Cuando llegues a Amarme

Acto cuatro

Sin rencor

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Fukio no se perdía detalle de Kaoru mientras hacía su demostración. No podía quitarle los ojos de encima. Simplemente no podía.

Podía adivinar la forma de sus senos debajo de las vendas y la ropa. La redondez de su trasero, la estrechez en la cintura que el traje no podía disimular.

La energía que ponía en cada golpe. La suavidad de su mejilla, el calor de su piel y la forma perfecta en que cabía entre sus brazos.

Le dolía en el alma, en el cuerpo, en cada célula no poder acercarse a ella nunca más. Se había ilusionado con hacerla su mujer y tenerla como compañera de vida. Y ya nada de eso podía ser. La amaba con todo, pero cuando ella le argumentó el por qué del final, sin saberlo le dio la mejor excusa para que él decidiera esforzarse rabiosamente en dejarla de amar.

Había sido de otro.

Le hervía la sangre al pensar que Kenshin la había desnudado y le había quitado la virginidad. Le obsesionaba la idea de que ella se lo hubiera permitido y que le hubiera gustado. Eso lo volvía loco. Pero como fuere, Fukio tenía su educación, sus ideas del mundo y por ello no podía permitirse amar a una mujer para quien él no fuera su primer hombre.

Aunque Kaoru le hubiera dicho que se trataba de una violación y hubiera querido seguir con él, Fukio sabía que la hubiera rechazado. Tal vez por eso se sentía aliviado en cierto modo al haber sido él quien fue orillado a apartarse.

-Sensei Ishida, nos complacería... - comenzó el señor Maekawa para invitarlo a mostrar un movimiento en especial, llamando su atención. Kaoru ya se había despedido y estaba en su lugar, mirando todo atentamente.

Fukio tomó su boken e hizo una par de movimientos simples y poco a poco subió su intensidad. No la delataría. No diría a nadie nunca que Kaoru Kamiya había sido de otro antes de casarse. Nunca se pondría en evidencia frente al resto como el hombre que fue botado poco antes de llegar al altar por una infiel y descartaba la posibilidad de vengarse echando a correr un rumor. Lo único que le quedaba ahora era resguardar la poca dignidad que le había quedado y esforzarse por seguir un camino recto, si acaso ello le servía de algo para mejorar su suerte.

Se la arrancaría, así tuviera que quitar piel y sangre y huesos de su cuerpo.

La miró con desprecio al ejecutar el último golpe. No se engañaba pensando en

que el amor pasaría de un día para otro. No sería fácil, pero debía aferrarse a su empeño.

Al terminar la jornada, se despidieron como dos perfectos compañeros de trabajo y nada más. El señor Maekawa se acercó a ella y le hizo una seña a Fukio para que se quedara.

-Mañana es tu matrimonio. Disfrútalo. No es necesario que vengas la próxima semana.

Fukio apretó los puños. Debió haber sido SU matrimonio con ella.

-Gracias, señor Maekawa. ¿Vendrá, cierto?- dijo Kaoru tratando de que su voz no temblara delante de Fukio.

-Por supuesto, Kaoru. Supongo que Fukio también está invitado.

Tímidamente, Kaoru miró a Fukio. Este fingió una enorme sonrisa y contestó por ella.

-Me había invitado, pero le dije que no podía ir por compromisos previos. De todas maneras eso se canceló ayer, asi que si todavía estoy invitado, me gustaría ir con una amiga.

El señor Maekawa rió con la idea y le palmeó el hombro.

-Que afortunado eres de acompañarte de una joven. Kaoru, entonces el puede ir, no?

-Desde luego. Te esperamos mañana en el dojo. Por favor, no faltes.- dijo ella inclinándose educadamente y señalando la hora.

-Allí estaré.- dijo Fukio al despedirse y salir a la calle.

Su cuerpo se derretía de ganas de volver sobre sus huellas y pedirle a Kaoru que acabara con ese martirio y que todo volviera a ser como antes, pero de algún modo se dio el coraje para seguir sin volver a mirar atrás.

Al llegar a su cuarto fue a hablar entonces con Akane, la hija de la dueña del sitio que alquilaba. Muchas veces le llevó la comida cuando él lo solicitó y a veces conversaban algunas cosas. Era inteligente y divertida y tal vez quisiera acompañarlo. Estaba bien. No cobraría venganza contra Kaoru, pero sentía deseos de al menos causarle algún dolor mediante los celos.

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Rika Ishida regresó de su viaje a Nagano y preguntó a su marido cómo andaban las cosas. Su marido le comentó con pesar que el compromiso de su hijo ya no iba más.

-Era tan linda y tan joven. Me gustaba... pero no hay nada que hacer.

-¿Y te dijo Fukio qué fue lo que pasó?.- inquirió ella.

-Nada. Se cerró como ostra. Me siento preocupado... estaba tan triste.

-Bueno, ya sabes cómo son los jóvenes. Un día piensan algo y luego hacen otra cosa. Tal vez sería bueno que Fukio busque a alguien más cerca de su edad y su círculo en vez de seguir intentando con jovencitas.-

El señor Ishida recordó a una muchacha del pueblo, hijo de uno de sus clientes del mercado, por quien Fukio se sintió atraído. Incluso se las presentó. A él le gustaba, porque era una niña trabajadora, limpia y bonita, pero de un momento a otro todo terminó.

Suspiró por la mala suerte de su hijo segundo. Al primer hijo no le había ido mejor y seguía soltero. A veces se impacientaba al ver que pasaban los años y no nacía su descendencia para morir tranquilo.

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Los preparativos se hicieron de forma apresurada, pero al menos el vestido de novia de Kaoru ya estaba. Sobre Kenshin no era posible hacer un traje de novio para él en tan poco tiempo, por lo que no se molestó cuando Kaoru le sugirió usar el que había llevado su padre 20 años atrás. El traje había sido cuidadosamente guardado y luego de lavarlo un poco para quitarle un poco de olor que tenía, quedó impecable y sólo hubo que acortarlo y actualizarlo un poco.

Tras salir del dojo Maekawa, Kaoru había ido a buscar el traje de Kenshin donde la costurera. No podía quitar de su mente la encerrona que le hizo Fukio para orillarla a invitarlo a su matrimonio. ¿Era adecuado que lo hiciera? Después de todo era su compañero de trabajo y estaba bien que asistiera, pero antes que eso fue su novio. Un novio oculto...

No era justo. Ella sabía que la situación no lo era para Fukio. Kaoru no era indiferente a su dolor y se sentía mal por eso. No sabía cómo debía disculparse por lo que había pasado Quería hacer algo por él que lo compensara, quería volver atras...

Pero eso significaria dejar solo a Kenshin y ella no podía...

Tenía que concentrarse en el matrimonio. Tenía que contarle a Kenshin lo de la invitación y eso le daba un poco de miedo. Quizá Kenshin se pudiera enojar.

Kenshin.

En un instante evocó sus labios presionando los de ella. Se sacudió la cabeza al sentirse culpable por disfrutar de un recuerdo mientras Fukio sufría y siguió hacia el dojo Kamiya.

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Tras una convivencia de varios meses, el matrimonio de Kenshin Himura y Kaoru Kamiya se realizó de manera sencilla y se festejó de modo más bien austero, con pocos invitados, pero lejos de incitar las habladurías, no fue de extrañar.

Todos los vecinos sabían de los destrozos sufridos por el dojo Kamiya en el último medio año y sabían que costear las reparaciones -que aún no acababan del todo- demandaba mucho dinero.

Y por lo mismo, a nadie le extrañó que unieran sus vidas de un modo que pareció apurado.

-Tal vez se aburrieron de juntar el dinero y se quisieron casar de una vez, sin importarles nada.- dijo alguien en el mercado.

-Yo sabía que esto sucedería. Siempre se les vio contentos cuando andaban juntos.

No faltó quien viera en esto el fin de una fabulosa historia de amor, sublime e inspiradora, de un hombre con un pasado tenebroso, acogido por una inocente joven. Por alguna razón, lejos de haber una condena hacia ellos, quienes se enteraron del enlace mostraron su agrado con la idea, por lo que su historia se contaba con un dejo de admiración.

Y en verdad, nunca nadie se enteró de la otra arista de la historia. Kaoru y Fukio realmente se cuidaron mucho de dejar entrever su relación delante de los demás. No permitieron que ni sus jefes ni sus alumnos se dieran cuenta. Tampoco Kaoru le contó a Tae, sabiendo que sin mala intención se le podía escapar esa información frente a otra persona. Sólo lo sabían ella, Kenshin, Yahiko y el doctor Genzai. Y Misao, una amiga de Kyoto, a quien le contó una noche que compartían secretos de chicas.

Por eso a nadie le sorprendió, del círculo cercano a Kaoru, que ella se casara con Kenshin y dada su buena química con él, confesaron que lo veían venir. Por su parte, Yahiko si estaba extrañado con el anuncio, especialmente porque por ser el más cercano a Kaoru, conocía los sentimientos que ella tenía por su ex novio y le parecía raro que Kenshin, quien siempre defendió el derecho de Kaoru de proseguir con su vida sin interferencias, se arrepintiera de ello, aunque tal vez la fecha cercana a la boda de Kaoru y Fukio le hubiera hecho entrar en razón y confesarle de una vez lo que sentía. A Yahiko todo eso le parecía raro, pero a decir verdad, le gustaba más la idea de Kaoru uniendo su vida a Kenshin.

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Afortunadamente para Kaoru, pudo disfrutar enormemente su casamiento gracias a sus amigos y sobre todo a Kenshin que simplemente fue un ángel con ella y que estaba especialmente contento porque Genzai le retiró el cabestrillo.

Fukio también se portó bien en la fiesta, bastante alegre y encantador. Su amiga era realmente bonita, una de las pocas mujeres que podría competir con Megumi y Kaoru tuvo un sentimiento de molestia aunque también de alivio. Deseó que Akane fuera capaz de alegrarle la vida a Fukio.

Necesitaba que Fukio fuera feliz. Tal vez así dejaría de sentirse tan mal.

Se sacudió un poco la cabeza. Eso estaba mal. Ella no podía pensar en eso. Era su fiesta de matrimonio. Estaba casada con Kenshin. Era un compromiso para siempre y debía reflexionar sobre el mejor modo de llevar esa nueva vida. Ahora Kenshin, su amigo y protector era su esposo.

Su esposo... el hombre, el único hombre del que sería mujer.

Le debía la vida de tantas maneras... asi como la culpa la dominaba hacia Fukio, el agradecimiento lo era hacia Kenshin. Sabía que si se volviera a dar la situación, ella no dudaría en hacer lo mismo. Ella no dudaría en hacer lo posible por procurar su tranquilidad y su paz, por mantenerlo en el dojo.

Mirando a Fukio reír al otro lado de la habitación con Akane, Kaoru suspiró.

Su culpa no era por haber terminado el compromiso. En realidad eso la alivió.

Su culpa era por no haber tenido el tiempo necesario de terminar con Fukio de manera distinta.

En medio de sus pensamientos desvió la mirada al grupo donde estaba el novio.

Se encontró a Kenshin riendo con Genzai y un par de amigos. Entonces él la miró, con la sonrisa aún en la cara. Kaoru sintió un golpe en el pecho cuando sus ojos se encontraron y sin perder el contacto visual él bajó ligeramente la cabeza.

La necesitaba.

El pulso de Kaoru se aceleró por anticipado. Sabía lo que venía y no podia decir que le disgustara. Esa idea la sorprendió y sus mejillas se tiñeron ligeramente.

Kenshin se acercó tranquilo hacia ella y le tomó las manos con delicadeza para poner un beso en ellas. Se tomó su tiempo para hablarle quedo.

-La espero.

Siguió de largo hacia el dormitorio y Kaoru se quedó plantada en su sitio, sin saber qué pensar. ¿Kenshin siempre había sido tan cautivante o lo estaba haciendo a propósito? Su pulso no se normalizaba y se tuvo que dar palmaditas en las mejillas cuando apareció una de sus amigas para llevarla a la fiesta de regreso.

No se había dado cuenta de que Fukio observó todo atento y nunca lo supo. Siguió festejando mientras él tomó de una mano a Akane y se largó de allí con dirección al cuarto que alquilaba.

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La noche de bodas no tuvo mucho misterio que desvelar en el plano íntimo, aunque Kenshin tuvo que aguantarse muchísimo para tratar de cumplir con algunos rituales necesarios antes de llevarla a la cama. Él intentó hacerlo lo mejor posible con todo su corazón, pero al verlo sudar y temblar Kaoru se acercó y permitió que la tomara. Él le prometió, al terminar, que algún día él le compensaría esa noche perdida que debió ser tan especial.

Tras eso, se pusieron a conversar de su fiesta y sus amigos, y a compartir las cosas que cada uno había averiguado de ellos por separado. Kaoru se maravilló de estar pasando un rato tan divertido con él, pero bajó la temperatura y ella comentó que faltaba un cobertor.

Kenshin se levantó a buscarlo al armario y Kaoru se sobrecogió al ver las cicatrices de su cuerpo a pesar que las conocía. Hubo varias que se ganó por causa de ella, aunque la que le dio más pavor fue la cicatriz en el hombro, donde faltaba un pedazo. Según Sanosuke le contó en su momento, era producto de una feroz mordida de Makoto Shishio. Kaoru sólo pensó en compensar esos dolores de alguna manera y fue un sentimiento tan verdadero en ese momento, que comprendió algo de suma importancia para ella: Quería ver las sonrisas en Kenshin. Quería causar las sonrisas en Kenshin. Quería mantener las sonrisas en él.

Quería hacerlo feliz.

Desvió la mirada al entender algo que nunca se le ocurrió semejante cosa con Fukio y repentinamente confundida se sobresaltó cuando Kenshin puso el cobertor sobre el futón y se sentó a su lado.

-Así estará mejor, señorita Kaoru.

Kaoru sonrió, a la par que se levantaba por unos segundos para ponerse la yukata. Hacía frío. Kenshin hizo lo propio.

-Kenshin, ya estamos casados. No puedes llamarme "Señorita Kaoru". Es un poco raro, ¿no crees?. No me sentiré tu esposa si lo haces.

-¿Oro?... ¿Y cómo podría decirle?... hem... "Mi Señora Kaoru".-

Ante un apelativo tan pomposo, Kaoru soltó la carcajada.

-¡No puedes hacer eso! Sólo dime Kaoru... o "querida"... o "cariño", como hacen los demás.

-Mi amor...- dijo Kenshin y Kaoru sintió su piel erizarse.- Cariño... Suenan bien. Pero decir "Kaoru" es hermoso.

El corazón de Kaoru volvió a tomar un ritmo nuevo y ella se preguntó si Kenshin siempre había sido así y por qué ella no se había dado cuenta.

Kenshin la miró unos momentos de modo intenso y le tomó una mano. Ella sintió su palma un poco húmeda pero al mirarlo, Kaoru supo que no estaba en calor.

-Estoy un poco nervioso.- dijo él. - Me sudan las manos.

¿Nervioso? Kaoru lo miró con mayor atención. No era posible. Él era siempre tan seguro, tan fuerte... Repentinamente ella lo notó incómodo.

-El último tiempo... todo esto se ha tratado de mi. De mi... de mi necesidad. Y usted ha sido tan amable conmigo al consentir que yo... yo... - Kenshin la miró y bajó luego la vista, avergonzado, derritiendo el corazón de la muchacha.- No es fácil decir esto, pero... yo nunca he estado de acuerdo con este trato... no es fácil para mí recibir tanto sin sentir que debería... de algún modo... compensar.

-¿Qué quieres decir?-

-Desde hoy en adelante seremos esposos. Lo que ha venido pasando entre nosotros será parte de nuestro cotidiano. Yo... sólo he exigido y poco le he dado. He satisfecho mi cuerpo una y otra vez mediante el suyo. Mi condición está mejorando, ya pronto el deseo no me dominará como ahora, entonces podré tener cuidado con usted, ser más suave. Pero yo admito que soy torpe...

Kaoru notó la profunda incomodidad de Kenshin y el temblor de su cuerpo debido a los nervios. Cambió su semblante preocupado por una sonrisa para animarlo a continuar.

-Yo no sé como dar amor. Yo no sé dar placer. Yo no sé acariciar...

¿Que no sabía? Por Kami... Kenshin no sabía lo que decía. Eso pensó la joven.

-No estás tan mal, si me preguntas.

Con ese simple comentario la tensión se aflojó y Kenshin prosiguió.

-Sólo quiero retribuir lo que usted me ha dado. Aceptarme en este dojo fue un regalo demasiado grande para un hombre como yo. Pero haberme ayudado como lo hizo en estos días, dejando todo atrás... no existe una palabra o una frase que logre expresar lo agradecido que estoy de todo eso. Ahora usted es mi mujer, y yo soy su hombre. La cuidaré y mimaré con todo. Nunca se arrepentirá de este matrimonio.

Kaoru sintió deseos de acercarse y tocarle la cara, pero se contuvo.

-Tal vez mereces más de lo que piensas. Tal vez yo no sea el tipo de mujer que hubieras querido como esposa, pero ya estamos en esto y no te mentiré diciendo que esto es lo que yo quería desde el principio, pero no puedo decir que esto me desagrade del todo. No me veas como alguien que está haciendo un sacrificio, porque contigo ha sido fácil tomar este camino.

Un bostezo escapó de sus labios y Kenshin, emocionado, sugirió dormir aunque no tenía sueño. Después de todo le había dado mucha guerra a Kaoru en las últimas noches y quería que descansara. Ella estuvo de acuerdo y él apagó la lamparita para recibirla sobre su brazo. Pero ella no se quedó dormida de inmediato. Con sus labios rozó la piel del cuello de su esposo y pensó en lo suave que era.

-No es bueno jugar con fuego cuando ha dicho que quiere dormir.- dijo él ronco.

Kaoru no dijo nada, pero permaneció con los labios sobre el cuello masculino y puso un beso en él. Lo sintió tomar aire y de pronto ella sintió la necesidad de ser tocada por él.

Quería que pusiera su mano dentro de la yukata y le acariciara un seno. Que acariciara su intimidad para luego penetrarla.

Su necesidad le quitó el sueño por completo y su cuerpo se puso alerta ante lo que pudiera pasar. Entonces, tras lo que le pareció una eternidad, Kenshin se movió y acarició sus senos sobre la ropa. Luego se inclinó sobre ella para humedecer la yukata sobre el pezón con su lengua.

Un gemido se escapó de la garganta femenina y él retiró la tela que lo separaba del seno.

-¿Quiere esto?

-Si.- dijo ella débilmente.

Sonriendo satisfecho, como nunca antes en su vida, Kenshin se colocó sobre ella con deliberada lentitud.

-Entonces lo tendrá.-

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La carta de Megumi llegó al día siguiente del matrimonio. Anunciaba su visita y Kenshin y Kaoru la recibieron con alegría unos días después. Se instaló junto a Genzai y les preparó golosinas para agazajarlos, aunque también reclamó por la premura de su matrimonio.

-No tuve tiempo de derivar a mis pacientes ni organizar las consultas. Me hubiera gustado acompañarlos. Y Ken-san, si esta "niñita" te aburre, puedes dejarla y venirte conmigo.

Después de semejante comentario, Kenshin recibió su primer golpe de casado.

También llegó carta de Misaoa anunciando visita para unas semanas después, porque estaba en un caso del que no podía hablar pero que era sumamente emocionante. Al parecer todo estaba calmo, pero el fantasma de Fukio rondaba el corazón de Kaoru.

Una tarde, ella pasó a saludar al señor Maekawa, quien le comentó que el maestro Ishida estaba de novio con la jovencita a la que llevó al matrimonio y que además la inscribió como alumna de Kaoru, ya que como maestro él no la podía enseñar por su relación.

Le gustaba la idea, pero por otra parte pensó que los sentimientos de Fukio no eran tan fuertes como decía. Molesta con eso, se fue a la casa.

Kenshin, ya sintiéndose mejor, estaba picando leña cuando ella entró hecha una furia.

Se tomaba la frente con una mano, paseando por la habitación como un tigre enjaulado.

-La inscribió como alumna. El muy desgraciado la inscribió como alumna.-

Kenshin la escuchó al entrar. Con mucho tacto preguntó a quíen se inscribió como alumna.

-A Akane, por supuesto. ! La inscribió en mí grupo! Y ella... ¡ahora son novios!-

Kenshin no sabía cómo tranquilizarla. Ni cómo dominarse él ante lo que le pareció un ataque de celos por otro hombre. Le ofreció prepararle el baño pero ella no quiso.

-Necesito salir a caminar. No... mejor aún. Estaré en el dojo. Entrenaré.

-Pero la comida está lista. Sería bueno que primero se alimentara.-

-No puedo. No quiero comer.

Kenshin exhaló aire.

-Por favor, coma. Me siento mal por tener que tirar el pescado y las verduras cocidas.

-Pues cocina sólo para tí de ahora en más.-

-No puedo hacerlo. Usted es mi esposa, debo cocinar pensando en los dos.

-Pero yo no te lo pido.

Kenshin contó hasta tres. ¿Cómo razonar con ella?

-Si tanto le importa Fukio, haremos lo siguiente: En unos meses nos separaremos y me marcharé, que era mi plan original y su buen nombre no se vea perjudicado y en un mes, acaso dos más, usted se verá libre de mí y podrá buscar a Fukio.

Kaoru lo miró y por un momento se sintió una rata. Y luego se molestó por ser tan rata y molestar a Kenshin. Él no se merecía eso. Él no se merecía estar con una mujer tan confundida como ella. Quería llorar y comer dulces... pero sobre todo llorar.

-Acabemos con esto de una vez. Cuando te calientes de nuevo, métete con la primera mujer que veas y así nos separamos de una vez... - dijo furiosa.

Ante esas palabras, Kenshin levantó la vista hacia ella. Sus ojos no la miraban con el brillo acerado de la rabia como Fukio lo hacía. Lo hacía con la sombra del más profundo dolor.

-¿De verdad quiere eso?

Como un flecha atravesando su corazón, Kaoru se sintió sorprendida con la fuerza de un sentimiento doloroso y desgarrador en su pecho. Salió corriendo de la habitación al sentir una rabia aún más inmensa que todas las anteriores, ante la idea de Kenshin metiéndose con otra y nuevamente contra ella misma por hacerle daño. Las lágrimas afloraron a sus ojos y en su carrera siguió hacia el río, aunque en dirección contraria a donde tenía su punto de encuentro con Fukio.

Estaba confusa, enfadada... no sabía qué debía sentir. Pero se sentía fatal.

Luego de estar alrededor de hora y media tirando piedras al agua, pudo calmarse.

Ya se había casado. No había nada que hacer. Podía estar esperando al hijo de Kenshin y eso sería el sello definitivo sobre su matrimonio. Fukio al parecer ya tenía una novia, no valía la pena seguir rabiando por cosas que estaba fuera de su alcance resolver. Pero tampoco estaba segura de estar celosa. Era algo más... algo que no podía explicar. Tenía la sensación de que si Fukio nunca la quiso realmente, ella sólo había perdido su tiempo en vez de dedicárselo a...

Se limpió un poco la cara y pasó de largo de su casa para comprar golosinas. Le pediría una disculpa a Kenshin y ella le pondría ganas a su matrimonio. Un hombre como Kenshin tenía todo para hacer feliz a una mujer, no sólo en el futón. Su forma de ser era tan atrayente...

Pensaba en eso cuando la chica que le vendió los pasteles preguntó por el pelirrojo.

-El señor del dojo Kamiya. Hace tiempo que no lo veo. ¿Cómo está su salud? Él siempre venía por aquí y llevaba pasteles.

Si, Kaoru lo sabía, porque eran pasteles para ella. Y desde que había tomado la droga, él mismo decidió no salir de la casa para no hacer daño a nadie, eventualmente.

-Él está muy bien. Con un poco de gripe.-

-Oh. Espero que se recupere luego y que regrese pronto por aquí.

Kaoru notó un leve rubor en las mejillas de la muchacha, que debía ser unos cuatro o cinco años mayor que ella. Tuvo el extraño sentimiento de dejar las cosas en claro, con sutileza, desde luego.

-Muchas gracias.- dijo al recibir sus pasteles.- Le daré a mi esposo sus deseos de pronta recuperación.

El leve rubor se convirtió en un rojo intenso en la cara de la muchacha y Kaoru satisfecha salió del lugar, mientras escuchaba un "no sabía que era casado. Qué estúpida soy"

Ya con los pasteles en las manos y el esposo en casa, Kaoru se volvió a reprender por tonta ypor hacer enfadar a Kenshin y de pronto tuvo algo nuevo en que pensar. No era ella solamente quien encontraba atrayente a Kenshin. Megumi y la muchacha de la pasteleria también y eso le disgustaba. Al abrir el portón tuvo una extraña sensación y encontró unas bolsas en el suelo. Había alguien, pero ¿dónde?

Con sorpresa vio salir a Megumi de su dormitorio, con su yukata encima.

-¿Pero qué...?-

Sonrojada, la hermosa Megumi se la quedó mirando mientras miles de imágenes de Kenshin apasionado con ella pasaban por su mente.

-Ken-san es fabuloso. Simplemente fabuloso.

-¿Qué?... Pero... - Kaoru apenas se dominaba.

Megumi se acercó a ella y la saludó.

-Genzai me pidió que les trajera medicina.

Kaoru miró a Megumi sin saber qué pensar. ¿Sería Megumi capaz de acostarse con Kenshin aún sabiendo que estaba casado? ¿Y si ya lo había hecho?

-¿Q-qué le pasó a tu ropa?

-Ah... esto... fue un poco raro, ¡pero eres tan desordenada! Fui a sacar algo del estante de arriba y se volcó soya sobre mi kimono. Disculpa que haya ido a tomar tu yukata, pero es que Kenshin desapareció y no pudo ayudarme!

-Kenshin...

-Estaba un poco raro. No sé, lo tienes enfermo, al pobre, porque tenía fiebre y temblores. Aunque me acerqué a él me trató muy mal, incluso me empujó y se perdió de aquí. Pensaba hacer un tranquilizante para él, pero me pasó esto, además no lo volví a ver. Estoy pensando que mejor para mí que se haya casado contigo.

Un poco aturdida por la información, Kaoru le recomendó a Megumi darles un tiempo a solas o regresar al día siguiente. Y que se pusiera uno de sus kimonos.

-¿Por qué no me puedo quedar? ¿Le pasa algo a Ken-san?

Sin escucharla, Kaoru pensó en Kenshin. ¿Dónde podía estar? Estaba en calor y necesitaba ser contenido o los dolores serían insoportables al día siguiente y ella no quería que él sufriera.

-Te contaré todo más tarde.- le dijo Kaoru, saliendo a buscar a su marido. Por su cara, Megumi entendió que lo mejor sería no inmiscuirse de momento, tomar el kimono y marcharse.

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Kaoru llegó a la calle y miró para ambos lados, si es que distingía la silueta de Kenshin. Pero no vio nada. Iba a decidir qué dirección seguir cuando pensó en el dojo y tras registrarlo, llegó a la bodega.

Envuelto en un cobertor, encogido y aferrándose a los bordes de la prenda con fuerza, Kenshin estaba en un rincón, diente con diente chocando. Su piel estaba húmeda, así como su ropa. Pero además, su piel ardía.

Kaoru le apartó un mechón mojado de pelo de la frente y se acercó a él.

-Tranquilo... tranquilo...- le dijo con voz suave.- Ya estoy aquí.-

-¿Megumi?

-Preocupada por tí. Pero bien.

Kenshin se levantó lentamente, ayudado por Kaoru. Las rodillas le dolían, y los muslos. Llevaba mucho tiempo allí metido, conteniéndose.

Caminó un par de pasos y Kaoru le dijo al oído:

-Podemos hacerlo aquí. Nadie nos molestará. Será mejor.

Algo en su forma de decirlo, tal vez el tono ronco y sensual de su voz dejó a Kenshin listo para tomarla. Sin embargo la rigidez en sus piernas lo molestó al punto que dejó entrever el dolor en su cara. Kaoru lo recostó en un viejo futón que encontró por ahí.

-¿Crees que funcione si me pongo sobre tí?

Kenshin casi no pudo respirar con la idea. Asintió pasando saliva. Y más saliva. Estaba erecto en plenitud.

Kaoru se quitó la ropa necesaria y se colocó sobre él. No estaba muy segura sobre el modo en el qué debía ponerse, así que se movió un poco buscando la mejor posición.

Se deslizó sobre su miembro erecto y Kenshin la tomó por las caderas para bajarla con más velocidad. Entonces a Kaoru se le ocurrió algo y no se dejó dominar.

-Antes de seguir... me siento mal por mi reacción de esta tarde. En realidad... no quería molestarte, ni lastimarte. La verdad ni yo me entiendo. ¿Me perdonas?

Kenshin sentía la punta de su miembro dentro de ella y necesitaba urgentemente que se deslizara completamente. ¿Y a ella se le ocurría conversar?

-No hay nada que perdonar.- dijo entre jadeos.

Kaoru bajó y luego regresó al punto de inicio. Kenshin gimió.

-En realidad, no quiero que hagas esto con ninguna otra mujer. ¿Tocaste a Megumi?

-No lo hice.- respondió con prontitud. Kaoru bajó y subió nuevamente.

-¿Quisiste hacerlo?- preguntó Kaoru extasiada con el nuevo juego que había descubierto.

Kenshin arqueó la espalda y movió la cabeza hacia atrás.

-No.

-La verdad... -dijo Kaoru amenazante.

Kenshin respiró fatigado.

-Si la desee, pero no pude tocarla...-

Kaoru bajó y subió un par de veces. Megumi no dijo nada de Kenshin acosándola y entonces se le ocurrió una pregunta.

-¿Y por qué conmigo no pudiste controlarte después de la primera noche?

-No puedo con usted. Lo que siento es muy fuerte... Kaoru...

La voz ahogada de Kenshin le indicó a la joven que estaba llegando al límite de su resistencia. Kenshin la necesitaba ahora.

-¿Me deseabas antes de ese día?.- Preguntó al recordar algo que le gritó Fukio cuando lo terminó en el río.

-Si. La deseaba. La deseaba mucho.- dijo él con fiereza, la paciencia perdida, imprimiendo fuerza en las caderas de Kaoru y obligándola a bajar y a subir, esta vez al ritmo que él impuso. La joven se dejó llevar, estimulada ante la idea repentina de haber sido deseada por Kenshin desde antes en secreto.

Bajó a sus labios para besarlo y preguntar desde cuándo. Se quedó de piedra cuando escuchó:

-Desde que la vi por primera vez.

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Acto cuatro

Sin rencor

Abril 29, 2015

Notas de autora.

Hola!

Por fin un capítulo nuevo terminado. Ya se casaron y Fukio aún no habla con su madre. Y en realidad todos han estado demasiado ocupados casándose y tratando de hacer lo que deben hacer.

Disculpenme por no haber respondidos sus reviews, pero en el lugar al que fui el internet es sumamente débil. Me pondré al día en el próximo día.

Hace pocos días anduve por los sures con mi esposo, visitando a la abuela. Ustedes entenderán que tras 8 años de matrimonio, viajando dentro de la cabina de un auto los dos solos ya no hay muchos temas que tratar sin repetirse. Asi que se me ocurrió la idea de contarle al Rober la historia de las masitas nuevamente, a ver si podía darme alguna opinión para seguirla. Él sólo pidio que la madre de Fukio tenga un castigo ejemplar y cruel, porque ahora mi esposo maneja información que a ustedes les llegará en el próximo capítulo.

Entonces, tras varias horas de viaje, llegamos a nuestro hogar y tocó la hora de dormir. Estaba leyendo cuando llegó Rober al dormitorio diciendo algo de haberse comido unas masitas y que necesitaba ayuda. Entre reir y golpearlo creo que hice algo de ambas y luego... bueno, lo tuve que ayudar. Asi son los esposos. Se brindan apoyo mutuo.

Un beso gigante a todas. Nos leemos.

Blankiss.