Cuando llegues a Amarme
Acto siete
Sin Amor
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Para matar el tiempo, Fukio y Riuji salieron a caminar. Se sentían nerviosos, porque conforme habían pasado los días, se habían convencido de que algo verdaderamente grave estaba pasando. Necesitaban un tiempo a solas como hermanos para platicar sobre lo que pensaban del asunto y de lo que pasaba con ellos.
-Tenías razón sobre la señora Himura. Es muy bonita.- dijo Riuji, tras comprar unas golosinas para compartir.
Fukio sólo suspiró.
-¿Me podrías explicar qué fue lo que pasó para que las cosas hayan terminado así?
-Ni siquiera yo lo entiendo demasiado, hermano. A veces siento que... he sido muy estúpido en no darme cuenta antes de las cosas.
-Pero ella te engañó y acabó casada con él, ¿no?
Iban pasando por un puente. Los hermanos se acercaron a la orilla para mirar el agua pasar.
-Creo que... es más complicado que eso. Cuando supe que me dejaba, me enfurecí. La odié... pensé que era la peor de las mujeres. Ahora que han pasado los días, he llegado a pensar que ella era la engañada.
Riuji miró fijamente a su hermano, entrecerrando los ojos, intentando comprender sus palabras.
-Para estar casada con el hombre que la forzó, se ve bastante bien.
-Así como los ves ahora se han visto siempre. Ese aire de complicidad entre ellos, la tranquilidad con la que llevan su relacion, la forma en que se miran y se hablan. Aunque de parte de ella la cosa no ha cambiado mucho. Pero él... Kenshin se ve a todas luces más contento. Obtuvo lo que deseaba, después de todo.
"Kaoru siempre me hablaba de él. Sé todo lo que debiera de Kenshin. Creo que siempre fue su tema favorito y siempre se mostraba preocupada de lo que le pasaba, lo que hacía o si estaba descansando bien. Si no me di cuenta de antes fue porque yo también quería estar con ella al punto de pasar por alto ese detalle. Por eso pienso que Kaoru, por alguna razón que no entiendo, se engañaba a si misma."
-Ya veo, Fukio. Y lamento que te haya tocado vivir esta situación.
-¿Sabes? Pienso que si no se hubiera dado este asunto de las masitas de mamá, Kaoru hubiera llegado a casarse conmigo, y hubiéramos llegado a tener un plácido matrimonio. Kenshin se hubiera marchado... yo tendría un dojo. Y tal vez al pasar los años tendríamos hijos. -
-Pero con lo que me cuentas de ella, ¿hubiera sido feliz?
Fukio se sacó una hoja que traía sobre el hombro y la arrojó al agua.
-No. No lo hubiera sido. Lo supe el dia que Kenshin anunció que se marcharía. No sé si fue consciente de ello, pero la expresión de abatimiento que llevó durante el camino... no pude pensar en otra cosa durante ese día. Ella estaba enamorada de él desde mucho antes.
Soltando el aire lentamente, Riuji miró hacia el cielo.
-Tal vez lo de las masitas fue para mejor en este caso. Kenshin y Kaoru pudieron tener su final feliz. Pero tú te quedaste sin novia. Y ahora sabemos lo de Makoto.
-Y lo de Naoko.- dijo Fukio.- ¿Será cierto que mamá ha hecho estas cosas con el fin de apartarnos de las mujeres que queremos? Recuerdo que siempre me decía que la mujer que eligiera debía ser pura. Hizo mucho hincapié en eso.
-Es cierto. A mí me dijo lo mismo.
-¿Y qué haremos al respecto?
-No lo sé, hermano... no lo sé. Lo primero es averiguar bien qué ha pasado.
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Kaoru observó con atención el modo en que Omasu puso una col en el agua hirviendo y luego ella hizo lo mismo en otra olla que había sobre la estufa. Tras varios minutos de cocción, el sabor de ambas coles era igual de bueno y Kaoru aprobó la lección de hervir una col. Durante la tarde, Okon le había prometido enseñarle a hacer panes al vapor. Llevaba dos dias en eso y a pesar de sus inseguridades, aprendía con rapidez.
Su padre nunca había tenido paciencia para enseñarle esas cosas, pensó Kaoru con cierta amargura. Él amaba el kendo por sobre todo, en eso se refugió tras la muerte temprana de la esposa, al punto que descuidó a la hija y sus necesidades de aprender a valerse sola en las cosas prácticas del mundo, como cocinar. Cuando para acercarse a él, Kaoru mostró interés en las espadas de madera, el señor Kojiro la introdujo de lleno en las prácticas, al punto que ordenaba su comida en Akabeko, al señor Sekihara, todos los días, y eso le evitaba perder su tiempo cocinando a la niña.
Kaoru siempre había querido aprender a preparar alimentos, pero no había encontrado el tiempo para hacerlo. A veces miraba a las señoras que los invitaban a comer y ella hacía lo que podía en su cocina, pero el padre le había prohibido preguntar cómo se hacían las cosas para no quedar como despreocupado de ella, y por más atención que Kaoru puso siempre, al intentar cocinar en su casa nada quedaba igual a lo que había probado, por no entender de mezclas, de sazón y de aquellos secretos que toda cocinera maneja como el calor que debía tener el fuego según si preparaba arroz, o sopa, o fideos o los tiempos de cocción.
Su gran pena inconfesable era ser incapaz de preparar algo a sus seres queridos que quedara comestible. Su enorme tristeza era notar a Kenshin cuando le costaba tragarse lo que con la mejor de las voluntades había cocido. Aunque ponía una sonrisa despreocupada en su rostro, cuando Yahiko se reía de su comida, era como una puñalada para ella.
Por eso, cuando las ninjas le ofrecieron enseñarle un par de platos básicos para empezar, no dudo en aceptar el trato. Además, así mataba el tiempo. Kenshin no estaba muy interesado en recorrer Kyoto porque la pintoresca ciudad le traía malos recuerdos y aunque no lo decía, ella lo notaba incómodo cuando ella sugería salir, asi que dejó de hacerlo, si bien le había prometido sacarla de paseo en un par de días.
Anotó en un cuaderno que Misao consiguió para ella, las indicaciones que le dio Omasu para preparar algunos alimentos con lo que llevaba aprendido. Se lo guardó entre el obi y el kimono y regresó a la cabaña que compartía con Kenshin tras su clase, para poner orden.
El futón seguía colgado donde él lo puso en la mañana para ventilarse. Lo metió a la cabaña y lo guardó en el armario, así como el resto de la ropa de dormir. Debía apresurarse para llegar a la hora de la comida, pero no pudo evitar detenerse a pensar en los últimos días.
Llevaban una semana en Kyoto y cada noche era lo mismo. Tras un día de calma y sonrisas, al cerrar la puerta de la cabaña, Kenshin se transformaba ante ella. Se convertía en un amante apasionado y dedicado, que no la soltaba hasta asegurarse de que había alcanzado el climax y sólo así se permitía alcanzarlo él. Kaoru estaba sumamente agradecida con eso, le encantaban sus días y sus noches y su dormir a su lado, pero la entristecía un poco el que él fuera tan dominante en la alcoba y que no la dejara tocarlo. Con mucho, le permitía poner las manos en su pecho o abrazarlo mientras la penetraba. A veces la colocaba encima suyo, pero guiaba sus caderas.
Tomó el gi azulado de Kenshin para llevarlo a lavar. Lo apretó contra su pecho abstraída en sus pensamientos.
No estaba segura de cómo proceder. Tal vez debía aceptarlo así, sin reclamos, porque era el hombre y sabía un poco más que ella por experiencia o por lo que pudo haber aprendido en el mundo, además, la pasaba tan bien a pesar de lo brusco que podía llegar a ser, sentía tanto placer en sus encuentros, que se sentía miserable con sólo pensar en hacer el reclamo. Por eso le urgía aprender a cocinar tan pronto. Ella necesitaba demostrarle de alguna manera lo que sentía por él, que Kenshin notara que se esforzaba en algo para agradarle. Entregarle su cuerpo no era suficiente. Quería nutrirlo, cobijarlo, entregarle su tiempo... su alma. Quería ser la mejor compañera que él pudo encontrar para vivir su vida. Sentía todo eso intensamente, porque definitivamente él era su amor. Pero temía que tal vez él no sintiera por ella...
Bajó la cabeza y cerró lo ojos, sin soltar la ropa, y se sobresaltó cuando sintió una mano en su espalda.
-Kaoru...
Kenshin había llegado y la había observado unos momentos. Ella no lo sintió acercarse. Le pareció tan bonita y tan frágil que se sintió atraído a abrazarla.
Le puso un beso sobre la frente y luego sobre los labios. Ella le sonrió.
-Me dijeron que la comida está lista.
Kaoru asintió y cogió el resto de la ropa sucia para envolverla en un paño. Kenshin le quitó la bolsa antes de salir de la cabaña y abrazándola por la cintura, la volvió a besar.
Ella puso las manos en su pecho para apoyarse y devolvió beso por beso. Al terminar, ella restregó suavemente la punta de su nariz contra la de él. Ese gesto tierno sorprendió a Kenshin gratamente. Quedó fascinado con el calor que abrigó su corazón. Quería más de eso, pero tenían que ir al comedor. Pero ya llegaría la noche.
La soltó y caminó a la puerta. Recogió la bolsa de ropa sucia antes de salir y llamarla a que lo acompañara. Era hora de ir a comer.
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La tarde estuvo ajetreada para Kenshin. Había ayudado a Aoshi a poner en orden sus libros y documentos secretos de importancia. Se sintió honrado con la confianza depositada en él para efectuar esa delicada labor y resultó ser muy eficiente como bibliotecario.
Arrastraron cajas con rollos, papel, libros pesados y dejaron algunos aparte para enviar al restaurador o para generarles una copia. Kenshin fantaseó con la idea de tener un trabajo como ese alguna vez y tras acomodar el último libro, los hombres limpiaron todo prolijamente y fueron a tomar un baño.
Hambrientos, llegaron al comedor cuando se disponía todo para la cena sobre la mesa. Misao irradiaba felicidad, como siempre y cuchicheando con Kaoru, terminaban de poner los pocillos con diferentes preparaciones en tanto Omasu se ocupaba del arroz.
El ambiente durante la cena fue muy grato, tanto que casi parecía una fiesta. Okina conversaba con Riuji y Fukio sobre viejas historias ninja de las que podía contar, mientras Aoshi miraba con disimulo a Misao que, sentada al lado de Kaoru no paraba de hablar. Kenshin en tanto participaba un poco de la conversación de Okina mientras distraído, tomaba una masita con forma de repollo de un pocillo cercano.
Se detuvo al sentir su sabor. Pestañeó un par de veces y tras tomar un poco de arroz, comió otra masita.
Miró en la mesa. Todos comían y hablaban y reían y tenían masitas a su disposición, pero a nadie parecía sorprenderle lo buenas que estaban. Tal vez Misao y compañía ya estuvieran acostumbrados a ellas. No molestaba a nadie si comía un poco de más y tras la quinta o sexta que alternó con otras preparaciones, su hambre se sació, aunque se preguntó especulativo si podría volver a comerlas al desayuno.
Después de pensarlo un poco y tomar algo de sake, comió la séptima. Kaoru reía de algo con Misao y parecía no prestarle atención. Pero él se sentía muy feliz. Bebió sake con los amigos y luego Fukio pidió la palabra.
Le agradeció a Misao, Aoshi y Okina la hospitalidad con que recibieron a él y su hermano, pero no podía permanecer más días con ellos.
-Visito regularmente a mis padres y ya me he perdido demasiado tiempo. Además, Riuji les había avisado que llegaría, aunque no sabían cuándo. Lo mejor es aparentar normalidad mientras todo esto se aclara e ir a verlos. Desde luego no comentaremos nada de esto en nuestro entorno.
Aoshi no pudo objetar
-Sólo procuren regresar la próxima semana, porque tendremos noticias.
Misao de inmediato preguntó a Kaoru si ellos también se iban. Bajo la mesa, Kenshin le tomó una mano a la joven y habló por ella.
-Nos quedaremos un tiempo más.
Sin dar mayores explicaciones, se retiró a su cabaña y Kaoru lo siguió intrigada. Pensó que aprovecharían para regresar al dojo y se lo expresó mientras se acostaban. Entonces Kenshin estiró su brazo para que ella se acunara allí.
-Cuando fui Battousai, por estas calles corrían rios de sangre. Siempre había fuego, siempre habían cadáveres y parecía un infierno que jamas acabaría. Lo de Shishio no mejoró la impresión que tenía. Pero estaba escuchando a Fukio y su hermano hablar de las cosas que vieron y he pensado que a usted podría gustarle salir de paseo. Mañana podemos empezar a recorrerla.
-¿De verdad?- Kaoru se sintió muy emocionada.
Kenshin asintió y la miró de forma intensa. Entonces la abrazó con fuerza y ella cerró los ojos sobre su hombro.
Tras varios minutos de tierna compañía, Kenshin se despegó un poco de Kaoru para ver si seguía despierta. Tenía ganas de tener relaciones sexuales con ella. Pero estaba dormida.
Se levantaba muy temprano para tomar todas las lecciones que pudiera en el día de cocina. Era muy empeñosa... eran tan linda. Y su rostro sereno y sus labios rojos, y su cuello fino...
Sus ganas lo golpearon tan duro que se sintió un poco mareado por un momento. El nunca se imaginó que la idea de tener a Kaoru a su merced sin ser ella consciente sería tan excitante. Bueno... había fantaseado algunas veces con eso, pero una situación real era diferente.
Ahora no le veía nada de malo. Él era su esposo. Ella su mujer y ella mismo le dijo que podía hacer lo que quisiera. Si lo hacía despacio... no la molestaría.
Con un suspiro, Kaoru se acurrucó contra él. Buscaba su calor, sin duda, ya que para mirarla mejor la había destapado. Pero ella lo buscó para protegerse del frío y le encantó pensar que incluso mientras dormía, ella confiaba en él.
¿No era ese su sueño máximo? ¿Que ella lo siguiera? Y él pensando asaltarla mientras dormía.
Miró su rostro sereno a la luz de tenue de la lámpara. Amó ese momento. Realmente lo hizo, con todas sus fuerzas. La miró con atención tratando de memorizar sus ojos cerrados, sus labios entreabiertos y la forma en que lo quemaba con su mano apoyada en su pecho.
Decidió pensar en Sanosuke vestido de geisha y dormirse, pero al estirarse para apagar la lámpara, ella despertó.
-¿Kenshin? ¿Qué hora es?
-Es hora de dormir.
La joven se estiró y volvió a su lado. Kenshin no supo si lo imaginó, pero le pareció que ella lo hacía de un modo muy sensual. Ya estaba sintiendo su cuerpo encenderse nuevamente.
-Quiero tocarte... - dijo despacio y sorprendido que esas palabras se le escaparan. Medio dormida, Kaoru respondió al borde de la inconsciencia.
-Si hay algo que puedas hacer a esta mujer dormida... hazlo... y si no espera a mañana, no tendré piedad de ti... jojojo.-
Kenshin la vio cerrar los ojos en definitivo y se le empezó a hacer agua la boca.
¿De verdad él podía? Pero mejor esperaba a la mañana. Fue a apagar la lámpara y sus dedos dudaron al tocar la pantalla. Recordó la vez en que le dió el beso y ella no se dio cuenta...
Se le espantó el sueño y volvió a mirarla. ¿Podía hacerlo? Sería algo nuevo. Sólo tenía que ir despacio...
Su miembro palpitaba, en pleno. Sin medir las consecuencias, despacio, se colocó sobre ella y abrió su yukata con cuidado. No acarició su pecho para no despertarla, pero acarició su entrepierna. Ella gimió quedo y él se preguntó si acaso estaría sintiéndolo en sueños. Suavemente la hizo separar las piernas y antes de penetrarla decidió lamer un poco de su intimidad. Sería sólo un poco, aunque con solo probarla enloqueció. Abrió la boca con la intención de abarcar la mayor área posible con su lengua y con sus dientes apretó despacio de un montículo y tampoco bastó. La penetró con la lengua repetidas veces y succionó su humedad como si fuera néctar hasta que sintió que él mismo no podía contenerse más.
Ocasionalmente ella gemía despacio, pero cuando él regresó sobre ella constató que aún dormía. Quería volver a su entrada y sorber lo que quedara, pero no estaba seguro de aguantar más de unos minutos, asi que la penetró un poco más despacio de lo habitual y Kaoru despertó cuando él entraba y salía de ella.
-K... Kenshin...? -
Al percatarse de que abría los ojos, Kenshin la besó de un modo muy sexual. Lo que hacía con su miembro, lo hizo con su lengua en la boca de ella. Estaba desatado y quería invadirla de todas las formas posibles y por alguna razón ella despertó muy encendida, casi con algo de desesperación, a juzgar por el modo en que lo tomó de las nalgas para orillarlo a presionarla más en cada acercamiento. Su sabor picante aún lo saboreaba y no lo dejaba pensar con claridad, asi que notando que aún aguantaría un poco más, se separó de ella para hacerla apoyarse sobre sus manos y rodillas, y así tomarla desde atrás. Kaoru obedeció y aunque trataba de soportarlo, la fuerza de cada embestida la obligaba a doblar los codos, de tal modo que la parte superior de su cuerpo quedó recostada sobre el futón, mientras que Kenshin, aferrado a sus caderas que permanecían en alto, seguía en lo suyo. Pero lo cierto es que ella no quería que él bajara su intensidad.
Con cada entrada, por presión ella expulsaba el aire de los pulmones que arrastraban uno que otro gemido que no podía controlar, pero de pronto, Kenshin se detuvo. Ella pensó que él había terminado, pero estaba lejos de eso.
-Quiero escucharte gritar, como aquella noche.- le dijo al oído cuando la recostó, penetrándola con fuerza e intentando rozarla en cada embiste. Aunque Kaoru no gritó por pudor, se aferró a su espalda y lo arañó ante la desesperación que le causó el placer que la invadió. Y él contento siguió en lo suyo hasta que su placer máximo llegó y cayó agotado sobre ella.
Se acomodaron para dormir y el la aferró por la cintura. Le dejó un par de besos en la curva de su cuello.
-No puedo creer que me lo hicieras mientras dormía...- dijo Kaoru.
-¿Está enojada? Yo sólo seguí lo que me dijo.
-¿Dije algo?.
Kenshin no dijo nada por estar agotado tras dejar su simiente pero ella recordó sus propias palabras. Él puso otro beso en su mejilla e hizo un ruido ronco con la garganta, casi como un ronroneo de gusto. También estaba un poco asustado. Podía ser un perfecto caballero con ella en el día, pero en la noche no podía y no quería. Necesitaba saborearla con desesperación. Ni él se explicaba cómo después de tanto suprimir lo que sentía por ella, ahora no podía esperar a la mañana a que despertara. Se preguntaba si eso sería normal... necesitar tanto su piel.
Pero le encantó... le encantó. Algo en él quedó completamente encendido y ella no parecía enfadada. Esperaba que no le hiciera prometer que no lo haría más porque no pretendía hacer caso.
-Yo pienso que a usted le gustó. Rasguñó mi colita.- comentó, sobándose las nalgas para dar énfasis a su punto.
-Lo siento. No me di cuenta. Pondré más cuidado la próxima vez.
Kaoru entrecerró los ojos. La había pasado divinamente hacía unos minutos. No podía quejarse. En realidad, despertar con Kenshin sobre ella haciéndole el amor la excitó sobremanera, a ella le encantaba y su vida con él era simplemente linda. No había casi quejas pero se sentía preocupada precisamente por todo ese deseo que le mostraba.
Kenshin caía en el sueño cuando algo que dijo Kaoru lo despertó de un plumazo.
-¿Qué?
-Que cuándo llegaste al dojo y empezaste a desearme... exactamente, ¿qué querías conseguir de mí?
-Nada, desde luego...
Kaoru se dio la vuelta para enfrentarlo, aunque no podía verlo pues había apagado la luz. Pero se mantuvo pegada a él. Ya que le había espantado el sueño, ahora tendría que conversar con ella.
-Quiero la verdad. ¿Tú me deseabas para hacerme todo esto? ¿Querías el sexo conmigo?
La pregunta lo descolocó.
-No... no fue así.- comenzó con cautela.- Yo sólo quería estar cerca suyo, ayudarla... no perderla de vista.
Recordó los días en que esas cosas simples le producían placer.
-Pero tras el beso, después de lo de Jinnei... debor reconocer que las cosas cambiaron en mi modo de ver y en las cosas que quería. Si empecé a desearla como mi mujer.
-¿Pero por qué yo? Megumi es más bonita, Tae también y es de tu edad...
-Ellas no me interesan.- rugió.-No vuelva a insinuar algo como eso.
Tras unos segundos de tenso silencio, él comenzó.
-Simplemente usted tiene algo que me gustó desde que la vi. Su forma de ser, de hablarme, de desafiarme cada vez que yo le hacía una sugerencia y usted no hacía caso. La forma de llevar su vida. Para mi también fue una sorpresa quedar atrapado en el dojo Kamiya. No podía irme. Y el beso... ese beso... no sé si fue un error... yo antes besé y fui besado, pero nunca me sentí tan excitado, tan ansioso. Tal vez yo hubiera podido seguir si no hubiera probado su boca.
Kaoru lo escuchaba con atención.
-¿Y después de eso volviste a tocarme... sin que me diera cuenta?
Hubo una pausa. Kenshin se acomodó en su sitio.
-Si.
El corazón de Kaoru se disparó.
-Kenshin...
-Fue un accidente. Un accidente tonto. Si la toqué, pero no fue por que quisiera... es decir, la situación.
Tomándola por la cintura, Kenshin la besó despacio, de tal modo que el mundo de Kaoru se puso a girar. Se alejó un poco de su boca y ella suspiró.
-¿Podemos hablar de eso otro día? Se lo contaré todo. Lo juro. Pero tenemos que estar en nuestra casa.
Kaoru no vio problema en esperar para escuchar esa historia.
-Como quieras.
La joven le puso un beso los labios.
-Recuerdo que la tarde en que te comiste las masitas, me dijiste que un matrimonio sin amor podía funcionar. Yo no podía imaginar algo como eso, pero tal vez tenías razón.
Kenshin jugueteó con la punta de su nariz. Quería mimarla.
-En todas partes funcionan. Nuestra sociedad está fundada en uniones donde la buena convivencia es la base de las familias.
-Tienes razón. Tenemos una buena convivencia desde que nos conocemos y una ententenida vida de alcoba. Eres un hombre que es amable con todas las personas y estoy segura de que nuestra familia será buena.
Algo en su voz alertó a Kenshin. Algo andaba mal.
-¿Qué quiere decir?
Kaoru se quedó en silencio y eso lo descolocó. Apretó su cintura, apremiándola a hablar. Y cuando ella lo hizo, quedó pulverizado.
-Cuando llegues a amarme lo entenderás.-
Dicho eso, la joven se acurrucó contra él y así como él no hablaría de ciertos temas, ella dio a entender que no diría nada más.
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Tras una noche de sueño intranquilo, Kenshin se levantó temprano a desayunar. Kaoru lo siguió, emocionada ante la expectativa de su paseo y se encontraron en el comedor con Riuji y Fukio que iniciaban su viaje.
Tras despedirlos, Kenshin y Kaoru volvieron a la mesa donde encontraron todo dispuesto para comer. Kenshin de inmediato apartó el pocillo con las masitas que tanto le habían gustado la noche anterior y cuando Kaoru quiso tomar una, se sintió tentado a negársela, pero no pudo. Le dolía que ella pensara que él no la amaba, asi que dejó que ella tomara las que quisiera. Debía mostrarle que no era cierto.
Misao los guió hasta un punto de la ciudad y tras monopolizar la atención de Kaoru, los dejó solos. Les recomendó donde comer y donde no meterse. Ese primer día de paseo lo pasaron muy bien los dos.
Vieron pasar por la calle a un par de geishas. Una hermosa y joven maiko y su hermana mayor. Ambos las admiraron asombrados, eran muy bonitas y su vestuario era de ensueño. Kaoru suspiró un poco al considerarse a sí misma poco educada y poco fina en comparación a esas mujeres que parecían flotar sobre el suelo. Kenshin en cambio no tuvo ningún pensamiento especial sobre ellas y durante el paseo vio algo en una tienda que llamó su atención y entró a comprar arrastrando a Kaoru.
Se trataba de un kimono nuevo, más apto a su nuevo estado civil. Sonrojada, Kaoru eligió uno barato, pero Kenshin puso mala cara y eligió el que más le gustó a él, que era más caro. También pidió que le envolvieran uno de tipo formal y una yukata nueva para dormir. Y el kimono barato que eligió ella también.
Todo eso costó una fortuna, pero Kenshin no estaba para pensar en esas cosas. Pagó satisfecho mientras Kaoru le decía que era un despilfarro. Pero ambos sabían que debían comprar esas cosas tarde o temprano y en ese lugar estaban a buen precio.
Los días pasaron y siguieron en sus paseos. Kenshin quería comprarle todo lo que veía, pero ella no lo dejaba, al menos aquellas cosas que no necesitaba realmente. En las noches, Kenshin siguió buscándola y dominando en el futón.
Durante esa plácida vida de vacaciones, en que afianzaron su amistad con los ninjas y en que Yahiko les envió una carta diciendo que estaba todo bien y que se quedaran el tiempo que quisieran, Kenshin seguía dándole vueltas a las palabras de Kaoru. Puso más cuidado en sus caricias para ella, pero entendió que por ahí no iba el problema. Él le prodigaba todo lo que ella quería. La cuidaba cuando iban por las calles, amaba poner una manta alrededor de sus hombros cuando hacía frío, amaba cuidarla y pasar el día con ella, amaba ver al resto de la gente pasar y cuando algún hombre miraba a Kaoru, pensar "ella es mía". Amaba verla dormir, despertar, reír, daría su vida por ella... entonces, ¿por qué Kaoru decía que él no la amaba? ¿Por qué no era suficiente para ella?
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Desde que se fueran los hermanos Ishida, la amiga de Riuji apareción tras tres días de investigación. Naoko estaba viviendo alejada de su familia, en otra provincia. Se tomarían un par de días más para investigar su entorno y que Riuji pudiera llegar informado a verla. El tío de Makoto apareció el octavo día de búsqueda. Realmente se había alejado de la gente y estaba en una montaña, viviendo solo.
Contactaron a los hermanos Ishida, que regresaron rápidamente. A la mañana siguiente, Aoshi los reunió a todos en el comedor y puso a Misao a la cabeza.
-Como nos urge tener esa información, el señor Toriyama viene en camino, custodiado por nuestros hombres. Arrivará mañana y entonces lo interrogaremos.- dijo Misao a Fukio.- Sobre Takeuchi, tras hablar con Toriyama iremos hasta ella.
-Pero quiero verla de inmediato.- dijo Riuji, emocionado.- Por favor, sólo necesito ver que esté bien y preguntar... dígame dónde está y yo llegaré a ella.-
-Señor Ishida.- dijo Aoshi.- La situación de su amiga es muy complicada. La familia se ha cerrado en banda en torno a ella. Ellos sienten mucho rencor hacia usted y su familia, por eso sugiero que vaya con Misao. Ella los puede persuadir, de modo que quieran comunicarse con usted. De lo contrario, nada bueno puede pasar.
Los hermanos Ishida se miraron entre ellos. Finalmente, Riuji asintió.
-Está bien. Será como ustedes digan.
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Temprano por la mañana llegó el señor Toriyama. Venía custodiado por Kuro y Shiro, quienes lo tomaron en el último tramo del camino. Misao, muy satisfecha, lo recibió junto a Okina y lo instalaron en una de las habitaciones de Aoiya.
Kenshin iba por el pasillo cuando Aoshi se le acercó.
-Antes de interrogar a Toriyama, me gustaría que me contaras exactamente qué sentiste tras ingerir la droga. Es muy importante.
Kenshin le hizo una narración exahustiva de sus síntomas, además de la líbido incontrolable. Aoshi anotó todo con una perfecta caligrafía y luego se fue a conversar con Toriyama. Invitó a Kenshin, a Fukio y a Riuji y se instalaron en uno de los cuartos más grandes y se sentaron cada uno en un cojin.
Al ver a Toriyama, Fukio y Riuji quedaron impresionados, porque lo conocían de antes.
El señor Toriyama era un hombre bastante alto, casi tanto como Aoshi. Pero su postura había cambiado radicalmente. Llevaba los hombros hacia delante y su espalda se encorvaba un poco, como si cargara un enorme peso sobre ella. Su rostro lucía especialmente cansado y en ningún momento levantó la vista del suelo. Lo hicieron sentarse en frente. Aoshi hizo traer té para todos. Toriyama se mostraba un poco nervioso.
Cuando el té llegó, Aoshi se dirigió a él.
-Espero que nuestros hombres lo hayan tratado bien durante el viaje y que su estancia en este lugar sea cómoda.
-Así ha sido señor, pero un hombre como yo no merece tantas molestias. Estoy muy agradecido por su trato.
Aoshi asintió. Kenshin detectó en el modo de hablar del hombre, la forma que él usaba normalmente. Intercambió una rápida mirada con Aoshi. Ese hombre estaba carcomido por la culpa.
-Lo hemos traído hasta acá a petición del señor Ishida Fukio, a causa del suicidio de Toriyama Makoto...
-¿Se suicidó?-
Por primera vez, los presentes pudieron ver los ojos del señor Toriyama. Estaban arrasados en lágrimas. Se llevó las manos a la boca para ahogar los gemidos que salían de ella.
-Así es. Se suicidó porque la violaste.- dijo Fukio.- Y queremos saber por qué lo hiciste.
Aoshi fulminó con la mirada al joven hombre por su impertinente intervención y su hermano mayor tocó su brazo para llamar su atención. Fukio entendió que debía moderar sus palabras.
Toriyama se encogió para llorar de un modo desgarrador. Fue un momento especialmente incómodo para los hombres que estaban ahí acompañándolo. No sabían cómo proceder, con excepción de Aoshi.
-Por favor, cálmese y tome un poco de te.- dijo muy propio de si. Toriyama hizo caso y unos minutos después, el llanto cesó, gracias a un extracto de hierbas que incluyeron a petición de Aoshi en la infusión para él.
-No le hemos traído hasta acá para juzgarlo. Sólo queremos que nos cuente paso por paso cómo fue la noche en que violó a Makoto. Esto no lo hacemos por morbo, sino para establecer cómo sucedieron las cosas. Para evitar que le pase a otras muchachas. Necesito que incluya todos los detalles que recuerde.
El relato que empezó Toriyama era incoherente al principio. Costaba seguir el hilo de la historia, aunque Kenshin y Aoshi pudieron detectar algunos detalles importantes. Fukio en cambio apretaba los puños y trataba de dominarse con todas sus fuerzas. Riuji no entendía mucho, porque estaba preocupado de su hermano.
Al notar que no era juzgado ni recriminado, Toriyama reinició su relato, y fue más o menos asi:
-Yo siempre quise a mi hermano y cuando se quemó su primera casa, decidimos acogerlo en nuestra casa con mi esposa. Yo amaba a la hija de mi hermano como si fuera mía. La vi crecer... era nuestra niña. Cuando nos habló del señor Ishida, estaba tan feliz. Nunca antes la vi tan feliz.
El padre de Makoto había abierto una tienda en la estación de trenes y Makoto llegó con un sake, regalo de la señora Ishida, por la ocasión. Estaba muy emocionada, porque sentía que la aceptaban en esa familia. No la bebieron de inmediato, y la joven lo conservó unos días.
Pero una tarde los padres de Makoto se retrasaron en volver a casa por algunos problemas con un proveedor y como hacía frío decidieron esperarlos con sake caliente. Como tras la inauguración no les quedaba sake, Akira preguntó a Makoto si podian tomar del suyo y ella aceptó, pero no quiso beber hasta que llegara su padre y se acostó temprano.
Tras un largo suspiro, Toriyama se tapó la cara con las manos y la restregó un par de veces.
-Me quedé con mi esposa y al rato me empecé a sentir mal. Después de eso yo... comencé a sentirme... acalorado. Mi esposa estaba embarazada, no me permitió tocarla y yo empecé a enloquecer.
Con esas palabras, Kenshin comenzó a recordar cómo había sido su propia experiencia. Sólo él sabía lo que había sentido y hasta dónde hubiera llegado si Kaoru no se hubiera entregado a él. Tembló con la idea. Ese movimiento imperceptible para los demás fue notado por Aoshi.
Mientras, la voz de Toriyama se quebraba a ratos.
-Traté de convencer a mi esposa de todas las formas posibles. Yo sólo sentía la necesidad... de tomarla y ella no se dejaba y yo quería... pensaba hacerlo de todos modos, con su consentimiento o no. Tras algunos minutos ya no me importó que ella fuera mi compañera ni mi amor. No me importó nada y la abofeteé en la cara. Ella cayó al piso y me fui sobre ella, pero alcanzó un leño y me dio en la cabeza. Me aturdió por unos momentos, pero fue suficiente para que escapara de mí. Entonces, cuando recobré el sentido, estaba Makoto sobre mí, preguntándome qué pasaba.
Toriyama miró con ojos suplicantes a Aoshi.
-¿Es necesario que siga? Siento que no puedo. Por favor, señor... -
-Siga.- repuso Aoshi de modo autoritario, aunque Fukio no estaba seguro de querer oír el resto.
-Por favor...
-Siga. No necesitamos detalles de qué hizo exactamente, sino de por cuánto tiempo duró.
Pasando saliva, Toriyama trató de rearmarse. Riuji por su parte estaba impactado.
-Yo no pensé en nada cuando me abalancé sobre ella. En eso llegó mi hermano y me sorprendió, pero... yo sólo pensé en que me la quitaría y me puse de pie sólo para golpearlo. Lo dejé inconsciente con el mismo leño que usó mi esposa en mi contra. Makoto no tuvo escape, porque yo dominaba las salidas y la alcancé y la sometí.
"Señor... yo siempre, hasta ese día... me consideré un hombre ordenado en lo que a esas cosas respecta. Nunca fui de los que sentían necesidad de mirar mujeres en el río, o de tocar a alguna que no fuera mi esposa. Lo juro. Incluso, siempre me sentí satisfecho con uno o dos encuentros con mi mujer... pero esa noche... esa noche...- Toriyama alzó la voz para sacarla de alguna manera entre sus fuertes sollozos.- ¡No podía dejar tranquila a la niña!"
Riuji se sentía totalmente incómodo y fuera de lugar. Fukio en cambio miraba de reojo a Kenshin. Aoshi por su parte, dejó a Toriyama desahogarse un par de minutos y le recomendó tomar otro poco de te.
-Haga memoria y dígame, por favor, sin entrar en detalles, si recuerda cuántas veces estuvo con Makoto.-
-Fueron unas ocho o nueve, señor.- dijo el hombre con los hombros encojidos.
-Por lo que veo, usted recuerda todo perfectamente.
-Si, señor. Ese ha sido el castigo a mi lujuria. Ver pasar esas imágenes por mi mente día tras día. Mi esposa me dejó, y yo me tuve que ir de mi casa y dejársela a mi hermano, que era lo menos que podía hacer. Me fui a vivir allá donde me encontraron porque soy un monstruo indigno, señor. No merezco nada. Ni respeto ni familia ni amor.
De nuevo Kenshin tembló al pensar en las posibilidades.
-¿Me podría hablar de lo que sintió antes de excitarse?
Pestañeando un par de veces, Toriyama trató de recordar.
-Fue... un poco raro, señor, pero... me pareció que me faltaba el aire... luego sentí mucho calor y escalofríos a la vez. Traté de vomitar, pero no pude, aún cuando metí mis dedos en la boca. Me sentía mal... como intoxicado.
-¿Y al día siguiente, al despertar, ¿cómo se sintió?
-Pésimo, señor. Muy mal. Era incapaz de abrir los ojos, la luz me cegaba. El dolor de cabeza era insoportable y el cuerpo... pasé varios días sin apenas moverme, aunque como entenderá, supongo que algo tiene que ver la merecida paliza que me dio mi hermano cuando despertó y supo lo que hice. Yo no sé cómo no me mató, aunque fue mejor así, porque mi deseo no se apaciguó en varios días. Afortunadamente no me podía mover, pero el dolor... el dolor es lo que más recuerdo.
La mirada que intercambiaron Kenshin y Aoshi no pasó inadvertida para Fukio. ¿Acaso Kenshin había pasado por todo eso mismo?
-Mi última pregunta es: ¿Está usted completamente seguro de que la botella de sake fue obsequiada por la señora Ishida a Makoto?
-Si, señor. La niña estaba muy contenta por eso y habló mucho del tema. Vió un signo de buena voluntad por parte de la señora hacia ella. Incluso a veces le pedía a mi esposa que le enseñara modales para encajar mejor en la familia cuando los visitara.
-Makoto de un día para otro no quiso verme más.- dijo Fukio controlando su rabia.- Y fue por tu culpa...-
Toriyama levantó la vista sólo para mirarlo.
-Cuando estuve sin poder moverme en casa, llegó su madre. No sé si fue una visita casual o se enteró de algo, si bien mi hermano en primera instancia manejó el asunto con discresión. La mujer... esa mujer... la trató muy mal. Dijo que ella se había buscado lo que le había pasado. Que era una provocadora, una mujer... mala.- dijo Toriyama controlando apenas su rabia.- Le dijo que una mujer impura como ella no tenía cabida en su familia y que si ella se acercaba al señor Fukio, acabaría por arruinar más a su familia. Yo no vi a Makoto nunca más desde esa noche. Ella nunca entró al cuarto donde yo yacía, y yo no me hubiera sentido capaz de mirarla a la cara, pero escuchaba sus sollozos. Ahora la niña está muerta... no sé... ha sido una desgracia muy grande la que ha caído sobre ella y nuestra familia. Yo he confesado mi crimen y creo que no hay castigo suficiente para mí. Si usted le ordena a uno de sus hombres matarme, se lo agradecería. Mi vida es miserable, no valgo nada.
Aoshi sacó un folio que tenía, en donde guardaba la declaración de Kenshin.
-¿Sabe usted leer?
-Si, señor.-
-Échele un vistazo a esa hoja y lo comentamos.
Los hermanos Ishida se miraron entre ellos ante la aparición de las hojas. Toriyama en cambio, leía los mismos sintomas que experimentó. Al terminar, miró a Aoshi expectante. Kenshin le habló.
-Yo experimenté lo mismo que usted. Fue en contra de mi voluntad hacia la persona que más amaba. No importó cuanto me controlé, el resultado fue similar al que usted nos contó que le sucedió. El dolor, la sensibilidad a la luz. El deseo de los días posteriores. Lo que me sucedió fue por comer algo que la señora Ishida había obsequiado a la mujer que vive conmigo.
-¿Usted la violentó?
Kenshin consciente de que Fukio estaba a su lado, contestó con sinceridad.
-No. No fue necesario. ¿Acaso usted golpeó a Makoto?
-No, señor.
Aoshi tomó la palabra.
-Señor Toriyama, creo, sinceramente, que lo que le ha sucedido es una verdadera desgracia que no tiene nada que ver con algún problema con su personalidad. Desgraciadamente estuvo en el lugar equivocado al tomar una fuerte droga que fue dada a su familia con el fin de hacerle algún mal a Makoto, en este caso, y a la mujer que vivía con el señor Himura, que entonces era novia del señor Fukio. Creo que usted no es un monstruo indigno como piensa de sí.-
Toriyama miraba el suelo. Algunas lágrimas caían sobre el tatami.
-Nuestros hombres lo investigaron. Realmente vive solo, aislado en una montaña, cerca de un pueblito donde se abastece. No sé qué palabras usar, pero si esto por lo menos le puede traer algo de paz a su conciencia, creo que usted no tuvo nada de culpa en esto, tal como el señor Himura.
-¿Puedo preguntar cómo le fue al señor Himura con la mujer?
-La tomé por esposa.
-En cambio mi niña cometió suicidio. Aún cuando yo no pudiera luchar contra mis sentidos, fui el medio por el cual mi niña sufrió un insoportable dolor. Nunca tendré paz sabiendo eso.
-Nos gustaría que permaneciera más tiempo con nosotros, señor Toriyama. Siéntase libre de usar las instalaciones del Aoiya. Mañana partiremos a su pueblo de procedencia para seguir investigando el caso de esta droga, que al parecer ha sido administrada a más personas. Es un crimen que debemos perseguir por el daño que causa.
-Les ayudaré en todo lo que pueda.- dijo Toriyama tras pensar unos segundos.- pero cuando esto termine, me gustaría que me permita regresar a mi montaña.
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Un tanto abatido, Kenshin abandonó el lugar y fue a su cabaña a buscar ropa limpia para darse un baño. Justo Kaoru, con el cabello húmedo, ordenaba sus cosas. Al verlo llegar lo abrazó y le preguntó qué pasaba. Él sólo suspiró.
-Ese día que comí las masitas, usted realmente se entregó a mí, ¿cierto?-
-Insististe bastante, pero yo quise estar contigo.
Kaoru le acarició el cabello. Él se sintió reconfortado y ella se sentó atrayéndolo sobre su regazo para mimarlo.
-No lo sabía entonces, pero ya te quería.- dijo ella.- y Tú me deseabas. No vi por qué no darte lo que pedías, aunque tuviera que perder mi honor.
Tras varios minutos de plácida intimidad matrimonial, ella quiso acariciarlo de forma más cariñosa para confortarlo, pero él no quiso. En cambio, Kenshin le pidió que lo dejara tomar sus senos. Ella no puso reparos y él comenzó a lamer primero un pezón para luego succionarlo. Kaoru lo miró con amor y siguió acariciando su cabello, pero pronto él decidió cambiar de seno.
Una cosa era la luz de la lámpara y otra la luz natural. Desde luego, no esperó encontrarse con lo que vió de reojo y luego tuvo que mirar de cerca.
Los pezones de Kaoru se encontraban dañados. Estaban agrietados y en carne viva. No tuvo que preguntar para saber que debía molestarle mucho el roce con la ropa.
Kaoru suspiró y se cubrió con la yukata.
-A veces me sorbes un poco fuerte.- dijo con la vista baja.
Recordó las veces que ella le había dicho que eso la molestaba y él no la había escuchado, llevado por su pasión. Se preguntó si estaría lastimada o delicada en esas partes donde él entraba a su cuerpo o mordía...
En cambio, él no tenía ninguna marca de sus encuentros.
La miró a los ojos cuando finalmente entendió las palabras de ella.
Kaoru fue repentinamente acunada y mimada. Y aunque Kenshin no dijo nada, ella se pudo sentir tranquila.
Porque él la quería.
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Fin acto siete
Sin Amor
Junio 4, 2015.
Notas de autora.
Con ambios mínimos, pero acá vamos de nuevo.
Sacar este capítulo fue un verdadero parto. ¡De verdad! Tenía tantas ideas y creo que escribí varias versiones del mismo. Finalmente todas esas ideas se concentraron en este. Y si, ¡la sorpresa! Quien profesaba amor verdadero desde el principio era Kaoru y no Kenshin.
En el próximo episodio entenderemos un poco más el por qué de este razonamiento y la relación sexual correspondiente que reforzará la idea. Pero creo que si revisan el fic, no recuerdo haber escrito que Kenshin dijera "te amo" muchas veces. Kaoru en cambio lo dice bastante a menudo desde que se da cuenta.
Regresando al tema de los Ishida, en el próximo capítulo veremos a Naoko. Ya vimos a Akira, quien resultó ser una victima más de la vieja loca de patio de la señora Ishida.
Si bien el próximo capítulo debía ser el último, no estoy segura de que sea el final, porque aún me falta el castigo a la vieja y desbaratar una banda de trata de blancas. Quizá use un capítulo más, ya se irán enterando. Y no es seguro que incluya tanto lemon en mis próximos fanfics, asi que no se engolosinen.
Bah... igual fue divertido. Aún temo haberme pasado.
Quiero darles las gracias por este espacio a quienes me comentaron en "Cuidando de Tí" y "Deseando vivir". Sobre esta última, será actualizada después que termine este fanfic. Sobre la primera, ha sido un poco raro, pero se me han ocurrido ideas para seguirla en capítulos autoconclusivos pero con continuidad. No es seguro, pero podría ser.
Años atrás leí una entrevista a Watsuki, donde él decía que si volviera a dibujar el Jinchuu Arc, haría a Kenshin enfrentarse solo a Enishi, dando a entender que quedó disgustado después de poner a tanto personaje extra para alargar la historia. Les comento esto porque hay cinco series que no terminé y que fué básicamente por comenzar a poner muchos elementos que no fui capaz de manejar, por ejemplo, Prisionera. Si volviera a escribirla, creo que llegaría hasta la mitad de donde quedó. Quitaría toda la parte de Angie y Tsubaki y Kaoru recibiría su herencia.
Sobre "Donde Puedas Amarme, un final diferente" creo que no era necesario reescribirla.
Sobre "Entre mis Brazos", no mandaría a Kenshin a Kioto, o tal vez si y resumiría toda esa parte, total, todos sabemos lo que pasó. Es complicado a veces escribir fanfics, porque hay que narrar cosas que todos sabemos y a veces aburre un poco. Tal vez ya sea hora de escribir un libro con todo lo aprendido en estos años.
Sobre "No tengas miedo a vivir"... lo que pasó con esa historia es que el último capítulo escrito coincidió con un aborto que sufrí y el comienzo de una época en que no escribí nada y que terminó con este fanfic. El otro día la releí y me gustó. Y sólo falta un capítulo. Me gustaría contar eso.
Sobre: "La Fiera" no me gustó después de escribirla. Eso es todo.
Un abrazo a todos. Un beso. Amor, amor, amor.
Blankiss.
