Y aquí estoy de nuevo! Siento la tardanza -.- Capitulo de Annie! Antes de nada quiero agradecer a Valentine D. Hannah y a Uchiha Yamii por sus reviews (me alegrais el día :D) Y terminando esto One Piece no me pertence, solo son míos mis ocs.
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Annie miró al niño tranquilamente.
–¿Y como quieres que haga eso?
–¡Enseñame a pelear! –dijo Kid levantándose del suelo.
–No puedo –respondió la niña con tranquilidad.
–¿¡Ehh?! ¿¡Por qué no?!
–Pues porque no –respondió de nuevo encogiéndose de hombros. –Además, no es como si supiera mucho. Tan solo se lo mínimo del Ittoryû y defenderme un poco cuerpo a cuerpo...
–¡Pues enseñame eso! –pidió el pelirrojo frunciendo el ceño. Annie suspiró. Que cabezón era el chico... Ella tan solo se levantó y se sacudió la parte trasera de su falda.
–Maldito sea quien inventó esto... –maldijo intentando quitar una mancha de la prenda, ignorando a Kid.
–¡Oye! ¡No pases de mí! –le dijo molesto, odiaba que lo ignoraran.
–Pero yo ya te he contestado ¿no? –preguntó alzando una ceja. –No voy a enseñar así como así a alguien que acabo de conocer –explicó cruzándose de brazos. Debía de ser madura, después de todo, era la mayor de sus hermanas. El niño resopló y se cruzó de brazos. Annie sonrió un poco, le recordaba cuando Haruka se enfurruñaba con algo.
–Mira, hagamos algo... te daré un oportunidad –la cara del niño se iluminó. –Peero... para empezar, deberás tendré que probarte en una pelea cuerpo a cuerpo
–Umm... ¿valen objetos afilados? –la pelirroja lo miró con clara molestia.
–¿Tu que entiendes por ''cuerpo a cuerpo''? ¡Claro que no valen! –exclamó encaminándose fuera del acantilado. –Bueno, debo irme, seguramente Rose-san me estará buscando
–¿Entonces cuando luchamos?
–Mmmm... Te veré mañana después del mediodía en la plaza ¿de acuerdo? –propuso la niña mirándolo por encima del hombro.
–Vale, vete preparando –aceptó con una sonrisa diabólica Kid, sin intención de perder. Annie le sonrió siniestramente y comenzó a caminar al pueblo. El pelirrojo, después de perder a la niña de vista se sentó de nuevo a trajinar con su robot.
''Será pan comido... después de todo es una niña'' pensó con su habitual y diabólica sonrisa mientras apretaba unas tuercas. Por fin alguien le enseñaría a pelear... ya se las vería con los malditos niños del pueblo.
Mientras tanto Annie caminaba tranquilamente de vuelta al lugar donde había dejado a su abuela parloteando con su amiga. Sonrió internamente al recordar a Kid. Je,je... seguramente se habría confiado porque ella era una chica y no había visto sus intenciones.
–Oye –la llamó alguien a su derecha. Ella miró en aquella dirección para encontrarse con un niño tremendamente FEO. Tenía la cabeza redonda. Sí, redonda como una pelota y una nariz que parecía una patata. Para rematar llevaba unos horrorosos pantalones de tirantes rosa (SÍ, ROSA), una camisa de un blanco inmaculado, una pajarita amarilla y su pelo naranja era a modo de seta. Annie abrió los ojos desmesuradamente. ¿¡Qué demonios tenía delante?! ¿¡Aquello era un niño!? ¡Que cosa más horrorosa!
–¿Es a mí...? –preguntó la niña señalándose a si misma, implorando a los dioses que se equivocara. El niño asintió.
–Te hemos visto con el rarito en el acantilado
–¿El rarito...? ¡Ah! ¿Te refieres a Kid? –preguntó la pelirroja frunciendo el ceño. ¿A que venía lo de ''rarito''? Vale que el niño de antes no fuera muy normal pero el que tenía delante superaba todo.
–¿¡Te sabes su nombre!?
–Emm... sí. Hemos estado hablando un rato
–¡Ajjj! –gritó el niño retrocediendo. –¡Seguramente te habrá infectado con algo! –dijo poniéndose rápidamente un pañuelo en la boca.
–¿Por qué dices eso?
–¡Quién sabe lo que llevará encima de dormir siempre allí!
–¿Eh...? ¿Que duerme en el acantilado?
–¡Sí! ¡Es el ''Sin techo'', el rarito hijo de piratas! –en ese momento el rostro de Annie se ensonmbreció.
-¿El ''Sin techo''...? ¿Hijo de piratas?
–¡Sí! ¡Todos odiamos al rarito! De todas formas ¿¡Quién querría unos padres así?! ¡Eran unos sucios piratas! –Annie apretó los puños.
–¿Qué... qué les pasó a sus padres...? –el niño se rió de una manera muy rara, se reía entre hipidos.
–¿¡A esas escorias?! ¡Llamamos a la marina para que se los llevara! ¡Pero no pudieron encontrar al rarito! ¡Se escondió el muy asqueroso! ¡Por eso quiero hablar contigo! ¡Para que no te juntes con e-! –de repente, una ráfaga de aire empujó al niño hacia arriba, mandándolo a volar por encima de las nubes.
–¡AHHHHHHHH! ¿¡QUE ESTÁ PASANDO!? ¡SOCORROOOOO! –gritó desde arriba. La pelirroja miraba con puro odio al niño, tenía los puños tan apretados que los nudillos se le estaban quedando blancos.
–La escoria aquí eres tú, maldito bastardo... –escupió entre dientes. La gente comenzó a aglomerarse en aquel lugar, señalando horrorizados al chico volante. El niño comenzó a caer en picado al suelo a una velocidad pasmosa, gritando como un poseso.
–¡AHHHHH! ¡VOY A MORIR, VOY A MORIR! –gritó llorando. Cayó y cayó desde lo más alto, siendo vigilado por la fría mirada de la chica. Quedaban unos metros para que muriese aplastado contra el suelo. Pero Annie extendió un brazo con la mano abierta hacia arriba y, a unos centímetros del suelo, se paró y cayó suavemente en las baldosas de piedra.
–Je, ojalá murieras de verdad... pero no soy como vosotros –dijo con tranquilidad comenzando a caminar de nuevo. El niño corrió hacia una mujer entre llantos y se aferró a ella. La mujer la miró horrorizada.
–Monstruo
–¡Anda! ¡Si se saben definir y todo! –dijo con una falsa sonrisa poniendo los brazos en jarras. –Ups, perdonen, que tenía que ser educada con la gente... ¡Pero ay, espera! ¡Que ustedes no son humanos! ¡SON DEMONIOS! –escupió con odio la niña, volviéndose a encaminar hacia la casa. Cuando... una piedra cayó delante suya.
–¿N-no le he dado...? –dijo alguien, quien Annie identificó como el niño balón. Sonrió maléficamente y cogió la piedra.
–Aish, que lástima para vosotros que no podáis apedrearme en condiciones por monstruo ¿verdad? –dijo en voz alta, haciendo flotar a duras penas la piedra sobre su mano.
–¡Mo-monstruo! –la niña miró fríamente al hombre que pronunció aquella palabra, haciendolo estremecer.
–Prefiero ser un monstruo a no tener corazón –dijo con odio. En cuestiones de odiar a alguien, la pequeña no se cortaba, con sus escasos 12 años podía intimidar al hombre más rudo. Sobre todo, si era con gente como aquella.
–¿Que está pasando...? ¡Annie! –la llamó alguien delante suya.
–Rose-san...
La anciana se arrodilló junto a ella.
–¿Qué has hecho?
–Tan solo darle su merecido a un idiota... –Rose suspiró.
–¿Es que tu sangre no cambia? ¡Buscas pelea tanto como tu madre! Ahora... –bajó el tono. –Vámonos antes de que esto empeore... –Annie asintió y cogió las bolsas que llevaba Rose en sus brazos.
–¡Es un monstruo!
–¡No debería vivir aquí!
–No les hagas caso... –dijo Rose manteniendo la vista al frente. La niña asintió y recordó lo que decía muchas veces su madre: ''Tu sabes lo que eres, no te dejes intimidar por gente estúpida'' Pues bien, ella con la cabeza alta y orgullosa de lo que había echo, siguió adelante. Caminaron a paso rápido hasta la casa y entraron en ella. Al perderlas de vista, los habitantes comenzaron a murmurar entre sí.
–¿Qué ocurre? ¿Por qué estáis todos reunidos? –preguntó un hombre acercándose a la multitud.
–¡Alcalde!
–¡Es la niña que ha acogido Portgas! –intentó explicar un hombre joven.
–¿Rose? ¿Ha acogido a una niña...?
–¡Sí! ¡Es un monstruo! –dijo teatralmente una mujer rubia de pelo rizado, abrazando a un niño, que lloraba desconsoladamente –¡Ha atacado a mi pobre Timoty!
–¿Le ha atacado? ¿Una niña?
–¡Lo mando a volar después de intentar pegarle! –mintió la mujer. –¿¡Sabe usted el miedo que ha pasado mi pobre niño?!
–Tranquilízese mujer... explíquemelo todo con detalle...
La mujer procedió a contarle lo ocurrido (mintiendo en ''pequeños'' detalles, como que la pelirroja llevaba un cuchillo), mientras que, desde las sombras de un callejón, un niño sonreía diabólicamente.
–Je, me gusta esa niña... –dijo mirando atentamente a la mujer, mientras seguía exagerando. El pelirrojo había presenciado absolutamente TODO, desde que ''el pequeño Timoty'' voló, hasta que la causante se fue. Mañana le pediría que le enseñase el truco de volar...
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–¿¡Qué se te había pasado por la cabeza?! –regañaba Rose a la niña.
–Lo siento...
–¿¡Lo siento?! ¿¡Crees que con eso basta?! ¡Podrías haberle matado! –la niña acababa de explicarle todo a la anciana, y, tras escucharlo todo, Rose se había enfurecido de lo lindo.
–Pero Rose-san... son... son unos monstruos... –dijo mirando al suelo y apretando los puños. La anciana la miró con preocupación y suspiró.
–Lo sé...
–Yo... me he identificado un poco con el niño y... ni siquiera sé como he hecho eso...
–Ha sido un reflejo –dijo acariciándole el pelo a la niña. –Sé que es difícil soportar a gente como esa... creo que no deberías salir en un tiempo
–¡No! –dijo ella alejándose un poco. –He quedado con Kid mañana... –Rose se llevó un mano al mentón y pensó una solución. De repente se le vino a la mente... ''la guarida''
–Ya sé –comenzó a decir con una sonrisa. –Tus padres y mi Rouge tenían una ''base secreta'' –dijo haciendo las comillas con los dedos. –en el bosque de detrás de esta casa. Creo que allí no te buscarán y, además, creo que allí estaban las cosas que usaban por aquella época...
–¿Qué cosas? –preguntó la pelirroja, sentándose en la silla para prepararse para lo que le iba a contar.
–Bueno... –Rose fue a la cocina y sacó una tetera. –¿Te apetece una taza de chocolate mientras te lo cuento? –la niña asintió con una sonrisa radiante. Después de trajinar un poco con los ingredientes y demás, Rose colocó en la mesa una bandeja con dos tazas humeantes de chocolate y un plato con galletas.
–¿Por dónde empiezo...? ¡Ah! Tu padre era un excelente espadachín según él y siempre llevaba en la espalda una espada muy singular... creo que la llamaba... ¿Black hole*? y nunca se despegaba de ella... hasta que dejó la isla.
–¿Y dónde la dejó?
–No me lo dijo... la única que lo sabía era Nadeshiko
–¿No estará en su base secreta?
–También lo pensé –contestó sorbiendo un poco del chocolate. –Pero yo ya estoy demasiado vieja para ir hasta allí
–¿Y mamá? ¿No tenía nada?
–Oh sí... sus inseparables katanas que seguramente conocerás...
–¿Las Tsuinshi*?
–Exactamente
–¿Y como las consiguió? –preguntó cogiendo una galleta del plato y comiéndosela.
–Son un legado familiar. Se las dio tu abuelo. Por cierto... ¿Dónde están ahora? Sería una pena que los marines les echaran el guante...
–Mamá se las dio a Haruka –explicó mientras bebía un poco de chocolate.
–Menos mal... –la anciana observó en silencio la expresión triste de Annie y sonrió. –¿Quieres saber más de los líos que montaban tus padres?
–¿Son interesantes?
–Mucho. Una vez incendiaron una casa entera sin pretenderlo... –contó Rose entre risas.
–¿¡Como hicieron eso?! –preguntó sorprendida y divertida a la vez la pelirroja. Rose le contó muchísimas anécdotas sobre los ''monstruos del bosque'' como los llamaban la gente del pueblo. Se pasaron la mayor parte de la tarde hablando animadamente, como si nunca hubiera pasado el incidente del niño volador. Al llegar la noche, la anciana la mandó a dormir y así paso de nuevo a la mañana...
La gente miraba de reojo a la niña que pasaba por las calles, murmurando entre ellos. Annie se sentó tranquilamente en un banco cerca de la fuente que se erguía en el centro de la plaza, esperando pacientemente. Para la ocasión se había puesto una sencilla camiseta de tirantas negra con líneas blancas, unos pantalones blancos que le llegaban a la rodilla y unas zapatillas de deporte. El pelo lo traía recogido en una cola alta, para que no le molestara a la hora de pelear. Intentaba ignorar los murmullos de su alrededor, mientras una venita palpitaba en su frente.
''¿No saben que los puedo escuchar? Creo que no entienden muy bien la palabra susurrar...'' pensó mosqueada la niña, frunciendo el ceño. Su segundo día en la isla y ya la odiaban... muy normal todo. Alzó la vista y se encontró con el chico del día anterior.
–Hola –saludó Kid con la mano.
–Uf, ya era hora... esta gente me esta poniendo de los nervios –Kid sonrió con maldad y comenzó a reírse.
–¡La verdad es que me impresionaste ayer!
–¿Lo viste?
–¡No pude perdérmelo! –dijo entre risas. –¡Fue increíble! Tienes que enseñarme ese truco
–¡Je! ¡No es que sea muy fácil hacerlo! –rió ella también. Algunas personas los miraban con asco, que los dos ''demonios'' del pueblo fuesen amigos no era muy bueno.
–¿Vamos a luchar aquí? –preguntó el niño con curiosidad
–Nop, vamos a ir a un lugar se-cre-to ¿Entiendes? Así que no puedes decirle a donde vamos a nadie
–¿A quien se lo voy a decir? –preguntó el niño alzando una ceja, como si fuera algo obvio.
–Eh... pues no sé... da-da lo mismo, vamos –dijo la niña haciéndole un seña para que la siguiera. Caminaron hasta el acantilado y pararon en la puerta de la casa.
–Oye... ¿tienes hambre? –preguntó la niña sin girarse.
–No –mintió el niño. No estaba acostumbrado a que le hicieran aquella pregunta. Pero sus tripas le delataron, haciendo que se sonrojara de la vergüenza. Annie rió alegremente y llamó a la puerta de la casa. Rose abrió la puerta y dejó salir un delicioso olor a carne hasta la nariz de los niños. La anciana observó con sorpresa a Kid, quien la miró con desconfianza.
–¡Ah! Tu debes de ser Kid ¿Verdad? Yo soy Portgas D. Rose, encantada
–Abuela ¿recuerdas lo que te he pedido esta mañana?
–Lo que me has pedido esta mañana... ¡oh, ya me acuerdo! Espera –entró apresuradamente a la casa y salió a los pocos segundos con una bolsa que estaba cuadrada y un papel enrollado. De la bolsa salía, de nuevo, el olor a carne. –Tendréis que comerlo pronto, que si no se enfría –dijo mientras se lo daba todo a la niña.
–¡Okey! ¡Vamos! –dijo con emoción la niña mientras comenzaba a caminar. Kid seguía con la desconfianza. ¿Qué pretendía aquella niña con la comida? ¿Restregarle que tenía hambre? Aún así la siguió. Rodearon la casa y siguieron un caminito de tierra que se internaba en el bosque. Nada pasar la primera hilera de árboles, Annie desplegó el papel que tenía en la manos, enseñando los dibujos que tenía y las indicaciones escritas.
–¿Qué es eso? –preguntó con curiosidad Kid mirando el mapa desde detrás del hombro de la pelirroja.
–Un mapa que dibujó mi padre para que mi madre y Rouge no se perdieran de camino a la base. Tenían un sentido de la orientación pésimo ¿sabes? –dijo con una sonrisa sin dejar de ojear el mapa.
–¿Quién demonios es Rouge? –preguntó confuso el niño
–La hija de mi abuela
–Entonces no es tu abuela
–Lo sé, pero me da igual
–¿Y de que base hablas?
–Es el lugar secreto del que te hablaba
–Ahhh...
Sin dejar de mirar el mapa, siguieron caminando durante un corto tiempo hasta que... se detuvieron.
–¿Qué pasa? –preguntó Kid
–No hay más indicaciones
–¿Y?
–Que no sé a dónde hay que ir aho-... anda, aquí hay un mensaje... –la niña se dispuso a leerlo en voz alta.
''Como sé que vosotras dos sois un poco cortitas, ahora diréis: ¡Se han acabado las indicaciones! y me insultareis hasta la muerte. Así que yo os diré: MIRAD ARRIBA IDIOTAS''
Nada más terminar de leer, los dos niños alzaron la vista... para encontrar con la mayor base secreta que hubieran visto.
–Ostris... –admiró Annie con los ojos como platos.
–Y tanto...
Entre las ramas de los árboles había varias casas de madera colgando, con algunos puestos de vigía más arriba y puentes colgantes para comunicarlas. También en el centro de todo, había una gran plancha de madera con vallas altas a los lados.
–¿Y como se supone que vamos a subir ahí arriba? –preguntó Kid señalando la base.
–No tengo ni la más mínima idea... en el mapa no lo explica
–¡Haz el truco de volar!
–No es tan fácil... me salió sin pensar en aquel momento... –dijo Annie pensativa. Kid se acercó a uno de los árboles donde mucho más arriba había una casita y buscó algo entre las hojas del tronco.
–Si no pruebo no conseguiré nada... –susurró Annie en el mismo sitio y comenzó a concentrarse. Mientras tanto Kid seguía buscando algo en el tronco. Había olvidado por completo su de confianza y ahora, para él, aquello era toda una aventura. Hundió la mano en las hojas y palpó el tronco.
–Tiene que haber algo... –de repente intentó palpar pero encontró... vacío. Se le iluminó la cara y apartó las hojas de en medio, para descubrir que el tronco del árbol estaba hueco. En el cabía una persona bastante grande y al fondo había clavados unos salientes de madera.
–¡Annie! –llamó el niño con emoción girándose. –¡He encontrado alg-! ¿Qué haces? –la niña estaba sentada en el suelo, con los ojos cerrados y roja como un tomate.
–Intento volar... ¿estoy volando?
–No
–Genial... –suspiró la pelirroja, abriendo los ojos y levantándose del suelo. –¿Y que decías de que habías encontrado algo?
–¡Mira! –dijo apartando las hojas y enseñándole el hueco a la niña.
–Wow... ¡Subamos! –dijo con emoción y Kid asintió. Subieron hacia arriba ayudándose con los salientes, hasta que se encontraron con una trampilla de madera. Como Annie había subido primera, la abrió y se aupó al suelo de la casa. Kid la siguió segundos después.
–Esto es súper guay... –admiró la niña mientras observaba su alrededor. La casita tenía una mesa y cuatro sillas a su alrededor, algunos baúles y varios papeles clavados en la pared.
–¿Vamos a explorarlo? –preguntó Kid ladeando la cabeza un poco.
–¡No! ¡Vamos a aprovechar la mesa y vamos a comer!
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Ahi lo dejo! Espero que os haya gustado y que me dejeis algun que otro review :3
Black Hole: la espada me la he inventado basandome un poco en la espada maestra del zelda xD El nombre traducido al español significa ''Agujero Negro''
Tsuinshi: (creo que no puse el significado xD) viene del japones ''Tsuin shi'', que significa Doble Muerte (cofcofcoftraductordegooglecofcofcof)
Me despido hasta el proximo cap!
