Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pertenecen a Sir Arthur Conan Doley y a la BBC, los utilizo simplemente con fin de entretenimiento y sin ánimo de lucro. Es puro entretenimiento.

Advertencias: UA. Lenguaje duro, uso de drogas, situaciones límite, sexo. Tal vez muerte. Tal vez no deberías de leerlo. Tal vez nadie debería de leerlo.

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Capitulo 13

5 horas antes:

John abrió ligeramente los ojos, el sol le está acariciando la cara a través de la cortina de la ventana e inmediatamente los volvió a cerrar intentando disfrutar ese ligero calor en su rostro que se sentía inexplicablemente bien y sonrió ¡El amaneciendo sonriendo, eso sí que es extraño! A los pocos minutos ya se incorporaba con cuidado, buscando el despertador como si estuviera en la habitación de casa de sus padres, estaba algo desorientado porque él no tenía ni reloj en su apartamento ¿Cuánto habría dormido? En ese momento fue consciente de que el sol únicamente entraba en su apartamento por la tarde, lo que quería decir que había dormido la mayor parte del día. La verdad no importaba mucho, no es que le esperara alguien en alguna parte.

Se levantó con cuidado y comprobó que realmente se encontraba mucho mejor que la noche anterior, que había llegado totalmente agotado hasta su apartamento. Caminó con cierta dificultad, pero con un dolor más que soportable.

Su pequeña cocina no podía ofrecerle más que una taza de su té favorito, Earl Grey, tal vez no era mucho pero tras tantos días en el hospital su sabor intenso le sabía a gloria. Tras tomarse sus pastillas se quedo mirando su nevera vacía, debía de comprar comida de verdad para después o moriría de hambre, pero ahora una ducha sonaba genial pues aun llevaba la ropa con la que salió del hospital.

¡El baño estaba helado! Lo primero que hizo al entrar fue abrir el grifo del agua caliente, esperando que se caldeara un poco mientras él se quitaba la ropa con la que había dormido, increíblemente bien por cierto. Fue dejando la ropa en el lavabo pues dudaba mucho el poder recogerlas del suelo sin hacerse daño. Y no pudo evitar observar su reflejo en el espejo por largo tiempo, apenas si reconocía allí al hombre que una vez fue. Forzó una sonrisa en su cara y sí tal vez se parecía a aquel joven que quería ser grande, a aquel gran médico, a aquel gran soldado… ahora era aquel hombre que había perdido todo y a todos por el camino, ese que se había quedado sin fuerzas para perseguir sus sueños. Resignado a su realidad retiró la mirada del espejo y entró en la ducha ¡Oh Dios, aquello dolía! Notaba sus músculos relajarse con el agua caliente con una mezcla de dolor y placer. Y allí en medio de aquel pequeño momento de paz, entre él y su cuerpo continuó pensando en su vida intentando replantearse cosas.

Cuando salió del baño una hora después había tomado una decisión, él ya no podía perder mucho más en su vida, no tenía absolutamente nada, así que no tenía absolutamente nada de lo que preocuparse. Esa noche iría a la emisora y esperaría fuera a que Sherlock acabara su programa. Necesitaba saber de él, aunque solo fuera verlo pasar, para él sería suficiente el ver que se encontraba bien. Y si al final no se fijaba en él o no lo reconocía o simplemente lo ignoraba, siempre era mejor saber que vivir con la duda.

Había elegido una camisa roja y unos jeans azules que no le quedaban exageradamente grandes, la combinación le quedaba bien o eso le habían dicho años atrás alguna que otra conquista. Pero claro, los años y la vida pesaban mucho; ahora se miraba al espejo con desesperación mientras se repeinaba una y otra vez sin terminar de verse bien. Se puso firme como el buen soldado que era, cerrando sus puños y mirando con coraje a su reflejo, él no podía aparentar ser lo que no era ¡Ese era él con todos sus problemas!

Tenía una pequeña esperanza de mejora en su vida ahora que Mike volvía a estar en ella, pero tenía la sensación de que toda esperanza debía de pasar primero por conocer a Sherlock y esperaba sinceramente poder compartir un café con él cuando lo viera esa noche. Si no porqué el destino lo volvió a poner en su vida, bien pudo no saber absolutamente nada de él, pero de una manera extraña sabía su nombre y donde trabajaba; no podía darse por vencido antes de intentarlo.

Apenas veinte minutos después salía a la calle, que bien se sentía el aire fresco en la cara y más sintiéndose mejor, no sabía si era una mejoría real o la ilusión por volver a encontrarse con aquel joven fascinante lo que lo tenía de tan buen humor.

No debía ir muy lejos, pero no cometería el error del día anterior, él no estaba para caminar mucho y dado que no le sobraba el dinero, la opción que le quedaba más cercana era coger el autobús. Mientras caminaba a la parada no pudo evitar observar su barrio ¡Dios era totalmente deprimente! Uno de esos sitios donde la gente no pasea por la calle, donde la mayoría viven con miedo. Debía resignarse a eso ya que no podía permitirse nada mejor.

Cuando vio aparecer aquel imponente autobús rojo de dos pisos, miles de recuerdos se removieron en su interior. Tanto tiempo fuera con el ejército, había conseguido olvidar cosas tan magnificas como aquellos autobuses, que ahora servían como anuncios publicitarios, John lo miraba con añoranza, recordando cuantas veces de niño había ido en ellos. Tal vez por eso se fijó tanto tiempo en aquel niño rubio que no paraba de jugar con su muñeco, pese a que su abuela no paraba de decirle que en un autobús había que ir bien sentado. El niño le sonreía de vuelta. El autobús comenzaba a coger velocidad en una avenida principal cuando John vio como uno de esos coches lujosos perdía el control y se abalanzaba contra el autobús. Es increíble como en esas situaciones parece que lo ves todo a cámara lenta, pero tu cuerpo es incapaz de reaccionar con la misma rapidez, la mirada de John viajó inmediatamente al pequeño que con el volantazo salió despedido en su dirección… y él solo atino a ponerse en su trayectoria con un movimiento rápido y aferrarse a él con todas sus fuerzas mientras que todo el mundo gritaba aterrado y el autobús volcó empotrándose contra una medianera que lo detuvo en seco. John se golpeó con demasiada fuerza contra un lateral del autobús pero no soltó al pequeño en ningún momento. Y entonces todo fue caos, miedo y gritos; algunos pasajeros lloraban, pero aquel niño solo lo miraba con preocupación y es que John temblaba de dolor. Alguien rompió la gran cristalera trasera y comenzó a salir todo el mundo, nadie parecía herido de gravedad, algún ataque de pánico, magulladuras y algún pequeño corte, nada para lo que podía haber pasado. Tal vez la peor parte se la hubiera llevado aquel pequeño que estaba entre sus brazos.

John lo miró y comprobó que no había sufrido ningún daño acariciando su pelo.

— ¿Te duele en algún sitio campeón?—el pequeño negó con la cabeza, en el momento en que la abuela llegaba a su lado llorando y dando a John un agradecimiento silencioso incapaz dejar de llorar aferrada a su nieto, John se puso en pie no pudiendo evitar soltar un grito sordo.

Salieron del autobús, apenas estaban a dos manzanas de su casa, con el dolor que tenía seguro se había terminado de fracturar las costillas, debía volver a casa y buscar la tarjeta de Mike, lo iba a necesitar.

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Sherlock había pasado todo el día con Lestrade, había sido un día complicado pues tras no haber encontrado nada sobre John la actitud de Sherlock cambio mucho. Apenas si se fijaba en las cosas a su alrededor perdido en sus pensamientos. Lestrade había prometido a Tony no dejarlo solo en todo el día y que más tarde lo llevaría a la emisora para poder volverse a Scotland Yard. Sherlock entró sin saludar a la sala de descanso y se tumbo en el sofá.

—Tony—Lestrade saludó a Tony bastante desanimado.

—Greg ¡Hola!—la mirada de Tony se volvió hacia Sherlock y bajo su voz— ¿Cómo esta?

—Amigo mío —Lestrade le sonrió tristemente y le puso una mano en el hombro—no lo pierdas de vista…

Tony sabía perfectamente a lo que Lestrade se refería, lo había visto demasiadas veces, chicos que parecen ya no poder resistir más, que simplemente deciden poner fin a todo. Se perdió mirándole un momento y sí, parecía haber llegado a ese punto profundo de no retorno, él no podía hacer nada y eso era frustrante. Debía de ser él el que encontrara la fuerza y la motivación para quedarse.

— ¿Alguna vez has escuchado el programa Greg?—comenzó a hablarle sin apartar la mirada de su locutor.

—Yo…eeeh—Lestrade se removía incomodo— ¡Sabes que soy una persona muy ocupada Tony! Yo…

— ¡Ey! No pasa nada. Me gustaría que te quedaras y lo oyeras, es fantástico lo que este chico es capaz de hacer…—sus miradas se encontraron un momento para regresar inmediatamente a un Sherlock totalmente ausente estirado en el sofá— y quién sabe si tendrás otra oportunidad— su voz apenas si le salió de la garganta.

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N/A: Perdón a todas las personas que maree en el capitulo anterior…

Me da mucha pena, pero la historia se está terminando… (T_T)

Estoy realmente triste por ello, pero no me gusta dejar las cosas sin terminar y tampoco me gusta alargar las cosas innecesariamente…. ¡Buaaaaaaah!

Tal vez un episodio o dos más y depende como termine y lo que me digan tal vez un epilogo.

Espero sus comentarios.

Besos Lord.