¡Buenas! Me gustaría disculparme por contar los últimos capítulos con mucha rapidez y detallando muy poco las cosas, tenía pensado escribir el capítulo especial justo para el día de Navidad pero no creo que me vaya a dar tiempo...bueno, me tomaré las cosas con calma, y aunque tarde un poco más, será un capítulo mejor (o eso espero), ¡continuemos!

CAPÍTULO 25

Durante la semana siguiente, Chitaru y Hitsugi se esforzaron mucho para aprenderse sus frases y la manera correcta de decirlas. Haruki y su grupo de música también hicieron una gran labor y un gran trabajo, ensayando mucho para que todo saliese bien el día del festival. Durante esa semana no pasó nada demasiado interesante, las dos chicas protagonistas durmieron juntas cada noche, Isuke espió a Sumireko por todos los rincones de la academia y Otoya ayudó a Shiena a preparar la obra.

Sólo les quedaban 6 días por delante antes del gran acontecimiento, y como ya habían echo los exámenes finales, Mizorogi-sensei fue con ellas al teatro para preparar los trajes y el decorado durante la semana. A todas les parecía estupendo, con tal de perder clase, lo que fuese.

Sumireko, Banba y Haru cosían los trajes, todo eso con supervisión de Suzu. Haruki, Otoya y Tokaku montaban el decorado, e Isuke se sentó con Kouko en las butacas para escaquearse del trabajo. Shiena daba instrucciones a todos y Chitaru y Hitsugi ensayaban las partes más difíciles en el escenario.

Mientras todas estaban ocupadas con sus labores, Nio entró en el teatro y se sentó al lado de Isuke.

-¡Isuke-sama! Dile a Nio que nos acerque aquella tabla de allí.- dijo Haruki.

-¿Y por qué no me lo pides a mi?

-Por si te rompes una uña, Isuke-sama.

Nio y Otoya soltaron una carcajada, a lo que la pelirrosa respondió con una bofetada en la cara de la rubia que tenía al lado. Se levantó por si misma y sin hacer caso del chiste de su compañera, le llevó la tabla que pedía.

-Oh, Banba-san, tienes una técnica de costura muy buena.

Suzu veía interesada la rapidez y maniobra con la que Banba movía su aguja. Al ser una chica tan tímida, hacer ese tipo de actividades en solitario se le daba muy bien, y le gustaba. Sumireko adoraba la forma en la que su compañera intentaba evadirse del mundo con su vergüenza y habitual sonrojo.

-Chicas, ya veréis, ¡este va a ser el mejor festival de todos los tiempos!

La risueña Haru con su alegría diaria no cabía en si de felicidad. Veía a todas sus compañeras trabajando codo con codo y se ponía todavía más contenta. Le encantaba ver como todas se llevaban más o menos bien con todas, y como el espíritu de equipo y de compañerismo se apropiaba de ellas.

-¡Shiena-chan! ¡Mira, ya construí el balcón!

Una orgullosa Otoya mostraba su trabajo a su compañera. Se había esforzado mucho para que Shiena estuviese contenta, así que esperaba no decepcionarla.

-¡Muy bien, Takechi! Sigue así.

Las palabras, aunque un poco secas, de Shiena, consiguieron motivar a Otoya para seguir trabajando y dando todo de sí.

Todas hacían sus tareas en armonía y con ilusión, poniendo todas sus esperanzas en dos peones. El primero, el trabajo que cada una aportó, y el segundo, las dos jóvenes con los papeles principales.

En verdad que todas ayudaban muchísimo, pero al final, todo dependía de ellas. Y si no, ¿qué sería de Romeo y Julieta sin los que le dan el nombre a la obra?

Suzu y Kouko eran las únicas a parte de Shiena que las habían visto ensayar. Cada vez que tenían un ensayo, ellas iban para dar opiniones como punto de vista del público. Creían con todas sus fuerzas que lo iban a hacer genial, tenían el arte en sus venas. Pero lo que no se pensaban, era que todas las frases románticas, y todo el amor que sus personajes se tenían, ellas en vez de actuarlo, lo vivían.

Con el cuento de la obra, la oportunidad de fortalecer los lazos entre compañeras llegó a todas. Pasaban más tiempo juntas, se ayudaban entre sí, y tenían más tiempo y excusas para conversar. Seguían teniendo pequeñas discusiones, en especial las de Tokaku y Otoya o las de Isuke y...bueno, quién estuviese cerca de ella en uno de sus malos días. Por eso, Sumireko, vio aquello como un momento perfecto para seguir fortaleciendo su amistad. Cuando acabó de coser el vestido de Julieta, llamó a todas para que se acercasen a ella.

-Bueno, chicas, como ya sabéis, dentro de muy poco es Navidad. Me gustaría invitaros a todas a pasar las fiestas conmigo.

-¿Uh? Hanabusa-san, me temo que todas vamos a estar en esta academia durante las fiestas.

Sonrió a Nio y se explayó mejor.

-Ara, como somos la Clase Negra y tenemos preferencias, la directora me ha dado permiso para hacerme cargo de vosotras.

Isuke se acercó al oído de Haruki.

-Cómo se nota que su apellido es Hanabusa...- le susurró.

-Así que, me sentiría dichosa si aceptaseis mi invitación.

-¿Estás proponiéndonos pasar las Navidades en tu casa?

Tokaku, confusa, no entendía por qué alguien como Sumireko querría tener metidas en su casa a 12 compañeras de clase.

-No exactamente. El día después de la obra, nuestro avión privado nos llevará a la casa de vacaciones que tenemos en Noruega. Aseguraos de llevar ropa caliente y no olvidaros nada...ni a nadie.

Dejó escapar una risita al decir eso último, y otra al ver la cara de asombro de sus compañeras.

-¿¡N-n-noruega!?- dijo asustada Banba.

-Ara, eso es, Banba-san.

Todas las chicas empezaron a comentar unas con otras la asombrosa aunque extraña noticia, o al menos hasta que Sumireko volvió a hablar.

-Hitsugi-san, he acabado tu vestido, vamos a ver como te queda.

Sumireko y Hitsugi fueron a los vestuarios del teatro, seguidas de Chitaru que como Romeo que era, tenía que opinar ante su diseño del vestido de su Julieta.

La verdad es que el vestido estaba realmente bien echo, con todos los detalles y cada punto bien dado. Sumireko parecía tener un día muy feliz, sólo de ver a sus compañeras todas juntas, de ver sus reacciones al oír su invitación y de sentirse tan orgullosa de su trabajo, la sonrisa que poseía no tenía intenciones de desaparecer. Llevab días haciendo ese traje, siguiendo las medidas que habían tomado de Hitsugi la semana anterior. Le resultó divertido coser un vestido para una chica tan pequeña, por eso no le tomó demasiado tiempo acabarlo.

Hitsugi se empezó a desvestir, se quitó el jersey y en ese instante, Chitaru se dio cuenta de que le daba vergüenza desnudarse con otras chicas delante. Miró a Sumireko, que con una sonrisa en la cara, miraba los puntos cosidos en el vestido con atención en vez de mirar a la peliazul. Afortunadamente para todas, ella sólo fijaba su vista en Banba, por esa misma razón se habían bañado con ellas sin ningún problema.

Chitaru ayudó a desvestirse a Hitsugi y luego, a ponerse el vestido. Sumireko ató una especie de lazos al estilo corsé que tenía en la espalda, y Hitsugi se quitó las dos coletitas que solía llevar para dejar su pelo suelto.

Se giró hacia su chica, y esta, enmudeció al ver semejante belleza. Y más aún, al saber que era su Julieta.

-¿Qué te parece, Namatame-san?

-Increíble.

Se acercó a la pequeña y le tendió una mano para que diese una vuelta sobre si misma. El vestido le sentaba genial, parecía una dama, una pequeña princesa. Sumireko sonreía, al ver como había echo tan felices a dos enamoradas.

-H-hanabusa-san, creo que he t-terminado el traje de Romeo...

La suave y tímida voz de Banba se hizo lugar en el vestuario, entraba con las telas en la mano, dispuesta a tendérselas a Sumireko para que les echase un vistazo.

-Ara, vamos a ver...

Miró con suma atención y cuidado cada punto de la tela, buscando fallos, pero no los encontró.

-Bien, perfecto. Banba-san, eres toda una artista.- le dirigió una sonrisa a su compañera. -Bueno, Namatame-san, vamos a ver como te sienta tu traje.

Mientras Chitaru se quitaba su ropa para ponerse el elegante traje de Romeo, Banba y Sumireko miraban expectantes y entusiasmadas como le sentaría a la principesca chica unas ropas como aquellas.

Primero se puso los pantalones y las botas, luego la camisa, el traje de encima y por último, le pidió ayuda a Hitsugi para ponerse el pañuelo alrededor del cuello de la camisa.

Se giró hacia las costureras de aquellas obras de arte y ambas quedaron asombradas. Tanto su traje como el de Hitsugi les quedaban como anillo al dedo, perfectos. Les sentaban bien, tanto la forma como los colores. Sumireko aplaudió mientras se reía.

-¡Estáis fantásticas!

-S-si.

Las dos muchachas enrojecieron un poco al oír sus amables palabras, se miraron en el espejo y con eso, pudieron admirar la buena pareja que hacían las dos juntas.

-Chitaru-san, estás preciosa.

Para la pequeña, parecía un príncipe como los de los cuentos y las películas. A parte de ser hermosa, alta y muy bien proporcionada, sus modales elegantes, sus amables gestos y palabras junto con su buena voluntad, hacían de ella alguien realmente deseable y admirable.

-Oh, no, Kirigaya. Tu eres la hermosa aquí.

Se arrodilló ante ella y le tendió una mano.

-¿Me concederías el gran honor de ser tu Romeo?

Ante aquel gesto, Hitsugi se sonrojó hasta las orejas, algo extraño en ella. Se sentía muy feliz, de estar con su chica, con su chica vestida como un príncipe, con su chica arrodillada a sus pies.

-Sólo si tu me lo concedes de ser tu Julieta.

La ojou-sama miraba la escena con encanto y algo de nostalgia. Deseaba que su Banba tuviese esos detalles con ella, deseaba a Mahiru de día y a Shinya de noche. Deseaba ver como la tímida chica perdía esa cualidad suya aunque sólo fuese por Sumireko. Deseaba besar al cicatriz de su ojo derecho al mismo tiempo que la hacía gemir.

-Cuando acabéis, podéis dejar los trajes en estas perchas.

-Sí, muchas gracias Hanabusa, Banba.

-D-de nada, N-namatame-san.

-De nada, chicas.

Salieron del vestuario camino de Haru y Suzu, las cuales seguían con los demás trajes, y seguro que aceptaban dos pares de brazos más de ayuda.

A dentro, Chitaru se quitó con cuidado su traje y ayudó a Hitsugi a quitarse el suyo. Se vistieron, y cogidas de la mano, salieron de allí.

-Hanabusa, ¿qué tal los trajes?

-Perfectos, Kenmochi-san, más que perfectos.

Sumireko seguía feliz. Llevaba todo el día feliz y probablemente seguiría feliz. El compañerismo inundaba el teatro, todas habían aceptado su invitación, su trabajo resultó ser magnífico, y había conseguido ver como dos enamoradas tenían detalles románticos entre ellas. Estaba convencida de que esas dos tenían algún tipo de relación muy especial, y envidiaba eso de alguna manera. Todas las chicas envidiaban otras parejas dentro de la Clase Negra, todas menos las que hacían de Romeo y Julieta, ellas sólo envidiaban el las gotas de agua que recorrían el cuerpo de la otra mientras se duchaban. Pero no tardarían mucho en no envidiar nada.

¡Hasta aquí! Sé que quizás me contradije un poco y que este capítulo también fue muy rápido y con pocos detalles, pero me da pereza describir cada ensayo, de todas maneras espero que os haya gustado. Espero vuestros reviews y visitas, y por cierto, vuestras ideas son maravillosas. No tenía ni idea de que el cumpleaños de Haruki fuese ese día, ¡gracias por hacérmelo saber! Y kali9105, me parto de risa con tus comentarios xD xD, buenísimos, como siempre. ¡Hasta otra, y feliz Navidad a todoooos!