Cuando llegues a Amarme
Acto cinco
Sin Barreras
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Megumi se fue discretamente del hogar de los Himura y dejó una nota anunciando su próxima visita. Mientras Kaoru leía, Kenshin pasó de largo al cuarto de baño para asearse.
A pesar de todo lo que había pasado entre ellos, verse forzado a revelar sus sentimientos del modo en que sucedió le hizo sentirse sumamente expuesto y vulnerable como nunca antes con ella. Más desnudo de lo que ya había estado. Necesitaba rearmarse de alguna manera y mientras lavaba su cuerpo lo consiguió un poco entre los jabones y la tina con agua caliente.
Poco a poco el dolor de las piernas y las rodillas fue cediendo al calor. Se quedó más tiempo del necesario, y al secarse lo hizo con calma. Al salir del baño intentó no demostrar que estaba afectado cuando se encontró a Kaoru preparando té.
-¿Te sientes mejor?
-Si. Muchas gracias.
-Traes el cabello húmedo. Te puedo ayudar a secarlo cuando terminemos.
-No, gracias. Lo secaré yo.
Kaoru bajó la mirada.
-Está bien.
La joven le pasó una taza y un platito con pastel con la esperanza de que eso lo agradara. Cuando Kenshin recibió estas cosas rozó su mano y al mirarla a los ojos reparó en que Kaoru no estaba bien.
-Perdona mi reacción, Kenshin. Yo no lo sabía. De verdad. No...
Él la miró de soslayo, pero no dejó entrever que pensaba.
-Yo no quería que te sintieras mal. He sido torpe y fastidiosa todo este día y yo no soy así... no quiero ser así contigo, de verdad. Y si de verdad... de verdad me... te gusté desde antes... por Kami, todo esto con Fukio... no sé qué decir.
Kaoru se quedó en silencio, al no poder hilvanar una frase que ella sintiera ayudara en la situación. Se sentía especialmente tonta... se sentía mal al pensar que Kenshin pudo haber sufrido en el pasado por su culpa.
Al terminar de comer, Kenshin se levantó y se dirigió al dormitorio. Se secó como pudo el cabello y estiró el futón de matrimonio. Se acostó mientras Kaoru lavaba y ponía orden en su cocina.
Cuando ella llegó, se encontró a Kenshin dormido. Se acostó a su lado con cuidado de no despertarlo para no hacerlo enfadar más, apagó la lamparita y se tapó hasta la barbilla. Kenshin se movió, acostándose de lado y dándole la espalda. Supo entonces que estaba despierto.
Un dolor desconocido y profundo se abrió paso por el pecho al corazón de la muchacha. Repasó en su mente una y otra vez el momento en que Kenshin le dijo que la había deseado desde el momento de verla y ella había dejado de moverse por la impresión. Había murmurado un "no puede ser" y cuando intentó bajarse de él, Kenshin la sostuvo y le pidió que no todavía.
¿Pero qué otra cosa podía hacer o decir? Ella obedeció y siguió hasta cuando él quiso y ahora no le hablaba. Quizá se había enojado porque ella lo chantajeó con el sexo para sonsacarle cosas. ¿Eso podía lastimarlo? Era un hombre muy reservado, sin duda, no debía ser fácil tocar algunos temas. Aún recordaba lo agotado que quedó tras hablarle de Tomoe.
Ella había querido jugar y todo salió mal. Se acercó al cuerpo de Kenshin y con sus pies tocó los de él. Estaba tan calentito, pero no se atrevió a más y de pronto, él rompió el contacto.
Pensó en irse de la pieza a dormir en la habitación del lado, pero prefirió acomodarse en la orilla del futón, donde sus pies no pudieran tocar a Kenshin, dándole la espalda, y donde las lágrimas se deslizaron por su sien hasta que se quedó dormida.
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Kenshin se despertó temprano, aunque no tanto como Kaoru. Ella no estaba en el futón.
Cuando la buscó por la casa y no la encontró, pensó que algo andaba mal y al salir a la calle la divisó regresando al parecer de unas compras.
La esperó en el portón y le dio la bienvenida. Kaoru asintió con una sonrisa queda y siguió de largo para guardar sus cosas. Kenshin la siguió.
-¿Y eso?
-Algo mío. ¿Puedes empezar con el desayuno? Yo te alcanzo enseguida.
A Kenshin no le gustó que Kaoru le ocultara cosas. Pero no le quedó otra que ir a la cocina. Cuando ella le dio alcance se puso a picar algunas verduras mientras él preparaba arroz. Pero además, ella preparó una infusión aromática que tomó al terminar de comer. Se levantó y se fue al dormitorio donde se cambió de ropa y se metió al futón.
-¿Le pasa algo?- preguntó Kenshin al verla arropándose con los cobertores. Ella lo miró un segundo y bajó de inmediato la vista.
-Dormí un poco mal anoche. Tengo sueño. Déjame a solas, no te preocupes. Me levantaré al mediodía.
Kenshin hizo caso y salió. Se ocupó en poner orden en la casa, pero una y otra vez sus pensamientos volvían a Kaoru. Tal vez estaba triste por su culpa, por no haber querido hablarle la noche anterior. Sus pies lo guiaron a la puerta del dormitorio.
¿Era correcto que entrara cuando ella le dijo que no? Estaba reflexionando sobre eso cuando escuchó algo muy leve... como un quejido.
Prestó atención. En efecto, era como un sonido de ella.
También lo había escuchado antes. Sólo que antes era un simple invitado en la casa que no se inmiscuía y ahora era el esposo y tenía más derechos. Se atrevió a entrar en el cuarto a averiguar qué estaba pasando.
-Ándate. Déjame sola.- dijo ella al sentirlo. Kenshin notó que estaba encogida dentro del futón y se acercó más hasta arrodillarse delante de ella.
-¿Qué le pasa? ¿Ha enfermado?.
-Por favor, vete...
Él le tocó la frente y notó que no había fiebre, aunque estaba calentita por estar tapada. Reparó entonces en la extrema palidez de su rostro y si se asustó. Retiró los cobertores para sacarla de allí y llevarla al médico pero Kaoru se quejó y con un par de manotazos quedó libre de él. Entonces se arropó de nuevo y se abrazó la barriga.
-Señori... Kaoru... por favor, dígame que pasa.
Avergonzada y adolorida, la joven aguantó estoica un nuevo cólico y lo miró.
-Me está bajando la sangre. ¿Ahora te puedes ir?
-Pero... se ve muy mal.
-A veces duele mucho, no siempre es así.- dijo aguantando el dolor.- Ahora vete. Te prometo que pasará y ya no... - respiró hondo.- yo podré levantarme más tarde.
Kenshin salió al patio confundido y apenado. Él quería ayudar a Kaoru, pero ella al parecer no lo quería cerca y eso no podía soportarlo.
Vino a su mente la noche anterior. Él la evadió cuando ella quiso hablarle. ¿Se estaría vengando por eso? Haciendo memoria desde que vivía en esa casa, le pareció entender que cuando a ella le bajaba la sangre, tendía a esconderse.
-No permitiré que me haga a un lado de lo que le pasa.- se dijo, y se metió a la cocina a idear el modo de hacerse útil. Si ella estaba tan arropada, seguramente era que necesitaba calor. Le pareció notar que se abrazaba la panza... él no sabía mucho de las mujeres, sólo que les bajaba la sangre y para la gran mayoría todo parecía ir mal por unos días y se ponían muy temperamentales, enojonas, lloronas... gritonas... a veces decían una cosa y se retractaban... a veces ni ellas se entendían.
Tal como Kaoru el día anterior...
¿Acaso lo que le dijo habia sido exacerbado por el periodo que estaba iniciando? Kaoru había sido muy indulgente con él al dejarle pasar que la tomara cuando estuvo drogado y nunca hubo ningun reproche al respecto. Era muy madura para su edad. Apenas tenía 17 años.
Se puso a buscar alguna botella de cerámica que pudiera tapar mientras calentaba agua. ¿Qué sabía él de la vida a los 17 años? Sólo sabía matar y habia perdido a una persona importante... pero sus ideas del mundo y su forma de actuar eran muy diferentes a las de ahora. Era más arriesgado, más apasionado en lo que hacía... más como él veía a Kaoru. Le había tomado años dominar sus emociones para aprender a esperar, a dar siempre la respuesta correcta y el comentario acertado. Así y todo se equivocaba, como ahora, que pretendía que Kaoru con su juvetud, la tempestad del matrimonio, el compromiso roto y los cambios que le causaba la sangre al bajar, fuera serena y madura como esposa.
Se sintió mal por escudarse en su orgullo la noche anterior y no haberle hecho caso. Incluso cuando sintió que lloraba se esforzó para no conmoverse.
Puso agua hirviendo en la botella y la envolvió en varios paños hasta que ya no le molestó el calor que radiaba. Se lo llevó a Kaoru y esperó que no le lanzara nada a la cabeza cuando se acercó a ella.
Tenía la cara congestionada y las lágrimas corrían por sus mejillas. No tenía ánimo ni para reclamarle, sólo lo miró.
Kenshin la destapó con cuidado. Notó las manos sobre la barriga.
-¿Duele mucho la pancita?
Kaoru sólo asintió. Entonces con cuidado él le separó las manos de su cuerpo y puso la botella envuelta sobre su vientre.
-Usted sabe mejor dónde duele. Acomódelo como quiera.-
La joven hizo caso y lo miró agradecida. Kenshin le acarició la cabeza tras volver a cubrirla.
-¿Esto le pasa siempre que baja la sangre?
-La mitad de las veces.- dijo en un tono apenas audible. Kenshin suspiró.
-¿Y cómo es que yo nunca supe de esto?
Kaoru soltó el aire fastidiada. A Kenshin le pareció simpático que se estuviera muriendo y le diera pelea.
-Es asunto de mujeres.
-Ahora es asunto mío. Yo no quiero que sufra.- dijo acariciándole una mejilla.
El calor ayudó a hacer el dolor mucho más soportable y las lágrimas dejaron de salir. Kenshin le alcanzó un pañuelo para que se limpiara la nariz.
-No es siempre. Sólo cuando la luna está creciente. No te preocupes por esto.
-¿Y le baja mucha sangre? ¿Es sólo hoy o seguirá así más tiempo?
Kaoru trató de responder las preguntas de Kenshin sin dejar entrever la verguenza que le daba, aunque él era tan suave y mostraba tanto interés que acabó sintiendo confianza.
-... y es por algunos días. Cuatro o cinco. Pero sólo duele el primer día. Y poquito el segundo.
-No puedo creer que todo este tiempo le haya pasado y yo sin enterarme.
-Pero Kenshin... esto nos pasa a todas, no tienes por qué inmiscuirte. Es natural, incluso el dolor, supongo. Sólo cuando sea vieja o me embarace la sangre no bajará.
-Es decir, que ahora usted no está embarazada.
Repentinamente, Kaoru cayó en cuenta de eso. Contrariada, bajó la mirada.
-No. No lo estoy.
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Kenshin dejó a Kaoru con su botella y se fue a conseguir carne de res. Prepararía una sopa especial para ella, para que repusiera fuerzas. Iba caminando a paso ligero, aunque tranquilo porque estaba seguro de poder controlar sus deseos si le llegaban en el pueblo. Todo transcurrió bien y consiguió su lista de compras a muy buen precio, incluso le regalaron una col y conversó con algunas personas.
Ya de regreso, divisó a Fukio regresando de las clases. Este se le acercó.
-Qué bien te sienta la vida de casado.
Kenshin sonrió.
-Gracias.
-A pesar de ser un mentiroso las cosas se te dan muy bien. Debes estar en el cielo por haberte quedado con mi Kaoru. Dijiste que cuidarías su felicidad y que esa era estar conmigo. ¿Qué pasó que cambiaste de idea? ¿No pudiste soportar la idea de que fuera mi esposa? ¿Tanto me envidiabas que incluso elegiste la misma semana en que yo me casaba para hacerlo con ella?
La masa de gente fue quedando atrás y Kenshin miró con calma a Fukio.
-Lamento mucho que en esta historia hayas sido perjudicado, pero nunca tuve nada contra tí.
-Claro que lo tuviste. Querías quedarte a mi novia y en cuanto pudiste, ¡te aprovechaste de ella!-
-¿De qué estás hablando?
-¿Crees que no lo sé? ¿Qué Kaoru no me lo contó? Sé que te aprovechaste e su ingenuidad para tenerla. Que la hiciste tu mujer y así evitaste que ella se casara conmigo.-
Kenshin pasó saliva. ¿Cómo era posible que Kaoru le haya dicho... ? Era cierto... algo le había contado un día en que llegó con la cara lastimada.
-Pero no cantes victoria. Así como ella prometió ser mía y estuvo contigo, bien puede engañarte a tí también e inventarse una historia con drogas en la comida.
-Lo de las drogas es cierto.- dijo Kenshin muy serio, plantándose frente a Fukio.- Y en cuanto mejore, investigaré ese asunto a fondo. Las masitas que nos dio su madre venían contaminados con algo. Genzai separó el elemento dañino y lo tiene guardado para compararlo con lo que podamos encontrar en la investigación.
-Déjale eso a la policía, si acaso es cierto.
-Es cierto. Pero no quiero meter a la policía en esto todavía. Esto pudo haber terminado con la muerte de Kaoru si las hubiera consumido, es más grave de lo que parece...
-¿Si las hubiera consumido? ¿Acaso no las consumió ella?
Fukio miró a Kenshin muy extrañado. Kenshin entrecerrando los ojos, contestó.
-No. Ella no comió nada. Fui yo.
-Ella me dijo que las consumió y te sedujo... que cuando... no quisiste salió a la calle y tú la tomaste para evitar un mal... - divagó Fukio. Kenshin escuchó atento.
-Ella pensó en su vestido de novia y quiso hacer dieta. Por eso no las comió y me las obsequió. Yo tenía hambre. El efecto fue muy potente, pude haberla violado. Fue... Fukio... lo de la droga fue un asunto muy serio. Ten cuidado con tu madre y trata de detenerla.
Al mirarlo de vuelta, Kenshin reparó en lo agitado que respiraba Fukio. Lo miraba con odio absoluto, completamente iracundo.
-Dijiste que pudiste haberla violado. Y no lo hiciste. ¡Maldición! ¡Maldición! Ella se dejó, ¿cierto? -
-Kaoru no tuvo opciones. Yo tengo la culpa, porque la presioné...-
-Me hizo perder el tiempo, maldición, ¡me lo hizo perder! ¡Nunca pude tocarla siquiera y a tí se te entregó en bandeja! Perra.
-Cuidado con la forma en que te expresas de mi mujer.- dijo Kenshin por lo bajo. Fukio lo iba a mandar a freir espárragos cuando notó por su mirada que no le esperaba nada bueno si no dominaba su lengua.
-Tú mujer barrió el piso con mi corazón. No sé cómo eres capaz de querer a alguien así. Pero en fin, es tu problema. Ahora es tuya. ¿No era lo que tanto querías? Ahí la tienes. Felicidades.
Fukio aplaudió a Kenshin antes de retirarse. Estaba furioso, estaba dolido y lastimado. Se sentía traicionado por todo el mundo. Sentía que todo en lo que él creía se derrumbaba.
Al llegar a su cuarto, encontró a Akane haciendo limpieza. La dejó hacer mientras la miraba. Tenía tanta rabia y tanta pena a la vez que no sabía cómo descargarse, y cuando la chica lo miró y le sonrió, supo cómo.
Media hora después la dejó tranquila, con el fin de que se vistiera. Había sido su primer hombre, lo supo, y ella su primera mujer. Y ya estaba mejor con eso. Mucho mejor a pesar de que la muchacha no sonreía.
Porque aunque fue voluntario, tarde Akane se dio cuenta de que Fukio pensaba en otra persona cuando se acostó con ella, y que no eran precisamente amorosos los sentimientos que tenía cuando invadió su cuerpo. Fue brusco y exigente a la vez y ella no quería volver a verlo. Había rematado su virginidad al peor postor.
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Kaoru agradeció la sopita de carne y ya por la tarde se sintió mejor. Le dio a Kenshin un beso en la mejilla y se repartieron las labores de la casa. Incluso recibieron la visita de Megumi, quien venía a devolver el kimono de Kaoru. Ella no hizo alusión a lo sucedido anteriormente y les habló de su vida en Aizú. Se marchó cuando el sol comenzó a caer y ellos retomaron sus labores domésticas.
Kenshin miraba a Kaoru sin poder quitarle los ojos de encima, mientras ella barría el patio. El acababa de ordenar la ropa limpia y estaba encendiendo un brasero para que les diera calor por la noche.
Se preguntaba una y otra vez por qué se había echado la culpa cuando le contó a Fukio su versión de la historia de las masitas. Decidió preguntarle cuando ella terminó y se sentó a su lado.
-Entonces te contó.-
-Así es. -
-Lo que pasa es que tú estabas muy mal... muy enfermo. Y yo temí que él pudiera tomar una represalia en tu contra y viniera a atacarte. Ya no está Sanosuke que le pudo dar pelea, y Yahiko está por debajo de su nivel. A mi suele ganarme en las demostraciones y no quería que te lastimara. Me eché la culpa para que me odiara.
-Pero usted se puso en riesgo. Él la lastimó ese día.
-Pero yo no estaba pensando en eso. Tú... tu cuerpo está muy lastimado y con la droga y los dolores que tenías... dentro de mis posibilidades yo tenía que cuidarte.
Kenshin le tomó las manos.
-Usted es la mejor esposa que un hombre como yo puede tener.
-¿Aunque no sepa cocinar?- dijo ella para aligerar el ambiente.
-Eso no es cierto. Usted ya sabe hervir el agua.
Rieron uno al lado del otro y Kenshin miró de reojo a Kaoru.
Se sabía enamorado de ella, pero no pensó que pudiera llegar a sentir que se enamoraba más.
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El ajetreo en la estación de trenes era intensa, aunque acostumbrado como estaba a ella, Fukio se deslizó entre la multitud con la elegancia y soltura que lo caracterizaba. Se acercó a un negocio para comprar una fruta y emprender la caminata hasta su casa y notó que en uno de los puestos, el tendero era distinto al que conocía. Le preguntó a un conocido suyo que andaba por ahí.
-¿Qué pasó con el señor Hinata? ¿Está enfermo?
-Una desgracia cayó sobre el pobre hombre. Su hija Makoto se colgó de un árbol hace un mes y él, demasiado afligido, resolvió vender y marcharse lejos.
-¿Makoto, dices?- Por un momento, Fukio sintió que su corazón se detenía.
-Claro. La chica del cabello castaño. Era tan bonita... -
-La conozco. Su hermana mayor nos enseñó caligrafía cuando fuimos niños. Pero ¿qué le pasó que tomó esa decisión? Colgarse...
-Mire, yo no sé qué fue. Sólo que dicen que hace unos años el tío que vivía con ellos se puso loco y forzó a esa pobre niña toda una noche después de golpear al padre y dejarlo inconsciente y que el tío se fue de la casa y no volvió más y la pobre chica tuvo harta pena desde entonces y que nunca más la vieron sonreír.
-Qué terrible.- comentó Fukio. El tendero ordenó su mercadería.
-Cosas horribles pasan cuando demonios se meten en el corazón de las personas. Dicen que el tio de la niña era buena persona, que un día se puso loco por algo que bebió... aunque uno nunca sabe. Tal vez era una excusa para que perdonen lo malo que era.
Fukio agradeció a su conocido y le compró algo y se fue, sintiendo unas inexplicables ganas de llorar. Se apresuró en salir del mercado contiguo a la estación y caminó vigorosamente para alejarse de la gente.
Makoto muerta.
Makoto, su primera amiga, su primer amor. Recordó sus interminables trenzas castañas y su dulce sonrisa. Era su novia y de pronto ella no lo quiso ver más, por eso él decidió buscar un trabajo en la nueva capital de Japon y alejarse de ella. Por eso había conocido a Kaoru.
Su madre lo había aconsejado, diciéndole que si la chica no quería verlo, no se le acercara y él había hecho caso, pero no tenía idea, no sabía lo terrible de lo que le había pasado.
De pronto se le vinieron a la mente las palabras de Kenshin:
"El efecto fue muy potente, pude haberla violado. Fue... Fukio... lo de la droga fue un asunto muy serio. Ten cuidado con tu madre y trata de detenerla."
"Pero tengo que estar seguro si voy a acusar a mi madre de algo. Y sólo hay una persona que me puede decir qué pasó aquí" se dijo Fukio mientras recorría el mercado, tratando de averiguar la dirección del tío de Makoto, para hacerle una visita.
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Cada día hacía un poco más de frío, y tras conversarlo con Kaoru, Kenshin tomó el dinero que recibieron como regalo de matrimonio y compró algunos materiales para reparar el techo de la casa. Luego seguirían con el dojo y finalmente con la cocina.
Kenshin estaba especialmente animado, ya que tras el largo receso por la herida en el brazo que no sanaba y el efecto de las masitas, se había llegado a sentir bastante inútil. Pero ahora... ahora podía hacer cosas en su hogar, para resguardar a su esposa, para protegerla del clima. Con esas ideas en mente su rostro de iluminaba con una sonrisa y redoblaba sus esfuerzos. Un hogar... un hogar de los dos que él con sus manos podía fortificar. Amaba esa sensación.
Kaoru en tanto lo ayudó un día, pero al siguiente tuvo su primera clase en el dojo Kamiya como mujer casada. Luego se había quedado conversando con Yahiko mientras limpiaban el dojo y él le había contado lo a gusto que se encontraba con el doctor Genzai, debido a que el anciano le estaba enseñando algunas cosas tan interesantes como curar heridas, y que Megumi les cocinaba cosas deliciosas.
Después de eso el niño les ayudó un poco con el techo y cuando se fue, Kaoru pensó hablar más tarde a solas con Kenshin, porque echaba de menos a Yahiko y quería que volviera, sin embargo le importaba la opinión de Kenshin.
Todavía estaba claro cuando Kaoru decidió darse un baño. Kenshin le dijo que él tomaría el suyo más tarde, porque le quedaba trabajo y había luz natural para ver qué hacía. Ella asintió y preparó el agua caliente. Había sido un día de mucho esfuerzo.
Pensaba en Yahiko mientras se aseaba, y escuchó los sonidos de Kenshin en el techo. Sonrió al evocar el día en que se conocieron y al hacer un rápido repaso por su historia. Ahora era su esposa y compartiría su vida con él. Debía reconocer que durante el día su vida no había cambiado mucho y se sentía bien con eso. Kenshin era de fácil trato y muy considerado. En estas últimas noches que no habían tenido relaciones sexuales había sido muy confortante compartir futon y despertar por la noche acunada por su calor, sintiendo su cuerpo junto al de ella. A veces le parecía que no podría volver a dormir sin él.
Ella siempre había dado por sentado que viviría mucho tiempo cerca de él. Cuando descubrió que pensaba marcharse tras su matrimonio con Fukio, se dio cuenta de cuánto lo necesitaba en su vida. Incluso había dudado de querer casarse si ese era el precio a pagar.
Acabado el aseo, decidió dejar el agua caliente sin usar para Kenshin, por estar ella en su periodo impuro aún, asi que limpió todo muy bien, se secó, se puso la yukata por el frío que empezaba a sentir y dobló un apósito limpio para poner en su ropa interior aunque casi no manchaba. Estaba en eso cuando tocaron a la puerta.
-Espera un poco, Kenshin. Ya salgo.
Pero Kenshin ya se había asomado. Apenas lo miró supo que había un problema. No se veía muy bien. Ya temblaba.
-Kaoru...
Saber lo que vendría erizó su piel por anticipado, pero por otro lado sentía pudor por la sangre que seguía bajando. No estaba segura de querer compartir eso. No era bueno.
-No, Kenshin. Lo siento. Hoy no. No podemos.
-Pero, Kaoru, yo necesito...
A Kaoru le dolía verlo en ese estado, pero nada podía hacer.
-Mi sangre no deja de bajar. No me parece correcto hacerlo hoy. Tal vez mañana, cuando se detenga y yo ya no esté sucia.
Kenshin maldijo por lo bajo. Maldita droga y malditos efectos secundarios. Y maldito periodo de Kaoru. Sentía ganas de gritar de la frustración ante los dolores que sabía que vendrían si no aplacaba su deseo.
-Por favor.- intentó una vez más. - Por favor...
-Te ensuciarás por mi culpa.
-No me importa.- dijo animado con la esperanza al verla dudar.- ¿Por qué usted piensa que puede darme asco?
-Es sangre... esto es sucio. Me da vergüenza todo esto. De verdad no quiero que lo hagas. Por favor, es muy desagradable sólo pensarlo. Ni siquiera deberíamos hablar de esto.
Ella trató de salir del cuarto, pero él la retuvo por un brazo.
-Por favor... Kaoru. Sólo lo sabremos tú y yo y nada más importa.
-Pero... No. Métete al agua mejor.- dijo ella soltándose y buscando seguridad afuera. Él la atrapó por la cintura y enterró la nariz entre sus cabellos húmedos cuando la apegó a su cuerpo fuertemente, de tal modo que ella sintió su excitación.
-¿Por qué habla de sentirse impura? Yo debería ser el avergonzado, el indigno... el que se ha saciado con usted sin merecerla. Usted es tan limpia y cálida...
-Yo no quiero hacer esto... Kenshin, no me hagas... - dijo en una súplica, al sentir sus labios sobre su cuello. Cerró los ojos al sentir que lo deseaba con fuerza y Kenshin le tomó un seno por debajo de la ropa.
-Por favor...
-¡No me hagas esto!.- demandó ella con el corazón acelerado, porque su voluntad flaqueaba.- No deberías hacerme esto.
"No deberías hacerme desearlo hoy" quiso decir, pero Kenshin pudo entenderlo.
En otras circunstancias se hubiera detenido, pero decidió usar eso a su favor. No dejó de acariciar su cuello con la lengua y los labios, mientras con los dedos aprisionaba un pezón. La otra mano fue a deslizarse entre sus piernas, pero ella lo detuvo y se separó de él.
-Tú ganas. Haz como quieras pero termina pronto - acabó confundida. Saber lo que vendría la excitaba, pero le habían dicho que eso no se hacía en "esos" días y ya que no estaba segura qué partido tomar, dejaría que él tomara las acciones. Tal vez en una situación como la que estaba viviendo Kenshin ese tipo de ideas no corría. Estaban en el pasillo y Kenshin se acercó a la puerta del cuarto de baño, donde estarían más resguardados en la oscuridad y había un cajón de madera sobre el que la sentó. Lo haría rápido, como ella quería.
Kaoru no se sintió capaz de mirarlo cuando él le abrió la yukata sin vacilación. Tras desatarse el hakama y dejar que cayera, Kenshin la atrajo fuertemente hacia él para penetrarla. Ambos notaron con cierta sorpresa que él se deslizaba con facilidad dentro de ella. Kaoru no sintió dolor.
Un gemido se escapó de la garganta de él. Kaoru se apoyó en su hombro para no mirarlo, pero él la enderezó tomándola bajo las axilas, para hundir la cabeza entre sus pechos. Ella lo abrazó mientras sentía su cuerpo derretirse bajo el tacto de él, disfrutaba lo que estaba pasando y se preguntaba sin de verdad él no sentía asco de ella, aunque ya no sangraba.
Para Kenshin en cambio la situación era diferente. Veía frente a él a una mujer limpia y recién bañada, de piel suave, con una fragancia en ella que lo llevaba al borde del colapso. No tenía idea de qué modo se veía Kaoru a sí misma en ese momento, pero para él era igual de deseable. Necesitaba sentir su piel en la lengua, tocarla y besarla pero Kaoru tenía otras ideas.
Se detuvo cuando vio sus ojos cerrados y pensó en su incomodidad. El ardor y la urgencia poco a poco fueron desapareciendo y decidió detenerse por completo.
-Lo lamento...- murmuró retirándose sin haber acabado.- Lo siento...
-¿Kenshin?
Le acomodó la yukata y la abrazó.
-Lo lamento, Kaoru. De verdad, las ganas me estaban matando y no pude pararme pero ya no quiero esto. No si usted no está a gusto conmigo.
-Pero lo necesitas, te dolerá.
-Entonces usted me cuidará. Tal vez no sea tan malo.
Rieron quedo, pero bajándose del cajón, Kaoru lo miró preocupada. Le tocó la espalda.
-¿De verdad estás bien?
-Es un poco raro, pero si, me siento bien.
-Y no... ¿no sientes ganas?
-No puedo mentirle porque si las tengo pero si usted dice que mañana es mejor... mañana será mejor.
Kaoru cambió su toque por un agarre de la ropa de Kenshin... este lo notó al moverse y se volvió hacia ella.
-¿Pasa algo? Entiendo que esté enojada conmigo pero...
La joven lo miraba un poco avergonzada. No, ahora no era el periodo su problema. Se podría decir que era un poco más difícil de explicar. ¿Cómo decirle que lo que él le había hecho la había dejado con ganas? ¿Que ella si quería terminarlo?
Indecisa sobre cómo decírselo, bajó la cabeza. Puso una mano sobre el pecho de él y se acercó despacio.
-No sé qué tienes tú que me hace ir en contra de mi buen juicio. Desde que nos conocimos... - comentó. Kenshin no dijo nada, pero la agarró por la cintura, inseguro de si lo que pensaba que ella quería estaba bien. La tomó con firmeza y la besó en la boca. Lo que recibió de vuelta fue confirmación de que podía seguir donde la había dejado.
-Pero aquí no.- murmuró al levantarla y llevarla al interior de la casa, donde Kaoru, con una mezcla de verguenza y placer, escondió la cara en su hombro.
Él no perdió el tiempo y la recostó con premura, para despojarse de su ropa y encontrarse con ella. Al volver a penetrarla, también notó que su interior estaba más caliente que otras veces y eso le gustaba... había algo animal en todo eso... había algo en él que a pesar de sus reservas, disfrutaba de la situación. Y fue cuando él buscó besarla y Kaoru entreabrió los ojos para mirarlo, sonrojada, que él lo pudo entender.
Kaoru era suya.
Pero suya. Completamente.
Nunca existió Fukio ni nadie más. Él siempre había corrido solo y recién en ese momento lo comprendía.
Kaoru permitió algo que no quería porque él lo había pedido, porque era incapaz de negarle nada. Kaoru se entregó a él la primera vez por voluntad, y se casó con él sin presionarla demasiado, sólo argumentando que era por su bienestar porque ella lo anteponía a sus propias necesidades sin cuestionárselo. Si él le hubiera pedido antes que dejase a Fukio, ahora estaba completamente seguro de que ella lo hubiera hecho. Más sabiendo que a Fukio ella no lo dejó acercarse.
Si en una de las noches que la deseó, él la hubiese ido a buscar, estaba seguro que hubiera acabado entre sus brazos.
Sintió una caricia en el hombro. Con calma retiró la mano de la joven y negó con la cabeza.
-No haga eso ahora... me está matando de ardor con sólo mirarme.
Kenshin la miró y sintió que algo se desataba en él. Algo que no tenía nada que ver con la droga y sus efectos. Y lo sabía.
-Quiero un beso.- dijo cerca de su boca y lo obtuvo sin mayor problema. Asaltó los labios de Kaoru demandando su lengua y besándola sin poder hartarse. Ella, poco acostumbrada, cerraba la boca y trataba de desviar la cara cuando sentía que se quedaba sin aire, hasta que él comprendió que debía ser más suave y ella empezó a corresponderle al poder seguir su ritmo.
-Tranquilo.- demandó Kaoru cuando Kenshin se hizo cargo de sus pezones y le causó un poco de dolor. Al segundo llamado de atención él moderó la caricia aunque mantuvo la succión. Eran tan suaves, tan sensuales y cabían perfecto en su boca. Volvió a besarla con ansia y regresó a las aureolas sonrosadas un poco más tranquilo. Sintiendo una extraña ternura, Kaoru lo abrazó por la cabeza para que siguiera en lo suyo. Sentía su lengua y su saliva caliente y ya no le importó nada más que lo que él quisiera.
Kenshin se sintió en la gloria y volvió a concentrarse en penetrarla un par de veces antes que ella, con cierta timidez, le indicara que le hacía daño.
Moderando de forma dolorosa su fuerza empezó a entrar y salir de ella nuevamente. Al parecer Kaoru o era muy delicada o él aplicaba demasiada fuerza en ella. Estaba en el cielo cuando sintió los músculos de la chica tensarse en torno suyo. Cuando ella cerró los ojos y arqueó la espalda, se permitió terminar.
Se derramó, extasiado ante lo que descubrió esa noche y todo lo que había disfrutado. Gimió cerca de su oído y se permitió recostarse un poco sobre la joven, escondiendo la cara en su cuello, respirando la fragancia de sus cabellos negros.
Kaoru estaba caliente y suave... era suya y la idea lo volvía loco. Pero debía tranqulizarse y dejarla descansar. Se separó de ella lentamente y la ayudó a levantarse. Le indicó que se aseara mientras él le buscaba otra yukata limpia.
Kaoru se sentía un poco mareada y se frotaba la cara cuando él regresó. Ahora que su propio deseo había sido saciado, se preguntaba ¿Cómo era posible que ella fuera incapaz de negarle algo? Debió golpearlo en la cabeza. Se fue al cuarto mientras él se aseaba, para ponerse su ropa tranquila.
-Kenshin, ¿te sientes mejor?- preguntó al cabo de un rato.
-Si. Ya pasó.
- Me alegro. Pero de todos modos te odio. No sabes cuánto te odio, Kenshin... -dijo dándole golpecitos en el pecho. -No me escuchaste, te dije que no quer...-
-No debería avergonzarse por su naturaleza. No se puede evitar.
-Es que... -
-No me molesta. Menos de usted. Además... me pareció que no le disgustó cuando lo hicimos aquí...
Kaoru se cruzó de brazos y le sacó la lengua, sonrojada porque él tenía razón.
-Te odio.
-De todos modos entendí que no quiere volver a hacerlo mientras dure su periodo y eso lo respetaré de aquí en adelante. Pero si usted llegara a sentir deseos, a mí no me molesta. Realmente eso no podría detenerme si usted me dejara.
-Pero si el calor vuelve a dominarte no te importará...
-No lo creo. Duró muy poco esta vez.
-¿De verdad?... yo pensé que te había dado más fuerte. No me soltabas.
-Ese no fue el calor. Fui yo.
Kaoru lo miró desconcertada.
-Pero...
-El calor se fue, pero me detuve porque me sentí mal por forzarla y cuando usted... pareció que... hem, cuando la traje aquí, fue porque yo quise seguir.
-Pero... ¿por qué?
Kenshin se acercó a ella y le acarició una mejilla.
-Usted sabe por qué. Se lo dije en la bodega.
Kaoru bajó la cabeza. Sentía vergüenza de haberlo orillado a decir esas cosas. Pero su cuerpo tembló al recordar lo del deseo de él por ella. Kenshin lo notó y quiso encerrarla entre sus brazos.
-Entonces... ¿seguiremos haciéndolo? Lo del sexo... - dijo ella de manera insegura al notar su mirada.
-Ya estamos en esto, no veo por qué no llevar una vida de casados normal. Ya no hay barreras entre lo que siento y usted. Ya no tengo que mirarla desde la sombra.
Kaoru puso una mano en el pecho de él, para apartarlo un poco, cuando tuvo la sensación de que la estaba queriendo tener de nuevo esa noche.
-Está bien, pero por favor... sé más suave. Tienes mucha fuerza... hace unos días me lastimaste ahí abajo... donde entras. Ahora me arden los pezones. Hasta el roce de la yukata me molesta. Yo no sé si sea cosa de acostumbrarme...
Kenshin tomó la barbilla de la chica para mirar en sus ojos y vio un poco de temor en ellos aún cuando ella desvió la mirada, notando a su vez los labios inflamados. Él pensó que se moderaba y aún así fue mucho para ella. Tomó conciencia de que su cuerpo era más suave y frágil de lo que él pensó y no quería que ella le temiera cuando la tocara.
-Yo... yo soy tu mujer.- dijo ella un poco temblorosa.- Yo... no me negaré si me requieres, pero por favor, cuídame.
Kenshin acercó sus manos lentamente al borde de la yukata y la abrió con cuidado. Notó los pezones antes marrones, enrojecidos por la succión. Cerró la prenda y abrazó a Kaoru, emocionado, pensando en las cosas que ahora sabía. Era cuestión de tiempo para que Kaoru también lo descubriera y esperaba que fuera pronto. En el pasado había sido difícil lidiar con lo que sentía. Ahora estaba listo para disfrutarlo y compartirlo plenamente con ella.
-Lo lamento. No lo sabía. Me controlaré. No quiero hacerle daño.
Pero a pesar de sus palabras, se sentía increíblemente feliz.
-¿Vamos a comer algo? Le voy a preparar algo delicioso. La agasajaré. Ni se imagina lo que hay escondido en la alacena para después de cenar.
-¿Escondiste algo? Oh, Kenshin... tengo mucha hambre. Dime que es.
Sonriendo seductoramente, Kenshin se acercó a su oído y dijo el nombre de la golosina que a ella más le gustaba. Kaoru se emocionó y corrieron ambos a preparar de cenar.
Kenshin no volvió a excitarse por el efecto residual de la masita, pero a Kaoru le pareció que la pasión que escondía su personalidad era más difícil de controlar.
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Fin acto cinco
Sin barreras
Mayo 5, 2015
Notas de autora.
Hola!
Sinceramente, no había pensado hacer una historia tan fogosa. Creo que pretendía ir más por el lado de los sentimientos, aunque ha sido divertido todo esto de las masitas. Como tuve que rankear mi historia y quedó oculta del público general (aunque en estricto rigor, cualquiera la puede leer) decidí aprovechar para ponerle harto lemon y que se justificara el rankeo M. Y me entretengo mucho escribiéndola.
De todas maneras ya esto sería lo último de Kenshin sexoso por las dichosas masitas y nos pondremos más sentimentales y dramáticos, pensando en ir hacia el final.
Sobre Kaoru y Kenshin teniendo sexo durante la etapa final de su menstruación, como él dice, son cosas de la naturaleza y cada quien tiene su postura al respecto. En la era Meiji parece que eso era tabú, aunque no tuve mucho tiempo para investigarlo, pero como Kenshin en el fondo es un desprejuiciado, no se preocupó mucho del asunto.
Les dejo. Muero del sueño y mañana me toca ir doc.
Blankiss.
Julio 7, 2015
Este episodio fue revisado y corregido en esta fecha. Espero que les guste.
Blankiss
