¡Hola de nuevo!
«Maria Hatake-chan»: Tus comentarios me dan vida, chica, y bueno, respecto a la escena hard...¿A caso crees que se van a resistir a sus deseos? Todo a su tiempo, pero en algún momento espero que la haya. :)
«Pandastica»: ¡Si, la banda está en proceso! :)
«Nutella»: ¡Muchas gracias! Me encanta que comentéis cosas como esa, quiero intentar sacar a la Hitsugi del manga respecto a su falta de inocencia en ese tema.
Y ahora, como bien sabéis, este es el capítulo 13. Un hermoso número, y es que los supersticiosos lo odian, pero, ¿no son 13 las integrantes de la Clase Negra? Para darle una mención especial a esta cifra, dejemos que la pelirroja más elegante y la peliazul más adorable sean las que cuenten el capítulo. ¡Sigamos!
CAPÍTULO 13
Chitaru PDV
Cuando se metió en el baño, quedé eclipsada mirando fijamente su osito de peluche, el mismo que estaba sentado a mi lado, el mismo que Kirigaya abrazaba a todas horas. La verdad es que resulta adorable que abrace su peluche favorito en toda ocasión, pero, acabo sintiendo envidia de él.
Me gustaría saber que se siente cuando la persona más dulce del mundo te tiene cogida con sus pequeños bracitos, que te lleve consigo a todas partes, que te tenga tanto aprecio...Bueno, en cierto modo eso hacía conmigo. Pero soy demasiado grande para que ella pueda cogerme como lo hace con su osito. De todas formas, preferiría ser yo la que se deleitase al cogerla en brazos; como a una princesa.
La luz de la luna entraba por la ventana; era la única luz que se veía en el ambiente, puesto que preferí seguir pensando en la oscuridad del cuarto.
Oía el agua caer resbalando por su cuerpo, cuidadosamente, como si intentase hacerla sentir más a gusto.
Apostaría lo que sea a que soy mejor que ese insignificante chorro líquido en hacerla sentir bien.
Mientras el eco de las gotas rebotando en su piel se hacía sonar entre las paredes de la habitación, yo imaginaba como sería acariciar su pequeño cuerpo untado en una mezcla de agua y gel.
Nunca he sido una persona lo demasiado pervertida para llegar a pensar cosas que nunca se harían realidad, pero con ella se podría hacer una excepción. Tampoco fui nunca muy cariñosa, pero si se trata de ella, haría excepciones con todo.
Estiré los brazos y los coloqué detrás de mi cabeza, crucé una de mis piernas y miré al techo.
Aún dudaba si el beso que me había dado la anterior noche en la mejilla había sido o no un sueño. Lo mejor que podría hacer para salir de dudas sería preguntárselo, pero para una persona sensata como yo, es algo fuera de mi alcance. Además, soy mucho más tímida que ella, ni siquiera sabría que decir...
El ruido de la puerta del baño abriéndose me sacó de mis pensamientos, y una hermosa chica salió envuelta en su toalla.
Sus piernas...podría estar hablando horas enteras de sus piernas. Tan esbeltas, delgaditas y pequeñas, su piel recordaba a la porcelana francesa, tan delicada... Aún quedaban gotas reposando sobre sus hombros, estrechos, y cubiertos por su cabello recién lavado y seco. Daban ganas de abrazarla, sin duda. Cuando levanté la vista hasta sus encantadores y grandes ojos dorados descubrí que me estaban mirando; no pude evitar sonrojarme.
Sonrió maliciosamente, no supe distinguir por qué. Pero me gustó.
Miré de reojo como caminaba hasta su cama para ponerse el pijama. Dejó caer la toalla al suelo, cosa que me cogió por sorpresa. Rápidamente aparté mis ojos de su ahora totalmente desnudo cuerpo. A penas pude ver nada, pero era mejor así. No quería meterme en su intimidad, sabiendo que ella nunca lo permitiría... Pensaría de mi cosas horribles, y eso es lo último que quiero.
Volví a mirarla escondida tras el respaldo del sofá, rezando para que no me viese. Mi curiosidad podía contra cualquier sensatez.
Se estaba abotonando su camisa del pijama, le parecía costar, sus manos eran demasiado delicadas y no tenían la fuerza suficiente para abrochar los botones en unos agujeros tan pequeños.
-¿Quieres que te ayude?
Se giró un poco sorprendida para observarme, luego me regaló una pequeña y tímida sonrisa. No dijo nada, simplemente se acercó; caminó hasta quedarse justo en frente de mi, y aunque todo estuviese sumido en una oscuridad tremenda, pude notar su sonrojo.
Pero os puedo asegurar, que el mío fue mucho mayor al darme cuenta de que debajo de su camisa abierta, no llevaba nada.
No sabía como actuar, bueno, empecé a abotonarla desde su cuello, bajando por su torso, su pequeño y dulce torso.
Realmente me costaba fijarme sólo en los botones. Veía su piel desnuda justo a dos o tres milímetros de mi mano. Que fácil sería acariciarla ahora, qué fácil...
Cuando su camisa ya estaba completamente cerrada, la miré a los ojos de nuevo. Su sonrisa era tan dulce como el algodón de azúcar. Miento. Su sonrisa era tan dulce, que nada tenía comparación con ella.
-Muchas gracias, Chitaru-san.
No podía dejar de mirarla. Pero me obligué a mi misma a hacerlo. Si la observaba demasiado tiempo, cabía la posibilidad de que la incomode.
El sonido de dos serenos toques en la puerta nos dio un pequeño susto a ambas y me levanté a abrirla. No era otra que Kaminaga pasando lista, pero detrás de ella iba Shouto con una apariencia tranquila y sonriente, como de costumbre. Cuando apuntó en su libreta nuestra asistencia caminaron hasta la siguiente habitación, esta vez fueron desde la última a la primera, así que en el dormitorio al que acababan de picar la puerta estaban Hanabusa y Banba.
Sin apenas darme cuenta, las seguí mirando. Supongo que me hacía gracia la manera en la que Shouto intentaba agarrar la mano de Kaminaga.
Hanabusa abrió la puerta con su habitual elegancia y educación, dándoles las buenas noches y usando un vocabulario correcto. Aunque su tranquilidad terminó cuando una Banba Shinya un tanto...salvaje si es que se puede decir así, le dio un resonante manotazo en sus nalgas.
Cerré la puerta de golpe; no quería ver cosas que se supone que no debería ver. Kirigaya me miraba un tanto confusa, algo que en ella, como todo, resultaba adorable.
Hitsugi PDV
Desde el sofá podía contemplar como Chitaru-san miraba a nuestras compañeras en el pasillo. Estaba de espaldas, y como aquella misma mañana, pude apreciar lo realmente sexy que se veía en ella esa camisa apretada de hombro a hombro y holgada en su cintura. Los pantalones le quedaban algo más apretados en conjunto, y marcaban considerablemente sus nalgas.
Me sentía muy afortunada de ser su compañera de cuarto. Era lo mejor del mundo. Estaba con ella las veinticuatro horas del día, pero aún así, en la ducha, la echaba de menos.
Algún día me ducharé con ella. De eso estoy segura. Y si no, tendré que resignarme a ir a los baños públicos para poder hacerlo.
Pero dejar que las demás vean el esbelto cuerpo de Chitaru-san no era una opción razonable.
Intentaba pensar en un plan pero la puerta del cuarto se cerró y el susto casi consigue arrebatarme un pequeño grito.
Afortunadamente, no fue nada, mi chica fue la que cerró la puerta.
¿No suena maravilloso? Mi chica...
Mi chica va conmigo a todas partes. Mi chica tiene una espalda fuerte y deseable. Mi chica, mi chica, mi chica...
Menos mal que mi chica no puede saber lo que pienso.
Me sonrió y se fue a poner su pijama. Yo la observaba desde el sofá, pero me pareció estar muy lejos de ella. Cogí mi oso y fui hasta su cama, donde me senté.
Se notaba que le daba vergüenza cambiarse enfrente de mi, pero yo quería verla, no podía evitarlo.
Se giró para no tener que mirarme a la cara, se quito su camisa y la posó en una percha de su armario. Intentó desabrochar los complicados enganches de su sujetador, pero a causa de lo nerviosa que estaba por notar mis ojos siguiendo cada uno de sus movimientos, se le hizo imposible.
-Déjame ayudarte ahora, Chitaru-san.
Era una oportunidad increíblemente buena. Me acerqué a ella, arrodillada en su cama, y antes de dejarla semidesnuda de cintura hacia arriba, acaricié suavemente su espalda. Sí, la verdad es que me volvía loca, pero que se le va a hacer.
Noté su respiración agitada, pero no se movió. No se resistió. Y eso me hizo sentir muy cómoda y segura de mi misma. Así que seguí satisfaciendo un poco mis caprichos después de librarle del sostén.
La agarré de la cintura empujándola hacia abajo, para que se sentase, y así lo hizo.
Me acerqué un poco más a ella, y empecé a masajear suavemente sus hombros.
Notaba como intentaba relajarse, pero el hecho de estar semidesnuda parecía complicarle su propósito. Quería que se relajase, que estuviese a gusto conmigo.
Profundizaba el masaje por momentos, haciéndolo más intenso. Pasé a cubrir toda su espalda, y cuando me vi con valor suficiente, empecé a rozar sus costillas suavemente.
Me percaté de sus manos, las cuales agarraron el edredón con fuerza al sentir mi contacto en esa parte del cuerpo. Pero seguía sin quejarse, seguía dándome paso. Oh, Dios mío, como la adoro.
Con las palmas de mis manos, repasaba una y otra vez sus prominentes curvas, las que formaban su cintura y daban paso a su cadera.
Estaba tan feliz...tan suma y estúpidamente feliz, que la abracé y cerré los ojos sin darme cuenta. Apoyé mi cara en su espalda, que ahora estaba caliente. Y sentí como sus manos agarraban las mías, con cariño, con suavidad.
Estuvimos así durante un rato, hasta que me decidía a hablar.
-Chitaru-san, ¿tu crees que la luna y el sol compartirán lugar alguna vez en el mismo cielo?
Pronuncié esa pregunta mientras miraba sus mechones rojizos bañados por el resplandor blanquecino de la luna que entraba por la ventana. Oí como suspiraba una pequeña risa, y gentilmente aparto un poco mis manos para acabar de ponerse su pijama.
-La luna y el sol son cosas opuestas, Kirigaya. Sus desafortunados destinos no están conectados.
La amabilidad con la que me contestaba sólo conseguía que mi duda se hiciese mayor.
-¿Y por qué no pueden estar juntos? ¿A caso lo intentaron?
Ahora me miraba con una mirada interesada en lo que decía. Se acercó para sentarse a mi lado.
-¿Alguna vez los viste en compañía sobre el mismo paisaje?
Su sonrisa cautivadora hacía arder la sangre que corría por mis venas.
-Quizás aprovechan la noche, cuando todos dormimos, para que nadie les vea ser tan felices. Y por eso al día siguiente, el sol amanece brillante, mostrando su alegría.
Chitaru PDV
Sus interesantes reflexiones me hacían pensar.
Probablemente tuviese razón, y es que ella se fijaba en cosas absurdas, haciéndolas de esta manera hermosas y extraordinarias.
A estas horas, y estando a solas con ella, pude dejar escapar mi vergüenza y sensatez para que mi corazón hablase.
-¿Te importaría dormir en mi cama para comprobar tu teoría?
Su mirada confusa y su cara sonrojada me derretían el corazón.
-¿A q-que te refieres...C-Chitaru-san?
Sonreí con ternura para no asustarla con mi proposición.
-Si al despertar tengo una sonrisa brillante en mi cara, tendrás razón.
Dulcemente apartó mis mechones alborotados para colocarlos detrás de mis orejas, luego se acostó, y yo, me acosté a su lado.
El sentimiento de euforia inundaba todo mi ser, quería salir, como fuegos artificiales, como una bomba de relojería, pero en cambio, un arrebato de lo que yo entendí como amor, se apropió de mis labios, y con dulzura y suavidad, besé su mejilla. Al igual que ella había hecho en mis sueños. Lo que yo veía como un sueño.
-Buenas noches, Kirigaya.
-B-b-buenas noches...mi querida Chitaru-san.
