Aclaraciones antes del capítulo: Bueno para no confundir eventos, la primera parte es Dean yendo hacia la catedral a las 2:50 de la tarde, lo de Sam y Cass surge al mismo tiempo que lo de Dean, mientras Dean está luchando Sam y Cass buscan una manera desesperada de salvarlo.

Lo sé, sé que estos capítulos están medio aburridos, ustedes ya quieren ver más acción entre estos dos hermanos, pero no la puedo dar expresa abiertamente, aún no. Tengo una libreta dónde llevo anotado las ideas de este fic, llevo hasta el capítulo 4, bien detallado, llevo hasta el 9 generalizado. Así que el capítulo 3 va a ver más luchas y en el capítulo 4 veremos la primera movida entre estos personajes. :) Lo siento mucho por todo, prometo que todos estos aburridos capítulos lo compensarán. Otra cosa que quería aclarar es que estoy atrasada por un capítulo aquí, así que un mes voy a subir doble. Pero yo creo que será en diciembre. Son las 4:02 de la mañana entre semana no me culpen de las faltas de coherencia en la historia.

Wuu ya tuve mi primer comentario y me siento tan feliz, gracias a ti me dije a misma "Escribe el maldito capítulo aun que este mal narrado" pero ya el siguiente va a estar mucho mejor, lo prometo 3


Capítulo 2:

Parte 1

Dean se había preparado perfectamente para ir a ese lugar si no fuese una trampa, Crowley tenía tantos contactos que posiblemente ya hubiese anticipado este movimiento y hubiera encontrado otra madriguera o alcantarilla.

Estos poderes demoníacos eran bastante buenos, pero al mismo tiempo era una debilidad bastante grande, al no saberlo usarlos Crowley podía tomar esa defensa, pero Dean aún no conocía mucho sobre él.

Eran las 2:50 y él ya se había introducido en la catedral de los Horadrim, no eran humanos a quienes se enfrentaba y tenían la misma debilidad que él, por lo que usar una trampa de demonios, sería su propia muerte, y no podría exorcizar a alguien pues apenas y pronunciaba las palabras y le quemaban. Había elaborado un plan, normalmente Sam se encargaba de eso y no era porque no era el fuerte de Dean, era porque le daba pereza hacerlo, pero si quería podía elaborar un ingenioso plan.

No podía hacer agua bendita, porque apenas y pronunciaba las palabras le quemaban, era un sacrilegio que un demonio las dijera, y el hacerlo hace que su boca queme, arda tanto y/o sangre. Para su suerte ya tenía unos pocos de botes con agua bendita y un par de pistolas. Toco con suavidad el bote lleno de agua bendita, si lo tenía por mucho tiempo sobre su mano, este le empezaba a quemar.

Había conseguido algo de olíbano, se dice que si le prendes fuegos aleja a un ente malvado, por supuesto que si ese ente malvado es lo suficientemente fuerte sólo lo va a cegar. Dean examino el lugar, había un par de trampas a los alrededores, como una trampa de demonios sobre el techo de la entrada o en el tapiz entrando. Habían 5 demonios custodiando la entrada todos distribuidos estratégicamente, dos cerca de la entrada, cubriendo un perímetro de 5 metros por su lado, su tarea es, no sólo proteger la entrada, también era informar de cualquier cosa que entre, así que si ellos no pueden cumplir su tarea de proteger la entrada le iban a avisar a los demás. Por lo que tendrían que morir sin ruido y tan rápido que no les dé tiempo de avisar a los demás. Otros dos vigilaban el área de atrás y el quinto era el que estaba distribuido de forma en que nadie lo viese, estaba a lo lejos, tan lejano y escondido que nadie lo vería.

Su padre había entrenado muy bien a sus muchachos, porque para Dean era simple lógica el hecho de que haya un quinto demonio asechando. Las 3:00 de la tarde surgieron y sabía que era su posición, Puso en una vasija de plata el olíbano, la cerró y en una de las pequeñas aberturas que tenía puso un poco de aceite santo (Sin tocarlo directamente con las manos) y prendió fuego, no espero ni dos segundos y lo lanzó.

Los dos demonios de la entrada, se tiraron al suelo con una exclamación de dolor. Pusieron sus dos brazos contra el suelo, no veían nada, estaban cegados, Ese era el momento adecuado para Dean, se puso unos lentes para protegerse, llevo sus manos a su espalda toco su piel hasta que las yemas de sus dedos tocaron la espada, la agarro tan rápido como pudo y puso la espada en su cuello. Había tapado sus bocas para que no gritaran en tal momento.

Le temblaron las manos a Dean y en su cuerpo se estaba desarrollando una extraña sensación, su sangre se sintió más ligera recorriendo más rápido su cuerpo, su respiración se hizo pesada y él continuaba mirando sus manos, vio ese pequeño lunar entre sus dedos y sabía que había disfrutado tanto haber matado a aquellos dos, sabía que si seguía así sus manos no pararían de enterrar la primera espada en el cuerpo de alguien. Quería revivir la sensación, pero había hecho un estratégico plan para esto y no podía actuar de acuerdo a sus instintos.

Había traído incienso con él, de mirra. Si tocaba su piel le iba a quemar por supuesto, pero lo iba a usar para cegar a los dos de afuera y al que estaba a lo lejos, así iban a salir.

Sentía una opresión cerca de su pecho y sabía lo que quería… matar a alguien….


-Esto no está llevándonos a ningún lado –Susurro frustrado Sam mientras cerraba su último libro- Sólo dice como ahuyentar demonios, y tienen vaga información sobre los caballeros del infierno

Sam se paró de la silla, mientras su espalda dio una reacción muy dura al instante que sus pies tocaron el suelo, sintió como su columna se le quebraba, había estado tanto tiempo sentado que ya lo había olvidado, no sabía qué día era o si era de noche o día. Castiel había traído suficiente comida para unos días.

Sam se agarro de la pared, mientras restregaba sus uñas en esta misma, le dolía la espalda. Sentía una pequeña punzada en su cien, quería atravesarla con un cuchillo hasta que el dolor cesará.

-Sam, por qué no descansas un rato, llevas 4 libros traducidos, leídos y memorizado en tan sólo 9 horas –Sugirió Castiel

Su tonó había sonado apaciguador, y Sam continuaba en su búsqueda de comida. Castiel cerró su libro y examino el cuerpo de Sam, vio varios moretones en su cuerpo, la zona de sus costillas estaban rojizas gracias al descansabrazos del asiento, pero el músculo de su espalda estaba tan rígido por estar en la misma posición durante mucho tiempo.

-Mi hermano no se va a salvar sólo

Sam abrió el refrigerador, dobló sus piernas para poder ver algo de comida. Una nueva punzada pero esta vez en su cuello y rodillas. Todo su cuerpo le dolía. Agarro una manzana, al tacto era fría y se fue a la mesa.


Cada que Dean mataba a un demonio surgía una adrenalina y un gusto por la sangre. Ese dulce olor de una escoria muerta, le producía un éxtasis. Y quería lanzarse a matar a otro, no había persona capaz de hacíamos la cuenta llevaba 6 demonios muertos, en menos de 30 minutos, algo que no había hecho cuando era humano, y pensaba que no había suficientes demonios, nunca había suficientes.

Había entrado a la caza y sólo había un demonio. Comenzó con cuidado y su nariz detectó un olor peculiar, por supuesto el olor a Crowley. Esa rata aún no cambiaba de madriguera y para él mejor, entre más pronto lo mate mucho mejor para él. Comenzó a moverse sigilosamente con una mano sobre la pared, sintiendo la humedad de aquel castillo y vaya que era grande.

Continuó sus pasos mientras detecto un sonido metálico a su espalda, volteo tan rápido como pudo pero ya era demasiado tarde, ese sonido produjo otro sonido, Dean vio el movimiento de la bala, y pudo esquivarlo, pero gracias a eso, una persona lo inmovilizó.

-Dean Winchester… -Soltó la voz- Quién lo diría uno de nosotros

Dean vio a través del cristal una cara, por supuesto no la reconocía, no podía verlo de frente porque una de sus rodillas se encontraba sobre su espalda. Había sido rápido mucho más rápido que él.

-¿No crees que es muy estúpido venir aquí tú sólo?

-Ahórratelo, no me apetece conversar contigo –Respondió el caballero del infierno con agresión, cada vez sentía más enojo y más ganas de querer matar al demonio que lo inmovilizaba.

-Oh –Exclamo con cierta delicadeza algo fuerte para que retumbará en los oídos del güero- Si apenas comenzaba, verás decía que es tonto porque traje a mi pequeño compañero –Continuó mientras Dean suspiraba, el demonio aplicaba más fuerza sobre su rodilla- Y no sería como Batman… sino como Krypto*

Los ojos de Dean se dilataron, podía lidiar con un demonio, pero con un perro del infierno ahí le dudaba. Eran más veloces que un demonio normal, eran más feroces y sólo seguían a su instinto de matar, por supuesto que eran más difíciles que un demonio común y corriente.

Dean tomo su bolsillo del pantalón para sacar su agua bendita, la lanzó hacía su opresor mientras esté retrocedía con un ligero gemido.

-Normalmente no me gusta ser el sumiso en la relación –Bromeo Dean

El demonio quitaba sus dos manos de su cara. Tenía una expresión molesta, había llegado hasta la pared y se encontraba recargado sobre esta misma, estaba muy molesto.

-¡Ve por él! –Exclamo con un ligero ardor en su garganta

Trataba de quitarse la ropa en dónde había caído el agua bendita, le ardía. Odiaba esta debilidad. Por su parte el perro del infierno corrió hacia Dean, dónde esta vez el ojiverde sabía dónde estaba, lo veía, lo olía. Dean sintió más adrenalina, sería divertido ver como resultaba esta lucha. Tal vez Krypto no es más fuerte que Superman, pero en este caso claro que si**.

El perro corrió hacia él haciendo sonidos como de un lobo hambriento o hasta peor y Dean sólo le gustaba ese sonido. Quería sangre y no sabía por qué, o tal vez si sabía pero no quería admitirlo, porque esta oscura y retorcida parte de él quería guardarla. El perro se abalanzó sobre Dean, era más fuerte de lo esperado, pero algo oscuro en su interior empezó a crecer y rogaba por más lucha de parte de este perro. Dean cayó al suelo, puso sus manos en la boca del perro para evitar morderlo.

-No es por nada pero… -Dean dijo muy apenas, susurrando y entrecortado, haciendo mucho esfuerzo por conseguir que el perro ni se le acerque- Pero tu perro es muy feo

El demonio continuó viendo el espectáculo, mientras se servía una copa de vino, miraba como los pies de Dean se retorcía y cómo su perro estaba arrinconándolo. El perro del infierno puede ser peligroso, nunca tendrá la inteligencia de su amo pero si la fidelidad y obediencia. El demonio comenzó a reírse, cómo alguien bajo sus circunstancias podía seguir bromeando.

-Veras, una vez que mi perro te mate… -Empezó mientras daba un sorbo a su copa y sonreí- Iré tras de Sam.

Ese nombre prendió una luz roja en la cabeza de Dean, paro un momento de hacer mucha fuerza hacia el perro provocando, un rasguño en su hombro. Nadie iba a ir tras su Sam, nadie lo mataría, ni si quiera él. ¿Qué pasaba si él se moría?, ya no sería tan sencillo como fue al cielo o al infierno, pues ya está en el infierno. Fue la primera vez que se pregunto qué pasaría con los demonios que se les mataba. Sería borrado de la existencia y Sam con él, pues ahora estaría solo y eso no lo podía permitir.

-Me contaron que sientes atracción por tu hermano ¿Es cierto? –Continuo hablando el demonio con una risa burbujeante mientras se pasaba el alcohol por la garganta- Debes de estar desesperado para querer a tu hermano, eres patético

El demonio se acerco con su perro mientras el enojo de Dean subía por su sangre, sentía que hervía todo su cuerpo y no de una manera linda. El perro alcanzo morder una pierna de Dean, mientas él exclama de dolor. Se estaba enojando y mucho. El demonio continúo acercándose, hasta que puso sus pies al lado de la cabeza de Dean. Por su parte, Dean estaba demasiado ocupado cuidando su enojo y que el perro no lo tocará que no levanto la vista hacia el demonio.

-Sabes que tu hermano no te quiere de esa forma, digo porque te olvido en el purgatorio por una mujer

Ese fue la gota que derramo el vaso. Dean estaba empezando a perder la conciencia y estaba viendo borroso. Su enojo le estaba ganando sobre la razón y de hecho estaba quedándose sin vista, que era este extraño sentimiento de enojo… tres segundos más y el que estaba luchando no era Dean….


Sam fue por su tercera manzana, se sentía extraño Débil y cada que leía tenía que releer por no entenderle. Sus ojos comenzaron a cerrarse y su cabeza tambaleaba hacia el frente, su visión se tornaba borrosa y algunas veces oscuras.

Sam sintió una horrible necesidad de pararse y comer, se sentía débil y sin energía. Pero aun que la comida nos da energía el cerebro necesita descansar cosa que Sam no había hecho mucho en esta semana.

Sam abrió el refrigerador nuevamente y comprobó que se habían acabado las manzanas. Azotó el refrigerador algo fuerte, esto de no dormir lo mantenía en mal humor constante. Pero cuando cerró la puerta con mucha fuerza se sintió mareado y tuvo que retroceder unos pasos para sostenerse de la pared. Le daban mareos muy seguidos últimamente, pero este había sido demasiado fuerte.

Sam comenzó a caminar hacia la mesa con movimientos lentos, pero al dar un solo paso, sus piernas no le respondieron y sus músculos se doblaban y el simple hecho de apoyar le dolía los músculos.

-¡Sam! –Grito Castiel

En dos segundos Castiel se encontraba sosteniendo la cara de Sam, mientras este veía su cara, que pronto comenzó a hacerse oscura y borrosa y cada palabra que salía de la boca de Castiel, Sam no la entendía.


Dean abrió los ojos nuevamente, se encontraba tumbado en el suelo con una necesidad enorme de matar, un sentimiento de furia que nada lo terminaría. Y vio sus manos llenas de sangre y llevo la palma de su mano a su cara, para poder tocarla y al tacto sintió el mismo líquido que estaba sobre sus manos.

¿Qué había pasado? El dejo de ver sus manos y miro su contexto para observar a 8 cadáveres. ¿Acaso él lo había hecho?, había perdido la consciencia y había matado. Pero no había ni rastro de Crowley. Y entre más lo pensaba ¿Qué lo despertó de su sueño?

Dean vio un pequeño celular sonando en un charco de sangre, Dean lo tomó con sus manos y puso su oreja en la bocina del celular.

-Hola, Ardilla –Saludo la voz algo irónica- Verás no creía que tenías el potencial para matar a 15 demonios y 2 perros del infierno

-Crowley, dime dónde te escondes rata, iré tras de ti ya lo sabes

-Claro, eres un hombre de palabra ¿no? –Rió Croley haciendo que Dean apretará su puño y queriese matar a alguien más- Eres muy peligroso, tengo un plan preparado querido, hasta entonces

La llamada se corto y Dean se enojo, aventó el celular en dirección a la pared, mientras daba un grito desgarrador. Iba a ir tras él. Pero al final del día había sido una trampa. Dean empezó a perder la consciencia nuevamente. Sus rodillas las puso en el suelo mientras que con el puño azotaba el suelo constantemente

Sintió un pequeño aviso, que le cambio el estado de humor de una manera drástica: Sam por primera vez en 3 días había dormido. Dean sonrió, era el momento de actuar.

Parte 2.

Castiel miro el cuerpo de Sam, la fiebre subía, le había dicho tantas veces a Sam que se durmiera un rato, que descansara. Y es que ni siquiera había tomado un baño. Había notado el cuerpo de Sam débil, pero no había notado la repentina fiebre hasta que Sam se desmayo. Se había exigido tanto incluso cuando solo es humano.

La verdad es que Castiel lo habría curado en un dos por tres pero la gracia que tenía no era de él, y estaba tan débil que nunca alcanzaría a curar una simple herida de quién sea. Se sentía mal por el hecho de que los dos se habían traumado con una respuesta para salvar a su hermano que ninguno de los dos se había puesto a pensar en su estado. Castiel cada vez se sentía más débil y Sam, por su parte estaba consiguiendo una enfermedad.

Ya no podían poner como prioridad la búsqueda de una cura para Dean, los dos se estaba debilitando. Castiel tendría que ir a comprar medicinas y comida, cuando Sam despertase necesitaba todo lo posible para recuperar las energías gastadas, no iba a dejar que se parará de la cama hasta que la fiebre bajará y hasta que los moretones y músculos rígidos se le quitarán.

Castiel tomó una vez más la temperatura de Sam para comprobar 39.3 grados, era preocupante para un humano tal temperatura, tendría que correr por las medicinas y por la comida. Castiel cambio la toalla en la frente por una nueva y remojada en agua tibia casi fría. El ángel cerró con llave su cuarto, rogando que la temperatura de Sam no subiese mientras iba por la medicina. Tomo las llaves del auto y fue por las medicinas…


Dean había esperando deseosamente que Sam durmiera, quería meterse en sus sueños como cualquier demonio para debilitar a su presa. Quería proyectarle los bonitos sueños que él había estado viviendo en los últimos días. Pero se sorprendió al ver que su presa ya estaba debilitada y que no estaba soñando explícitamente, sólo estaba conciliando con el sueño más no estaba al 100% soñando.

Sam tenía una fiebre muy alta y Dean estaba preocupado, pero honestamente era una excusa para ir a verlo… no sabía que había pasado pero al otro segundo ya estaba en la habitación de Sam, viendo su cuerpo ardiendo, con una capa de sudor y mugre. ¿Por qué se había descuidado tanto?, con sus ojos demoniacos examino el cuerpo de Sam, sus músculos rígidos, su espalda llena de moretones y su columna vertebral algo movida del lugar. Más aparte de eso, veía como su cuerpo le exigía nutrientes, vitaminas y proteínas, no había comido bien.

El caballero del infierno estaba muy adentro de sus pensamientos. Comenzó a moverse hasta el cuerpo de Sam, comenzó a tocar por encima de la ropa sus brazos, sus pectorales, hasta que luego sintió su piel y diablos estaba ardiendo, pero le resultaba agradable la calidez que desprendía su hermano, vio un termómetro al lado del cuerpo de Sam y lo tomo 39.3 grados, realmente estaba enfermo. Castiel no sabría cómo cuidar de alguien enfermo, pero tampoco lo estaba haciendo mal, Dean comenzó a cargar el cuerpo de Sam, tendría que ponerlo en agua con hielos para empezar a bajar esa temperatura.

-Dean –Dijo Sam entre sus sueños

Dean se impresiono y ahora más que nunca quería saber lo que estaba soñando su hermano. Pero no podía hacer eso, no ahora que su hermano lo ocupaba. El cuerpo de Sam contra él hacía que le pasará su calidez. Él la había perdido junto con su humanidad, mientras que Sam lo calentaba Dean lo enfriaba.

-Aquí estoy Sam –Le respondió dulcemente, mientras tocaba su frente y pasaba sus dedos a su cuero cabelludo.

Dean fue a la cocina por unos hielos, cuando la temperatura de Sam descendiera a los 37 y algo Sam iba a responder al estímulo del agua fría y solamente en ese momento es cuando se le puede dar la medicina y surtirá el efecto. Pero… ¿Cuánto tardaría Castiel con la medicina?

El demonio sabía que el cuerpo de Sam no podía tocar directamente el agua con los hielos, así que no le iba a quitar la ropa por mucho que lo deseaba. Comenzó a llenar la tina con agua mientras ponía los hielos que tenía en su otra mano, una de ellas estaba cargando a Sam. Cuando estaba lo suficientemente llena Dean puso a su hermano dentro de la tina. Ahora tendría que esperar a que Sam reaccione a las bajas temperaturas.


-Señor, con todo respeto –Inició un demonio vestido de traje, cuidando de sus palabras, puesto que le podían costar la vida- Creo que no lo está tomando con la debida seriedad, no le tengo que repetir lo que Dean Winchester le hizo a nuestros hombres

Repitió enfadado esperando a que su rey le hiciera caso, no podía sólo dejar pasar algo como eso murieron 15 demonios y 2 perros del inferno y todo por un solo hombre, todo por una sola mano. Estaban preocupados de que matarán a más y es que al día no consiguen tantos demonios.

-No le tengo que dar explicaciones a nadie –Recordó Crowley, mientras leía un periódico, tranquilo como si ese comentario sarcástico lo hubiera pasado por alto- Tengo un plan… ¿no crees que semejante potencial merezca la muerte? –Crowley puso el periódico en la descansabrazos de su silla, mientras que con uno de sus dedos lo movía de izquierda a derecha- No, no, no, por supuesto que no. No podemos desperdiciar tal potencial, tiene que trabajar para nosotros

-Señor, ¿qué le hace pensar que lo haría?

-¡Ya te dije que tengo un plan!

Crowley gritó y ahí fue cuando supo el demonio que se debía de callar, debía confiar en su rey, nunca los había defraudado y no era momento de hacerlo.


Habían pasado un par de minutos mientras Sam estaba en el hielo. Dean comenzó a desesperarse su hermano no estaba sanando, a lo mejor y este baño frío ni siquiera lo estaba ayudando… pero entonces la mitad del cuerpo de Sam se enderezó viendo a la pared del baño, ajusto sus brazos alrededor de su pecho, sentía mucho frío y ni siquiera estaba viendo bien, su campo de visión era pequeño y borroso.

-Cas-Castiel –Susurró Sam temblando, mientras se intentaba parar de la bañera.

Dean puso algo de cloroformo cerca de la nariz de Sam. Sabía que no lo había visto y que nunca sospecharía qué fue él quien lo ayudo con su alta fiebre. Si Sam estaba enfermo es porque se sobre esforzó en algo y ahora que estaba despierto continuaría con lo que sea que estaba haciendo. Sam luchó ligeramente al reconocer el olor, pero no estaba en condiciones de luchar, muy apenas se podía sostener, al final cayó a los brazos de Dean.

Castiel… ¿había dicho Sam? ¿Por qué le molestaba tanto?, no podía ser cierto que lo llamará a él en sus momentos de necesitar ayuda. Pero es que sus celos eran simplemente estúpidos, era lógico que lo llamará a él puesto que se supone que era el único que se encontraba ahí, pero simplemente el pensarlo era agobiante, si aún fuese humano, su respiración se hubiera hecho densa y necesitará cada vez más aire para llevarlo a sus pulmones. Y es que él no quería que Sam se enterase de que él fue, pero cuando despertará Sam, hubiera creído que la persona que lo curo había sido Castiel y no él, y eso le molestaba, quería que Sam supiese que había sido él.

Dean volvió a cargar a Sam, esta vez estaba más frío, pero aún así desprendía calidez que era demasiado agradable para Dean. Era increíble como estaba feliz de que su hermano poseyera fiebre, amaba la calidez de su cuerpo, lo hacía sentir vivo, a pesar de que no lo estuviera. Dean puso a Sam en la tasa del baño, ahora era cuando iba a tener que cambiarlo de ropa.

Comenzó desabrochando su camia de rayas rojas con gris, la misma que traía desde la última vez que lo vio. Vio sus pectorales, sus músculos, sus abdominales. Puso una de sus manos dónde estaba su corazón, lo sentía latir más rápido de lo normal, pero ahí estaba. Escuchaba como bombeaba la sangre, como pasaba por sus venas, arterias y capilares, tampoco era un médico para saber por dónde más pasaba, pero dios amaba ese sonido, el sonido de estar vivo. Comenzó a pasar sus manos desde su cuello hasta antes de llegar a sus pantalones, le gustaba la sensación de Sam, aún recordó la última vez que lo tocó, y no podía quitarse esa sensación de la cabeza. Pero esta vez era mucho mejor, tocarlo al desnudo, sin ropa que se interpusiera entre las palmas de su mano y su piel.

Dean abrió un poco más sus piernas para poder poner una pierna a cada lado de Sam, y se sentó arriba de Sam, así podía verlo mejor, así podía tocarlo mucho mejor. Y tanta cercanía le resultaba agradable. Desprendió la camisa de su cuerpo, y ahora su Sam estaba mitad desnudo. No era la primera vez que lo veía así esa es la verdad, pero cada vez que lo veía conseguía el mismo resultado, dejarlo sin aire y con ganas de tocarlo.

Paso su mano por sus cabellos, quería aprenderse la anatomía de Sam, continuó con su recorrido al llegar a sus mejillas, estaban rozadas y calientes. Dean acerco sus labios a sus mejillas, les dio un pequeño beso. Ahora acerco sus labios a los del contrario, dando otro pequeño beso. Dean sintió su cuerpo cada vez más cálido, y ahora esas pequeñas caricias no bastaban. Con más fuerza beso los labios de Sam, metió su lengua, para comprobar que el otro no le correspondía. Por fin había probado su sentido del gusto en Sam, era el único que le faltaba.

Dean se paró nuevamente, para poder quitarle los pantalones a Sam. Ahora solamente estaba en bóxers. El demonio cargo al humano hasta llevarlo a la cama y ponerlo de espaldas. Nuevamente lo examino con su ojo demoníaco, vio su cuerpo lastimado y sus músculos tensados… Ni siquiera un jugador de fútbol americano tenía semejantes marcas. Se sentó sobre su espalda y comenzó a masajearla…


No sabía cuánto había pasado desde que había tocado la espalda de Sam, pero cada vez que lo hacía sentía la necesidad de besarlo. Se agacho hasta que sus labios tocaron su espalda, su lengua comenzó a recorrer su columna, sabía tan delicioso, casi como cuando se imagino el sabor de la sangre de Sam cuando era un vampiro.

Comenzó a sentir apretados sus pantalones cada segundo, digo sobre todo porque estaba arriba de los glúteos de Sam, quería quitarle los bóxers, quería verlo totalmente y la última vez que lo vio completamente desnudo fue cuando eran niños. Lo volteo para ver su cara, comenzó a deslizar su lengua desde su frente hasta su abdomen, cada vez necesitaba tocarlo más, sentía que su aroma lo mareaba. Tanta calidez que desprendía Sam hacía que se sintiera en el infierno. Dean beso su cuello hasta dejar un par de marcas.

Sus labios comenzaron a subir hasta llegar a sus pezones, aún no estaban duros, a diferencia de los de él que comenzaban a marcarse a través de sus prendas. Comenzó a lamerlos y el cuerpo de Sam comenzó a moverse, por fin estaba reaccionando a sus caricias, notó como su cuerpo se estremecía y como sus pezones cada vez se hacían más duros y firmes. Dean deslizo su lengua por todo sus pectorales y mordió sus pezones.

-¡Ah! –Exclama la boca de Sam

Ese sonido era hermoso, ese sonido era música para los oídos de Dean. Que sonido tan placentero había escuchado y si ya estaba duro, ahora estaba más. Cómo un mismo hombro podía hacerle sentir tan vivo, tan lleno, tan caliente.

Puso una de sus manos en la ropa interior de Sam, ya no aguantaba tenía que verlo, esta necesidad de tocarlo era como un veneno para él. Ya no podía controlar sus ganas de tocarlo, ya no podía… pero en eso escucha un pequeño sonido de llaves, Diablos, realmente aún no podía verlo. Pero a pesar de todo no había sido un mal día, mato a unos 15 demonios y 2 perros del infierno, y además había probando a Sam con sus 5 sentidos. Había bajado la temperatura de Sam, había subido la de él, quito la rigidez de sus músculos y moretones.

Dean había vaciado la bañera de los cubos de hielo y el agua, y además había vestido a Sam con otra ropa…


-¡Sam! –Grito Castiel

Los ojos de Sam se abrieron confusos, aturdidos y su campo de visión era oscuro y borroso, sus oídos captaban sonidos que parecían como si el teléfono fuese cortado. Un enorme dolor de cabeza lo acechaba y le daban pequeños escalofríos.

-Sam –Repitió Castiel aún más preocupado- Dime que no te quedaste sordo, tendría que llevarte a un hospital aun que no te guste

Sam trato de responder pero su garganta estaba tan seca y el intentar hablar le producía un ardor muy profundo en su garganta ¿Qué le pasaba? Lo último que recuerda es haber ido por una manzana y no había, después más recuerdos borrosos y una calidez en su cuerpo, que no se trataba exactamente de la fiebre.

-Estoy bien Cass –Intento hablar una vez más Sam

-Menos mal –Suspiro Cass con alivió, mientras le pasaba el termómetro a Sam- Te volví a tomar la temperatura, es raro que te haya bajado

-No cuando me sometes a un baño con hielos –Respondió Sam, mientras buscaba una colcha para taparse

-¡Cómo no se me ocurrió antes! –Dijo Castiel, sintiéndose tonto, cuando la respuesta era obvia, los 39.3 grados que tenía Sam, pudo habérselos bajado con un baño de agua fría o bien con hielos. Aún tenía mucho que aprender.

Sam se sorprendió de esa respuesta, Uno de sus recuerdos había sido el estar en una bañera llena de hielos, además ahora traía diferente ropa a la que traía antes. Si Castiel no había sido entonces… ¿Quién?

-De todas formas traje medicina, aún tienes temperatura y hay que erradicarla

Castiel tomo la bolsa de plástico y se la paso a Sam, había un par de medicinas como el Aspirin, paracetamol y un par de jarabes. También había un par de sueros, de esos que todo mundo odiaba su sabor.

-Por cierto, tenemos que hablar

La mirada de Castiel se vio firme, sus ojos azules vieron los marrones de Sam, Sam sabía que era serio para verlo así, más vale que no creía lo que pensará.

-Escucha, quiero a Dean humano, tanto como tú –Abordó Castiel, mientras Sam asentía- Pero esta búsqueda no la podemos poner como nuestra prioridad Sam, yo me estoy debilitando cada día más y tengo que guardar reposo –Objeto Castiel comenzó a caminar hasta llegar a la cama para sentarse al lado de Sam, vio cómo este le hizo disgusto al suero- Tienes que tomártelo, una de las indicaciones que me dieron es que estés bien hidratado –Indico, Sam lo miró enojado como haciendo un berrinche- Y tú sólo eres humano, así que el día de hoy y mañana no vamos a avanzar en nada, vas a descansar, quedarte en cama y a comer todo lo que te de

-Escucha Castiel, no puedo hacer eso

Sam lo miró también serio como él lo había dicho, Sam destapo el suero, muy apenas, estaba demasiado débil, incluso el levantar el suero hacía que le doliese mucho todo su cuerpo, lo sentía pesado, y él no se encontraba en las mejores condiciones. Castiel abrió la boca para decirle algo, mientras abría un jarabe:

-¿Entonces qué?, vamos a matarnos en su búsqueda

-Si es necesario –Soltó Sam, irritado más que antes, esta conversación ni siquiera estaba teniendo sentido, Castiel iba a continuar pero Sam volvió a abrir la boca- ¡No ves que siempre lo he abandonado! ¡Lo cambie por Ruby, por un perro, por Amelia! ¡No lo busque en el purgatorio! ¿Quieres que continúe? –Pregunto Sam con sarcasmo, Cass lo miró con tristeza, así que aún esos recuerdos lo siguen acechando- Si, estoy enojado con él porque me mintió, sentí que yo fui el que mato a Kevin y no pude hacer nada al respecto, y Dean fue el que provoco que tenga pesadillas viendo a Kevin, pero es mi hermano… no lo puedo abandonar otra vez, no ahora, no.

Castiel lo miró con un poco más de comprensión, se sentía culpable, los Winchesters tenían muchas cargas entre ellos, y no las liberaban. Mientras Dean liberaba sus problemas tomando y teniendo sexo… ¿Sam cómo lo hacía?, cada vez los dos sentían más furia y no había como descargarlas.

-Sam, yo te entiendo, pero de que nos sirve estar débiles cuando encontremos una cura, quiero decir tu hermano no se va a dejar curar –Castiel le sonrió, tenía que hacerle entender a una de las dos personas más testarudas del mundo- Y ¿De qué servirá nuestra muerte?... ¿Qué tal si un cazador lo busca, o un demonio, o peor aún un ángel?, tenemos que cuidarlo

Sam comenzó a razonar dentro de su mente, tenía razón, ahora que Dean era demonio, conseguiría más enemigos que amigos, antes sus únicos amigos eran cazadores, ahora que era un demonio los cazadores no iban a ayudarlo, y no tenía exactamente buenos amigos en el infierno.

-Bien, tú ganas Castiel –Asintió Sam

Castiel sonrió, había hecho entender al más testarudo del mundo, tenía que ganar un novel por eso. Pero se escucho que tocaban desesperadamente la puerta, Sam se asustó, pero Castiel tomó la delantera para abrirla.

-Tú toma un baño, apestas –Dijo Castiel

Comenzó a caminar hasta la puerta, para ver por la mirilla, un hombre, alto de cabello güero, no se veía sospechoso, pero necesitaba sus protecciones. Cass abrió la puerta, mientras miro al hombre, se le hacía muy conocido, hasta que lo reconoció, el ángel estaba demasiado impactado era casi surrealista.

-Hola… ¿Me recuerdas?

-¿Adam?


* y **: Cuando dice y no me refiero a Batman, hice como una referencia de que él era Superman y que su compañero no era otro demonio sino, Krypto (Perro de Superman)