Cuando llegues a amarme
Acto 3
Sin Salida
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La madrugada estaba un poco fría, aunque Kenshin y Kaoru no tenían cómo percibirlo. En cuanto él acabó de tenerla por séptima vez esa noche, ella se acurrucó contra él, apoyando la cabeza en uno de sus brazos. Con la mano libre Kenshin atrajó los cobertores sobre ambos y la cubrió hasta los hombros. Estiró los cobertores un poco más hacia arriba y acabó de cubrirse él.
Pasó una pierna sobre las de ella y a su vez, ella cruzó una pierna sobre la suya, de modo que quedaron completamente enlazados. La joven bostezó y se quedó dormida de inmediato. Bajo la ropa de cama, el calor era reconfortante y abrazándola, Kenshin deseó que ese momento no terminara nunca.
Más que el sexo o cualquier otra cosa, tenerla entregada y relajada, durmiendo en sus brazos era un verdadero premio.
Mirándola, le pasó un mechón tras la oreja mientras le acariciaba las mejillas arreboladas como al descuido. Suspiró y se acomodó para dormir también. A pesar que se sentía más alerta que nunca, le pareció una buena idea. Pero no era fácil cerrar los ojos. Significaría perderse ese momento con ella. No se quería perder nada.
Durante la noche no le había dado tregua y ella se dejó hacer todo lo que él quiso casi sin reclamos. Dormían a ratos y él la despertaba con esa sensación apremiante en su cuerpo de falta de aire e imágenes sexuales. Entonces se ponía encima y la muchacha sin decir nada lo recibía sobre y dentro de ella.
Sabía que el día siguiente iba a ser difícil, pero no quería pensar en eso. ¿Cómo le iba a explicar que nunca en su vida le había pasado eso? El siempre tuvo el control sobre su cuerpo y sobre sus instintos y ahora no podía parar.
Comenzó a sentir ese calor espantoso y ahogó un gemido de desesperanción. La necesitaba de nuevo. Aguantó estoico unos minutos y cuando no pudo aguantarse se movió con cuidado sobre ella. Bajó la nariz hasta su cuello y aspiró su fragancia.
Kaoru hizo una mueca cuando él la penetró mientras dormía y aunque esta vez Kenshin se dominó de todas las formas posibles, y lo hizo suavemente, ella entreabrió los ojos. Él se quedó quieto.
-Discúlpame si no te sigo, pero estoy muy cansada. ¿No te enojas?-
¿Cómo se iba a enojar? Kenshin negó con la cabeza mientras las lágrimas asomaban a sus ojos por la frustración de sentir que algo muy poderoso lo dominaba. Terminó al cabo de unos minutos y tras acomodar a Kaoru como un maravilloso tesoro entre los cobertores, salió con paso decidido al patio, antes de empezar a afiebrarse de nuevo y llenó una cubeta con agua del pozo. El cielo comenzó a cambiar de color para dar paso al amanecer y Kenshin se dio vuelta una cubeta encima.
Gimió al sentir el frío sobre su cuerpo caliente, pero se dio valor y llenó otra cubeta. Respiró entrecortadamente y tiritó, pero sacó la tercera.
Kaoru despertó varios minutos después. Le faltaba Kenshin al lado. Asomó su cabeza, buscándolo y salió al patio. Lo vio empapado, sentado al lado del pozo y con la cubeta en sus manos. Lo llamó.
Kenshin la vió acercarse con la yukata mal cerrada y cerró los ojos. Ya no quería tener esa sensación. Acabaría matándola si no paraba. Se vació la cubeta y aprovechó la instancia de frio para hablarle, aunque le castañeaban los dientes y tenía los labios morados.
-Kaoru, escúchame con atención, tienes que ayudarme.-
-¿Yo? Pero cómo...
-Ve y busca mi sakabatto... o alguna de los boken tuyos. Tienes que darme un golpe en la cabeza. Sólo así me calmarás. Tú eres maestra de kendo. Sé que puedes moderar tu fuerza para no hacerme daño.
¿Golpearlo? Kaoru no podía pensar en eso. Lo miró con la súplica en los ojos.
-No me pidas...-
-Lo tienes que hacer. Yo no puedo parar... si quieres descansar de verdad, o ir a buscar a Genzai o lo que sea, tienes que dormirme.
Kaoru buscó en su mente alguna solución pero ninguna vino a ella. Suspiró.
-Está bien. Lo haré. Pero antes de eso sécate y vete al dormitorio. Yo me prepararé.
Kenshin hizo caso y fue a su dormitorio. Se puso en cuatro patas y agachó la cabeza. Tras varias inspiraciones para dominarse, Kaoru le asestó un golpe con su boken y él cayó al suelo, al lado del futón. Tras acomodarlo y poner su cabello húmedo hacia atrás, dejó a Kenshin durmiendo, se aseó y se vistió rápidamente para ir por el médico. Antes se pasó por la cocina revuelta y reparó en un par de cazos rotos en el suelo, pero encontró la masita intacta y se fue. La mañana estaba helada a pesar del sol. Genzai estaba tomando desayuno cuando ella alcanzó su casa.
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El sol entraba a raudales por la puerta abierta en el dormitorio de Kenshin. Él abrió los ojos lentamente y sintió una fuerte molestia producto de la luz, asi que fue a cubrirse con su antebrazo derecho. O lo intentó. Estaba encabestrillado nuevamente.
Mientras se ponía la mano izquierda sobre la cara, sintió que entraba alguien.
-Buenos días, Kenshin.- lo saludó Kaoru con suavidad. Él sólo movió la mano a modo de respuesta. Se sentía pésimo. La cabeza le martilleaba y la sed... si no hubiera tanta luz se levantaría él mismo a buscar un balde de agua.
Escuchó entonces el sonido del agua cayendo a un vaso y sin abrir los ojos se intentó sentar. Entonces percibió que cada articulación de su cuerpo dolía de manera considerable y emitió un gemido.
-Aquí tienes un poco de agua. Tiene limón y pepino. Genzai dijo que te ayudaría.- dijo Kaoru poniéndole el vaso en la mano. Kenshin bebió ávido, al punto que un poco de líquido se deslizó desde los bordes de sus labios. Enseguida pidió más y al tercer vaso se tranquilizó.
-¿Podría tapar un poco la luz?- dijo débilmente. Estaba agotado luego de sentarse. Kaoru le preparó un nuevo vaso con agua y le puso algo adentro. Le indicó a Kenshin que se lo tomara mientras cerraba la puerta y la habitación quedaba en penumbras.
-Es un medicamento que te bajará el dolor y te ayudará a descansar. Genzai te lo dejó. Dijo que vendría hoy a mediodía. Debe estar por llegar.
-¿Qué fue lo que me pasó?-
Kaoru miró a Kenshin atentamente tras aquellas palabras. ¿Qué no se acordaba? Un pavor y un frío recorrieron su espalda.
-Llevas durmiendo dos días. Estabas muy mal.-
Kenshin se aventuró a abrir un poco los ojos y se encontró a Kaoru con la vista clavada en el suelo. Entonces llegaron a su mente todos los recuerdos de la noche. Recordó la forma en que la tomó y todo lo que pasó después.
Cerró los ojos tras palpar el tatami hasta dar con la mano de ella.
-Recuerdo todo. Pero si no le molesta... me gustaría que hablemos sobre ello en cuanto me sienta un poco mejor y la pueda mirar a la cara.
Sentado como estaba, Kenshin se dobló para tomarse la cabeza.
La joven entrelazó ambas manos un poco nerviosa. Ella necesitaba hablar ya con Kenshin y aclarar qué estaba pasando, aunque entendía que él quisiera tiempo.
Habían sido dos días muy difíciles para Kaoru. No solo estaba el torbellino de ideas y emociones en su cabeza tras tener relaciones sexuales varias veces con Kenshin estando a punto de casarse con Fukio. También lo había sido el mismo estado de Kenshin. Se había sentido sumamente preocupada por su estado de salud, cuidando de él y además inventándole a Yahiko que se trataba de una fuerte gripe que se agarró en el viaje.
A Genzai le contó en cambio que había tenido un comportamiento extraño y que se sentía muy... vigoroso, de modo que no había pegado ojo en toda la noche y que pensaba podía deberse a un alimento que lo intoxicó. A Genzai eso le había parecido raro pero se llevó la masita que ella le pasó para examinarla.
-Está bien. Hablaremos cuando quieras.
Kenshin pidió más agua y Kaoru le estaba sirviendo cuando Yahiko anunció al doctor y se fue a Akabeko. Genzai dejó la puerta entreabierta y muy serio se instaló junto a Kenshin para examinarlo. Luego le dejó a Kaoru nuevas mezclas de medicamentos que había hecho en su consulta.
-Fue muy útil que me llevaras la muestra de lo que comió Kenshin, porque sé con qué tratar los efectos secundarios. Aca tienes un inductor suave del sueño para que duerma por las noches durante una semana. Acá está algo que ayudará a sus dolores articulares. Veo que no tiene fiebre, pero por si acaso te dejaré este otro para bajársela si le vuelve a subir.
Kaoru prestó atención a las medicinas y los horarios, pero Genzai casi no la miraba y eso la tenía intrigada. Kenshin percibió en la voz del doctor una cierta tensión.
-La revisión ha terminado y usualmente me marcharía pero aquí hay un tema muy serio que tengo que tratar con ustedes y me alegra que el muchacho se haya ido. Revisé la masita que me dió Kaoru. En efecto estaba alterada y llevaba una porción considerable de una droga bastante tóxica.
Kaoru sirvió un nuevo vaso con agua a Kenshin y los dos escuchaban muy atentos a Genzai.
-Al principio me costó creer que se tratara de eso y creo que deberían cortar toda relación con la persona que se las dió e incluso poner esto en manos de la justicia. Es una droga que se desarrolló en el periodo Sengoku, con el fin de someter a las mujeres para prostitución. Kaoru, lamento que tengas que oír estas cosas, pero es necesario que lo entiendan. Quiero aclararles que lo que tengo que decirles es muy serio
La joven asintió, espantada con lo que vilsumbraba.
-Es una droga cruel. La droga da una vitalidad tal que hace entrar en calor a la mujer. Esto haría que ella pudiera aceptar a varios varones una misma noche sin importar si son de su agrado o no. Está muy documentado el efecto en ese aspecto. Lo cierto es que es una droga sumamente destructiva. Quienes eran obligadas a consumirla no vivían más allá de un año o dos a menos que en ese periodo ellas se sometieran y no fuera necesario darles más.
"En el caso de los varones... el efecto que se observó era mucho más grave. Mientras la mujer se convertía en una receptora, el hombre se tornaba muy... -Genzai se rascó la cabeza buscando las palabras.- No se daba esta droga a varones porque ellos podían llegar a violentar a una mujer (u otros hombres) de su deseo fácilmente, salvo que encontrara una compañera que pudiera seguirle el ritmo. Aún así, hubo muchos casos de violación, de maltrato e incluso de asesinatos."
Debajo de la tela del kimono, la piel de Kaoru estaba erizada. Kenshin sentía la frente helada.
-La dosis que tenía la masita que me diste era para una noche. Pero Kenshin comió tres según me referiste y eres la única mujer de la casa. Era imposible que no te tocara. Yo no haré preguntas y sé que no dirás nada por defenderlo, pero en base a lo que sé, les recomiendo pedir hora hoy o mañana para casarse. A nadie le extrañará que lo hagan si viven juntos desde hace tanto tiempo.
-Pero... doctor Genzai...- fue a decir Kaoru.- Yo... tengo un novio... -
- Lo sé. Y también sé que tu novio es de una rica familia de comerciantes y estoy seguro que el médico de la familia te examinará para saber si eres virgen y te repudiarán en cuanto él les diga que ya no. Kaoru, hija, te quiero como si fueras mi hija. Aprecié y estimé a tu padre y sólo puedo decirte esto: Kenshin y tú viven bien, se respetan, sus ritmos están acoplados. Están tranquilos aquí y lo cierto es que nadie te tomará por esposa si no eres pura. A veces el amor llega con los años y yo sé que Kenshin será un gran esposo para tí.
-¿Es necesario que vaya a pedir la hora enseguida?- dijo Kenshin con la cabeza martilleando un poco menos.- Siento que hoy no me puedo tener en pie.-
-Si Kaoru ha quedado embarazada, tienes menos de tres semanas para que no se note que esto sucedió antes del matrimonio, asi que tienen el tiempo en contra para pedir el permiso. La reputación de Kaoru puede quedar severamente dañada con esto. Imáginate a las madres de los pocos estudiantes que tiene. ¿Los dejarán venir? ¿Le seguirán dando trabajo en el dojo Maekawa? Hagan las cosas bien y si encuentran al que les dio las masitas, dénle una paliza. Si Kenshin se hubiera comido la masita cuatro, hubiera muerto. Realmente corriste con suerte, además de tener a la mejor enfermera.
Cuando Genzai hizo ademán de pararse, Kaoru cogió la bandeja con el jarro de agua y el vaso para ir a buscar más a la cocina además del desayuno. El doctor la siguió para beber algo.
-¿No te violó, cierto?
Kaoru no entendió de inmediato. Aturdida, negó con la cabeza, sintiendo las mejillas teñirse de carmín.
-Me alegro. Kenshin tuvo que haberse controlado hasta lo insoportable para no hacerlo. Eso pasa muy poco. Realmente debe apreciarte. Fue correcto que te dejaras tener.
La joven lo miró ceñuda.
-¿Cómo lo sabe?
-Kenshin no tiene marcas de pelea y siendo tú una kendoka, eres la única mujer capaz de darle combate. Pero ninguno de los dos está herido. Y tú lo has cuidado y has permanecido a su lado. No sé qué tipo de relación tengan aquí a cuatro paredes, pero por favor, hija, cásate con él. Voy a esperar el parte del matrimonio.-
Al regresar Kaoru con el desayuno y el agua, Genzai también lo hizo.
-Hay algo más que deben tener presente. Kenshin, de aquí a varias semanas más seguirás sintiendo los efectos de lo que ingeriste. Desde luego no será nada tan potente como lo que ya viviste, pero podría ser molesto.
-¿A qué se refiere?- inquirió Kaoru.
Genzai suspiró..
-Este hombre te necesitará mucho de hoy en adelante. Durante esta semana su cuerpo seguirá resentido, podría darle fiebre también. Pero eventualmente su deseo por una mujer seguirá latente durante un tiempo más y cuando eso suceda, él podría necesitar de tí nuevamente. Debes tomar en cuenta que de no ser satisfecho, podría haber un daño para la comunidad si él saliera simplemente a tomar una mujer cualquiera.
Kaoru se puso muy tensa.
- ¿Me está diciendo que yo "debo" acostarme con él?- Genzai asintió muy serio.-Es mucha responsabilidad para mí.
-Doctor... usted puede dejarme alguna medicina que me haga dormir y que sea más potente.- dijo Kenshin escandalizado con la idea de convertirse en un violador, pero sobre todo, ante la idea de que para Kaoru fuera una obligación hacer algo tan íntimo.
-No puedo hacer eso. Sería una irresponsabilidad engañarte con que funcionará. En general el medicamento más potente que tengo para dormir tarda unos veinte minutos en hacer efecto. Aún si lo tomas, tendrás 20 minutos con mucha energía.
-¿Pero... pero y si no dejo de tomarlo? ¿Si duermo toda esta semana? Como estos últimos dos días.
Genzai se rascó la barba. Kaoru miró a Kenshin compasiva.
-No quiero que me tomen por un viejo verde... - comenzó el doctor.- ... pero creo que es más adecuado tener una mujer dispuesta a estar con Kenshin cuando él llegue a necesitarla que hacerlo dormir el tiempo que nosotros estimemos, pueda durar su condición. Esto tampoco se trata de que esté todo el día con ánimo de copular, tal vez podría tener una necesidad apenas un poco más fuerte que un recién casado que no sería tan difícil de cubrir. Por otro lado, si antes te indiqué la medicina por dos días, fue precisamente porque es el tiempo que yo sé puede estar en tu organismo sin causar mayores alteraciones. Son cosas que se observan en otros pacientes y sabemos que de usarla mucho de una forma continua puede haber problemas y no me parece bueno que siendo tú aún joven y con un cuerpo ya deteriorado, te quemes con esa medicina. De vez en cuando está bien pero una semana completa me parece un riesgo enorme e innecesario.
Kenshin bajó la cabeza, pensando en si aceptar o no el riesgo. Pero Kaoru le tomó una mano y se miraron. Ella tomó aire. Temblaba nerviosa.
-Ya estoy involucrada en esto y no puedo echar pie atrás. Desharé el compromiso con Fukio y me casaré con Kenshin, ante lo que pueda pasar.
Kenshin emocionado, recibió una palmada por parte de Genzai en el hombro y Kaoru fue felicitada por tomar la mejor decisión.
-Tengo un primo en el Registro Civil. Él nos ayudará a buscar la fecha lo más cercana posible. Me encargaré de eso ya que Kenshin no puede hoy, pero el resto de los trámites los tienen que hacer ustedes.
Tras dar algunas recomendaciones más para el enfermo, Genzai se retiró. Kenshin fue a pedir a Kaoru que le acercara su desayuno cuando notó que aún sentada, sin perder la compostura, gruesas lágrimas caían del rostro de la muchacha.
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Días más tarde, Fukio había estado muy ocupado con unos problemas en el puerto y al terminar regresó donde sus padres. Luego cogió ropa limpia, se dio un baño y decidió regresar a Tokio. Tenía que pasar por el Registro Civil a pedir su hora, que con tanto trabajo no había tenido tiempo y Kaoru le había insistido mucho en que lo hiciera. No sería difícil conseguir el permiso.
Regresó a tiempo para dar sus clases en el dojo Maekawa, pero no vio a Kaoru. Decidió ir a su dojo a preguntar por ella, pero no fue necesario hacerlo, porque se la encontró haciendo las compras en el mercado.
Al verlo, Kaoru sintió que se habría un hoyo bajo sus pies. Las lágrimas se agolparon en sus ojos pero haciendo un esfuerzo se las aguantó y siguió en lo suyo. También se aguantó las ganas de tirar todo lo que traía y abrazarlo.
Esbozó una sonrisa como pudo.
-Justo iba a tu casa para verte.- dijo Fukio radiante. A Kaoru le pareció que ese día se veía especialmente guapo pero nada de eso dijo.- ¿Por qué no fuiste a dar tu clase?-
-Kenshin está enfermo.- repuso ella.- Yahiko está trabajando donde Genzai y yo debo volver a casa de inmediato.
-¿Y qué tiene?-
-Una fuerte gripe.-
-Ya veo. ¿Sabes? Ya que te vi y no tengo que ir a tu casa, pienso que podria aprovechar de ir al registro civil.
La garganta de Kaoru empezó a apretarse. ¿Cómo podía decirle a Fukio que eso ya no iba? Se sintió mal. Se sintió como la peor de las basuras.
-Tenemos que hablar.- dijo ella. Fukio siguió contento pensando en sus planes.
-¿Y de qué?-
Kaoru miró a toda la gente en torno suyo. No era una buena idea hablarle allí, a la vista de la gente y esperar a que la tratara de ramera.
-De... no quiero que hablemos aquí.-
Caminaron hacia su lugar especial cerca del río y Kaoru puso especial atención en que no hubiera nadie.
-No me voy a casar contigo.- lanzó antes de arrepentirse. Era preciso quemar sus naves tras ella y dejar en claro a Fukio que lo suyo se había terminado.
Fukio la miró unos segundos tras esas palabras, completamente aturdido.
-¿Qué?- Fukio esperó una respuesta, pero ante el silencio de Kaoru, se impacientó.- ¡¿Qué dices?!
-Que terminamos.- aclaró ella con la voz quebrada.
Tomándola por los hombros, Fukio la miró intensamente, buscando en su rostro alguna señal de que aquello era una broma. Reparó entonces en las profundas ojeras de la muchacha y en la humedad de sus ojos.
-Kaoru... no puedes hacerme esto.
Como si un cuchillo se le clavara en medio del pecho, Kaoru sintió un dolor caliente y punzante cerca del corazón.
-Kaoru, explícamelo.
-No me casaré contigo.- dijo ella.- Nuestro compromiso ya no va más.
Fukio se tomó la cabeza con las dos manos.
-¡Pero por qué! No entiendo... no me cabe en la cabeza... dime, por qué ya no quieres estar conmigo. ¿Te dejo mucho tiempo sola? ¿Acaso hice algo mal? .-
-No. Quién falló fui yo.-
Un silencio sepulcral se estableció entre ambos. Sólo se escuchaba el correr del agua del río, a metros de ellos. Kaoru decidió acabar con todo eso de una vez.
-Yo... no puedo ser tu mujer.- Kaoru tomó aire sin mirar a Fukio.- Yo... yo ahora soy la mujer de Kenshin y ya no hay vuelta atrás con eso.
Fukio retrocedió un par de pasos con los ojos muy abiertos.
-¿QUÉEEEEE?
Fuera de si, la respiración de Fukio se tornó entrecortada. ¿Cómo era posible?
-¡Maldito Kenshin!- explotó Fukio.- ¡Maldito sea! Debí sacarte antes de esa casa. Yo sabía que ese maldito te deseaba... ¡Yo lo sabía!... pero tú me quieres, ¿cierto?... entonces Kenshin te violó. Él te obligó, no puede haber otra posibilidad, porque siempre te ha deseado.
Kaoru, aletargada por el dolor, comenzó a prestar atención a las palabras de Fukio. ¿Que Kenshin qué? ¿La deseaba desde antes? No podía ser posible. Sintió como garras en sus hombros, las manos de Fukio, aferrándola y zamarréandola.
-¿Te violó? ¿Te violó? Maldición, ¡Dime!-
-Yo... las masitas que me dió tu madre tenían algo. Y yo comí una. Entré en calor, Kenshin estaba cerca y como pude lo seduje. -
Tras unos segundos de asimilación, Fukio no dio crédito a lo que escuchaba. Le asestó un golpe a Kaoru en la cara. Ella cayó al suelo.
-¡Cómo te atreves a culpar a mi madre de algo que tú hiciste!
-Es la verdad.- repuso ella desde el suelo.- Kenshin no quiso tocarme pero... cuando salí a la calle a buscar un hombre él decidió tomarme. Y ha sido así desde entonces.-
En medio de su rabia y su odio, Fukio entendió algo. Que Kaoru aparentemente todavía estaba en calor. La levantó con pudo y sin decir nada la besó en los labios. Pero a diferencia de otras veces, este no era un beso tierno. Era más exigente y Kaoru lo entendió cuando Fukio trató de meter la mano entre medio de su ropa.
La reacción de Kaoru fue instantánea. El empujón que le puso a Fukió lo hizo retroceder varios pasos. Entonces él volvió al ataque y Kaoru dominándose lo esperó y le puso un par de golpes con su técnica de defensa personal. Con eso Fukio quedó en el suelo.
-¡Puedes odiarme todo lo que quieras, yo no pedí esto que pasó. A mí también me cortaron mis planes de vida!.- gritó ella.- Pídele cuentas a tu madre, porque ella fue la que nos causó este daño. Yo mandé a analizar la masita y aún guardo un pedazo por si tienes algún médico que sepa analizarla para que la vea. Yo no te he mentido... pero lo cierto es que ahora yo... puedo estar embarazada de Kenshin y por eso me voy a casar con él la próxima semana. Créeme que lo siento mucho.-
Antes de estallar en llanto, Kaoru recogió sus compras y regresó a su casa. Fukio se quedó en el piso tirado, sin ánimo de levantarse y asimilando la información. No podía creerlo, no podía.
Cuando se levantó se fue al sitio donde vivía y luego a conguirse un caballo. Se iba a visitar a su madre.
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Kenshin al menos ya se podía levantar sin sentir que se desgarraban sus músculos y articulaciones, pero se sentía un poco inquieto. Sin duda el deseo regresaba y necesitaba aplacarlo. Desgraciadamente para él, no había preguntado a Kaoru dónde estaban las medicinas. Había decidido ponerse a dormir para no tener que molestarla más. Yahiko se había ido a pasar unos días con Genzai, quien lo invitó a quedarse en su casa.
La noche anterior había pensado que masturbándose podría calmar sus ansias, pero de poco le sirvió y el deseo regresó con más fuerza, de modo que tuvo que requerir de Kaoru. Había entrado a su cuarto y ella le preguntó qué pasaba. Él trató de explicárselo, pero se enredó de tal forma que ella se levantó y llegó hasta él.
-Tranquilo. Está bien.- le había dicho la joven. -Yo comprendo.- Murmuró mientras se abría la yukata. Él le pasó las manos por la cintura debajo de la prenda y de ahí al futón.
Kenshin odiaba lo que le pasaba. Era muy frustrante no poder dominarse y vivir gobernado por su cuerpo. Más allá de sus deseos, lo que él siempre quiso era otro tipo de relación con Kaoru, hacer las cosas de otra forma. Aún entendiendo que la culpa no era de ninguno de los dos, saber que no había nada que pudiera hacer lo molestaba profundamente. Saber que ella era infeliz por no poder seguir con sus planes de matrimonio lo molestaba en verdad. Él no quería ver lágrimas en sus ojos, sólo sonrisas.
Había logrado ubicar lo que parecía la medicina de dormir cuando sintió subir esa fiebre. Cerró los ojos e inspiró profundo un par de veces y comenzó a buscar la receta. Por un segundo, se le pasó la idea por la cabeza de tomarse la mitad del frasco y así dormir un día o dos completos. Y si moría... no se daría cuenta.
Kenshin estaba revolviendo la despensa cuando sintió a Kaoru a su espalda. Se dio la vuelta despacio y la encontró desarreglada y con una mejilla hinchada. Se acercó a ella de inmediato, mientras la joven ponía sus verduras en el mesón.
-¿Qué le pasó?
Kaoru se acercó a Kenshin y de inmediato las lágrimas empezaron a fluír. Le contó un poco qué había pasado y que ya el compromiso se había terminado.
También le contó que Fukio la había golpeado.
Kenshin sintió un deseo asesino al conocer esa información, pero la fiebre que traía empezó a subir nuevamente.
Kaoru lo percibió y se separó un poco de él para mirarlo.
-Estas acalorado...
-No lo estoy.- dijo Kenshin tratando de no mirarla.- Sólo necesito saber cuánto debo tomar de esto.- le enseñó el frasco.- Me iré a mi habitación.
-Pero Kenshin... yo te puedo ayudar. Estoy para eso.-
-Es mucho lo que la he molestado. Además usted necesita ahora ser contenida y no aprovechada por un hombre como yo.-
Cuando Kenshin llegó a la puerta, escuchó un golpe seco que lo hizo volverse. Se dio cuenta de que una de las verduras se había caido al suelo y las demás estaban peligrosamente cerca de caer del mesón. Kaoru en cambio estaba apoyada en el borde y se trataba de aflojar el obi.
Como hipnotizado, se acercó a ella.
-Usted no puede... -
-Tal vez... ahora yo necesite tanto de tí como tú de mí. Necesito que me abraces y si esta es la única forma...-
Kaoru se aferró a él cuando lo tuvo a mano, levantándose la falda y separando las piernas.
Al tocarla, Kenshin quedó inmediatamente listo para copular con ella, y así lo hizo, sin mayores preparaciones tras liberarse de la ropa necesaria. Pero su premura no tuvo nada que ver con su propio deseo, si no con algo más. Tras terminar y calmar la primera oleada de pasión, se la llevó al dormitorio.
Liberó su brazo derecho del cabestrillo y la acostó a su lado para abrazarla y acariciarle la espalda. Le acarició la línea de la cintura, y las mejillas. Le puso de tanto en tanto un beso en la punta de la nariz y prometió prepararle le baño. Le dijo que todo saldría bien, él no sabía cómo, pero que él se encargaría de retribuirle todo lo que perdió por su culpa.
Cuando el deseo regresó, Kaoru sonreía más convencida de que todo se arreglaría. Se preparó para recibirlo de nuevo pero en aquél momento notó que el cuerpo de él no ardía como otras veces. Kenshin se puso encima de ella con calma y tras adorar sus senos y su vientre, y de besarla hasta el hartazgo, la penetró. Fue infinitamente más lento que en otras ocasiones y por primera vez Kaoru no sintió dolor. Ella se movió con él hasta que culminaron y acabaron exhaustos.
Kaoru pensó por un momento en lo que dijo Genzai. Que sus tiempos estaban acoplados. Aunque ella no se lo dijo, había deseado que Kenshin moderara más su pasión, porque no estaba de ánimos... y era lo que él había hecho. La primera vez en cambio, su explosión de deseo había sido bien recibido por ella.
-¿Nos bañamos y comemos?- preguntó Kenshin. Maravillada, Kaoru contestó que no podía haber plan mejor.
Se casaron siete días después.
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Fin acto 3
Sin salida.
Notas de autor.
Hola!
Por estos días están dando en mi país la teleserie "Corazón Salvaje". La primera vez que la emitieron no pude verla y ahora que tengo tiempo le eché un vistazo. Luego de reflexionar, decidí ver la versión del año 93 que vi cuando niña y en eso estoy, en el capítulo 23 y me encanta la química de Edith y Eduardo Palomo. Aún soñé viendo esas maravillosas escenas y esas actuaciones dignas de merecer premios y más premios.
En fin... sigamos con el fic.
Luego de pensarlo un poco, decidí casar de una vez a la pareja, después de todo no veo por qué el final de las historias de amor sea en la boda. Eso no nos deja esperanzas a quienes llevamos una relación. Fukio anda en lo suyo y la próxima semana sabremos más de él y qué es lo que descubrirá de su mamá, y desde luego, cómo se tomará el matrimonio de Kenshin con Kaoru.
Es eso lo único que les puedo comentar.
Les dejo un beso, e infinitas gracias a quienes me han escrito y me han animado. Un abrazo a todas y todos.
Blankaoru.
