Casi todos los personajes de esta historia no me pertenecen, sino que son de la fantástica escritora Stephanie Meyer, a mi sólo me pertenece la historia.

Importante leer la NOTA DE AUTORA al final del chap.

En memoria a Michael Jackson.

(1958 — 2009)

.

.

Recomendación: ¡Gente linda! Bueno quiero recomendarles una muy buena historia de Mariona Beckett, que realmente vale la pena leer y me gustaría que se dieran una vueltita http:// www. fanfiction. Net /s / 5283282 / 1 / De_ hoy _en _adelante (sin espacios) Cualquier cosita, la historia esta en mis Favoritos 'De hoy en adelante'.

.

.

Capitulo dieciséis: Pétalo de fuego*.

.-Fragmento del Poema 6 'Te recuerdo como eras' del libro 20 poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda.

Te recuerdo como eras en el último otoño.

Eras la boina gris y el corazón en calma.

En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.

Y las hojas caían en el agua de tu alma.

.

Tj Hill: Her (piano)

.

-Damas y caballeros, tengo el honor de presentarles a los últimos concursantes del día. Han ganado cuatro años consecutivos el primer premio del Concurso Choise Kids. ¡Con ustedes, Bella Swan y Edward Cullen!

Temblaba de pies a cabeza mientras escuchaba los aclamos del público. Mire por enzima de mi hombro, Edward estaba relajado, acomodando su boina gris en la cabeza, frente a su piano de cola.

Un minuto después, sus manos descansaban pacíficamente sobre las teclas blancas. No me sorprendía que estuviese tan tranquilo, él era magnifico en el piano y no tenía que preocuparse por hacer el ridículo.

Por desgracia yo no tenía esa suerte. No, claro que no. Yo estaba arriesgando mi reputación (aunque no era mucha), y atentaba contra mi vida.

Edward me miro con una sonrisa en la cara. 'Lo harás bien' vocalizo en silencio, dándome ánimos.

No conteste y volví a fijar mi vista en el frente. El telón se estaba corriendo y seguían escuchándose los aplausos y los gritos del público. ¿Es qué no sabían que de esa forma me ponían más nerviosa? Obviamente, no.

El telón se abrió por completo mostrando un panorama bastante escalofriante. El teatro estaba completo, a todos lados donde mirase había personas.

Respire, llenando mis pulmones con aire de forma exagerada. Imagina que todos están en ropa interior, y que tu eras la única cuerda, recordé lo que Emmett me había dicho antes de dejarnos en el teatro.

Así lo hice. Ahora todos estaban en ridículo frente a mí. Pero, aún así, seguía nerviosa. Era tonto, había hecho esto millones de veces. Lo único que cambiaba en esta situación era que las cosas entre Edward y yo no estaban del todo bien. Cada vez estábamos más alejados, y eso no me hacía nada bien.

Las primeras notas sonaron inundando el teatro con la pasión de Edward y el piano. Todo se quedo en silencio a excepción de la música.

Conté mentalmente hasta veinte, y empecé a moverme. Me incline hacía abajo, con mis pies posicionados de forma correcta, y me levante con movimientos delicados parándome sobre mis puntas.

Había empezado el baile. Cada movimiento lo asimilaba con algún buen ensayo con Edward o con los concursos anteriores. Deje que el presente se guardará y fije mi mente en el pasado. No prestaba atención a lo que bailaba, simplemente me dejaba llevar.

La música de Edward, iba perfecta con mis pensamientos. Eran felices, dulces y lo más importante él siempre estaba en ellos.

Y, después de tres minutos y medios, la canción llego a su fin al igual que mi baile. Abrí los ojos, que hasta ese momento no sabía que los tenía cerrados, y me encontré en el medio del escenario con el público aplaudiéndonos de pie. Sonreí al mismo momento en el que Edward se acerco a mí y rodeo mi cintura con su brazo derecho. Nos inclinamos en una reverencia hacía el público, y salimos de allí.

Edward no soltó mi cintura hasta que llegamos a los camarines. Desde allí seguían oyéndose los aplausos y gritos del público.

Estaba feliz. Demasiado. Todo había salido bien, y ahora me reía mentalmente de mis anteriores preocupaciones.

Edward me acompaño hasta mi camarín. Aún seguíamos sin mediar palabra. Abrí la puerta, pero antes de completar con la tarea, Edward tiró de mi cintura logrando que mi cuerpo girase hacía él. Nuestros rostros estaban a escasos centímetros. Sentí como el calor subía a mis mejillas, agradecí estar ya colorada por la agitación del baile.

Edward sonreía de forma torcida. Él también estaba feliz.

-Haz estado de maravilla, Bella.

Literalmente, deje de respirar. Edward pasó su otra mano por mi cintura y me aplasto contra su pecho. La sensación era perfecta.

Busque un poco de la poca fuerza de voluntad que me quedaba.

-Tu también.- musite.

Edward se rió de mí.

-La protagonista haz sido tú, Bella.- susurro en mi oído. Un escalofrío recorrió mi espalda.- No sabes lo hermosa que te veías bailando.

Mis ojos se abrieron por la sorpresa que sus palabras causaron. ¡Dios mío! ¡Edward me había llamado hermosa! La distancia que había entre nuestros rostros cada vez era más escasa, tanto que hasta podía respirar el aire que él exhalaba.

Notaba más brillantes sus orbes esmeraldas, algo así como el brillo de una estrella recién nacida. Era intenso, algo más que la emoción de habernos ido bien en el concurso.

Su rostro dejo la traviesa sonrisa, crispándose en una seria. Su vista se clavo en mis labios, y sus brazos se volvieron más pesados alrededor de mi cintura.

¡Oh, Dios! ¡Iba a suceder!

Inclino su rostro haciendo que nuestras narices se rozarán. Mi mente estaba lejos de toda razón lógica. Cerré los ojos, esperando a que él diera el movimiento final. Sencillo, pero significativo.

No estaba segura de cómo aún no había colapsado.

Sentí como su nariz se corría hacia el centro, con lentitud. Realmente me estaba torturando.

Se quedo allí unos segundos que me parecieron eternos. Nuestros alientos se chocaban, podía sentir el calor de su aire.

Pero, todo cambio. Su nariz se deslizo más, acariciando la mía hasta llegar a mi mejilla.

Abrí los ojos de golpe, intentando no híperventilar. Beso mi mejilla con dulzura, soltó mi cadera. Sin siquiera dirigirme una mirada, se dio la vuelta y camino, con las manos en sus bolsillos, por el pasillo que conducía a su camarín.

Me quede con la vista perdida en la dirección por la que él se había marchado. ¡Tonta ilusa! Edward no quería nada conmigo, estaba claro. ¿Es qué ni siquiera se animo a besarme? ¡Me había rechazado!

Lágrimas se acumularon en mis ojos. ¿Acaso no era una chica besable? Al parecer para Edward no lo era.

Gire sobre mis pies, y me metí en el camarín azotando la puerta tras de mí. El pensar que no podría evitarlo, ya que teníamos que subir en unos minutos al escenario para saber los puestos, me hizo recordar mis miedos anteriores. Eran iguales, la diferencia era el por qué.

.

Estaba sumamente cómoda entre lo brazos de Edward. Se sentía tan calido, tan correcto. Era como si nada hubiese pasado, como si hubiésemos retrocedido tres años y siguiésemos manteniendo nuestra relación de amigos. No era que eso no me doliera, pero era mucho mejor a lo que habíamos vivido en este tiempo.

No estaba segura de cuanto habíamos dormido. Tenía la sensación de que no habían pasado ni cinco minutos desde que me había metido en su cama, y aún así me encontraba completamente descansada.

Mi sueño se había perdido en mi memoria. Sabía que algo había soñado, pero al llevar mis pensamientos a Edward, lo había olvidado.

Sólo esperaba que no fuera nada comprometedor. Tenía las mejillas húmedas, ¿Había soñado con mis padres? Quería pensar que eso había soñado. No encontraba otro justificativo a las huellas que las lágrimas habían dejado.

No quise abrir los ojos; tenía la sensación de que si lo hacía, Edward dejaría de estar a mi lado y todo volvería a ser como antes. La idea no me agradaba. Me gustaba volver a estar con Edward sin una pelea de por medio.

La noche pasada, había sido sin duda la mejor de toda mi vida. Al principio había sido caótico, y bastante incomodo. Pero todo mejoro. Por más que habíamos movido cenizas que creía barridas, fue sencillamente hermosa. Edward había logrado que volviera a sonreír de verdad después de mucho tiempo. Desde que me había ido no había sido completamente feliz, y con la muerte de mis padres todo había empeorado. Aún me preguntaba como era que seguía con vida y, sin siquiera, haber atentado contra mi vida ante tanta depresión.

Edward había borrado esos sentimientos, y me había hecho sentir por esa noche que todo estaba bien. Que nada malo había sucedido realmente. Que mis padres aún estaban aquí, sólo que uno de esos viajes largos y que nosotros nunca nos habíamos peleado. Todo seguía siendo igual a hacía tres años.

Pero por desgracia, Edward no me podía mantener alejado de la realidad tanto tiempo; y al recordar a mis padres, viejas heridas volvieron a abrirse. No es como si se hubiesen curado alguna vez, pero por un noche habían tenido un venda. No había sido cerradas, pero si tapadas por un tiempo. Al parecer, el tiempo ya había caducado; y la venda se había salido.

Apreté un poco más mi cuerpo contra el de Edward, dejando que mis lágrimas y los sollozos silenciosos se apoderasen de mí. Escondí mi cara en el pecho de Edward, mojando su camiseta. Deseaba de verdad que estuviese dormido. Aferre mis manos a su ropa tirando de ellas, como si mi vida dependiera de esa acción.

No entendía muy a mis emociones. Es decir, me había levantado de un humor excelente, y ahora me encontraba igual a una Magdalena*.

El pensar en mis padres fue un error. Tendría que haber aprendido a poder pensar en ellos sin necesidad de llorar, pero no podía. El accidente había sido cercano, y no me acostumbraba a la idea de que no estaban allí. A veces podía correrlos a un costado y pensar que ellos estaban, y de esa forma seguir con una vida normal. Pero esa tampoco era la solución, lo sabía. Lo que no sabía era cuál era la solución.

Unos circulitos en mi espalda hicieron que mi cuerpo se tensara. ¡Mierda, diablos, mierda! Edward si estaba despierto. ¿Lo había despertado, yo? ¿No había sido tan silenciosa como creía, y mis sollozos lo despertaron? Sinceramente, no era algo que me preocupase del todo en ese momento.

La mano de Edward jugaba a dibujar formas sin sentido en mi espalda, tratando de relajarme. No era como si estuviese haciendo un buen trabajo. Saber que estaba despierto, me dejo soltar un sollozo más fuerte. Mis puños ejercieron más fuerza, retorciendo su ropa.

Quizás si lloraba acabaría con esto más rápido. Ok, esa teoría psicológica no iba conmigo, pero el hecho de que Edward estuviera allí consolándome me agradaba.

Tiro de mi cintura para que mi cara quedara junto a la suya. La escondí entre la almohada y su cabello. Me abrazo más fuerte, apretándome contra su costado.

Acaricio mi cabello de arriba a bajo, más de una vez. Los sollozos empezaban a calmarse, aunque los jadeos no. El hecho de haber tratado de reprimirlos al principio y luego haberlos soltado de golpe, había hecho que mi respiración se irregulara.

-Shh, vamos cariño.- susurro con preocupación en mi oído.- No llores, no sabes lo mal que me pones.

Trate de reírme, pero me ahogue en el intento. Edward se rió de mí.

-Eso esta mejor.- siguió acariciándome.- Aunque hay que lograr que no te ahogues.

Sonreí y apreté más mi cara contra su cuello. Me gustaba como estábamos. El hecho de sentir su calor contra el mío, y saber que se preocupaba por mí me estaba gustando más de lo que debía.

Poco a poco el recuerdo de mis padres se fue borrando. Trate de concentrarme en el presente. En como haríamos para salir de aquí sin que nos encontrarán; como debía evitar las intimidantes preguntas del duendecillo loco. Pero lo más importante, ¿Cómo haría para explicarle a Emmett que nos habíamos amigado?

-¿Qué te paso, Bella?.- pregunto Edward sacándome cruelmente del mar de mis pensamientos.

Separe un poco mi cara de él. Al darme cuenta de que ya estaba tranquila, quise correr mi cuerpo del de Edward. Seguramente él lo había hecho sólo porque estaba llorando, y ahora que estaba mejor no estaba segura de si no le molestaba. Pero cuando intente hacerlo, Edward me tomo con vehemencia. Me gusto. Edward me quería en sus brazos.

-No te alejes.- suplico.

Sonreí aún con más énfasis. Coloque mi brazo izquierdo en su pecho, mientras con el dedo índice jugaba de la misma forma que él lo estaba haciendo con mi espalda.

La luz del sol entraba por la ventana. Era extraño que en Forks estuviese soleado, lo más irónico que era un día de los que no había y nosotros seguíamos en la cama. No era que tuviese intención de moverme, pero la situación era extraña.

-¿Qué hizo que te pusieras tan mal, Bella?.- volvió a preguntar Edward.

Suspire. Me incline, dejando mi cabeza en su pecho junto a su mano. Edward permitió el movimiento, y se adapto a mí. Seguí jugando con mi dedo y su pecho. Mi respiración era acompasada, pero temía que al responderle volviera a ser pesada y cansadora.

-Quiero ayudarte.- insistió.

Rodé lo ojos. No iba a dejarlo pasar.

-Es que no puedes, Edward.- mi voz sonó lo suficiente alto para que él pudiera oírme.

-¿Fue por algo que paso entre nosotros?.- indago.

-No.

-¿Por el instituto?

-No.

-¿Por la familia?

No conteste. Edward no volvió a hablar tampoco. El ambiente se torno incomodo, mientras Edward trataba de comprender el porque de mis anteriores lágrimas. Para ser Edward, se estaba tardando bastante en averiguarlo. Mis nervios no estaban para esperar tanto, pero tampoco quería que saliera de mi boca.

Concentre mi vista en mi dedo y en su camiseta. Era una distracción muy buena si se tenía en cuenta en como esa camiseta remarcaba sus abdominales.

-¡Oh!.- exclamo sin previo aviso. Me reí.- Lo siento, no lo sabía.

-Lo sé.- respondí quitándole importancia. En que en realidad, ya no la tenía.

-Sabes que siempre puedes decírmelo, ¿No?.- la conversación había tomado un giro bastante serio.- Siempre estaré aquí por si quieres hablar. Lo sabes ¿Verdad?

Se oía muy tierno tratando de convencerme de que él siempre estaba. Yo lo sabía. Ahora, sí. Es decir, ¿Cómo no iba a saberlo después de la noche pasada?

-Lo sé.

-Entonces, ¿Por qué no me despertaste?.- se rió seco un segundo.- Ok, estaba despierto, pero tu no lo sabías.- es confesión me dejo de piedra en mi lugar.- Sí hubiese sido por ti no me habrías dejado ayudarte.

-No quería molestarte.- masculle, no muy segura de mi respuesta. La verdad era que no se me había ocurrido despertarlo. Iba más allá de la confianza.

-Jamás me molestas, Bella.

-Sólo… sólo no lo pensé.- confesé.

Edward dejo el tema en suspenso. Seguramente lo iba a sacar a colación en otra ocasión, pero al parecer para ahora tenía otros planes o simplemente sabía que no debía arruinar el momento.

Se inclino hacía adelante sentándose en la cabecera y me llevo con él. Se rió cuando me aferre más a su camiseta, negándome a levantarme de esa cama.

-¿No era que te gustaban los días soleados? ¡Hay que aprovecharlo! Además comenzaran a preguntarse en donde estamos.- me explico con sorna.

Refunfuñe ininteligibles maldiciones y me levante con exagerada lentitud. Rodé hasta quedar en la esquina de la cama, y espere allí hasta que Edward se pudiera de pie. Él tendría que salir primero si queríamos que no sospecharan.

Edward se dirigió al baño con una muda de ropa, y aproveche ese tiempo para poder escabullirme.

Me levante de la cama tratando de hacer el menor ruido posible. Sonreí, me estaba comportando como una niña. Abrí la puerta lo más lento posible, chirrío un par de veces pero estaba segura que nadie nos oiría. Mire a ambos lados antes de salir del cuarto de Edward y correr al mío. Cerré la puerta tras de mí, e inmediatamente comencé a reírme de forma histérica. De verdad que había parecido una demente, es decir sólo Edward y yo estábamos en el tercer piso, era obvio que nadie me vería salir.

Camine hasta mi cama que se encontraba igual a como la había dejado la noche anterior.

Abrí los ojos a más no poder. ¡Mierda! Me había olvidado la lámpara en la cama de Edward. Un sonrojo se apodero de mí en ese instante. Pensar que había pasado la noche con el hombre que amaba, una acción demasiado íntima y que no había tenido en cuenta.

Si seguía pensando en Edward tendrían que llamar a los bomberos para bajarme de las nubes.

Estire la cama, para no tener que hacerme cargo de ella más tarde y tratar de fijar mi mente en algo que no fuera Edward. Levante la ropa que estaba tirada en el suelo y acomode un par de libros que estaban por la habitación.

Suspire.

Camine hasta el armario para quitar la ropa que me pondría para el día. Tome una remera de lycra color crema, el suéter negro que había usado la noche pasado y tome unos jeans ajustados hasta los tobillos. Encontré unas zapatillas Nike blancas y la ropa interior. Satisfecha por mi elección me metí en el baño. Necesitaba una buena ducha.

El agua caliente de la ducha había logrado relajar todos mis músculos y dejar a mi mente en blanco. No me había dado cuenta de cuanto deseaba bañarme.

Me cambie lo más rápido que mi torpeza me permitió y cepille mis dientes. Sabiendo de antemano que mi cabello era un caso perdido, lo cepille y lo sujete en un moño negro.

Sin más salí de la habitación sorprendiéndome al encontrar a Edward sentado a mitad del pasillo. Era imposible no apreciar lo bien que se veía. Sin duda le tenía demasiada envidia, simplemente llevaba una viejos jeans y una camiseta de manga larga color beige. Y así, tan sencillo como sonaba, se veía increíble.

-¿Se puede saber que estas haciendo?.- le pregunte mientras caminaba hacía él.

Levanto la vista y me sonrió de mi forma favorita. ¡Oh, Dios mío! ¡Respira e inhala, Bella!

-Simplemente te esperaba para bajar.- respondió de forma inocente.

Rodé los ojos.

-¿No se suponía que tu tendrías que haber bajado primero?

- Y lo he hecho, y volví a subir. Creo que no es un pecado.- se burlo.

Le saque la lengua con un gesto infantil. Pronto recordé lo quería pedirle.

-Edward, deje la lámpara…- me calle cuando Edward la quito de detrás de su espalda. Sonreí sonrojándome.

Me la tendió y la tome. La abrace como si me la hubiesen arrebatado por años. Le hice una seña de que iba a dejarla en mi recamara y Edward me aseguro que me esperaría.

Corrí a mi habitación, con cuidado de no matarme en el proceso, y deje con exagerado cuidado la lámpara en el cajón donde estaba mi caja de las pertenencias más importante.

Edward seguía sentado con la mente en quien sabe en que mundo, cuando volví a salir al pasillo. Me sonrió y no pude evitar devolvérsela. Me pare frente a él, mirándolo desde arriba. Edward levanto los brazos pidiéndome, sin palabras, que lo ayudará a ponerse de pie. Tire de sus brazos utilizando toda la fuerza que poseía. Edward soltó una carcajada al ponerse de pie. Sabía, sin necesidad de que él me lo dijera, que mi fuerza no había servido de nada y que se había parado por cuenta propia.

-Así que-empezó Edward mientras bajábamos las escaleras-, ¿Qué quieres hacer hoy? ¡Es un día precioso!

Me reí.

-La verdad es que esperaba que tú pensaras en algo.- le confesé. Con todo lo que había pasado no me había tomado ni un segundo en fijarme en como estaba el clima, y mucho menos en hacer planes para el día.

Edward me saco la lengua, devolviéndome mi anterior gesto infantil.

Cuando llegamos a la cocina, Emmett estaba colocando la meza y Esme estaba cocinando. No podía creer que ya fuera la hora de almorzar. Me sonroje al pensar lo tarde que era.

-¡Hola, Bella Durmiente!.- me saludo Esme desde su lugar frente a la ornalla.

Mi sonrojo aumento más.

-Hola, Esme. Lamento la hora.- me disculpe viendo como Edward caminaba hasta la puerta para salir al jardín.

-Cariño, no tienes porque disculparte.- me sonrió Esme. Camine hasta ella y le bese en la mejilla.- Además, no has sido la única. Los únicos que hemos madrugado, fuimos Carlisle y yo.

Le sonreí, y volteé a Emmett. Se veía molesto, la forma de cómo estaba poniendo los cubiertos me lo advertía. Camine hasta él y lo abrase por la espalda, logrando que se tensara bajo el gesto. ¿Qué estaba sucediendo?

-¿Qué te preocupa, Emmett?.- le susurre.

-Tu.- soltó sin más.

Torcí el gesto ¿Yo? ¿Qué había pasado para que le preocupara? Hasta donde sabía nada malo había pasado en el día.

-¿Por qué?

-¿Perdonaste a Edward?.- soltó de repente, en un susurro.

Giro su cuerpo, chocando nuestros pecho. Rodeo mi cintura, y yo recargué mi mejilla en su cuerpo. Sin dudar él era el hermano mayor que toda mujer quería; y aunque no fuese mi hermano oso de sangre, lo era de alma.

-Emmett no quiero que estés mal con tu hermano. Lo que sucedió no tiene que interferir entre ustedes.- murmure. Por alguna razón sabia que mis esfuerzos eran tontos, Esme nos estaba escuchando y seguramente estaba al tanto de todo.

-No me cambies de tema, Bells.- me regaño.- Sólo quiero que deje de ser tan idiota, y sobre todo no quiero que te lastime más.

Las palabras de Emmett fueron tan sinceras, no estaba bromeando como siempre lo hacía. No, estaba hablando en serio. Mis ojos se aguaron al sentirme tan querida. Las palabras de Emmett causaron más efecto de lo que él esperaba, y quizás hasta lo que yo esperaba. Pero últimamente estaba muy sensible.

-¿Por qué lloras?.- pregunto alarmado, se separo de mí para observar mi rostro.

Me reí, y lo atraje de vuelta a mí.

-Te quiero mucho, hermano oso.- masculle. Como extrañaba esta relación…

-¡Y yo más, Bells!.- se acerco a mi oído y fingió contar un secreto.- Eres mi hermana favorita, pero no se lo digas a Alice.- fingió fingir pánico.- ¡La duendecillo me tortura!

No pude contener las carcajadas ante la ocurrencia de Emmett. Me solté del abrazo y me sonroje al darme cuenta que Esme había estado presente durante todo este tiempo.

-Es lindo que se lleven tan bien.- se limito a decir Esme, logrando que mis sonrojo se pronunciara y que Emmett comenzará a burlarse de mi.

Le saque la lengua a Emmett y me dirigí a las alacenas para ayudar a Emmett a terminar de poner la meza.

El almuerzo paso rápido, la tensión entre Edward y Emmett se sintió en todo momento. Cada tema que sacábamos de conversación, Emmett lo utilizaba para mandarle a Edward una indirecta. Sin duda era momentos incómodos para todos. Esme repitió más de una vez que esta situación no podía continuar, mucho menos para la cena; a Carlisle no iba a gustarle nada.

Recién a eso de las cuatro de la tarde, Emmett dejo la casa con la excusa que iba a estudiar a la biblioteca para un parcial de la facultad y que no volvería hasta tarde porque pasaría la noche con Rosalie.

Alice anunció que en la noche haríamos algo, por lo que no programásemos planes ¡Cómo si yo tuviera una agenda ocupada! Después de varias ordenes, Jasper por fin la recogió.

Así que sólo estábamos Edward, Esme y yo en la casa. Edward estaba en su recamará, podía oír la música. Esme estaba en su estudio organizando ciertas cosas de su trabajo como decoradora. Y por último yo. No estaba haciendo nada, por lo que decidí que debía aprovechar el bonito día y un poco de soledad no me vendría nada mal.

Me deje caer en el jardín con un libro que había encontrado en la habitación de Edward. Al fin respiraba un poco de paz. El sol parecía más de primavera, que de mediados de invierno. Era extraño, pero relajante. El olor de la hierva húmeda era típica de Forks, pero ahora estaba combinada con un aroma dulzo característico de la primavera.

El jardín de los Cullen era tan hermoso, que cualquier persona era capaz de olvidar hasta su propio nombre allí. Esme lo había dejado excelente.

Abrí el libro, y trate de concentrarme en el tema. Algo difícil, he de añadir. Nunca había escuchado de él; un libro que hablaba sobre el punto psicológico de los cuentos de hadas. Era, sin más palabras, algo de verdad interesante.

Bruno Bettelheim*, el autor psicólogo del libro, había detallado cada uno de sus puntos de vista. Era un libro que hablaba sobre la importancia moral e intelectual que los cuentos de hadas provocaban en la etapa de crecimiento de los niños. Como ellos, por medio de éstos, podía aprender valores y salvar sus temores.

Estaba concentrada en el análisis de Blanca Nieves y los siete enanitos, cuando escuche que la puerta que daba al jardín era abierta.

No necesitaba ver para saber quien era ya que estaba segura que por la forma de caminar no era Esme. Por lo tanto, el único que podía ser era mi amor platónico.

Marque la hoja en la que había quedado, y deje el libro sobre la manta para que no se manchase con el césped. Me tome mi tiempo para cada movimiento, la hora no era un problema en estos momentos. Acomode con disimulación mi ropa, y me senté.

Aunque esperaba que Edward estuviera aquí, no pude evitar quedarme sin aire. Allí, parado de forma casual con los cabellos despeinados y con la ropa de la mañana, se veía como Narciso*. Estaba parado tapando el sol de mi cara, pero los rayos del Rey Astro se encargaban de alabarlo. La luz lograba que su perfecto cuerpo brillase, y que su cabello pareciera oro. Sus ojos verdes brillaban como un diamante.

Estaba segura que mi boca estaba abierta, pero no podía evitarlo. Edward se veía, en resumidas palabras, totalmente perfecto. Odiaba pensar que desentonaba a su lado. Yo no era especial, era una chica común sin ningún encanto, pero Edward no. Aún no comprendía como era que seguía a mi lado sabiendo que estando juntos opacaba su belleza.

La melodiosa risa de Edward me hizo salir de mi ensoñación, y sin pensarlo me sonroje en todas las tonalidades posibles.

-Al parecer no me esperabas.- hablo primero, y aprovecho su comentario para salir de mi estado embarazoso.

-Me sorprendiste.- dije, trabándome con las palabras. No estaba mintiendo, en verdad me había sorprendido.

Me hice a un lado, invitándole a sentarse a mi lado. Edward me sonrío de forma dulce y se dejo caer en donde le indique.

-¿De dónde has sacado eso?.- pregunto de repente, con un fingido tono de reproche. Seguí la dirección de su dedo índice, aunque sabía que estaba hablando del libro.

Sonreí y le seguí el juego.

-De tu biblioteca.- admití sin vergüenza.

Edward cruzo los brazos al pecho, y me miro con el ceño fruncido. Su frente estaba arrugada, y su mandíbula estaba dura ¿Estaba jugando?

-¿A sí sin más? ¿Cómo es eso?.- su voz le fallo un poco, pero aún así no podía asegurar si estaba jugando o estaba enfadado de verdad. Decidí probar mi suerte.

-Bue… bueno, tu sabes.- aunque estaba fingiendo estar nerviosa, una parte de mí no estaba actuando.- Él estaba allí, y yo enfrente. Tú sabes, él me llamo y yo no me resistí.

Edward dirigió su cara lejos de mi vista para que no pudiera ver su expresión. ¡Oh, Dios! Lo había arruinado. Lo único que me faltaba era que ahora, que por fin estaba bien nuevamente con Edward, lo echara a perder. ¡Y por una tontería!

¡No!

No iba a permitirlo. Ahora que al fin, estábamos bien, no iba a dejar que todo se arruinara. Estaba dispuesta a suplicarle perdón y a hacer lo que fuera para que se volviera a ir de mi lado.

Estaba segura que sí había un ser poderoso, le encantaba torturarme. Primero me quitaba a Edward, después a mis padres, y luego nuevamente a Edward. ¡Debía ser un gran entretenimiento para él!

Descarte esos pensamientos antes de que se salieran de control. Puse toda mi mente en el presente, tenía que arreglar las cosas antes de que Edward volviera a alejarse de mí. Y estaba segura que no iba a soportarlo otra vez.

-Edward.- lo llame insegura, el volteo a verme. Su expresión era tranquila, pero no podía fiarme de ella.-Si te molesto que lo tomará sin permiso… lo siento, de verdad, no fue mi intención.

Baje la mirada, fijándola en la hierba.

-¡Claro que no!.- exclamo rápidamente, y tomo una de mis manos. Ese gesto hizo que subiera la mirada. Su rostro se veía desesperado, al parecer él tenía el mismo miedo que yo.- Todo lo que es mío, es tuyo Bella.- sus palabras sonaron tiernas y me derretí con ella.- No tienes que pedir permiso, puedes tomar lo que quieras.

Le sonreí más tranquila cuando lo escuche. Edward sabía, a veces, decir las palabras correctas. Aún así, siempre sabía cuando regarla, aunque hoy no era el caso.

Edward pasó un brazo por mi cintura, arrimándome más a su cuerpo, y yo deje caer mi cabeza en su pecho.

Por un tiempo no dijimos nada, nos dedicamos a observar el jardín y a apreciar el clima primaveral que seguramente mañana perderíamos.

Seguramente habían pasado unos cuantos minutos, pero a mí me parecieron perfectos. En ese corto tiempo, deje que mi cuerpo se desestrezara y aprovechará la cercanía de Edward.

-¡Me olvide!.- hablo de repente, haciendo que saltará de mi lugar. Edward se rió de mi acción, y volvió a empujarme a mi anterior lugar. No había espacio entre nosotros, y eso me agradaba.

-Aparte de querer sacarme el corazón ¿Qué es lo que has olvidado?.- inquirí. La curiosidad me estaba matando ¿Se tenía que ir, y me dejaría sola durante toda la tarde?

-Vine aquí a decirte algo, y aún no lo he hecho.- se rió de si mismo.

Sus brazos abrazaron con más fuerza mi cintura, como si me estuviese reteniendo. ¡Cómo si fuera capaz de volver a huir de él!

-¿Y qué es?

-¿Quieres que salgamos?.- abrí los ojos, sin entender.- Sé que amas estos días, y hay mejores formas de aprovecharlos que estando en el jardín.

-Lo dudo.- repliqué. Edward no entendía lo relajante y hermoso que era su jardín.

Se rió, y beso mi cabello. Eran gestos inocentes, pero en mi lograban que mis sentimientos se fueran de control.

-Quería llevarte a caminar por el bosque, pero si quieres…

-¡No!.- salte de repente, cortando lo que estaba a punto de decir.- Es una bonita idea.

Gire la cabeza y le sonreí. Edward se inclino, y beso mi frente antes de soltarme y ponerse de pie. Extendió una mano hacía mi y la tome, gustosa de la ayuda que me estaba brindando.

Tome el libro y nos dirigimos a la mansión. Edward le aviso a Esme que salíamos mientras yo dejaba el libro en la mesa de la cocina.

Aunque la casa de Edward estaba en medio del bosque, él decidió ir más cerca de Forks. No tardamos en llegar, y estando allí perdimos la noción del tiempo.

Hablamos y caminamos sin presentar atención adonde estábamos yendo. Edward tuvo que sujetarme varias veces, ya que mi torpeza hizo acto de presencia.

Durante todo el camino, Edward me aseguro que no estábamos perdidos. Le creí, aunque me gustaba preguntárselo de vez en cuando.

Pasamos todo el tiempo disfrutando del día y removiendo viejas anécdotas. Edward fue el que más hablo, y se lo agradecí. Amaba oír su voz, en especial cuando se dirigía a mí.

Todo iba maravilloso, quería quedarme de esa forma por siempre. Con Edward tomando mi mano, con el Sol bajando sobre nosotros, y hablando de lindos recuerdos que vivimos juntos. Pero sabía que no podíamos, y el timbre del celular de Edward me lo confirmo.

Era Alice, quién paso más de 15 minutos tomados por reloj regañando a Edward por el hecho de que aún no habíamos vuelto a casa. Parecía más su mamá, que su hermana. Por lo que había oído, debíamos de haber llegado hacía hora y media, ya que Ángela y Ben ya habían llegado para pasar la noche que Alice había planeado. Sabía que los había invitado para suplantar a Emmett y a Rosalie, pero temía lo que podía haber planeado. Ahora era libre de hacer cosas que con ellos no podía.

Una vez que Alice corto, no nos quedo otra que volver. No nos habíamos dado cuenta cuanto nos habíamos alejado, hasta que lo tuvimos que hacer todo sin descanso. Llegue agotada, y eso que mitad de camino Edward me había llevado en su espalda ya que decía que era un tramo peligroso para mí si lo hacía rápido.

Cuando abrió la puerta, Alice salto sobre nosotros. Mientras ella nos gritaba, me dedique a observar a Edward. Al parecer estaba tan agotado como yo. Cada tanto ambos asentíamos con la cabeza, o contestábamos con unos simples 'No volverá a suceder' o 'Lo sentimos'. No estaba segura de sí Alice se había percatado del hecho de que ninguno de los dos la estábamos escuchando, pero ella seguía gritándonos. Después de conocerla de toda la vida, seguía preguntándome de quién había heredado ese carácter. Ni Carlisle ni Esme eran tan autoritarios. Quizás se debía a que era la menor y la única mujer, pero seguía siendo un misterio.

Tanto Jasper, como Ben dedicaron atención a los videos juegos. Ángela al principio nos había prestado atención, y reído de nosotros, pero luego se concentro en los chicos.

No estaba segura de cuanto llevaba Alice gritándonos, pero al fin nos ordeno que subiéramos a bañarnos y a cambiarnos porque éramos un asco. No me queje ya que no quería volver a quedarme allí parada mientras ella me gritaba. Al parecer, Edward pensó lo mismo.

Ángela y Alice subieron conmigo, y una vez que nos encerramos en mi recamara los chicos subieron.

Mientras ellas se dirigían a mi placard yo me metí en el baño. Prendí la ducha y me metí bajo ella. No me había dado cuenta de cuanto la necesitaba. El agua calienta cayendo por mi cuerpo logro que mis músculos se relajasen. Oí que la puerta era abierta, seguramente era alguna de mis amigas dejando mi ropa.

Suspire, sabiendo que era hora de salir de la ducha. Envolví mi cabello en la toalla, y seque mi cuerpo, antes de meterlo dentro de la bata.

Al salir de la ducha, casi me caigo para atrás. Allí, frente a mí, estaba mi peor pesadilla. ¡Estaban locas! Es decir, ellas podían ponerse aquello ¿Pero yo? ¡No podía! Ambas podían vestirse de esa forma para sus novios, pero yo no tenía a nadie a quien mostrarle aquello.

Levante con manos temblorosas el conjunto. Un camisón muy corto de ceda color azul; tenía un escote muy pronunciado y la parte de arriba era de encaje. El encaje y la ceda frisada se unían con un lazo fino. Me había dejado la ropa interior, haciendo juego del mismo color y toda de encaje.

Mis ojos estaban desorbitados ¿Qué había pensado Alice cuando me compro el conjunto en Victoria's Secrets*? ¡Seguramente había bebido de más!

Tome la ropa con fuerza entre mis manos, y salí dando tropezones. Me quede de piedra en la puerta. En mi recamara, ambas sentadas en la cama, estaban vestidas de la misma forma. Al parecer Alice había pensado en ellas también o había habido una liquidación de 3x1. La única diferencia entre cada camisón era los colores. Ángela lo llevaba en negro, y Alice en un bordo.

-¿Qué haces todavía, que no te has cambiado?.- la pregunta de Alice me descoloco.

-Sólo tengo un duda.- trate de que mi voz no demostrará demasiado lo histérica que me encontraba.- ¿Cómo es qué todavía estas en libertad?

Alice y Ángela se perdieron con la pregunta.

-¿Cómo?

-¡Estas loca de remate!.- explote.- ¿Cómo pensaste que iba a ponerme esto? ¡No soy una puta!

Ángela se tenso en su lugar, y Alice me fulmino con la mirada. Se levanto, desafiante, de su lugar y camino de forma intimidante hasta mí. No me eche hacía atrás, estaba decidida.

-¡Eso te vas a poner esta noche, y no hay discusión!.- chillo, aún más fuerte que yo.

-¡No! ¿Es qué no piensas, Alice? ¡No puedo!

-¿Por qué no, Bella?.- interrumpió Ángela, antes de que Alice me mandará a freír churros a la plaza.

-Porque…- empecé dándole un tono obvio a mi voz.- Yo no soy sexy.- me apresure a hablar cuando vi que ambas querían opinar.- Y sí lo fuera, no tengo a quién parecerle sexy. No puedo andar por la casa tan provocativa como ustedes, por el simple hecho de que no tengo a quién mostrárselo.

-¡Eso es absurdo!.- dijo Alice alzando los brazos, frustrada.

-La verdad, Bella. Es que no tiene ni pies ni cabeza tu excusa.- hablo Ángela con un tono más conciliador. Aún así no me gusto que estuviera en mi contra.

-¡Si lo tiene! Yo no tengo un novio al que le pueda mostrar esto.- dije refiriéndome a los pedazos de tela que llevaba en mis manos.- Ustedes.- las señale con el dedo.- Tienen a Jasper y a Ben para enseñarles su vestuario, y a quienes puedan parecerle sexys. En cambio, si yo salgo así pareceré una puta y desesperada. ¡No quiero!

Ángela se mostró comprensiva, pero los ojos de Alice flamearon. Se acerco a mí y empezó a empujarme dentro del baño. Intente deshacerme de su agarre, pero no pude. Era chiquita pero con fuerza.

-¡Te pones eso en cinco minutos, o entro y bajas desnuda!.- grito y después de eso cerro la puerta con exagerada fuerza.

Me quede de pie frente a la puerta, respirando con dificultad. Estaba más que enfadada. Alice me estaba haciendo la vida imposible, y dudaba que fuera a perdonarla después de esto.

-¡Te odio, Mary Alice Cullen!.- chille mientras me vestía.

Cada movimiento que hacía, lo daba con bronca. No me importaba si me lastimaba en el camino o no, simplemente no podía controlarme.

Salí sin dirigirles ni siquiera una mirada a las dos intrusas que estaban en mi habitación. Me cepille el cabello rápidamente, me coloque la crema en mi cuerpo y un poco de perfume. Sin más sale de allí, sin dejar que dijeran algo o que me siguieran. Me daba igual, no las quería ver, aunque sabía que eso era imposible.

Recosté mi cuerpo en la pared de enfrente a mi habitación y espere a que salieran. Tardaron su tiempo, cuando lo hicieron gire mi cabeza a otra dirección. Bajaron las escaleras, y una vez que estuve segura de que habían llegado al último piso, me acerque al pie de ellas.

Incline un poco mi cuerpo, y tratando de no caerme, llame a Edward. No tarde en escucharlo subir las escaleras, venía corriendo.

Camine hasta quedar junto a su puerta. Cuando termino de subir el último escalón, levanto la mirada y se quedó parado allí. Sus ojos se abrieron como platos, y me escanearon sin pensarlo. Mis mejillas se tiñeron cuando su boca se abrió un poco.

Carraspeé mi garganta para llamar su atención. Dirigió sus ojos a mi cara, y pode ver como él también se sonrojaba.

-Bella, estás…

-¡Ni se te ocurra decir una palabra!.- le advertí, irritada.

Supe que estaba sorprendido por mi actitud, pero no dijo nada. Con pasos vacilantes, camino hasta mí. Se puso a mi lado, y me miro con preocupación. Me pegue mentalmente por involucrarlo con mi mal humor, pero era algo que estaba fuera de mis manos.

-¿Qué es lo que necesitas, Bella?.- su pregunta se escucho neutra, formal. Pero sus ojos hacia que sus esfuerzos no valieran la pena.

-Necesito que me prestes algo de ropa.

Edward asintió con la cabeza y paso delante de mí para poder abrirla. Puso la llave en la herradura y la abrió. La sujeto para que pudiera pasar, y él camino detrás de mí.

Camine directo a su armario. Edward se sentó en el sofá y me observaba desde su dirección. Con cualquier otro chico me hubiese dado pudor inclinarme con esta prenda, pero sabía que Edward era un caballero y respetaría eso. Prácticamente me metí dentro del placard, y rebusque entre él.

-¿Qué es lo que sucedió para que te pusieras de mal humor?.- indago desde su lugar.

Saque la cabeza de mis escondite, y vi que su rostro estaba fijo en la puerta. Como había dicho anteriormente, Edward era un caballero. Volví mi cabeza a su anterior escondite.

-No estoy de mal humor.- gemí.

-No, claro que no.- dijo con sarcasmo.- Debí de confundirme con otra persona.

Puse los ojos en blanco. Encontré un buzo de una la Universidad de Seattle, seguramente Emmett se lo había obsequiado. Salí del armario, orgullosa de mi elección. El buzo era lo suficiente grande como para cubrir mi el camisón y poco más de mis piernas.

Me gire, y Edward se arrastro por el sofá haciendo espacio para que me sentase junto a él.

Mientras me colocaba su ropa, camine hasta él. Me deje caer de forma zarrapastrosa. Edward se acerco un poco más, hasta que nuestros cuerpos se rozaron.

-Sí no quieres contarme lo que te molesta, lo entenderé.- Edward paso un brazo por mis hombros y deje caer mi cabeza en el suyo.- Sólo quiero que sepas que estoy aquí para cualquier cosa.- declaró.

-Es sólo…- quería que supiera que confiaba en él. Lo único que me impedía contarle lo que me pasaba era el pudor, y el simple hecho de que él era un hombre y yo una mujer.-, que me de vergüenza.

-No voy a juzgarte.- Sabía que no lo haría, nunca lo hacía.

-Lo sé.- me sinceré.- El problema es que vas a reírte de mí.

-Sabes que jamás tus problemas van a causarme gracias. No me gusta que estés mal.- Dejo caer su boca en mi cabeza y la dejo allí, en un largo beso. Luego, sin moverse de esa posición, continúo hablando.- Por más que sea una tontería.

Suspiré, era increíble lo que lograba con palabras. Me derretía por él en menos de lo que era considerable; caía en sus redes como los insectos lo hacen con las telarañas.

-Es sólo que odio que Alice crea saber lo que es bueno para mí o no. Se supones que yo soy la que puede opinar sobre lo que es mejor o no.

-Pero eso siempre fue así, ya la conoces. ¿Qué fue lo que cambió hoy?

Edward realmente se veía interesado en mis problemas. No estaba segura de si iba a poder explicarle exactamente mi punto, ya que parte de mi problema era por él. Aún así, empecé a soltar las palabras sin querer pensar en lo que de verdad estaba diciendo.

-Ella cree que puede hacer de mí lo mismos que es ella, Rose o Ángela. Me molesta que no sé de cuenta de la diferencia. ¡No estoy a la altura de ellas!

-Claro que no.- Aunque yo misma me lo decía muy seguido, el hecho de haberlo oído de los labios de Edward se sintió mucho más hiriente. Intente apartarme, pero Edward se aferro a mí como un niño a su madre.- Déjame acabar, Bella. Tu no estas a la altura de ellas, tú vas mucho más allá.

-¡Oh, vamos, Edward! Sabes que no es así. Las tres son hermosas, tienen novio, personalidad… Yo no le llego ni a los talones a ninguna. ¡Es frustrante!

-¡Eso es lo que tu te quieres creer!.- contraataco Edward. No me estaba gustando la dirección de esta conversación.- Eres mil veces mejor que ellas. Eres hermosa, Bella. En todo sentido.

-No sé por que haces esto. De cualquier forma ese no es mi mayor problema en estos momentos.

Edward pareció desencajado, pero no continuo. Supo que le había dado fin a la conversación, y retomarla, sería un error.

-Entonces, ¿Cuál es?

A veces era dulce lo ingenuo que podía llegar a ser. Casi como un niño inocente.

-El hecho es que Alice me vistió como si estuviera gritando a los siete vientos, que estaba desesperada. Tanto Alice como Ángela podían ponerse el camisón porque tienen a quien parecerles sexys. Yo, no. En mi situación era humillarme sola y parecer desesperada por el hecho de no estar con nadie.

-Es ridículo.- sentencio. Sabía que no quería cabrearme más, pero no estaba haciendo un buen trabajo con ello.

-No, no lo es. Yo no soy sexy, y ese camisón me hacía ver como una puta. Nadie iba a apreciar como estaba de sexy, por el simple hecho de que no estoy con nadie. Odio que Alice no piense en mí cuando se le ocurren esas cosas. Ella piensa que puedo ser igual de sexy que Rose, o incluso ella misma. Pero no es así. Yo no soy sexy.

-Entonces, haber si entendí.- No había sido la mejor idea abrir este tipo de sentimientos con un hombre.- ¿El problema es qué no te consideras sexy?

Rodé los ojos. Al parecer no sabía como exponer mi punto, ya que mis amigas habían entendido lo mismo.

-No, al menos no todo. El problema es que no tengo a quién parecerle sexy.

Edward no dijo nada, parecía estar meditando mis palabras. Mis nervios estaban floreciendo, y no ayudaban en nada al hecho de que aún seguía enfadada. ¡¿Es qué nadie podía entenderme?! ¡¿Tan complicada era?! Ok, no necesitaba una respuesta a la última pregunta, la sabía muy bien. Sí, era demasiado complicada.

-Bella, no parecías una puta. Te veías realmente genial.

Su respuesta logro que no lo soportara más. ¡Creí que él me entendería! Me deshice de su agarre con brusquedad, y me levante. Iba a pasar una velada realmente estresante ¡Pero, es que todos estaban en mi contra!

-¡Creí que tú, de entre todos, me entenderías!.- solté mientras daba pataletas en dirección a la puerta.- ¡Pero al parecer me equivoque!

Antes de que pudiera salir de su habitación, me tomo de la muñeca y jalo de mí. Mi espalda golpeó con su pecho, y sus brazos rodearon mi cintura. No forcejé, parte de mi no le importaba perder la dignidad y el orgullo que me quedaba. Edward nos movió hasta nuestro anterior lugar.

-Por favor, Bella. No quiero que nos volvamos a pelear, sólo quiero entenderte.

Suspire. Me había comprado, con simplemente susurrarme al oído y tenerme envuelta en sus protectores brazos.

-Edward, lo que me molesta es vestirme de una forma con la que me siento incomoda y ni siquiera poder pensar, que por más de no estar a gusto, alguien lo va a apreciar. Sí Alice o Ángela no están del todo cómodas, tienen el incentivo de que sus novios siempre las verán sexys y las halagaran.

Edward puso más fuerza en sus brazos. Me sentí avergonzada por lo que había dicho, aunque Edward no lo notaba. Parecía como si estuviésemos hablando de las carreras de autos, en vez de mi poca autoestima y mi falta de vida amorosa. Mis mejillas no tardaron en teñirse, y fije mi vista en mis manos, que estaban entrelazadas en mi regazo.

Me corrí un poco de los brazos de Edward, y él lo permitió seguro de que no iba a escabullirme de nuevo.

El silencio se volvió incomodo, y tuve ganas de matarme por haberle dicho todo lo que me pasaba a Edward. ¡Necesitaba un psicólogo! Edward no iba a poder cargar con mis tontas penas. En especial cuando era un tanto femeninas.

De repente, volví a sentir un brazo de él en mi cintura. Hizo fuerza de forma que mi cuerpo volteará un poco, quedando frente al de él, y con su mano libre tomo mi barbilla y la levanto. Me sonroje más cuando nuestros ojos se chocaron.

-Bella, quiero que me escuches y no me interrumpas.- Ni siquiera me dejo asentir, y continuó con su discurso.- Entendí tu punto, pero quiero que veas también el mío.- Tomo aire. Mis ojos estaban conectados a los de él, no podían apartarse aunque los obligase.- Eres hermosa, y no estoy seguro por qué no lo crees.- Abrí la boca para, pero el puso un dedo en mis labios. Cuando estuvo seguro de que había entendido el punto, bajo la mano de nuevo a la cintura.- No te veías como una puta, ni mucho menos Bella. Eres sexy, con ese o sin ese camisón. El punto de que sintieras incómoda con él puedo entenderlo. Lo demás, no. No puedes comparte con mi hermana o las demás mujeres.- mis ojos se estaban aguando por sus palabras. ¿De verdad Edward me estaba diciendo todo esto?.-Eres como un pétalo de fuego ¡Eres mejor que ellas! Eres hermosa, pasional, inteligente. Y sí, también eres muy sexy. No estoy seguro como demostrarte lo que causas en los demás…

-Edward no es neces…

-No, déjame acabar.- su voz autoritaria hizo que le hiciera caso.- Quiero que sepas, Bella, que si hubieses bajado sin mi buzo esta noche nadie te hubiera juzgado. Te hubieran dicho lo hermosa y sexy que estabas. Por es lo que eres, yo lo pienso así. No conozco a nadie que se compare a tu belleza.- Su voz fue perdiendo volumen al final.- Eres mi pétalo de fuego, Bella.

Su rostro se había acercado considerablemente durando su monologo, tanto que nuestras nariz se podían rozar. Mi ojos estaban aguados, pero de felicidad. ¡No podía creer todo lo que Edward me había dicho! Estaba alucinada. No podía ser más dulce y tierno.

Nuestra cercanía no me ponía nerviosa, más bien la anhelaba. Su mano en mi cintura me había acercado más a él con delicadeza y su mano en mi barbilla estaba firme, como si temiera que corriera la cara en cualquier momento. ¡¿De verdad me creía capaz de ello?!

Corrió un poco su cara hacía la derecha, haciendo que nuestras narices se rozarán de costado. Los ojos de Edward empezaron a cerrarse, y yo deje que mis parpados lo imitarán.

Su calido aliento se mezclaba con el mío nervioso. Esta vez nada podía arruinarlo, no estaba Lauren aquí para que Edward me usara para darle celos, pero no podía evitar pensar que algo iría mal. Quizás era simplemente por el hecho de que así siempre era entre nosotros, pero en este caso el ambiente era más íntimo que los anteriores. No estaba segura del por qué, seguramente por la conversación que anteriormente habíamos mantenido o por el hecho de que nos encontrábamos solos.

Su rostro se acerco tanto a mí que nuestros labios llegaron a rozarse. Un roce simple, una tanto lejano e inocente, pero era un gran paso.

-¡Sí no son capaces de bajar en este instante los matare!.- ¡Diablos!

Ambos nos separamos con la mayor rapidez de la que éramos poseedores. Salte ante aquel grito de tal forma que me aleje de Edward tanto como el sofá me lo permitía. No podía estar más avergonzada ¡Quería morirme! Mis mejillas ardían y mi cuerpo temblaba. Pero lo peor era como estaba mi corazón.

Edward miraba fijamente algún punto de la habitación, dándome la espalda. Su rechazo me dolía, el hecho de que se estuviera arrepintiendo de lo que casi paso me destrozaba. Pero no paso, y debería de estar bien él de esa forma.

Aunque me dolía el alma su rechazo, no quería que por esto nuestra amistad se acabara. ¡Tres veces en un día había estado a punto de echarlo a perder! Al igual que en las otras situaciones estaba dispuesta a arrodillarme y suplicar si fuera necesario para que no volviera a alejarse de mí. Sabía que esta vez la situación era más delicada, pero no me importaba.

Le diría a Edward que no se sintiera mal, que nada había pasado y que no estaba molesta con él. Le suplicaría que olvidase esto y volviéramos a estar igual que antes. Cualquier respuesta negativa de su parte, trataría de convencerlo de que todo estaba bien.

¡Sí! Por más que odiaba que sólo estuviésemos juntos como amigos, era mucho mejor que estar nuevamente separados. Odiaba cuando entre nosotros había distancia e incomodidad.

Respire varias veces, necesitaba con todas mis fuerzas que mi agonía no se trasmitiera en mis palabras. Tenía que sonar convincente, por más que me estuviera muriendo por dentro.

Abrí los ojos lo más que pude, fije la vista en el techo y deje que se secarán las lágrimas que nunca cayeron.

Una vez que estuve segura de que estaba relativamente calmada, gire mi cuerpo enfrentándome a la espalda de Edward. Sentí un flechazo, no quería mirarme siquiera de reojo.

Suspire nuevamente, descartando ese pensamiento, por el momento era lo que menos necesitaba: pensamientos negativos.

Abrí la boca para hablar, y saber que una vez que mi monologo comenzará no habría forma de volver el tiempo atrás…

… como siempre deseaba que sucediera.

-¡Si no son capaces de bajar solos los buscaré yo misma, y los traeré de los pelos! ¡He dicho que bajarán ahora!

Salte de golpe, poniéndome de pie al mismo tiempo que Edward.

Una lágrima.

Ya no era un pétalo de fuego.

Alice.

Iba a morir.

.

.

*Pétalo de Fuego: se llama así a los pétalos de las rosas. Se suponen que son los pétalos más hermosos, y al igual que a la rosa se los asocia a la belleza y a la pasión.

*Magdalena: no sé si todos usan esta expresión, por eso la explico. Una magdalena es una persona que se la pasa llorando.

*Bruno Bettelheim: como Bella lo explica, es un psicólogo que vivió entre la segunda guerra mundial. Sus análisis se basan en los problemas que tuvieron los niños que vivieron en los campos de concentración. El libro se llama Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas, y en mi opinión es muy bueno. Explica las distintas moralejas de los cuentos, lo que cada uno enseña y lo que hay detrás de ellos. De verdad es muy bueno e interesante.

*Narciso: era un joven conocido por su gran belleza. Tanto doncellas como muchachos se enamoraban de él a causa de su hermosura, mas él rechazaba sus insinuaciones. Narciso era el Dios más hermoso dentro de la mitología griega.

*Victoria's Secret: Estoy segura de que todos saben que es, pero por si acaso. Es una marca de lencería de USA. Además les quería decir, que hay una imagen del camisón en mi perfil.

.

Aviso: Bueno me han nominado en varias categorias de los Spanish Twilight Adwards y me encantarían que se pasarán por allí y me den algo de apoyo (claro si es que me lo merezco :P ) Link (sin espacios): http : / / www . fanfiction . net / forum / Spanish _ Twilght _ Adwards / 57150 /

.

¿Qué les pareció el chap? ¡Lamente la tardanza! Pero fue un mes largo, empecé el cole, fue mi cumple, tuve problemas personales… En fin, realmente no he tenido tiempo. ¡Además me atrase porque se me hacía largo el chap, y se me borro la mitad! No sé que me esta pasando últimamente, pero los chap de este fic no me salen cortos. La idea original para este chap la tuve que cortar, porque sí no los haría esperar más y no lo acabaría nunca. ¡Veintiún hojas de Word! Sin duda mi record.

El principio del capitulo es un sueño, un recuerdo. Lo aviso para el que no se dio cuenta, como paso en un capitulo anterior.

Ganador:

B)El Epilogo con un Bella POV; y CON SECUELA DE JCF.

Aviso 1: AÚN FALTA PARA EL FINAL DE ESTE FIC. PERO LO PREGUNTE PORQUE TENIA IDEAS.

Aviso 2: (está en mis favoritos) Empezó con la adaptación de 'Casualidades Fugases' en el mundo de HP, también ha traducido mi OneShoot 'Living In A World Without You' al ingles. ¡Me harían muy feliz si se pasarán por alguno de ellos, y a ella mucho más!

Aviso 3: Emmett McCarty Cullen está en el proceso de traducción de mis OneShoots 'Aullidos de Muerte', los subira juntos, al ingles. Cuando suba alguno lo avisaré, pero también me gustaría que pasarán por él.

Ambos (, y Emmett McCarty Cullen) son nuevos en FF, y un poco de apoyo les caería muy bien.

.

PROPA!

Bella y El Cascanueces (OneShoot, ExB, Absurdo y Cursi :) ) ¡Pasen por favor! NEW!

The Night Before Saint John (OneShoot, ExB)¡Pasen por favor! NEW!

La Rosa Negra (Todos humanos, ExB)

Aullidos de muerte (OneShoot, ExB)

Leyenda de San Valentín (Ganadora de un concurso literario de mi país y otros dos en Internet. OneShoot ExB) http:// www. fanfiction. Net /s/ 4933755/ 1/ Leyenda_de _San _Valentin (sin espacios)

Adiós, Elena (OneShoot, Matt, Vampire Diaries) ¡Pasen por favor! NEW!

Confesión (OneShoot, Damon, Vampire Diaries) ¡Pasen por favor! NEW!

.

PROXIMAMENTE!

Edward's Song (Continuación de Aullidos de Muerte. OneShoot) Porque Edward también sufrió cuando se alejo de Bella en NM.

.

MUSHIAS GRAX POR SUS RR :)

Nos leemos en el proximo chap, dejen RR :)

RECUERDEN QUE LOS RR ANONIMOS QUE REQUIERAN RESPUESTA O LO QUE SEA DEBEN DEJAR SU MAIL, YA QUE NO TENGO OTRA FORMA DE CONTESTARLOS. Y CUANDO DEJEN EL MAIL RECUERDEN PONER ESPACIOS ENTRE EL Y LOS NOMBRES ( ejemplo.89 Hotmail. Com)

Besop(L)

Hasta el crepúsculo…

Luchyrct

CLICK HERE, REVIW!

24