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CAPÍTULO 9
Un tenue rayo de luz que golpeaba los ojos de Chitaru consiguió que estos se abrieran. Acababa de amanecer, a penas se veía la circunferencia entera que era el sol. La chica abrió los ojos despacio, todavía le pesaban sus párpados.
Se enderezó en la cama, y miró a su lado, donde se encontraba su compañera durmiendo en la otra cama. Le parecía la cosa más adorable del mundo; estaba abrazada a su osito y tenía la boca un poco abierta para respirar mejor.
Sonrió antes de mirar el despertador que tenían en la mesita; a penas mostraba las 7:00, y la alarma estaba programada automáticamente para las 7:30.
La verdad es que nadie le había dicho a que hora se servía el desayuno, ni a qué hora empezaban las clases. Se supuso que el desayuno sería a las 8:00, con el fin de tener media hora antes para prepararse, y las clases comenzarían a las 9:00. Pero claro, era sólo una suposición.
Se sentó al borde de su cama, y se quedó mirando a Hitsugi. Pensó en si aquella dulce chica que ahora estaba dormida en frente suyo era la misma que en sus sueños le había dado un beso en la mejilla. Porque así era como lo recordaba ella, como un sueño. Lo recordaba tan perfecto que sólo era capaz de verlo como un sueño. Algo tan irreal e increíble que sería imposible de hacerse realidad. Eso pensaba, o al menos lo hacía, hasta que oyó a la pequeña murmurar algo aún dormida:
-Ch-Chitaru-san...-
La mayor la miraba, ahora arrodillada en el suelo y apoyada en el borde de su colchón, para oírla mejor y tenerla más cerca.
-M-me...gus-s-t-tan...t-tus...bes-sos...-
La peliazul murmuraba estas palabras con notable dificultad debido a que aún estaba sometida a un sueño. Abrazaba fuerte a su osito y sus mejillas, incluso durmiendo, se empezaban a encender de un color rojizo.
Chitaru la miraba, con los ojos muy abiertos, y cada vez se acercaba más a ella, intentando sentir sus palabras.
-Kirigaya...- murmuró sonriendo, con una voz muy dulce y las mejillas calientes.
De pronto, notó que la chica se movía, notaba como sus sueños se desvanecían y como sus ojos comenzaban a abrirse lentamente.
Pasaron unos pocos segundos, y sus ojos dorados cuan dos lingotes de oro miraban a Chitaru con dulzura.
La mayor se dio cuenta de que estaba demasiado cerca de ella, a pocos centímetros de su cara. Tenía miedo de que Hitsugi pensase que llevaba mucho tiempo mirándola, así que decidió usar una excusa que al menos a ella le parecía creíble, pero la pequeña se le adelantó:
-Buenos días, Chitaru-san.
-B-buenos días, Kirigaya. Parecías tener una pesadilla y me acerqué para comprobar que estuvieses bien...
Las mejillas de Hitsugi se encendieron de nuevo.
-No era una pesadilla; era un sueño.
La pelirroja la miraba atónita. ¿Como podía estar tan feliz de decir eso? Definitivamente todavía estaba soñando. Una pequeña como ella nunca querría a alguien como Chitaru, o eso es lo que ella creía. Aún así se encontraba sumamente feliz.
-¿Y qué pasaba en ese sueño?
Chitaru quería oírlo de sus labios. Pero aún era demasiado pronto para adelantarse a acontecimientos.
-Ee...hmm...nada interesante. ¿Ya sonó el despertador, Chitaru-san?
Hitsugi intentaba esconder sus sentimientos, intentaba esconder sus fantasías y sus sueños. No quería que la mayor la mirase mal o incluso dejara de tratarla como lo hacía. Era demasiado pronto para todo.
-No, todavía no. Quedan 15 minutos para que suene. ¿Quieres dormir un poco más?
-Hmm, no. Prefiero hablar contigo.
La pelirroja enmudeció al oír eso. Sin duda alguna, el día estaba empezando de la mejor manera posible.
-Me parece una buena idea- dijo a la vez que esbozaba una enorme sonrisa.
Ambas se sonreían, la una a la otra. Hitsugi desde la cama y Chitaru arrodillada en el suelo. Cualquiera que las hubiese visto, podría haberlas confundido con la bella durmiente y su príncipe.
-Oh, Chitaru-san, ¡mira! El sol todavía no ha salido del todo.
Tras decir eso, la pequeña se levantó, y cogió de la manga de la camisa a Chitaru, la cual algo sorprendida, la siguió encantada.
Se acercó a la ventana y movió un poco la cortina.
La imagen que podían contemplar ambas chicas en aquel momento era digna de ser una de las siete maravillas del mundo. El sol, que apenas había empezado a salir, posaba sus rayos de luz en algún que otro árbol que empezaba a perder sus hojas. A aquellas horas de la mañana, hacía algo de frío, y la helada que había caído de madrugada se reflejaba por la enorme esfera de fuego incandescente. El color del cielo no era muy distinguible; aún era de noche, si alzabas la vista, aún se veía la oscuridad del universo, en cambio, al horizonte, un color anaranjado empezaba a asomarse a la misma velocidad que lo hacía el sol.
Hitsugi apoyó su cabeza en el hombro de Chitaru. Lo hermoso del paisaje, el lugar, y por supuesto, la compañía, hacía que la pequeña no se quisiese mover, no quería separar su cuerpo del de la mayor, no quería salir de la habitación. Quería quedarse así siempre. Pero para desgracia de ambas, las cuales estaban realmente cómodas y felices en aquella situación, aquel fenómeno de la naturaleza apenas duraba varios minutos.
Aunque para su fortuna, fenómenos naturales como ese, e incluso mejores, ocurrían cada día.
*PIPI, PIPI, PIPI*
Al mismo tiempo que la oscuridad de la noche se desvaneció, el sonido irritante del despertador se hizo eco en el silencio del cuarto.
Chitaru fue a apagarlo. Hitsugi se quedó mirándola desde la ventana. Adoraba los pliegues que hacía su camisa por la zona de su cintura, y la manera en que se tensaba por su fuerte espalda.
-Kirigaya, tenemos una hora y m-...
-Lo sé, Chitaru-san. No te preocupes por el tiempo. Hay que tomarse las cosas bonitas con calma, ¿no crees?
Estas palabras dejaron a Chitaru un tanto extrañada. Hitsugi parecía tener un buen carácter y bastante iniciativa. Aunque le parecía algo confuso, le gustaba.
Tras regalarle una tierna sonrisa se acercó a ella. No estaba segura de con qué intenciones, pero aún así caminó hacia ella con decisión. La miró unos instantes, apreciando como sus habitualmente lisos hermosos mechones de pelo celeste ahora estaban alborotados, realzando aún más sus bonitos y grandes ojos de color miel.
Extendió sus largos y fuertes brazos y agarró suavemente la cintura de Hitsugi, atrayéndola un poco hacia sí misma. Chitaru nunca fue un tipo de persona de esos que cogen cariño rápidamente con todo el mundo. Al contrario, tardaba mucho tiempo en coger confianza con alguien. Y así fue siempre, hasta que la conoció a ella. A penas la había conocido el día anterior, pero la verdad es que adoraba su compañía. Desde la primera vez que vio aquellos mechones azulados y aquellos ojos dulces, desde que oyó por primera vez su adorable voz, desde entonces, sintió algo por aquella persona que no lograba identificar.
Hitsugi rodeó con sus brazos el torso de Chitaru. Agarró suavemente los pliegues de su camisa, y se aferró a su cuerpo aún más. Se había despertado hacía poco, y su olor corporal era mucho más intenso a esas horas de la mañana. El olor a rosas silvestres que desprendía causaba el mismo efecto que una droga. Una droga que nadie le obligaría jamás a dejar.
-Kirigaya...
-¿Sí, Chitaru-san?
-Hoy es el primer día, y no tengo ni idea de donde está ningún sitio dentro de este enorme recinto. No quiero que te separes de mi mano, podrías perderte.
Estas palabras las dijo mientras disimuladamente enredaba sus dedos en las puntas de los mechones de la pequeña.
-De acuerdo. Estaré a tu lado todo el rato.
La sonrisa que tenía ahora mismo Hitsugi sobraba para darse cuenta de lo feliz que le había echo con sólo decir eso.
Dándose cuenta de que el tiempo pasaba más rápido de lo que les gustaría, ambas se vistieron, se asearon y salieron de su cuarto, evidentemente, cogidas de la mano.
Bajaron al comedor, y ya que a esas horas el hambre no abundaba mucho, cada una cogió una pieza de fruta para comerla mientras andaban hacia su clase.
Salieron caminando del edificio cogidas de la mano, aún tenían que caminar unos cinco minutos hasta el bloque que constaba de las aulas.
Por el camino se encontraron con Sumireko y Banba, la chica que la estaba buscando el día anterior. Iban a un paso considerablemente lento, así que las pillaron enseguida.
-¡Buenos días!- dijeron al unísono Chitaru y Hitsugi.
-Oh, buenos días. Hoy hace una mañana espléndida, ¿verdad?
-Ho-ola.- tartamudeó Banba.
-¿Te encuentras bien, Banba-san? Ayer parecías mucho más animada.- la pequeña peliazul aún confusa no entendía el concepto Shinya/Mahiru.
-La nerviosa chica de la noche anterior era Shinya. Esta es Mahiru, lo contrario a Shinya. Como la noche y el día.- intentó explicar Sumireko de una manera realmente breve pero eficaz al mismo tiempo.
Ahora que parecía entenderlo un poco mejor, sonrió a la nueva faceta diurna de Banba y conversó con Sumireko sobre cosas que se suelen conversar cuando intentas ser amable; como el tiempo, las instalaciones...
Al poco tiempo, llegaron a su destino. Entraron por la puerta principal y buscaron su clase, grado 10 Kurogumi. Más conocida como la Clase Negra.
