Muchas gracias por leerme ^_^ gracias a Tyaden por zu hermozo review e.e me animó y me puse a escribir :3

One Piece no me pertenece (aunque me lo he pedido por mi cumple -3-)

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Como cada vez que dormía, estaba en algún rincón de su mente, sentada en la oscuridad, a la espera. De repente unos pasos resonaron en aquel lugar y ella alzó la cabeza. Un hombre de largo pelo blanco y piel de un extraño color azulado la miraba desde arriba. Sus ojos daban miedo. De un color amarillo tan intenso que te cegaban. Pero ella no le temía, es más, se reía de él.

–¿Por qué estoy aquí otra vez? –preguntó la castaña con cierto aburrimiento.

¿Por qué lo preguntas? Deberías estar admirándome en vez de protestar ¿Quién más tiene la oportunidad de ver al gran Astaroth-sama en persona? –contestó el hombre, con vanidad.

–Meh, la verdad me importa poco

¿¡Có-cómo has dicho?! –el hombre inspiró profundamente e intentó relajarse ¿Por qué tuvo que ser él? ¿No podría haber sido otro quien lidiara con aquella mocosa del demonio? Aj, y encima se le pegaban las palabras de los humanos. –En fin, a lo que iba

–Nee, Ishetaroth –llamó Haruka levantándose del suelo.

Es ASTAROTH, joder

–Lo que tú digas... ¿hay más como tú por aquí? A lo mejor son más peligrosos que tú~ –preguntó con emoción la niña.

El día en el que te conocí decidí no hacer caso a tus idioteces, enana. –explicó con una venita palpitandole en la frente. –Tan solo venía a avisarte.

–¿Eh? ¿Avisarme de qué?

Pronto... ocurrirá algo interesante...–dijo con una sonrisa diabólica.

–¿Interesante? –preguntó con confusión. –¿Me vas a regalar algo...?

Um... no vas por mal camino

–¿Eh? ¿Qué me vas a regalar?

Algo muy especial

–Woooah... ¿y cuando, cuando? –preguntó con emción. –Dime que es porfiii

No –dijo con una gotita en la cabeza el peli-blanco. –Te lo diré a su debido tiempo

–¡UGH! ¡MALA PERSONA!

...principalmente, no soy una persona... adiós, enana

–¡EH, ESPERA!

La imagen del demonio empezó a difuminarse, hasta que se perdió en la oscuridad.

–Oye

–¡Oye!

–¡OYE!

–¡QUE TE DESPIERTES, MALDITA SEA!

Haruka abrió los ojos de sopetón cuando oyó aquel grito y se incorporó de un salto.

–¡¿QUE HA PASADO?! –preguntó, alterada.

Ace la miraba de brazos cruzados, con el ceño fruncido.

–Lo que ha pasado es que por tu culpa me he quedado atrás en la caza

–¿Eh? –la chica se frotó los ojos. Se encontraba aún en el tocón del árbol hueco...

–Levanta y vámonos, aquellos dos ya deben de estar lejos –dijo con molestia Ace, cogiendo su tubería y adentrándose en la espesura. No sabía porque, pero no la había podido dejar sola.

Haruka se levantó del suelo, se estiró, enganchó sus katanas a su espalda y su bokken a la cintura.

–¡Oye, espera! –gritó intentando seguirle. Ace la ignoró y aceleró el paso. –Oh, maldita sea –dijo la niña, había perdido al moreno. Se paró y agudizó el oído, tal vez podría oír sus pisadas, el bosque estaba repleto de cosas que hacían ruido cuando las pisaban. Escuchó unos pasos rápidos no muy lejos. Sonrió y se dispuso a ir hacia él. Cuando lo escuchó.

–¿Eh? ¿Qu-qué ha sido eso...? –se preguntó a si misma, mirando a su alrededor. Había sido... ¿un aullido? –Pero que mierda a sido eso... sea lo que sea es peligroso... ¡¿DONDE ESTAS AULLIDO MIOOO~!? –llamó con una emoción incontrolable. Sin poder evitarlo, corrió en la dirección contraria a Ace, en busca del propietario de aquel sonido.

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Ace llegó a donde sus dos hermanos le esperaban, sentados en una roca.

–¿Dónde está Haruka? –preguntó Sabo, bajándose de allí. Ace miró detrás suya y apretó los dientes.

–Esa idiota a debido de perderse...

–Carne... –murmuró Luffy, que estaba dormido encima de la roca en la que estaba Sabo. El moreno, sin poder contenerse, le tiró la tubería a la cabeza.

–¡NO TE DUERMAS EN PLENA CAZA, IDIOTA!

–¡AUCH!

–Cá-cálmate Ace... seguramente se habrá distraído con algo... recuerda que tiene mentalidad ''Luffy'' –lo tranquilizó Sabo.

–Um, eso lo explica todo... –pensó en voz alta, mientras se cruzaba de brazos.

–¿Mentalidad Luffy...? ¡Oye! ¡No inventéis insultos con mi nombre! –ordenó cabreado el pequeño.

–Bueh, vamos a cazar, sabe cuidarse solita –dijo Ace, restándole importancia.

Sin mucho esfuerzo cazaron un oso no muy enorme, pero lo suficientemente grande como para comerlo y no quedarse con hambre. Lo llevaban a cuestas entre los tres, habían tardado mucho cazarlo, era muy escurridizo el cabrón. Hasta el sol ya se había puesto.

–¡Ja, ja, ja, ja! ¡Pa-para me haces cosquillas! –escucharon decir a la castaña a lo lejos. De repente, una extraña e inesperada furia se apoderó de Ace, que soltó el oso y corrió hacia donde oía la voz.

–¡Eh, Ace! ¿¡A dónde vas?! –preguntó extrañado Sabo ¿Ahora que le pasaba a Ace? Había estado raro durante todo el día... cada dos por tres mirando hacia atrás para ver si llegaba Haruka.

–¡Ace, ayúdanos a llevar esto! –protestó Luffy.

El niño hizo caso omiso a sus hermanos y siguió corriendo ¿¡Con quien demonios estaba Haruka?! ¿¡Qué estaban haciendo?! ¡¿POR QUÉ LE MOLESTABA TANTO?! Llegó al lugar donde estaba Haruka y se quedó en blanco.

La chica estaba con un pequeño ¿lobezno? en brazos, mientras que este le lamía la cara. El pequeñin era de un color blanco puro y tenía unos extraños ojos azul eléctrico.

–¡Ah, Ace! –dijo la castaña, percatándose de su presencia. –¡Mira! –le dijo, cogiendo al lobo y enseñándoselo. –¿No es una monada?

–Eh... sí... –respondió él, con una gotita en la cabeza. Haruka le acarició la cabeza al lobito y este le lamió la mano.

–Es súper bonito

–¡Eh, Ace! ¿Por qué has salido corrien-? –preguntó Sabo, callándose cuando vió a la niña. –¿Y ese lobo?

Entre él y Luffy habían llevado a cuestas el oso, como habían podido, y lo habían tirado al suelo nada más llegar. Luffy estaba respirando dificultosamente tirado en el suelo. Habían corrido con un oso en la espalda, no era para menos.

–¿Lo...bo? –dijo con dificultad Luffy, alzando la cabeza.

–¡Síp! ¡Y me lo voy a quedar! –el lobo gimió felizmente. –¡Es tan mono~!

–¿¡Qué?! ¡Yo no pienso cuidar de esa cosa! –protestó Ace señalando al lobo. Este lo miró y se acercó a él dando trotes. –¡Quita bicho! –el lobo lo ignoró y le olió los pies.

–¡No, Baal! ¡Los pies de Ace están sucios! –regañó Haruka cogiendo al lobo y alejándolo.

–¿¡COMO HAS DICHO!?

–¡Lo que oyes! ¡No quiero que Baal apeste!

–¿Baal? –preguntó Sabo. –¡Wow, que nombre más chulo!

–¿A qué sí? –dijo con orgullo Haruka. –No sé porque pero ese nombre me resulta familiar... tal vez fuese algo relacionado con mis padres –dijo alegremente. –Debería habérselo preguntado a Saya...

–¡Me da igual todo eso! ¡No quiero ver a ese lobo! –dijo Ace. La castaña hizo un puchero.

–¿Por qué? Si Baal es muy bueno...

–Lobo bueno... –murmuró Luffy acariciando al cachorro. Este saltó de los brazos de la niña y comenzó a jugar con los pies de Luffy. –¡Je, je, je!

–¿Ves? Se lleva bien con Luffy

–Yo creo que no sería mala idea –apoyó Sabo.

–¿¡Tú de que lado estás, Sabo?!

–Ya te he dicho que de ninguno... pero pienso que si vamos a quedarnos solos él podría ser el perro guardián –explicó señalando al lobo.

–¡Eh! ¡Baal no es ningún perro! –protestó Haruka. –¡Es un lobo que cuando se haga grande será muy peligroso!

–Umm... puede... que tengas razón, Sabo... –accedió Ace, cruzándose de brazos.

–De todas formas me lo iba a quedar, la mayoría lo queríamos –dijo la niña, sacándole la lengua.

–¡CÁLLATE YA, NIÑA DEL DEMONIO!

–¡TU PRIMERO MONO PECOSO!

–¡¿CÓMO HAS DICHO!?

–¿Te has fijado que todas sus peleas son iguales? –comentó Sabo, con una gotita en la cabeza.

–Pues sí... –dijo Luffy.

El lobo se acercó a los dos niños que discutían y los miró, curioso. De repente le ladró a Ace.

–¡Mira! ¡Baal me defiende de monos pecosos! –dijo alegremente Haruka, cogiendo al lobo.

–¡Baal muy bien! –felicitó Luffy. El lobo les ladró, feliz. El moreno los miraba mientras echaba humo por la cabeza, enfadado.

–Vamos, tranquilízate –pidió Sabo con una gotita en la cabeza. –Nos va a ser útil... y a Haruka le encanta.

–Si tu lo dices...