¡Gomene! Se que este capítulo se está dividiendo demasiado y seguro que os debo caer super pesada, ¡pero intentaré acabar pronto con esta Navidad tan sumamente larga!
CAPÍTULO 30: ESPECIAL NAVIDAD (3ª)
Un silencio incómodo e interminable inundó la habitación. Tras pronunciar aquella confesión, Chitaru cerró los ojos, intentando abordar la vergonzosa situación de una manera llevadera. En su mente, un millón de voces retumbaban echándose la culpa a sí misma por decir algo que probablemente no debía haber dicho. Pero en la realidad, sólo una voz se hizo escuchar levemente.
-Eres adorable, Chitaru, me siento orgullosa de corresponderte.- susurró la peliazul a su oído.
La pequeña Hitsugi se abrazaba a la cintura de su chica apoyando la cabeza en su hombro, todo ello intentando transmitirle tranquilidad, ya que sabía que no era muy amiga de las situaciones embarazosas.
Sin decir una sóla palabra, todas y cada una de las chicas miraban impresionadas la escena, y cómo una joven tan vergonzosa como Chitaru había sido capaz de confesar algo aunque evidente, importante. Desde su cama, Sumireko sonrió para si misma, contenta, y se acurrucó al lado de Shinya.
-¿Esto significa...qué sois pareja?
Nio, siempre tan atenta y cotilla, no parecía entender muy bien todo aquello. Al igual que las demás, claro que se había percatado de lo empalagosas que estaban siempre esas dos, pero nunca pensó en que lo harían oficial así sin más. Si ella supiese...
-¡Muchas felicidades! Seguro que estaréis juntas muchísimo tiempo.
Haru, por su parte, parecía más feliz que nunca. Ver a sus compañeras tan juntas y enamoradas le derretía el corazón.
-Tokaku-san, ¿no son encantadoras? Hacen tan buena pareja...
La peliazul protectora de Haru intentaba entender lo que estaba pasando. No era capaz de ver como a una chica como Namatame, tan fuerte, vital, madura y que físicamente aparente unos 22, estuviese enamorada de una joven como Kirigaya, tan pequeña, delicada, infantil, inocente (aparentemente) y que físicamente parezca tener sobre unos 10. No lo comprendía, pero hasta ella, que pasaba tanto de estos temas, se había dado cuenta de que ambas sentían algo por la otra, y aunque no lo demostrase ni lo supiese, estaba feliz por ellas.
-¡Muchas gracias, Ichinose-san!
Abrazada a la cintura marcada de su chica, Hitsugi respondía con una enorme sonrisa en su cara a todo lo que le comentaban sus compañeras.
-Ara, Namatame-san, no abuses demasiado de tu pequeña, recuerda que con su tamaño no te debe poder llevar bien el ritmo...
Las mejillas y orejas de la pelirroja de tornaron de rojo ante las palabras de Isuke.
-¡N-n-no digas eso!
Hitsugi dejó escapar una pequeña risita. Antes de caer rendidas a causa del sueño, todas comentaron con todas aquella nueva aunque esperada noticia. Antes de una hora después, sólo había tres personas despiertas.
-Sumireko, ¿tú crees que les hirá bien a esas dos?
-Claro que sí. Se quieren, se quieren más que nada, y eso es lo importante. Si hay amor, no importa nada más.
La ojou-sama se estremeció al sentir como una mano pasaba lentamente por su cintura.
-Hay cosas más importantes.
-¿Cómo qué, Shinya-san?
-Cómo tú.
El susurro de Shinya en el oído de Sumireko causó en ella un notable sonrojo que la corroyó entera. No hubo más palabras después de eso, y las dos se quedaron dormidas al poco tiempo. Desde su cama, Chitaru sonreía. No sólo por el peso que se había quitado de encima aquella noche, si no porque gracias a eso, Sumireko y su adorada Banba habían empezado un pequeño tema de conversación que les ayudó a dar un diminuto pero interesante primer paso. Abrazando a su pequeña cerró los ojos, y sin quitar la sonrisa, se durmió.
El día especial empezó la mañana siguiente, la mañana del 24 de diciembre; Nochebuena. Eran vacaciones, no pusieron ningun despertador, así que las primeras en despertarse fueron Haruki y Kouko.
-Buenos días, Sagae.
-Ah...- bostezó la pelirroja. -Buenos días, Kaminaga.
Ambas se quedaron en silencio observando a sus ahora más considerables amigas. Algunas tenían caras realmente angelicales mientras dormían, como Isuke, a la cual Haruki se esforzaba por no caer en la tentación de acariciar. Todos sus esfuerzos fueron en vano, y no fue capaz de hacer nada para evitarlo. Se deleitó con el suave tacto de su piel, de su cuello y de su cara, de sus brazos y de sus piernas. Llevaba un camisón corto y apretado, que la hacía parecer exactamente lo que la pelirroja quería encontrarse cada mañana al abrir los ojos durante el resto de su vida. Entonces, la pelirrosa se despertó.
-QUÉ SE SUPONE QUE ESTÁS HACIENDO.- Haruki reitró la mano de debajo del camisón al oír el grito, y empezó a correr perseguida por una muy, muy, muy molesta y ruborizada Isuke.
-¡No te enfades, Isuke-sama!
Como era de esperar, tanto alboroto despertó poco a poco a la mayoría de las chicas, que sobresaltadas tuvieron que asimilar la situación durante unos instantes para entenderla. Al ver que Isuke empezaba a correr más rápido, Haruki empezó a saltar por encima de las camas, y ella, también. No iba a permitir que aquella idiota viciada a los pockys tan adorable se saliese con la suya.
-¿Cómo podéis tener tanta energía a esta hora...?
La pobre Suzu a penas podía abrir los ojos, aunque le fue sencillo cuando Isuke tropezó con ella cayendo de esa forma al suelo.
-Ehm...Isuke-sama, ¿estás bien...?
Haruki volvió arrepentida a comprobar el estado de la pelirrosa, pero al recibir una bofetada pudo asegurarse de que estaba completamente bien.
-En verdad sois un buen despertador.- dijo Tokaku un tanto molesta por no haberla dejado dormir lo suficiente.
-P-pero...¿dónde están mis gafas?
La mano de Shiena palpaba la mesita de noche con inseguridad intentando encontrar sus lentes.
-¡Adivinad quién soy! "¡Takechi, no te acerques! ¡Takechi, no te muevas! ¡Takechi, no respires!"
-¡Eres Shiena-chan!- respondió Haru divertida.
-¡Takechi!
-Lo siento, Shiena-chan...
Todas se despertaron a causa del estruendo montado por las chicas de la habitación número dos, que ahora permanecían sentadas en la cama intentando que Haruki le diese una explicación a Isuke de lo que había pasado antes.
-Buenos días, Hitsugi.- dándole un suave y tierno beso en los labios a la pequeña, la acercó más a ella.
-Buenos días, Chitaru.
Todavía les estaba costando acostumbrarse a llamar por su nombre, era un gran paso en su relación. Hitsugi, abrazada a Chitaru con la cabeza recostada sobre su pecho, observaba el panorama, y el panorama las observaba a ellas.
-¡Inukai-san, Sagae-san, habéis despertado a las enamoradas de su sueño erótico!
-¡Hashiri-san!- protestó Sumireko.
-Lo siento, Hanabusa-san...
-Ay,- suspiró nostálgica la ojou-sama antes de levantarse de la cama para dirigirse a todas.
-Bien, chicas, buenos días a todas. Ya es bastante tarde así que usaremos el baño por turnos de dos para ducharnos y dem-
-¿Ducharnos por turnos de dos?- dijo Isuke arqueando una ceja.
-Me temo que sí, Inukai-san. De todas formas, a Sagae-san no parece importarle demasiado tener que ducharse contigo.
Haruki sonreía maliciosamente tras la pelirrosa.
-Si no, no nos dará tiempo a estar listas para la comida. Así que, vosotras dos seréis las primeras, ¡no tardéis mucho!
Tras coger algo de ropa para cambiarse luego, Haruki e Isuke fueron al baño. Ambas fueron calladas y con la cabeza gacha todo el camino, hasta que llegó el momento de la verdad. Cerraron la puerta del baño con llave una vez dentro, y mientras Haruki iba a regular el agua para que saliese caliente, Isuke se desvestía.
-Isuke-sama, ¿te gusta el agu-
Fue incapaz de acabar la frase. El impresionante cuerpo de Isuke se lo impidió. Aquellas curvas de vértigo, aquella piel blanca y delicada, aquellas proporciones tan suculentas, todo junto con sus ojos profundos y misteriosos, que incitaban a decubrir más cosas de ella.
Sin decir nada, Isuke puso el agua un poco más caliente y esperó a que Haruki se desvistiese. Así lo hizo, y luego se metieron en la ducha cerrando la mampara tras de ellas.
La pelirrosa le daba la espalda a Haruki, no lo quería admitir, pero aquellos abdominales marcados y aquellas extremidades tan fuertes junto con esa sonrisa tan estúpidamente adorable la volvían loca. Intentaba olvidarse de que la tenía justo detrás, pero entonces sintió una leve caricia bajando por su espalda.
-¿Alguna vez te dije lo hermosa que eras, Isuke-sama?
Ruborizada, Isuke intentó responder.
-P-pues sí, muchas veces.
La pelirroja sonrió en silencio, y siguió acariciando a su bella chica, hasta agarrarle el trasero.
-¿Q-qué se supone que haces, Haruki?- protestó Isuke dándose la vuelta para mirarla a la cara.
Entonces Haruki agarró sus pechos.
Desde la habitación dónde las demás charlaban se oyó un estruendo enorme y la voz de Isuke gritando "¿Dónde te han enseñado esos modales?". Compartieron sonrisas cómplices hasta que cierto tiempo después ambas llegaron, la pelirroja con una mano marcada en a cara.
Tras aquel pequeño incidente, se fueron a duchar las demás muchachas, por turnos. El último les correspondía a Chitaru y Hitsugi, qué cómo seguramente podréis adivinar, tuvieron más contacto con el cuerpo de la otra que con el suyo propio.
Cuando todas estuvieron listas, fueron a comer. Comieron arroz en su mayoría, algún tipo de pescado y carne. Después, Sumireko se levantó para informar de el programa que tenían para aquel 24 de diciembre.
-Bueno, chicas, anoche hubo tormenta, por lo que todo está cubierto de nieve. Saldremos a divertirnos un poco y después a unas aguas termales propiedad de los Hanabusa que se encuentran en este mismo bosque.
Todas salieron corriendo a ponerse sus botas y abrigos para poder disfrutar del día cuanto antes.
-¡Mira, Shiena-chan, todo está blanco!
Otoya cogió del brazo a Shiena y la tiró sobre la profunda capa de nieve que había justo a la entrada de la mansión.
No hizo falta mucho tiempo para que todas encontrasen algo divertido que hacer. Haruki comenzó una guerra de bolas de nieve contra Isuke, aunque sin querer le dio a Otoya, que mientras tanto, hacía ángeles de nieve. Las dos chicas de la cola de caballo se empezaron a perseguir cargadas de munición congelada. Kouko y Suzu miraban a las demás desde un banco, y Banba, Sumireko y Haru hacían un muñeco de nieve. Isuke y Nio empezaron a atacar a Shiena con más bolas de nieve, ella, ayudada por Tokaku, se logró defender. Y mientras, Chitaru mostraba a Hitsugi, la cual nunca había visto aquella masa blanca y gélida, lo maravillosa que era. Adoraba como su pequeña se fascinaba con tan enorme facilidad ante algo tan simple como aquello.
Pasaron la tarde allí, hasta que la noche comenzó a acercarse y la temperatura bajó considerablemente. Entonces, Sumireko avisó a todas de que la siguiesen, y se adentraron en el bosque para llegar a aquellas aguas termales de las que les había hablado.
No tardaron mucho en llegar, quizás unos diez o quince minutos, hasta que divisaron algo parecido a una cabaña con un recinto de madera en la parte de atrás. Entraron u se quitaron los zapatos y los abrigos, lo primero que vieron fue una sala con unos sofás y una mesa en el centro. A la derecha había una puerta, y entraron allí; había un vestuario.
-Desvestiros y pasad por esa puerta.- informó la ojou-sama señalando hacia el otro extremo del cuarto. -Allí se encuentran las aguas termales, ¡disfrutadlas!
-Chitaru-san...
-¿Sí?
-¿...tenemos que ir desnudas?
La mayor sonrió con dulzura a Hitsugi, que con la cabeza gacha y un pequeño rubor en sus mejillas miraba a los ojos a su chica.
-Me temo que sí...Hitsugi.
La pequeña dejó escapar un suspiro de alegría al oír su nombre de la boca de su amada, y empezó a desabotonarle el pantalón.
-Entonces me ocuparé de ser la única que pueda dejarte así.
Chitaru se dejó, ya acostumbrada a que su chica tomase el control, y acarició suavemente su cabeza.
Al poco tiempo, todas carecían de prenda alguna, y se metieron en aquel apetecible y caliente baño natural de grandes dimensiones.
-Ara, Banba-san, ¿te gusta?
-S-s-s-si...
Sumireko y Mahiru se pusieron juntas, disfrutando de la compañia y la seguridad que les brindaba la otra. Luego, Tokaku se metió seguida de Haru.
-¡Harucci!
Armada con unas tijeras, una alegre Otoya siguió a Haru, la cual al verla intento correr, pero debido al húmedo ambiente resbaló y cayó encima de Shiena, que ya estaba en el agua.
-¡No puedes entrar con tijeras aquí, Takechi-san!
-¡Harucci!- esta vez la voz de la abusona sonó enfadada, y lanzando las tijeras a fuera del recinto, se lanzó encima de ella y Shiena, que seguían sumergidas.
-¡Nadie va a tocar a Ichinose!- reclamó Tokaku, uniéndose a ellas.
-¿Qué está pasando aquí? Isuke está empezando a molestarse...
-¡No te preocupes, Isuke-sama!- y diciendo eso, Haruki se unió también al alboroto.
Otoya y Tokaku empezaron a pegarse, y Haruki las intentó separar. Shiena y Haru se mantuvieron al margen hasta que se calmaron y todo volvió a la normalidad.
-¡Ha llegado el alma de la fiesta!
Todas giraron su cabeza para ver como la chica que faltaba se incorporaba al baño lanzándose de bomba, provocando un mini tsunami que mojó a todas por completo.
-¡Hashiri-san!- protestó Sumireko intentando quitarle a Banba el pelo de la cara.
-Qué sosas sois todas.
En tranquilidad, paz y armonía, las chicas pasaron parte de la tarde-noche en aquellas aguas termales. Cuando salieron y se volvieron a vestir, los mayordomos de los Hanabusa fueron a buscarlas en limusina, para llevarlas de vuelta a la mansión antes de la cena.
Tuvieron una cena especial, una cena de Nochebuena para todas, con sus platos favoritos y un montón de postres espectaculares. Cenaron y charlaron en completa armonía
Cuando todas habían acabado, un cocinero trajo un carrito de postres con algo en una bandeja, lo colocó sobre la mesa y lo destapó. Era una tarta. Pero no una tarta cualquiera, si no una tarta de chocolate con pockys de fresa.
-¡Felicidades, Sagae-san!
Todas imitaron a Sumireko y con una sonrisa en sus caras felicitaron a la pelirroja.
-¿C-cómo sabías que era mi cumpleaños?
-Nunca subestimes a un Hanabusa.- respondió con una educada risita.
La tarta tenía diecinueve velas encendidas, y mientras las demás le cantaban el cumpleaños feliz, ella las sopló. Pero le quedó una encendida. Cogió aire para soplarla, pero antes de que se pudiese dar cuenta, la pelirrosa que se sentaba a su izquierda ya lo había echo por ella.
-Felicidades, idiota.- dijo, justo antes de darle un fugaz beso.
Haruki se puso roja hasta las orejas, no se lo esperaba, por eso estaba considerando aquel cumpeaños el mejor de su vida. Después de eso, compartió su tarta con las demás, y estuvieron charlando y divirtiéndose en el comedor hasta que el reloj de péndulo que allí había dio las 12.
-¡Feliz Navidad!- sonrió Nio.
-¿Sabéis que significa eso, chicas?
Todas se miraron confusas.
-¿...Que Sagae tiene diecinueve años oficialmente...?
-No, Shutou-san. Significa que descubriréis si os habéis portado bien este año, ¿habrá venido Santa Claus para vosotras?
Sin ni si quiera pedir explicaciones, Otoya y Haru salieron corriendo al salón, donde efectivamente, había un montón de regalos debajo del árbol.
Todas las siguieron, y no pudieron evitar dejar escapar pequeños suspiros de alegría y nostalgia al ver a todas tan contentas. Eran como una familia.
-¡Tokaku-san, ven, hay un regalo para ti!
La peliazul se aproximó a Haru que le tendió un paquete envuelto. Se sentó en el suelo a su lado y lo abrió; era una camisa y una corbata. La pelirroja, por su parte, había recibido un libro de cocina con recetas tradicionales, como el curry.
Haru, con su felicidad casi extrema, entregó los regalos a las demás chicas.
Otoya recibió unas tijeras nuevecitas de punta redonda, no le hizo mucha gracia pero se lo pasó bien intentando cortarle las trenzas a Shiena, que recibió un nuevo par de gafas con montura de goma, irrompibles. Suzu recibió un traje tradicional que según ella le traía muchos recuerdos, y Kouko, un rosario. A Isuke le regalaron un maletín de maquillaje y a Haruki unas cajas de pockys junto con un bote de manicura Baby Pink. A Nio le regalaron un par de acessorios para su tablet, y Sumireko le entregó a Banba una familia de patitos de goma que le parecían adorables. Mahiru le dio uno de los patitos, y eso la hizo tan feliz que la abrazó hasta casi dejarla sin respiración. Haru le entregó un paquete a Hitsugi, y Sumireko le entregó otro a Chitaru. La pequeña abrió el suyo, que resultó ser un león de peluche con una chaqueta negra, cosida a mano por la heredera de los Hanabusa.
-¿Qué es eso, Hitsugi?
Orgullosa, le mostró el adorable regalo que le habían echo, lo que causó un sonrojo muy grande en la mayor.
-¿Qué te regalaron a ti, Chitaru-san?
Chitaru abrió el paquete. Parecía un libro, con las solapas vacías, lo abrió, y en la primera página se podía leer:
"As long as I have you by my side, even hell becomes heaven."
Pasó esa página, ecnotrando un encanto particular en la frase, y abrió los ojos todo lo que pudo para asegurarse de que su vista no la estaba engañando.
Una adorable Hitsugi vestida de marinerita posaba reluciente y hermosa para la foto. Lucía una sincera sonrisa y el color dorado de sus preciosos ojos iluminaba todo a su alrededor. Siguió pasando páginas y se empezó a ruborizar de nuevo.
-¿...te gusta, Chitaru-san?
Cerró el libro y miró a la peliazul, que la miraba amenazante con una sonrisa maliciosa en la cara.
-S-S-S-S-Si...mucho.
Dejó escapar una pequeña risita antes de abrazarla.
Rondaba la una de la madrugada, y las jóvenes muchachas disfrutaban de la compañía de sus compañeras durante su última noche en Noruega, intentando aprovechar al máximo sus últimos instantes en aquel maravilloso país que las había unido un poco más.
¡Hasta aquí el Especial Navidad! Espero no haberos caído demasiado pesada y que lo hayáis disfrutado, como ya sabéis, espero entusiasmada vuestras opiniones.
-("As long as I have you by my side, even hell becomes heaven" significa: "mientras estés conmigo, incluso el infierno se vuelve el paraíso".) -Poison Me.
Y por cierto, me gustaría pediros ideas para algún one-shot o crossover, ¿alguien dispuesto a abrir su imaginación a una humilde escritora como yo? Jeje, ¡hasta la próxima!
