Cuando llegues a Amarme
Acto ocho
Sin excluir
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Con sus pestañas, Kaoru hizo cosquillas en el cuello de Kenshin. Riendo quedo, él se apartó un poco de ella, pensando en las mariposas otoñales que había visto. Al escucharlo, ella pensó en el canto del río y en ese ambiente tranquilo, se pusieron de pie tomados de las manos.
Se miraron. Un poco incómodo, Kenshin se aclaró la garganta. Kaoru se acomodó la ropa y se agachó sobre sus bolsas para seguir empacando. Al día siguiente regresarían a Tokio.
-¿Puedo preguntarle algo?
-Dime.
Despacio, él se agachó junto a ella.
-¿Por qué usted me dejó... acariciarla si siente dolor? Yo vi que está herida por mi causa.
Kaoru acabó de hacer un nudo elegante sobre una bolsa. Lo miró sonriente.
-Porque estoy aquí para tí. Además, no estoy herida, mi amor. Sólo un poco delicada. Ya me acostumbré, no te preocupes. No te asustes por su aspecto.
Kenshin la miró unos momentos. Quería expresar una idea, pero no estaba seguro de cómo.
-Kaoru... Todo esto de nuestro matrimonio ha sido apresurado. Un día éramos amigos y al siguiente amantes. Ha pasado poco tiempo desde entonces, pero me gustaría preguntarle algo. ¿Qué piensa hoy de mí?
Con manos hábiles, la joven empezó a acomodar cosas en otra bolsa porque Kenshin se había excedido comprándole ropa bonita. Ella parecía muy concentrada en eso y por un instante, él tuvo la sensación de que no lo había escuchado, pero Kaoru terminó de anudar la bolsa y girando su cuerpo, lo enfrentó.
-Que eres un hombre con el que me gusta estar casada.
Kenshin suspiró, un poco fastidiado. Él intuía que ella tenía una opinión más profunda que esa y tal vez no tan benévola. Se restregó la cara con las manos.
-No le creo.
Incómoda, Kaoru se puso de pie. Necesitaba aire y se movió hacia la puerta. Kenshin la siguió y la tomó de una mano para que no se escapara. Corrió la puerta con ellos dentro, sobresaltándola y la tomó por la cintura.
-Kaoru, yo demando saber ahora mismo lo que usted piensa de mi, la verdad. Sin palabras bonitas ni protocolos.
La soltó y ambos se sentaron, frente a frente. Ella asintió, insegura.
-Creo que eres... un hombre muy solitario y reservado. Tal vez sea por el estilo de vida que llevaste, no sé. Puedes sentir una emoción intensamente, pero estás acostumbrado a guardártelo y sentirlo tú solo.
Kenshin la miró con atención. Kaoru tomó aire.
-Tal vez por eso, desde que empezaste a desearme y a considerarme como algo "prohibido" o algo que debías proteger de tus enemigos, manejaste el asunto en estricto secreto, al punto que yo que vivía contigo no pude siquiera sospechar algo... porque no compartiste esas emociones conmigo en ningún momento. Debes estar tan acostumbrado a hacerlo, que ahora que estamos casados tampoco me dejas verlas. Es decir... yo puedo ver lo que ven todos los demás: tu preocupación, tu amabilidad, y reserva... pero en lo íntimo sólo veo que me deseas enormemente.
Muy serio, Kenshin la miró. Él se había dado cuenta de los sentimientos de Kaoru antes que ella misma, sólo mirándola. Ella era más transparente y no se molestaba en ocultar lo que sentía. Y él, que la amaba con todo, sólo lo dejó entrever en ocasiones puntuales, a otras personas y antes de casarse.
Descolocaba mucho tener una pareja que no demostraba sus emociones. Le sucedió con Tomoe. De pronto pudo entender un poco lo que Kaoru estaría pasando.
Tras unos segundos de silencio, Kaoru se atrevió a preguntar.
-¿Estás molesto... ?-
-Si. Conmigo mismo. Y lo estaré con usted si no me ayuda en este momento. Kaoru, tiene usted razón en todo lo que me ha dicho. Siempre he sido yo solo contra el mundo. Y debo reconocer que no sé cómo manejarme como esposo. Pensé que aprendería solo, o según pasaran los días, pero veo que no ha sido así.- Kenshin entonces bajó la frente hasta el tatami. -Por favor, Kaoru... ayúdeme. Ya no quiero lastimarla haciendo las cosas como estoy acostumbrado. Le estoy pidiendo ayuda. El hombre al que usted dice amar más que a su vida le suplica por saber qué más piensa de él.
El corazón de Kaoru se apretó. Lo hizo de tal modo que ella pensó que lo escucharía trizarse.
-Kenshin. Por favor.
-Acabemos de conversar. No importa cuanto que nos agobie. Pero este tema se zanjará ahora.- dijo él enderezándose.
Nerviosa, Kaoru se tomó la coleta del cabello para jugar con las puntas.
-Es que pienso que... estás tan acostumbrado a no compartir lo que sientes, que en tu forma de tenerme me sigues excluyendo. Me tomas y me acaricias por las noches de un modo que me hace sentir que por fin obtuviste lo que deseabas, a Kaoru, pero no sé si realmente necesitabas que Kaoru te amara, como si fuera una muñeca que no siente nada y por eso vas tan brusco conmigo.
"Querías la piel de Kaoru, pero no su cariño"
En ese punto, Kaoru tuvo que obligarse a hablar, porque tenía un nudo en la garganta. Kenshin estaba atónito. Más al ver una lágrima deslizarse por su mejilla.
-No me malentiendas. Como hombre, sólo puedo elogiarte y sentirme agradecida con el destino que quiso que pusieras tus ojos en mi, por tu amabilidad, ternura y paciencia conmigo, pero cuando rechazas mis caricias... el cariño que quiero darte, realmente partes en dos mi corazón porque yo... quiero compartir contigo mi... mi amor y la pasión que puedo sentir por tí.
Algo encajó en la mente de Kenshin. Al mirar en los ojos de Kaoru, supo que pensaban en lo mismo.
-Por eso me ha preguntado tanto sobre si la desee desde el principio...
-Si uno desea, sólo lo toma y lo obtiene, pero si ama, da y recibe. Yo sólo quería saber qué sentías por mi. -
-No pensé que eso fuera lo que estoy demostrando.- dijo consternado al entender que sus acciones correspondían sólo a tomar. -Yo solo... solo... no sé qué decir.
-Kenshin, en una ocasión tú fuiste diferente conmigo. El día que hablé con Fukio y llegué a casa lastimada... durante la noche alcancé a ver a un esposo considerado conmigo y eso me hace confiar en ti. Pienso que nos falta más tiempo juntos, después de todo nos saltamos el noviazgo y no hemos podido adaptarnos el uno al otro en esta nueva situación. Creo que en esto debemos trabajar juntos como pareja, podemos aprender de esta experiencia mirando, tocando y sintiendo al otro. Por eso... por eso... por favor, esposo mío, déjame mostrarte mi cariño. No pido nada más. Seré cuidadosa, lo prometo.
La expresión de Kenshin era insondable. Kaoru temió haberlo molestado.
-Perdóname.- se apresuró a decir ella, haciendo una reverencia frente a él.- Yo respeto tu estatus en nuestra familia. Nunca fue mi intención incomodarte.
Pero Kenshin no estaba molesto con ella. Estaba conmovido.
Sentado sobre sus rodillas, con las manos empuñadas sobre sus muslos, Kenshin no se sentía de buen ánimo. Era extraño escuchar a alguien que lo entendiera de ese modo.
Pensaba que demostrando la fuerza de su pasión a Kaoru sería suficiente para que ella entendiera la fuerza de sus sentimientos, pero lo cierto es que seguía viviendo su amor encerrándolo en algún lugar, por eso ella lo percibía de un modo errado.
Por eso Kaoru tenía los pechos lastimados, al entregarse con todo. Él en cambio...
Se puso de pie y la ayudó.
-¿Mi ropa limpia?
Kaoru, un poco avergonzada por lo que consideró un exceso por su parte, le pasó una cómoda yukata azul y otra más corta para abrigarse bien la espalda. Kenshin las tomó y salió al cuarto de baño. Ella, con el corazón golpeteándole en el pecho, se asomó a la puerta, tomó aire y lo miró alejarse.
Hubiera deseado seguirlo y abrazarlo, pero sentía que debía darle un espacio para que pensara. Le había dicho la verdad sobre lo que pensaba sobre él, pero se había guardado algunas cosas para no lastimarlo, sabiendo que ella con el tiempo lo aliviaría.
Por ejemplo, no le dijo que ella sabía que la amaba, porque no quería forzarlo a decir las palabras que tal vez aún no le nacieran. A su modo de ver, Kenshin había sido muy dañado a lo largo de su vida, primero por su infancia dura, luego la traición de Tomoe que lo hizo tener sentimientos ambivalentes, y por otro lado, los años de vagabundeo en que no se permitió relacionarse con nadie. Tal vez ese corazón no sanara del todo, pero ella lo cuidaría, le daría su tiempo, lo arrullaría por las noches.
Decidió mejorar el ánimo. Al menos, ya le había dicho a Kenshin lo que pensaba. Fue a la cocina para ver qué podía aprender ese día y Okón le enseñó algunos trucos para que la presentación de la comida fuera más atractiva. Luego prepararon algunas cosas juntas y como era su último día de aprendiz, ella y Omasu le obsequiaron un hermoso delantal que Kaoru agradeció emocionada.
Kaoru se fue a su cabaña canturreando. Se topó con Misao y se entretuvieron hermoseando un jardín. Se les unió Riuji y luego Fukio y de alguna forma, a pesar de su nerviosismo, ella logró relajarse al lado del que fue su novio. Tal vez nunca serían amigos del alma, pero era bueno volver a llevarse bien con él. Siempre le había simpatizado. Y Riuji era simplemente un encanto.
La cena como siempre fue agradable, aunque Misao expresó su pesar por llegar al final de los días de visita. Kenshin encontró las masitas que tanto le gustaban y con disimulo, echó un par en su manga, por si le venía hambre por la noche. Okina se entreteuvo rememorando la épica batalla de su juventud de la que siempre hablaba y Aoshi, más centrado, ordenó a todos acostarse temprano para salir al alba.
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Como no podía ser de otra manera, el desayuno estuvo especialmente animado. Tras despedirse de Okina, Omasu y Okon, Kenshin se subió al tren contento, pensando en los dias pasados y en la compañía de sus amigos.
Kaoru se sentó a su lado y frente a ellos, Aoshi y Akira. Misao iba atrás, con Fukio y Riuji.
Llegarían hasta la estación de trenes de Tokio y allí se separarían. Kenshin y Kaoru regresarían a su dojo y el resto seguiría de largo a un pueblo cercano a la ciudad, donde se encontraba Naoko.
Riuji estaba especialmente ansioso ante la espectativa de volver a ver a la muchacha, aunque Misao le advirtió que, de haber sido víctima de la misma droga que el señor Akira, podrían encontrarla en muy mal estado. Él sólo quería verla y no podía pensar en otra cosa.
Fue al atardecer que llegaron al poblado y gracias a sus contactos, Misao y Aoshi pudieron conseguir un cómodo albergue para todos. A la mañana siguiente, Aoshi se quedó en ese albergue junto con Akira y Misao partió con los hermanos Ishida a buscar a la muchacha que necesitaban.
Tras dos horas de caminata, llegaron a una zona relativamente aislada. Mirando el mapa, Misao advirtió:
-Debemos atravesar un río y seguir cinco minutos. Debería ser la segunda casa.
En efecto, asi sucedió. Encontraron la segunda casa y una anciana se encontraba recolectando unas hierbas en las cercanías. Era una vecina y les indicó que en efecto, una muchacha joven vivía allá y que al parecer, estaba sola.
-Pero quien sabe por qué la enviaron hasta acá. La abuela le vive dando de palos y despidió al muchacho que la ayudaba para que ella hiciera todos los trabajos. Yo no sé cómo no la ha matado.
A Misao en el mundo no había nada que la sorprendiera. En cambio Riuji sintió su corazón encogerse con esa información.
Llegaron a la casa y vieron picando leña a una joven de extraordinaria belleza, alta como Megumi y vestida con ropa vieja y oscura que se acercó a ellos. Sus ojos se iluminaron al reconocer a Riuji, aunque casi de inmediato, ese brillo se apagó. Pero no dejaba de mirarlo.
-No debería estar aquí, señor Ishida.
Riuji miró a Misao. Prometió, si lo llevaba a ver a Naoko, que él se mantendría callado.
-Dejaste de escribirle a Riuji y él se preocupó por tí. Es preciso que hablemos sobre por qué ya no quieres verlo y sobre las cartas.
Misao le pasó a Naoko un atado de cartas que Riuji le había facilitado. Ella repasó rápidamente las líneas y miró a Riuji nuevamente.
Naoko siempre fue una chica llena de energía y vitalidad, casi tanto como Misao. La ninja miraba a la joven un poco contrariada; esperaba encontrarse a una chica destruida por alguna violación, pero Naoko solamente estaba un poco decaída.
La joven les sirvió el te. Fukio tampoco le quitaba la vista de encima. ¿Cuál era el misterio que ocultaba?
-El señor Ishida y yo no podemos tener ningún tipo de relación, porque no soy una persona a su altura.
-Si lo dices por nuestras clases sociales, a mí eso no me importa... - dijo Riuji antes que Misao le hiciera callar levantando una mano.
-No es por eso. Sucede que soy una mujer indigna de usted. Soy una mujer sucia. Por eso dejé de escribirle y luego mi hermana le mandó la otra carta. Quería que se alejara de mí, pero en realidad, no tengo problema en contarle sobre el por qué. Yo sé que usted entenderá mejor que nadie que lo mejor es que estemos lejos el uno del otro.
Riuji contenía a duras penas sus ganas de levantarse y abrazar a Naoko. Tras intercambiar una rápida mirada con su hermano, se dispusieron a escucharla.
-Hace varios meses, en Mayo, se celebró un festival. Fuimos con toda mi familia a ver a los artistas en la calle, las luces, la comida. La pasamos muy bien, pero en la noche me empecé a sentir mal, como... mucho calor, el corazón se me salía y sentía que debía vomitar. Fue horrible. Entonces me empecé a sentir rara... fue muy extraño, porque ni siquiera había bebido pero..."
Por espacio de varios segundos, Naoko buscó el modo de continuar su relato, pero no era fácil. Misao se acercó a ella y con palabras reconfortantes, la animó a continuar.
Bajó la cabeza y siguió.
-Yo sentí un deseo. Un deseo extraño. Yo sentía le necesidad de tener un hombre, el que fuera. Me asusté mucho con eso y me alejé de mi familia y acabé deambulando cerca del templo, presa de alucinaciones y malestar. No entiendo por qué si me sentía tan mal puedo recordarlo todo, pero el caso es que entre los arbustos venía pasando un hombre joven... creo que me conocía y bueno... estuve con él.
-¿Tuviste relaciones sexuales con él?
Naoko clavó su vista en el suelo y no la volvió a levantar.
-Si, señora. Yo lo hice.
-¿Nos podrías dar detalles?
-¿Qué tipo de detalles?
-¿Cuántas veces lo hiciste con ese hombre?
Nerviosa, Naoko miró de reojo a Riuji. Notó sus puños apretados y su leve temblor. Fukio se acercó disimuladamente a su hermano por si tenía que contenerlo.
-Lo hice tres veces con ese hombre, señora. Después apareció otro... y también lo usé. Ese me aguantó dos veces. Apareció un grupo de cuatro hombres... estuve con cada uno dos veces... luego dejé que me llevaran a su cuarto. Perdí la cuenta de las veces que estuve con cada uno, pero... supongo que fueron cuatro por cada uno.-
Naoko se guardó por supuesto, el detalle de cuando permitió que los cuatro hombres la manosearan a la vez o que la poseían uno tras el otro y otro tipo de actos.
-¿Ellos te violentaron en algún momento para tener sexo?- preguntó Misao muy seria.
La imagen de los cuatro hombres jóvenes llegó nítida a Naoko. Pensaban ir al mundo flotante a buscar alguna prostituta barata para entretenerse porque estaban lejos de sus familias y encontrar a Naoko que hizo todo lo que quisieron de a gratis fue como una bendición para ellos. Joven, hermosa, bonita y ardiente. Una joya... hasta bromearon juntos con la posibilidad de llevarla con ellos. Y así como estaba ella, seguramente hubiera aceptado. Pero ninguno de ellos fue malvado con ella o sádico. Tampoco la presionaron.
-No, señora. La verdad es que yo los busqué. No podía detenerme, sentía un ardor muy grande, no podía pensar en otra cosa. El grupo en general fue bastante amable conmigo porque me alimentaron y me dieron ropa limpia, y me cuidaron al dia siguiente. Fueron a buscar a mi familia...
-¿Te cuidaron? ¿Qué te sucedió?.-
-Después de estar con ellos una noche y un día, me detuve. Entonces comenzaron los calambres, el dolor espantoso en el cuerpo... ni siquiera podía abrir los ojos, la luz me cegaba, era horrible. Y la sed... lo que más recuerdo era la sed. El dolor de cabeza... No podía tenerme en pie.
Fukio y Riuji se miraron. Los mismos síntomas que habían descrito el señor Himura y el señor Toriyama. Desde luego, Misao también estaba al tanto de esos síntomas.
-Me gustaría que nos contaras qué pasó después de que te regresaron a tu casa.
-Mis padres me dieron una reprimenda tremenda, después de todo había estado afuera sin avisar y pensaron que me había pasado algo muy malo. Pero lo peor vino cuando mi madre me aseó y se dio cuenta de que yo... no era pura. Ahí me acusó y mi padre me agarró a varillazos en la espalda, fuera de todo lo que me dolía el cuerpo, y dejaron de hablarme. Unos días después llegó la señora Ishida de visita. Al parecer el primer hombre con el que estuve se puso a divulgarlo por el pueblo y ella se enteró. Me trató muy mal, como si fuera una escoria, una basura por ya no ser pura. Dijo que en su familia ese tipo de mujeres no entraba, y que si me acercaba al señor Ishida ella misma se ocuparía de que mi familia pagara.
-¿Y por qué acabaste viviendo aquí?
Respirando profundo, Naoko levantó un poco la mirada para clavarla en Misao.
-En realidad, el hombre con el que estuve primero siempre me había mirado... vio su oportunidad y pensó que divulgando lo que había pasado me conseguiría, pero yo no estaba dispuesto a casarme con él. Los hombres del pueblo me empezaron a molestar y mis padres acabaron de fastidiarse conmigo, porque decían que yo era una verguenza para ellos. Sobre todo mi madre estaba muy decepcionada de mi estupidez. Ella me había dicho que nunca le recibiera nada a la señora Ishida... -
Misao puso mucha atención.
-¿Y por qué te dijo eso? ¿Acaso la señora Ishida te dio algo?
Naoko miró de reojo a Riuji y Fukio.
-Nos encontramos en el festival y me regaló unas masitas. Las comimos juntas, no pude negarme a comer. Mi madre trabajó en la casa Ishida durante un tiempo y dijo que había visto cosas extrañas allí, por eso no me podía fiar... de lo que ella me diera.
"Al final mi familia decidió enviarme acá, donde nadie me conoce y puedo llevar una vida más o menos normal. Supongo que es lo que me merezco por el tipo de mujer que soy, asi que no me queda otra que acatar mi condena y alejarme del señor Ishida. Espero que ahora usted entienda por qué ya no podemos estar juntos. No soy pura."
-Has adelgazado...- se atrevió a decir Riuji, recordando las palabras de la vecina, sobre la abuela maltratadora.
-Supongo.- respondió Naoko con el rubor llegando a sus mejillas.
Riuji siguió mirándola atentamente. Sin duda estaba más delgada y su cabello mal acomodado. Ella se culpaba de lo que había pasado y aunque esta culpa no era como la que cargaba Akira, la hacía aceptar sin cuestionamientos el presente solitario que tenía.
Recordó su risa, el sentido del humor que la caracterizaba...
-Naoko, me gustaría preguntarte algo. Tú crees que las masitas que te dio la señora Ishida te pudieron haber causado el calor que sentiste.
-Puede ser. No había comido nada esa tarde, y antes del ardor me sentí muy mal.
-¿Tú crees que tu mamá podría hablar con nosotros sobre lo que piensa de la señora Ishida?
-¿Por qué?-
Riuji se levantó de su sitio y llegó hasta Naoko. Le extendió una mano para ayudarla a ponerse de pie, visiblemente emocionado.
-Mi madre ha envenenado a otras personas tal como lo hizo contigo y queremos detenerla. Por eso vinimos a buscarte.
Aceptando su mano, Naoko se puso de pie.
-Soy una mujer sucia. Por favor, ya no pierda su tiempo conmigo. No valgo nada.
-Naoko, escúchame. Yo estuve todo este tiempo en Alemania estudiando. Le puse mucho empeño para terminar el curso y poder regresar y estar contigo.
-No valgo ese esfuerzo. Señor Ishida... por favor, no insista.
-¿Acaso ya no me quieres?
Misao le indicó a Fukio que debían salir de allí para darles intimidad, pero Fukio tenía otras ideas.
-Yo si te quiero...- dijo Naoko débilmente.- No sabes cuánto, pero...
-Hermano, deja esto.- dijo Fukio.- Al fin y al cabo ya no es pura. No es la mujer que dejaste al partir. Olvídate de ella y busca la felicidad en otra.
-¿Pero qué dices?
-Escuche a su hermano, señor Ishida.
Riuji no estaba para escuchar a esos dos.
-Para mi no es fundamental ser el primer hombre en la vida de una mujer. Para mi lo importante es compartir mi vida con ella y yo quiero ver la cara de Naoko cada vez que abra los ojos, al lado mio.
-¿Pero no escuchaste su historia? Se metió con varios hombres una misma noche.
-Lo sé. Y posiblemente los evoque, uno a uno cuando yo la llegue a tener. Pero al final del día me dará su sonrisa y cuando le duela algo, estaré ahí para cuidarla. Y con los años, los rostros de esos hombres desaparecerán. Por favor, Naoko... has realidad mi sueño. Permíteme ser el hombre que se quedó contigo a pesar de todo.
Los hombros de Naoko empezaron a remecerse débilmente.
-No soy una mujer buena.- dijo mientras las lágrimas se deslizaban una por una.- Se merece a alguien mejor...-
Misao, que no pudo evitar presenciar esa escena, también estaba afectada. Riuji enmarcó el hermoso rostro de Naoko entre sus manos.
-Cásate conmigo y luego hablamos sobre eso.-
-Riuji, no hagas tal.- dijo Fukio.- Ella no quiere casarse contigo.-
-Si Makoto estuviera viva, ¿no correrías a sus brazos?
La pregunta descolocó a Fukio. Claro que no correría a sus brazos.
-De todas maneras no puedes irte al pueblo a vivir con ella. Serás el hazmerreir, ya te lo han dicho. Tendrás que exiliarte en otro lugar... -
-Lo haré.- respondió Riuji, decidido, sin dejar de mirar a Naoko.- Me vendré a vivir aquí o a Kioto o a donde sea, pero será lejos de esa arpía que dice ser nuestra madre.
-Pero no puedes, hermano. Nuestro padre... tenemos que ayudarlo con los negocios. Tú sabes. He estado esperando que regresaras para que te hicieras cargo de los negocios y yo poder darle mi tiempo completo al kendo.-
Riuji pensó un poco. Luego miró a Misao.
-Señorita Makimashi, por favor, intente averiguar si mi padre estaba al tanto de lo que hacía mamá. Si es así, infórmemelo, por favor, para marcharme lejos de este lugar. Pero si no lo sabía, yo me quedaré cerca de él para cuidarlo.
-Cuenta con eso.-
-Y ahora, Naoko, dime, por favor... ¿te casarías conmigo?
Temblando entre sus brazos, con el rostro bañado en lágrimas, Naoko nunca pensó que ese sueño que tenía podía llegar a cumplirse. Se apoyó en él y permitió que la abrazara.
Para Riuji, eso fue un claro "Si".
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Aoshi salió a recibir a Misao. Había llegado poco antes de la cena, pero traía a alguien más.
Naoko se sentó a la mesa al lado de Riuji. Traía el labio partido, después del golpe que le dio la abuela cuando le habló de casarse. Al final, Riuji amenazó a la anciana con las penas del infierno si volvía a ponerle un dedo encima a Naoko y como la vieja amenazó con matarla a varillazos, resolvió llevarla con él.
Preparó una modesta bolsa con sus cosas y lo siguió.
Ya en la mesa, Naoko reparó en el señor Akira. Habían sido vecinos.
Se dispusieron a cenar y al terminar, Naoko quedó acomodada en el cuarto con Misao. Esta última se excusó porque tenía que hacer.
Al lado del fogón, Aoshi la esperaba.
-Ese kimono que llevabas hoy te sentaba muy bien.
-No era muy bonito. Es de mujer casada.- dijo ella con ligereza.
-Pues se te veía muy bien.- sentenció el ninja. - Ahora hablemos del caso. Te tengo una mala noticia.
-Dime.
-Falleció una de las muchachas a las que asististe en la misión. Era la que tenía más mal pronóstico. Meiko. Fue hace tres días. La otra chica, Kari se encuentra mejor.
Repentinamente cansada, Misao se sentó al lado de Aoshi. Ella sabía que sucedería, pero saberlo era diferente. Aoshi le dio unas palmaditas en la espalda.
-Por otro lado, también me llegó la información sobre los negocios del señor Ishida padre.-
Recordando la petición de Riuji, Misao prestó atención.
-Está todo limpio. Es un hombre de reputación intachable, un comerciante honrado como pocos se ven. Nuestro informante dice que difícilmente podría estar involucrado en algo turbio. Sobre la señora... es más complicado. Parece que en efecto, hay una conexión con el grupo que desbarataste hace unos días, que sólo podré establecer mañana cuando llegue al poblado donde reside. Akira me comentó esta tarde sobre algunas habladurias con respecto a la mujer y a algunas chicas que se pierden.
Misao recordó lo de la mamá de Naoko.
-Parece que la madre de Naoko sabe algo también. Le había hecho advertencias a la hija sobre no ingerir nada que la señora le diera.
-Perfecto. Ahora cuéntame qué averiguaste hoy.
Misao le narró a Aoshi la historia de Naoko y las coincidencias con las historias de Kenshin y Akira. A pesar de que se trataba de un tema serio, se alegró de que haya sido ella quien buscó a sus amantes.
-No presenta traumas severos, aunque los padres la enviaron con una vieja negrera como castigo y las vieja ha sido muy cruel con ella. Tiene la espalda atravesada con golpes de varilla. Riuji decidió traérsela y empezar los trámites para casarse con ella.
De forma leve, Aoshi sonrió.
-Me alegro que para uno de los hermanos las cosas vayan bien y que la chica, al parecer, pueda sanar su alma con el tiempo.
-Es tan linda, Aoshi. Creo que cuando se reponga será más hermosa y prometió invitarnos a su matrimonio cuando se case.
-Tú también eres muy linda, Misao. Dentro de un par de años nadie podrá competir contigo.
Misao iba a decir algo gracioso al respecto pero de pronto reparó que Aoshi estaba muy adulador esa noche y se lo hizo saber. Él no la miró. Estaba concentrado en el fuego.
-Es lo que pienso.
-Pero...
Muy serio, Aoshi la miró fijo a los ojos.
-Me gustaría tener una relación contigo. Más allá de todo lo que hiciste por mí en los últimos meses, yo disfruto de tu compañía y me he dado cuenta de que tengo la oportunidad de explorar esa posibilidad contigo. ¿Qué dices?
-Pero señor Aoshi...-
De golpe, la imagen de Kenshin y Kaoru se apareció en su mente. Lo que estaban viviendo era en cierto modo romántico, pero las palabras de su amiga rondaban en su mente.
"Si yo hubiera sabido que me quería, Misao... si me lo hubiera dicho, ¿te lo imaginas? Tal vez llevaríamos algún tiempo de novios. Nada de las masitas hubiera pasado y habría tenido el matrimonio que siempre soñé y no uno apurado al que no tuve tiempo de invitarte. Yo quiero a Kenshin, pero me hubiera gustado que esto fuera de otra forma. Tener el tiempo de conocerlo mejor."
El tiempo.
-Mentiría si le dijera que usted no me gusta. Asi que, ¿por qué no? Seamos novios.- dijo esbozando una enorme sonrisa.
-Seamos novios.- repitió Aoshi, acercándose a ella y pasándole un brazo tras la espalda, frente al fuego. Aunque él no la miraba, ni ella estaba muy segura de qué tenía que hacer ahora como novia, a Misao le encantó la forma en que la abrazaba. Eso se sentía bien. Muy bien.
Apoyó la cabeza en su pecho y su corazón se tranquilizó.
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Yahiko tenía la casa en perfecto orden y Kaoru lo felicitó por la madurez demostrada. El chico señaló que faltaban algunas cosas en la despensa y que el dojo había sido limpiado esa mañana, asi que podían reponerse bien del viaje para iniciar con todo el día siguiente.
Kaoru fue a su cocina a revisar y encontró los ingredientes necesarios para preparar una cena. Cuando apareció con una bandeja, Yahiko declaró que ya se iba.
-Pero prueba algo al menos.- dijo Kaoru entristecida.
Kenshin se interesó por el contenido de la bandeja, aunque fuera para agradar a Kaoru. Se llevó la sorpresa de la vida cuando encontró sus masitas favoritas con forma de repollo.
-¿Y esto?
-Yo las preparo.- dijo Kaoru.
-Pero Omasu es la que las hacía en Aoiya.
-No. Estas las inventé yo. Sólo yo las hago.
Kenshin tomó una para probarla. ¡Era cierto! Ese sabor... estaba riquísima. No se molestó en ir a buscar a Yahiko. Todas las masitas serían suyas.
Kaoru se sintió bien al verlo comer con tanto agrado. Guardó algunas para el desayuno y limpió la cocina mientras Kenshin se aseaba para ir a acostarse.
Cuando Kaoru alcanzó el dormitorio, Kenshin ya se había preparado para dormir. Había extendido el futón en su lugar y a los pies del mismo se encontraba sentado sobre sus rodillas, muy derecho, manos sobre los muslos, esperándola.
Al verlo, Kaoru le dedicó una enorme sonrisa. Era primera vez que la esperaba de esa manera a pesar del frio. Era tan lindo. De forma espontánea le puso un beso en los labios que también a él sorprendió.
Haciéndole una seña con los ojos, Kenshin le indicó que se sentara frente a él. Le obedeció.
-Usted ayer me expresó un deseo.- dijo él, tratando de ocultar su nerviosismo, sintiendo en sus palmas la humedad del sudor.- Si usted quiere tocarme... yo no me opondré. Me gustaría que me enseñara por qué usted piensa que esto puede ayudarme.
Con asombro, Kaoru entreabrió ligeramente los labios. ¿Era cierto eso?
Kenshin no dijo nada más y ella, descolocada, se puso de pie un poco torpe. Ella quería acariciarlo. Lo deseaba más que nada, pero... ¿y si a él no le gustaba? No podría soportar que no le permitiera hacerlo más desde esa noche.
-Me voy a... a quitar esto y enseguida yo te... te... - pasó saliva.- Te alcanzo.
Kenshin nuevamente asintió. Parecía la viva imagen de la paz y ella en cambio sentía que le temblaban los dedos cuando tras quitarse el obi, siguió con el kimono. Kenshin la miraba hacer un poco divertido, percibiendo su inquietud, sin embargo, cayó en cuenta que era la primera vez que ella se desnudaba frente a él.
El resto del tiempo habia sido él quien le arrancaba la ropa o se la abría lo suficiente para tomarla. La miró con interés renovado esta vez y le gustó lo que vio. La forma en que la tela se deslizaba dejando su piel al descubierto, la manera en que estaba acomodada su ropa interior y en que ella se la quitaba antes de ponerse la yukata. Había una especie de elegancia en su modo de hacerlo y él no podía quitarle la vista de encima. Se obligó a dominarse cuando su excitación amenazó con ponerlo de pie para detener lo que hacía y llevársela al futón.
Respiró pausadamente. Esta vez el tiempo lo manejaba ella. Cuando Kaoru se sentó frente a él, ya estaba calmado.
La joven extendió una mano hacia él y tocó su pecho, sobre la yukata. Si quería hacer lo que tenia en mente, tendría que desnudarlo, pero... ¿Cómo? Se puso tras él y con sus labios acarició el cuello, algo que al menos él le permitía hacer desde antes, y para tratar de avanzar hacia los hombros jaló suavemente de los bordes de su ropa. Sin decir nada, Kenshin llevó los brazos hacia atrás, para que ella pudiera quitarle la yukata sobrepuesta. Enseguida ella se apegó a su espalda y lo abrazó desde atrás. Besó su cuello y sus hombros, con sus manos acarició su pecho.
Kenshin se sintió golpeado. Nunca nadie, que él recordara... jamás habia sido abrazado, acariciado y protegido de esa manera. Y no tenía sentido que un hombre con el poder que tenía él se sintiera protegido por una mujer como ella porque era imposible que sucediera tal cosa, sin embargo...
Ya no quería que siguiera. Quería disfrutar su abrazo, nada más. La tomó por las muñecas, como si asi pudiera envolverse más en ella y entendiendo, Kaoru se detuvo un momento.
Emocionado, Kenshin cerró los ojos, agradecido, sintiéndose amado, confortado y comprendido. Ella lo besó en la mejilla y al cabo de unos plácidos minutos, decidió continuar. Kenshin, rearmado, se sentía listo para seguir y se relajó.
Kaoru lo guió al futón donde lo hizo recostar. Deslizó sus dedos desde el abdomen a los hombros y siguió cada cicatriz que encontró, que no eran tantas como pensaba. Palpó sus músculos y notó lo duros que eran, en comparación a ella, cuyo cuerpo era más blando. Se montó sobre él con la intención de quedar más cómoda en su exploración y bajó hasta los labios de Kenshin para besarlo sin dejar de acariciarlo. Se sentía plena mientras hacia eso, ya no había espacio para los nervios. Tras el tiempo de los besos dejó la boca de su esposo e ignoró el que él estirara un poco el cuello pidiendo sus labios de vuelta, porque ella estaba decidida a seguir sobre su cuerpo para besar en cada rincón e incluso para dar en algunos lugares un suave masaje con los labios. Llegó a una de las tetillas de Kenshin y dio una ligera succión, a la par que con la lengua la rodeaba repetidas veces. Lo escuchó suspirar y motivada, cambió de tetilla al cabo de un rato, rozándola con sus dientes a poco andar.
Por su parte, Kenshin estaba excitado aunque también, un poco nervioso. Estaba a merced de ella. A su completa merced. Si Kaoru decidía apuñalarlo en ese momento, sabía que no haría nada por detenerla y era tan extraño para él sentir eso.
Era extraño confiar a ese nivel en una mujer.
Ahogó un gemido cuando ella lo lastimó con los dientes en torno a su pezón, y aunque fue muy leve, al parecer Kaoru se dio cuenta. Él pudo notar que a diferencia de lo que hacía él, llevado por su pasión, ella ponia más cuidado y lo conducía por sensaciones placenteras. No pudo evitar sentirse un poco mal por eso. Recordó sus palabras:
"Cuando llegues a amarme lo entenderás"
Kaoru se incorporó un poco, para desatarle el obi y abrir por completo la yukata. Así seguiría los cariños sobre el resto de su cuerpo. Al quedar expuesto, Kenshin tuvo la intención de cubrirse, incluso ponerse de pie, pero no podía hacerle eso a ella. Se contuvo y permitió que quedara a la vista su ropa interior. Kaoru miró en aquella zona con atención y pasó por alto el bulto que se adivinaba bajo la tela, porque había algo más interesante que quería tocar y eso podía decirse, era algo que deseaba hace tiempo. Deslizó las manos por los muslos.
Le gustaban mucho los muslos de Kenshin.
Siempre los había mirado un poco como al descuido, -incluso cuando estaba de novia con Fukio-, cuando él se acuclillaba por ahí. A Kaoru simplemente le fascinaba el modo en que sus músculos se apretaban y se marcaban bajo la tosca tela de sus hakamas. Frotó sus palmas sobre ellos, notando su dureza aún cuando ahora estaban relajados y pensó pedirle a Kenshin que la dejara tocarlos más adelante. Le prestó atención luego a las pantorrillas y regresó después de darle un rápido masaje a sus pies.
No podía pasar por alto lo que ocultaba la ropa interior. Le causaba mucha curiosidad verlo. Lo rozó con la palma de la mano y luego jaló un poco la tela. A pesar de sus reservas, Kenshin se mantuvo en su lugar de sumisión y se quitó la ropa para que ella pudiera seguir. Esperaba que lo mirara un poco y luego terminara con eso. No estaba seguro de querer que se metiera con su pene y enseguida recordó que sería lo justo, después de lo que él le hacía a ella en su intimidad.
Kaoru miró un poco extrañada el miembro de Kenshin. ¿Siempre era tan pequeño? Algo tenía que estar mal ahí, es decir... ella a veces sentía molestias cuando él la penetraba o con su fuerte roce, pero aquella cosita se veía un poco flácida. Incluso el tamaño de las bolsas de piel que se encontraban bajo el miembro lo hacían ver más chico. Miró a Kenshin con la duda pintada en el rostro, pero él estaba muy tranquilo con eso.
No tenía problemas con el tamaño. Además, sonrió un poco malévolo, se había estado aguantando precisamente por si llegaba a ese momento.
Cuando Kaoru tomó el pene para moverlo, empezó a aumentar de tamaño drásticamente. No solo su tamaño, a ella le pareció que cambiaba su forma. Miró la cara divertida de Kenshin y supo que se burlaba de ella, pero ya no importaba. Aquello que ahora sobresalía de su mano cerrada le parecía más acorde a lo que ella experimentaba por las noches.
Le dio un leve masaje y esta vez fue Kenshin quien se llevó la sorpresa cuando ella acarició la punta con su lengua, justo antes de rodearlo con su boca. Sentir la humedad, el calor, el masaje de la lengua y la succión que vino después fue más de lo que pudo soportar. Ya no le importó seguir mirando a Kaoru, simplemente se dejó caer en el futón y estirando el cuello, echó la cabeza hacia atrás. Notando lo extasiado que se encontraba, Kaoru redobló sus esfuerzos en las caricias a esa sensible zona en él. Incluso imitó un poco torpe al principio, el movimiento de entrar y salir que él hacía con ella, y eso le arrancó varios gemidos a su esposo.
Excitada al notar el estado en que él se encontraba, Kaoru tenía la intención de llegar hasta las últimas consecuencias con eso, pero Keshin se incorporó para detenerla. Él había sido demasiado generoso con ella y ya era tiempo de tenerla para él. No se molestó en quitarle la yukata. La tumbó y de inmediato se colocó sobre ella, para penetrarla y terminar en ella. Estaba en eso cuando puso atención a su cara, sus ojos cerrados mientras soportaba sus embestidas y su boca entreabierta, de la que escapaban varios suspiros y no pudo continuar.
¿Cómo podía seguir luego del amor, tiempo y dedicación que ella le había entregado? Ahora lo que él hacía le parecía bestial en comparación, a pesar que Kaoru no se quejaba.
A él nadie le enseñó de amor y ternura antes. Nunca hubo espacio en su vida para eso y simplemente se dejó llevar por sus impulsos al intimar con ella pensando que sería suficiente para demostrarle lo que sentía. Pero ahora había descubierto algo, algo que Kaoru había insistido en mostrarle.
Kaoru estaba empezando a seguir el ritmo de Kenshin cuando notó que de detenía. De inmediato, el roce en su mejilla de los nudillos de él la hizo abrir los ojos.
-¿Me deja acariciarla?
Kaoru sonrió y asintió por respuesta y él la guió para sentarla sobre sus muslos, de frente a él. Kenshin conocía sobradamente la piel de su torso, pero cambió la fuerza que imprimió a las caricias. Quería llegar a ser tan suave como lo fue ella con él y pronto descubrió que Kaoru era muy, pero muy sensible a su roce. Gemía quedo y cerraba los ojos, mientras él la tomaba por la cintura con ambas manos para pasar sus labios sobre la piel y la levantaba para morder ligeramente en su cintura.
Maravillado con la respuesta de ella, se dejó llevar un momento por la pasión y acarició imprimiendo fuerza. Los gemidos cesaron, asi que retomó el cuidado. Decidió ir a los senos, a pesar del aspecto que tenían, para probar lo aprendido y pudo notar un ligero temblor de ella.
Recordó la sensación de él cuando ella estaba en sus pezones. ¿Ella temería que él le hiciera daño? Sus antecedentes no eran muy buenos, por eso fue con cuidado. Con mucho cuidado. Succionó y acarició con la lengua una de las puntas rosadas, causando estragos en ella. El premio llegó con Kaoru arqueándose contra él, entregándole completamente su pecho y luego el otro, a la vez que comenzaba un sutil movimiento sobre su miembro, restregándose. Conforme pasaron los minutos, comprendió que ella deseaba que la penetrara y no le vio caso a hacerla esperar si él estaba listo. La levantó un poco, pero le indicó que ella guiaría en esa parte, para que buscara su comodidad.
Kaoru lo miró agradecida y se deslizó sobre él para comenzar a moverse. Kenshin se encontraba extasiado, abrazando su cintura y notando los diferentes ritmos que ella tomaba. Tras algunos minutos, ella se tumbó y él se puso encima, entonces notó que Kaoru nuevamente movía un poco las caderas hasta que encontró una posición que le acomodó.
Ella no tuvo que indicarle. Él se mantuvo fijo en ese lugar entrando y saliendo a un ritmo y poniendo atención a sus expresiones. Kaoru realmente lo disfrutaba y sentía que se abría como una flor para él. Lucía tan increiblemente hermosa en ese momento que no podía quitar la vista de su cara. Pero de pronto, todo se agitó en ella. Su respiración se tornó especialmente agitada y sus latidos se dispararon. Sus gemidos brotaron con fuerza mientras se aferraba a su espalda. Enseguida quedó exhausta sobre el futón y él se detuvo para observarla.
Sus mejillas estaban más sonrosadas, sus labios más rojos. Ella le indicó que continuara y él estaba más que motivado para hacerlo. Era placentero, asombrosamente placentero hacerlo con ella luego de ver lo que había visto. Se sentía genial, debía reconocerlo, obtener esa respuesta. Una respuesta no forzada por él al tomarla, sino al que tuvo ella después de acariciarlo y marcar el ritmo. Ella lo deseaba. Realmente se excitaba con su cuerpo y eso no tenía precio. Debía reconocer que le aumentaba el ego.
Con cierta timidez, Kaoru se acercó a su oído y le preguntó si podía hacerlo fuerte, como él solía hacerlo y ya eso desató al que solía ser. No tuvo compasión con ella y muy asombrado, vio que ella llegaba al éxtasis por segunda vez, justo antes de que él terminara.
Cayó cansado al futón, y antes que Kaoru estirara una mano para ponerse la yukata, la atrapó por la cintura y la tapó con el cobertor, pegándola a su lado. Apagó la lámpara y Kaoru se acurrucó contra él, buscando calor.
Suspirando, Kenshin no podía dejar de pensar en lo que había pasado.
Había sido sexo, no muy diferente del que habían tenido desde el principio, pero con "algo" que lo hizo especial y él notó la diferencia. Esta vez no se trató de cómo sentía la piel de Kaoru o como lucía, si no de estar pendiente de lo que sentía ella. ¿Asi era cuando el amor guiaba al deseo?
Kaoru era suya... pero ahora, por alguna razón, sentía que él era de ella.
-Gracias por esto.- le dijo cerca del oído, entrelazando sus piernas con las de ella.
Le tomó una mano y la colocó sobre su corazón, cubriéndola con la suya.
- Te amo, Kaoru.
O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o - O – o – o – o - O - o – O
Fin acto ocho
Sin Excluir
Junio 14, 2015
Notas de autora.
Me caigo del sueño, asi que no es mucho lo que puedo explayarme. Solo pedir disculpas a quienes me escriben y no logro responder.
En mi cotidiano yo soy comerciante y dueña de casa. Mi negocio atiende doce a trece horas continuas... simplemente no siempre tengo tiempo de responder, menos en invierno que con suerte puedo cocinar. Perdón.
Sobre el fanfic, quería hacer un comentario, pero siento que lo olvidé... ¡Ah, si! Alguien me preguntó por qué todas mis Kaoru tenían los ojos negros. He aquí la respuesta:
En mi fanfic "Actuación sin Libreto" que fue uno de los primeros que escribí, asumí que en la vida real no hay muchas japonesas de ojos azules, por ende, Kaori los tenía negros. Luego, cuando escribí el siguiente fanfic, me tincó que Kaoru tuviera los ojos negros para darle algún toque de realismo. Y bueno, se quedó asi para siempre y como sello personal de Blankaoru, Kaorus de ojos negros. Por lo demás, mis ojos se describen como castaños, asi que tampoco se puede decir que esa característica tenga que ver conmigo como una especie de Mary Sue.
Para finalizar, el lemon que acaban de leer es el último de esta serie y sin duda las cosas se pondrán más felices para Kenshin y Kaoru. Posiblemente se describan otras situaciones de índole sexual, pero nada con demasiado detalle.
La próxima historia no debería contener más de una o dos escenas.
Les quiero agradecer su cariño y apoyo. Saludos a Pola y a Pajarito Azul.
Un beso.
Blankiss.
