CAPÍTULO 28: ESPECIAL NAVIDAD (2ª)

-Podemos jugar al escondite.- propuso Nio.

-¡Siiiiii!

-Ichinose, el escondite no es divertido.

-Claro que lo es, Tokaku-san.

-Ara, está bien, juguemos. Tu dirás con qué reglas, Hashiri-san.

La rubia se levantó y se colocó en frente de la chimenea a la vista de todas, dispuesta a explicar el reglamento.

-Como bien sabéis este juego trata de esconderse sin que te encuentren, y cuando tienes la oportunidad, salvarte tocando el lugar donde contó la que se la queda. Podemos usar toda la mansión, y no se puede salvar a nadie. La que se la quede, tiene que gritar en alto a quién vio para que las demás sepan que está eliminada. Así que con esto, echaremos a suertes quién se la queda. ¿Alguna propuesta para hacerlo más interesante?

-Si, Hashiri-san, yo tengo una.

Sumireko miró a sus expectantes compañeras antes de hablar.

-La que gane podrá elegir la cena para todas.

-¿Eso quiere decir que si a mi me gusta la verdura y a ellas no, puedo elegirla y todas tendremos que comerla?

-Exacto, Sagae-san.

Haruki sonrió mientras lanzaba miradas desafiantes.

-Para elegir quién va, tendremos que coger un palito de los de esta caja. La que tenga el palito con la franja roja se la lleva.

Todas se aproximaron a Sumireko y cogieron uno. El de Kouko tenía la franja roja.

-Contaré despacio hasta 100.

La morena se apoyó en un lateral de la chimenea y empezó a contar mientras las demás corrían buscando un buen escondrijo.

La primera en esconderse fue Otoya, que se metió en un armario lleno de abrigos a la entrada de la casa. Haru le pidió permiso a los cocineros para esconderse en la cocina, concretamente debajo del carrito de los postres. Suzu se escondió debajo de una cama de las habitaciones. Chitaru y Hitsugi se iban a esconder juntas, pero como a Kouko le quedaba poco para acabar de contar, la pequeña se metió en un arcón que había en una salita antigua, y Chitaru corrió a buscar algún sitio donde meterse. Haruki se escondió tras unas cortinas en otra habitación, y Nio dentro del armario de ese mismo cuarto. Sumireko y Banba se metieron debajo de una mesa de un cuarto trastero que tenía una sábana encima. Tokaku e Isuke se pelearon por el hueco que había bajo las escaleras, el cual se lo acabó quedando Tokaku.

-...90, 91, 92...

Isuke subió las escaleras y chocó bruscamente con Chitaru. Las dos corrieron hacia la puerta más alejada a empujones y entraron cerrando la puerta de un fuerte portazo. Estaban en un cuarto de baño, y las dos se metieron en la ducha, donde por sorpresa, también estaba Shiena. A penas cabían, estaban apretujadas, pero dado que la mampara era de un color totalmente opaco y estaban alejadas de las demás habitaciones, tenían posibilidades de ganar.

-...99 y 100. ¡Allá voy!

Fue sencillo descubrir a Otoya, porque a parte de estar a pocos metros de Kouko no paraba de reírse como una hiena desde dentro del armario.

-¡TAKECHI OTOYA, ESTÁS FUERA!

Desde sus escondrijos, todas supieron quién fue la primera eliminada.

-¡Oye, eso es trampa!

La morena de las gafas empezó a ojear todos los rincones de la planta baja, donde contó. Mientras tanto, Otoya sentada en el sofá enfurruñada, vio como de la planta de arriba, Nio bajaba las escaleras despacio procurando que no la pillasen. Aguantaba la respiración, sintiéndose así mas ligera e invisible. Primero un pie, luego el otro, sin prisa. Procurando que no crujiesen los escalones de madera, manteniendo l-

-¡HASHIRI NIO, ESTÁS FUERA!

La abusona pelimorada soltó una sonora carcajada al ver la cara de Nio, que a pesar de dar su mayor esfuerzo, no consiguió pasar desapercibida. Ambas empezaron a hacerse burla, y mientras tanto, en la segunda planta, la tensión aumentaba entre las chicas.

-Psst, Shutou.

-¿¡Cómo me has encontrado!?

-Sólo has metido la mitad del cuerpo debajo de la cama, Shutou...

Suzu se giró para ver como Haruki la observaba con una ceja arqueada.

-¿No deberías estar escondida?

-Sí, bueno, pasaba por delante de la puerta para ir a salvarme cuando te vi "escondida".

La joven de pelo azul no tenía muy buenos reflejos en cuanto a cosas de ese tipo, y se sintió avergonzada por dentro. Soltó una risita nerviosa para escaquearse del tema. Haruki le devolvió el gesto con una sonrisa.

-Ara, Banba-san, tenemos posibilidades de ganar este juego, ¿no crees?

Mahiru y Sumireko estaban sentadas, la una al lado de la otra, bajo una vieja y polvorienta mesa de un cuarto trastero.

-¿Hay algo que quieras cenar en especial?

La chica agachó la cabeza, pensando en una buena respuesta que darle a su compañera, y luego, intentando evitar contacto con sus ojos, respondió.

-P-pues me gusta el arroz.

-¿Sí? Oh, a mi también. No te preocupes, Banba-san, si no ganamos, mañana me ocuparé de que lo hagan para comer.

Se quedaron en silencio al decir eso, puesto que se oyeron unos suaves pasos no muy lejos. A parte de ellas, Hitsugi y Tokaku seguían escondidas individualmente, Haruki ayudó a Suzu a esconderse como era debido, y en el baño del fondo, había un pequeño caos montado.

Cuando Isuke y Chitaru habían llegado, Shiena ya estaba allí. Las dos se metieron en la ducha a empujones y cerraron la mampara.

-¡No puedo respirar!

-Nadie va a ganar a Isuke, así que no me pienso mover.

-Inukai, no estés tan segura de eso.

Shiena empezó a empujar a Isuke, consiguiendo únicamente un menor espacio de movimiento.

-Tranquilas, si estamos calladas probablemente seremos las últimas que quedemos sin ser descubiertas. Pero sólo si no armamos escándalo.

-Ara, Namatame, qué lista eres.

-¡Deja las ironías para otro momento!- Shiena no soportaba la aptitud desinteresada de Isuke, pero ya que su compañera tenía razón, no tenían otra opción que aguantarse mutuamente.

Al tiempo que todas intentaban ganar, como era obvio, Kouko subió despacio las escaleras, intentando hacer el menor ruido posible. Antes de eso, había descubierto a Haru, pero las demás estaban demasiado entretenidas como para haberse dado cuenta.

Me pareció oír murmullos por aquí cerca...

Se acercó a un cuarto oscuro que olía a humedad, entró sin decir nada ni hacer ruido, y sin encender las luces. En aquel cuarto había varios tipos de muebles antiguos y polvorientos; miró por los sofás, por las sillas, ...hasta que escuchó un leve murmullo.

-H-Hanabusa-san...¿crees que nos van a encontrar?...

-No creo que eso sea posible, B-

-¡BANBA MAHIRU Y HANABUSA SUMIREKO, ESTÁIS FUERA!

Mahiru dejó escapar un realmente sonoro y aterrador grito que asustó a todas las personas de la mansión, incluidas a las eliminadas, que desde el sofá de la primera planta al calor de la chimenea conversaban sobre sus escondites y los de las demás. Al sentir el grito, todas las hasta entonces escondidas se revolucionaron, y encontraron de eso una buena oportunidad, si es que lo podemos llamar así.

-Vamos, Shutou, podemos salvarnos, ¡corre!

-Sagae...mi espalda ya no es lo que era...- la dolorida Suzu era incapaz de salir de debajo de a cama, así que Haruki, un poco confusa ante sus palabras, tiró de sus piernas arrastrándola por el suelo hasta sacarla de allí, justo entonces, Haruki chocó con Hitsugi, que había salido del arcón en el que estaba para ir corriendo sin que la viesen hasta que de una sala apareció su compañera arrastrando a la amable peliazul de media melena.

Kouko y Sumireko estaban intenando calmar a Banba, que había entrado en pánico, o al menos hasta que el estruendo que formaron Haruki y Hitsugi al chocar llegó a sus oídos.

-¡SAGA-

Sumireko apareció por su espalda y le tapó la boca con las manos. Por su culpa, su adorada albina casi se muere del susto, no iba a permitir que además de eso, ganase el juego.

-¡VAMOS, CORRED!

Las tres se levantaron del suelo todo lo rápido que pudieron, pero Kouko, todavía no dispuesta a rendirse, intentó librarse de las manos de su anfitriona.

Mientras tanto, en el baño del fondo del pasillo, Shiena, Isuke y Chitaru oían a duras penas el enorme estruendo que había formado en el exterior. Casi no podían moverse ni respirar, la ducha era demasiado pequeña y se estaban empezando a agobiar.

-Este estúpido juego no merece la pena.

-Cállate.

Isuke y Shiena seguían de mal humor la una con la otra.

-Sólo dejadme moverme y...- Chitaru se giró, intentando encontrar una posición más cómoda para todas, pero entonces, debido al poco espacio, abrió el grifo de la ducha, y agua fría empezó a empapar a las chicas de arriba a bajo y vestidas, obviamente.

Isuke y Shiena empezaron a gritar e intentaron abrir la mampara, pero debido al frío, se había producido un "efecto ventosa" que las dejó encerradas en aquel minúsculo lugar. Ninguna se podía mover, por lo tanto, tampoco podían cerrar el grifo.

-¡ABRID LA ESTÚPIDA MAMPARA DE UNA MALDITA VEZ!

-¿QUÉ TE CREES QUE ESTOY INTENANDO, INUKAI?

-¡NOS VA A ENTRAR UNA HIPOTERMIA COMO NO SALGAMOS DE AQUÍ!

-Namatame, no te preocupes, ya que tu abriste el grifo, SI MORIMOS CONGELADAS SERÁ TU CULPA.

-NO ES MOMENTO DE DISCUTIR. INUKAI, NAMATAME, SALTAD POR ENCIMA E ID A AVISAR A ALGUIEN, RÁPIDO.

-NO VOY A DEJAR QUE GANES.

Las tres aporrearon la puerta, hasta que por fin, a base de golpes y más golpes, el efecto ventosa desapareció y se abrió la mampara. Calleron unas en encima de otras, pero luego se levantaron para salir corriendo en busca de la victoria.

Al salir al pasillo, vieron la escena que tanto ruido estaba causando. Hitsugi y Haruki estaban intentando ayudar a Suzu a bajar las escaleras, y Sumireko y Kouko estaban enzarzadas en una épica batalla. La morena de gafas le tiraba del pelo, y la ojou-sama se aferraba a ella con todas sus fuerzas. Shiena, Isuke y Chitaru corrireron por el pasillo, pero como era inevitable que pasara, resbalaron a causa de lo mojadas que estaban. Se llevaron por delante a Sumireko y Kouko, que no desaprovechó la oportunidad, y aún con Isuke sobre su espalda, pudo alzarse victoriosa.

-¡SAGAE HARUKI, KIRIGAYA HITSUGI, SHUTOU SUZU, INUKAI ISUKE, NAMATAME CHITARU Y KENMOCHI SHIENA, ESTÁIS TODAS FUERA, YO GANO!

O eso creía ella.

-No estés tan segura, Kaminaga.

Desde la vera de la chimenea, Tokaku esperaba observando el panorama.

Todas bajaron al sofá de nuevo, Sumireko se aseguró de que las chicas que habían sufrido el accidente en la ducha se quitasen su ropa y se pusiesen otra seca antes de preguntarle a la ganadora que quería como premio.

-Y bien, Azuma-san, ¿algo en especial que quieras cenar?

-Curry, a poder ser.

Tokaku se había tomado el juego mucho más en serio que las demás, y como una auténtica espía, había aprovechado la estrambótica situación para salvarse. Y todo eso, sin contar lo importante que era para ella tener algo como el curry de premio.

La anfitriona avisó a los cocineros del menú especial, y luego fueron todas a sentarse al sofá mientras la cena se cocinaba.

Estuvieron conversando durante un rato, sobre muchas cosas. Comentaron el juego sobre manera, en especial el por qué del estruendo final antes de que Tokaku ganase. También comentaron de cosas de carácter más privado, y pudieron conocerse mejor gracias a la maravillosa oportunidad que les otorgaba Sumireko con este viaje navideño.

-¡Oh, chicas, por poco se me olvida! Tenemos que poner el árbol.

-¿Qué árbol?

-El de Navidad, idiota.

Haruki e Isuke empezaron a hacerse burla antes de darse cuenta de que todas las miraban aguantando risitas, y Suzu con esa cara nostálgica tan propia de ella.

Luego, la ojou-sama fue a buscar a uno de sus sirvientes para que fuese al cobertizo a buscar el árbol que habían talado del bosque aquella misma mañana, lo llevó al salón y lo colocó en un lugar perfecto, a la vista de todos.

-Bien, Sebastian traerá ahora los adornos, son muchos así que lo decoraremos todas juntas.- su expresión mostraba mucha felicidad, como si hubiese estado esperando por algo así todo el tiempo.

Como había dicho, al poco tiempo llegó Sebastian con una caja enorme llena de diferentes objetos decorativos, se la dejó a las chicas y se fue a seguir con sus tareas. Otoya y Haru se abalanzaron para elegir las primeras qué cosas poner, las dos cogieron un montón de bolas de colores para colocarlas junto con Shiena y Tokaku. Haruki e Isuke cogieron las cintas rojas y doradas, Kouko y Suzu las luces, en las que por cierto, Kouko se enredó y Nio las ayudó a sacarla de aquel montón de cables. Sumireko cogió las figuritas de madera para colgarlas junto con las bolas, ya que supuso que le gustarían a Banba, y Chitaru y Hitsugi, que fueron las últimas, cogieron el único adorno que quedaba en la caja: la estrella.

-Creo que deberías ponerla tú, Hitsugi.- le susurró Chitaru al oído, agarrándola suavemente por la cintura.

-Pero...no llego...

-Eso no es problema ninguno.

Nada más decir eso, la cogió por la cintura y la levantó hasta sentarla sobre sus hombros. Hitsugi se agarró a ella con cuidado de no caerse, y se acercaron al árbol. Ya habían conseguido poner todos los adornos, sólo faltaba iluminarlo y, por supuesto, colocar la estrella en su sitio. Chitaru se acercó más aún, y Hitsugi se estiró sólo un poco, para poder poner aquel maravilloso adorno simbólico en la copa del abeto.

Luego, Nio enchufó las luces, y la magia de la Navidad iluminó todo el salón. Todas sonrieron ante aquella hermosa estampa, todas juntas, con su más y sus menos, pero en armonía.

Al poco tiempo de aquello, Sebastian las avisó de que la cena estaba lista, y todas siguieron a Sumireko hasta un enorme comedor, lleno de platos suculentos sobre una mesa enorme.

-Bueno, Azuma-san, aquí tenemos el plato especial.- nada más acabar la frase, le señaló su sitio, donde ya estaba servida una ración de curry recién echo.

-Gracias, Hanabusa.

Tokaku se sentó la primera, mirando fijamente su tan deseado premio, y después se sentaron las demás. Cuando todas estuvieron preparadas, empezaron a comer, eligiendo cada una lo que más apetitoso les parecía.

-Hanabusa-san, ¿qué es esto? Está delicioso.- decía Otoya con un trozo de carne en la boca.

-Reno.

Otoya dejó de masticar y perdió la mirada en el otro trozo que aún estaba en su plato. Era incapaz de tragarlo.

-Takechi-san, te estaba gustando, qué mas da.

-Cállate Nio-chan.

Shiena le dio un vaso de agua y al tomarlo, pudo también tragar el trozo de carne. Todas dejaron escapar inocentes risitas.

No pasó nada mas importante durante la cena. Todas estuvieron de acuerdo en que la comida era deliciosa, menos Otoya, que le empezó a lanzar los trozos de carne de reno que tenía en el plato a su compañera de en frente; Isuke. Como era obvio, no le hizo nada de gracia, y empezó a contraatacar lanzándole colas de gambas. Cuando se tranquilizaron, llegó el postre: tarta de limón, cosa que encantó a todas. Cuando acabaron, Sumireko les pidió que la siguieran.

Subieron las escaleras, y entraron en una sala enorme, llena de camas con mantas por todos lados, una alfombra gigante en el suelo y también una pequeña chimenea para mantenerla en calor.

-Dormiremos aquí todas juntas, pero hay un pequeño problema...no hay camas para todas...así que la que primero elija la suya, se la queda, y las que no, tendrán que dormir acompañadas.

Dejó escapar una educada risita, y todas empezaron a correr para coger una cama. Hitsugi, Isuke y Banba se quedaron sin una, lo que fue una noticia fantástica para Chitaru, Haruki y Sumireko.

-Ah, Isuke-sama, puedes dormir conmigo.

La pelirrosa, en el fondo encantada, fue con Haruki a regañadientes.

-Ara, Banba-san, en mi cama hay un sitio para ti.

-Sumireko, ¿me estás tentando?

Era de noche, eso significaba que Shinya tenía que aparecer en escena, y así lo hizo. Se acercó a la ojou-sama y enredó uno de los mechones naranjas en su dedo índice. Mientras tanto, Hitsugi fue a la cama de Chitaru, y ambas se sonrieron.

-Bien, ahora que estamos todas repartidas, debajo de vuestras almohadas encontraréis ropa para dormir.

Todas hicieron caso de sus indicaciones, y tras revisar sus camas, cogieron cada una un pijama. Misteriosamente, en las camas compartidas había dos pijamas, como si los Hanabusa se supusiesen la situación. Eran distintos unos de otros, más o menos coincidiendo con la chica que lo tenía que llevar puesto.

Tras ponérselos, se metieron entre las sábanas, con el sonido del viento y la lluvia haciendo eco a través de las ventanas. En Noruega hacía frío, mucho frío, pero gracias a las cómodas instalaciones no tuvieron que preocuparse de ello. Nio apagó las luces, quedando de esa manera sólo alumbradas por el resplandor del fuego de la chimenea, aquello le daba un ambiente realmente acogedor al cuarto.

-Hey, chicas, ¿por qué no hablamos de algo? No tengo sueño, la verdad.

-Eres una impertinente, Nio.

-Eso fue muy cruel, Shinya-san.

-Lo sé, Sumireko, pero es verdad.

Banba estaba echada a la derecha de Sumireko, con los brazos apoyados bajo la cabeza, riéndose de Nio a la cara.

-¿Impertinente por qué, Banba-san?

-Porque siempre eres tú la que empieza los juegos subidos de tono y esas cosas.

-Hablar de eso de vez en cuando es bueno, ¿no creéis?

Todas la miraron un tanto extrañadas, observando su sonrisa maliciosa tan habitual. Conocían a su rubia compañera de sobra, sus ideas extravagantes y su personalidad estridente, así que no les quedó otra que aceptar su propuesta, como solían hacer.

-¿De qué quieres hablar entonces, Hashiri?- preguntó Suzu, sentada en su cama con la espalda apoyada en la almohada.

Nio dudó un rato, perdiendo la mirada en el fuego que salía de los troncos de madera de la chimenea. Estaban todas juntas, en una habitación en otro país, de noche, una buena oportunidad para conseguir una mejor relación, para conseguir saber algo más de ellas y poder sentirse aceptada.

-Pues...me gustaría saber algo más de vosotras.

Un incómodo silencio se hizo lugar entre las cuatro paredes que las rodeaban. Se conocían, sí. En toda la academia Myojo sólo tenían relación con las integrantes del 10th Kurogumi, las que compartían cuarto tenían mucha más relación que con las demás. Sólo se conocían entre ellas, y aún así, casi no sabían nada unas de otras. El silencio no parecía tener final, todas con la cabeza gacha pensaban en la situación.

-Nací cuando Mahiru tenía 6 años.

Levantaron la vista despacio, en dirección a Shinya, que había tomado la palabra.

-Estaba encerrada en un cuarto, y un hombre abusaba de ella, le hizo mucho daño, no tenía a nadie. Yo nací para ayudarla, para darle seguridad, para ser fuertes y escapar de aquel infierno.

Con sus cortas pero significativas explicaciones, la albina consiguió llamar la atención de sus compañeras.

-¿Sabéis? Somos doce hermanos, y mi madre enfermó después de que nuestro padre nos abandonara. Solía trabajar todos los días para poder llevar comida a casa, hasta que un viejo amigo de mi madre me ofreció entrar en esta academia y ayudarnos durante mi estancia.

-Estuve en un correccional por atacar a unas compañeras de clase con mis tijeras, estuve interna durante dos años, y cuando salí tuve que ir al psiquiatra durante mucho tiempo para que me pudiesen calificar de "curada".

Con aquellos breves diálogos, se liberaban de esas cargas que escondían en su interior cada día, esas cosas que nadie sabía, y que por fin estaban sacado a la luz. El sentimiento de seguridad y de sentirse comprendidas era muy reconfortante para todas, por eso soltaron esa noche todos esos sucesos y situaciones que deseaban compartir. Menos Chitaru, el príncipe de la clase Negra, la justicia y la gentileza en persona, que prefirió escuchar en silencio lo que sus compañeras tenían que decir.

-Bueno, Namatame-san, creo que sólo faltas tú.

Todas la miraron expectantes, con curiosidad por lo que la pelirroja tenía que contarles.

-Yo...pues...yo...

No tenía nada que decir, los nervios causaron que las palabras saliesen temblorosas de su garganta. Hasta que notó el suave y delicado tacto de una mano que conocía muy bien sobre su pierna, intentando transmitirle tranquilidad, escondida bajo las sábanas. Giró la vista para ver como Hitsugi le sonreía con ternura, y no pudo evitarlo.

-Yo...estoy enamorada de Kirigaya Hitsugi.

CONTINUARÁ...


¡Siento muchísimo la espera! Entre las clases, los deberes, los exámenes, los entrenamientos y el comienzo de mi otra historia casi no tuve tiempo para seguir con esto. Aún así espero que os haya gustado el capítulo, y que como siempre me deleitéis con vuestras visitas y comentarios, ¡hasta el próximo capítulo!


En el próximo capítulo...

Otoya: ¡Harucci! :)

Sumireko: No se puede entrar aquí con tijeras, Takechi-san.

*Haru cae por circunstancias desconocidas por ahora encima de una desnuda Shiena*

Otoya: ¡Harucci! :(