Cuando llegues a Amarme
Acto 6
Sin Secretos
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Con cuidado Kenshin se levantó por la noche. Encendió una vela y se sentó en un rincón, apoyándose en la espada que siempre lo acompañaba.
Miró el juego de sombras que hacía la luz sobre Kaoru. Le causaba placer verla dormir y saber que el espacio vacío junto a ella era suyo. Había soportado meses callando sus sentimientos, sintiendo a ratos que se desgarraba de envidia hacia Fukio. Obsesionando a veces con la idea de que a ella le pudiera pasar algo. Lamentando a veces haber llegado al dojo Kamiya y haber detenido su marcha por su causa: Ahora su vida estaba ligada a ella y no podía salir del embrujo de su sonrisa y de la promesa de que ella pudiera necesitarlo para lo que fuera. Su independencia había quedado atrás.
Fijó su vista en la llama de la vela y en su hipnótica danza.
Se sentía arrepentido de su empeño en callarse. Las razones que tuvo le parecieron válidas, incluso a sus amigos que callaron lo que sabían, pero en el fondo, tal vez muy en el fondo, temía que ella no quisiese saber nada de él como enamorado, ya que tenía a Fukio, en tanto que sin arriesgarse, era como tener una oportunidad pendiente.
Odiaba las drogas de las masitas, pero debía reconocer que esa calamidad que cayó sobre él, le había traído el regalo más precioso a su vida.
Pero ahora que al parecer se iba el efecto de las masitas, se sentía un poco inseguro. Contrario a lo que Kaoru pudiera pensar por su edad y sus andanzas, él no tenía tanta experiencia, como ella le comentó un par de días atrás. Con Tomoe su relación fue más bien platónica hasta que una noche, sólo una vez alcanzaron la intimidad y al día siguiente todo terminó mal. Años después de eso una mujer en el camino le ofreció el calor de su futón y tras aceptar, algo en él no se complació con eso y siguió su andar sin mirar atrás ni anhelar cosas que tal vez hubiera querido ligado a otro tipo de emoción. Agradecerle, quererla, desear a Kaoru fue una sorpresa, pero ese deseo era nada en comparación a lo que sentía ahora que ya la había tenido entre sus brazos. Si Kaoru le decía al despertar que no quería nada con él, sabía que se volvería loco.
Estaba enamorado hasta la médula. Por eso también se sentía un poco preocupado por no causarle dolor cuando obtenía su placer. Debía poner más cuidado al tomarla y saborear su cuerpo. Sería más cariñoso, más paciente. Ella recién iniciaba su vida sexual y muchos temas debían dar vueltas en su cabeza. No quería asustarla. Quería ser un buen esposo para ella.
Quería que Kaoru supiera pronto que él era el hombre para ella. Que ella haría cualquier cosa por él. Que ella lo amaba. Pero la notaba triste, seguramente por lo de Fukio y necesitaba que ella hablara de eso y desahogara sus penas. Era muy importante que sucediera. Notaba que ella se sentía culpable por esas cosas.
-Vamos a dar un paseo.- dijo dos días después, cuando terminó de reparar el techo del dojo. Kaoru, que estaba guardando la madera sobrante, le sonrió con agrado. -Podemos ir al templo a dar una vuelta, porque está bonito el día. Así nos despejamos de todo esto.-
Le pareció una buena idea ir a pedir a los dioses un poco de iluminación y calma para enfrentar la intimidad, buena fortuna para el matrimonio y paz para Kaoru.
Se prepararon y en su camino pasaron por el pueblo. Al dejar a la muchedumbre atrás, él le tomó la mano y siguieron avanzando.
Ya en el templo hizo su pedido y agradeció su fortuna de estar casado y ella, pensando en sus cosas, pidió por los dos y por Fukio. Que encontrara la paz y a una buena mujer que lo quisiera y lo mimara. Ella sabía que era un hombre bueno. Sólo tenía buenos deseos para él.
Al regreso, decidieron tomar un nuevo sendero, para continuar con el placer de su paseo. Se detuvieron a comer unas mandarinas que Kaoru llevaba en su bolsa y recordaron anécdotas de sus vidas.
En un recodo del camino, Kaoru sintió un escalofrío al reparar en que iban pasando cerca del lugar donde la tuvo secuestrada Jinnei Udo. Había notado el lugar donde él había hecho una fogata, y el sitio sobre el que le puso un hechizo que le cerró la garganta...
Se quedó atrás y Kenshin llamó su atención. Estaba tan ensimismada que no se fijo por dónde pisaba y se torció el tobillo. De inmediato él la sentó en un tronco cercano para examinarla bien.
-No parece nada serio, es una torcedura pero la cargaré hasta la casa.
-No hagas eso, está muy lejos. Sólo quedémonos aqui hasta que baje el dolor.
-Más allá hay un arroyo. Lleguemos a el y podrá refrescar el pie. Quizá el agua fría baje la hinchazón.
La cargó en sus brazos sin mayor esfuerzo y avanzó con ella.
Al tenerlo tan cerca, con su brazo pasado tras la cabeza de él, Kaoru tuvo una sensación extraña, como si estuviera tratando de recordar algo. Fue especialmente fuerte.
-Kenshin.-
-¿Si?
-¿Te puedo hacer una pregunta?.
-Esa ya es una pregunta.- dijo él de buen humor, su atención en el camino.
-Pero... es que tú dijiste que desde que nos vimos, me deseaste.
Kenshin pasó saliva y la miró de reojo.
-Así es. Por qué?
-Tú... Cuando tú me besaste esa noche, en la cocina, yo sentí algo... algo que... es un poco difícil de decir pero... ¿tú me habías besado antes de esa noche, verdad?
El corazón de Kenshin se aceleró al saberse descubierto. Kaoru pudo notarlo y él se detuvo. Ella lo miró.
-Yo sé que tuve esa sensación antes, y ahora que estamos aquí...
-Fue aquí. Exactamente aquí.-
Asombrada, ella lo miró con los ojos muy abiertos.
-Kenshin...
-Salí muy herido de la pelea con Jinnei, pero usted se quedó dormida cuando me acerqué y la cargué. Y caminé con usted sobre mí. La luna estaba llena y podía ver su cara ahí, tal como está ahora. Daba unos pasos y me detenía por el cansancio. Dejé a los policías atrás. Pude haberles pedido ayuda para transportarla, pero no quise, porque podía... porque no quería soltarla. No fue honesto, pero en una de las paradas que hice, por acá...
Kenshin no siguió, pero la miró intensamente. Luego bajó la vista a sus labios. Kaoru no necesito oír el resto, sentía el pecho helado, oprimido. Se sintió arrinconada.
-Pensé que lo había soñado... -murmuró, antes de notar que él bajaba lentamente la cabeza. Su corazón dio un vuelco al sentir sus labios presionando los suyos, tal como él debio hacerlo esa noche. Cerró los ojos y reconoció plenamente el contacto. El calor de su aliento, el sabor de su boca.
Había buscado en Fukio esa sensación y pensó que tratándose de un sueño, llegaría algún día.
Kenshin se separó unos milímetros de ella y volvió a poner un beso. El frio del pecho se fue, pero a Kaoru le pareció que su corazón temblaba.
Acarició la mejilla de Kenshin cuando él terminó. Al separarse, sonrieron.
-Pensé que me llevaría ese secreto a la tumba.
-¿Hay algo más de lo que me deba enterar?- Preguntó ella al reanudar la marcha. Kenshin sonrió enigmático.
-Calma. Tenemos toda una vida para develar secretos.
Kaoru tembló. Él pudo sentirla y la abrazó más fuerte.
Ya en el río el agua estaba inmisericordemente fría. Kaoru insistió en tomar unos momentos de descanso en vez de meter el pie.
-¿Está enfadada?- dijo Kenshin tras ayudarla a sentarse en una roca. Kaoru se desató el cabello, mojó la cinta en el agua y vendó su pie sin mirarlo.
-No sé cómo debería sentirme.- repuso tras un par de minutos.- Al final da igual. Ya estamos casados. He sido tu mujer y lo seguiré siendo. Si me robaste o no el beso... -suspiró.- Tal vez me molesta que lo hayas hecho mientras dormía. Tal vez yo debí enterarme de eso. Habría podido hacer una diferencia en nuestra historia.
Kenshin llenó una caña que llevaba para el agua y le dio de beber a Kaoru. Luego bebió él y volvió a llenar la caña.
-¿Qué diferencia? Usted estaba enamorada de Fukio. Veía a través de mí.
-No es cierto. Yo siempre te tuve mucha estima.
-Si, pero por lo mismo me hablaba todo el tiempo de él. ¿Recuerda?-
Kenshin comenzó a exasperarse ante el recuerdo de esos días. Kaoru se hizo una coleta que llevó hacia delante y que empezó a retorcer, nerviosa.
-Si lo recuerdo, pero... tú dices que me deseabas... y me besaste... Siempre te viste tan grande, tan seguro de ti cuando llegaste. Es cierto que me gustaba Fukio, pero aunque llamaste mi atención, siempre te vi tan inalcanzable. Eras tan bueno con los demás, ¿por qué conmigo sería diferente? Tú de alguna forma gustabas de mí y cuando pasó todo esto de las masitas, esa noche, al menos tenías claro con quien querías hacerlo. A mí todo esto me llegó de sorpresa, yo no tenía idea, Kenshin, no tenía cómo saber... y pienso... pienso que siendo tan gentil, tan valiente, tan... tan como eres tú, no ha sido justo que me hubieras querido y yo mostrándome con Fukio.
Asombrado por sus palabras, Kenshin comenzó a acercarse a Kaoru.
-Y él tampoco se mereció esto que ha pasado, porque el siempre fue bueno conmigo, Kenshin, siempre fue amable, fue un buen novio y no se merecía esto que pasó, no se merecía esta traición y me siento tan mal, pero tan mal... - acabó con lágrimas, la voz ahogada.- Él no se merecía que le pasara esto pero yo no sabía, Kenshin, yo no tenía cómo saber y por eso ambos la han pasado mal por mi culpa. Cuando recuerdo que yo te contaba mis cosas con él... -acabó tapándose la cara con las manos.
-Tranquila, tranquila, Kaoru. Cariño... calma.- la consoló, arrodillándose sobre el arena de la orilla y quedando a su altura.- Todo eso ya pasó. No importa.
-Pero Fukio... nos casaríamos... se me partió el alma cuando tuve que decirle que ya no iba más... Kenshin, me dolió hacerle eso, yo vi su cara cuando se lo dije y cuando el señor Maekawa me orilló a invitarlo al matrimonio. Pero Kenshin, yo no sabía lo que estaba pasando conmigo, yo no tenía cómo saber. Fue muy repentino.
Kaoru tomó la cara de Kenshin entre sus manos, las lágrimas fluyendo a raudales. Lo miró a los ojos.
-Yo no quería que te fueras de la casa. Ni siquiera eso me dijiste de frente, que te irías, y cuando lo supe entendí que me pasaba algo. Pero cuando me buscaste esa noche, y me besaste... por Kami, no quise que te detuvieras, no quise que me soltaras y no me importó que lo que hacíamos estaba mal y no me importó Fukio ni el compromiso ni nada, porque tú me besaste y fue como si hubieras desatado algo que dormía en mí. ¿Lo puedes entender?
Kenshin la miró fijo. Se estaba apenando con ella.
-Debí mostrarle mis intenciones antes, ¿verdad?.-
Kaoru asintió, mientras una gruesa lágrima caía al suelo.
-Tal vez así yo no hubiera hecho daño a nadie. Perdóname por lo que te pudo tocar. No fue de mala...
-Pero si usted no es mala.- repuso él, abrazándola emocionado, los ojos brillantes, la voz un poco quebrada.- Aquí nadie tiene la culpa de lo que pasó. Sólo pasó. Yo no quería interferir con su vida, la mía ya era muy complicada. Sólo quería que fuera feliz y a mi también Fukio me pareció un excelente hombre y si no lo hubiera pensado, jamás me hubiera quedado callado. Deje de culparse y de sentirse mal por esas cosas. Ya pasaron y no lo pudimos evitar, pero podemos estar atentos a la oportunidad que se nos presente para ayudar a Fukio en lo que pueda necesitar e ir aligerando esta carga.
Kaoru lo escuchaba atentamente, con la cabeza recostada en su hombro. Cerró los ojos. Su cuerpo se movía con los sollozos.
-Le mentí mucho a Fukio. Le mentí. Le dije que lo quería. Y lo que yo pensaba que era amor, no se parece en nada a todo lo que estoy sintiendo por tí.-
Los músculos de Kenshin se tensaron al oir esas palabras. Con una mano acarició los cabellos negros de la muchacha.
-¿Y qué siente por mí?-
Kaoru suspiró. Lo abrazó más fuerte.
-Yo no se si esto es amor o qué, pero te puedo decir con sinceridad... que quiero estar contigo siempre.
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El piso del dojo estaba cobrando brillo y Kenshin y Kaoru se esforzaban por terminar luego. Sólo unas pasadas más y podrían comer algo.
Se detenían y sonreían y seguían su trabajo. Fukio los observaba desde la puerta controlando su malestar.
Lo que más le disgustaba es que en ese momento se veían igual que siempre. Tuvo la impresión de que era otro día más en que él iba a visitar a su novia, y sin embargo, recién ahora se daba cuenta de la complicidad que habia entre ellos.
Se hizo notar y de inmediato el matrimonio detuvo su trabajo. Kenshin salió a recibirlo y más atrás, Kaoru, un poco insegura.
-Necesito pedirles un favor.- dijo Fukio tras los saludos y reverencias.-No lo haría si no fuera porque este tema de verdad me importa.
Kaoru preparó una infusión caliente para ofrecer a Fukio y a Kenshin.
-Cuando Kaoru estuvo secuestrada en la isla, hubo una muchacha, creo que era ninja y que ayudó a dar con ella. Ahora busco a una persona y la necesito.
-¿Podemos saber con qué fin?- Inquirió Kenshin.
Fukio, un poco incómodo, se movió en su asiento.
-Es un tema delicado que podría tocar a mi familia, por eso quiero reserva en todo esto. Tiene que ver con las drogas que... con la droga que llegó a esta casa y que creo, pudo alcanzar a otras personas de mi entorno. La persona que busco puede darme las respuestas. Yo no he podido localizarla, sólo sé que sigue vivo.
-¿Kaoru, puede traer papel y tinta para apuntar?-
-Claro.
Fukio evitó mirar a Kaoru al salir. En realidad estaba sumamente incómodo con todo eso.
Empezó a darle a Kenshin los datos que tenía y el nombre del tío de Makoto, ocupación y el nombre de otros familiares que tenía. Kaoru anotó todo, incluso algunas señas del hombre y los posibles lugares en los que podría estar.
Kenshin prometió a Fukio informarle de todo lo que pudiera llegar a pasar. Con cortesía, Fukio se levantó para salir y entonces su mirada recayó en Kaoru. Quiso dejar de mirarla pero no pudo y para disimular, intentó preguntarle si acaso estaba bien con Kenshin, pero no fue necesario hacerlo. El recuerdo de la escena en el dojo se lo había dejado claro.
Apretó los puños y salió al patio. Kenshin lo guió al portón y entonces ambos notaron a un hombre parado en la calle. Fukio, emocionado, se acercó a él.
-Hermano mayor...
El aludido, un hombre de 25 años, más alto que Fukio, más moreno y de cabellos negros, saludó afectuosamente a su hermano.
-Te fui a buscar al dojo donde trabajas, pero me dieron estas señas. Iba a llamar cuando salieron. Quería verte. Hermano...-
Kaoru se asomó al portón e Ishida Riuji la miró un momento.
-¿Ella es... ?
-Ella es Himura Kaoru, la esposa de Himura Kenshin.- se apresuró a presentarlos Fukio. Riuji quedó un poco confundido entre lo que sabía por las cartas de su hermano y la realidad que estaba viendo. Decidió ser discreto.
-Un placer conocerlos.
-¿Cuándo llegaste?
-Esta madrugada, pero quería verte antes que llegar a casa. Tenemos mucho de qué hablar-. Los hermanos se marcharon y en su amistad, se olvidaron del matrimonio Himura. Kenshin se metió a la cocina y Kaoru terminó de limpiar el dojo.
Los Ishida regresaron más tarde, justo cuando Kenshin y Kaoru salían a visitar a su contacto Oniwabanshu en Tokio.
-¿Podemos hablar?- dijo el mayor.- Mi hermano me ha dicho que ustedes pueden ayudarme a contactar a una persona. O al menos, a saber de ella.
Riuji tenía una amiga. Una amiga que le gustaba. No había formalizado con ella porque quería regresar de su viaje de estudios primero.
-Pero hace tres meses dejó de escribirme. Al principio pensé que era un retraso en el correo. Ella siempre fue muy puntual... pasó un mes... y me llega una carta de su hermana. Era muy escueta. Decía que Naoko estaba mal por mi culpa y que nunca más me acercara a ella. Apenas terminé mi curso, tuve que embarcarme, la desazón de no saber de ella me estaba poniendo mal. Creo que tiene que ver con lo de la amiga de Fukio. En sus cartas, mi hermano me habló de un samurai con amigos especiales, por eso me vine directamente a Tokio. Por favor, ayúdeme.
Riuji se arrodilló delante de Kenshin. Este, conmovido e incómodo, le pidió que se levantara.
-Cuente con nuestra ayuda.
-¿Apunto los datos de quién busca?- preguntó Kaoru a Kenshin, pero este la miró especulativo. Tenía un presentimiento sobre algo más grande.
No podía hacerse cargo solo. El médico le había prohibido los problemas por lo menos durante medio año y él mismo se sentía un poco más lento. Lo mejor sería derivar todo ese asunto. Miró a los Ishida entrecerrando los ojos.
-¿Se encuentran en condiciones de hacer un viaje... digamos a Kyoto?
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Misao tenía un aspecto un poco andrógino, que lejos de lamentar, le encantaba porque podía llevar a cabo sus misiones de espía. Era difícil dar con alguien que no se sabia era hombre o mujer. En sus misiones decidió llevar uniforme de muchacho, y en su vida fuera de casa se adornaba como una educada damita.
Y cuando estaba en la intimidad de su Aoiya, era ella misma, de risa fácil, de ponerse lo primero que encontrara encima y de ocuparse de sus seres queridos. Como tres personas compartiendo el mismo cuerpo.
Su maestro y tutor, Aoshi, la miraba divertido tratando de adivinar qué persona sería al salir por la puerta cada mañana, cada dia, pero si le preguntaban quien de las tres le gustaba más, sin duda en el Aoiya él consideraba que habia un paraíso cuando ella estaba de franco.
Fue Aoshi quien divisó al pelirrojo por la calle. Avanzó hasta él y tomó uno de los bultos que traía. Saludó a Kaoru con el respeto que merecía ahora por ser señora.
-Si hubieran avisado que venían, habría mandado a recogerlos. Y Misao estaría aquí, pero anda "visitando a una amiga" y volverá en un par de días.
-Aoshi, vengo acompañado de un par de amigos de la familia. El señor Ishida Riuji y el señor Ishida Fukio.
-Ya veo.- dijo Aoshi examinando a los hermanos sin que estos se percataran.- Vamos a Aoiya y conversaremos.
Mientras tanto, en algún lugar, Misao se encontraba con un médico al servicio Oniwabanshu. Estaba examinando a un par de jóvenes de unos quince años y veinte años. Misao tuvo que estar presente porque ellas se lo pidieron. No querían estar a solas con un hombre de nuevo.
El médico hizo un reconocimiento general de las lesiones de la mayor e hizo que la joven encogiera las piernas para examinar su vulva y vagina. Misao en ese momento dio las gracias a su entrenamiento anterior para no delatar en su cara ni con algún sonido que saliera de su garganta el horror de lo que estaba viendo.
La obertura de la chica estaba en carne viva, con sangre por aparentes desgarros. La vulva enrojecida e inflamada. El médico no quiso comentar nada, salvo que tendría que permanecer con él por lo menos dos semanas.
Sobre la segunda chica, la situación no era muy diferente, sólo que por la expresión del médico, Misao supo que no había mucho que hacer.
El doctor dejó a las jóvenes durmiendo y se lavó las manos con prolijidad. A pedido de Misao elaboró un informe que conversó con ella.
-La señorita Kari necesita mucho reposo. Presenta muchos golpes, la muñeca al parecer se rompió y volvió a pegarse sin ayuda de algún huesero, de ahí su aspecto raro. Posiblemente la jalaron... presenta circulos en su cabeza donde no hay cabello, creo que eso tiene que ver con el sufrimiento que ha padecido, marcas de mordiscos. Sobre su... área íntima, tiene una fuerte infección que debo aplacar cuánto antes. Hay que limpiar ahora las laceraciones que tiene, el desgarro que presenta no pudo ser hecho por un hombre. Sugiero que fue penetrada con otro elemento. Creo que tras la limpieza debo coser esa zona para empezar a sanar. Sobre la señorita Meiko no hay mucho qué decir. Presenta golpes, mordiscos en su cuerpo y en su área íntima. En sus senos, en los brazos. Su área íntima está muy dañada, pero por otro lado puedo decir por su sintomatología y por el examen visual que ella contrajo una enfermedad de trasmisión sexual y no sobrevivirá más de un mes. Su estado de desnutrición está especialmente avanzado... me cuesta creer que a pesar de su estado la hayan seguido obligando a "trabajar". Sobre el procedimiento que seguiré con Meiko, está en limpiar sus heridas y mantenerla aquí unos días, con el fin de que obtenga su descanso y tenga un poco de paz antes de marcharse. Seguiré una terapia de hierbas para los nervios con ambas, eso mientras usted busca a sus familias.
Misao agradeció al médico su servicio y dejó a un par de ninjas especiales para que se ocupe de cuidar el perímetro de la casita en medio del bosque. Ella fue a indagar sobre cómo iban las cosas con la policía y las personas que cayeron tras la redada la noche anterior, pero tuvo que detenerse un momento para tomar agua y recomponerse.
Se preguntó si Aoshi habría visto algo semejante en su tiempo de ninja. Tal vez no, después de todo, Aoshi perteneció a la época en que los ninjas peleaban por un señor. Ella en cambio quería ser un aporte a las personas.
Llevaban un par de meses siguiendo la pista de algunas mujeres perdidas. Destaparon un caso estremecedor de trata de blancas, donde robaban a mujeres vírgenes desde poblados pobres. Lo peor era el uso de una droga, una maldita droga que llevó a esas niñas a aceptar cualquier práctica sexual, aunque viendo las evidencias, Misao se preguntó si no hubiera sido mejor que muriesen. Al parecer sólo Kari sobreviviría. ¿Cómo podría seguir adelante después de vivir algo así?
Se estremeció. Ella como ninja tenía claro que en algún momento su cuerpo podía llegar a ser usado como carnada de algún hombre, al punto de tener intimidad si era necesario. Pero ser usada una y otra vez por gente pervertida, casi sin parar, un hombre tras otro... ella no podía consentir que eso pasara a ninguna mujer.
Por la madrugada se dio una vuelta por la cárcel. Según los papeles que leyó, estarían ahí un tiempo más que prolongado. Con habilidad bajó a los calabozos y vio ahí a los tres malditos hijos de... porquería. Le encantó notar que tenían los tobillos hinchados como un melón. Kuro se los había roto antes de entregarlos a la polícía, de tal modo que aún cuando sanaran, caminarían con mucha dificultad.
Inició el camino de regreso a Kyoto, con el corazón pesado por lo que había visto, y regresaría en unos días más con las familias de las muchachas. Necesitaba llegar a su casa, necesitaba hablar de eso con Aoshi. No quería presumir de su triunfo, necesitaba reponerse por sentir que no había llegado a tiempo para tres muchachas.
Aoshi la esperaba en un lugar alejado del Aoiya, sentado afuera de una cabaña por la que sabía, ella pasaría para cambiarse de ropa. Kuro y dos hombres más se mantuvieron a prudente distancia mientras ella se ponía un kimono blanco con flores rojas. Al salir, se puso muy contenta de ver a Aoshi.
Tras contarle cómo había ido la misión y el destino de los secuestradores, Aoshi guió a Misao por un sendero en el bosque. Hacía eso cuando quería hablar con ella.
Le contó de la visita de Kenshin y Kaoru y alcanzó a tomarla de un brazo para que no saliera corriendo.
-Antes de ir a verlos, debes saber que no vienen solos.-
-¿Yahiko?
-No. Se quedó en Tokio, a cargo del dojo. Ellos vinieron con dos amigos.
-¿Entonces Kenshin y Kaoru vinieron de paseo?.
-No. Es más que eso. Estuve hablando con ellos por separado. Creo que estamos cerca de algo que estuvimos buscando y no pudimos encontrar.
-¿Qué quieres decir?
-Uno de los muchachos sigue la pista de una novia desaparecida. El otro necesita hablar con el violador de quien fue su novia, porque al parecer habria ingerido algo que lo llevó a cometer esa locura.
-¿Y qué tiene que ver Kenshin con todo eso? ¿Los quiere ayudar?
-Kenshin ingirió una droga por error. Una droga que él describe con efectos muy parecidos a la que tú encontraste en tu investigación.
Misao abrió mucho los ojos. Se detuvo para mirar a su tutor, acongojada por su amiga.
-No me digas que... ¿Kaoru?
-El tomó a Kaoru. Tuvieron que casarse por eso.
-¿Y Kaoru, cómo está con esto?
-No te preocupes por ella. Afortunadamente Kenshin logró controlar en algo sus impulsos y no le hizo daño. Y ella ha comprendido lo que ha pasado. Si me preguntas, yo los veo bastante bien.
-No puedo creer lo que me dices. Pero... ¿cómo conectan estas tres historias?
Aoshi miró a Misao de forma indulgente. Debía venir agotada de su viaje.
-¿Recuerdas a un amigo que tenía Kaoru? Pues bien. Ese amigo resultó ser su novio antes de lo que pasó con Kenshin. La madre de ese novio le obsequió algo de comer que finalmente ingirió él, pero era para ella. Anteriormente ese joven tuvo una novia, de la que ya te hablé, y el hermano de ese joven...
-Ya entiendo. Dos hermanos, tres novias, una es violada, la otra desaparece y la última es forzada por Kenshin. Y está la pista de las drogas que apunta a la madre.
Asintiendo, Aoshi reanudó la marcha.
-Si bien tenemos la declaración de Kenshin, el resto son supocisiones. Creo que es importante que sigamos la pista de Takeushi Naoko y Toriyama Akira. De ese modo, si comprobamos que esa mujer tiene algo que ver con la misión que has seguido, nos iremos con todo contra ella.
-No puedo creer que una mujer conscienta en que le suceda algo tan malo a otra mujer. Aoshi, es tan horrible. Ellas estaban rotas, sus cuerpos y sus almas de las que alcanzamos a llegar.
-Lo imagino, por lo que me cuentas. Misao, si llegamos a comprobar que algo de lo que suponemos es cierto, haré la vista gorda y te entregaré a esa mujer para que le hagas lo que tú quieras.
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Los Himura y los Ishida fueron invitados a permanecer en la ciudad mientras surgía la información, con el fin de partir inmediatamente de acuerdo a lo que descubrieran las redes Oniwabanshu.
Riuji y Fukio quedaron encantados con la vitalidad de Misao. Se sintieron muy a gusto en casa y agradecidos por la ayuda que recibieron. Fueron acomodados en Aoiya como dos amigos más, en tanto Kenshin y Kaoru fueron puestos en una acogedora cabaña, un poco más alejada de la casa.
Como la información no llegó al día siguiente y los Ishida se notaban nerviosos, Okina, el abuelo de Misao, sugirió que salieran a dar un paseo por la hermosa ciudad de Kyoto y los acompañó. Kenshin, en tanto, fatigado por el viaje y porque de alguna forma su cuerpo aún estaba resentido de batallas y demases, prefirió acompañar a Aoshi a hacer un rato de meditación y luego una siesta. Misao aprovechó la instancia para invitar a Kaoru a un relajante baño de agua caliente en una hermosa poza.
-De mí no hay mucho que decir. El señor Aoshi está de vuelta en casa y todo ha ido tranquilo. Ya no me siento desesperada por correr tras él, porque estamos en calma. Ahora mi prioridad es terminar el caso que estoy siguiendo y seguir colaborando a la policía en detener a las lacras.
-Pero sigues enamorada de Aoshi?
Misao miró a su amiga y suspiró.
-Cuando termine este caso, pensaré en eso. Pero dime qué te pasó con Himura.
Kaoru se relajó y le contó a su amiga sobre las sensaciones que le causaba Kenshin antes, durante, y después del consumo de las masitas. Le contó la historia del beso robado y Misao se derritió de romanticismo.
-Me siento feliz por tí, amiga, que empiezas a descubrir al verdadero Himura. Pero me siento más feliz por él. Ese hombre ha sufrido lo indecible por ti.
-Si. Lo sé.- Dijo Kaoru.- Yo le atraía, le gustaba, y yo con Fukio...
Misao pestañeó un par de veces. Luego abrió mucho los ojos para enfatizar su asombro.
-¿Gustar de ti? ¿Atraerle? Kaoru, eso es nada en comparación a lo que Himura siente.
-Ehh... sé que lleva tiempo en esto pero...
-Kaoru, ¿Tú sabes lo que pasó aquí mientras estuviste secuestrada en la isla con Enishi?
-Si. Que tú y Yahiko me buscaron...
-¿Y nunca te preguntaste por qué ni Fukio ni Himura lo hicieron?
-Fukio no sabía por dónde empezar a buscar y Kenshin...- Kaoru se detuvo. Era cierto. ¿Y Kenshin?
-Kaoru, Enishi te hizo pasar por muerta. Cuando te llevó con él, dejó en tu lugar un cadáver muy parecido a tí, clavado en el dojo, con una herida en cruz como la de Himura en la cara. Te hicieron un funeral... todos estábamos muy tristes y te lloramos, pero un día el señor Aoshi siguió una pista y supo que seguías viva.
La respiración de Kaoru se vio interrumpida. Estaba total y absolutamente asombrada.
-No es posible.
-Yo no sabía de la existencia de Fukio en ese entonces, no sé qué hizo él. Pero Himura quedó total y completamente destrozado. Yo... tú no lo viste.- terminó Misao, sollozando. No podía evitarlo. El recuerdo de ese Himura era más de lo que ella podía soportar.
"No comía, no dormía, pero tampoco hacia nada... no escuchaba mis ruegos ni los de Yahiko, Sanoauke o Tsubame. Sólo estaba sentado, mirando a la nada, con la espada amarrada a él. Decía que no él no era nada por ser incapaz de proteger a la persona que más quería."
Los colores del rostro de Kaoru la abandonaron completamente. Misao se acercó a ella y la miró a la cara.
-Un día pasó un milagro. Cuando supimos dónde estabas, él llegó hasta nosotros. Necesitó algunos días para reponerse e ir a tu rescate. El resto ya lo sabes.
-Pero yo no supe nada de eso...-
-Kenshin nos hizo prometer que no diríamos nada de eso para no afligirte, luego que regresaste a casa. Con Fukio hizo un pacto de caballeros sobre no hablar del funeral. No sé cómo no supiste en tu entorno que te habían enterrado, supongo que Kenshin hizo algo, no lo sé.
-Entonces Yahiko también lo sabía...
-Yahiko, Tsubame, todos. Mira... yo no sé qué te dijo Himura que siente por ti. Seguramente no te ha dicho lo que siente plenamente porque esto de las masitas y tu ruptura con Fukio está muy reciente y no te quiere forzar o comprometer a sentir algo por él que no te nazca. Pero Kaoru... si tú hubieras muerto, Fukio hubiera seguido con su vida. La de Himura se hubiera ido contigo.
Se hizo el silencio.
Consternada, Kaoru no podía dar crédito a lo que le contaba su amiga. Siempre hubo cabos sueltos en la historia de su secuestro, pero tan ocupada había estado con Fukio que no le dio mayor importancia. Ahora no se sentía mejor hacia Kenshin. Quería llorar, quería abrazarlo, quería decirle tantas cosas. Pedirle perdón por... por lo que sea.
De pronto cayó en cuenta lo fácil que le era controlar sus lágrimas delante de los demás, y delante de él en cambio no podía.
Le agradeció a Misao lo que le había contado y siguieron hablando de otras cosas. Pero se perfumó a conciencia e iba canturreando cuando alcanzó la cabaña.
Encendió algunas velas porque la penumbra ganaba, y llegó al lado de Kenshin que dormía.
-Será poca una vida para compensar todo ese amor que tienes por mí. Creo que entiendo por qué te callaste. - murmuró mientras se tendía junto a él y se acomodaba a su lado, tocándole suavemente el pecho.- Tú en cambio has insistido en saber en estos días qué siento exactamente por tí. Pero has sido egoísta al excluirme de esta maravillosa historia. ¿Qué otras cosas he de saber de tí?-
Kenshin se movió en sueños y Kaoru le acarició el rostro. No quería despertarlo, lo hacía con cuidado. No siempre se tenía la oportunidad de encontrarlo quieto para acariciarlo a sus anchas.
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Kenshin estaba soñando. Soñaba con un mar de rosas blancas.
Soñaba que podía mirarlas y ver cómo se abrían sus capullos. El viento soplaba y sus pétalos volaban por el aire. Entonces, él veía venir a Kaoru, vestida de blanco, sus negros cabellos sueltos y revoloteando, caminando tranquilamente, sonriéndole.
-Eres como una rosa.- le decía.
-También hay rosas rojas, como tú.- decía ella. Pero Kenshin miraba en la rosaleda y sólo veía blanco y verde.
Se agachó para cortar una. Fue a tocar a Kaoru con el capullo, pero a su contacto la rosa se volvió roja. Kaoru le sonrió.
-En tí hay pasión que surge y explota. Y llegas a ella a través de mi. Por eso conviertes las blancas en rojas. Por eso antes no habías visto rosas.
Kaoru cortó una rosa blanca y con ella tocó sus labios. El contacto leve y suave fue disfrutado por Kenshin. El perfume de la rosa lo embriagó. Y sonrió.
Cuando despertó, notó los suaves labios de Kaoru sobre los suyos. Ella además le acariciaba el pecho, mostrándole su ternura, con un delicado roce.
-He sido besado por una rosa.- comentó él.
-¿Qué dices?
Kenshin la tomó por la cintura y se puso sobre ella.
-¿Qué me hace?
-Quería hacerte cariños. Me gusta hacerte cariños.
-Pero por qué no lo hace cuando estoy despierto?.
-Porque tú me atrapas y te pones sobre mi como ahora.- dijo ella risueña, en medio de la oscuridad que las velas intentaban combatir. Kenshin se bajó despacio de su cuerpo.
-No soy alguien que deba ser acariciado.
-¿Qué dices? Eres tan lindo...
-Dejemos esto.- dijo de pronto él muy serio.
-¿Y por qué piensas que no lo mereces?
-Porque no sé medir mi fuerza y la lastimo cuando la tomo.
Se hizo un silencio en el que escucharon los sonidos del viento afuera. Al parecer, llovería.
-Tú no me lastimas.
-Sé que si. Lo hago. Y lo siento...
-Ambos tenemos que aprender a hacer esto.- repuso ella.- No te preocupes. Yo siempre estoy nerviosa porque no sé qué deseas exactamente que haga.
Kaoru lo miró unos instantes y decidió sentarse a horcajadas sobre él. Lo hizo calmadamente, tras levantarse la falda de la yucata. Kenshin la miraba pensando que no podía haber nada más sensual que esos muslos blancos a la vista. Se sentó, su rostro a centímetros del de Kaoru.
Ella acarició sus mejillas. El cerró los ojos, relajándose y puso las manos en la cintura de la joven. Ella reemplazó sus manos con sus besos.
Se acercó lo suficiente para dejar que su busto reposara en el pecho de él y se apretó cuando Kenshin hizo presión en su espalda. Ella estaba intentando ir despacio para mostrarle su forma de quererlo, pero tras besarlo en los labios no le resultó fácil porque pronto él quiso llevar el ritmo.
Con más cuidado que otras veces, Kenshin deslizó la yukata por sus hombros, dejando al descubierto su cuello, al que se dirigió sin perder tiempo. Ella quedó sumida en una oleada de sensaciones. Ya lo había hecho varias veces con Kenshin y siempre era diferente. Siempre sentía cosas diferentes. Arqueó la espalda y se paró ligeramente sobre sus rodillas para que él pudiera llegar a sus senos y esta vez dejó que la tomara como quisiera, sin indicaciones. Él comenzó despacio pero pronto fue más fuerte y abria completamente la boca para abarcar la mayor cantidad de piel en torno al pezon. Pero tras algunos minutos, él se separó ligeramente de ella, sus ojos oscurecidos.
-Yo sólo deseo todo de tí.
Al notar el cambio en su forma de hablarle, Kaoru aparentó calma y se acercó a su oído.
-Soy tuya, Kenshin. Haz lo que quieras. Está bien.
-¿Lo que quiera?-
Algo en el tono de voz de Kenshin descolocó ligeramente a Kaoru. Pero ella estaba segura de lo que hacer.
-Haz lo que quieras. Soy tu mujer. Y tú eres mi amor.
Al oír eso, Kenshin se quedó quieto, mirándola conmovido. ¿Era cierto eso?
-Kaoru...
-Te amo.- dijo ella abrazándolo.-Quiero vivir mi vida contigo y para tí. Te amo, te amo... de verdad te amo.
Kenshin la tomó por la cintura y la colocó en el futón. Él no podía decir sus palabras aún, pero Kaoru no necesitaba escucharlas, porque lo sabía. Se relajó mientras sentía sus manos volar por su torso y su boca succionar sus senos. Le pareció que él tenía una fijación con ellos y con cierta alarma le pareció que ahí había otra sensación conocida, aunque en ese momento no quiso preguntar. Ya no importaba.
Había pensado sorprenderlo y acariciarlo, quitarle la ropa y sentarse sobre él, pero a pesar de lo calmo que se veía, Kenshin era en ese aspecto muy dominante. Ella trataba de tocarlo pero él la apabullaba con sus caricias y finalmente la joven pensó buscar su oportunidad de guiar otro día.
Pero no estaba tan mal, se dijo feliz, mientras sentía su peso sobre ella y sus besos en el cuello, en los senos, en el ombligo...
Abrió los ojos con sorpresa cuando notó que con su mano él seguía hacia abajo.
Kaoru quiso detenerlo en tanto él con los dedos separaba los pliegues de su entrepierna para acceder más profundo en ella. La acarició con los dedos un poco y luego, con mucho cuidado, introdujo uno en ella. Kaoru temblaba, pero le había dicho que hiciera lo que él quisiera y ya no podía detenerlo.
-Asi que puedo hacer lo que quiera.- repitió él retirando su mano de entre las piernas de ella. Kaoru asintió.
-Lo que tú quieras.
Sin dejar de mirarla, Kenshin lamió el dedo que había puesto en su intimidad. El corazón de Kaoru se detuvo al verlo.
-Lo que yo quiera... - volvió a repetir y un escalofrío recorrió la espalda de la muchacha, a la par que sentía el dedo de Kenshin hundiéndose lentamente en ella para desde allí, otra vez, ir a la boca de Kenshin.
-Kenshin... - dijo ella perdiendo su seguridad.
Él la besó y sonrió de un modo que ella no supo identificar al separarse de ella.
-No temas, cariño. Sólo voy a tomar la miel desde su origen.
Entendiendo el significado de esas palabras, Kaoru trató de detenerlo, pero de pronto, un fuerte gemido escapó de ella y supo que estaba perdida cuando con la lengua, Kenshin hizo una caricia en su intimidad. Ella le había dicho que hiciera lo que quisiera y a él nada más le importó.
Y a ella, unos minutos después, tampoco.
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Fin acto seis
Sin reproches
Mayo 12, 2015.
Notas de autora.
Hola!
El próximo capítulo será el penúltimo, de modo que el acto 8 será el final de esta historia.
Al parecer, el asunto de las masitas era más serio de lo que se vio en un comienzo y seguirá cayendo gente, aunque aún no decido exactamente qué castigo dar a la madre de Fukio y Riuji.
Como no se me ocurrían nombres para las personas que buscan los Oniwabanshu, usé los de dos famosos mangakas. XD
Con un Kenshin empeñado en dar, será un poco complicado a Kaoru tomar la inciativa y seguir hasta el final, aunque tal vez el próximo capítulo nos de la sorpresa.
Blankiss.
