¡Hola de nuevo a todos y a todas! Perdonadme por la tan larga espera, es que me emociono con otras historias (véase: Desde Rusia con Amor) y luego acaba pasando lo que pasa, que me centro demasiado en su trama como para hacer caso a las demás. De todos modos, esa historia está llegando poco a poco al final y podré seguir con Los Seres y con esta (le tengo demasiado cariño como para ponerle un final, ¡es el primer fanfic de mi vida y le quedan muuuy pocas visitas para llegar a las 10,000!) Pero supongo que me lo pensaré, tampoco puedo hacer una historia eterna y martirizaros con la espera entre capítulo y capítulo. Bueno, ¡sigamos!
CAPÍTULO 35
Mientras en el cuarto habitado por Hanabusa Sumireko y Shinya/Mahiru Banba cinco estudiantes de la Clase Negra discutían sobre quién podría ser la "ladrona de patatas" e insistían en escuchar la versión de lo ocurrido esa mañana según Shinya, otras tres muchachas, Azuma Tokaku, Inukai Isuke y Namatame Chitaru para ser exactos, hicieron su camino hacia la habitación de Takechi Otoya y Kenmochi Shiena, dispuestas a encontrar respuestas fiables.
-Tengo un horrible presentimiento de que Takechi es la culpable.
-Que no te caiga bien no significa que eso la convierta en la ladrona, Inukai.- contestó Chitaru intentando esconder la mueca divertida que estaba haciendo al escuchar las palabras siempre tan directas y despreocupadas de la pelirrosa.
-Pues yo creo que tiene razón, Namatame. Esa psicópata no es de fiar.- dijo Tokaku, uniéndose a la conversación.
Al poco rato, llegaron justo al frente de la puerta del cuarto de las jóvenes que buscaban. Chitaru, galantemente, dio un paso al frente y dio dos serenos toques a la puerta, luego volvió a retroceder, esperando con cortesía a que la abriesen.
No pasó mucho tiempo hasta que una chica abrió la puerta, y con desconfianza asomó la cabeza por el pequeño hueco que había dejado al abrirla.
-¿...quién es?
-Buenos días, Kenmochi. Somos tus compañeras de clase, nos preguntábamos si tenías tiempo para hablar con nosotras sobre un tema importante.
La morena de apariencia intelectual vaciló un poco antes de dejarles pasar.
-Bien, ¿y qué es eso de lo que teníais que hablar conmigo?- dijo un poco molesta cruzada de brazos. Sin duda alguna no parecía estar de buen humor, y las otras tres lo notaron sin mucho esfuerzo.
-Ha ocurrido un pequeño problema, ¿sabes? Pero no sabemos quién es el causante...- comenzó Isuke, con una de sus muecas sonrientes, maliciosas y divertidas, mientras se sentaba cómodamente en el sofá.
Tokaku y Chitaru prefirieron permanecer de pie, escuchando atentamente lo que la pelirrosa tuviese que decir, y atentas de cualquier posible gesto que pudiese delatar a Shiena.
-...Necesitamos hacerte unas preguntas. A ti, y a Takechi.
Al pronunciar el apellido de la causante de su mal humor, Shiena frunció el ceño al mismo tiempo que buscaba una excusa para librarse de contestar preguntas incómodas, y mucho menos contestarlas junto con Otoya.
-Lo siento, ella no está aquí. Supongo que podéis preguntarle otro día en clase, o algo, de todos modos yo no me encuentro muy bien, así que por favor, volver en otra ocasión.
Se aproximó a la puerta y la abrió, invitando a las tres chicas a salir. Ambas compartieron miradas cómplices, y después de un gesto de asentimiento, Tokaku caminó hacia Shiena. Cuando estuvo justo al su lado, la empujó de improvisto y cerró la puerta con llave, evitando que pudiese escapar o librarse del tan necesario interrogatorio. Chitaru apareció por sus espaldas y la agarró llevándola a rastras hacia el sofá que había en frente de la pelirrosa, obligándola a sentarse allí y responder a todo lo que Isuke tuviese que preguntar.
-Panda de incompetentes...
-Estás más guapa con la boca cerrada, ¿lo sabías? Uy, bueno, ni así estás guapa para serte sincera.- rió Isuke, a lo que Chitaru dejó escapar un suspiro de esos que dicen que alguien le ponga un esparadrapo en la boca, por favor.
-Es necesario, Kenmochi. Así que responde con toda la sinceridad que puedas y más. Es una simple pregunta, pero necesitamos detalles.- dijo Tokaku con un tono excesivamente serio en su voz. Con cautela y calma caminó hasta ponerse de cuclillas en frente de Shiena, y dejando primero un sofocante e incómodo silencio, formuló la pregunta que llevaban haciendo todo el día.
-¿Qué hiciste esta mañana?
Al escuchar eso, Shiena cerró los ojos. Intentó calmarse, intentó no pensar en su más que molesta compañera de cuarto, intentó pensar en contar los echos de una manera menos vergonzosa para ella, intentó idear una manera de escaparse de aquella situación. Pero sentía tres pares de ojos fijados en ella, en cada gesto que hacía, en cada respiración, en cada minúsculo movimiento. No podía escaquearse. No quedaba más remedio que decir la verdad.
-Está bien. De acuerdo. Pero prometedme que no os vais a reír, y que eso no va a salir de aquí.
-Prometido.- contestaron al unísono Tokaku, Chitaru e Isuke.
Y después de dar un largo y tendido suspiro, la morena empezó su historia.
Todo comenzó ayer, en la noche. Cuando llegué a mi habitación lo primero que hice fue darme una ducha con agua caliente. Adoraba esa sensación de soledad, protección y comprensión que se siente cuando te encuentras sola, en tu propio mundo rodeado de una espesa niebla producida por la alta temperatura del agua. Acabábamos de regresar de un lugar demasiado frío, por lo que estaba disfrutando aquella ducha mucho más que ninguna otra. Me pregunté que estaría haciendo mi molesta compañera de cuarto en ese momento. Probablemente estuviese limpiando sus tan queridas tijeras. Era un auténtico peligro, pero en verdad las trataba con especial cariño y devoción. Ojalá me pudiese tratar así a mí, pensaba, mientras el agua resbalaba por mi cuerpo con suavidad y ternura. Ojalá me pudiese acariciar como hace con sus tijeras. Con esos dedos largos y expertos a causa de coger todo el rato el mango moldeado de su tan amado artefacto Me pregunté que se sentiría. Y mis dedos, como poseídos por un espíritu lujurioso y culpable, recorrieron el camino que en ese momento deseaba que recorriese Takechi.
Estaba en mi mundo, perdida, hipnotizada, ensimismada en mí misma, mientras mis pensamientos se centraban sólo en mi compañera de morados cabellos. Por culpa del cansancio, olvidé cerrar la puerta con llave, y la misma persona en a que estaba pensando entonces, me sorprendió abriendo de golpe y silenciosamente la mampara de la ducha.
Me miró, aún en silencio, y yo la miré. Ninguna de las dos nos atrevíamos a hablar, por miedo a recibir una contestación. Pero como siempre, como pasa con cualquier cosa, en cualquier situación, ella se adelantó.
'No eres la única que guarda secretos, Shiena-chan' dijo, y se empezó a reír, se reía a carcajadas, incluso teniendo en cuenta que estábamos en mitad de la noche. Salió del baño, aún riéndose, y no quise saber nada más de ella. Decidí quedarme allí, en mi propio mundo, un mundo en el que Takechi era una persona diferente, una persona con un poco más de tacto. Un mundo en el que la razón era más poderosa que el corazón, y no salí de la ducha, dónde dormí, hasta el día siguiente, es decir, esta mañana. Cuándo dejé de oír ningún ruido, y supe entonces que Takechi había salido. Sólo entonces tuve el coraje necesario para salir de mi propio mundo, y enfrentarme de nuevo a la realidad.
Hubo un silencio que a la morena intelectual le pareció eterno. Pero fue mucho, muchísimo mejor de lo que se esperaba. Ya que ninguna, ni si quiera la pelirrosa cuya reacción más temía, dijo una sola palabra, ni realizó un sólo gesto, o mueca.
-¿Sabes dónde está Takechi ahora mismo?
-No, no tengo ni idea, pero tampoco me interesa. Esta noche debió salir de la habitación, porque oí la puerta. Y lo mismo esta mañana.
Tokaku se quedó pensativa, mirando la moqueta del suelo durante unos instantes, hasta que recordó su propia versión de lo ocurrido a noche.
-La sombra...- murmuró, a lo que las otras tres la miraron con curiosidad y cierto toque de interés.
-¿Azuma?
-Si Takechi salió a noche de la habitación, eso la pone la primera en la lista de sospechosas. Fue la propietaria de la sombra que vi a ayer, en el pasillo. Fue ella.
Sin dar tiempo a penas a escuchar opiniones, se levantó y salió corriendo en busca de Otoya, furiosa, y demasiado segura de sí misma y de su propia suposición.
-Ugh... será mejor que la vayamos a buscar antes de que haga nada de lo que se pueda arrepentir, aunque dudo que alguna vez se arrepienta de algo de lo que hace. Muchas gracias por tu colaboración, Takechi.- dijo Chitaru educadamente antes de salir del cuarto.
-Sí, vamos.- afirmó también Isuke. Pero justo antes de cerrar la puerta tras de sí, se giró para ver a Shiena una útima vez.
-Oye, si alguna vez te vuelve a hacer algo así, avísame. Haruki y yo nos encargaremos.- sonrió, justo antes de marcharse de allí.
El gesto de Shiena se veía más bien asombrado e incrédulo que cualquier otra cosa, pero agradeció que al menos, en esos temas serios, la pelirrosa tuviese un poco más de corazón del que solía mostrar. Sonrió, y miró por la ventana. Preguntándose quién sería la persona a la que buscaban.
