¡Y seguimos escribiendo! Intentaré acabar de meter a todas las chicas dentro de poco para que todas puedan participar en la historia sin tener que pararme a presentarlas más adelante.
CAPÍTULO 7
Desde la pequeña pero elegante salita del cuarto, Chitaru podía oír el agua de la ducha corriendo por la piel y el pelo de la pequeña Hitsugi.
Que suerte tiene el agua, pensó.
Miraba por la ventana, pensando. Tenía mucho que pensar. Demasiado. Probablemente no dormiría muy bien esa noche a causa de eso. Tenía que pensar en Hitsugi, en su dulces sonrisas y miradas, las que le llevaba regalando todo el día; tenía que pensar en sus inocentes pero inteligentes reflexiones; tenía que pensar en como la vida, después de haberla dejado sin familia y sin hogar, le había otorgado ese milagro del cielo. Aquella chica despertaba todos los sentidos de la pelirroja, a penas la conocía, si, eso es cierto, pero tampoco le importaba demasiado.
Los pensamientos se le amontonaban en su subconsciente. ¿Por qué lo había pasado tan mal cuando Nio les preguntó por el orgasmo? No acababa de entender como oír esa palabra de la boca de Hitsugi había logrado estremecer todos sus músculos.
El sonido del agua procedente del baño cesó sin que Chitaru se diese cuenta, de repente, la puerta se abrió y dio un pequeño salto de la impresión.
La pequeña peliazul salió con una toalla de color verde como única prenda. Estaba mojada todavía, pero había olvidado coger su pijama antes de meterse en la ducha.
La mayor la observaba. Observaba sus ojos brillantes como la luna, sus mechones celestes húmedos, sus piernas estrechas y su tono pálido de piel. Observaba las gotas de agua que se habían quedado en su cuerpo, las miraba con envidia.
Hitsugi fue hacia su cama, se quitó la toalla y se puso su pijama. Chitaru seguía en el sofá, aún pensando, hasta que la chica se puso en frente de ella.
Llevaba una camisa larga de pijama, unos pantalones que le quedaban bastante abundantes y una chaqueta de lana suave encima. Se acercó mucho, mirando a la mayor con cara de preocupación.
-¿Te encuentras bien, Chitaru-san? Pareces tener mala cara.- dijo a la vez que le posaba la mano en su frente para comprobar que no tenía fiebre.
-Tu frente está muy caliente...- aseguró preocupada.
Y claro que Chitaru estaba caliente, pero esos calores no se los causaba ninguna fiebre; se los causaba la pequeña Hitsugi.
-No te preocupes, Kirigaya, estoy bien. Es sólo que...que...hmm...- murmuraba mientras intentaba buscar una excusa creíble, aunque mentir nunca fue una cosa que se le diese bien.
-Es sólo que tengo calor, eso es todo.-
-Chitaru-san, a mi me puedes decir la verdad. Pareces preocupada por algo, ¿seguro que no me quieres contar lo que te pasa?- insistió de una manera que convencía a la pelirroja por momentos.
Hitsugi se preocupaba mucho por Chitaru. Aquella misma mañana, había sido su heroína logrando arrebatarle su osito de peluche a la chica que se lo había quitado. También lo había arreglado con todo el cariño del mundo, le había ayudado a levantarse después de la caída accidentada que tuvo por culpa de Haru y había conseguido deshacerse de Nio cuando empezaba a sentirse incómoda con sus preguntas impertinentes.
Cada vez que la miraba, veía en ella cosas increíbles. No entendía como una chica tan atractiva y espectacular podría tenerle tanto aprecio en tan poco tiempo. En su cabeza se repetía la idea de que cuando Nio le preguntó que si eran novias, no lo había negado. La verdad es que tampoco lo había afirmado, pero no negarlo también es algo muy importante.
-Umm...creo que ya se lo que te pasa...- dijo Hitsugi empezando a esbozar una sonrisa.
Se fue hacia el pequeño frigorífico que había al lado de la mesa y cogió un yoghurt de fresa. Luego cogió una cuchara y se sentó al lado de la pelirroja, la cual la estaba mirando con extrema confusión.
-Di "aaa" Chitaru-san!- dijo con una enorme sonrisa en sus labios mientras le ofrecía una cucharada del lácteo de color rosa.
Las mejillas de Chitaru se pusieron rojas, muy rojas. Y su temperatura subió un poco más. Hitsugi sabía por qué estaba tan caliente.
-Vamos, Chitaru-san, tienes que comer para estar fuerte, comiste lo mismo que yo en la cena, y tu eres mucho más grande...- dijo intentando convencerla.
La pelirroja abrió la boca tímidamente, a lo que la pequeña aprovechó para acercarle la cuchara a la boca para que se comiese su contenido.
Hitsugi sonreía por cada cucharada que se comía la mayor.
Cuando se acabó todo el yoghurt, se percató de que estaba un poco manchada en el extremo izquierdo de sus labios.
-Um, quédate quieta, Chitaru-san...- susurró.
Acercó su mano a la cara de la pelirroja, la cual estaba del mismo color que su pelo, y delicadamente con el pulgar la limpió.
Luego sonrió y fue a tirar el envase del lácteo. Mientras tanto la cara de Chitaru seguía caliente, pero al contrario que antes de la cena, ahora no estaba incómoda. Adoraba que Hitsugi le hubiese dado de comer de una manera tan dulce. Adoraba todo lo poco que conocía de ella.
-*pum, pum* ¿Estás ahí, Hanabusa?- gritó una voz mientras aporreaba la puerta de su habitación.
Hitsugi miró confusa a Chitaru, la cual se levantó a abrir la puerta.
En el pasillo había una chica con el pelo de color blanco grisáceo en una coleta, tenía los ojos morados y una cicatriz que atravesaba uno de ellos. Tenía un uniforme de marinera y al parecer, buscaba a una tan Hanabusa.
-¿Eres Hanabusa?- preguntó.
-No, lo siento, creo que te has equivocado.- respondió Chitaru.
-Acabo de llegar, estoy en la Clase Negra y me dijeron que en esta planta estaba mi habitación. Me dijeron que preguntase por una tal Hanabusa, pero, ¡tío! ¡No la encuentro!- dijo con un tono de cansancio y diversión en su voz.
A Hitsugi le asustaba un poco la actitud de aquella chica y estaba agarrando la camisa de Chitaru desde su espalda. Chitaru se percató de ello, y la miró con ternura, le tendió una mano y ofreció a la chica ayudarla a encontrar su cuarto. Se puso sus zapatos, cogió la llave y salió de la habitación de la mano de Hitsugi.
Empezaron picando a la puerta de la habitación número uno, para ir por orden.
Tokaku abrió la puerta.
-¿Necesitáis algo?- preguntó con amabilidad pero sin mostrar ninguna expresión ni en su voz ni en su mirada.
-¿Sabes dónde está Hanabusa?- preguntó la chica del pelo grisáceo sin dejar a Chitaru explicar la situación. Tokaku negó con la cabeza y cerró la puerta.
Luego picaron en la puerta número dos. Esperaron unos segundos, pero nadie abría la puerta.
-¿ESTÁS AHÍ, HANABUSA?- rió histéricamente la chica aporreando la puerta.
De repente se abrió y una chica con una coleta roja y un pooky en la boca apareció con cara molesta.
-No hacía falta gritar, tío, ¿qué queréis, vecinas?- dijo esbozando una pequeña sonrisa.
Esta vez Chitaru se adelantó:
-Buscamos a una chica llamada Hanabusa, ¿por alguna casualidad sabéis en que habitación se encuentra?-
-¿Hanabusa? Hmm, no me suena, debió de llegar hace poco.-
-Gracias, y sentimos las molestias. Buenas noches.- se despidió Chitaru cordialmente justo antes de que cerraran la puerta.
La chica a la que intentaban ayudar se estaba poniendo histérica, corrió a la puerta siguiente y empezó a aporrearla brutalmente gritando que se la abrieran.
De pronto, una chica impecable, con una larga melena naranja y unos ojos azules como el cielo abrió la puerta, y con una suave sonrisa preguntó:
-Buenas noches, compañeras, ¿en qué os puedo ayudar?-
La chica antes histérica se acababa de quedar cortada por la belleza de la chica impecable que les había abierto la puerta.
-Buscamos a una chica llamada Hanabusa, ¿sabes donde está?- preguntó Hitsugi.
-Oh, ¿me buscabais?- dijo sorpendida. -Encantada, me llamo Hanabusa Sumireko, espero que nos llevemos bien.- sonrió.
-Es un placer conocerte...Hanabusa...me dijeron que eras mi compañera de cuarto...- dijo tímidamente la otra chica. -Me llamo Banba Shinya, espero que a Mahiru le parezcas tan buena chica como a mi.-
Las otras tres chicas se miraron con confusión, pero justo en ese momento Kouko apareció en el pasillo avisando de que era la hora del toque de queda.
Todas se fueron a sus susodichas habitaciones sin perder tiempo.
