¡Y aquí estamos de nuevo, siguiendo la historia en dónde la habíamos dejado! Ya se acabó la Navidad para nuestras chicas, así que empecemos a contar desde la mañana siguiente al viaje de vuelta.

AVISO IMPORTANTE: este capítulo incluye escenas de sexo lésbico, así que si no son de tu agrado, por favor, no continues leyendo.

CAPÍTULO 31

Como la mayoría de las mañanas en Myojo, Chitaru fue la primera en despertar.

El día anterior habían vuelto de Noruega, de aquel maravilloso viaje en dónde todas consiguieron fortalecer aunque fuese un poco su relación como compañeras. Llegaron muy cansadas, así que nada más deshacer su equipaje, se fueron a dormir.

Era fin de semana, por lo tanto, no tenían nada planeado que hacer en todo el día.

Los suaves rayos de sol que se colaban por las rendijas de las cortinas golpearon con ternura los párpados de Hitsugi, que no tardó mucho en despertarse.

-Buenos días, Chitaru-san.

Con una sonrisa en su rostro se desperezó antes de darle un delicado beso a su chica.

-Buenos días.

El invierno en Japón era muy frío; durante esos meses los alumnos de la academia a penas salían de los edificios, y si lo hacían, era con un buen abrigo encima.

Desde la cama más cercana a la ventana, Chitaru y Hitsugi yacían abrazadas, observando las gotas de aguanieve resbalar por los cristales. Los días pasaban lentos encerradas en aquel recinto estudiantil, pero en cambio, parecía ayer cuando la una se topó con la otra, parecía ayer cuando se conocieron.

La pelirroja recordaba aquellos momentos en los que a penas conocía a la pequeña, recordaba la manera en la que la observaba, las discusiones mentales que tenía consigo misma cuando Hitsugi se metía en la ducha, los deseos a los que se intentaba contener, pero a los que al final, sucumbió.

Se sentía orgullosa de haberla conseguido, de haber logrado sentirse correspondida por la persona que amaba. Sus deseos, tanto físicos como psicológicos se habían cumplido.

Ambas adoraban los días lluviosos, en los que ver el mal clima juntas se había convertido en costumbre. Era sábado por la mañana, llovía, hacía frío, y Chitaru no logró resistirse a su chica favorita en uno de esos días favoritos para ella.

Hitsugi se incorporó para coger una de sus gomas del pelo de la mesita de noche que tenía la pelirroja más cerca, pero al colocar el cuerpo encima del suyo, algo la agarró de la cintura.

Chitaru PDV

Su dulce aroma a vainilla de cada mañana, tan apetitoso como ella, sus delicadas facciones angelicales, su frágil cuerpo. Me apetecía tanto jugar con ella...que dejé a mis instintos actuar por ellos mismos.

Agarré su camisa, la que usa para dormir cada noche, y la acerqué a mí; con delicadeza. Empecé a besar su cuello, dejando marcas de saliva y pequeños mordiscos. Podía notar su respiración algo agitada, y su confusión al mismo tiempo. Siempre dejé que ella tomase la iniciativa, que ella jugase, y que yo fuese el juguete. Quizás fue el tiempo, o probablemente su delicioso olor a vainilla, el que me incitó a cambiar los papeles al menos por esa mañana.

Repetía su nombre en susurros mientras me acercaba a morder el lóbulo de su oreja. Hitsugi, Hitsugi, Hitsugi... Qué hermoso nombre; como ella.

Yo permanecía medio sentada, ella, arrodillada con su entrepierna sobre mi regazo, se aferraba a mis hombros.

De pronto, me crucé con su mirada. Con aquellos ojos dorados, como la miel, que tanto me gustaban. Me miraban brillantes, ardientes de deseo, me suplicaban sensaciones que sólo yo podía darle. Me relamí los labios antes de empezar a atacar.

La besé, primero con suavidad, luego con pasión. Nuestras lenguas se unían, compartían saliva. Nuestros cuerpos se acaloraban. Sólo el sentir sus leves gemidos ante tanto amor me volvía loca. Sentía su piel arder como fuego vivo, por eso decidí que era mejor despojarla de aquella ropa que le sobraba.

Miraba con atención sus botones, ponía todos mis sentidos en desabotonarlos con rapidez y delicadeza. Ella me miraba con interés, intentando mantener calmada su respiración. Me comenzó a acariciar la cabeza con sensualidad, mientras pronunciaba mi nombre con su tierna voz.

Cuando terminé, la bajé por sus hombros hasta quitársela. Me quedé unos instantes admirando su torso desnudo, su piel blanca, sus pezones rosados, y sus refinadas curvas. No dudé mucho antes de empezar a disfrutar de mi juguete de celestes cabellos.

La delicia de su cuerpo me satisfacía a más no poder. Sus manos se aferraban a mi espalda con fuerza, y su mentón se recostaba sobre mi cabeza. Empecé a chupar sus pequeños pezones hasta que se pusieron erectos, luego los mordisqueé con ternura, procurando no hacerle daño. Oir sus gemidos era como escuchar música celestial, me sentía realmente afortunada.

-Chitaru...san...

Su voz salía temblorosa de sus labios. Cogió mi mano y la posó lentamente sobre el pezón que no cubría mi boca. Ese gesto me encantó, sabía que lo deseaba, ella quería que me apoderase de su cuerpo y que le diese esa cantidad de placer que tanto anhelaba. No la iba a defraudar.

Empecé a trazar círculos alrededor de sus pezones con mi lengua y mis dedos, antes de empezar a succionar con suavidad en un movimiento repetitivo. Hitsugi suspiraba con eroticismo en su voz y gemía levemente. Todavía me quedaba mucha Hitsugi con la que jugar.

La agarré por la cintura y bruscamente le di la vuelta, colocándola boca arriba sobre el colchón. Me observaba con atención, mientras sus mejillas se ruborizaban poco a poco.

Agarré sus pantalones y la despojé de ellos. Durante un rato mi mirada se centró en ella, en sus ojos brillantes que me incitaban a hacerla mía, en sus finos labios intentando pronunciar mi nombre otra vez, en su cuerpo semidesnudo tan suculento y apetitoso, el cual tenía en mí un efecto similar al de la droga. Era adicta a ello.

Nunca me había parado a pensar en qué cosas le gustaban a Hitsugi, refiriéndome al ese tipo sexual de cosas. No estaba segura de lo que prefería que le hiciese.

Ella tomaba la iniciativa, solía hacerlo. Aunque pareciese inocente, no lo era a gran escala, y mucho menos conmigo en la intimidad de nuestro cuarto. Su manera de actuar era bastante dominante; muy dominante, así que decidí actuar como probablemente actuaría ella conmigo. Decidí divertirme y dejar salir mi lado más salvaje y pervertido, porque estaba segura de que le iba a gustar.

La besé apasionadamente una vez más, manteniendo una de mis manos ocupada recorriendo el camino hasta su deliciosamente empapada intimidad. La acaricié con cuidado y sin prisa al principio, esperando a ver su reacción.

Empezó a respirar con más fuerza, y a abrir la boca emitiendo dulces gemidos que me llenaban de felicidad.

-¿...te gusta, eh?...

Se mordió el labio al escucharme susurrar esas palabras. La conocía muy bien, pero nunca había probado una aptitud semejante con ella. No era mi estilo, pero el suyo sí, al parecer.

Comencé a frotar con más rapidez, notando como sus braguitas se mojaban enteras en poco tiempo.

-...esto te va a gustar más...

Velozmente le quité aquella última prenda que quedaba en su cuerpo, dejándola desnuda e indefensa ante mi sed de pasión. Comencé por darle pequeños golpecitos sobre sus labios inferiores, los cuales resbalaban en gran cantidad a causa de su lubricación natural. Le gustaba esa sensación, podía notarlo, en su mirada, en sus gestos, en sus gemidos y en sus espasmos.

Introducí mi dedo anular en su vagina, al mismo tiempo que con mi pulgar, estimulaba suavemente su clítoris. Sus músculos se contraían con intensidad al sentir el rápido movimiento de mi extremidad en su interior. Con sus manos, se agarraba fuertemente a la sábana.

Cuando consideré que estuve suficiente tiempo realizando aquella acción, pasé a lo que de verdad le gustaba, lo que la había llevado al orgasmo la anterior vez.

Quise probar algo nuevo.

Me acosté en la cama poniéndome cómoda, ella mientras tanto, se sentó a mi lado, confusa.

-Coloca las piernas aquí.

Señalé mis hombros, y ella con un sonrojo, se arrodilló encima de mi, mirándome. Sonreí, con esa expresión que acostumbraba a utilizar, calmada y paciente.

-No, al revés. Mira hacia el otro lado y apóyate con las manos en el colchón.

-P-p-pero...yo...es que entonces tú...

Tartamudeaba palabras sin sentido al tiempo que sus mejillas y sus orejas aradían de un color rojo vivo. Dejé escapar una pequeña risa antes de que ella cediese a mi petición.

La luz del día era muy oscura. En invierno a penas se veía el sol en su plena imagen, pero fue suficiente alumbradora como para distinguir a la perfección las formas suaves y pegajosamente apetitosas de la intimidad de mi querida Hitsugi.

Primero la acaricié con un dedo; suavemente. Olía potentemente a ella, un olor que me causaba un sentimiento de deseo, deseo por comérmela enterita. Luego, con las manos, acaricié sus nalgas. Su piel era tan suave, y la tenía tan a mi alcance...

Las agarré y las traje hacia mí, rebañando toda la zona con mi lengua. Sus fluidos bailaban en mi boca y mi garganta, sus gemidos danzaban por mis oídos. Movía la cabeza horizontal y verticalmente, para darle una mayor cantidad de placer. Ella movía su pelvis, intentando recibir aún más. Le di unas suaves pero intensas nalgadas, que parecieron calentarla bastante. Me lo estaba pasando muy bien con mi adorado juguetito. Quería darle todo el placer que pudiese.

-Buena chica, sí,...

Siguió con su dulce contoneo, en el que mi lengua abarcaba aún más espacio. La dejé mojada enterita, y ella me dejó mojada a mí. Sus fluidos inundaban mi cara y parte de mi pecho, en verdad le gustaba jugar a esta pequeña mía...

Sus gemidos subían de tono por momentos, y lo que en un principio eran pequeños sonidos acabaron convirtiéndose en gritos realmente eróticos que me estremecían entera.

No pudo más, no logró contenerse. Un líquido blanquecino inundó mi boca, y su cuerpo se derrumbó sobre el mío. Me lo tragué, saboreándolo con gusto, porque eran los frutos del placer que le acababa de dar. Y luego acaricié sus nalgas y su espalda. La había dejado agotada.

-¿Qué tal estuvo eso, Hitsugi?

Se incorporó sobre sus brazos y giró la cabeza en busca de mis ojos escarlata. Me sonrió sonrojada, y se mordió el labio.

-Increíble, pero...Chitaru-san...

-¿Sí?

Cambió su posición y se colocó a mi lado, observándome de cerca, con una mirada desafiante y una sonrisa maliciosa.

-La próxima vez será mi turno...y te aseguro que te acordarás de mi durante mucho tiempo...- dejó escapar una adorable risita. -Quizás tampoco puedas andar en una semana...pero eso ya lo veremos.

A veces conseguía intimidarme, y mucho. Pero que se le va a hacer, la quiero tal y como es.

¡Hasta aquí por ahora!

Naruhodou Wright MEGA LM-san me preguntó por un capítulo con una Chitaru más "dominante". Se me hizo extraño, pero lo he intentado, ¿qué os parece? Ya sabéis que agradeceré en el alma vuestras opiniones y propuestas como siempre, ¡nos vemos en el próximo!