Casi todos los personajes de esta historia no me pertenecen, sino que son de la fantástica escritora Stephanie Meyer, a mi sólo me pertenece la historia.
Importante leer la NOTA DE AUTORA al final del chap.
En memoria a Michael Jackson.
(1958 — 2009)
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Capitulo quince: El genio de la lámpara perdida.
Cuando llegamos a la casa, entramos de puntas de pies. Alice y Emmett seguramente habían salido con los Hale, y Esme y Carlisle deberían de estar durmiendo ya.
Todo estaba apagado, no había ruidos a excepción de nuestros pasos y respiraciones. Edward cerró con sumo cuidado la puerta y camino hasta mí. Tomo mi mano, sabiendo que no era una buena idea dejarme caminar sola por la oscuridad, y nos dirigimos a las escaleras. Edward camino detrás de mí, cambiando sus manos a mi cintura para sostenerme. De vez en cuando la baranda de madera chillaba cuando ponía demasiada presión en ella.
Cuando llegamos a nuestro piso, Edward me condujo hasta su recamara, cerró la puerta tras nosotros y encendió la luz.
Le sonreí cuando saco sus manos de mi cuerpo, aunque eso no era lo que quería. Camine por su habitación y me deje caer en el centro de su cama. Me senté y cruce mis piernas, mientras él se acercaba para acomodarse frente a mí.
Nos quedamos en silencio, viéndonos el uno con el otro, disfrutando de la compañía. Era extraño, me sentía como hace tres años atrás, cuando con la simple compañía nos bastaba.
-Así que…- empecé bajo su curiosa mirada.- ¿Vas a acabar el relato que estabas contando?
Edward se rió y se bajo de la cama. Lo seguí atenta cuando se inclino a abrir uno de los cajones de su escritorio.
-Sabía que lo preguntarías.- se rió.- Pero lamente desilusionarte.- fruncí el ceño. No vi lo que saco del cajón, pero lo cerro y volteó a verme apoyando su cuerpo en el escritorio.- No se el final…
-¿Cómo que no lo sabes?.- cuestione confusa.
-Ese junto a tres más son los únicos que Sheherezade no acabo de contarle a el sultán, pero siempre quise saber que pasaría. Pensé que si te lo contaba, tu pensaría como podría continuar.
Me reí sarcásticamente y le saque la lengua en un gesto infantil.
-No se me ocurrió nada, además dudo que te agrade mi imaginación.
-¿Por qué dices eso?
Se veía confundido, camino hasta la cama y se sentó en su anterior lugar. En sus manos había un sobre azul bastante ancho. Trate de no darle mucha importancia, si lo había tomado es porque me lo iba a dar ¿O no?
-Por que nunca te gustaron mis finales.- mi voz sonó una tanto obvia, como queriéndole hacer recordar como se burlaba de cómo le solía cambiar los finales a varias historias. Es decir, estaba conciente de que el era un hombre, pero siempre esperé que le agradasen mis finales cursis.
-¿Qué dices?
-Vamos, Edward. Sé que nunca te gustaron mis finales alternativos. Según tu: eran cursis e irreales.- estaba relajada. No le estaba pasando factura de nada, sólo le estaba remarcando un punto. Su punto.
-Creí que te habías dado cuenta que había cambiado mucho en este tiempo. Que ya no soy el niño que era antes.
Sonreí encogiéndome de hombros, y deje que mi espalda cayera hasta recostarse sobre las almohadas de Edward.
-Ok, veo que no me dirás nada.- sonreí negando con la cabeza.- Hagamos un trato.- propuso con la seguridad de que aceptaría.
-¿De qué va?
-¿Recuerdas que te dije que tenía algo preparado para ti?.- asentí con la cabeza incitándole a que continuará con la explicación.- Bueno, es un juego. Es sencillo. Pero, para que yo te de esto.- sacudió el sobre que llevaba en su mano.- Debes escribir tu final de la historia de El príncipe y la vampira.
-No comprendo porque lo haría.- admití. De cualquier forma sabía que él iba a darme el sobre sin que yo le diera el final.
-Por el sencillo hecho de quererme hacer feliz.- sonrió de forma torcida. Relajo sus hombros y sus manos comenzaron a jugar entre ellas. Ya había ganado.- Yo obtengo un final y tu tienes la satisfacción de haberme hecho feliz y de obtener la sorpresa que te he hecho.
-¡Lo habías planeado todo!.- le acuse de forma recriminatoria.
Edward se encogió de hombros sin darle importancia. Era más que obvio que iba a seguirle el juego igual, pero no me costaba nada intentar salir de esta.
-La verdad es que no.- Achique mis ojos tratando de descubrir si me estaba mintiendo o no. De cualquier forma, era inútil. Edward era un maestro del engaño, no dejaría que se le escapará nada a no ser que así lo quisiera.- Te iba a dar el sobre sin nada a cambio, pero después recordé que quería un final, y todo encajo.
Su sonrisa soñada hizo que las luces de mi cerebro y mi resistencia se apagarán. No había forma de resistirme a su poder encantador.
Gran suspiro. El era el ganador.
-No quiero reclamos por el final.- farfulle.
Edward sonrió ampliamente, entendiendo que con esas palabras aceptaba el reto. Más bien, había sido obligada disimuladamente, ya que con sus orbes esmeraldas y su hermosa sonrisa torcida, me había comprado.
Me paso una libreta y un lápiz. Levante una ceja, cuestionándole.
-Prometo leerlo más tarde…- se apresuró a explicarme temiendo que me arrepintiera.- Si quieres, también puedo esperar a leerlo cuando no estés.- sus mejillas se tiñeron de un tierno carmín pálido. Se veía muy tierno de esa forma.
Sonreí por inercia.
Tome lo que me estaba ofreciendo. Me incline sobre mi misma, despejando mi espalda del respaldo de la pared, y comencé a escribir su final. La verdad es que no se me ocurría ninguno. Ese cuento, era sin duda, algo que debía tener un final que escuchar.
Pero no lo había. O al menos eso quería hacerme creer Edward.
Garabateé una simple idea con mi inteligible letra. Me mordí el labio, al releer la tontería que estaba poniendo. Es que, simplemente, no sabía que hacer. Lo típico viniendo de mí sería un final romántico, y quizás hasta feliz, pero recordé las burlas de Edward de cuando éramos pequeños.
Suspire, enfurruñada.
Arranque la hoja del anotador, y la hice una pelota. Edward me miraba atento. Levante el brazo, dispuesta a arrojarla en alguna dirección de la habitación. Tomé la fuerza suficiente para hacerlo, y apenas salió de mis manos, Edward la atajo.
Me quede de piedra. ¡Diablos!
Le cuestione con la mirada, aunque ya sabía lo que planeaba. ¿Cómo no lo había pensado antes? Edward siempre había sido una persona muy curiosa.
-¿Qué?.- pregunto en un tono fingiendo ser inocente de mi acusación- Sólo me lo quedaré.- sonrió de forma angelical.
Rodee los ojos.
Volvía a agarrar el lápiz, para escribir algo mejor…
… sonreí ante la repentina idea. Si el iba a burlarse de mí, yo también jugaría con él.
Tracé las palabras correctas, y esta vez le di el papel en la mano.
Al principio, Edward vacilo, no creyendo que se lo estuviese dando de buen modo. Lo abrió para comprobar que había escrito, y lo volvió a cerrar. Asintió con la cabeza y sonrió satisfecho.
-Gracias. Ahora aquí esta tu sorpresa.
Fruncí los labios cuando agarraba el sobre celeste. Odiaba esta manía de Edward de querer darme sorpresas, lo hacía desde pequeño. Era como si se hubiese empeñado a que cambiara de parecer, pero por el momento no estaba haciendo un buen trabajo.
Lo abrí de forma brusca, rompiendo la parte de arriba de forma irregular, pero con cuidado de no romper la hoja que había dentro. Arrugué el papel para sacar la carta, y luego lance l sobre al suelo.
Edward registraba cada uno de mis movimientos, y era algo que simplemente, me ponía los nervios de punta.
Estire la punta de las mangas del suéter cubriendo mis manos sin soltar el papel de mis manos. Lo abrí sin prestar atención a como lo estaba haciendo. Al principio solo me deleite con la perfecta caligrafía con la que estaba decorada. Sin duda alguna, era la letra de Edward. Perfecta, masculina y antigua. Digna de admirar.
Sé que estas pensando seriamente con atentar contra mi vida por todo esto.
Deje de leer al reírme de lo que Edward había escrito en la primera línea. Al fin y a cabo no era una idea muy errónea.
Pero es lo único que se me ocurrió, y terminarás por divertirte con él. Sino es así, por favor miénteme.
Levante la vista y alce una ceja. Edward se encogió de hombros a respuesta, y se dejo caer de costado en la cama quedando recostada, y jugando con los papeles en donde yo había garabateado anteriormente.
Lo primero que debes hacer, es recordar que fue lo que te dí para el último Día de San Valentín. No me mires así, tienes que buscarlo y allí encontrarás la otra carta.
No me mates Bella, te quiero. Edward.
Me reí sola. Sin duda Edward estaba loco.
-¡Esto es la búsqueda del tesoro!.
Exclame como si de una niña se tratara. A decir verdad, así me sentía en esos momentos, porque Edward lograba volverme al pasado. El me transportaba a los viejos momentos, y esta vez eran buenos momentos.
-No es una búsqueda cualquiera, Bella.- me explico.- Esta es la búsqueda de la lámpara perdida. Cuando la encuentres tendrás un deseo.
Gire la cabeza, como si estuviese loca, tratando de encontrarle sentido a las palabras de Edward. ¿Deseos? ¿Una lámpara? Este no era el Edward que conocí tres años atrás.
Respiré y me volví a poner recta.
-¿Un deseo? Creí que tendría derecho a tres, mínimo.
Edward se rió conmigo, o de mí, no lo sabía. Rodó por la cama y se dejo caer en la punta de esta, para después ponerse de pie. Envidiaba esa coordinación perfecta que poseía. Si yo hubiese hecho lo mismo que él, obviamente habría acabado en el suelo con un gran golpe en la cabeza.
-¡Vamos, Bella!.- se veía realmente emocionado. Como un niño que acaban de regalarle una bolsa de golosinas.-¡Se que los descubriste! ¡Vamos a jugar!
Salte de la cama. Salí corriendo del cuarto de Edward y entre al mío, casi llevándome la puerta puesta. Edward me seguía, aunque el seguramente estaba más preocupado por mi estabilidad que por otra cosa.
Me acerque al sofá que había bajo la venta. Me deje caer de rodillas frente a él para estar a su altura, y agarre el osito de peluche con el corazón en la mano que Edward me había regalado. Lo revisé por todos lados, pero no estaba la carta. ¡No me había confundido! Edward me había regalado este osito en el último San Valentín, ¿Dónde estaba el sobre?
Gire la cabeza, encolerizada, y fije mi vista en Edward, que estaba sentado de forma casual en mi cama. Me sonrió de forma amable y negó con la cabeza sabiendo lo que quería saber.
Bien. El osito no era. Lo deje en su lugar. Gire mi cuerpo y me senté con las piernas cruzadas en el suelo, pensando en que más me había regalado. ¿Era la carta? ¿Esa carta que había arruinado el momento? No. Era tonto dejar un sobre, sobre otro ¿No? Además Edward no tenía idea de en donde lo guardaba. La única que lo sabía era…
¡Alice!
Quise golpearme la cabeza con la mano. Sin duda, Alice lo había ayudado con todo esto. De otra forma, Edward no podría haberlo hecho ¿No?
Esperaba estar confundida… Sino Alice iba a morir.
Me arrastre por le piso, sin ganas de ponerme de pie, hasta la meza de noche que estaba junto a la cama. No muy lejos de en donde me encontraba. Bajo la atenta mirada de mi acompañante, abrí el cajón de esta. Metí la mano hasta el fondo, y con cuidado tome con mis manos de mantequilla la cajita de plata.
La termine de sacar, y cerré el cajón. Mire a Edward se reojo, ya no estaba relajado, lo notaba tenso en su posición.
La abrí, con miedo de que se rompiera. Hacía tanto tiempo que no la abría que temía que la tapa se hubiese oxidado o algo por el estilo.
Jadeé. Había tantos recuerdos allí. Había fotos: con mis padres y con Edward. Regalos de Jacob. Cartas mías, y otras que me habían regalado. Todo estaba allí. Como si todo este tiempo no hubiera pasado. Todo estaba exactamente en su lugar.
Quite las fotos y allí, había algo que no era mío. O al menos, todavía no. Junto al anillo que Edward me había regalado y sobre la carta de San Valentín estaba el sobre celeste.
Lo quite con cuidad, tratando de no mover nada de lo que había a su alrededor. Apoye el sobre en el suelo, a mi lado, y volví a colocar todo en su lugar dentro de la cajita añadiendo el sobre que Edward me había dado anteriormente. La cerré con sumo cuidado, y la coloque sobre la mesita. Sabiendo que tenía que buscarle un nuevo escondite.
Edward seguí en silencio.
Abrí el sobre y saque la carta. Se la di a Edward, que levanto una ceja en respuesta, pero aún así la agarro. Apoye mi mano sobre la esquina de la cama, y pasando mi peso allí, me levante del suelo y me deje caer sentada junto a Edward.
-Léela.- le ordene, de forma desesperada. Por alguna extraña razón me habían entrado unas inexplicables ganas de oír la voz de Edward. Esa voz de soprano y aterciopelada, que solo un hombre como él podía ser digno de utilizarla.
-"¡Muy bien! Ahora es más sencillo. ¿Recuerdas esas noches de películas? Bien, tienes que ir a buscar que era lo esencial para esas noches. Es sencillo, ¿Te acuerdas? No podíamos empezar esas noches si esto en concreto nos hacía falta".
Suspiro y me dio la carta.
Trate de hacer memoria. No recordaba mucho de lo que teníamos en esas noches, sólo recordaba las películas y las charlas.
Lo mire suplicante a los ojos, tratando de que se apiadara de mí y me diera una pista.
-¿No lo recuerdas?.- ya estaba más relajado. Ahora una sonrisa torcida decoraba su rostro de forma angelical.
Negué con la cabeza. Mi ceño se frunció, tratando de recordar algo. No había mucho. Es decir, en una noche de películas siempre teníamos una manta, una película y…
¡Dios no podía ser tan idiota! ¡Palomitas!
Le sonreí abiertamente, y volví a salir corriendo. Edward se quedo un poco atrás, ya que lo tome por sorpresa. Baje las escaleras de dos en dos, algo realmente peligroso para una persona tan patosa como yo. Pero logre no caerme… ni siquiera hice mucho ruido. Esme y Carlisle jamás se enterarían de esto.
Ahora le agradecía a Alice que nuestros cuartos estuvieran en el último piso, de otra forma todos se abrían enterado que yo estaba con Edward. Estaba segura, de que por el pasillo del tercer piso se oían nuestras risas, era una suerte que solo nosotros dos estuviéramos allí.
Mi suerte ya había sido mucha. Cuando llegue al living me golpeé con el sofá, ya que la sala estaba completamente a oscuras. Gemí. Me había dado un buen cardenal, pero seguí con mi destino: a la cocina.
Escuche la risa de Edward detrás de mí. Cuando hubiera luces lo fulminaría con la mirada.
Tropecé nuevamente con una silla del comedor, pero no fue un golpe tan seco como el anterior.
Entre en la cocina y a tientas, toque la pared hasta encontrar la perilla de la luz. La prendí. Corrí hasta la mesada, y me subí en ella para llegar a las alacenas de arriba.
Edward se colocó detrás de mí, listo para tomarme en sus brazos en un descuido. Me arrastre por la mesada, hasta llegar a la alacena del centro. La abrí y saque una lata decorada con dibujos de palomitas. La cerré, inclinando mi cuerpo un poco hacía atrás. Edward en ese momento, ya había colocado las manos sobre mi cintura. Me bajo de la mesada como si de una bebe me tratará, y no me soltó hasta que mis pies se apoyaron firmes en el suelo.
Corrí hasta la redonda mesa de la cocina y me senté en una de las sillas. Para ser pasadas las 3 de la mañana estaba muy inquieta, y Edward parecía poder seguir mi ritmo sin problema.
Abrí la lata, y efectivamente, allí estaba el sobre.
Lo quite y se lo volví a dar a Edward. Él rodó lo ojos, pero aún así lo agarro y lo abrí con una prolijidad impecable. Me miro, y yo le sonreí abiertamente. Cruce las piernas sobre la silla, y me puse atenta a escucharlo.
El se rió musicalmente.
-Vaya este juego de verdad te afecta.- se burlo. Estiro una mano hacía mí y coloco un mechón de cabello detrás de mi oreja.- Pareces una niña pequeña, como en los viejos tiempos.- su voz sonó nostálgica.
No quería deprimirme, por lo que sólo le sonreí más ampliamente, evitando el tema y sin pensar en el verdadero significado de sus palabras. Esta noche se estaba convirtiendo en una de las mejores de mi vida, a pesar de toda la vergüenza que había pasado.
-"Te dije que era sencillo. De acuerdo, solo quedan dos estaciones más. Este quizás no sea tan sencillo, aunque si tienes memoria lo resolverás. Cuando éramos chicos coleccionábamos la serie de Tom y Jerry. El punto, es que siempre discutíamos porque a ti te gustaba el capitulo en donde llegaba un gato a la casa de Tom disfrazado de bebé para quitarle la comida, y a mi me gustaba… . Te quiero, Edward"
La verdad es que esa posta me dejo de piedra. Lo había olvidado. La última vez que habíamos visto la serie completa fue cuando tenía 10 años. Ya habían pasado más de siete años de aquello. ¿Cómo podía acordarse de eso? No cabía duda que su cerebro era más extenso que el mío.
Me levante de la silla, tratando de hacer memoria. Si Edward no hubiese nombrado mi episodio favorito, tampoco lo hubiese recordado.
Camine fuera de la cocina. Me detuve frente al televisor del living. Me senté en el suelo de piernas cruzadas, y me incline hacía adelante para abrir las puertas del mueble debajo del televisor.
Sonreí cuando vi que allí estaban todas nuestras colecciones. No solo la de Tom y Jerry, sino también las de los Padrinos Mágicos y la de los Teen Titans. Estaba la colección de Las Chicas Súper Poderosas y Bratz de Alice y la de Dexter de Emmett.
¡Cuantos recuerdos!
-¡No puedo creer que aún guarden todas las colecciones!.- exclame emocionada.
Ni siquiera había polvo en ellas, es decir que de vez en cuando la sacaban o al menos las limpiaban.
Edward se rió.
-Aún las seguimos viendo. Las descubrí cuando te fuiste, fueron otra de las cosas que me ayudaron a dormir un poco el dolor.- hice una mueca, y Edward se apresuro a hablar.- ¡Mamá aún regaña a Emmett de quedarse hasta tarde viendo Dexter!
Me reí sonoramente, Emmett siempre sería Emmett.
-En su defensa debo admitir que era un buen dibujito.- defendió Edward a su hermano mayor.-¿Cómo lo recuerdas? Yo ni siquiera sabía que aún estaban en la casa hace tres años atrás. Las descubrí de suerte cuando a Emmett se le cayo una pulsera para Rosalie bajo del mueble…
Me encogí de hombros. Ni yo estaba segura de cómo era que lo recordaba. El punto es que sólo tenía eso, ya que no recordaba cual era su episodio preferido. Esto sin duda era algo demasiado frustrante.
Empecé a sacar los episodios que recordaba. No eran muchos a decir verdad. Estaba el que Tom trataba de dormir y Jerry no lo dejaba. El que Tom debía dejar toda la casa ordenada, y Jerry le hacía la vida difícil; cuando Jerry lleva a su sobrino. Obviamente el mío, donde un gato se disfrazaba de bebé; y el que Tom quiere conquistar a una gatita blanca…
Este último me sonaba un montón, pero no podía estar segura. Descarte el mío, ya que obviamente ese no era el favorito de Edward, por lo que solo me quedaban cuatro opciones. Si ninguna de ellas era la de Edward, estaba perdida. Así que abrí la caja del primer episodio que saque.
Nada.
Suspire, desilusionada. Le pase la caja a Edward para que la volviera a poner en su lugar.
Tome la segunda, y nuevamente nada. La tercera, tampoco.
Edward se estaba mordiendo el labio inferior para no reírse de mí. Seguramente le causaba gracia el hecho de que estaba perdiendo la paciencia, o de algún chiste privado.
Le dirigí una mirada envenenada.
Tome la última caja. El episodio del gato disfrazado de bebé. Lo abrí, y no pude evitar soltar un gritito de emoción. ¡Lo había logrado! Después de todo no había estado tan desorientada.
Saque el sobre y lo abrí. Me reí cuando Edward me lo quito de las manos antes de que yo se lo diera.
Cerré la caja, y la guarde en el lugar vacía que quedaba de la colección. Un día de estos iba a ponerme a ver esas sagas. Jerry sin duda era mi personaje favorito. ¡Teen Titans! Esa serie era hermosa, Edward me había regalado la película. Iba a convencerlo de que la viera conmigo. Amaba la pareja de Robin y Starfire. Era la única pareja que Edward no criticaba, al parecer a él también le agradaba.
Una sonrisa cruzo por mi rostro. ¡Tantos recuerdos lindos!
Cerré el placard, y coloque toda mi atención en Edward.
Suspiro, y desdoblo el papel, para leerlo.
-"¡Ya llega la última! Necesito que pienses en esa noche".- su voz se fue apagando. Mis ojos dejaron de brillar. Sabía a que noche se refería. Me prometí no deprimirme, así que no iba a recordar mucho. Sólo lo que el me pidiera.-"Necesito que recuerdes esas palabras que me gritaste antes de que yo respondiera. Se que las conoces, busca de donde las sacaste y allí estará el premio. Lo siento. Te quiero, Edward"
Silencio.
Eso fue lo que nos invadió. Un potente silencio. Aunque no era incomodo. No. Cada uno estaba sumido en sus recuerdos, seguramente en el mismo recuerdo: esa noche.
Intente recordar simplemente lo que él me pedía. Pero cada vez que los recuerdos querían llegar, los quitaba inmediatamente de mi cabeza. En este momento odiaba a Edward. Me había prohibido a mi misma ponerme mal esta noche, pero Edward me estaba haciendo el trabajo difícil ¿Es que le gustaba ver como me derrumbaba frente a él? Ok, era un pregunto estándar. Era obvio que no, ¿No se le había ocurrido otra cosa?
Intente nuevamente, y trate de congelar a mi corazón, para no arruinarme la noche. Edward a mi lado estaba con la vista perdida, el rostro contorsionado y sus manos estaban hechas un puño. Esto también le afectaba a él.
-¡Por qué estas con ella, maldita seas! ¿Cómo quieres que seamos amigos sino eres capas de controlarte por una falta corta?.- mis gritos podían oírse por toda la casa, de eso estaba segura.
Las lágrimas estaban cayendo por mi rostro libremente. Estaba de pie acusándolo, mientras Edward se mantenía haciendo presión con la mandíbula y estaba apoyado contra la pared cerca de la ventana. Todavía no lo había dejado hablar. Después de que me había contado sobre su noviazgo con Lauren y lo que pensaba al respecto. Entonces me había dejado llevar por la ira y los celos.
-¡Creí que querías ese mundo ideal, aunque no creyeras en él!.- la frustración hacía que mi cuerpo temblara.
-¿Es que no lo entiendes, Bella? ¡No creo en ese mundo ideal! ¡Esto que estamos viviendo nos lo demuestra!...
… Deje de recordar, me obligue a poner una pared blanca allí. Aunque había manejado muy bien cuanto del recuerdo quería ver, no pude evitar que una presión se apoderara de mí. Me tragué un sollozo, y me sorbí la nariz. Odiaba ese recuerdo. Mis ojos estaban inundados, pero no los dejaría desahogarse.
¿Eso era lo que Edward quería que recordará? ¿Un mundo ideal? Había millones de formas de hacerme pensar en ello, ¿Y tenía que haber elegido la más dolorosa para ambos?
Suspire, y me puse de pie. Edward ya me estaba mirando con atención cuando baje mis ojos hacía su figura. Se puso de pie, y con pasos lentos subimos las escaleras. Mire con atención cada escalón que subía, era una forma sencilla de mantener mi mente ocupada.
Camine por el pasillo, y doble a la izquierda entrando en la habitación de Edward. Al parecer iba bien orientada hasta el momento, porque Edward no había hecho ningún signo alguno de emoción.
Cuando entre, me pare en el centro, escaneando la habitación con la mirada ¿Dónde guardaba los videos? No lo recordaba.
Me dirigí la estantería de la pared, donde Edward apilaba su colección de CD's y sus películas. Escuche como mi compañero se dirigía al sofá mientras yo buscaba la película de 'Aladdín'.
Revise dos veces las estanterías. Una por una. Incluyendo los CD's. Había de todo, ordenados por año y preferencia, los más feos y los mejores. Con los DVD's era lo mismo, y aún así no la hallaba.
Me di la vuelta. Ya me había cansado de buscar una película que evidentemente no se encontraba allí. Trate de hacer memoria de en donde Edward podría guardar un DVD, pero la verdad es que no se me ocurría nada.
Camine hasta Edward, y me quede mirándolo fijamente. Él estaba recostado en el sofá con la vista perdida, no quería sacarlo de su ensoñación, pero empezaba a impacientarme. Lo mire fijamente hasta que se dio cuenta, y se digno a levantar la vista. Alzo una ceja cuando me vio tan quieta y observándolo con atención.
-¿Dónde esta la película de Aladdín?.- exigí sin rodeos.
Edward sonrió. Eso era un buen signo.
-¿Dónde puede estar un DVD?.- pregunto con un doble sentido en su pregunta.
Me enfurruñe, y trate de pensar otra vez. ¡No se me ocurría nada!
-La verdad, es que no lo sé. Una persona normal, los guardaría junto con los otros DVD's, pero tú no eres normal.- le acuse con el dedo en su pecho.
Edward se rió. Amaba su risa, me hacía recordar a un grupo de sopranos…
…sacudí la cabeza recordándome que tenía que poner atención. No era el mejor momento para deleitarme con la belleza de Edward. Él me miraba con curiosidad mientras pensaba en cosas que no debía. ¡Era la última posta y ganaba mi premio!
Edward se sentó en el sofá.
-Piensa en donde podría dejar una persona rara, un DVD.- puso mucha énfasis en la última palabra y rodé los ojos.
¡Que tonta había sido!
Con pasos fuertes y grandes camine hasta el televisor de Edward, me agache y abrí el DVD. Rodé los ojos. Sí, ahí estaba el DVD. Lo saque, y atrás tenía pegada un notita.
Edward jamás se aburriría de torturarme. ¡Se suponía que esta era la última posta!
Le quite con desgana, mi humor no estaba de lo mejor. ¡Era culpa de Edward! Si él no me hubiera hecho recordar esa noche, yo ahora, quizás, estaría disfrutando más de la última parte del juego.
Deje el DVD en su lugar, y cerré el reproductor de DVD. Camine con la notita pegada a mi dedo, y me senté en el lugar que Edward me estaba ofreciendo junto a él en el sofá.
Como había hecho con las otras notitas se la dí a Edward. Con esta no hizo ninguna mueca. La leyó en voz alta y puse toda la atención posible en ella.
-"Gracias por perdonarme, Bella".- hizo una pausa, y yo trate de respirar.-"y por seguirme la corriente. Tu premio esta en tu habitación. Te quiero, Edward"
Nos quedamos en silencio, hasta que me levante y lo tome de la mano para arrastrarlo a mi habitación conmigo.
Entramos, y cambiamos de papel. Ahora Edward era el que me dirigía, y yo me dejaba llevar.
Caminamos hasta mi armario, y Edward lo abrió. Se agacho, y tiro de mi mano para que yo también lo hiciera. Edward metió su cabeza en donde estaban mis zapatos y rebusco entre ellos. Yo intentaba ver algo desde arriba de su cabeza, pero la verdad es que me hacía un trabajo difícil.
Salió de allí un minuto después. En su mano sostenía una caja dorada con un lazo celeste. Mis mejillas se tiñeron rápidamente cuando el me la ofreció. ¡Me estaba derritiendo de amor! Estaba siendo demasiado atento.
La agarre, y la apoye en el suelo. Me senté con las piernas cruzadas, y Edward, sin soltar mi mano, me imito moviéndose hasta mi lado.
Con la ayuda de Edward, deshicimos el moño celeste sin romperlo. Después de eso no me ayudo más.
Abrí la tapa con ansiedad. Me moría de ganas por saber que había allí adentro.
Cuando la abrí deje salir un grito de exclamación. Allí dentro, entre papeles de ceda colores celeste, había una lámpara. La quite con cuidado. Estaba segura de que mis ojos estaban a punto de salirse de orbita. Mi corazón latía a mil, y en mi rostro se dibujaba una enorme sonrisa.
En el centro, con letras similares a las de Aladdin, estaba garabateado mi nombre. La lámpara era dorada, y exactamente igual a la de la película. La agite, imitando lo que Aladdín había hecho cuando lo encontró. Me quede de piedra cuando oí que adentro algo se movía. Edward se rió, y me acarició la palma de mi mano con su dedo pulgar. Quite la tapa con delicadeza y quite la cajita que había dentro. La abrí con cuidad. Adentro había una anillo, similar al que Edward me había regalado años atrás. Lo observe con atención, y leí lo que había gravado.
Este es nuestro mundo ideal.
Una lágrima cayo de mi ojo derecho. Edward, sin lugar a dudas, era el hombre más atento y dulce que había conocido. ¿Cómo podía no estar enamorada de él? ¡Era simplemente imposible!
Edward me quito el anillo de la mano, y como si me estuviese pidieron matrimonio, lo deslizo por mi dedo anular con infinita lentitud. Mientras lo hacía, no separamos los ojos del uno con el otro.
-Sí creo en tu mundo ideal, Bella.- murmuro Edward.
Se inclino y beso tiernamente mi mejilla. Me sonroje aún más.
-Amo ese sonrojo singular.
Sin poder evitarlo, después de ese comentario, me lance a sus brazos dejando a un lado la lámpara y refugiándome en el abrigo que Edward me brindaba.
-¡Gracias, Edward!.- Solloce.- ¡Es hermoso! ¡Todo!
Edward me abrazo y beso mi cuello, mientras dibujaba sin sentido con su dedo en mi espalda.
Acerco su boca a mi oído, y me susurro.
-Aún tienes un deseo que pedir.
-Mañana.- demande.
-Mañana.- repitió.
Cuando nos separamos, refunfuñe. Edward se río de mi expresión y m acaricio la cara.
-Es tarde, Bella. Será mejor que te vayas a acostar.- me beso la frente y se puso de pie.
Me ofreció la mano y yo la mire con disgusto.
-No quiero.- proteste como una niña berrinchuda.
Edward volvió a reírse. ¡Jamás se había reído tanto desde que había vuelto!
Se agacho y me alzo en sus brazos. Pataleé jugando, para que me bajara. Me deposito, con sumo cuidado como si de una muñeca de porcelana, en la cama. Me senté contra el respaldo. Edward me ayudo a quitarme el suéter y abrió las sabanas para mí.
-Buenas noches, Bella.
Me beso en la frente.
Sin dejarme decir nada salió de mi habitación. Suspire, y me levante de la cama. Camine hasta el armario, y saque mi pijama. Un pantalón de mezclilla y una blusa de lycra. Lo cerré, y cuando baje la vista mis ojos se iluminaron al ver la lámpara allí. Me agache y cerré la caja dejándola a un costado. Tome la lámpara y camine con ella aún en mis manos hasta el baño. La apoye en mesa y me cambié.
Mientras me cepillaba los dientes, observe el anillo que Edward me había dado. Este era mucho más importante que el anillo que me había regalado por San Valentín. No sólo por la noche que había vivido, sino porque en ningún momento especifico que me lo regalaba como amigos. Por primera vez Edward no había arruinado el momento.
Salí del baño y me metí en la cama. Abrace a la lámpara y apague la luz. Me acurruque entre las sabanas.
Mi mente viajo a todo lo que había sucedido en esa noche.
Había arruinado la cena ahogándome con el agua con gas; Edward me había consolado mientras me daba un ataque; había ido a un prado hermoso. Edward me había aclarado mis dudas, aunque trataba de no pensar en ello. Me había contado una historia, y yo había jugado con él. Me había preparado una hermosa sorpresa, y me había dado los mejores obsequios.
Sin duda, a pesar de todo, había sido la mejor noche de mi vida.
Mire la lámpara en la oscuridad. La acaricié, estaba helada. Eso me sorprendió. La mire atentamente y al darme cuenta del porque, gemí. No lo había pensado antes, pero ahora me daba cuenta. Edward se había salido con la suya. Había gastado una fortuna en esta noche.
Conté en mi cabeza 30 ovejas, y seguía sin poder conciliar el sueño a pesar de estar muerta del cansancio.
No pensé mucho en lo que estaba haciendo. Me levante de la cama, tome una almohada y abrace la lámpara en mi pecho. Camine hasta la puerta, y sin titubear salí de mi recamara. Sin preguntar, abrí la puerta de la habitación de Edward. Todo estaba a oscuras, y él ya estaba recostado de lado en la cama. Había espacio para mí, como si él hubiese sabido que yo iría.
-Bella.- gimió.
Camine hasta la cama, y me recosté a su lado. Edward giro sobre sí para verme a los ojos. Se arrimo más a mi lado, y me cubrió con la mantas.
-Esto no esta bien.- murmuro más para sí que para mí.
No conteste y deje que me abrazara mientras me acurrucaba en su pecho.
-Yo lo hemos hecho. No podía dormir.- me excuse.
Edward beso mi cabeza.
-Ni yo.- confeso. Luego, inesperadamente, se rió y su pecho tembló.- ¡Me mentiste!
Fruncí el ceño.
-¿En qué?
-¡No me escribiste mi final!
Me reí de ello, y agarre con fuerza la remera de Edward dejando la lámpara entre nuestros cuerpos.
-Tu también me mentiste.- me defendí rápidamente.- Además, si lo escribí.
-Poner fin en el papel, no se cuenta como escribir un final. Pero te lo dejará pasar, porque me gusto lo que había empezado en la otra hoja.- me sonrojé ante ello.- No lo mato, porque al final la vampira se enamoro del príncipe.- cito de memoria.
El silencio nos envolvió. Después de dos minutos, ya me estaba entregando a los brazos de Morfeo.
-¿En que te mentí?.- medito de repente.
Sonreí.
-Me había dicho que no gastarías mucho dinero esta noche.- le acuse.- ¡Sólo el anillo debió de salir una fortuna…!.- me queje, aunque mi mano se hizo un puño inconscientemente.- ¡No quiero ni imaginarme lo que salió la lámpara! No me lo merezco.- mi tono de voz se hizo casi inaudible, aunque seguramente con la poca distancia que había entre nosotros, Edward me había oído igual.
-Son regalos, y ya los aceptaste.
-Pero esta mal.- contraataque.- No debiste gastar tanto dinero.
-De acuerdo.- dijo para mi sorpresa. Me separo un poco, y soltó una mano de mi cintura.-Entonces me quedaré con la lámpara.
Hizo un amago de agarrarla, pero no se lo permití. Aparte la lámpara de él lo más rápido que pude.
-No te atrevas a sacármela.- le rugí.
Edward se rió y volvió a acocarme a él. Me acomode en su pecho como lo había estado anteriormente, pero esta vez abrace la lámpara como si mi vida dependiese de ello.
Edward me beso en la frente, y acomodo su cabeza sobre la mía.
-Que descanses, cariño.
Suspire contenta y deje que mis parpados se cerrarán.
-Eres mí genio de la lámpara perdida.- fue lo último que dije antes de caer en un profundo sueño en los brazos de Edward.
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¿Qué les pareció el chap? ¡No quiero quejas! ¡15 hojas de World! ¿No es muy dulce lo que hizo Edward en esta noche? Es oficial, acá se acaba la noche de Edward. Ahora hay que ver como continua la relación.
He pensado que el Epilogo será desde el punto de Bella, ya que ya comencé con la idea de la SECUELA de JCF, y esa será desde el punto de vista de Edward. Así no es todo tan monótono, y no nos desesperamos tanto con los pensamientos de Bella :). Opinen que piensa:
A)El Epilogo con un Edward POV, y no hay SECUELA de JCF
B)El Epilogo con un Bella POV; y CON SECUELA DE JCF.
¡USTEDES TIENEN LA ELECCION!
Tom y Jerry, Los Padrinos Mágicos, Teen Titans, Las Chicas Súper Poderosas, Bratz y Dexter, quiero pensar que la gran mayoría de estas caricaturas las conocen xD. En especial Tom y Jerry, Las Chicas Súper Poderosas y Dexter. ¡Son clásicos! Me pregunto si estarán en FF, ustedes que piensan?
Con respecto a Teen Titans, Bratz y Los Padrinos Mágicos puedo entender que no los conozcan porque son más 'nuevos'. Aunque menos Bratz, los otros dos son muy populares. ¡Y esos si están en FF!
La verdad es que estoy muy desilusionada. Podría haber tardado menos en subir, ya que ya empecé las vacaciones… Pero la verdad es que decidí esperar más. Tengo en total, 1134 Favoritos y Alerts. Lo cual es maravilloso y se los agradezco mucho, pero no entiendo como puedo tener esa cantidad de gente que me lea y los RR cada vez bajen más. Me parece que no es justo ¿O no?. No estoy pidiendo que todos me dejen RR, ni mucho menos. Pero la mayoría que me tiene en Favoritos no me dejan RR. Antes casi llegaba a los 100 RR por chaps, y ahora solo a los 50 y pico. No lo encuentro justo, ya que los Alerts y los Favoritos aumentan, y los RR diminuyen.
No voy a dejar el FIC ni mucho menos por esto, pero sepan que cuantos más RR más rápido puedo actualizar, sin contar que me inspiran a ponerle más ganas al FIC.
En fin, espero que lo piensen. Se que a muchos esta nota no les gustara, pero si se ponen en mi posición a ustedes tampoco les gustaría eso de que van bajando los RR. ¡Los RR son los alimentos de los escritores en esta page!
PROPA!
Casualidades Fugases (Todos humanos, ExB) ¡Finitte!
La Rosa Negra (Todos humanos, ExB)
Hasta el Crepúsculo (ExB) ¡Finitte!
Antes del Primer Aullido (OneShoot, ExB) Es un OneShoot independiente, pero que al mismo tiempo se lo puede adaptar a 'Aullidos de Muerte', como una explicación al porque ella decide tal cosa durante 'New Moon'… ¡Pasen y déjenme su opinión!
Aullidos de muerte (OneShoot, ExB)
Leyenda de San Valentín (Ganadora de un concurso literario de mi país y otros dos en Internet. OneShoot ExB)
Living in a Word Without You (OneShoot, ExB)
Confesión (OneShoot, Damon, Vampire Diaries)
Bijoy Wasurau (Card Captor Sakura, SxS)
MUSHIAS GRAX POR SUS RR :)
Nos leemos en el proximo chap, dejen rr :)
RECUERDEN QUE LOS RR ANONIMOS QUE REQUIERAN RESPUESTA O LO QUE SEA DEBEN DEJAR SU MAIL, YA QUE NO TENGO OTRA FORMA DE CONTESTARLOS. Y CUANDO DEJEN EL MAIL RECUERDEN PONER ESPACIOS ENTRE EL Y LOS NOMBRES ( ejemplo.89 Hotmail. Com)
Besop(L)
Hasta el crepúsculo…
Luchyrct
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