He estado pensando en cambiar el modo de contar la historia, quizás lo haga en modo de narrador omnisciente para más comodidad. Empezamos el tercer capítulo.

CAPÍTULO 3

El autobús en el que Hitsugi viajaba acababa de llegar a su destino. Frenó lentamente, como una pluma posándose en el suelo, y ella a continuación se despertó.

-Q-qué pasa? ¿Hemos llegado?- dijo la jóven, que justo en ese momento se había despertado después de un muuuy largo trayecto viajando sola y sin compañía alguna. La pequeña Hitsugi, pequeña de apariencia únicamente, había estado en ruta alrededor de unas 6 horas, estaba agotada, sólo quería dormir en una cama, pero estaba tan nerviosa y emocionada que nada más pisar la acera en la que la marquesina se encontraba sus ojos se abrieron de par en par. Todo era nuevo para ella, nuevo y enorme. No podía creerse lo que estaba viendo.

Una enorme sonrisa iluminó su cara, y se puso a caminar hasta la entrada del recinto estudiantil.

Llevaba una pequeña maleta en una mano, con la ropa necesaria para su estancia, y en la otra, abrazaba a un pequeño oso rosa de peluche con un lazo en el cuello. Hitsugi le tenía especial cariño a ese oso.

Lucía una radiante sonrisa, y se notaba a kilómetros lo feliz que estaba. Le apasionaba la idea de hacer nuevos amigos, de conocer gente y vivir nuevas experiencias.

Dio unos pocos pasos, despacio, se quedaba quieta constantemente contemplando lo que sería su nuevo hogar durante un par de cursos.

-Hola, chica nueva.- dijo una voz detrás de la pequeña -¿Te gusta la academia? ¿Es grande, verdad?-.

-¡Hola! ¡Si, es impresionante!- respondió Hitsugi con un todo exagerado de amabilidad y alegría.

La chica con la que ahora estaba hablando llevaba una coleta de ondulado cabello morado, su tono de voz asustaba un poco a Hitsugi, y también el hecho de que llevase un cinturón con distintas clases de tijeras, como las que llevan los peluqueros.

-¿No crees que eres un poco mayorcita para traerte tu osito de peluche a un sitio como este?- dijo la chica esbozando una sonrisa con no muy buenas intenciones.

Hitsugi miró al suelo, y abrazó a su oso aún más fuerte, no entendía como una chica que ni si quiera conocía le hablase así. ¿A caso serían así todos en Myōjō?

La pequeña peliazul se disculpó con una escusa para perder de vista a la otra jóven, y empezó a andar en dirección al edificio en el que se suponía que tenían que estar las habitaciones, todo ello, aún mirando al suelo.

Derepente, notó un tirón y sintió como si le faltase algo; la chica tan desagradable de antes se había apoderado de su oso, y se reía con un tono despreciable:

-Creo que tu peluche necesita unos retoques para estar a la altura de una academia como esta...- dijo mientras sacaba una de sus muchas tijeras.

A la pequeña Hitsugi se le paró el corazón y los ojos se le llenaron de lágrimas, nadie sabía lo que ese muñeco significaba para ella, y no tenía derecho a quitárselo de esa manera.

-¡Oye, devuélvemelo!- gritó mientras una lágrima se le resbalaba por una de sus mejillas.

La chica empezó a correr, mientras rasgaba el aterciopelado muñeco, disfrutando de la angustia y lágrimas de la pequeña que corría detrás de ella.


Chitaru se encontraba tranquila y feliz, no se pensaba que fuese tan fácil dar este tipo de primeros pasos en su nueva academia. Seguía a Kouko, la chica de la mirada fría, por una ancha acera hasta el edificio donde se encontraban las habitaciones. Todo parecía ir perfectamente, hasta que oyó pasos apresurados, una risa histérica y un gemido de angustia.

-¡Por favor, devuélvemelo!- suplicaba una voz, una suave y asustada voz.

Chitaru se giró, y vio a una pequeña chica, con el pelo azul celeste y dos coletitas a los dos lados de su cabeza, piel blanca y ojos grandes, de color ámbar y...hermosos. Hermosa, esa chica era hermosa, bueno, esa niña, no parecía tener más de 8.

Y Chitaru, como su noble corazón le ordenó, empezó a correr tras la chica que hacía sufrir a aquella pequeña tan linda e inocente. La agarró del chaleco que llevaba y le quitó el oso de las manos, Chitaru, con sus impresionantes 1,71 metros y su mirada intimidante, hizo que la chica cambiara su risa por una especie de tartamudeo causado por la intimidación:

-¿Qué se supone que estás haciendo?- le reprimió Chitaru con decisión.

-Y-yo...Estaba...pues...jugando con mi amiga- puso como excusa la otra jóven.

-No te pienses que me voy a creer eso, más te vale no volver a acercarte nunca a ella, ¿entendido?- dijo casi gritando Chitaru.

La otra chica se fue con la cabeza agachada y paso ligero, procurando alejarse todo lo posible de Chitaru.

Al verla ya alejándose, Chitaru miró al objeto que ahora poseía en sus manos; un adorable oso de peluche, todo roto, deshilachado, y con el relleno queriendo salir de él... Puso una triste mueca al ver en que estado lo había dejado, y miró a la pequeña que ahora había dejado de pedir su oso, y se limitaba a mirar a Chitaru con ojos asustados, y llenos de lágrimas.

Chitaru se acercó a ella, y se agachó un poco para enseñarle su oso:

-Siento mucho no haber podido cogerla antes, era muy rápida...te prometo que lo arreglaré, y lo dejaré aún más bonito de lo que ya era- dijo intentando esbozar una sonrisa para que la pequeña se sintiese mejor. Afortunadamente funcionó, y la peliazul, casi involuntariamente, se abalanzó sobre Chitaru y le dio un abrazo:

-Muchísimas gracias por haberme ayudado...- dijo asustada todavía por lo mal que lo acababa de pasar nada más llegar a aquel lugar.

Las mejillas de Chitaru se volvieron te un color rojizo, y acarició el suave cabello de la pequeña mientras la abrazaba. Se sentía eufórica, demasiado feliz por haber podido hacerla sonreír, por haber podido ver aquella hermosa sonrisa que la chica poseía y ser la causante de ella.

Pasados dos minutos más o menos, se enderezaron y por fin Hitsugi miró a la cara a Chitaru. Sus músculos se tensaron, al ver lo atractiva que era aquella chica, sus mejillas se tornaron de rojo, y abrazó considerablemente fuerte a su deshilachado oso para descargar la tensión de su cuerpo.

-Bueno...¿eres una estudiante de primaria? Me parece que tu edificio de habitaciones es el de la otra esquina del campus.- dijo amablemente Chitaru.

-Oh, no, yo...tengo que ir a la "Clase Negra". Me dijeron que este era el edificio de habitaciones, yo sola no sabría llegar, soy muy mala con los mapas e indicaciones...- respondió Hitsugi un poco avergonzada por el hecho de que siempre la confundiesen con una niña de primaria.

Una chispa pareció saltar en el corazón de Chitaru al escuchar que aquella linda chica iría a su misma clase.

-Oh! Siento mi fallo...eso quiere decir que iremos a la misma clase, yo también voy a la Clase Negra. Justo antes de encontrarme con la chica que te había quitado tu peluche estaba siguiendo a la representante de la clase para que me enseñase cual era mi cuarto y mi compañera de habitación.- dijo con un tono de felicidad en sus palabras bastante notable.

-Oh, no te preocupes...Bueno...t-te importaría si...¿puedes llevarme a mi habitación? Yo sola no se llegar...- contestó Hitsugi roja como un tomate.

-¡En absoluto! Ven, vamos.- respondió Chitaru alegremente a la vez que, sin pensarlo, cogía de la mano a la pequeña para evitar que se perdiese o se separase demasiado.

Y hasta aquí el tercer capítulo. Pronto seguiré con el cuarto!