¡Hola de nuevo! Cada vez que voy a empezar a escribir un nuevo capítulo me siento encantada por los buenos reviews que me escribís sobre los anteriores. ¡Me motivan mucho!

Respecto a algunos, como el de «Nutella», me gustaría informar de que procuraré meter momentos de Sumireko y Banba, me fascina el tema Shinya/Mahiru, así que podría darle bastante juego. Y respecto al de «Maria Hatake-chan», quiero animarla, si quieres escribir una historia sobre ellas, ¡hazlo! Te garantizo que yo sería la primera en leerla.

¡Seguimos con la historia!

CAPÍTULO 10

Entraron en el aula cuya puerta traía escrita en una placa: "10th Kurogumi".

Aún faltaban diez minutos para que comenzasen las horas lectivas, pero alguna que otra chica ya se había elegido su asiento.

Adelante del todo, justo al lado de la ventana, Isuke estaba acomodándose para pasarse durmiendo el resto de la mañana. Haruki, justo detrás de ella, parecía pasárselo bien bromeando con su compañera. Kouko, por supuesto, estaba formalmente sentada por la zona del centro, y Suzu, a su lado.

Al entrar, les llamó altamente la atención un enorme escritorio de madera de pino con un jarrón de flores ocupando el sitio que en circunstancias normales tendría un pupitre como otro cualquiera.

-Espero que no os moleste.- dijo Sumireko a la vez que se sentaba en dicho sitio.

Banba prefirió sentarse justo en la otra esquina de la clase, lejos del barullo que para ella significaba la gente.

Chitaru apartó la silla de la mesa que había en la esquina superior más cercana a la puerta, para luego sentarse. Hitsugi, se sentó a su izquierda.

En los minutos siguientes, llegaron Nio, Tokaku, Haru, Otoya y Shiena; y ocuparon los sitios libres.

El último en llegar fue su profesor, justo al tiempo que sonó el timbre que indicaba el inicio de las clases.

-¡Buenos días, alumnos! Soy Mizorogi-sensei, es mi primer año como profesor, y, por lo tanto, sois mis primeras alumnas. ¡Divirtámonos mientras aprendemos!-

Haru le regaló un pequeño aplauso lleno de emoción, ambos tenían la misma ilusión.

Tras presentarse todas, Mizorogi empezó a dar clase de biología.

Los primeros quince minutos de clase fueron entretenidos para las chicas, hasta que recordaron lo difícil que era prestar atención teniendo tanta gente a tu alrededor.

Cuando a penas había pasado media hora, Isuke ya estaba durmiendo. Sólo Haru, Kouko, Suzu, Sumireko y Hitsugi prestaban atención y tomaban apuntes.

Chitaru, en otras circunstancias, también lo haría. Pero prefería estudiar los pliegues del vestido de la compañera de su izquierda, sin duda alguna.

La miraba con más ímpetu e interés que a cualquier otro esquema del encerado. Subrayaba con su mirada las partes importantes, aunque si fuese por ella, lo subrayaría todo. Quería aprenderse de memoria esa curva que formaba su cintura por la espalda. Esas piernas de piel blanca como la nieve, esos mechones azulados, esos ojos caramelizados que miraban fijamente al sensei.

Realmente parecía aplicada; ponía todas sus ganas en entenderlo y coger apuntes que le sirviesen para estudiar antes del examen. Movía su bolígrafo de color azul escribiendo palabras con una bonita caligrafía.

De pronto, Mizorogi se percató de que Isuke estaba durmiendo, sinceramente, fingía muy bien estar despierta.

-¡Señorita Inukai! ¡Estamos en clase!

Isuke dio un salto en el sitio.

-¡Yo no he sido!- intentó excusarse sin saber si quiera qué le había dicho.

Todas las demás empezaron a reírse, a excepción de Kouko y Tokaku, que no le encontraban la gracia.

Chitaru, sin embargo, seguía en su mundo, en la Luna, en aquellos ojos que brillaban mucho más que el satélite natural. Puso en coordinación todos sus sentidos para poder disfrutar de la hermosa risa que la pequeña poseía. Realmente angelical.

-Namatame, ¿podrías decirme cual es la función de las mitocondrias?

Al darse cuenta de la pregunta del sensei, intentó aparentar haber estado prestando atención. Todas la miraban, sobre todo Hitsugi. Si decía la respuesta incorrecta, igual pensaba que era una vaga, que se tomaba los estudios como una broma. Y eso no era así, a ella le gustaba estudiar, le parecía algo realmente importante y necesario. Sólo que la peliazul era aún más importante.

-Emm,...- de repente miró al encerado y con un fugaz vistazo vio la palabra 'mitocondria' seguida de 'dar energía'. Se limitó a adornar lo que entendía por eso.

-Pues se encarga de obtener energía para la célula.

-¡Muy bien, Namatame!

Se sentía aliviada, realmente descansada y fuera de tensión. Miró a Hitsugi, la cual le regaló una sonrisa y le susurró unas palabras de felicitaciones.

La pequeña sabía de sobra que no estaba prestando atención. Por el rabillo del ojo podía sentir sus ojos rojos mirándola con interés. Intentaba prestar atención, pero también quería saber lo que estaba haciendo ella. No quería que se cruzasen las miradas, se moriría de vergüenza. Se limitó a fingir estar atendiendo, hasta que el sensei pronunció su apellido. Estaba claro que Chitaru no había oído ninguna palabra desde que entraron en clase, estaba demasiado entretenida mirándola. Hitsugi puso todas sus esperanzas en que contestase bien, y como ella pensaba, resultó ser una chica muy inteligente. Todo lo que tuviese que ver con esa pelirroja era fascinante. Le encantaba.

Sin darse a penas cuenta, la clase ya había acabado. Y así pasaron las demás clases. Chitaru intentaba atender, pero la curiosidad que tenía por la peliazul se lo impedía. Y Hitsugi intentaba verla en todo momento, pero quería prestar atención al mismo tiempo.

A las 14:30 tocó el timbre una última vez, y todas recogieron sus libros antes de ir camino del comedor.

-¡Ey, esperad un momento!- gritó la juguetona voz de Nio.

Todas se giraron para echar un vistazo a lo que la rubia tenía que decir.

-Durante la comida, se repartirán folletos sobre las actividades extra escolares que se van a poner en marcha este curso. Si estáis interesados, venid a hablar conmigo.

Tras decir eso, se fue de clase. Ella y todas, sus estómagos ya rugían pidiendo algo de comer.

Las manos de Chitaru y Hitsugi se entrelazaron, compartieron una mirada de ternura y empezaron a caminar hacia el comedor.

-¿Tenéis un segundo?

Una suave y amable voz se alzó sus espaldas. Era Suzu, que les tendía un pequeño papel con información sobre una de esas actividades extra escolares.

-Si os interesa a alguna de las dos ir a clases de yoga para una mayor relajación sólo tenéis que buscarme, gracias por vuestra atención.- les esbozó una gratificante sonrisa y siguió repartiendo panfletos.

-Kirigaya, ¿tienes pensado apuntarte a algo?

-No lo sé, Chitaru-san, ¿y tú?

-Me gustaría apuntarme al club de teatro o a algún deporte de equipo, como baloncesto o fútbol.

Siguieron hablando de eso, y de la clase de biología hasta que llegaron al comedor. En el tablón del menú se leían en mayúsculas las palabras 'salmón, sopa'. Ambas se decantaron por un poco de las dos cosas, cogieron su comida y se dirigieron a la mesa más alejada de la multitud, como la noche anterior.

Mientras comían y charlaban alegremente, Haruki se acercó a ellas con unos folletos.

-¡Ey, chicas! ¿Os gustaría apuntaros a algún deporte? Si es así, avisadme durante el resto de la semana, ¿vale?

Les dejó un papel y siguió repartiendo por las mesas. Se notaba que le gustaban los deportes, estaba encantada y muy alegre mientras preguntaba a los alumnos si querían formar parte de algún club o equipo.

Hitsugi, que ya había acabado lo poco que no le daba asco comer del salmón y se había tomado la sopa, se levantó a coger una manzana para ella y otra para Chitaru. Se acercó al frutero y dudó di coger las verdes o las rojas. Se decidió por las rojas, que le recordaban a los mechones de pelo de la mayor, las cogió y cuando se fue a dar la vuelta chocó contra alguien.

-Vaya, pero si es la pequeña del osito de peluche.

La repugnante sonrisa malévola de Otoya hacía que el corazón de Hitsugi latiese tres veces más rápido. Notaba un nudo en su estómago y otro en su garganta, que le impedía articular palabra alguna. Se sentía indefensa ahora que Chitaru no estaba con ella. Ahora que Chitaru ni si quiera sabía en qué situación se encontraba.

-Hmm, ¿sabes Hitsugi-chan? Tener el pelo tan largo se ve muy mal, déjame que te lo arregle.

Cuando la peliazul vio la mano de Otoya acercándose a su cinturón lleno de tijeras, automáticamente le lanzó las manzanas, con la suerte y puntería suficiente para darle en la frente y nariz.

Hitsugi salió corriendo, intentando escapar del montón de hambrientos estudiantes en el que estaba atrapada. Gracias a su baja estatura, se pudo ir escabullendo poco a poco, pero oía la voz de la abusona justo detrás de ella.

Cuando salió del barullo, corrió en dirección a la mesa donde Chitaru estaba sentada. Ésta, al oír los pasos apresurados y la voz de Otoya, se dio la vuelta y como un auto reflejo, se levantó y escondió a Hitsugi detrás de ella.

Realmente aquella chica de las tijeras tenía una especie de obsesión o enfermedad, un problema que a la peliazul le causaba miedo, y a la pelirroja odio, odio por haber echo llorar a la pequeña.

Otoya, se acercaba a ellas con las tijeras en la mano. Parece mentira que no tuviese al menos un poco de respeto hacia Chitaru teniendo en cuenta lo del día anterior. Sin duda esa enfermedad causaba estragos en ella.

La pelirroja la agarró de la muñeca, y con un giro seco, la tiró al suelo boca abajo, logrando que sus tijeras saliesen despedidas. Se arrodilló encima de su brazo, una posición en la que con un solo movimiento de pelvis, se lo podría romper.

-Escucha bien lo que te digo.- susurró con un tono tan frío que parecía mentira que fuese la misma Chitaru de siempre la que lo usaba -Como vuelvas a tocar, molestar o mirar a Kirigaya, te romperé todas tus extremidades. Ahora vete antes de que empiece por tu brazo.

La chica se levantó y salió corriendo afuera del edificio. El comedor era tan grande y había tanto escándalo, que nadie se había inmutado de lo ocurrido.

Chitaru miró a la aún asustada Hitsugi, ya era la segunda vez que esa chica le hacía sufrir de una manera semejante. Como siguiese así, le causaría un trauma. Pero la pelirroja no estaba ni mucho menos dispuesta a eso.

Hasta aquí este capítulo. Se que está algo mal redactado, y todo ocurre muy deprisa, los siguientes los haré mejor, con más calma. Aún tengo que pensar a que actividades se pueden apuntar; teatro, baloncesto, fútbol, animadoras...no tengo ni idea. ¿Alguna sugerencia? ¡Nos vemos en el capítulo 11! ¡No olvidéis dejar un review!