¡Buenas! Aquí seguimos con la historia. Nuestras dos chicas están empezando a darse cuenta de muchas cosas, así que, situémonos en la semana siguiente si no os importa. Las actividades empiezan a ponerse en marcha y con ello, el club de teatro, y el grupo de música.
CAPÍTULO 17
Fue una mañana normal, como todas. Asistieron a clase, y Mizorogi enseñó un montón de cosas nuevas. Isuke se durmió, Tokaku se enfadó con Otoya y esta vez, Chitaru intentó prestar atención a las explicaciones del sensei.
Al tocar el timbre, se apuró para recoger sus libros y buscar entre las chicas de su clase, la mano delicada de Hitsugi. Cuando la encontró, no dudó en agarrarla y dirigirse al comedor, esperando que nadie les hubiese cogido su habitual sitio.
Afortunadamente, nadie se solía sentar ahí, excepto ellas. Fueron a coger su comida y se sentaron la una al lado de la otra, compartiendo miradas y sonrisas cada cierto tiempo.
-Buenas tardes, ¿nos permitís compartir mesa con vosotras?
-Claro; adelante.
Ya se estaba convirtiendo en costumbre sentarse con Sumireko y Banba, apreciaban su compañía, tan educada y tranquila, nada mejor para después de una agotadora mañana.
Por si alguien no la conoce, Hanabusa Sumireko es la hija legítima e única de un gran empresario conocido en todo Japón. Su apariencia es brillante: una chica guapa, con el cabello largo y liso, los ojos azules penetrantes y un impecable atuendo. Sus modales no son menos, pero supongo que es lo que conlleva el ser alguien de tan alto rango en la sociedad.
Por el contrario, Banba Mahiru, es ese tipo de persona que hace lo posible por pasar desapercibida. Tiene una especie de trastorno de personalidad causante de que cada noche, una "entidad de autodefensa personal" se apodere de su cuerpo, con el nombre de Shinya. Tanto la extrema timidez de Mahiru como la arrolladora falta de tacto de Shinya, hacen de ella una muchacha no muy admirada. Escondida del mundo bajo su flequillo albino.
Esas dos siempre estaban juntas, y a nadie le cuadraba que una chica como Sumireko, apreciase tanto la compañía y la felicidad de Banba.
-Hanabusa-san, ¿qué tal llevas los estudios para los exámenes?
La pequeña peliazul procuraba mostrar amabilidad y sacar algún tema.
-Excelentemente, en mi mansión los profesores acudían a darme clase todos los días de la semana. Lo que Mizorogi-sensei nos enseña, para mi es como un repaso.
Ventajas e inconvenientes de tener una familia realmente adinerada.
La pelirroja, por su parte, permanecía en silencio percatándose de todos los detalles que pasaban a su alrededor.
En una visión como a cámara lenta, veía las cosas pasar como los pasos de una tortuga, con detalles, con admiración.
La boca de Hitsugi se movía dulcemente cada vez que articulaba una palabra, era adorable como mantenía su alegría en todo momento. Sumireko le seguía la conversación con afán de crear alguna que otra amistad, mirando de reojo cada dos por tres a Banba, la cual miraba su sopa de fideos como si fuese un diamante en bruto.
Las chicas disfrutaban de su comida, charlando y pasando un buen rato.
Chitaru giró su cabeza en dirección a las ventanas que daban a un lateral del edificio. El frío llegaba por momentos, las hojas de los árboles cada vez tenían menos resistencia. El sol, cada día, se dejaba ver menos tiempo.
Veinte minutos después, cada pareja se fue a sus quehaceres, como los de Chitaru y Hitsugi, que se dirigieron al salón de actos del tercer bloque.
Al llegar, abrieron la puerta despacio, por si a caso se habían equivocado, pero no fue así. Shiena las estaba esperando en el escenario, mientras daba alguna especie de explicación a los alumnos que la escuchaban desde los asientos.
-¡Por fin estamos todos! Bueno, lo que os quiero decir en primer lugar: muchas gracias a todos por haberos animado a pertenecer al grupo de teatro. Como bien sabéis, aquí desarrollaréis vuestras cualidades artísticas y expresivas. Espero que nos lo pasemos muy bien todos juntos, y ahora, ¡la primera actividad! Quiero que todos vayáis corriendo a la biblioteca y escojáis un poema de algún libro, uno que os identifique, que describa como os sentís. Tenemos toda la tarde, así que buscad uno bueno. Quiero ver como os emocionáis leyéndolo. ¡Buena suerte!
Tras decir eso, todos se levantaron y a una velocidad impresionante, asaltaron en masa la biblioteca. Empezaron a buscar por la sección de autores famosos, casi todos estaban allí, desesperados por buscar el poema perfecto.
Hitsugi, tirando de la mano de Chitaru con delicadeza, fue a una sección sin nombre, y de todos los libros que había, uno le llamo en especial la atención.
-Chitaru-san, ¿me puedes coger aquel libro, por favor?
La pelirroja veía a la pequeña señalando un estante considerablemente alto para alguien de su estatura, y como era de esperar, con una sonrisa tonta accedió a ayudarla. Se estiró a penas un poco y miró la portada: "Corazones latiendo", se llamaba.
Lo cogió y le quitó un poco el polvo antes de cedérselo a Hitsugi. Ella lo miró con interés y empezó a ojear sus páginas con suma atención.
Una sonrisa ocupó lugar en su cara cuando encontró lo que parecía estar buscando.
-Ya lo tengo, Chitaru-san. Ahora tenemos que buscar uno para ti.
La mayor no sabía por dónde empezar a buscar. Unos versos que reflejasen sus sentimientos...unos versos que sin decir nada específico, dijesen tanto en concreto.
Comenzó por echar un vistazo a los libros de aquellas estanterías. La mayoría de ellos estaban llenos de polvo; se nota que no atraían a mucha gente, quizás fuese el echo de que sus autores no fuesen conocidos, o incluso anónimos, pero si Hitsugi lo había encontrado allí, seguro que ella también.
Vio un tomo pequeño que casi no sobresalía, los demás eran bastante extensos en comparación con ese. Lo cogió y le limpió el polvo.
-"Bajo llave".
La pequeña la miraba expectante.
Lo abrió y empezó a leer por alto las rimas y versos de aquellas páginas. Realmente se sorprendió. Esas poesías eran muy sentimentales, expresaban mucho. De pronto, en una página perdida y vieja por la mitad del libro, algo llamó su atención. De esas palabras sentía una especie de dejavú, como si ella misma lo hubiese escrito. Impresionante.
-Ya lo tengo, Kirigaya. ¿Volvemos?
La agarró de la mano y junto con sus libros volvieron al anfiteatro, donde Shiena esperaba a todos con impaciencia.
Cuando todos llegaron, ella habló.
-Bien, empecemos, sentaros todos y al que nombre, tiene que subir al escenario y leer con todo el sentimiento que pueda su poema. Quiero que lo viváis en vuestras carnes, ¡en vuestros corazones!
Los jóvenes fueron leyendo sus poesías uno a uno. Algunos las leían con más ímpetu del que deberían, otros se quedaban cortos, por el contrario. Shiena aprovechaba las cosas que hacían mal para explicar como expresarse en este tipo de situaciones.
-Kirigaya Hitsugi, tu turno.
Muerta de vergüenza y nervios subió al escenario. Era un escenario enorme, en el que se sentía pequeña, sola, perdida. Sentía docenas de ojos mirándola, juzgando sus actos, movimientos y palabras. Estaba asustada, muy asustada e insegura de si misma. Hasta que vio un par de ojos rojos intensos, que la miraban con dulzura.
Se aclaró la garganta, olvidándose de todos los demás, leyó sólo para Chitaru.
-Quisiera sentir tu aliento junto a mi cuerpo
poder acariciarte con la mirada
poder besarte con las manos
y hacerte el amor con sólo pensarte.
Los ojos rojos escarlata que antes la miraban tiernamente, ahora la miraban como si sus palabras fuesen oro disuelto en el espacio. Atesoraba su tono poético en el fondo de su mente, apreciando el sentimiento con el que lo expresaba, como si ese poema hubiese sido escrito guiándose por sus sentimientos.
-Quisiera dormir bajo las estrellas
en una noche de verano
bajo el manto de la lluvia
cubriéndonos.
Analizaba cada verso, tardando en percatarse de que era un poema de amo. Deseó con todas su fuerzas ser la musa a la que se dirigía, aunque creía, para entonces, que era algo imposible.
-Quisiera poder cogerte de la mano
poder mostrarte el mundo
llevarte a nuestro universo
y hacerte dueña de mi mundo.
Pero nada es imposible, y eso lo sabéis todos.
-Quisiera enseñarte todo lo que sé
quisiera que me mostraras lo que conoces
poder sentirme llena con tus palabras
y flotar con tu presencia.
Leía los versos despacio, para no cometer errores y sentir aún más el sentimiento que guardaba en su interior. Leía para Chitaru, procurando que no se diese cuenta de ello, y deseando que entendiese las palabras que pronunciaba, su significado e intención. Sobre todo la intención. Una intención secreta pero que en lo más hondo de si misma, quería salir al exterior.
-Quisiera poder darte el mundo
poner a tus pies todo mi ser
cumplir todos tus deseos
en definitiva hacerte feliz.
Apartó los ojos del libro, buscando los de Chitaru. Sonrió a la vez que un sonrojo tremendo cubría su cara, al ver que la mayor la observaba con interés y satisfacción en su gesto. Todos aplaudieron, incluso Shiena, y con eso, la peliazul bajó del escenario, y se sentó junto a la pelirroja, que mientras los demás leían sus respectivos poemas, aprovechó para deslizar su mano disimuladamente hasta la de Hitsugi, y entrelazar con ella los dedos.
-Me ha encantado la poesía que elegiste.- susurró a su oído.
-Gracias, Chitaru-san. Era la que mejor describía lo que siento.
Miró a los ojos de Chitaru, y esbozando una sonrisa, acarició sus mechones alborotados, con cariño, con suavidad, rezando para que algún día, sus sentimientos fuesen correspondidos.
