¡Hola de nuevo! Con tantos reviews tan maravillosos vais a conseguir que me sonroje (/)
Me alegro muchísimo de que os gusten los capítulos, me hace muy feliz. Por cierto, ¿visteis los spoilers del ova? Mis chicas están tan acarameladas que se me derrite el corazón...ejem, ejem, sigamos.
CAPÍTULO 22
El vapor que salía del tazón de leche de Hitsugi fue suficiente para mantenerla distraída mientras Sumireko y Chitaru hablaban de cosas como el tiempo, y demás temas aburridos que a ella no le interesaban a esa hora de la mañana.
Hacía algo de frío, se estaba replanteando la idea de empezar a usar su ropa de invierno. Miró hacia una ventana de las varias que había en el comedor; estaba lloviendo, y parecía hacer algo de aire. El mal tiempo llegaba con rapidez y se iba con lentitud.
En frente de ella, Banba ponía todo el esfuerzo que podía en beber de su taza de té sin derramar nada, ya que por sus temblores incesables, se le hacía difícil.
-¿Qué tenéis planeado para esta tarde, Namatame-san? No parece hacer un buen día para pasarlo por los jardines, como yo tenía pensado...¿qué te apetece hacer, Banba-san?
Chitaru miró al exterior al oír esa pregunta, y efectivamente, hacía un día de esos en los que sólo quieres estar en un lugar caliente y reconfortante observando el mal tiempo de la calle.
-La verdad es que no pensamos nada, pero hay muchas cosas que hacer en un lugar como este.
Compartió una mirada con su pequeña para confirmar que ella tampoco tenía ninguna sugerencia.
-H-hoy e-echaban un docume-ental de p-patos en la te-ele...
Su compañera la miró esbozando una enorme y gratificante sonrisa al oír aquella fantástica sugerencia para pasar más tiempo con ella.
-¡Oh, eso es fantástico! Podemos hacer palomitas y pasar la tarde viéndolo las dos juntas...
Las demás miraban como Sumireko soñaba despierta y como su gesto se volvía más tonto por momentos. Su mirada se perdió en el infinito mientras Banba, confusa, no sabía que responder. Hasta ella sabía todo lo que su compañera deseaba pasar tiempo con ella, pero aún así, era muy vergonzosa.
-B-bueno, pero ahora por la m-mañana me gustarí-ia ir a darme un baño, que a-anoche no me d-duché...
-Por supuesto, Banba-san, vamos a preparar nuestras cosas y vamos las dos. ¿Queréis venir, chicas?
Ambas compartieron de nuevo una mirada esperando ver la respuesta en los ojos de la otra, pero era algo más complicado que eso ponerse de acuerdo. Chitaru se acercó a Hitsugi, y aprovechando que las otras dos estaban conversando, le preguntó en voz baja:
-¿Te apetece ir esta vez, Kirigaya?
Ella no sabía que contestar. No es que le importase mucho el echo de ir a los baños públicos y dejar que las demás la viesen desnuda, lo que le importaba era que iban a ver desnuda a su chica, y no se podía permitir algo así. De todas formas, algún día tendrían que ir, tenía curiosidad, pero a la vez miedo. Se pensó las cosas durante un rato, y teniendo en cuenta que sólo iban a ir con Sumireko y Banba, las cuales sólo se interesaban la una en la otra, nada tenía que preocuparla.
-Vale, Chitaru-san.
-¿Estás segura? No estás obligada a ir, si no quieres, me quedaré contigo.
-Sí, estoy segura. Si es a tu lado, iré a dónde sea.
Se sonrieron mutuamente antes de informar de la decisión a Sumireko, que se despidió de ellas justo antes de ir a preparar sus cosas para el baño junto con Banba.
Las otras dos muchachas imitaron sus movimientos y se dirigieron a su cuarto cogidas de la mano.
El sonido del viento y de las ramas altas de los árboles chocando contra los cristales de las ventanas daba un ambiente casi invernal, resultaba apetecible darse un baño caliente con ese temporal en el exterior.
Cuando llegaron a su habitación, entraron y cogieron un par de toallas y una bolsa de tela para meter su ropa. Volvieron a salir y se dirigieron al baño, la idea de Chitaru era llegar las primeras para que su pequeña no pasase tanta vergüenza al desnudarse delante de las demás.
El baño público era un espacio reservado y exclusivo para las alumnas de la Clase Negra, las cuales tenían este tipo de privilegios y similares. Constaba de una bañera a nivel del suelo del tamaño de una piscina, con una higiene máxima y un ambiente calmado con una temperatura estable, sin contar que está disponible las 24 horas del día.
Al llegar, la pelirroja abrió caballerosamente la puerta, dejando pasar primero a Hitsugi, que anonadada, contemplaba aquel lujoso lugar.
Su chica la cogió de la mano para llevarla a la zona de los vestuarios, donde poder cambiarse y dejar su ropa en una taquilla especial para cada alumna.
-Bueno, no tengas prisa, ellas tardarán en llegar.
La peliazul asintió, y empezó a desatar sus botas. Se las quitó con facilidad, luego se quitó el vestido, pero la camiseta que llevaba debajo se le quedó enganchada otra vez.
Al darse cuenta de sus intentos fallidos de liberarse de esa prenda, Chitaru (que para entonces no tenía pantalones y llevaba la camisa abierta) acudió en su ayuda, y después de acariciar disimuladamente sus costados se la quitó con rapidez y suavidad.
Ésta la miró agradecida, y recibió una mirada algo avergonzada rodeada de un sonrojo ya habitual en ella. Acababa de desnudar a su chica por completo, sin a penas darse cuenta. Y sin poder hacer nada, ella se lo pagó con la misma moneda.
Vio como se puso de puntillas para lograr quitarle la camisa, como juntó el cuerpo con el suyo para desabrocharle el sujetador, y como, cuando sólo una prenda quedaba en su sitio, se agachó sensualmente para bajársela hasta dejarla completamente desnuda.
Iba a tardar en acostumbrarse a aquella enorme tensión sexual, pero le gustaba, no podía mentir.
Cogió a su chica de la mano y se metieron juntas en aquellas aguas tan apetecibles de probar. Se sentaron una al lado de la otra, aún cogidas de la mano dentro del agua.
A aquellas horas no había ninguna luz encendida, sólo la leve claridad del invierno que permitían apreciar las ventanas traslúcidas. Eso daba un ambiente mucho más cómodo y natural, que hizo que las dos muchachas quisiesen sentirse como la noche anterior: juntas, sin barreras.
Hitsugi, llevando la iniciativa, se sentó en los muslos de Chitaru mirando hacia ella. Buscó sus manos bajo el agua y entrelazó los dedos con los suyos, al mismo tiempo que se acercaba a darle un suave y tierno beso en la frente.
A la pelirroja le fascinaba ese comportamiento tan seguro que tenía la pequeña, no le cuadraba mucho, pero como todo, le encantaba. No podía evitar sonreír cuando estaba con ella, se sentía llena, llena de felicidad, de alegría, de bienestar, e incluso de seguridad.
Cogió con cuidado la barbilla de Hitsugi para acercarla a ella, y entonces, como droga que sentía aquella sensación, tampoco pudo evitar besarla. La veía hermosa en esa circunstancia (como en todas); desnuda, delicada, deseable, vulnerable, y muy, muy a su alcance. La tenía desnuda, justo encima, las partes del cuerpo con las que sólo pensar se ruborizaba estaban rozando su piel. Sus labios, tan delicados, tan finos, tan sabrosos, estaban jugando con su boca. Se sentía en el paraíso, juraría que allí estaba, de no ser por el sonido de la puerta que sonó un instante después.
Los nervios corroyeron la paz de Chitaru provocando que ella quisiese bajar a Hitsugi de sus piernas. Pero algo pasó justo cuando posó las manos en su estrecha cintura.
Las posó con delicadeza pero fuerza a la vez, a la peliazul le entró un escalofrío tremendo, y agarró las manos de su chica, mirando fijamente a sus ojos intentando hacerle saber todo lo que le había estremecido aquello. Quizás fuese la forma en la que lo hizo, tan... pasional... ,tan... inesperado...
Ambas se olvidaron de Sumireko y Banba durante unos instantes, en los que se perdieron en la mirada de la otra. Percibieron la pasión que cada una guardaba en su interior, y comprendieron que mientras ellas fuesen felices, no importaban más opiniones que las propias.
-Ya estamos aquí, chicas.
Sumireko hizo su entrada en la bañera ya desnuda seguida de Banba, que como habitualmente, iba encogida y en silencio.
-Oh, Banba-san, ¡mira lo que te he traído!
La ojou-sama le mostró un pequeño patito amarillo de goma, el cual fue suficiente para sacarle una adorable sonrisa a la joven.
Sumireko se lo colocó encima de la cabeza con una actitud traviesa y tierna, y Banba, a causa de eso, se sonrojó bastante.
Las otras dos chicas miraban la escena dejando escapar pequeñas risitas, todo eso mientras bajo el agua, donde nadie alcanzaba a ver, sus manos se hallaban o entrelazadas o acariciando el cuerpo de la otra.
Pasaron allí bastante tiempo, hasta que Sumireko y Banba se fueron a cambiarse para hacer algún tipo de tarea antes de ir a comer. Cuando estaban solas, salieron sin temor de que alguien las pudiese ver desnudas.
Chitaru le pasó al rededor del cuerpo la toalla a Hitsugi, y luego se puso la suya. Se secaron con tranquilidad y se vistieron. Luego salieron de allí, mucho más relajadas y como siempre, cogidas de la mano.
Fueron caminando hacia una parte del edificio en donde misteriosamente había un banco justo en frente de una ventana. Se sentaron allí a mirar el mal temporal de la calle. Los árboles se movían como intentando comunicarse, el viento aullaba como queriendo decir algo, y las gotas de lluvia caían a una velocidad e intensidad abrumadora, rebotando en el suelo y siguiendo un ciclo sin fin.
La pequeña apoyó la cabeza sobre el hombro de su chica, mientras agarraba con ternura su brazo, y siguieron contemplando aquel paisaje invernal hasta que necesitaron algo más que mariposas revoloteando para llenar sus estómagos.
¡Hasta aquí! Como ya sabéis, agradeceré un montón vuestros reviews, me hacen muchísima ilusión. ¡Hasta el próximo capítulo! (^-^)
