¡Hola de nuevo! He leído (encantada, como siempre) vuestros comentarios, y por lo que veo, echáis en falta algo más de historia con las otras parejas, (menos Kouko y Suzu, a ellas les hacéis bullying xd si Shiena supiese...) así que no os preocupéis, que en la Clase Negra hay hueco para un poco de todo. Y muy buena idea la del baile, podré sacarle mucho partido, ¡gracias!

CAPÍTULO 21

Un escalofrío recorrió su cuerpo, provocando que se despertase al instante. Chitaru abrió los ojos lentamente, intentando ubicarse en el lugar y tiempo en el que se encontraba. Desgraciadamente, la falta de luz a esa hora de la mañana le impidió ver gran cosa, aunque fue lo suficiente para darse cuenta de la pequeña preciosidad que dormía desnuda encima suyo.

Acariciando suavemente su pelo, dejó escapar un suspiro a la vez que intentaba rememorar con exactitud los asombrosos acontecimientos que habían pasado el día anterior.

Aún podía sentir los suaves y finos labios de la pequeña juguetear con los suyos, mordérselos con ternura, y mirarla con esos ojos dorados que tanto le recordaban a la miel. El olor a vainilla que desprendía la envolvía en una nube de felicidad y dulzura, en la que pasó gran parte de la noche antes de dormirse la una entre los brazos de la otra.

Todavía lograba notar su suave piel, como anteriormente la había acariciado disfrutando de su tacto y en ocasiones, incluso agarrado, deleitándose a la vez de los pequeños gemidos que Hitsugi dejaba escapar cada cierto tiempo.

Sin duda, había sido una noche memorable para ambas, una noche en la que el amor que aún no comprendían había dado un primer paso en su relación.

Y mientras la pelirroja pensaba en ello, su compañera despertó, sin dar ni un solo movimiento, sin que Chitaru se percatase de ello.

Abrió poco a poco los ojos, hasta darse cuenta de que bajo su cuerpo, reposaba el de su chica, desnudo y caliente, la mejor almohada que nunca había tenido.

Las dudas de si era o no un sueño empezaron a ocupar parte de su mente, causando así, que reaccionase sin pensar, sin preocuparse, sólo haciendo lo que quería hacer.

Con el dedo índice de la mano izquierda acarició el torso de la mayor, desde el vientre y subiendo, hasta pararse en sus pezones, esos que tanto le llamaban la atención, esos que despertaban su curiosidad, esos que quería notar en más sitios que su espalda. Los rodeó suavemente, acariciándolos, hasta que oyó un pequeño sonido encima de su cabeza.

Levantó levemente su mirada, y se encontró con el sonrojo impresionante de Chitaru, que con todas sus fuerzas intentaba contenerse. Le gustaba, no podía negar eso, pero la sensación que producía en su interior era tan intensa, que le costaba soportarla en silencio.

Quizás las cosas sucediesen a una velocidad inesperada, quizás deberían haber esperado más tiempo. Ambas pensaban en eso de vez en cuando, pero el echo de que todo les hiciese tan felices, provocaba un pequeño cambio de acontecimientos. Y es que el tiempo no importaba cuando tanto sentimiento estaba en juego. Cada día que pasaba, se querían más, se necesitaban más. Cada día, el amor que tenían la una por la otra ocupaba más espacio en sus corazones, aunque fuese una cosa que ellas no sabían distinguir.

Hitsugi pudo sentir como la mano de Chitaru se aferraba a su cabello, intentando descargar tensión, le pareció adorable que una chica tan fuerte y estable como ella fuese tan delicada a ese tipo de contacto, así que dejó escapar una risita mientras le sonreía.

-Buenos días, Chitaru-san, ¿dormiste bien?

Ella, aún intentando relajarse, la miró con ternura, llena de felicidad a causa de aquella vida que estaba llevando.

-Buenos días, Kirigaya. Dormí muy bien, ¿y tú?

-Dormir a tu lado es genial, Chitaru-san.

Abrazó a la mayor besando tiernamente su costado, en ese momento empezó a inhalar el olor a rosas tan potente que desprendía su chica por las mañanas.

Ese aroma era su droga favorita; cada mañana, el olor corporal de Chitaru se volvía mucho más potente y a la pequeña no le costaba nada darse cuenta de cuando estaba cerca o no. Le recordaba a los campos silvestres donde las rosas rojas crecían sin ningún peligro, haciendo enormes rosales en un jardín sin dueño, libres. Así la veía a ella, un ser salvaje, libre, sin dueño. Por eso, en los rincones más oscuros de su mente, deseaba amaestrar a aquella leona, hacerla suya.

Los minutos pasaban, y ellas, conversaban tranquilamente procurando no despertar al sol, aunque tarde o temprano, comenzó a asomar con unos pequeños rayos de luz a través de la ventana.

Las mañanas de los sábados eran tranquilas, pero ninguna había sido tan buena como esta. La una junto a la otra, abrazadas, pacíficamente felices. No se separaron, siguieron hablando en voz baja, con un tono tierno y acogedor.

Hablaron un poco de todo. Hablaron de la luna, de lo hermosa que era. Hablaron de las noches, de todo lo que se podía hacer en ellas. Pero no hablaron de la específica noche anterior, porque les daba miedo sacar el tema.

Aunque como Hitsugi solía pensar, hay cosas que es mejor vivir, que contar.

Cuando su chica dejó de hablar por un momento, se incorporó sobre sus manos, y juntó sus labios con los de Chitaru. Hizo de ese beso, la cosa más dulce y tierna del mundo, consiguiendo un inevitable sonrojo de la pelirroja. Deseaba todo aquello que vivía, deseaba poder darle los buenos días con algo así, la deseaba tanto...

Chitaru se quedó hipnotizada con sus ojos, tan hermosos como ella, y como un acto reflejo, la atrapó entre sus brazos con toda la pasión y las ganas que tenía, abrazándola con la ilusión de nunca separarse de ella.

-A noche, tuve la mejor sensación de mi vida, Chitaru-san. A noche probé tus labios.

La pequeña susurraba con un tono sensualmente tierno estas palabras al oído de Chitaru, mientras esta la abrazaba con todas sus fuerzas.

-...y aunque fueron los primeros, no quiero probar otros nunca más...

Un "click" sonó en el subconsciente de la pelirroja al oír esa frase, y todo lo que alguna vez había pensado, se le vino a la cabeza en ese momento.

La pequeña chica que lloraba pidiendo ayuda, la hermosa peliazul que le abrazó al ayudarla con su osito, la preciosa joven que apreciaba todo lo que hacía, que la ayudaba con todo, que nunca la dejaba sola, que la sonreía todos los días, que la abrazaba con sus estrechos brazos, que la besaba con sus dulces labios... La persona a la que amaba con todo su corazón, aunque no lo sabía distinguir, sólo quería sus besos. El amor de su vida, aunque todavía no lo sabía, la quería. Y eso fue suficiente para hacer llorar a Chitaru de felicidad, porque no todos los días te das cuenta de que no estás sola. Porque la tenía a ella, y era lo único que deseaba tener. Porque tanta felicidad no cabía en su cuerpo, por eso lloró.

Hitsugi al notar unos pequeños sollozos, se separó de ella lo suficiente para mirarla a los ojos, preocupada por si había dicho algo malo, pero justo antes de poder decir nada, su amada selló sus labios con un beso pasional e inesperado.

Chitaru se sentó, agarrando suavemente a su pequeña para que se sentase sobre sus muslos, teniéndola igualmente cerca y más a mano para seguir estrechándola entre sus brazos.

Compartieron saliva y sentimientos hasta que necesitaron aire y un respiro. En ese momento, ambas se perdieron en los ojos de la otra, hasta que Hitsugi con una sonrisa, se estiró, intentando tocar el techo con las manos.

Chitaru la observaba, miraba con interés su cuerpo desnudo justo encima del suyo, tan natural, tan pequeño, tan delicado.

-Chitaru-san, creo que es hora de ir a desayunar, ¿te parece bien...o prefieres...seguir aquí...?

-Tenemos todas las noches del mundo para esto, no nos vendría mal comer algo.

Se regalaron una sonrisa mutua antes de levantarse y buscar algo de ropa. Cuando estuvieron preparadas salieron del cuarto cogidas de la mano, aspirando el aroma de la mañana, un olor que recordaba al frío, a la tranquilidad, a la vainilla y a las rosas.

El comedor estaba prácticamente vacío teniendo en cuenta que era un sábado frío de otoño y a aquella hora de la mañana, la mayoría de los alumnos prefería esperar a la hora de comer y dormir más tiempo.

En una mesa, Sumireko y Banba tomaban té con pastas, les hicieron señas a Chitaru y Hitsugi para que las acompañasen en su desayuno, y tras coger un café y un tazón de leche, fueron con ellas.

-Buenos días, chicas. ¿Qué tal dormisteis?

Ambas compartieron una mirada cómplice antes de responder con palabras amables a la ojou-sama de la academia. Ella tomaba su té con elegancia mirando a su querida compañera como agarraba con extremo cuidado su taza de porcelana, cuidadosamente para no romperla.

Esas dos siempre estaban juntas, como ellas, a decir verdad. Sólo que una chica como Sumireko, con su elegancia y su carácter, no parecía congeniar muy bien con alguien como Banba, tan...diferente. Al parecer todas las posibles suposiciones eran erróneas, y como cada día, tomaban juntas el té a cualquier hora.

-¿Os habéis enterado del festival de Navidad?

Chitaru le respondió con una mirada confusa a la vez que daba un sorbo a su café, el cual desprendía vapor de lo caliente que estaba.

Sumireko sacó una especie de tablet como la que solía llevar Nio a todas partes y le postró una entrada de lo que al parecer era el blog de la academia.

-"El alumnado comenzará a preparar diversas actividades para un festival que se llevará acabo antes de las vacaciones de Navidad, participarán entre otros, el grupo de baile, el grupo de música, el grupo de teatro..."

-¿El grupo de teatro? Kenmochi-san todavía no nos dijo nada sobre eso.

La pequeña empezó a pensar en qué clase de actividad podrían hacer.

-N-nosotras estamos e-ensayando a-algunas cancio-ones...

La compañera de Banba la miró con real interés y asombro por la extraña iniciativa que acababa de mostrar y no se rindió para que siguiese dentro de la conversación.

-Oh, Banba-san, eso es fantástico. ¿Vais a tocar en el festival?

La vergonzosa chica dio un trago temeroso a su bebida antes de responder.

-S-si...b-bueno, a-aún estamos p-practicando...

Era muy cerrada a tener contacto con otra gente, le costaba tener conversaciones debido a su timidez. Por eso Sumireko hacía todo lo que podía para quitarle los miedos que tenía al resto de la sociedad, como intentar que mantuviese conversaciones, o hiciese cosas con sus compañeras.

Las cuatro chicas conversaban solas en el amplio comedor, aquella fría mañana el sol tardaba más de lo habitual en salir del todo, y es que el invierno estaba llegando, por eso las primeras heladas congelaron las rosas blancas del jardín trasero de la academia.

Hasta aquí este capítulo. Espero que no os molesten mis cosas...bueno, ya sabéis, por algo está puesto como "M".

De todas formas, si os incomoda no lo leáis, y si puedo hacer algo para mejorarlo, estoy abierta a todo. ¡Espero vuestras visitas y reviews, muchas gracias!