¡Hola! Me gustaría daros las gracias a todos vosotros. En a penas una semana esta historia ha conseguido 1000 visitas. ¡Sois fantásticos; millones de gracias! Sin más dilación, seguimos con el duodécimo capítulo:

CAPÍTULO 12

Una leve caricia cerca de su pómulo izquierdo la despertó de un profundo sueño. En ese momento no recordaba ni donde estaba, ni que hacía, ni que hora era, ni lo más importante; con quién estaba.

Abrió los ojos de golpe, y se sorprendió al ver la cara sonrojada de Hitsugi, que pretendía acariciarla sin despertarla.

-Oh, hmm...te quedaste dormida mientras hacía mi tarea, pero no te preocupes, por este rincón de la biblioteca no pasa nadie, Chitaru-san.

La sonrisa que lucía era realmente preciosa.

-¿C-cuánto tiempo llevo dormida?

Las mejillas de Hitsugi se volvieron aún mas rojas. La verdad es que llevaba durmiendo toda la tarde, unas dos o tres horas. Cuando se dio cuenta, no quiso despertarla; quería deleitarse contemplando sus hermosas facciones, sus labios, su nariz, sus ojos cerrados suavemente, sus mechones rojizos...soñaba despierta con agarrarlos, agarrarlos mientras gritaba. Creo que ya me entendéis; la mente de la pequeña no es tan inocente como su actitud.

De vez en cuando, veía a Chitaru esbozar pequeñas sonrisas. Tenía mucha curiosidad por saber lo que ocurría en sus sueños en ese instante, pero le parecía tan adorable y la veía tan feliz, que optó por dejar que durmiese. Así podría seguir contemplando su bella figura durmiente, o al menos, hasta que al intentar acariciarla cariñosamente, sus ojos se abrieron.

-B-bueno...p-ues...la verdad es que no sé que hora es...- intentaba evitar decirle indirectamente que la llevaba observando gran parte de la tarde.

-Será mejor que volvamos al dormitorio, ¿te parece bien?

Amablemente tras ver el movimiento de asentimiento de la pequeña, Chitaru devolvió los libros a la encargada de la biblioteca para que los colocase en su sitio, y salieron de la sala cogidas de la mano.

Ambas se quedaron anonadadas al salir por la puerta principal del edificio.

Un espectacular atardecer cubría el cielo de tonos naranjas, amarillos y marrones. El horizonte se tragaba el sol por momentos, dejando cada vez menos al descubierto. Una suave brisa movía las hojas de los árboles, creando unas asombrosas sombras en el suelo. Aquel paisaje hizo que las dos chicas se mirasen con un pensamiento mutuo en sus mentes. Se acordaron del amanecer de aquella mañana, de lo juntas que estaban, de lo bien que se sentían en ese momento. Chitaru, con decisión, empezó a caminar hacia el frondoso parque de enormes dimensiones, buscando algún lugar desde el que ver a solas con su chica (¿su chica?) aquel maravilloso acontecimiento, que aunque fuese una cosa normal, nunca se había parado a mirarlo tanto como ahora. Estar con Hitsugi conseguía que le tuviese más aprecio a todo; el interés de la pequeña por cualquier cosa, la fascinación que mostraba cada vez que veía algo así le parecía tan encantador que empezó a disfrutarlo con ella.

Encontró un árbol cuyo tronco tenía unas dimensiones realmente grandes, y decidió sentarse bajo la sombra de sus ramas, invitando a la pequeña a sentarse encima de sus piernas.

Dejándose llevar por la magia del momento, abrazó con uno de sus brazos la estrecha cintura de la peliazul, disfrutando del tacto de la dulce curva que se formaba en sus costados. Con su otra mano acarició la piel de sus piernas, percatándose de que aquel acto hizo que el vello de la chica se pusiese de punta.

Hitsugi abrazó el cuello de la mayor, y miró a sus ojos. Eran todavía más hermosos bajo el brillo del sol de septiembre, sus destellos rojizos hacían que el corazón de la pequeña diese tumbos dentro de su cuerpo.

-Chitaru-san, eres preciosa.

El sonrojo de la mayor provocó una leve risita por parte de Hitsugi, que sin saber si fue por el efecto del sol a esas horas o por el aroma de la pelirroja, siguió actuando sin pensar.

Acarició tiernamente su cara, pasó uno de sus pequeños dedos por encima de los labios finos de la pelirroja, que no salía ni de su sonrojo ni de su asombro. Siguió acariciando su cuello, pasó su dedo índice por todos y cada uno de los botones de su camisa, y cuando llegó al principio del pantalón, se detuvo. En ese momento entró en razón, apartó la mano de su cuerpo, y se tapó su propia boca, para disimular la vergüenza que estaba pasando ahora mismo.

De pronto, Chitaru extendió su brazo para agarrar la mano con la que Hitsugi se tapaba la boca, y, muy sonrojada, aclaró:

-N-no tenías por qué parar...

La pequeña sonrió dulce y tímidamente; adoraba que a la mayor le gustasen sus impulsos, sus corazonadas. La adoraba. De pies a cabeza. Con ropa, o sin ella.

Se juntaron todavía mas; abrazadas. Sentían sus respiraciones, sus latidos. Veían como el sol se escondía lentamente, mientras disfrutaban mutuamente de su compañía, de su olor, de su cariño y de su particular e indefinida relación.

Cualquier otra persona pensaría que iban demasiado precipitadas. A penas dos días. Pero esos dos días, a ellas les parecían meses. Cada segundo que apreciaban la belleza de la otra, les parecían horas. El tiempo juntas pasaba muy rápido, pero aún así, sentían que ya habían hecho mil cosas en compañía.

Cuando al sol le quedaban pocos minutos de visibilidad, decidieron que ya era la hora de ir a cenar. Por mucho que adoraban pasar tiempo a solas, contemplando maravillas como esta, también tenían que llenar sus estómagos de vez en cuando.

Nada más entrar en el comedor, Haru corrió hacia ellas seguida de Tokaku, que como de costumbre, iba caminando sin mucho interés.

-¡Hitsugi-chan!¡Namatame-san!

Ambas se giraron buscando a la dueña de la voz, que apareció al instante a su vera.

-¿Dónde estabais? Fuimos a buscaros a vuestro cuarto hace poco para bajar aquí todas juntas.

Las mejillas coloradas de Chitaru hablaban por si solas, y su pequeña compañera al darse cuenta, decidió contestar por ella.

-Chitaru-san me estaba ayudando a acabar mis tareas en la biblioteca.

Abrazó con fuertemente su oso con el brazo izquierdo, que como sabéis, va con ella a todos sitios. Le encantaba esa manera de sonrojarse tan fácilmente que tenía la pelirroja, y en sus pensamientos, imaginaba hasta que punto podría llegar a hacerlo con un poco de ayuda de la noche, la pasión y el deseo.

Definitivamente, la inocencia de Hitsugi era algo que se desvanecía con facilidad cuando se trataba de pensar en Chitaru.

Las cuatro chicas fueron a tomar sus platos con la comida que eligieron. El menú de esa noche estaba compuesto por filete de ternera, sopa de pollo, y arroz con curry. Tokaku eligió curry, obviamente. Haru ternera, y Chitaru y Hitsugi, eligieron sopa. No tenían demasiada hambre, después de que sus corazones se acelerasen tanto hacía a penas media hora, todo lo que querían hacer era pensar la una en la otra. Y eso ocupaba todos sus órganos, todo su apetito, todos sus pensamientos. No necesitaban nada más que la compañía de la otra.

-Tokaku-san, comer tanto curry no debe ser bueno.

Tokaku parecía ignorar las advertencias de su compañera, siempre que había curry en el menú lo escogía. Y eso era casi todos los días.

Mientras las chicas conversaban en su mesa sobre cosas sin importancia, Nio se acercó a ellas comiendo un bollo de pan de melón.

-¡Hola, chicas! ¿Ya tenéis pensado apuntaros a alguna actividad?

Hitsugi alzó su aguda voz.

-¡Sí! Chitaru-san y yo nos queremos apuntar al club de teatro.

Por debajo de la mesa, acarició el muslo de Chitaru, que a consecuencia de sentir el tacto de la pequeña, tensó todos y cada uno de sus músculos.

-¡Oh, bien! Pues tenéis que ir a hablar con Kenmochi-san, es la que dirige ese proyecto. ¿Y vosotras os vais a apuntar a algo?

-Tenía pensado meterme en el grupo de música.- la voz de Tokaku ahora parecía mostrar un poco más de interés.

-¡Tokaku-san, vaya sorpresa!- todas estaban realmente sorprendidas, no se esperaban eso de su compañera.

-Entonces tienes que ir a hablar con Haruki-san; ella es la encargada del grupo de música.

-Pero esta mañana estaba repartiendo folletos de clubes deportivos...- Haru parecía confusa.

-Si, bueno, esos clubes no tienen encargados; cada equipo tiene un capitán, y Haruki se ofreció a repartir los papeles.

Tras la aclaración, la rubia siguió preguntando por las mesas donde se sentaban sus demás compañeras de clase.

En la mesa de Tokaku, todas comentaban su hasta ahora no descubierto gusto por la música, mientras ella comía su tan querido curry.

Tras acabar su cena, caminaron juntas hasta sus habitaciones, donde ya cada una se fue a su respectivo dormitorio.

El cuarto de Chitaru y Hitsugi se llenó con la presencia de las dos chicas. Y mientras la pequeña dejaba su oso en el sofá y acudía a ducharse, la mayor se sentó junto al peluche, envidiándole por tener siempre los brazos de la peliazul rodeándole.

Hitsugi PDV

Cerré la puerta del baño tras de mi, apoyé mi espalda en al puerta y mirando al techo suspiré. No podía evitar sentirme feliz por cada minuto que pasaba a su lado, realmente la adoraba.

Tras quitarme la ropa, me metí en la ducha. Ésta constaba con mandos tecnológicos táctiles y un espejo de cuerpo entero que aunque se podía cubrir, prefería verme reflejada.

Mido a penas un metro y medio. Para tener catorce años, mi cuerpo no está lo que se dice, muy desarrollado. Al contrario.

Me gustan mis pequeñas pero notables curvas, las que se forman en mi cintura.

Pero me gustan mucho más las de Chitaru-san. Incluso con su pijama las puedo notar; son deliciosas. O al menos eso parecen.

Mientras me lavaba el pelo, sólo podía pensar en ella. Me imaginaba que fuese ella la que me lo enjabonaba dulcemente. La que con sus manos llenas de champú me masajease la cabeza. En verdad me gustaría bañarme con ella, ver su cuerpo desnudo y resbaladizo por el agua.

No debería pensar estas cosas, pero no puedo evitarlo. Querría ser yo la que le lavase su fuerte espalda, la misma que hace que su camisa se tense por esa zona. Me gustaría recorrer su cuerpo con mis dedos, para aprendérmelo de memoria.

Mi reflejo se ve tan...poco para alguien como ella... Al fin y al cabo sólo yo comparto mis sentimientos conmigo misma.

Tras aclararme, y secarme el pelo, salí del baño a ponerme mi pijama. Esta vez no me lo había olvidado; pero me encantaba que Chitaru-san mirase con tanta atención la piel desnuda que mostraba.

Hasta aquí este capítulo. Espero que les haya gustado, y que no les confundiese o les pareciese extraño ese "Punto De Vista" de Hitsugi al final. Me gustaría poner varios de esos a lo largo de la historia, para profundizar mas en lo que piensan contado desde su perspectiva. Y ya sabéis, que vuestras visitas y reviews son realmente agradecidos.