¡Buenas! Me alegro de que les guste mi historia, me hacéis muy feliz con vuestros reviews!
CAPÍTULO 14
El único rayo de luz que se apreciaba a aquella hora de la mañana fue el culpable de despertar a Chitaru, golpeando sus párpados que hasta entonces estaban cerrados.
Movió levemente la cabeza evitando el contacto con la luz, demasiado molesta en ese momento, y sintió un peso no identificado sobre ella; hasta que la vio.
Hitsugi estaba dormida abrazada a ella con la cabeza apoyada sobre su pecho. La pequeña mano de la peliazul agarraba los pliegues de la camisa de Chitaru, los que se formaban en su cintura.
No pudo evitar sonreír y sonrojarse; realmente se encontraba muy a gusto y feliz tan cerca de ella, la veía dormir como un angelito y su corazón se derretía momentáneamente.
Acarició suavemente su cabello intentando no despertarla, y la tapó un poco más para que no cogiese frío.
Miró el despertador; se había vuelto a despertar media hora antes de lo que debería, pero estaba contenta de poder ver a la otra chica dormir tan dulce y profundamente durante un buen rato.
La pequeña movió su cabeza aún dormida, y con la comisura de los labios rozó uno de los pezones de la mayor, que se escondían bajo su camisa.
Chitaru era demasiado sensible a este tipo de contacto. Sus mejillas y sus orejas de tornaron de rojo, y aunque hubiese sido un accidente, un pequeño gemido se le escapó de la garganta. Fue suave y a penas sonoro, pero suficiente para despertar a Hitsugi.
Abrió los ojos sin prisa, con notable sueño, y se juntó aún más a su compañera. La miró con ternura y una muy dulce sonrisa.
-¿Estoy soñando, Chitaru-san?
-No, no lo estás.- respondió con otra sonrisa y acariciando su melena celeste.
La pequeña estaba feliz, realmente feliz, apoyada sobre el pecho de la pelirroja observando detalladamente su camisa, sus botones, y los pequeños trozos de piel que se veían entre los huecos de cada uno.
La mayor, por su parte, la seguía acariciando, apreciando el momento de felicidad que ambas compartían. Miró a la cama de al lado, dándose cuenta de que allí yacía el rosado animal de terciopelo.
Ahora sí que su alegría era insuperable. Su pequeña damisela había dejado de lado su objeto más preciado para estrecharla a ella entre sus brazos.
-Nunca había dormido tan bien.- la voz de la peliazul sonaba calmada y suave, expresando bienestar y dulzura con cada una de sus palabras.
-Yo tampoco.- con los ojos cerrados, Chitaru disfrutaba de la situación.
-¿Chitaru-san...?
-¿Sí, Kirigaya?
Tras pasar unos pocos segundos sosteniéndose la mirada, la pequeña sonrió gratamente antes de volver a hablar.
-Tu sonrisa es realmente brillante.
En lo que en verdad fue un instante, en su mente, la pelirroja revivió todo lo que había ocurrido la noche anterior. Como Hitsugi había masajeado su espalda acercándose peligrosamente a partes sensibles de su cuerpo, como habían tenido esa conversación sobre la luna y el sol, y como en un arrebato, le había dado un beso en la mejilla.
Aún no se creía como había tenido aquel ataque de valor, pero se sentía muy orgullosa de ello.
Miró a la ventana, y vio aquel mismo rayo de luz que la había despertado. Se destapó delicadamente, para no destapar a Hitsugi, y se acercó más al cristal.
-¡Kirigaya, ven, mira!
La pequeña algo confusa le hizo caso; caminó hasta ponerse a su lado y agarró su mano derecha.
El amanecer era hermoso, como todos. El sol aún parecía frío a aquella hora, y a penas alumbraba. Pero si te fijabas bien, justo en la otra esquina del paisaje, la luna se empezaba a esconder, y con ella, la oscuridad de la noche.
Las dos chicas se abrazaron mientras contemplaban sonrientes como la teoría de Hitsugi se había hecho realidad. Al poco tiempo, el despertador rompió el adorado silencio que allí había, y con ello, empezaron a prepararse para otra mañana de estudio.
-¡Isuke-sama, no vayas tan rápido!
Haruki se apuraba para cerrar con llave la puerta de su cuarto antes de correr detrás de su compañera.
Aquella mañana el frío empezaba a notarse, y la pelirrosa quería llegar rápido a su clase en la que, probablemente, estuviese encendida la calefacción.
Cuando la viciada a los pookys llegó a la vera de Isuke, se percató del frío que la joven parecía tener.
Normal, pensó, enseña demasiada piel en esta época del año.
Se quitó su chaqueta de lana y la puso sobre los hombros de la pelirrosa, que algo avergonzada y sonrojada protestó.
-¡No me pienso poner esta horterada, Haruki!
Aún así, no se la quitó, y eso hizo sentir muy bien a la pelirroja, que tras reír brevemente, ofreció uno de sus palitos de chocolate a la otra chica.
A regañadientes, lo aceptó, y entre leves sonrojos se lo comió.
Mientras caminaban hacia el otro edificio se encontraron con Sumireko y Banba, a las cuales se unieron en su marcha.
-¡Buenos días, Inukai-san, Sagae-san!
La impecable muchacha lucía reluciente junto a la tímida Mahiru que la acompañaba bajo la luz del día, a diferencia de Shinya.
-¡Buenas!- la pelirroja saludó con alegría.
Sumireko hablaba con Haruki mientras Isuke caminaba en silencio, al igual que Mahiru. De pronto se fijaron en dos siluetas femeninas, y todas comenzaron a comentar.
-Esas dos van juntas a todos los sitios, tío.
-Realmente parece que tuviesen algún tipo de relación más especial que amistad.
-No creí nunca que a una chica como Namatame le gustasen las niñas...en ese aspecto.
Las dos jóvenes de las que hablaban iban unos cuantos metros más adelante, charlando, cogidas de la mano, aunque andando a paso ligero procurando llegar cuando antes al acogedor calor de su clase.
Una vez allí, Hitsugi divisó a Shiena, la cual sentada en su sitio, escribía algo en una libreta de apuntes. Acercándose a ella, amablemente intentó entablar una pequeña conversación.
-Buenos días, Kenmochi-san.
-...Hm, buenos días, Kirigaya.- parecía muy concentrada en lo que escribía.
-Hashiri-san nos dijo que eras la encargada del club de teatro, y pues...-
Shiena dejó caer el boli en la mesa y se levantó de golpe al ver que alguien había decidido por fin unirse a su actividad.
-¡Oh, sí! Soy la encargada, ¿quieres apuntarte?- cogió su libreta de nuevo para apuntarlo.
Chitaru apareció justo detrás de la pequeña; apoyando las manos en sus estrechos hombros.
-Apúntanos a las dos, si no es mucha molestia.- la elegante pelirroja usaba un tono tan amable con todo el mundo que Hitsugi la veía como una mujer adulta. Casi lo era, pero en cierto modo, todavía no había llegado a la mayoría de edad.
A un tiempo récord en el que Shiena apuntó sus nombres completos en la agenda, Mizorogi llegó al aula.
Dieron clase normal, no pasó nada interesante. Isuke se durmió, Mahiru se negó a salir al encerado, riñeron a Haruki por comer pookys en el aula, y Chitaru, demasiado distraída observando a Hitsugi, contestó mal todo lo que el sensei le preguntó. No la castigó ni nada, pero le recomendó estudiar y estar más atenta.
Cuando el timbre anunció que podían ir al comedor, todas salieron por la puerta con la misma velocidad que una presa huye de su depredador.
-¡Namatame, Kirigaya! ¿Puedo acompañaros?
Shiena aceleró su paso para colocarse al lado de las dos chicas que iban, como de costumbre, cogidas de la mano. Asintieron amablemente y siguieron caminando.
-Me gustaría comentar con vosotras algunos detalles sobre el club de teatro, ¿os parece?
-¡Claro!
Mientras bajaban las escaleras, la morena les explicaba con interés en sus opiniones.
-Aquí en Myōjō, las actividades se realizan por la tarde, y, algunas veces, en sábado o domingo. Empezaremos la semana que viene, en el salón de actos del tercer edificio.
-No sabía que había salón de actos aquí.
-Lo hay, no estaba en uso hasta que decidí crear el club y me prestaron las llaves para poder usarlo. Sois las primeras en apuntaros, así que, empezaremos con cosas sencillas para ver como os desenvolvéis en el mundo del arte y el espectáculo.
Shiena ponía un sentimiento increíble en cada palabra que salía de su boca.
Cuando se acercaban a su destino, la voz de Otoya buscándola sonó a sus espaldas, y Chitaru, intentando evitarla todo lo posible, aligeró el paso hasta el comedor de la mano de Hitsugi.
Una vez allí, cogieron ambas su comida y se sentaron en la mesa más alejada del barullo. Como solía pasar, dos de sus compañeras se les unieron.
-¡Buenas tardes! ¿Nos permitís compartir mesa con vosotras?
Asintieron agradecidas ante la inmensa amabilidad de Sumireko, la cual acompañada de Mahiru, tomó asiento en frente a las otras dos chicas.
Con una exagerada educación, la dama de naranjas cabellos se sentó con la espalda totalmente recta, cogió una exacta cantidad de sopa en su cuchara, y se la llevó a la boca. Al contrario que su compañera, que con la espalda encorvada intentaba evitar el contacto visual con todas.
En ese momento, Haruki se acercó a su mesa con una libreta, preguntando por gente para apuntarse a su grupo de música.
-¡Hey, chicas! ¿Alguna interesada en formar parte de un grupo?
-Y-yo...
Todas giraron sus cabezas hacia la tímida chica que había tartamudeado aquel monosílabo.
-¡Oh, Banba-san! No sabía que te gustase la música.
-S-si...b-bueno, le gust-ta más a Shin-nya...
-Bueno, Banba-san...- decía al tiempo que escribía en su libreta. -espero que lo des todo sobre el escenario.
Les guiñó un ojo y siguió preguntando por las mesas.
Hitsugi miró a Mahiru intentando imaginarse a una chica como ella cantando para cientos de personas. La verdad es que era algo difícil de imaginar. Mientras lo intentaba, pudo ver como a la joven de pelo grisáceo se le resbaló la cuchara y se manchó el escote de su vestido de marinera.
Sumireko se percató del accidente y sacó un pañuelo de tela de su vestido para limpiarla.
Todas pensaban que el afecto que tenía por Banba era bastante mas especial que el que tenían dos simples amigas. La trataba con especial cariño y hacía todo lo posible por mantener cualquier tipo de contacto con ella. Hitsugi las veía mientras reía casi sin hacer ruido. Le parecían adorables. Aunque no tanto como Chitaru sonrojada; eso le parecía lo más adorable del mundo.
-¡Banba-san, tu nariz está manchada! Déjame limpiarla...- la atrevida Sumireko intentaba darle un beso a Mahiru en la nariz con esa excusa, pero ella, más roja que un tomate, intentaba apartarla. Sin duda esas dos tendrían futuro, pensaba la otra pareja mientras reían al verlas.
Cuando se levantaron para volver a sus habitaciones, Haru apareció de la nada aún comiendo una pieza de fruta como postre.
-¡Hitsugi-chan! ¿Quieres venir a hacer las tareas conmigo a nuestro cuarto?
Chitaru oyó la pregunta. No es que no quisiese que la pequeña hiciese amigos, al contrario. Pero no quería separarse de ella, eso la llevó a hacer otra propuesta.
-¿Y por qué no vamos todas a la biblioteca? Habrá mas fuentes de información por si lo necesitamos.
-Lo siento, pero Ichinose prometió que hoy la iba a entrenar para estar en forma en la primera clase de gimnasia.
Tokaku miró seriamente a Haru, cuyo plan para escaquearse del esfuerzo físico resultó fallido. Aunque eso a Chitaru le pareció aún mejor idea que la suya misma.
-Tranquila, Ichinose. Quizás encontremos un momento para ir a veros.
Haru sonrió al oír a la pelirroja, y cogida del brazo de Tokaku, fueron a ponerse algo más cómodo para practicar deporte.
Ahora que lo pensaba, ni si quiera le había preguntado a la peliazul por su opinión, y el sentimiento de culpabilidad empezaba a inundar su ser. Quizás fuese una tontería, pero cualquier estupidez podría convertirse en algo serio si Hitsugi se molestaba con ella.
Afortunadamente, a la pequeña le pareció una idea estupenda. Hacía un día maravilloso, ¿y qué mejor que pasárselo entero junto a su chica bajo los rayos del brillante sol?
Siento si no tiene demasiado argumento interesante, pero no todos los capítulos pueden ser igual de buenos. Espero sus reviews y visitas, ¡gracias por leer!
