Casi todos los personajes de esta historia no me pertenecen, sino que son de la fantástica escritora Stephanie Meyer, a mi sólo me pertenece la historia.

En memoria a Michael Jackson.

(1958 — 2009)

FELICES FIESTAS!

.

.

Capítulo veinte: La Bella y La Bestia.

.

El imperfecto ser humano,

la maquina que destruirá este mundo con sus propias manos.

.

Espejismos – El Porta.

.

Para ser sincera no supe cuanto tiempo permanecí en la puerta, dura, sin expresión, simplemente con mi mirada fija en la de Edward. El tiempo no volvió a correr con normalidad hasta que él se puso de pie y se acercó a mí estirando los pasos lo más que le fue posible, como si quisiera que nunca llegáramos a estar cerca.

No lo juzgaba, me refiero, yo también esperaba no tener que afrontar ese tenemos que hablar. Generalmente, con Edward las cosas siempre eran así, pero estaba cansada de que todo fueran problemas entre nosotros. Nunca podíamos estar en paz, ahora que nos habíamos confesado…

… Ok, él se me había declarado yo sólo había esperado por gallina. La cuestión, es que ahora que podemos estar juntos sin inconvenientes, que al fin habíamos aclarado las cosas y no había más sentimientos no correspondidos, la cagabamos. Sí, con esa palabra, todo podría estar bien, pero nosotros encontrábamos la maldita forma de hacer que las cosas se arruinaran y no sabía exactamente porque había sido esta vez.

Finalmente, el momento llego, Edward se detuvo a tan solo unos pocos centímetros de mí y amago varias veces con la mano cerca de mi rostro, hasta que su batalla interior se decidió y dejo caer la mano a su costado. Suspiré con cansancio, deseaba el tacto de su piel junto a la mía, deseaba sus labios sobre los míos, deseaba que las cosas estuvieran bien.

─ Esto no esta funcionando ¿Verdad?─ Susurro, casi tan bajo que no estuve segura de haber oído bien.

Mi corazón se detuvo ¿Se había arrepentido? ¿Quizás sus palabras nunca fueron sinceras? ¿Qué diablos estaba diciendo? Por mi parte estaba demasiado segura de que quería hacer que funcionará, que quería estar al lado de Edward… Después de todo lo que habíamos pasado, al menos merecía una oportunidad de estar a su lado ¿No es así?

Opte por una respuesta estúpida antes de decir en voz alta lo que realmente pensaba de las palabras de él.

─ No estoy segura de lo que puedo decir sobre ello.─ Susurre.

Edward ni siquiera se digno a mirarme cuando hable, sus manos se dirigieron a mi cintura y me arrastro dentro de la sala de piano. La puerta se cerro detrás de nosotros, y Edward no me soltó mientras caminaba hacía atrás, acercándose al piano. Nuestros ojos parecían no necesitar pestañar, la conexión entre ellos los mantenía vivos.

Caímos, quizás con demasiada fuerza, sobre la banqueta. Aunque mi posición era bastante vergonzosa, no me atreví a romper la conexión que en esos momentos compartíamos.

─ Creo que no estamos haciendo las cosas bien, Bella.─ Un gemido escapo de mis labios, no solo por sus palabras, sino por las caricias que Edward estaba repartiendo en mi espalda. Sentía como si sus manos estuviesen acariciando a una flor, y no mi cuerpo.─ No deberíamos estar peleando continuamente, no deberíamos herirnos siempre que tengamos la ocasión.

¿De qué demonios hablaba? Yo no quería herirlo, de hecho eso era lo que menos deseaba en la vida. Simplemente quería, más bien suplicaba al mundo, que pudiera estar con él bien, sin pelearnos, sin problemas en el medio, sin nadie que nos quiera separar. Quería poder salir a pasear de su mano y besarlo siempre que se me antojará sin tener que escondernos de sus padres o Emmett.

─ Generalmente, soy yo quien hace este tipo de comentarios.─ Masculle entre dientes. Edward soltó una suave risita que no comprendí.─ De cualquier forma no te estoy siguiendo el paso…

Nos mantuvimos en silencio un tiempo, Edward había llevado una de sus manos hacía las teclas del piano y de vez en cuando llegaba a tocar más de tres notas seguidas; mientras que con la otra, seguía sobre mi cuerpo. No podía negar que estaba nerviosa, y estaba segura que si mi corazón seguía con ese ritmo cardíaco se saldría de su caja toráxico en cualquier momento.

─ Lo que paso hoy no tendría que haber pasado nunca. Es decir, no sé porque reaccioné de esa forma, y tampoco comprendía tu postura. Pero simplemente sé que no tuve que tratarte así, habías pasado por una humillación…

─ No me recuerdes a Lauren.─ Gruñí.

─ Lo que quiero decir, Bella, es que hay cosas que no puedo controlar sobre mí… Y no puedo hacerlo sino sé la postura que tomas ante dichas situaciones.

─ Sinceramente, Edward, sigo igual. No sé de qué postura estas hablando, ni de porque te has puesto de esa forma cuando te mostré que había comprado el Chevy. Te había avisado que me compraría un vehículo, no entiendo que fue lo que te sacó de las casillas.

Edward suspiró y tocó con fuerza dos teclas.

─ No me estoy expresando bien ¿Verdad? No me importa la maldita chatarra, Bella, lo que me molesta no es eso…

─ Bueno, porque no lo parece.─ Fruncí el ceño, mi camioneta no era una chatarra.

─ Te juro que no.─ Dejó caer la mano con fuerza sobre las teclas, cuales sonaron desparejas por un rato.─ Sí querías ver a Jacob ¿Por qué no me lo dijiste, simplemente? Si me hubieras dicho en algún maldito momento que querías subir a La Push, te habría llevado. ¡Mierda, Bella! ¿Cómo quieres qué me tomé bien el enterarme que has estado allí a escondidas mías? ¿¡Cómo!

─ ¡¿Pero que diablos?─ Salté de su regazo y me paré a unos cuantos centímetros de él ¿Qué rayos era esto?─ ¿Es qué no quedo suficientemente claro, ya? Había pensado que Seth había sido bastante específico, y yo también. ¡No te mentí, idiota!.─ Estaba realmente cabreada, pero no tenía pensado disculparme por el insulto aunque su expresión me haya hecho sentir culpable.─ No fui a La Push, de hecho no pensé en subir desde que llegue a los Estados, y al haberme percatado de ello me sentí mal. Compré el maldito auto a un tal Sam que estaba en la carretera mostrándolo.─ Alcé las manos en frustración y tomé aire antes de continuar.─ ¡Ya te lo había explicado! De cualquier forma, si mi intención habría sido ir a ver a Jacob tampoco debía pedirte permiso, pero para que lo sepas: estoy dispuesta a ir en uno de estos días. Me he portado fatal, no le avisado siquiera que había vuelto y voy a retractarme.

No le di tiempo a decir nada más, siquiera a que procesará mis palabras, sólo giré sobre mis talones y camine hasta la puerta.

La firme mano de Edward sostuvo mi muñeca y apoyó la otra haciendo presión sobre la puerta para que no pudiera escapar. Soltamos varios juramentos durante el forcejeó, pero al final termino por soltarme y yo por enfrentarme a él.

─ No quiero que vayas.─ Soltó en un jadeó penoso. Lo fulmine con la mirada.

─ Y yo no quiero que veas a Lauren, pero ¿Ves? Son cosas imposibles, así que te aguantas al igual que yo.

─ No es lo mismo, con Lauren vamos al mismo colegio, a Jacob puedes evitarlo.─ Su machismo me enojo aún más, estaba diciendo algo así como qué él podía pero yo no ¿No? No me iban esos juegos de celos, no me gustaban para nada ese jueguitos.

─ Hay una diferencia importante que estas olvidando.─ Hable, falsamente calmada.─ Yo no me acosté con Jacob ¡Si quiera tuve una historia! Tu con Lauren, sí. No me reclames nada, Edward, porque no estas en condiciones.

─ ¡Ya te explique lo de Lauren!─ Exclamó frustrado.

─ ¡Y yo lo de Jacob! No entiendo que te molesta. Además el hecho de que me hayas contado lo de Lauren, no borra el pasado ni lo que siente ella por ti. ¡Vete al diablo, Edward! Veré a Jacob, no me lo impedirás, es mi vida, no la tuya.

Edward dejó caer sus manos al costado, rendido. Aproveché para escaparme a toda velocidad a la seguridad de mi habitación. Aunque me había mostrado bastante calmada con la situación, lo cierto era que mis ojos estaban cargados de lágrimas y que tenía ganas de gritar y romperlo todo.

Como única alternativa, me tiré sobre la cama y ahogué los gritos entre las almohadas. Cuando me había levantado para ir a hablar con él, no había pensado que la charla terminaría de esta forma. No comprendía sus celos, y me molestaba que me exigiera cosas sin sentido y que él no tuviera que hacer nada a cambio. La relación tendría que ser parejas, pero al final él era como todos los demás hombres que exigen fidelidad excesiva a sus mujeres y ellos tienen vía libre. No insinuaba que Edward volviera con Lauren, pero eso no quería decir que no hubiese una remota posibilidad de que entre ellos volvieran a salir chispas. Por otro lado, con Jacob jamás podría pasar nada por eso mismo era que me había molestado tanto la actitud de Edward.

Cansada, dolida y más que nada furiosa, decidía que era hora de dormir, escuchando de fondo como Edward taladraba las notas con su piano.

Fue un día duro. Desde la mañana había estado evitando a Edward, y sin duda él hacía lo propio conmigo. No queríamos vernos, Alice y Jasper fueron concientes de que las cosas no estaban yendo bien. Me sentía totalmente idiota, no habíamos pasado ni siquiera los dos días de estar juntos como una pareja. Quizás, tan sólo quizás, jamás podríamos estar juntos, quizás no estuviéramos destinados. Pero eso no cambiaba nada, él lo era todo, absolutamente todo, y perderlo no estaba dentro de los planes. Al menos, no de los míos.

Tanto Lauren como Mike no se atrevieron a pasar cerca de mí, pero eso no cayo los comentarios de los demás estudiantes sobre el incidente del día anterior. Un día, que no había empezado bien y mucho menos terminado de forma decente. Supongo que sí las cosas no comienzan bien, no pueden acabar mejor.

La clase de literatura me había hecho pensar sobre posibles teorías, lo que nos pasaba a nosotros ya rallaba de lo absurdo. Habíamos estado trabajando en la moraleja de La Bella y La Bestia. Personalmente, amaba esa historia, había leído la historia más veces de las que podría recordar y de no ser por Aladdín sin duda sería mi favorita.

Comparé las distintas historias. La magia de La Bella y La Bestia, como al principio nada sale bien hasta que al final terminan enamorándose. El Mundo Ideal de Aladdín donde las mentiras no llegan lejos y no importa la clase moral sino el buen corazón de la persona. Y luego el Juego con Fuego de Edward y Bella, una complicación tras otra, una historia absurda y sin moraleja.

Me pregunté que había de distinto entre las historias. No era la magia, no era el hecho de que fuera ficción, no era el genio de la lámpara ni los objetos parlantes. No, no, no. No era nada de todo eso, era algo mucho más sencillo: ninguno de los demás eran tan estúpidos como Bella y Edward.

¿Quién podría perder a su mejor amigo por tres malditos años, sólo por celos? ¿Quién aceptaba mudarse a otro país sólo para no volver a ver a esa persona que tanto daño había causado en su corazón? ¿Quién, maldita sea, regresaba después de años, lograba que le confesarán amor y lo echaba todo a perder por su miserable filosofía contra las relaciones machistas?

Sin duda, nada de eso pasaba en los cuentos de hadas, sólo a mí podía pasarme y me hacía pensar que quizás si me merecía todo lo que había sucedido. Edward no podía cumplir todos mis caprichos, y desde luego yo no podía soportar los suyos, pero había que hacer algunos sacrificios.

Al parecer, sacrificios que no estábamos dispuestos a corresponder tan fácilmente. Por un lado, estaba mi idea de que una relación se basa en las dos personas, no en una, por lo que los sacrificios deberían ser iguales para ambos. En sí, no estaba mal lo que pensará ni mucho menos, la cuestión era que somos personas diferentes por lo que nunca todo sería igualitario.

No tenía forma seguir dándole cuerda a algo que de momento no podía solucionar. Quizás, en la mañana podría hacer algo. Quizás, las aguas se habrían calmado…

…Quizás todo se había agrandado. No me importaba el show (que nuevamente) estábamos haciendo en el garaje de la escuela. Estaba segura de que el instituto ya se había acostumbrado a nuestras tan seguidas luchas verbales.

Estaba apoyada sobre la parte delantera de mi monovolumen, mientras que Edward permanecía frente a mí con el ceño fruncido y los brazos en jarras. Ya habían terminado las clases, y habíamos hecho un esfuerzo enorme para aguantar hasta ese momento para no montar un espectáculo frente a Emmett y Rosalie. Finalmente, cuando ellos se marcharon a la facultad nosotros nos revelamos. Estaba cansada, mi respiración era agitada y mis ojos estaban nublados por las lágrimas de furia que querían liberarse.

Por otra parte, tanto Lauren, Mike, Alice, Jasper, Ben y Ángela, observaban todo a una cierta prudencia.

─ ¡No bajarás, y es mi última palabra!─ Sentenció Edward, colorado de todo el esfuerzo que había hecho en los últimos treinta minutos gritándome.─ Me esperarás a que te lleve a ballet, y luego volverás a casa. No saldrás…

─ ¡Oh, Dios mío!.─ Exclamé frustrada, harta de toda esta situación.─ No eres mi padre, Edward. ¡Y sí no los tengo, no necesito que nadie los reemplace! Suficiente con que tenga que soportar vivir contigo, como para que encima me des ordenes. ¡Y ridículas! Esto me ha superado, Edward, has lo que quieras. ¿Quieres a alguien que soporte tus celos y aire de superioridad? ¡Bien! Lauren y diez millones de mujeres más estarían dispuestas a soportarte, ¡Yo no! Aunque sea difícil de creer, quiero tener mi propia vida, quiero hacer lo que se me plazca, ¡Y no serás tu quien me lo prohíba!

Solté un bufido dándole énfasis a lo que había dicho, podía imaginar con facilidad la estúpida sonrisa dibujada en el rostro de Lauren notando que le estaba dejando el camino libre para que volviera a la cama de Edward. A decir verdad, se lo estaba haciendo demasiado fácil, pero ya no me importaba mucho. Desde ya que no quería que Edward me dejará y que corriera a sus sabanas, desde ya que no deseaba nada de eso. Pero estaba molesta, y las palabras fluían de mis labios sin pensarlo previamente.

─ ¡No puedes hablarme así!

─ ¡Pues tú tampoco!.─ Alcé los brazos.─ No tienes más derechos que yo, Edward.

─ Todo esto es ridículo.

─ Cuanta razón tienes, jamás deberíamos haber empezado con esto.

─ ¿Qué quieres decir?─ Edward no fue el único asombrado por mis palabras, podía escuchar los murmullos de incredulidad de nuestro publico. No podía mentir, a mi también me sorprendieron mis palabras. Pero esto no iba a funcionar, y mi amor podría seguir en mi corazón como lo había hecho todos estos años, al final no estaba hecha para Edward. Quizás él para mí sí, pero no yo para él.

─ Que nunca tendríamos que haber empezado con esto. Tenías razón, no podemos seguir de esta forma. Me cansé de las peleas, de los celos sin fundamento. Podemos fingir que esto nunca paso, que solo fue un momento de inconciencia. Podemos volver a ser los mejores amigos, podemos simplemente dejar esto en el pasado.

El grito de victoria que soltó Lauren me caló los huesos, mi voz se había quebrado en más de una momento mientras terminaba con Edward. Mi panza dolía, mi pecho moría. Mis ojos querían desesperadamente dejar de dolor, y mis labios sentir los de él. Pero era tarde ya, tenía que ponerle fin a todo esto.

─ No quiero que volvamos a ser los mejores amigos.─ Y eso fue la daga definitiva. Me sentí sangrar, me sentí morir en vida. Mordí con fuerza mi labio superior y trague unos sollozos que querían escapar.

Asentí con la cabeza quedamente dos veces.

─ Bien, lo entiendo.─ Gire sobre mis talones. Odie cuando mis ojos se posaron en Lauren, estaba tan feliz que tuve ganas de matarla en esos momentos. Pero ya no tenía fuerzas, y mis amigos me lo hicieron notar con sus miradas de lastima. Lastima que estaba destinada a mí. Les hice un gesto, tratando de que creyeran que todo estaba bien, pero no eran estúpidos.

─ No, no lo entiendes, Isabella.

No gire, no respondí. Abrí la puerta del monovolumen y de un saltó me metí en la camioneta. Edward no se movió hasta que encendí el motor, sólo se coloco a un costado para dejarme pasar. No era lo más sensato manejar en mi estado, y Jasper lo noto. Me sentí cruel, pero cuando quiso entrar por la puerta de acompañante coloque el seguro para que no me abriera. Al parecer no había esperado aquello, y su mirada me dolió más de lo que podía soportar. Pise el acelerador, y después de unos cuantos cambios dejé a Edward atrás.

Involuntariamente las lágrimas llegaron, el dolor se acentuó cuando comprendió que lo que había pasado no era un juego. Edward ya había salido de mi vida, quizás demasiado dramático, pero así era.

Maneje hasta darme cuenta que ya no podía ver el camino, que dejaba de respirar y que estaba perdida. Lo que menos había querido en ese momento era que me llegará un ataqué de nervios, pero me fue inevitable. El pecho se achico, las respiración se acelero y en menos de lo que había esperado estaba tratando desesperadamente de encontrar aire. Estaba acostumbrada a pasar este tipo de ataques solo, de hecho con la muerte de mis padres los había vivido demasiado seguido. Aún así eso no quería decir que estaba preparada a que mi cuerpo temblará, que el aire no llegara a mis pulmones o que simplemente me doliera el pecho. Pero ninguno, jamás me había dolido como en ese momento. El dolor que tenía el corazón era mucho más fuerte que del ataque.

Lloré, lloré tanto como fui capaz, allí acostada en el asiento de mi camioneta, bajo la lluvia que caracterizaba a Forks y que iba demasiado acordé a mi estado emocional. Lloré lo que jamás había llorado. Me sentí una bestia al recordar las blasfemias que habían salido de mi boca.

El celular me despertó, lo busque sin abrir los ojos, hasta que dí con él.

─ ¿Quién?

─ ¡Bella! Dios mío, me has dado un susto de muerte. Te estoy llamando desde hace al menos una hora. Te mande millones de mensajes de texto… ¡Dios mío! ¿Qué has hecho, dónde estas?

Suspiré.

─ Lo siento, Alice.─ Dije con voz pastosa.─ Me quede dormida, estoy bien. ¿Qué hora es?

─ Van a ser las ocho de la noche. Me preocupe, tienes suerte de que Esme no llegará, de lo contrario…

─ Ya entendí. ¿Puedes hacerme un favor?

─ Claro, no hay problema.

─ Hazme un bolso con la ropa para danza. Estaré allí en diez minutos para recogerlo.

─ Bella…

Sabía lo que iba a decirme, pero no me importaba que Esme me regañara. Necesitaba sacar de mí la furia y el dolor que llevaba dentro, el baile era lo único que en ese momento me ayudaría.

─ Sólo hazlo, Alice.─ Y con ello colgué el teléfono. Respiré varias veces, antes de abrir los ojos. Me ardieron, los sentía hinchados y secos, pero no podía culparlos.

Me tomé mi tiempo, no quería conducir dormida. Más que nada era una excusa, sólo estaba tratando de juntar fuerzas para poder llegar a la mansión Cullen; donde seguramente Edward ya estaría allí. Quizás el tiempo jugaba en mi contra o quizás era demasiado paranoica, pero llegar a la mansión me resulto demasiado pronto. Cuando estacione mí monovolumen, instantáneamente la puerta de entrada se abrió y un pequeño duende saltó hasta al lado de mi puerta. Baje la ventanilla, la cara de Alice me dijo todo lo que tenía que saber sobre mi aspecto.

─ Llamé a Emmett, él irá a buscarte esta noche, ¿De acuerdo?─ Asentí con la cabeza. Abrió varias veces la boca pero de sus labios no salió una palabra. Pasó el bolso por la ventana y se despidió con la mano hasta que me aleje lo suficiente como para perderla de vista.

Llegar al salón fue todo lo que necesite para que mi cuerpo se soltará un poco más y dejará de estar tan rígido. Me sorprendí al ver que Alice no había colocado nada raro en el bolso, sino que efectivamente había puesto mi usual ropa de ballet. Saludé a Clair, quién se iba justo en el momento en que encendía la música para comenzar con el calentamiento.

Por un momento mi mente se desconecto de todo lo relacionado a Edward y Jacob. Sólo prestaba atención a como movía mis extremidades para no tener que salir corriendo hacía el hospital por haber roto algo. Una vez que sentí que mi cuerpo estaba preparado para comenzar, fui hacía el recipiente con talco y metí la punta de mis zapatillas.

Comencé con los pasos de siempre, saltados y un par de vueltas. Estaba claro que Edward no iba a ser mi músico, porque debía ponerme en campaña de encontrar una buena música y comenzar a preparar la coreografía.

Las respiraciones profundas, la música clásica y la soledad del salón de baile, me hizo sentir bien. Mi mente estaba firmemente concentrada en mi cuerpo, en cada uno de sus movimientos. Pensaba en cuando debía dar un salto doble fouetté i'air, e intentaba crear algunos pasos seguidos para colocarlos en la coreografía cuando la comenzará a hacer.

Poco faltaba para que el reloj diera las diez de la noche. Empecé a bajar el ritmo, para luego estirar un poco antes de irme. No sabía a que hora pasaría Emmett a recogerme, o si ya estaba fuera, por lo que no quería retrazarme demasiado. Al mismo tiempo, la música fue llegando a su fin, haciendo que el ambiente se volviera un poco frío y solitario. Baje un poco las luces cuando estiré mis músculos, era perfecto así para relajarse mejor.

Mientras me cambiaba me reí sola de la irónica frase que llevaba escrita. Me la quite rápidamente, lo menos que necesitaba era algo amoroso en mi cuerpo. Cambie los zapatos de baile por las zapatillas, la remera por la que llevaba en la mañana, pero deje las pantis no tenía ganas de ponerme nuevamente los jeans.

Encapotada en mi abrigo, me reuní con Emmett que me esperaba en la puerta como había supuesto. Su rostro bañado en pena me dijo que no debía verme nada bien, le hice una mueca y a sabiendas de que no soportaría un abrazo sin largarme a llorar, camine hasta mi camioneta.

─ Oh, vamos, Bella. Cuando Alice me dijo que había adquirido un auto, pensé en eso u-n a-u-t-o. De haberlo sabido habría venido con mi Jeep.

Le dirigí una mirada intimidante cuando llegué a la puerta de conductor. Emmett simplemente se rió, me quito las llaves del chevy, y no chiste. No quería manejar, además era bueno que Emmett hiciera el trabajo por mí. Me alzo en alto para subirme y me deslice por el asiento hasta dejarle suficiente espacio.

No hablo hasta después de haber entrado en la desierta carretera, y no supe que era mejor: si su silencio o su manía de meter las narices en donde no debía.

─ Escúpelo, Bella.

─ ¿Qué tanto sabes?─ Contraataque en un susurro. Emmett no quitó la vista del camino.

─ Sé lo tuyo con Edward y también lo que sucedió ayer con Lauren. Sé que me lo han estado ocultado, pero ahora quiero que me cuentes exactamente que sucedió. Es decir, estuvieron juntos, ¡Bien! Pero no tengo ni la más remota idea de porque ahora son más miserables que antes…

─ No soy miserable.─ masculle, pero no fue creíble.

─ ¡Por favor, Bella! Solo hace falta mirarte a la cara para saber lo mal que estas. No te confíes, estoy enfadado contigo por haberme ocultado algo tan importante. Sé que no deseas un te lo dije, pero sinceramente, Bella, te lo mereces. Así que habla de una vez.

Suspire, no podía negarlo, pero Emmett tenía toda la razón del mundo. Ocultarle la verdad fue algo estúpido desde un inició, pero era parte del pasado, ahora era otra historia.

─ No sé por donde comenzar.─ Dije, patéticamente.

Emmett me miró, pero ya no había rastro de enfado sino de compasión. Soltó unas cuantas palabras hasta que finalmente hablo de forma entendible.

─ Quizás por el día en que comenzaron a estar juntos.

Asentí con la cabeza, subí las piernas sobre el asiento (como acostumbraba) y las abracé, apoyando sobre las rodillas el mentón.

─ Fue la noche donde tú y Rose salieron. Alice había preparado una noche de juegos y películas. Había invitado a Ben y Ángela.─ Note como Emmett asentí ante mi información.─ Estábamos jugando a Sí yo te besará. La cuestión es que todo estaba muy tenso. Había discutido con Alice, Edward por alguna razón no estaba divirtiéndose y yo seguía un poco angustiada por la pelea. Cuando fue el turno de Edward…

─ Lo escupió todo.

─ Sí, algo así. Dijo que me quería.

─ ¿Y le correspondiste?

Mis mejillas se coloraron, era obvia la respuesta, por la que la pase de largo.

─ Los primero días todo iba bien. Al otro día de esa noche salí con Alice para anotarme en ballet y buscar un auto. A último momento, cuando estábamos ya volviendo, noté un cartel en la carretera. Nos detuvimos y estaban vendiendo esta Chevy a un preció que podía permitirme. Firme los papel, pagué y prometieron llevármela al otro día ya que el que me la vendió no era el verdadero dueño.

─ ¿Edward se enfado porque compraste esta chatarra?

Aunque agradecí la intención de Emmett de aligerar el ambiente, no fui capaz de reírme.

─ Aún más tonto. Pasó lo de Lauren, ¿Recuerdas? Bueno, estábamos en el estacionamiento cuando trajeron el Chevy. ¡No te imaginarás!─ Me reí nerviosa, ansiosa de que Emmett tampoco me juzgará.─ Era Seth quién me la traía. Me Sorprendió, no lo esperaba. El problema serio comenzó cuando nombro a Jacob. Edward comenzó a acusarme de que había ido a buscarlo y que sabía que la camioneta le pertenecía. Pero la noticia me sorprendió tanto como a él, no tenía ni idea. Cuando dejamos a Seth en su casa comenzamos a discutir y le dije que quería ver a Jacob. ¿Tú me entiendes, verdad? Jacob también fue mi amigo y Seth me recordó lo egoísta que fui al no haber subido siquiera una vez para saludarlo en todo este tiempo.─ Mi corazón se oprimió ante los recuerdos.─ Hoy volvimos a discutir sobre lo mismo y… bueno…

─ Si, lo sé. Terminaron.

No dije nada más y Emmett se tomó su tiempo para volver a hablar. El ambiente era tenso, y deseé que volviéramos a ese aire ligero que siempre había cuando Emmett y yo estábamos juntos.

Sin duda alguna, había cagado las cosas. No sólo ya no era lo mismo estar junto a Edward sino que ahora tampoco junto a Emmett. Podía comprender que estuviera decepcionado de mí, e incluso enfadado por el daño que le había causado a su hermano. No podía hacerlo elegir, tanto Emmett como Alice estaban en todo su derecho de estar junto a Edward en estos momentos, él era su hermano yo simplemente era una intrusa en la familia.

Todo era un verdadero lío, y era ahora que me ponía a pensar en que hubiera pasado sí jamás hubiese huido como una cobarde. Si me hubiese quedado aquí desde un inicio, Edward y yo no estaríamos pasando por esto, incluso nos hubiésemos ahorrado años de dolor. Mis padres estarían vivos, Alice no hubiese perdido a una amiga y Emmett no se encontraría dividido entre la lealtad de su hermano o la de su amiga. En resumen, la culpa era mía.

─ Di algo, por favor.─ Suplique. Emmett suspiro.

─ No sé que decir, Bells. Nunca quise que esto pasara. Sé lo que sientes por Edward y realmente lo siento, pero nunca estuve seguro de cuan verdaderos eran sus sentimientos por ti. Te ama, no puedo negarla, pero no sé que esta dispuesto a dar…─ La palabras de Emmett estaban haciendo que me arrepintiera de haberle dado pie para que hablara, realmente me herían.─ El tiempo que no estuviste fue confuso, Edward cambió demasiado y aún no confió en él. No quería que estuvieran juntos, al menos no tan pronto, porque suponía que algo así pasaría. Qué, de una forma u otra, Edward la cagaría y tu serías la lastimada.

─ ¿Entonces crees que hago bien en ir a ver a Jacob?

Emmett no se movió y de no ser porque escuche perfectamente su voz, jamás habría sabido que había hablado pues sus labios no se movieron.

─ Aunque odie a ese chucho, sin duda creo que haces bien. Nunca me agrado, pero es algo de feeling, no creo que sea malo ni nada. Él también era tu amigo y tienes todo el derecho del mundo de al menos ir a saludarlo después de todos estos años.─ Apagó el motor y noté que habíamos llegado. Emmett me miró directamente a los ojos.─ Bella, estaré siempre para lo que quieras, incluso si decides salir con mi hermano a pesar de todo lo que ha pasado… Lo único que pido es que me lo digas, no me ocultes nada porque cuando suceda algo no sabré como ayudarte.

E inmediatamente las lágrimas llegaron a mis ojos, Emmett me había conmovido. Era raro verlo serio y hablando sin bromear de por medio, aunque muchas cosas que dijo me dolieron, podía ver lo sincero que era conmigo y como se preocupaba por mí. Sin esperar más, me lance a su cuello y lo abrace tan fuerte como fui capaz.

─ ¡Significa tanto para mi esto, Emmett!─ Sollocé en su hombre. Escuche como se rió de mi emotividad y me estrecho más fuerte contra él.

─ Sé lo que intentas hacer, no funcionará.─ Fruncí el ceño cuando me aparto de él.─ ¡Entremos ya!

Bufe, así que a eso se refería. Emmett bajo y me deslice por su asiento para bajar del mismo lado, me alzó y me colocó segura en el piso. Hasta llegar a la puerta no dejo de hacerme cosquillas, Esme nos sonrió al vernos entrar y dijo que nuestra comida estaba en la mesada de la cocina. Le agradecí, aún no estaba cómoda haciendo que Esme se desvelara por mi capricho de bailar.

─ ¡Un par de amigos están tomando algo en un bar. Y uno le dice al otro: Oye, el otro día me contó tu mujer un chiste tan bueno, que me caí de la cama!─ Engullo el guiso mientras se reía, por mi parte lo miré confusa.

─ ¿Y el chiste?

─ ¿No entendiste?─ Negué y se rió más fuerte, pero esta vez de mí.─ ¡Qué el tipo le confeso que e acostaba con su mujer!

─ Sí, eso lo entendí, no le veo la gracia.

─ Eres aburrida.─ Le quite la lengua y trague un poco de mi comida.─ Ok, acá va otro. ¿Qué le dijo una pompi a otra pompi*?

─ ¿Qué le dijo?.─ Le seguí el juego. Emmett sonrió malvadamente, OHOH!.

─ ¡Entre nosotros hay un soplo!─ Y después de decir ello un poco de su comida voló a mi cara.

─ ¡Eh!

─ ¡Aburrida!

─ ¡No es cierto!

─ Sí, sí lo es. ¡Aburrida, aburrida, abu…!

La diversión desapareció de su rostro y le seguí la mirada, mis ojos se abrieron de para en par al ver quien había entrado en la cocina y cogí un vaso de agua.

─ Mierda.─ Mascullé casi en silencio.

─ No detengan la diversión por mí, se veía que lo estaban pasando bien.─ Comento de una forma que no supe describir, pero que sin duda no sonaba nada bien.

─ Obviamente, nos divertimos. Sólo estoy esperando a que te marches, a no ser que tengas algo más que decir.

Edward se apoyó en la mesada y tomó un sorbo de agua, desafió a su hermano con la mirada.

─ A decir verdad, sí tengo algo que decir.─ Luego su vista se dirigió a mi, trague en seco.─ Dime, Isabella, así de fácil olvidas las cosas. Pensé que al menos te sentirías mal por lo que sucedió entre nosotros.

─ ¿Qué quieres decir?─ La frialdad en sus palabras no eran dignas de él. Estaba atónita.─ ¿Acaso esperas que me disculpe?

─ Sí, como mínimo. O quizás que estés llorando por los rincones, como acostumbras a hacer, o no sé… Al menos sentirte un poco mal. No pensé que lo superarías tan pronto.

─ ¿Qué hay que superar?─ Me atragante al preguntarlo.

─ ¡Déjala en paz, Edward! ¿Es qué deseas que se la pase sufriendo por tu culpa? ¿Es eso? ¡Pues noticias, hermano, Bella es una persona! Tiene sentimientos, pensamientos y una vida propia. No siempre tienes que ser el centro de todo.

─ Creo que no te pedí opinión, Emmett.─ Su voz salió más fría que el hielo.

─ Sí no la quería podrías haberte ido, sí lo dices frente a mí…

─ No es hora para que te hagas el idiota.

─ ¡Basta!.─ Solté el tenedor.─ ¡Basta, por favor!.─ Ambos se callaron pero no dejaron su lucha de miradas.─ No deberían pelear, son hermanos. ¿Por qué no se van a un lugar privado y tratan de hablar? Quizás…

─ ¿Me estas echando, Bella?─ Mis ojos se abrieron.

─ ¿Qué?

─ ¡No puedes echarme de mi propia casa, Isabella! Si te molesta la discusión vete tú, esta es mi casa, aquí la intrusa eres tu.

Ahogue un grito y una lágrima escapo de mi ojo derecho. Me quede inmóvil unos momentos, esperando que el puñal que había recibido en el vientre desapareciera. No se iba, allí estaba, era como si sangrará y sangrará y nunca acabará.

Me baje de la silla torpemente, aterrizando en el suelo cuando mi pie se engancho con la pata de la silla. Sentí la mano de Emmett en mi hombro, pero me sacudí apartándola de mí. No quería su lastima, yo sola ya me había humillado bastante. Trastabille un par de veces hasta que conseguí ponerme de pie y salir corriendo de allí. Varios gritos se oyeron a lo lejos, pero no quise saber que decían.

Comencé a híperventilar, mis manos temblaban, mis ojos no dejaban de llorar. Podía entender que Edward estuviese molesto, incluso que hubiésemos terminado por una tontería, lo que no esperé por ningún momento es que me dijera aquello. Había pensado, ingenuamente, que ellos habían aceptado tenerme en su casa hasta que pudiera mantenerme por mis propios medios, pero Edward tenía razón: no formaba parte de la familia Cullen y no era mi casa. Era una intrusa.

Fue un verdadero milagro que no cayera en las escaleras, cerré la puerta con el pestillo cuando llegué a la seguridad de la habitación. La mire un tiempo desde la puerta, hasta que decidí que hacer.

Corrí y saque de debajo de mi cama la maleta que tenía de Disney y otra vacía. Sin prestar atención a lo que tomaba, comencé a arrojar cosas dentro hasta que estuvieron llenas. Tomé el bolso de la escuela y saqué unas cuantas cosas del baño. No estaba pensando, estaba actuando por instinto. Mi ojos no veían nada, así que me costó abrir la puerta para bajar a toda velocidad las escaleras.

El ruido de las maletas contra la madera de los escalones despertó a Esme, Carlisle y Alice. No los escuche cuando pase cerca de ellos, simplemente me dediqué a gritarles una disculpa y no me detuve.

Escuche como también alguien baja tras de mí y me llamaba. No me importó, continué corriendo. Tomé las llaves de la camioneta que Emmett había dejado sobre la pequeña mesa del living. Escuche como tanto él como Edward gritaban insulto desde la cocina. Los ignoré, como había hecho con todos. Ya sin sentido de la orientación, me golpeé varias veces intentando salir de aquella mansión.

Lancé, usando toda la fuerza que poseía, las maletas en el baúl del monovolumen. No me importó como quedarán solo me aseguré de que estuvieran dentro, me metí en el auto y coloqué la llave. Dejando los gritos desesperados atrás, pise el acelerador y salí a la ruta a toda velocidad.

Los sollozos no me dejaban respirar y las lágrimas me estorbaban la vista, pero no me importo que fuera peligroso conducir de esa forma, solo quería huir. Todo me dolía demasiado, tendría que haber hecho caso a Emmett desde un inició, jamás debí de involucrarme con Edward, pero al menos los días que duro fueron los mejores, con sus altibajos, pero los más felices de mi vida. al menos podía decir que no era una completa frustrada, que había logrado mi objetivo, que le había dicho a Edward cuanto lo amará… Lo que no podía contar jamás sería la decepción de nuestra relación y lo poco que había durado.

Cuando me detuve a ver en donde estaba, había llegado a La Push. Conduje a ciegas, como si no hubieran pasado años desde que había venido hasta aquí. Estacione la camioneta frente a una destartalada casa de madera, vieja y mal mantenida. Aún lloraba cuando toqué el timbre, no sabía que estaba haciendo y no quería saberlo.

La puerta se abrió.

─ Bella…

Sólo me quedé allí mirándolo, recordando como Bella miraba a la Bestia la primera vez, y su mirada me dijo que yo era la Bestia.

.

.

*Pompi: Ok, el chiste se refiere a los cachetes del culo.

.

.

¿Qué les pareció el chap? ¡Lamento la tardanza! Tengo excusas! Primero me fui a Europa, EL MEJOR VIAJE SIN DUDA. Por lo que obviamente en ese tiempo siquiera toque la computadora. Al regresar estaba llena de examenes y cosas mendientes y no tenía tiempo, ganas o la inspiración necesaria para ponerme a escribir la continuación. Además no quería escribir alguna boludes, quería escribir bien y de esa forma no es posible. En fin, mis más sinceras disculpas!

MUSHIAS GRAX POR SUS RR :)

Nos leemos en el proximo chap, dejen rr :)

RECUERDEN QUE LOS RR ANONIMOS QUE REQUIERAN RESPUESTA O LO QUE SEA DEBEN DEJAR SU MAIL, YA QUE NO TENGO OTRA FORMA DE CONTESTARLOS. Y CUANDO DEJEN EL MAIL RECUERDEN PONER ESPACIOS ENTRE EL Y LOS NOMBRES ( ejemplo.89 Hotmail. Com)

Besop(L)

Hasta el crepúsculo…

Luchyrct

CLICK HERE, REVIW!

16