería discutir con ella.
Cuando termine de subir el cierre, pensé en lo que iba a pasar. Nervios y ansiedad me invadieron de una forma casi insoportable.
Me puse de pie y empecé a caminar por la habitación, en forma de práctica. Así al menos no haría tanto el ridículo frente a Edward – aunque él me había visto en peores condiciones-. Todavía la toalla estaba sobre mi cabeza para que mi cabello no mojara mi ropa, era un buen peso para usarlo de equilibrio.
Puse toda mi concentración en cada paso que daba y, milagrosamente logre no caerme en ningún momento.
Iba más o menos por la quinta vez que caminaba alrededor, cuando la puerta se abrió de un golpe. Pegue un grito y perdí el equilibrio cayendo de culo. La risita de atrás hizo que mis nervios se pusieran de punta. Alice había llegado.
-¡¿Bella?! ¡¿Estás bien?!.- grito Edward desde su habitación. Escuche la perilla de su recamara tratando de ser abierta.- ¡Diablos, Alice! ¡Estas loca!.- se oía furioso.- ¿Cómo vas a encerrarme?
-¡Cálmate, Edward!.- grito su hermana sin moverse. La mire y la fulmine. Se estaba sobrepasando con todo esto. Edward tenía razón, estaba loca.- Bella esta bien, sólo perdió el equilibrio cuando entre.
Iba a matarla.
Me levante enfurruñada, y me senté en la cama con los brazos cruzados al pecho. No iba a moverme de ahí ni dirigirle la palabra.
Al parecer supo entenderlo, ya que soltó un suspiro y entro en la habitación cerrando la puerta tras ella. Se arrodillo detrás de mí y comenzó su trabajo. Quito la toalla y seco mi cabello. Luego lo aliso, y recogió un par de mechones rebeldes atándolos en diferentes sitios de mi cabeza. Parecía que casi todo mi cabello estaba suelto.
Seguí inimputable. Alice se movió hasta colocarse delante de mi y comenzó a maquillarme. No le preste atención, no le hable, no la mire. Me había enojado. ¡¿Cómo podía ponerme tanto en ridículo?! ¿Tanto le costaba disculparse? De cualquier forma sabía que no lo haría.
Los gritos de Edward se escuchaba suaves desde su recamara a la mía. Sin duda Alice no sabía en lo que se había metido.
Cuando acabo, se levanto y se dirigio a la puerta. Ni siquiera la mire.
-Cuando quieras puedes verte en el espejo.- dijo en un murmuro y salio de mi cuarto.
Espero hasta escuchar como abría la puerta de Edward para asegurarme de que estaría entretenida, y me moví hasta el espejo de cuerpo entero. Debía admitir que me veía bien.
Mi cabello había quedado casi suelto, como había predicho. El maquillaje no era cargado. Solo un poco de base y rubor en las mejillas, brillo e los labios, delineador negro en los ojos y me había arqueado y oscurecido un poco las pestañas.
Dos golpes en la puerta me hicieron saltar.
-¿Bella, ya estas lista?.- la aterciopelada voz de Edward hablo del otro lado.
Mi corazón se detuvo, y de repente no había nada más en mi mente. Todo estaba quieto en mi cuerpo, mis órganos habían dejado de funcionar, sólo podía respirar y mirar hacía la puerta como si fuera un objeto de muerte.
Trate de volver a la realidad.
-Enseguida- musite.
-Estaré abajo.- contesto y con eso se oyeron sus pasos alejándose.
Corrí por la habitación, nerviosa. Busque en mi placard un pequeño bolso negro charolado. Coloque las llaves, el móvil y un poco de dinero. Quería estar preparada por cualquier cosa.
Me eché una última mirada en el espejo y salí de mi habitación indecisa. Mire el reloj de mi muñeca. Tendríamos que salir de aquí en diez minutos, o Emmett llegaría de la universidad y todo sería un completo secándolo.
Cuando llegue al pie de las escaleras; apoyado en la baranda, tenso estaba Edward. Como de costumbre se veía hermoso… perfecto. Llevaba puesto un jean azul angosto, una camisa un tono mas claro que el jean metida adentro, adornada con un cinturón marrón. Tenía puestas unas zapatillas All-Stars blancas y negras. Su cabello estaba aún húmedo, y como siempre, despeinado.
Baje la vista a sus hermosos ojos y me sorprendí al notar como me observaba.
-Estas hermosa, Bella.- musito.
Mis mejillas no tardaron en colorearse. Alzo una mano ofreciéndome su apoyo. Quería tomarla, de verdad quería, pero me negué. Camine con cuidado pasando por su lado.
-¡Adiós Esme!.- grite.
-¡Adiós chicos, diviértanse!.- nos deseo desde la cocina.
Diviértanse. Sin tan sólo supiera que no íbamos a hacer eso…
Edward abrió para mí la puerta y salimos. Caminamos hasta el garaje, y nuevamente, Edward siempre tan caballero, me abrió la puerta. Me metí sin pensarlo. Sin lo pensaba sabía que me echaría atrás.
Ganas me invadieron de subir mis piernas y aovillarme como hacía siempre en el Volvo, pero no podía, la pollera me lo impedía.
Cuando salí de mi extorsionadamente mente, el auto ya estaba en marcha.
No hablamos en el trayecto. Para distraerme juguetee un poco con la radio, hasta que me aburrí de no encontrar nada bueno. Estaba a punto de volver a dejar todo en silencio cuando recordé los CDs de Edward. Rebusque en el equipo, hasta que halle el que buscaba: el CD de piano compuesto por él.
Note como Edward se sorprendió cuando su propia música invadió el tenso clima. S puso rígido en su lugar y apretó el volante. Me hecho una rápida mirada, siguió conduciendo hasta la autopista.
Su reacción me sorprendió, no lo entendía. Creí que le iba a agradar el hecho de que me gustara su música, pero al parecer me confundí. Voltee mi cuerpo y mire por la ventana. Inconcientemente subí mis piernas para abrazarlas, sin importar mi vestimenta, y comencé a tararear la melodía que se oía de fondo. Me sorprendí a mi misma, la melodía no la había escuchado en el período que había estado de vuelta en USA, no había a alcanzado a escuchar mas de dos canciones del CD, pero misteriosamente la conocía.
Busque en mi mente algún recuerdo donde la canción sonara de fondo, pero nada. Al parecer estaba demasiado escondido, quizás permanecía a alguno de esos archivos que intente eliminar.
Desde el reflejo del vidrio, pude ver como los ojos esmeraldas de mi acompañante se posaban en mí. Si yo estaba sorprendida, no quería saber como se sentía Edward.
-No puedo creer que la recuerde.- pensó en voz alta. Hice oídos sordos, sabía que estaba metido en su mundo. Aunque si supiera que en realidad no la recordaba… de acuerdo no iba a tener que enterarse de ello.
Seguí tarareando, cada melodía que sonaba la conocía. Cada una de ella le daban a mi cuerpo una descarga eléctrica y un apretón a mi corazón. Todo estaba tan enterrado, odiaba no saber porque las conocía, que había vivido con ellas.
El viaje no fue muy largo, aunque pareció eterno. Edward estaciono su Volvo en un garaje que pertenecía a un restaurante, aunque no preste atención al nombre.
-Llegamos.- suspiro inútilmente cuando apago el motor.
Deshice mi ovillo y quite la vista del frente. Me desabroche el cinturón, y la puerta ya estaba abierta gracias al caballerismo de Edward. Me ofreció una mano para poder salir, y la tome agradecida. No me sentía seguro con los tacones.
Cuando salí Edward no soltó mi mano, y aunque no me sentía cómoda gracias a la situación que estábamos pasando, me gustaba su calidez con mi piel, su presión con mi pequeña mano, el hecho de sentir que me pertenecía.
Subimos en un ascensor. Me estaba empezando a sentir mareada, la tensión entre nosotros se podía cortar en el aire con un cuchillo. Cuando las puertas se abrieron, mostraron el cálido escenario. Sin duda era un lujoso restaurante, muy al estilo Edward Cullen, pero no era demasiado.
Un dependiente, vestido con un traje negro y bastante guapo, se acerco a nosotros con una amable sonrisa.
-Bienvenidos a Rodizio, ¿Tenían reservaciones?
-A nombre de Cullen, Edward.
El dependiente tomo una carpeta de cuero negra que había en un mostrador a su lado y se fijo en una lista. Con su dedo iba señalando cada nombre, hasta que se detuvo. Edward le dio un suave apretón a mi mano.
-Sí, la mesa 78 para dos personas con vista al río.- me sonrío directamente a mí.- Estoy seguro que le gustará la vista que el joven escogió.- Le sonreí. Se veía tan simpático.- Acompáñenme, les indicaré donde se halla su reservación.
Les seguimos de cerca. El salón estaba lleno, pero aún así, se veía íntimo. Casi todas las personas que se encontraban allí estaban metidas en su propio mundo, pocas eran las que estaban en familia, muchas era parejas jóvenes. Me sorprendió ver la variedad, jóvenes, ancianitos que aún seguían luchando por su amor, de mediana edad, incluso adolescentes, casi como nosotros.
El dependiente corrió una silla para mí cuando llegamos a la mesa. Sin duda, y como había dicho él, tenía la mejor vista al río. Era hermoso. Muy a mi pesar, solté la mano de Edward e hice halago al gesto del empleado.
-Gracias.- murmure cuando me senté. Me regalo una sonrisa, y se dirigió en busca de nuestro camarero.
Cuando estuvimos solos, un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Sentía la mirada de Edward puesta en mí intensamente, y no estaba preparada para enfrentarla. Me concentre en la preciosa vista que nos agraciaba. En un gesto casual, coloque mis manos en la mesa, pero no esperaba nada de lo que paso. Edward tomo ambas y entrelazo nuestros dedos. Pegue un brinco cuando sentí su calor inigualable, y mire en dirección a Edward. Sus ojos verdes nunca habían transmitido tantas emociones como lo estaban haciendo en este momento. En todos los años que lo conocía, jamás había leído tanto en ellos. Estaba loca, unos ojos no podían decir tanto ¿Verdad?
Nos miramos fijamente, con nuestras manos entrelazadas, por tiempo indefinido. El mundo se congelo en aquel instante, en donde nuestros ojos se unían en un sin fin de emociones y todo lo que conocía dejaba de ser como creía.
Y como si de una aguja se tratara, el camarero llego y nos pincho la burbuja. Quise fulminarlo con la mirada, quise maldecirlo de todas las formas e idiomas posible. Quise… matarlo.
Dejamos de mirarnos intensamente, y al mismo tiempo volteamos a ver al camarero, que se sonrojo violentamente cuando fijamos su atención en él. Me reí en silencio ante aquello, me hacía acordar tanto a mí.
-Buenas noches, soy Jesse, y seré su camarero esta noche. ¿Conocen el sistema?.- negué con la cabeza inconcientemente. Me sonrío comprensivamente, parecía ser nuevo en el servicio.- Las bebidas deben de pedírmelas a mí, la mesa fría es libre, pueden pasar cuando gusten. Cuando estén listos para el plato caliente, me avisan e irán trayéndoles distintos platos para que escojan. Si quieren algo específico, sólo díganmelo.- Sonrió y nos tendí una pequeña carta de cuero negro.- Esa es la carta de bebidas…
-Yo quiero una agua con gas.- me apresure a decir y le tendí la carta nuevamente.
El asintió con la cabeza, en modo de que ya lo tenía y fijo su vista en Edward que seguía con la nariz metida n la carta. Parecía que en vez de elegir que quería para beber estaba escondiéndose de alguien.
-Otra.- contesto al fin, y le devolvió la carta.
-Muy bien.- dio vuelta las copas que estaban enfrente nuestro y acomodo su servilleta blanca en el brazo derecho.- Cuando quieras pueden pasar a servirse, y seguida les traigo las copas de champagne de bienvenida y sus bebidas.
Sin más preámbulos, dio la vuelta y se marcho al interior del restaurante. No quería ni imaginarme lo que le costaría todo esto a Edward, por más que no fuera uno de los más lujosos – como esos que hay en los hoteles de cinco estrellas – pero eso no quitaba que no fuera lujoso.
-¿Quieres ir por algo de comer?- Edward parecía intimidado, quizás estaba tan o mas nervioso por lo que nos esperaba, que yo.
Asentí y juntos nos levantamos de la mesa en dirección en donde estaba la comida. Buscamos un plato y comenzamos a dar vueltas alrededor de los mostradores en busca de algo que nos llamara la atención. Había cosas espectaculares, no podía negarlo, pero estaba tan nerviosa que no sabía si iba a poder probar bocado.
Edward se mantenía cerca de mí, como si temiera que en el menor descuido saliera de allí corriendo. Idea que si se pensaba, no era tan errada, pero con mi fama de patosa no lograría llegar ni a la puerta antes de ser descubierta.
Sin mirar que me servía, comencé a llenar mi plato con saladas y canapés. Edward vigilaba cada uno de mis movimientos con más atención de la debida, esta noche sería muy larga…
… camine hasta la mesa de vuelta con Edward pisando mis talones. En ella ya se encontraban nuestras bebidas más las dos copas de champagne que Jesse había dicho que traería.
Y el silencio nos invadió. No era tan incomodo como el de antes, este más bien se parecía a ese silencio que compartimos en mi cuarto por unas cuantas noches. Había tensión, pero algo se sentía bien. No podía describir que era, pero amortiguaba e ambiente.
-¿Te gusta el lugar?.- pregunto Edward tomándome por total sorpresa.
Levante la cabeza de mi plato y deje caer el tenedor en el.
Era tan extraña la expresión de su cara.
-Es…- Edward me miraba expectante, curioso.- hermoso. Pero Edward debe de ser muy…
-Bella.- me interrumpió antes de que acabará con mi reproche.- Ese es mi problema. Que bueno que te agrade, hace años que estoy esperando por traerte aquí.
Eso me confundió.
-¿Cómo que años?
Soltó un suspiro. Deje sus cubiertos en el plato y tomo un sorbo de Coca-Cola. Se removió nervioso en su lugar. Eso significaba solo una cosa: aquí empezaba la conversación.
-Hace tres años, había reservado esta misma mesa para tu cumpleaños…- mis ojos se abrieron a más no poder ante aquella declaración.- pero todo se salio de control. Te fuiste antes de tu cumpleaños…- su voz se apago de apoco.
-Lo siento.- fue lo único que se me ocurrió decir. La expresión de Edward en ese momento fue algo que no pude comprender.
-No tienes por que.- se apresuro a contestarme.- Bella esta noche necesito que aclaremos todo. No voy a influenciar en tu decisión acerca de lo que decidas sobre nosotros, pero quiero que al menos las cosas queden claras. Si después de esto decides seguir sin hablarme, no me opondré. Si quieres que volvamos a ser amigos, estaré allí. Si quieres que seamos más…- se callo de repente. ¿Iba a decir lo que creía? ¿Estaba a punto de decir 'Si quieres que seamos más que amigos'? ¿Tendría el mismo significado esa oración para mí que para él? De seguro, no.- Pero sólo te pido que me dejes explicar todo lo que sucedió, no sólo después de la pelea, sino desde que te conozco, Bella. Desde que apareciste en mi vida.
-¿Qué quieres decir, Edward?.- tartamudee.
Tome mi vaso y lo lleve a mi boca para poder mantener mi boca ocupada.
-Sólo quiero que sepas, y que nunca dudes de lo que te amo, Bella.- deje de respirar. Me congele, aún con mi mano tomando el vaso, aún con él en dirección a mi boca. Esto no era lo que esperaba, esto no podía ser verdad. Lo mire, aunque me costo. Se veía seguro de sus palabras, de lo que decía, aunque por alguna razón estaba hablando demasiado rápido. Parecía como si quisiera que esto acabase pronto, terminar con nuestro dolor de una vez y acallar las mentiras. Pero mi mente estaba en blanco, y me estaba costando horrores seguir el ritmo de Edward, estoy segura que ni un superdotado podría entenderlo en estos momentos. Odiaba que se pusiera muy nervioso, ya que yo siempre terminaba peor que él. ¡Iba a darme un para cardiaco en el medio del restaurante!.- Que por más de todo lo que pasamos, mis acciones tienen un por qué, todo tiene un sentido. Mi excusa, aunque te parezca vana e insulsa, la respuesta a mis actos es que te amo. Siempre lo hice, y siempre lo Hare. Estoy dispuesto a todo, Bella, a todo por ti. Seré lo que tu quieras: tu amigo, un desconocido, un compañero… sólo déjame contarte mi versión de la historia.
Y cuando acabo su hermoso discurso de ensueños; donde podía seguir con vida aún sin espirar, donde podía pensar aunque mi corazón no latiera…
… me ahogue. No había prestado atención en todo este tiempo que mi bebida seguía corriendo por mi garganta.
Baje con brusquedad el vaso de cristal y comencé a toser. Seguramente este debía ser el momento más embarazoso de mi vida, por fin oía las palabras con las que había soñado infinidades de veces, y simplemente yo me ahogaba.
¡Maldita agua con gas!
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¡Holis, gente linda! Lamento mushio el retrazo, no voy a darles mis excusas, creo que ya los conocen y todas se emitan a una sola 'falta de tiempo'.
¿Qué les pareció el chap? ¡A que no se lo esperaban! La noche no acaba aca ni mucho menos, como veran, y no den nada por sentado.
No es muy lindo Edward? Aunque fue un poco brusco en como de repente dijo lo que guardo todo este tiempo.
Bien, con respecto al Edward POV, lo hare en el Epilogo, ya que la gran mayoria voto por ello o porque no lo colgara. Pero creo que merece un cap para que entendamos que sintio exactamente durante toda la historia.
El restaurante 'Rodizio' es muy conocido aca en Argentina. He ido un millon de veces con mi padre (y recientemente con mi novio que cumplimos 1 año y medio juntos, jejeje). Les deje la pagina oficial del lugar en mi perfil para que pasen a ver como es el escenario para este chap :)
Con respecto al chap anterior… Gente, el principio es un sueño de Bella, un recuerdo. Los padres de ella estan muertos… creo que era bastante obvio que era un sueño cuando la despiertan y vuelve a la historia que conocemos…
PROPA!
Casualidades Fugases (Todos humanos, ExB)
La Rosa Negra (Todos humanos, ExB) ¡NEW!
Hasta el Crepúsculo (ExB)
Breaking the Habit (Alice & Jasper) Por favor pasen por esta, actualice hace poquito…
Aullidos de muerte (OneShoot, ExB)
Leyenda de San Valentín (Ganadora de un concurso literario de mi país y otros dos en Internet. OneShoot ExB)
Living in a Word Without You (OneShoot, ExB)
Bijoy Wasurau (Card Captor Sakura, SxS)
MUSHIAS GRAX X SUS RR!! De verdad, les agradezco todo su apoyo, me hacen muy feliz. Conteste todos los RR que querían una respuesta. Hay mushios anonimos que me hacen preguntas, sino dejan una direccion en donde pueda contestar sus dudas (recuerden poner los espacios en la direccion de mail o lo que sea, ya que si lo escriben todo junto no se guarda), porque no se si lo saben, pero esta prohibido contestar los RR en los chaps.
Nos leemos en el proximo chap, dejen rr :)
Besop(L)
Hasta el crepúsculo…
Luchyrct
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