¡Hola! Gracias por vuestras amables palabras una vez más, me siento súper famosa cada vez que tengo un review. Ya sabéis que esto no sería posible sin vosotros. Por cierto, me gustaría dedicarle este capítulo a kali9105, que fue la primera que preguntó por esto.

AVISO IMPORTANTE: este capítulo contiene escenas sexuales lésbicas, así que si no son de tu agrado, mejor que no lo leas.

CAPÍTULO 27

Hitsugi PDV

Tras el aviso de Shutou-san, Chitaru-san y yo nos quedamos anonadadas ante la inesperada noticia. Nunca antes había ido a un baile, no sabía muy bien como reaccionar, si como algo bueno o algo no tan bueno.

Nos aseamos en el vestuario antes de volver a fijarnos en la ropa que nos habían traído. Chitaru-san tenía un traje bastante elegante, negro brillante con una camisa blanca como la luna llena. Me preguntaba por qué nunca se ponía vestidos, pero me gustaba más así.

Yo tenía un vestido verde con un poco de vuelo y manga larga. No sé quién los eligió, pero los dos eran muy bonitos.

Ayudé a mi chica a ponerse su camisa, me gustaba mucho ayudarla. Luego ella, con esa sonrisa de tranquilidad que siempre tenía, me ayudó a ponerme el vestido. También me peinó, creo que le gusta mi pelo, me alegro mucho de ello.

-Kirigaya, ¿sabes bailar?

Casi se me olvida que en los bailes hay que bailar. No quería decirle que no sabía, pero no me quedaba otra opción.

-Pues...la verdad es que no...

Mientras me cepillaba el cabello suspiró una pequeña sonrisa.

-No te preocupes; yo te enseñaré.

Bailar con Chitaru-san...no sabía exactamente qué tipo de música ponen en los bailes, ya que nunca antes había asistido a uno. No tenía ni idea de cómo bailar, pero al decirme aquellas palabras, me tranquilicé. Ella siempre dándome esa sensación de seguridad.

Cuando acabamos de prepararnos, salimos a la calle en dirección a la planta de arriba del edificio B, dónde Hanabusa-san nos había dicho que era el baile.

Hacía bastante frío, bueno, era invierno prácticamente y a esa hora debido a la época del año, el sol ya se había escondido.

Íbamos cogidas de la mano mientras subíamos las escaleras. No había nadie por los pasillos, y mucho menos por los jardines, todos debían de estar en aquella sala. Y efectivamente, allí estaban.

Nunca había entrado allí, pero parecía el salón de una sala de algún sitio muy importante. En el techo había una enorme lámpara de cristales, las ventanas medían unos tres metros de altura, y a través de ellas, se podía ver la luna.

Todos iban muy bien vestidos, pude ver como Inukai-san le arreglaba la chaqueta a Sagae-san. Kaminaga-san se acercó a nosotras, llevaba un vestido largo que llegaba hasta el suelo.

-Namatame Chitaru y Kirigaya Hitsugi.

-Presentes.

-¿Habéis visto a Hashiri?

-No, ¿por qué lo preguntas?

-Es la única que falta y suele ser puntual.

Kaminaga-san se fue con su libreta a donde estaba Shutou-san, que la recibió con una sonrisa.

Azuma-san, Sagae-san y Chitaru-san eran las únicas que vestían con un traje en vez de con un vestido. Resultaba gracioso ver como todas tenían al lado a su chica.

-¡Namatame-san, Hitsugi-chan!

Acudimos a las voces de Ichinose-san, que estaba al lado de la mesa de los postres sirviendo ponche a Azuma-san.

-Hitsugi-chan, estás fantástica. Y las dos estuvisteis genial en la obra, ¡no paraban de aplaudir al final!

-¡Muchas gracias, Ichinose-san!

Estuvimos comentando la obra con ellas hasta que la estridente voz de Hashiri-san sonó por los altavoces. Nos giramos y estaba en un pequeño escenario al fondo de la sala.

-Ah, ah, aaah...¿se oye? Bueno, ejem, ¡muchas gracias a todos por asistir al festival de Navidad de la academia Myōjō! Un año más, ha sido memorable. Como último evento tenemos el baile de Navidad, cuya música corre a cargo de el grupo creado por Sagae Haruki-san, y con componentes: Azuma Tokaku-san, Takechi Otoya-san, Banba Mahiru Shinya-san y Hashiri Nio. ¡Un aplauso!

El público rompió en vítores mientras las chicas que había nombrado subían al escenario a prepararse. Sagae-san cogió una guitarra y se colocó frente al micrófono. Azuma-san en la batería, Takechi-san cogió un bajo y otro micrófono, Banba-san cogió una guitarra y Hashiri-san un teclado.

Empezaron a tocar unas cuantas canciones, lo hacían muy bien, la verdad. Inukai-san y Hanabusa-san empezaron a discutir por cual de sus chicas lo hacía mejor. Fue muy gracioso cuando Hanabusa-san le tiró el ponche encima a Inukai-san y ella empezó a perseguirla por toda la sala, todos nos reímos mucho, menos ella, claro.

Shutou-san se agarraba al brazo de Kaminaga-san, y ella no se apartaba; fue un gran paso. Kenmochi-san e Ichinose-san observaban a las chicas al lado del escenario.

Chitaru-san y yo las veíamos a todas desde al lado de la ventana. Ella tenía una mano en el bolso del pantalón y la otra alrededor de mis hombros. Su olor a rosas inundaba todo el espacio que había cerca nuestro.

-Por favor, escuchad un momento. Ya es tarde, así que sólo nos queda una canción por delante. Quiero que todas las parejas bailen juntas, ¿de acuerdo?

Banba-san se acercó al micrófono por el que acababa de hablar Sagae-san.

-Isuke-sama, Sumireko, bailad juntas. Por nosotras, chicas.

Las dos chicas a regañadientes se acercaron y se agarraron dispuestas a olvidar sus diferencias por unos pocos minutos.

Empezaron a tocar una música tranquila, y todas las parejas se cogieron y abrazaron. Incluso Shutou-san y Kaminaga-san, que un poco forzada, decidió hacerlo aunque sólo fuese por ver a Shutou-san contenta.

Chitaru-san se puso delante de mi e hizo una reverencia, se agachó un poco y me tendió una mano. Yo se la cogí encantada por la caballerosidad con la que actuaba siempre.

Agarró mi cintura con una mano y con la otra sujetó la mía. Yo puse mi mano sobre su hombro. Se juntó mucho a mi, y acercó sus labios a mi oído.

-Sólo tienes que seguir mis pasos.

Movía sus pies al ritmo de la canción, y yo la seguía. Tenía la cabeza gacha por si me perdía, hasta que sentí sus dedos empujando suavemente mi barbilla hacia arriba.

-No tengas miedo, mírame a los ojos y ya verás como lo haces genial.

Le hice caso, y tuvo razón. Sus ojos de color rubí me miraban con ternura, con cariño. Me perdí en su mirada, y no volví a atender al mundo real hasta que acabó la canción.

Todos empezamos a aplaudir ante la maravillosa actuación del grupo de música, y en la hora siguiente, los estudiantes fueron desapareciendo de la sala.

Nos despedimos formalmente de nuestras compañeras, después de que Hanabusa-san nos recordase lo del viaje de el domingo por la mañana a su casa de vacaciones en Noruega.

Fuimos a nuestras habitaciones todas juntas, antes de entrar en el cuarto, Kaminaga-san nos dijo que en cuanto se cambiase iba a pasar el toque de queda.

Chitaru-san, con su habitual elegancia, abrió la puerta para dejarme pasar primero. Entramos las dos y luego cerró la puerta tras de si.

La veía realmente sexy mientras se desabotonaba su camisa en la oscuridad del cuarto. Sus ágiles manos hacían saltar los botones a una velocidad impresionante. En ese momento en el que mi mirada estaba perdida en sus gestos, Kaminaga-san pasó haciendo el toque de queda diario, apuntó en su libreta nuestros nombres y se fue.

Después, Chitaru-san cerró la puerta y se quitó la camisa, colgándola en una de las perchas de su armario. Estaba preciosa bajo aquella tenue luz que venía del exterior. Me acerqué a ella por detrás, y desabroché su sujetador.

Hacía bastante tiempo que por las noches, mientras descansaba a su lado, no podía dejar de pensar en...bueno, en ella. Pero pensaba en ella de un modo menos inocente del que solía pensar. Pensaba en como sería recorrer su piel desnuda, en cómo sería oír gemidos de su voz melodiosa, pensaba en muchas cosas que no solía plantearme con frecuencia. Mi cuerpo se estremecía nada más pensarlo, no sé por qué. El deseo de poseerla crecía en mi por cada segundo que pasaba a su lado. Todas las noches dormía rozando su piel, pero me contenía. Aquella noche, la lujuria ganó.

Estábamos de pie, yo detrás de ella. Nada más despojarla de su sujetador la abracé, y con las manos agarré sus exuberantes pechos sin pensar en el "qué dirá".

Eran muy suaves y grandes, no podía abarcarlos enteros con mis pequeñas manos. Me empecé a preocupar cuando vi que su reacción fue quedarse quieta como una estatua, así que al tomé de un brazo y la giré buscando encontrarme con su mirada.

Sus mejillas sonrojadas a más no poder me parecían adorables, pero no quería asustarla. No llegaba a darle un beso, así que la cogí de la mano hasta el borde de la cama. Me quité los zapatos y me subí de pie encima del colchón, ahora sí que llegaba. Me aferré a ella con mis brazos y la besé, primero delicadamente, suaves besos llenos de cariño para conseguir que se sintiese más cómoda.

Afortunadamente, funcionó. Abrazó mi cintura y me levantó en el aire, besándome al mismo tiempo pasionalmente. Enredé mis piernas sobre su cadera, juntando mi cuerpo más al suyo.

El silencio de la noche era corrompido por el silencio jugoso de nuestros labios moviéndose al mismo compás. Se volvió a acercar a la cama y me posó con cuidado, poniéndose luego encima de mi. Se arrodilló y empezó a quitarme el vestido con sutileza y gentileza.

Me parecía muy raro que ella fuese la que empezaba a llevar la iniciativa, no era mucho su estilo, pero me pareció sensualmente atrevido, así que no me quejé.

Cuando me despojó de aquellas ropas sobrantes, me enderecé para quitarle a ella su pantalón. El momento de euforia se le había pasado, el sonrojo volvía a inundar su bello rostro. Dejé escapar una pequeña risa mientras se los quitaba. Ahora las dos estábamos iguales, sólo con mis braguitas y sus panties.

Su cara avergonzada por lo que acababa de hacer intentaba evitar mirarme, pero en el fondo yo sabía que no quería.

La luz de la luna bañaba de una manera totalmente hermosa sus pechos desnudos, su cintura bien marcada, y todas esas partes del cuerpo esculpidas por Dioses que yo admiraba tanto.

Ella, que siempre miraba por mi, que se preocupaba, que me miraba con buenos ojos. Que me daba los buenos días mas dulces y las buenas noches más tiernas. Ella, mi Romeo. Yo, su Julieta.

Me abalancé sobre ella y la besé con toda la pasión que guardaba en mi interior. No tenía intención de seguir aguantando las ganas que le tenía. Sus labios dulces como el chocolate suizo se movían al ritmo que yo los llevaba. La saliva hacía más sencillo el movimientos. Cuando noté que abría su boca un poco introduje mi lengua en ella. Su boca de fresa era el cobijo de mi lengua juguetona. Mientras nos besábamos, sus manos acariciaban peligrosamente mi cintura y mi cadera, mientras que yo agarraba sus mechones rojizos de leona salvaje, una leona a la que pensaba amaestrar.

Oía como soltaba pequeños gemidos ante tanta pasión. Su adorabilidad crecía por momentos. Mi deseo aumentaba, pero algo extraño dentro de mi me decía que no era sólo deseo, había algo más que no sabía identificar.

Luego fue ella la que introdujo su lengua en mi boca, pero su lengua, tan resbaladiza y hábil, era demasiado grande para una boca como la mía.

Me separé de ella levemente y comencé a plantar cariñosos besos por su cuello al tiempo que iba bajando. Su piel olía muy bien, y era muy suave. Me encantaba, era una droga para mí. Un deseo sólo no sería capaz de tanto, había demasiado sentimiento en juego.

Seguí bajando hasta que me encontré con sus pechos, los miré durante unos instantes admirando la forma perfecta que tenían. Luego la miré a ella, tenía la vista posada en mi, y a parte de seguir con su adorable sonrojo, tenía la respiración agitada.

Busqué sus manos y entrelacé mis dedos con los suyos, le sonreí intentando transmitirle que todo estaba bien, y ella me sonrió, confiando en mi.

Con mi lengua empecé a bañarlos en saliva. Me fui acercando disimuladamente a sus pezones, y los cubrí con mi boca. Sentía como apretaba mis manos con las suyas mientras yo saboreaba aquellas deliciosas galletitas. Notaba como mis braguitas se mojaban por cada gemido que llegaba a mis oídos.

Los chupaba y jugueteaba con ellos, luego los empecé a morder suavemente mientras la miraba amenazante. Su cara sonrojada junto con sus pequeños y dulces gemidos hacían una combinación realmente tentadora. Mordía sus pezones al tiempo que la miraba, entonces ella se mordió el labio inferior intentando evitar soltar más sonidos vergonzosos para ella. Aquel gesto me tentó todavía más, así que solté un momento sus manos para juntas sus pechos y hundir mi cara entre ellos.

Rápidamente noté sus manos aferrarse a mi cabello. Cuando necesité aire levanté mi cabeza y la miré. Ella me miraba, en silencio, sonrojada y respirando con dificultad debido al veloz ritmo de los latidos de su corazón.

Me acerqué a sus labios buscando un beso, y me lo dio. Un beso pasional, acompañado de unas manos traviesas que empezaron a librarme de la última prenda que quedaba en mi cuerpo.

Chitaru PDV

Ya no podía aguantar más. Mi pequeña había tomado el control de la situación. Jugó conmigo de una manera atrevidamente sensual, y con ello, mis ganas de ella sólo hacían que aumentar. Una marea de sentimientos recorría mi interior, no sé si era por sus besos dulces, su aptitud salvaje o su mirada inocente, pero algo dentro de mí formó un torbellino, y eso fue lo que me empujó a entrar en acción, sin importarme todo lo que pudiese pensar.

Mientras profundizaba nuestro beso, mis manos se acercaron con disimulo a sus braguitas, blancas y con un pequeño lazo al frente; tan adorables como ella. Con suavidad, procurando no asustarla, se las bajé, y se las quité. Ahora la tenía desnuda encima mío, no podía perder esa oportunidad.

Acaricié su cadera, y ella, introducía con pasión su lengua en mi boca. Con una mano agarré su cuello, acercándola más a mi, y con la otra, empecé a acariciar su pequeña, suave e inocente intimidad, la cual estaba deliciosamente empapada.

Sonreí cuando empezó mover su pelvis dando un movimiento continuo. Cuando se separó de mis labios para respirar, aproveché la ocasión y la eché hacia el frente, acomodándola con la cabeza sobre la almohada. Quería que se sintiese bien, quería hacerla feliz y darle todo el placer que pudiese. Si sólo fuese deseo, no sentiría todo aquello...

Kirigaya se agarró a mi cuello con una mano, mirándome fijamente a los ojos, intentando descubrir mis intenciones. Con la otra empezó a agarrar mis pezones y darles suaves pellizcos; como me ponían sus acciones, tan bien elegidas, tan suyas, tan dominantes.

Seguí acariciando su intimidad, buscando su clítoris, hasta que lo encontré. Entonces ella empezó a suspirar pequeños gemidos que me volvían loca.

Su clítoris era pequeñito y estaba algo duro, era fácil dar con él. Lo frotaba con suavidad, intentando no hacerle daño. De pronto, coordinó sus manos a la perfección para quitarme mi ropa interior en apenas tres segundos.

Ahora las dos estábamos desnudas, dispuestas a entregarnos en cuerpo y alma la una a la otra. El sentimiento de querer satisfacerla me resultó extraño, pero así era. Lo único que quería era verla feliz, quería contemplar aquella hermosa sonrisa angelical que tenía. ¿Y si eso que sentía era...amor?

Durante el tiempo en el que pensaba eso, Kirigaya pudo encontrar mi clítoris sin ningún problema. Con una mano se agarraba a mi espalda, y con la otra jugueteaba buscando un punto de placer máximo.

Entre el sonido acompasado de nuestros suaves gemidos, pude oír su voz. Esta vez, era mucho más sensual y erótica que nunca.

-...estás muy mojadita, Chitaru-san...

Sus palabras junto con su tono tan excitante de voz hacían que mi locura interna por ella aumentara.

Agarré su intimidad con mi mano mientras le daba suaves besos por el cuello. Con suavidad y delicadeza introducí un dedo en su vagina. Sus músculos se contrajeron y dio un pequeño saltito. Lo empecé a mover, primero despacio, al tiempo que observaba su cara hermosa, esos ojos dorados que me miraban intentando desvelar todos mis secretos.

Ella imitó mis movimientos, pero en vez de un dedo, al tener las manos más pequeñas, usó dos. Estábamos suficientemente lubricadas como para permitir un movimiento fácil y rápido, y así lo hicimos. Gemíamos al mismo tiempo, y nos besábamos, pasionalmente. La quería, la quería mucho. El amor que acababa de descubrir era tan grande como la luna, que nos observaba desde lo alto de cielo.

Cuando su pequeña manos acabó sus fuerzas la sacó de mi interior y se la llevó a la boca, chupando sus dedos untados en la lubricación natural de mi intimidad. Que sensual, que erótico, que ganas tenía de comérmela enterita.

Me acerqué a su vientre y agarré sus piernas, abriéndolas para tener un mejor acceso a su pequeña, mojada y apetitosa intimidad. Ella me miraba con un sonrojo tan intenso que me impresionó. Empecé a lamer suavemente sus pequeños labios inferiores, qué delicia.

Ella gemía, y cada vez que intensificaba el movimiento de mi lengua, podía oír mi nombre entre sus deleitantes sonidos.

Agarraba mi cabello con fuerza para descargar toda la tensión que tenía en aquel momento.

Mientras me comía aquella pequeña parte de ella, al mismo tiempo que mi felicidad aumentaba al saber la enorme cantidad de placer que le estaba dando, empecé a pensar en que en verdad la quería. Al principio sólo pensaba que era un simple deseo, como cualquier otro, la deseaba, pero no sólo eso. Quería cuidarla, verla feliz, pasar tiempo con ella. Pensaba en Kirigaya todo el rato, quería estar siempre con ella, quería pasar mi vida junta a ese pequeño ángel. Pero de alguna manera que no entendía, no sabía si ella me deseaba a mi, si me permitía hacerlo porque le gustaba o que otras cosas podía sentir.

Sus manos pequeñas y frágiles agarraban mis mechones despeinados con fuerza, al mismo tiempo que movía su pelvis con locura y dulzura al mismo tiempo. Adoraba el tono de sus gemidos, tan suyos, tan irresistibles. Sus deliciosos fluidos inundaban mis labios, al mismo tiempo que mordía los suyos inferiores con suavidad, ternura y pasión.

Hitsugi PDV

No podía soportar tanto placer. No sólo el echo de que estuviese jugando con mi clítoris de esa manera, o que me hiciese sentir tan deseada por alguien, si no porque la chica que adoraba, que admiraba...que quería con todo mi corazón era la que lo estaba haciendo.

Por una parte, me sentía la chica más feliz del mundo. El amor de mi vida me estaba haciendo el amor. Mi Romeo me trataba con gentileza y educación, dejándome mucho más que satisfecha. La pasión guiaba nuestros movimientos, nos perdíamos en la mirada de la otra.

Empezó a comerme con más fuerza e intensidad y no pude evitarlo, un líquido blanquecino salió de mi cuerpo y se derramó en su boca, al mismo tiempo que un fuerte y delicioso orgasmo sacudía mi cuerpo dejándolo agotado. La vergüenza me corroía...pero cuando la miré para pedirle perdón, se había tragado el líquido y se relamía los labios. Aquel acto tan sumamente pervertido me encantó, pero debido al cansancio que tenía por el orgasmo anterior, no supe demostrarlo.

Solté su cabello, y ella al darse cuenta de que no estaba para más trotes, subió para echarse a mi lado.

Me miraba con una expresión alegre y calmada, como solía hacer, pero esta vez tenía una especie de brillo en los ojos.

La felicidad que tenía en mi corazón quería salir y ser compartida con todo el mundo. Quería gritar a los cuatro vientos lo que adoraba a esa chica, quería ser correspondida, pero no estaba segura de eso. Tomé aire, y sin darle importancia al "qué dirá", expresé mis sentimientos.

-Te quiero.

Me miró, y abrió mucho los ojos. Su expresión siempre calmada y tranquila ahora parecía eufórica. Me besó con pasión, un beso en el que pude saborear mis propios fluidos, un beso de verdad, compartiendo el mismo sentimiento.

Iba a decir algo pero le sellé los labios con un dedo antes de que pudiese decir nada. Me acerqué a su oído y le susurré:

-Llámame por mi nombre, ¿vale?

Luego me volvió a mirar, y esbozando una pequeña sonrisa, pronunció mi nombre por primera vez.

-Te quiero, Hitsugi. Te quiero mucho, muchísimo.

-Yo te quiero mucho más, Chitaru.

Nos volvimos a besar, nos escondimos bajo las sábanas mientras nos regalábamos pequeños gestos de amor. Estaba realmente feliz, y ella también, podía notarlo. Nos besamos hasta que el sueño venció cualquier intento de mantenernos despiertas, y nos entregamos a Morfeo. La luna de testigo vio como nuestros cuerpos desnudos se abrazaban incluso bajo los efectos de estar durmiendo, y las dos, felices y enamoradas, descansamos para el cansado viaje que nos esperaba al día siguiente.

¡Yay, he disfrutado mucho escribiendo este capítulo! Espero con ansias vuestras opiniones, pero en serio, nunca había escrito nada de este carácter, así que no seas muy crueles juzgando, por favor. ¡Hasta el próximo, nos vemos!