¡Hola de nuevo! Siento la tardanza, pero como sabéis, los deberes son lo primero...aún así espero que sigais leyendo mi historia y que como siempre me animéis a seguir con vuestros comentarios y sugerencias.
CAPÍTULO 32
Después de la ajetreada mañana a la que las dos chicas se vieron sometidas, se vistieron para ir al comedor.
Se abrigaron mucho, ambas con jerseys, puesto que el frío del aún largo invierno se metía por todos los rincones del edificio. Salieron de su habitación cogidas de la mano, como siempre, sin prisas. Observando el bonito y gélido paisaje de un Japón invernal.
El eco de sus pasos por los pasillos retumbaba en las paredes, estaban solas. O al menos hasta que comenzaron a oír el estruendo.
-HARUKI, PEDAZO DE IDIOTA, VUELVE AQUÍ.
-¡Isuke-sama, ya te he dicho que yo no he sido!
La hija mayor de la familia Sagae apareció por sus espaldas corriendo lejos de una muy enfadada pelirrosa que la seguía desprendiendo un aura malévola y sádica.
-¿PIENSAS QUE TE VOY A CREER?
-¡Isuke-samaaaaa!
Haruki había llegado al fondo del pasillo, sin escapatoria posible. Su asesina se acercaba a ella lentamente, con una mirada fulminante y chirriando los dientes.
-¡Inukai-san, no le hagas daño!
Al momento de oír eso, Isuke se giró buscando a la pequeña y dulce dueña de la voz. Ella la miraba asustada y preocupada, un paso por detrás de su querida Chitaru, buscando refugio tras su protectora espalda.
-No te metas, loli inmunda. Isuke tiene cosas que hacer.
-¡No, Isuke-sama! ¡Piedad!
-¿Se puede saber qué ha pasado aquí, Sagae, Inukai?
Desde el fondo del pasillo, a Haruki se le normalizó la respiración hasta entonces agitada. Se incorporó, y tras dar un suspiro, explicó su versión de lo ocurrido.
Me desperté muy temprano, tanto, que ni si quiera el sol se había dejado ver. Miré el despertador de la mesita, el cual marcaba las 7.19, una hora un poco extraña teniendo en cuenta que era sábado.
Levanté un poco más la vista, para ver como Isuke-sama dormía. (Era encantadoramente encantadora, con esa coleta que se ponía cada noche...) Luego, desperezándome, me incorporé. Sentada sobre la cama pensé en qué podría hacer. Pensé en ir a darme una ducha, así que eso es lo que hice.
Cogí un chándal para cambiarme después, y me encerré en el baño. Me desvestí y me metí en la ducha. El agua caliente a aquella hora era muy gratificante, como tomarte un helado de limón en un día caluroso, o comerte un Pocky en cualquier día del año.
Derepente, un estruendo me sacó de mis cavilaciones personales. Imaginé que sería alguna de nuestras compañeras o Isuke-sama. Al rato de aquello, alguien empezó a aporrear la puerta del baño.
-¡HARUKI, SAL INMEDIATAMENTE!
Me aclaré deprisa y corriendo, antes de vestirme y abrir a la pelirrosa más guapa que jamás había visto.
-¿Qué quieres, Isuke-sama?
-DÁMELO AHORA MISMO.
-¿El qué?
Tras decir eso, me cogió del brazo y me arrastró hasta su cama. Abrió los cajones de la mesita, dónde guardaba sus cosas personales e íntimas, pero estaban vacíos.
-Dámelo.
-Pero yo no lo tengo.
-Isuke se está enfadando...
No era bueno hacerla enfadar, pero yo no sabía dónde estaban sus cosas, en especial la más valiosa para ella. Un pañuelo de tela inglesa que habían cosido sus padres para ella en su decimoquinto cumpleaños.
-Pero...es verdad...no lo tengo...
Su cara se empezó a poner roja y un aura oscura apareció a su alrededor, pude oler el peligro lo suficientemente rápido como para salir corriendo de allí antes de que me pillase.
Afortunadamente, me encontré con Kirigaya y Namatame-san justo antes de lo peor.
-¿Y si no fuiste tú, quién fue?
Un ambiente un tanto tenso y extraño invadió el espacio. Quitando el echo de que a Isuke se le había pasado un poco el enfado, el misterio seguía acechándolas.
-Podría haber sido cualquiera, Isuke-sama.
-No, cualquiera no.
Las otras tres chicas observaron a la pelirroja con atención.
-Sólo pudo haber sido alguien de este pasillo.
-Chitaru-san tiene razón, sólo nos conocemos entre nosotras y por lo tanto, somos las únicas conscientes de la importancia que tiene eso para Inukai-san...
Entre suposiciones y suposiciones, decidieron ir a echar un vistazo al cuarto número 2, cuyas propietarias eran Haruki e Isuke, esperanzadas en encontrar alguna respuesta.
La pelirrosa, angustiada, abrió la puerta, que con las prisas se había olvidado de cerrarla con llave, e invitó a las demás a que pasaran.
-Ese es el cajón, y como veis, está vacío.
Como cada noche antes de acostarme, me puse mi camisón de seda indú y me recogí el cabello en una coleta, para evitar molestias nocturnas. Me desaté el pañuelo del cuello, lo doblé y lo guardé en el primer cajón de la mesita.
Haruki ya estaba durmiendo, como una adorable idiota, así que tras acomodarme, apagué la luz. A la mañana siguiente, me pareció oír un ruido sordo en mis sueños. Más tarde, me desperté. Aunque para mi sospresa, el ruido no parecía haber sido producto de mi imaginación, ya que a parte de estar el cajón abierto, éste carecía de mi querida prenda adentro. Sólo Haruki y yo compartíamos esa habitación por las noches y mañanas, sólo ella podría haberlo echo.
-Pero si Sagae-san estaba tomando una ducha, eso la excluye de tener posibilidades de ser la culpable.
-Isuke fue la última en dormirse, ¿quién si no pudo ser?
Ambas miraban al cajón intentando descifrar el enigma, deseosas de decubrir al ladrón. Los tenues rayos de luz que iluminaban la esena del robo le daban un aire triste, y gris.
-Ey, mirad esto.
Se acercaron a Chitaru, la cual agachada, inspeccionaba un rincón del suelo al lado del escritorio.
-¿Eso son...cristales?
En efecto, eso eran. Pequeños, desmenuzados, brillantes y rotos. El misterio se volvía más complicado por momentos, pero aún teniendo más pistas, todo parecía más y más confuso.
Entre tanto, se oyoó la voz de Haruki con un tono depresivo y desesperado.
-No está...
Isuke giró la cabeza en busca de su compañera. No parecía encontrarse muy bien.
-¿Qué?
-No está...
Chitaru y Hitsugi también se voltearon a mirarla, confundidas, y algo preocupadas.
-¿Qué ocurre, Sagae-san?
Miró al suelo y apretó los puños, intentando descargar la rabia.
-La foto de mi familia...no está.
¡Hasta aquí por el momento! Mil disculpas por la brevedad de este capítulo y por el tiempo que tardé en escribirlo, pero quiero tener unas buenas calificaciones en mis estudios y claro... A parte de eso, necesito haceros una pregunta muy importante:
¿Queréis que le busque un final a la historia, o meterle relleno hasta hacerla más grande que los confines de los universos paralelos de Madoka? ¡Es vuestra elección! ¡Hasta pronto!
