¡Hola de nuevo! Mientras en el capítulo anterior Chitaru y Hitsugi acudían a su club de teatro, algunas de las demás chicas se reunieron en el aula de música. Vamos a ver qué es lo que hicieron. ¡Seguimos!

CAPÍTULO 18

-¡Tokaku-san! Voy a hacer los deberes, cuando acabéis, que sepas que estaré en la habitación.

-De acuerdo, Ichinose.

Las dos chicas se separaron, cada una fue a su destino. Haru a su cuarto, y Tokaku fue al edificio buscando el aula de música, donde habían quedado con Haruki.

Su cuerpo dio un pequeño salto debido al frío que sintió al sentir el aire de la calle. El mal tiempo estaba llegando, y ya no se podía andar con una simple camisa por ahí.

-Azuma-san, ¿no tienes frío?

La voz aguda e irritante de Otoya sonó a su espalda.

-No.

-...Siento lo de esta mañana...

Aquel mismo día unas horas antes, concretamente en la clase de matemáticas, Haru había salido al encerado a corregir unos ejercicios, y al tener uno de ellos mal, la pelimorada saltó con una burla. Tokaku le contestó, y entre unas y otras cosas, las contestaciones se volvieron de peor gusto. Aunque sus compañeras intentaron calmarlas no funcionó, y el sensei no sabía ni si quiera como reaccionar. Afortunadamente, el timbre sonó y todos salieron de aquella incómoda situación.

-Supongo que no importa.

-No, sí que importa. Se que le tienes mucho cariño a Harucci...

A Tokaku le sorprendió que la abusona particular de la academia se disculpase por algo que anteriormente había echo con gusto.

-Es normal que te pongas a la defensiva por tu novia, yo lo entiendo...

Un cable se cruzó en su cabeza y sin poder evitarlo le dio un empujón.

-¡No es mi novia!

-No esperes que me crea eso, se os nota a kilómetros.

Un leve sonrojo cubrió su cara y con eso empezó a caminar más rápido, procurando no ser vista por aquella impertinente muchacha.

-¡Azuma-san, no te enfades!

Entre tanto, acabaron llegando al aula que buscaban, donde Haruki y Banba hablaban tímidamente la una con la otra.

Las cuatro compartieron una mirada un tanto confusa antes de que la pelirroja comepookys hablase.

-Bien, chicas, gracias por venir. ¿Estamos todas...?

-¡Ahora sí!

Todas se voltearon a mirar a la puerta, donde una rubia no muy alta sonreía como un felino.

-¿Nio?- exclamaron al unísono.

-La misma, ¿es aquí lo del grupo de música, verdad? ¡Dadme un teclado o un ordenador y ya veréis!

Ignorando ese comentario, Haruki empezó a explicar el proyecto que tenía pensado para eso. También les preguntó qué instrumentos o habilidades preferían o se les daban mejor.

-¡Yuuuu! ¡Esto suena divertido!

-S-si, m-mucho.

-¿Cuándo empezamos, Sagae?

-Primero tenemos que saber lo que queréir hacer, y luego, comenzamos. Así que dime, Azuma, ¿hay algo en especial que te llame la atención?

-Intrumento, no canto. A poder ser algo más impulsivo que cuidadoso.

-La batería es perfecta para ti.- los ojos de Haruki mostraban lo orgullosa que se sentía por lo bien que parecían salirle las cosas. -¿Y qué hay de ti, Takechi?

La pelimorada hizo gestos de tocar una guitarra imaginaria, mientras tarareaba una canción.

La pelirroja le mostró una sonrisa comprensiva antes de girarse hacia la tímida chica de doble personalidad.

-¿Y tú, Banba-san?

-P-ues me g-gustaría t-tocar la guitarra t-también.

Otoya indignada alzó la voz.

-¡Yo no quiero tocar la guitarra! ¡Quiero tocar el bajo y cantar! ¡Como los rockeros!

-Tranquilas, chicas. Tengo lugar para todas.

Apuntó sus peticiones en una libreta, y tras eso, se aproximó a un armario de asombrosas dimensiones, sacó una llave de su bolsillo y lo abrió.

-Coged lo que os parezca y divertíos, ¿vale?

Nio y Otoya se empujaron para llegar primero a elegir instrumento mientras que Banba y Tokaku caminaron lentamente esperando su turno.

La pelirroja dejó el aula y a las chicas atrás. Demasiado ruidosas. Cuando estuvo a una distancia considerablemente lejana para poder escuchar bien hasta el más leve sonido, sacó su teléfono movil y marcó un número que siempre quería marcar.

-¿Sí?

-Haruki al habla, ¿qué tal estáis, chicos?

-¡Onee-chan! Estaba empezando a hacer la cena, estamos muy bien.

-¿Y mamá como está?

-Los médicos dicen que sigue estable dentro de la gravedad.

-Entonces todo sigue como siempre...- se alegró por no haber recibido malas noticias -¿Alguna novedad?

-No, ninguna. ¿Y tú que tal?

-Bien, como siempre.

-¿Y qué hay de esa chica de la que nos hablaste?

Se sonrojó sólo de pensar en esa chica.

-Ah, Isuke-sama... La verdad es que se quedó en el cuarto mientras yo iba a hacer unas tareas del programa estudiantil, ahora iba a ir a verla.

-Ah, que bien, bueno yo tengo que colgar que ya me están pidiendo algo de comer, suerte con tu novia, ¡hasta mañana, onee-chan!

-¿Mi...novia? -el susurro en el que dijo esas dos palabras fue demasiado silencioso como para que la muchacha del otro lado de la línea la oyese. -Hasta mañana, Fuyuka.

Se quedó mirando un rato a la pantalla del teléfono, pensando en lo que su hermana acababa de decir.

Su novia...Isuke-sama... La veía demasiado para alguien como ella, era como un espejismo. Pero estaba allí, todos los días estaba allí. Todas las mañanas podía apreciar su mal humor por tener que madrugar, y todas las noches podía observar su cuerpo tan deseable andar por el pequeño pasillo de la habitación con un vestido de encaje.

Sonaba bien eso de poder llamar a la pelirrosa su novia, sin duda. Pero era algo que nunca ocurriría. Algo que para ella, no se podía conseguir o ni si quiera visualizar. Para ella era sólo un sueño, como el beso que Hitsugi le había dado a Chitaru. Pero los sueños, se hacen realidad si se lucha por ellos.

-¡HARUKIIIIII!

Un estremecedor grito sonó a su espalda. Se giró y no vio a nadie. Alzó la vista, y de una de las ventanas salía la mitad del cuerpo de una chica con una melena rosa con un par de tirabuzones.

-¿Qué quieres, Isuke-sama?

-¡SUBE AQUÍ AHORA MISMO, IDIOTA!

Un poco asustada por el tono que usaba, salió corriendo y subió las escaleras hasta encontrarse en frente suyo.

-¿Q-ue pasa, I-Isuke-sama...?- intentaba recobrar su aliento después de la carrera que se había pegado.

-Sígueme.

Obedientemente la siguió, disimuladamente mirando su falda y como la punta de los mechones lisos la acariciaban con cuidado y sutileza.

Se paró en frente de la puerta de su habitación, sacando a continuación la llave y abriéndola. Las dos chicas pasaron e Isuke se cruzó de brazos mirándola fijamente.

-¿Te crees que es normal dejar todas tus cosas tiradas de esta manera?

La pelirroja viciada a los pookys echó un fugar vistazo, y se avergonzó al darse cuenta de que las palabras de su compañera eran verdad. Sus prendas de ropa ocupaban gran parte del suelo y de su cama, sus objetos personales invadían el espacio personal de Isuke.

-Lo siento mucho, Isuke-sama...Ahora mismo lo recojo...

-Más te vale, porque no me voy a mover de aquí hasta que todo esté limpio y recogido.

Aún con vergüenza por ser tan desordenada, Haruki suspiró y acto seguido recogió toda su ropa, supervisada por la pelirrosa.

Ella, satisfecha, miraba con aprecio a la otra muchacha, admirando sus movimientos, su inocencia y su amabilidad ante cualquier situación. La verdad es que no le molestaba demasiado que todo estuviese echo un desastre, pero la echaba de menos, y usó el desorden como excusa.

Tres cuartos de hora después todo estaba recogido y en su sitio. Haruki parecía cansada, bostezó y esperó a que su compañera calificase su esfuerzo y trabajo.

-Bueno, está bastante bien. Reconozco que te has esforzado bastante, así que aquí tienes tu premio.

Le tendió una caja roja que enseguida reconoció, ya que era la de su aperitivo favorito.

-Oh, ¡muchas gracias, Isuke-sama!

Se metió uno en la boca y le dio un mordisco, luego lo cogió y lo miró, lo puso en frente de su vista, y de fondo, observó unos ojos amarillos que la miraban con interés y una pequeña sonrisa.

-Abre la boca.

-¿Q-qué...?

-Sólo hazlo.

Con un notable sonrojo, le hizo caso, y la abrió despacio. Haruki posó su palito de chocolate sobre la lengua de la pelirrosa, y sonrió.

-¿...por qué me lo das, Haruki?...

-Porque se que sólo te gustan si antes han pasado por mi boca.

Soltó una pequeña y suave carcajada y observó como la más roja que un tomate Isuke comía su pooky, intentando evitar mirarla a los ojos.

-Idiota...- susurró, pensando en lo realmente adorable que le resultaba aquella idiota.

¡Hasta aquí el capítulo 18! Ya sabéis que espero vuestras opiniones y vuestro apoyo. ¡Hasta la próxima! (Eché de menos a nuestras dos chicas, que estarán haciendo...)